Las vísperas de una nueva sociedad en las calles de México. Representaciones literario-periodísticas en El Universal (1888)
Résumés
Cet article étudie le rôle que les mécanismes de représentation narrative de la vie quotidienne dans les rues de Mexico ont joué en tant qu'instrument du discours qu'un secteur de l'élite politique mexicaine a développé afin d'articuler un plan de réformes visant à la constitution d'un État qui se placerait à l'avant-garde d'une société naissante de masses populaires. Ces représentations adoptent les normes narratives institutionnalisées du réalisme littéraire et de la presse industrielle, qui se retrouvent dans le journal El Universal, fondé le 1er juillet 1888. Les textes narratifs sur une ville bouleversée par un processus accéléré de transformation matérielle, publiés principalement dans la «gacetilla», servent de base à l'analyse. Le groupe dirigeant de ce journal se distingue du segment de la société politique et culturelle réuni autour du président d'un État autoritaire (Porfirio Díaz), connu dans l'historiographie mexicaine sous le nom de Científicos, au point de témoigner de l'imminence d'un tournant dans l'histoire mexicaine. La distinction de ce groupe, dans lequel se distingue l'itinéraire de l'écrivain, journaliste, homme politique et juriste Emilio Rabasa Estebanell, repose sur la reconnaissance d'une société de masses populaires en voie de constitution grâce à une modernisation accélérée, en dehors des paramètres du libéralisme. Les modèles de l'exercice littéraire et journalistique de ce secteur intellectuel par rapport à la vie quotidienne dans la ville indiquent la formation de son identité publique en tant que noyau dirigeant d'un État moderne.
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Universal (El) (Mexico), Rabasa (Emilio), Porfiriato, Réalisme littéraire, nouvelles brèvesKeywords:
Universal (El) (Mexico City), Rabasa (Emilio), Porfiriato, Literary realism, news in briefPlan
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El testimonio callejero de las masas incipientes
- 1 El primer año del lapso indicado corresponde a la fundación del diario; el segundo, a la salida de (...)
- 2 Hacia 1877, de acuerdo con la misma fuente censal a la que se recurre en el párrafo, la Ciudad de M (...)
Este artículo tiene como materia de estudio un conjunto de textos narrativos, principalmente noticiosos, aunque no se descartan algunos de índole literaria, publicados en El Universal. Diario de la Mañana entre 1888 y 18911, cuyo contenido se centra en la vida diaria que discurría conflictivamente por las calles de la Ciudad de México, una urbe que hacia 1895 contaba con 329 774 habitantes, según los censos aproximativos del periodo. Las diversas manifestaciones del conflicto social presentes en una ciudad sin muros ni casco antiguo, sino abierta a la civilización mesoamericana, tercamente viva, se vinculan directamente con el estatuto de que entonces ya gozaba como el centro humano más poblado del país y con la tasa de crecimiento más acelerada entre todas las que constituían la nación2.
- 3 Rama, Ángel, La ciudad letrada, Montevideo, Arca, 1998, particularmente los capítulos 1 y 2. Recuér (...)
La población india y mestiza rebalsaba permanentemente el cauce que la imaginación urbana de la «civilización» le había asignado en sus sueños de orden racional, estableciéndose en las vías y plazas del centro mismo de la que fuera la antigua Tenochtitlan. Por ello, a la acelerada concentración urbana que correspondía a un proceso de transformación económica del país igualmente acelerado, se sumaba una configuración étnica y cultural irreductible a los patrones del orden moderno; una configuración que ya hacia el siglo XVIII implicaba lo que un estudioso ha caracterizado como la «omnipresencia de la calle»: la indeterminación de las fronteras entre lo público y lo privado, la continuidad entre el mundo agrario y el urbano. La transformación del comercio humano en las calles de la Ciudad de México mediante dispositivos reglamentarios había sido un presupuesto fundamental de la autoridad pública para reformar a la sociedad con base en los signos de la «razón civilizada»3.
- 4 Viqueira Albán, Juan Pedro, ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciuda (...)
«Es por esto que [el despotismo ilustrado] luchó por arrancar [las calles] de las manos del pueblo para acabar con el desorden que en ellas reinaba, y por volverlas agradables y acogedoras a la élite colonial. Además, los virreyes pensaban que si recuperaban el dominio real y eficaz sobre la calle, esto significaría obtenerlo también sobre todas aquellas actividades y diversiones que se efectuaban en ellas y en sus prolongaciones»4.
- 5 Este punto de vista se encuentra conscientemente asumido por los colaboradores del libro coordinado (...)
El tema de los sistemas de disciplina y control impuestos a la vida callejera, popular, y a las diversiones públicas, así como la ampliación de la base social y la consecuente transformación de los modos del ejercicio público de la cultura no son nuevos entre los investigadores universitarios. El estudio de estos fenómenos acompaña, a modo de laboratorio, métodos novedosos y campos inexplorados de análisis científico para la historia, la sociología, la crítica literaria, el derecho, los estudios culturales, la antropología simbólica, la lingüística, particularmente. La afirmación de protocolos de estudios transdisciplinarios ha terminado por volver inteligibles como un todo los fenómenos concurrentes en la cultura callejera, así como los procesos disciplinarios y transgresores que allí ocurren5.
- 6 Engels,Friedrich, La situación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid, Akal, 2020, edición digita (...)
- 7 Una de las primeras obras en reconocer esta condición para explicar la estructura y el funcionamien (...)
