Gloria Lenardón, Ciudad sitiada
Casagrande, Rosario, 2024 ; 46 p.
Texte intégral
1La nouvelle Ciudad sitiada, de Gloria Lenardón, fue publicada en Rosario por la editorial Casagrande en 2024, es decir cuarenta y un años después de la caída de la Junta Militar argentina (1976-1983). Se trata de un texto denso, asfixiante, mordido por la ambigüedad. Esta ambigüedad se manifiesta en dos ítems de lectura: lo dicho/lo no dicho; horror/rutina (realzado por la oposición dentro/fuera).
- 1 Ver : https://www.radiofrance.fr/radiofrance/podcasts/selection-le-genocide-nazi-dans-la-litteratur (...)
2Vayamos al primero: ¿su puede escribir el horror? Primo Levi, Anne Frank, Elie Wiesel, se han referido al horror de los campos de concentración y a la necesidad de dejar un mensaje para las generaciones futuras. Elie Wiesel dice: “El que escucha un testimonio, deviene testigo”1. A su manera, Gloria Lenardón, testigo, se enfrenta al problema de decir y no decir valiéndose de la imaginación y de la palabra. La imaginación, porque se puede enfrentar los silencios de la historia, lo callado (la “historia oficial”) por medio de la ficción. En ese sentido, este libro reivindica la necesidad de volver sobre el peso del pasado. ¿De qué manera? La imaginación y la palabra.
3El texto de Lenardón es de una densidad rara, intensa, total. La historia está narrada con un lenguaje cargado, espeso, que contribuye a crear una asfixiante atmósfera de terror, de resignación ante la presencia de los perros que asedian la ciudad, que la ahogan con sus aullidos agudos, con la saturación del ritmo del trote -las patas de uñas filosas suenan como ecos en el asfalto desierto- en las calles abandonadas a la conquista canina (primero de noche, luego de día), ocupando la ciudad, poco a poco, con una estrategia de cartógrafos.
4¿Quiénes son los misteriosos perros? Valiéndose del recurso a la figura de estilo analógico, la alegoría -como señala atinadamente Marcelo Zanín2, la autora encubre los sentidos y llama al lector -otro testigo- a participar. Este lector cómplice descifra lo no dicho: se trata de la salvaje represión militar que se abatió sobre Argentina a partir de 1976 -cuyas primeras manifestaciones aparecieron ya en 1974, bajo el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Las alusiones al fútbol (procesión religiosa impregnada por el ambiente del Mundial de fútbol de 1978, organizado por la dictadura para cultivar su imagen; pp. 28-32), permiten fechar el texto con precisión. La jauría de perros no son otras que las “patotas” parapoliciales que por las noches asolaban todas las ciudades argentinas (“los perros eran de frente estrecha, de hocico afilado, de orejas y cabeza muy puntiagudas”; p. 18). La amenaza es al principio nocturna -alusión indirecta y probablemente inconsciente al premonitorio Blues de la amenaza nocturna, grabado en 1970 por la banda de rock Manal- para volverse diurnas, símbolo de la impunidad y del silencio reinante:
- 3 Ver : https://www.youtube.com/watch?v=Ag5b5bVjTLQ (versión acústica). https://www.youtube.com/watch (...)
Ahora me toca huir a mí, nene,
a tiempo antes que me den
vacaciones por un día sin cobrarme, nene,
no las quiero disfrutar,
porque mi madre no las entiende
y el sol de mañana no puede esperar.
Por esta calle pasa el 99, nene,
ahora sólo hay que esperar
por esta calle pasa el 99, nene,
ahí ya nos viene a llevar
hasta una casa allá en Flores
porque detrás de la puerta
hay más seguridad3.
- 4 La presencia constante del río (sin duda el Paraná, tan citado por Juan José Saer), la avenida de l (...)
5El silencio que reina en la novela es agobiante. Los habitantes de la ciudad no nombrada -probablemente Rosario4- se encierran en sus casas (“Era por los perros que se acostaban temprano, cuando los oían merodear o ladrar..; p. 7); se apagan las luces y sólo se escucha, bajito, el ruido del televisor (“… poca o ninguna luz en las ventanas, en cualquier momento los perros podían acercarse demasiado…”, p. 7). Los animales, los represores, van ganando en confianza, son dueños de la urbe (“… los perros habían faltado un par de días y ahora habían vuelto. Cada vez que volvían eran más…”, p. 28), crece su salvajismo a medida que avanza la impunidad: “… los perros se acercaban tanto a la gente que les olisqueaban las ropas y las bolsas de compra. Hasta que mordieron a dos, dos que no soltaron una queja”, p. 16).