La condición de posibilidad de los asuntos en los cuales se difunde el problema de las formas democráticas de la vida pública se remite, en última instancia, a la implantación acelerada de la modernidad en los términos de la transformación violenta de sociedades tradicionales y mercantiles por medio de sistemas de producción y reproducción capitalista. Nos referimos al esquema fundamental de explicación del proyecto moderno que consiste en la disolución de formas de organización social corporativas, orgánicas, en beneficio de la liberación de la mano de obra y los bienes inmuebles o naturales con el fin de incorporarlos en nuevas formas de organización bien dispuestas para la acumulación acelerada de capital mediante métodos de productividad económica regidos por el cálculo racional del capitalismo. La ciudad es el eje fundamental de este esquema. El trasvase de la civilización campesina hacia la urbana es el fenómeno más destacado del proyecto moderno6. La permanencia de actores y hábitos sociales de raíz mesoamericana que caracterizan el caso de México hace casi imposible la conversión completa de los universos corporativos en insumos de la maquinaria urbana de la producción de riqueza material7. El programa de la modernidad tropezó en México con una civilización campesina que hizo doblemente conflictivo el proceso de constitución de la ciudad moderna. En sus calles se vivió el testimonio de este conflicto.
La representación de la vida callejera con fines disciplinarios o francamente represivos se inscribe en este cuadro general de explicación del mundo moderno. Así ocurre con hechos como el relajamiento de los hábitos cotidianos, la sexualidad no regulada por la moral cristiana, el consumo de sustancias embriagantes o enervantes, la violencia o el delito recurrentes a la luz del día, los tumultos y las fiestas de la plebe… La mera postulación de complejos procesos sociales de acuerdo con formulaciones como las anteriores ya implica su calificación como desviaciones de la norma racional o civilizada.
La base documental del estudio que aquí se desarrolla (textos narrativos publicados en un diario mexicano incipientemente industrializado a fines de los años 80 del siglo XIX) todavía refleja la mentalidad ilustrada y liberal de élites intelectuales que juzgan como desviaciones de la norma civilizada la incontrolable vida callejera, así como también la torpemente gestionada administración pública. Sin embargo, también indica un problema de estudio que se enfila plenamente hacia el siglo XX: el cambio del Estado y sus funcionarios intelectuales en los términos del orden sociopolítico de comunidades constituidas por masas populares. Este pueblo masivo y quienes han tenido la lucidez para contemplarlo de frente han de sustituir por completo la idea ilustrada de la ciudad moderna por una ciudad industrializada a cargo de regímenes autoritarios de base oligárquica al cargo de Estados fuertes que han conseguido erigirse con base en pactos populares llevados a la raíz de la constitucionalidad política.
A los magistrados intelectuales de estas ciudades industriales (más un proyecto, una utopía, que una realidad plena), debemos representaciones sociales organizadas narrativamente acerca de la emergencia incontenible del pueblo en formación y formador, a su vez, de sociedades de masas ingobernables por los sueños de la razón ilustrada y civilizadora de los tradicionales hombres de letras: juristas, novelistas, estadistas, profesores, periodistas… En este artículo, los testimonios letrados de una minoría excepcionalmente especializada (de la cual Emilio Rabasa es nuestro epítome) a propósito de un pueblo de masas incipientes se toman como pruebas del cambio de la mentalidad de un segmento de los funcionarios culturales del Estado mexicano, en su esfuerzo por instaurarlo plena y definitivamente.
Prensa, noticia y artes poéticas de la narración
- 8 Garner, Paul, Porfirio Díaz. Entre el mito y la historia, traducción de Luis Pérez Villanueva, Méxi (...)
A los editores y colaboradores de El Universal. Diario de la Mañana les interesó el segmento popular que se agitaba irregularmente en las márgenes (ya físicas, ya simbólicas) del asiento urbano en que se tradujo con cierto éxito el proyecto modernizador del extenso gobierno encabezado por el general Porfirio Díaz (1876-1911), figura emblemática de la consolidación autoritaria del poder político institucionalizado luego del triunfo definitivo del liberalismo en México (1876). Conocido en la historiografía mexicana como «porfiriato», ese régimen político se propuso conducir la conversión liberal del país al dominio de la productividad material y el crecimiento económico, marginando los esfuerzos dedicados a la construcción legal de una nación de ciudadanos que fuera la divisa de la cohorte generacional de la Reforma (1854-1872), representada por la figura del presidente Benito Juárez8.
La ciudad, en tanto realidad económica y dispositivo de control y hegemonía de un bloque gobernante asentado sobre la base de una propiedad de tipo oligárquico, tenía que llamar la atención crítica del segmento ilustrado y modernizador de dicho bloque. Principalmente, la ciudad entendida como conjunto de valores y discursos ideológicos modernizadores, anclados en el orden legal, el control jurídico de la autoridad del Estado liberal.
El periodismo mexicano acompañó este espacio de tiempo como plataforma pública de discursos y representaciones sociales, controlada por el sector intelectual que se empeñaba en constituirse como dirección del proceso histórico. Estas representaciones y discursos adoptaron en la prensa las formas institucionalizadas de la narración, cobrando una efectividad inusitada en un público lector en formación, catalizado por un amplio y diverso sector de responsables en diversos grados del producto periodístico. Las polémicas periodísticas alrededor del tema que importa en estas páginas son prueba del poder simbólico que cobró entonces la prensa al engastar en formatos narrativos plenamente inteligibles en su época las incidencias de la ciudad.
La vida colectiva desplegada en el espacio público de la Ciudad de México, especialmente las coordenadas impuestas por la sociabilidad ejercida de modo autónomo por parte de quienes habían sido excluidos con respecto de la maquinaria social de la producción moderna de la riqueza, en trance de ser constituida hacia los años ochenta del siglo XIX, atrajo todos los días la atención de El Universal. Esta fuente abundante de asuntos ofreció a los colaboradores de uno de los cotidianos más notables en el proceso de comercialización e industrialización de la prensa pábulo a un género periodístico y un formato editorial que terminaría por ser el eje de la oferta noticiosa de El Universal: la gacetilla.
Esta larga columna sin firma, omnipresente en cada entrega, irregular por su extensión, por las subdivisiones en las cuales se distribuía un contenido misceláneo, por el estilo y la fuente de información; esta columna, repetimos, se erigió en el foco de una práctica noticiosa todavía no estabilizada en términos de secciones. Formalmente, la gacetilla traducía a la mancha tipográfica un régimen de comunicación social que oscilaba entre el informe de agencias gubernamentales, los datos de transacciones bancarias y estados de la bolsa de valores, cables de agencias internacionales, correspondencia oficiosa de instancias de la autoridad pública, desplegados partidistas, listas de diputados y senadores electos, etcétera.
Por encima de este caudal de información, la novedad, es decir, la irregularidad de los acontecimientos con respecto del curso habitual, casi diríamos cíclico, de las instancias públicas dio a la gacetilla su distinción en el periódico. El interés noticioso, entonces, se desplazó a la incidencia fuera de control, al sobresalto con respecto de la regularidad de los ciclos de la administración pública y sus funcionarios, al acontecimiento fuera del cálculo racional propio de un capitalismo en formación de acuerdo con el que se había venido construyendo el entramado jurídico del orden social (así fuera meramente teórico y doctrinario). Una nota de El Universal ficcionalizada como entrevista permite conocer las pautas poéticas a las cuales el diario se sujetaba en el ejercicio de la gacetilla, un espacio ya diferenciado y caracterizado genéricamente en la conciencia de sus autores.
- 9 Anónimo, «Del repórter», 8 de agosto de 1888.
En primer lugar, «vida y donaire», párrafos «rientes y felices, oportunos, picantes» constituyen el credo estilístico del gacetillero; en seguida, ante la dificultad de hallar la materia que alimente un espacio fijo y amplio, la nota define la índole del contenido: éste ha de recuperarse en los sitios donde la vida cotidiana, popular, sin controles normativos, se manifiesta multitudinariamente. ¿Cuáles son esos lugares? En principio, las causas en el Palacio de Justicia, sobre todo los juzgados; después, los hábitos de los oficinistas de la tesorería, los que comparecen ante el gobierno del Distrito y, sobre todo, el cotilleo en la hora más demandada en la botica del señor Llamas. ¿Los personajes? Deudores, pensionistas, viudas, pollos calavera, usureros, el «hormigueo de abogados homeópatas que sin tregua ni descanso destazan al menudeo vidas y haciendas»; peticionarios de la hacienda pública, empleados ignorantes, reducidos de ingresos, jefes de sección obsequiosos con diputados y ásperos con cesantes, pagadores, escribientes afanosos9. Los personajes y los lugares del mecanismo narrativo de la gacetilla ni se agotan en la intemperie de las avenidas ni se asocia exclusivamente a los sectores depauperados, aunque, por supuesto, allí encuentra sus alimentos más nutritivos. El foco de las narraciones de reporteros y gacetilleros es la maquinaria del desorden público, la incivilidad en cualquier franja de la convivencia urbana en que ésta se verifique.
Apenas el hormiguero de los empleados públicos salía de los recintos de Hacienda, Gobernación, Tesorería…, se encontraba con el rigor de las calles en el nudo más apretado de una ciudad moderna que no terminaba de constituirse como manda la civilización más adelantada (San Francisco, San Andrés, La Palma, el Coliseo Viejo), materia deliciosa para las necesidades periodísticas, pero también literarias del gacetillero y el repórter, pues recuérdese aquellas normas poéticas de «vida y donaire».
«El agua subió en algunos puntos a quince o veinte centímetros, y por supuesto que tuvieron su verificativo los espectáculos que en tales casos se presentan: cargadores de personas que vienen por tierra, o mejor dicho por agua, con todo y la carga; despreocupados a más no poder, que marchan con mucha sansfaçon por entre el líquido elemento, como mirándolo con altivo desprecio, y que repentinamente resbalan y… ¡cataplúm! Mujeres del pueblo que hacen alarde de su impudor levantándose el vestido un quinientos por ciento más de lo necesario.
- 10 Anónimo, «Gacetilla. Inundación», 17 de agosto de 1888, p. 7. El estado calamitoso de las calles se (...)
Los lagartijos y los cargadores de oportunidad hacen preces porque el temporal siga haciendo de las suyas. Los munícipes, en cambio, ofrecen velas a las ánimas por que calmen los rigores de Neptuno, ya que ellos no disponen de otros medios para evitar las inundaciones»10.
- 11 La elaboración narrativa de las incidencias de la calle por parte de escritores educados literariam (...)
La irregularidad de los asuntos referidos en la gacetilla se amerita como la verdad noticiosa, la verdad ávidamente consumida por un público no gubernamental, fuera del dominio del Estado y la estructura racional de los negocios privados. La anormalidad de la vida social se hizo noticia de fácil consumo y de enorme interés para el lector gracias a las formas narrativas de procedencia realista, y aun naturalista, que se radicaron en la base de géneros periodísticos en vías de sujetarse a las normas de una profesión: la nota, el reportazgo, no pocas veces transformados por la imaginación poética alimentada en los prestigios del realismo y el naturalismo literarios en verdaderas invenciones: principalmente cuentos11. Detengámonos en uno de tantos indicios a este respecto.