6Ante tamaña violencia, el pueblo se silencia, se refugia en lo no dicho para sobrevivir. En los años de plomo de la dictadura se multiplicaban los controles en calles y rutas, en busca de los opositores. En la nouvelle, los perros controlan la situación:
“Se detenían en cualquier calle, en medio del ruido la calle elegida se paralizaba, parados en dos patas en una esquina interrumpían el tránsito. No disimulaban sus intenciones de apoderarse de la calle, se apoderaban ladrando, alterando el movimiento de la gente y los autos”.
7Al silencio envolvente, Lenardón le antepone el peso de la palabra. Lo callado se puebla de voces disidentes, de voces de protesta, fruto del trabajo agudo sobre todos los recursos del lenguaje: figuras literarios, como dijimos, pero también un léxico esplendoroso, fulgurante, una forma de libertad ante la opresión reinante: “Los perros (…) lo que quedaba lo arrastraban al río, empujando con el hocico, usando como tenazas sus mandíbulas” (p. 44), alusión a los cadáveres arrojados al Río de la Plata desde los aviones militares que partían de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención: “Los perros habían desarrollado su fuerza al cavar sus guaridas, unas cuevas con recovecos en terrenos que habían elegido cuidadosamente, muy cerca del río, conveniente a sus desplazamientos” (p. 44).
8En este marco patético, la población baja la cabeza e intenta protegerse, aparentando ignorar lo que ocurre alrededor. Entre estos habitantes callados aparece la otra gran dicotomía del libro: horror/rutina.
9En tiempos de gran represión, algunos se refugian en la rutina, como si nada ocurriera. Es el caso de la historia paralela del libro (dentro/fuera), la vida de una familia integrada por una tía abuela, la madre (la “Nena”) y sus tres hijas, cuya vida transcurre encerrada exclusivamente en la casa heredada de los abuelos, con la “Nena” tomando sol en la terraza, muy preocupada por el bronceo, la tía abuela, maestra jubilada de trabajos prácticos y artista casera, y las tres hijas, enredadas en sus peleas infantiles y adolescentes. La rutina es, así, una forma de huida, con la secreta esperanza de poder dejar el país e ir a vivir a Hollywood, donde el pater familias (Willy o Guillermo) se ha radicado con la ilusoria -y ridícula- esperanza de encontrar un puesto de ingeniero en la NASA.
10Las descripciones precisas, irónicas, apuntan a subrayar la ignorancia y el egoísmo que existen en toda sociedad (“en la colchoneta palpaba la goma blanda que quemaba por el sol, tenía los ojos rojos, como los de un conejo, la piel blanca, suave, como la de un conejo, comía zanahorias para mejorar el color”; p. 10). La degradación semántica que sufre la mujer la reduce a la categoría de animal, que vive al margen de la realidad política.
11Al cerrar el libro de Gloria Lenardón, el lector se ha transformado en un testigo. Partícipe del horror y de la miseria humana. Queda el triunfo de la libertad por la palabra. Escribía el poeta exiliado español Blas de Otero:
En el principio
- 5 Blas de Otero, Pido la paz y la palabra, ed. Cantalapiedra, Torrelavega (Santander), 1955.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra5.
12Ciudad sitiada es una obra mayor en el campo de la literatura argentina reciente.
Notes
1 Ver : https://www.radiofrance.fr/radiofrance/podcasts/selection-le-genocide-nazi-dans-la-litterature-et-le-cinema
2 Ver : https://glorialenardon.wordpress.com/ciudad-sitiada/.
3 Ver : https://www.youtube.com/watch?v=Ag5b5bVjTLQ (versión acústica). https://www.youtube.com/watch?v=HgUsOVcCroo (versión eléctrica). El subrayado es nuestro.
4 La presencia constante del río (sin duda el Paraná, tan citado por Juan José Saer), la avenida de la ciudad que desemboca en la ribera, las alusiones al futbolista internacional Mario Kempes, que jugaba en Rosario Central, uno de los dos clubes de la ciudad, junto a Newell’s Old Boys.
5 Blas de Otero, Pido la paz y la palabra, ed. Cantalapiedra, Torrelavega (Santander), 1955.
Haut de pageTable des illustrations
![]() |
|
|---|---|
| URL | http://journals.openedition.org/amerika/docannexe/image/21288/img-1.jpg |
| Fichier | image/jpeg, 68k |
Pour citer cet article
Référence électronique
Néstor Ponce, « Gloria Lenardón, Ciudad sitiada », Amerika [En ligne], 30 | 2025, mis en ligne le 16 juillet 2025, consulté le 11 septembre 2026. URL : http://journals.openedition.org/amerika/21288 ; DOI : https://doi.org/10.4000/14fg7
Haut de pageDroits d’auteur
Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-SA 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.
Haut de page