- 12 Un caballero sin gracia, «Revista de la semana», 19 de agosto de 1888, p. 2. Apenas una semana desp (...)
Hubo una vez un uxoricida cuyos hechos reclamaron la atención de varias publicaciones durante muchos días, y cobraron cuidadosas elaboraciones narrativas. Un columnista, fuera del juego literario (vale decir: al margen de la identidad autoral del gacetillero y el reportero, ávidos de personalidad propia como productores de texto), no aceptó la verosimilitud de los informes periodísticos. Su alegato prueba los poderes narrativos que habían sido invocados en la prensa para la inteligibilidad pública, incluso de valor comercial, de ciertos hechos delincuenciales. «Precísanse los pormenores de la reyerta conyugal y hasta las palabras cambiadas entre los cónyuges. Todo esto con tal lujo de exactitud que hace inverosímil el conocimiento que se pretende tener de un hecho que por su naturaleza no debe haber traspuesto en tan corto espacio de tiempo los muros del hogar»12.
Fuera de las oficinas, la calle se representó con el lujo de los detalles de la imaginación poética como el ámbito de lo irregular, lo que se escabullía de la norma, lo que era irreductible a la aritmética de la razón productiva. La vida cotidiana de la calle apareció en las páginas del periódico como un espectáculo irreductible a la «ciudad letrada», aunque atractiva para el gusto de una nueva sociedad de productores y consumidores de textos periódicos directamente ligados a su experiencia. En paráfrasis del famoso libro de Ángel Rama, la vida callejera, reducida formalmente a la invención narrativa, se convirtió en la fuente que impuso a los reformadores ilustrados y liberales de la ciudad moderna del tropel de signos populares, vivos en un espacio que la imaginación letrada y jurídica consideraba tabula rasa.
- 13 González Ascencio, Gerardo, Primero los hacen pobres y luego los encarcelan. Procesos de criminaliz (...)
- 14 Martínez Carrizales, Leonardo, «Emilio Rabasa, narrador. La emergencia del pueblo en la representac (...)
En la gacetilla se registraron como un depósito de evidencias fácticas de la realidad las incidencias que sucedían cotidianamente a la vera de las normas racionales del orden ciudadano, burocrático y económico anhelado por las élites intelectuales; evidencias que los editores de El Universal, con pertenecer al estrato más educado de la esfera pública, ni quisieron soslayar ni pretendieron abolir por vía de instrumentos de reducción judicial o penitenciaria13. Al contrario, el núcleo dirigente del periódico terminaría por rendirse con genuino interés ante el vigor narrativo de las representaciones de la calle irregular14.
- 15 Escobilla, «Barridos. El génesis de un libro», 19 de agosto de 1888, 4-5. Este colaborador tiene a (...)
Estos sujetos letrados, en posesión de disciplinas del conocimiento social que sus antecesores en el proceso histórico del liberalismo desconocían (particularmente, los diferentes veneros que desembocan en el programa de una ciencia de la sociedad y las nuevas orientaciones del derecho público), aficionados muy competentes del realismo narrativo español, digieren la vida cotidiana en las calles de la Ciudad de México mediante los recursos de la narración literaria. Las narraciones confiadas a las páginas de El Universal o a los libros que los dirigentes de este medio periodístico editaban como apéndice de su negocio de noticias va imponiendo a sus lectores del conocimiento de un pueblo en ascenso, emergente, que desborda los límites del liberalismo. « […] basta con tener vida realista: basta con frecuentar las cantinas, cultivar (por estudio, se entiende) relaciones íntimas con mujeres de mundo, asistir a bailes de candil y estar al corriente de la crónica escandalosa. La vida real es un tesoro inagotable para escribir memorias, dramas y novelas al estilo de Zola»15.
- 16 Pardo Bazán, Emilia, «Entre paréntesis. El estudio de Galdós en Madrid», 1 de septiembre de 1891, p (...)
A su vez, ese pueblo, reducido a la razón ilustrada por las artes narrativas, ofrece a los narradores que lo tematizan la evidencia fáctica necesaria para dar sustancia a su plan de reforma de la sociedad liberal, en una fase de su desarrollo que conciben como industrial. Un programa concreto sustentado en pruebas empíricas provistas por el arte literario del realismo, maquinaria simbólica productora de verdad que los responsables del diario admiraban en Benito Pérez Galdós, «un observador tan prendado de la vida callejera» que no atesora muchos libros, pues los ha abandonado en beneficio de «una enciclopedia que llama la sociedad». Así reza un segmento de la descripción del respetado personaje en la viñeta del narrador canario en Madrid, cuya realización a cargo de Emilia Pardo Bazán es tomada en préstamos por El Universal del «último número» de El Nuevo Teatro Crítico con el fin de elogiar a un hombre de «apariencia sencilla, burguesa y llana» que profesa un «amor entrañable a la vida real»16.
De este modo, la narración sujeta al código del realismo de los acontecimientos menudos de la vida cotidiana en las calles de la ciudad y en las oficinas más modestas de la administración pública de la ciudad pequeño burguesa, conjuga por lo menos tres dominios que no sabríamos distinguir entre sí: la reorientación de la práctica periodística hacia la noticia en un medio de incipiente industrialización y la absorción que lleva a cabo de las artes de la representación literaria, la reforma de un Estado con base en el dominio del derecho constitucional, y un programa de transformaciones de índole pretendidamente racional de la estructura y el funcionamiento de una sociedad apoyada por los instrumentos de fomento y asistencia de escala estatal. Este artículo se mueve transdisciplinariamente en estas direcciones con el fin de explicar el denso proceso social codificado en las notas de El Universal sobre la vida callejera de la ciudad de México.
El registro del pueblo masivo en la imaginación literario-periodística
La sociedad política porfirista desahogó una parte sustantiva de sus intereses mediante una arena periodística concurrida, no pocas veces ruidosa. El Universal. Diario de la Mañana, a partir del día 1 de julio de 1888, fue uno de los periódicos más destacados de dicho espacio de interacciones cotidianas reservado principalmente a la clase política, incluida una vasta red capilar estrecha y estratégicamente ligada a quienes dominaban los territorios de la producción de bienes materiales, el comercio y algunos programas de transformación industrial de giros agropecuarios.
La vida cotidiana en la Ciudad de México fue un depósito abundante de asuntos que alimentaron las páginas de los diarios; El Universal no fue una excepción a este respecto. Y no podía serlo en virtud de las inclinaciones literarias de quienes organizaban y redactaban los escritos de su oferta editorial, especialmente centrada en la narrativa realista. Las vicisitudes de la gran ciudad se constituyeron naturalmente en el escenario de donde emergían los personajes y las tramas de relatos ejecutados en obediencia a la codificación que el realismo español había llevado a cabo, y del cual los colaboradores de El Universal no sólo eran lectores fervientes, sino también comentaristas informados y editores.
- 17 Tal es el caso de Pepe Prieto, «Don Pomposo», 29 de julio de 1888, pp. 1-2, cuento realista en la l (...)
- 18 Miau fue la primera novela publicada por El Universal como parte de su modelo de negocios editorial (...)
A este respecto, puede subrayarse que los protagonistas de un amplio abanico de textos narrativos en boga corresponden a la figura del empleado público de la burocracia en proceso de constituirse, aquí como en la mayoría de las naciones del orbe occidental17; empleado cuyo magistral análisis por parte de Benito Pérez Galdós en el personaje de Ramón Villaamil (Miau, 1888) fue un referente ineludible, materia de una polémica desahogada en las páginas de nuestro periódico bajo las pautas de un diferendo acerca de normas de poética narrativa18.
Por otra parte, la Ciudad de México, hacia el periodo en que El Universal comenzará a circular en el dominio público (1888), era el crisol de la formación económico-social de la nación pretendidamente moderna; la sede dramática de los extremos y las contradicciones de un acelerado proceso de transformación social comandado autoritariamente por la sociedad política a la que nos hemos referido; un guiso en ebullición de consecuencias inciertas aderezado con decenas de identidades sociales poco conocidas hasta entonces, poco reconocibles para los sistemas de la representación social.
- 19 Uno de los libros más atendidos por la investigación es Speckman Guerra, Elisa, Crimen y Castigo. L (...)
En el centro de la sede urbana, un sector de políticos, profesionales liberales de varia índole y, sobre todo, el contingente en aumento de empleados del sector público a causa de la formación de una burocracia especializada, propia de un Estado que se consolidaba como pieza central de la gobernabilidad, el crecimiento económico, el orden social y la paz pública; en las márgenes del acelerado y notable desarrollo inmobiliario de la ciudad política y económica, bullía un sector emergente, heteróclito, inestable, constituido por comunidades desclasadas, inmigrantes a resultas de la demanda de mano de obra y servicios necesarios para la modernización productiva del sistema urbano. De estos arrabales emergerá para el oficio de narradores periodísticos y literarios una corte todavía imprecisa en cuanto a sus oficios, definida por atributos de peligrosidad y desafío para el orden de la ciudad letrada, como lo ha señalado una perspectiva dominante en la investigación histórica del periodo19, pero también atendida con curiosidad, interés y afán de comprensión por parte de quienes se proponían la plena integración del modelo económico-social del régimen. Este es el caso del núcleo dominante en las páginas de El Universal.
Los instrumentos letrados de las minorías modernizadoras del territorio, por lo menos desde finales del siglo XVIII organizaban la representación de estas identidades borrosas para su mentalidad ilustrada y liberal en campos semánticos articulados alrededor de voces como plebe o lépero. Aunque este influjo sigue operando en El Universal, lo que contemplaremos en sus plumas más ameritadas será el empeño por traducir el espectáculo plebeyo en las claves de una reforma integral del modelo jurídico y económico de la nación moderna, en la cual debería ser integrado ese estrato de la sociedad. Antes que reprimida, la plebe debía ser redimida; es decir, dotada de bienes de previsión y provisión propios de una sociedad correctamente constituida.
A propósito del interés que reclama esa franja de la población, conviene adelantar el punto de vista ejemplar de uno de los colaboradores del diario acerca de los pueblos indios y mestizos que entonces, debido al proceso de transformación económica, inexorablemente se iban vinculando con la estructura del núcleo urbano, tal y como lo asienta su incorporación en el cuadro de rentas municipales elaborado por el secretario del Gobierno del Distrito entre 1885 y 1890, de cuya reseña periodística se extraen las siguientes palabras:
- 20 G. P., «Muy importante», 18 de octubre de 1891, p. 1.
«[…] la abyección inconcebible, la miseria y el estado de cuasi barbarie en la que existen pueblos tan inmediatos a la capital. […] Hay algunos en este cuadro como Hastahuacán, Tláhuac, Tulyehualco, Actopam, Mixquic y Ostotepec, que no pueden existir como pueblos, que son como desechos o ripios sin cabida en el conjunto social»20.
De acuerdo con la visión de mundo del periodista, entre ese orden de pueblos ya asociados al destino económico de la ciudad «y el aduar del salvaje» había poca diferencia, a juzgar por sus rentas y condición de su personalidad política. El realismo narrativo será el código más frecuentado para dar cuenta de los hábitos cotidianos que publicistas como el citado atribuían a los nuevos tipos sociales arrastrados a la ciudad por el crecimiento material acelerado y contradictorio de ésta, así fueran concebidos como bárbaros o salvajes, «ripios sin cabida en el conjunto social» diseñado por los magistrados de la ciudad letrada. Estamos ante una perspectiva que se alimenta no sólo en los datos de la pobreza material, sino también en los relativos al origen indio de estas comunidades.
- 21 En las páginas de El Universal, el criterio racial en el diseño del orden legal de la ciudad modern (...)
La codificación narrativa de los arrabales, incluidos los pueblos indios y mestizos articulados a la trama urbana por medio de vasos capilares de índole económica, cuando se analizan en el conjunto de la oferta editorial del diario, camina en sentido opuesto al discurso habitual de las élites letradas desde la Ilustración; es decir, lejos de procurar el establecimiento de una frontera material y cultural entre el orden social indio y el liberal, lejos de erigir los muros simbólicos de un casco urbano civilizatorio, los editores del diario se distinguen por imaginar la integración de una comunidad política y económica en la escala de un Estado moderno21.
El realismo servía para aproximarse a la conceptualización de la dinámica de las tensiones entre los habitantes del centro y la periferia de la urbe; a juicio de los responsables del cotidiano, una delimitación por completo improcedente. La narración periódica de las costumbres en la Ciudad de México no es tanto registro, como explicación crítica de los procesos en curso de acuerdo con los valores ideológicos de los redactores, asequible al gran público gracias a los instrumentos representativos del realismo: la construcción de personajes tipo; el planteamiento de escenas dramáticas; la descripción de hábitos y nuevos espacios. El adulterio, el asesinato y las riñas callejeras son formatos (en un sentido narrativo) particularmente socorridos por gacetilleros, reporteros y articulistas, además de cuentistas y novelistas asociados a nuestro diario para distribuir y organizar eficientemente su conocimiento y valoración del mundo social que se desplegaba ante sus ojos con una fuerza nunca conocida en la ciudad.
En el caso de los directivos del diario que nos atañe en estas páginas, el «pueblo» emerge violentamente ante los ojos de la sociedad política para recordar que las pautas del Estado liberal de derecho no han sido capaces de integrar a ese sector en la sociedad burguesa. El pueblo llano, sin formas de conducta ni hábitos de sociabilidad normados por la educación letrada; el pueblo sin distinción ni mérito ante los ojos de la mentalidad modernizadora e ilustrada; la «pobretería» de Benito Pérez Galdós que anima el comercio humano de la ciudad, ese pueblo indeterminado, anónimo, aparece representado continuamente en El Universal para recordar que debe ser incorporado en la sociedad política y la economía modernas. El pueblo de «rompe y rasga» que se golpea en las calles por «quítame estas pajas» sin respetar estatutos de edad, género, autoridad; el pueblo de «pelo en pecho»; el pueblo irreductible al orden legal; el pueblo irrefrenable por la policía y sus agentes, a veces ausentes, o torpes o cómplices. El pueblo que da coces, se saca la sangre, se insulta y termina por darse la mano y todos tan contentos.
«Ignoramos por qué causa una dómina y cierto peladito se zurraron de lo lindo en la calle del Seminario ayer a las 6 y 10 P. M.
Hubo en la escena que presenciaron muchas personas insultos, cachetadas y hasta mordiscos más crueles que los que propina Marcial.
- 23 Anónimo, «Gacetilla», 27 de septiembre de 1891, p. 2. El rubro del transporte de personas y mercanc (...)
El pueblo que se cobra las deudas a trompones o pedradas, en la vía pública; el pueblo dueño de su «república» natural sin que la autoridad del Estado coloque en ese territorio bravo los pies. Los agentes del orden público que abusan de los borrachos callejeros o que «duermen la mona», casi confundidos con la grey astrosa a la cual debían reducir al orden normativo del Estado moderno. Sacristanes rateros, pilletes que roban fuegos artificiales a la misma policía para quemarlos en una fiesta desordenada de sus rumbos, hijos que golpean en la vía pública a su madre anciana, bailes resueltos a puños, plagios de personas, accidentes sangrientos ocurridos en prensas, atropellados por el tranvía o cocheros imprudentes que conducen a exceso de velocidad sin ser reducidos ni por el reglamento ni por quien haga valer su letra, jamelgos viejos que se rinden en mitad del arroyo sin fuerzas para cumplir con el tiro de los carros («como el Clavileño en que montaron Don Quijote y Sancho Panza»)23, aturrullados a causa de postes mal colocados en las aceras, mendigos falsos que asuelan a los peatones, fraudes… siempre robos de todo tipo: imaginativos (estafadores de artimañas sutiles o artes graciosas), raterillos.
Tipos sociales de la pobretería que deambulan violentos por las calles para beneplácito de la narrativa satírica que salpica las páginas del periódico con una constancia digna de nota, sobre todo las columnas largas de la gacetilla: una suerte de cuaderno de quejas que da cuenta de la procelosa vida civil. Historias presenciadas por un testigo con pluma de gacetillero o tomadas en préstamo (debidamente acreditado) de otro diario, en cuyo caso el periodista desarrolla cierta sensibilidad literaria al exclamar: «De veras que la escena hace poner los pelos de punta. Parece cuento de ciego».
El Tiempo de ayer publica lo que sigue:
«¡Horrible! En la noche del día 4 y en la esquina de la calle de San Diego y Avenida Juárez, tuvo lugar la escena siguiente:
Una respetable anciana, de muy noble presencia y decentemente vestida, era objeto de los insultos, y según parece, de las bofetadas de… su hijo.
La anciana estaba acompañada de otro joven hijo suyo, quien sostenía un paraguas para librarse de la lluvia.
Íbamos en un tren de la vía angosta, y en el breve momento que se detuvo, pudimos oír los gritos de la señora llamando al guarda, para que aprehendiera a ese sacrílego (palabra con que la señora calificaba el crimen de ese bestia) a la vez que éste, después de proferir a gritos una injuria, corría hacia la Alameda.
La señora se ahogaba en llanto y gemía de la manera más aguda.
Ni el guarda de la contraesquina, ni el que estaba apostado a un corto trecho de la Alameda, oyeron palabra.
- 24 Anónimo, «Gacetilla. El Tiempo…», 7 de julio de 1888, p. 4.
Si por fin el bruto aquel fue aprehendido, suplicamos encarecidamente a la autoridad sea lo más severa que pueda, y mande publicar la pena que imponga, para escarmiento y vindicación de la naturaleza, brutalmente ultrajada»24.
Así se perfila un realismo crudo y jocoso, humorístico y asombrado, no pocas veces consciente de su correspondencia intertextual con los costumbristas españoles, los naturalistas franceses. Un realismo que, al descender al periodismo, se pone al servicio de la crítica de la sociedad en diferentes ámbitos, particularmente el sistema de justicia y policía. El Universal expone y elabora narrativamente esta clase de acontecimientos con el fin de pedir rectificación legal de parte del ayuntamiento y responsabilidad profesional a los magistrados del aparato de impartición de la justicia letrada, es decir, la norma contenida en la letra de los códigos y los reglamentos.
- 25 Anónimo, «Faltas a los reglamentos», 5 de julio de 1888, p. 1.
«La aplicación cuidadosa de los diversos reglamentos es todo lo que se necesita para corregir estos males [accidentes de tránsito…]. Mucho se aventajará con sólo instruir a los gendarmes sobre ciertas prevenciones de los reglamentos para que, haciéndolos cumplir, eviten desgracias cuya frecuencia es ya muy alarmante»25.
El periódico lamenta, no sin antes representarla prolijamente, la ebriedad y el furor del pueblo con el fin de que la autoridad legalmente constituida ejerza los controles propios de su jurisdicción (por ejemplo, con ocasión de las fiestas populares y los toros; y siempre, en las barandillas de los ministerios públicos, en las salas de los juzgados). El periódico se desvive por exigir a la autoridad competencia, a la norma efectiva vigencia, probidad al funcionario, a la comunidad política conocimiento de la ley; raramente hay censura del delincuente. Para éste, más bien, hay una indulgencia edulcorada por una sátira de fines pedagógicos, además de prueba de ingenio literario.
De estas funciones de la narración realista centrada en la dinámica conflictiva de la nueva ciudad, no está lejos ni el afán pedagógico ni el afán civilizador, que ha sido más o menos constante en las escrituras de la Ilustración y el liberalismo modernizadores desde el siglo XVIII; a pesar de esta línea de continuidad en las minorías culturales de la «ciudad letrada», en el caso que nos ocupa, el realismo literario y periodístico sirve a una meta que engloba a las anteriores, modificando su sentido excluyente de clase: el afán programático de una élite que se siente bien dispuesta para el consejo de la administración pública de dimensión estatal. El núcleo dirigente de El Universal es un grupo que se sentirá con plenos derechos intelectuales para cumplir con esa tarea de consejería, a tal grado que terminará por distinguirse o diferenciarse con respecto del conjunto de su clase social de origen.
El ejercicio periodístico y literario que se ofrece a nuestros ojos en las narraciones breves de El Universal, codificados como gacetilla o reportazgo, o bien como cuento o novela corta sin una delimitación precisa de género, rinde el testimonio de un sector cuyos integrantes continuarán su camino como tecnócratas avant la lettre de un Estado moderno que se coloca a la cabeza de una sociedad de masas. El caso de Emilio Rabasa es paradigmático de este proceso. Una vez que se retire del periodismo, no volverá a ejercer ni este oficio ni el de la narración literaria. En cambio, seguirá su itinerario como jurisconsulto al servicio del Estado y, principalmente, teórico de las reformas constitucionales para redimir a los políticos (¡incluido el primer mandatario!) y a la sociedad de las debilidades que la narrativa periodístico-literaria había exhibido.
Notes
1 El primer año del lapso indicado corresponde a la fundación del diario; el segundo, a la salida de Emilio Rabasa, periodista, escritor, político, jurista, socio de la empresa que financiaba El Universal, colaborador y miembro destacado del núcleo dirigente del periódico y de las actividades editoriales que estaban asociadas a éste. Quien escribe este artículo considera que la importancia de Emilio Rabasa es tan notoria como definitiva en el planteamiento y desarrollo de la política editorial de El Universal que da pie a los fenómenos aquí estudiados. Hasta ahora, el libro más exahaustivo sobre el itinerario intelectual y político de Rabasa es HALE, Charles A., traducción de Antonio Saborit, Emilio Rabasa y la supervivencia del liberalismo porfiriano. El hombre, su carrera y sus ideas. 1856-1930, México, Fondo de Cultura Económica-Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2011.
2 Hacia 1877, de acuerdo con la misma fuente censal a la que se recurre en el párrafo, la Ciudad de México tenía 230 000 habitantes. Los dos centros urbanos que seguían a la capital del país en materia de población eran Guadalajara y Puebla, ambos con 65 000 habitantes en 1877. El primero alcanza en 1895, 83 934; el segundo, 88 684. El índice de crecimiento es mucho menor al de México. González Navarro, Moisés, Estadísticas sociales del Porfiriato. 1877-1910, México, Secretaría de Economía, 1956.
3 Rama, Ángel, La ciudad letrada, Montevideo, Arca, 1998, particularmente los capítulos 1 y 2. Recuérdese, a propósito de esta formulación, que el crítico uruguayo estableció la tesis de que los funcionario de la civilización de la letra europea habían cobrado su identidad y funcionalidad sociales gracias al encargo de cubrir con los signos de la razón de la cual eran depositarios lo que el poder real consideraba la tabula rasa del territorio americano: espacio arrasado para levantar allí el orden de los signos europeos. Para nuestro propósito, los signos de la metáfora conceptual de Rama son los institucionalizados en las disposiciones reglamentarias que los funcionarios letrados de la Ilustración y el liberalismo pretenderían imponer a la tumultuosa vida callejera de acuerdo con una utopía espacial de la vida pública.
4 Viqueira Albán, Juan Pedro, ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el Siglo de las Luces, México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 138. Este valioso estudio documenta el largo enfrentamiento dieciochesco entre el Estado y el pueblo por la regulación de las calles. Los testimonios y registros de varia índole que en sus páginas se traen a cuento como pruebas de la argumentación podrían prolongarse a lo largo del siglo XIX. Sin embargo, a lo largo de este periodo, la base estamental de la lucha por el dominio de la vía pública se diluye hasta perderse; así, de los sótanos ideológicos de ese enfrentamiento a la luz del día emerge poco a poco el verdadero motor de los empeños de la autoridad: la fundación propiamente dicha del Estado moderno y sus instrumentos constitucionales, económicos, coercitivos, policiacos y penitenciarios; la habilitación de una «sociedad política» y sus representantes erigidos en autoridad gubernamental; y, concomitantemente, la formación de una «sociedad civil». Este artículo considera que la política editorial de El Universal a propósito de la vida callejera en la Ciudad de México pertenece al dominio de la fundación plena de un Estado moderno en la mentalidad de una élite especializada técnicamente en las disciplinas del derecho constitucional y la economía política, encabezada por Emilio Rabasa.
5 Este punto de vista se encuentra conscientemente asumido por los colaboradores del libro coordinado por Speckman Guerra, Elisa, Horrorosísimos crímenes y ejemplares castigos. Una historia sociocultural del crimen, la justicia y el castigo (México, siglo XIX y XX), San Luis Potosí, El Colegio de San Luis, 2018, edición digital.
6 Engels,Friedrich, La situación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid, Akal, 2020, edición digital, concretamente en el capítulo primero «El proletariado industrial», escribió una de las primeras versiones de la explicación de dicho esquema; una explicación que todavía resulta productiva. Encuentro este esquema en la base de la obra crítica de Pier Paolo Pasolini acerca de la construcción del neocapitalismo en la Italia previa al «milagro italiano» del siglo XX, sobre la base de la destrucción de la civiltá contadina y el nacimiento de la borgata alrededor de las ciudades modernizadas. Pasolini, Pier Paolo, I grandi interventi civili, Milano, Garzanti, 2021, sobre todo los artículos reunidos en Scritti corsari. La exposición didáctica de tales ideas puede consultarse Sapelli, Giulio, Modernizzazione senza sviluppo. Il capitalismo secondo Pasolini, Firenze, goWare, 2015, edición digital, particularmente la sección 1.3.
7 Una de las primeras obras en reconocer esta condición para explicar la estructura y el funcionamiento del Porfiriato y su crisis final es GUERRA, François-Xavier, México: del Antiguo Régimen a la Revolución, t. 1, traducción de Sergio Fernández Bravo, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, pp. 126-181.
8 Garner, Paul, Porfirio Díaz. Entre el mito y la historia, traducción de Luis Pérez Villanueva, México, Crítica, 2015; Medina Peña, Luis, Invención del sistema político mexicano. Formas de gobierno y gobernabilidad en México en el siglo XIX, 2ª ed., México, Fondo de Cultura Económica, 2007. La alusión en el párrafo que da pie a esta nota acerca de la marginación de los esfuerzos doctrinales por construir una nación de «ciudadanos» implica el conocimiento de las modificaciones de la cultura del liberalismo en el México del siglo XX, un problema complejo planteado por Hale, Charles A., La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX, traducción de Purificación Jiménez, México, Fondo de Cultura Económica, 2002. Esta materia se inicia y se sostiene entre la clase política e intelectual de México a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX con motivo de la crítica de la Constitución de 1857; el conocimiento relativo a ese problema se encuentra en nuestro alegato. Por ello, se recomienda Cosío Villegas, Daniel, La Constitución de 1857 y sus críticos, México, Fondo de Cultura Económica, 1998.
9 Anónimo, «Del repórter», 8 de agosto de 1888.
10 Anónimo, «Gacetilla. Inundación», 17 de agosto de 1888, p. 7. El estado calamitoso de las calles se centra en las aguas derramadas por las calles céntricas de la ciudad ante la inoperancia del drenaje. Pestilencia, desechos animales que flotan por el arroyo de una metrópolis una vez más lacustre, flora incontrolable… Consúltese en Anónimo, «Gacetilla. Las calles», 18 de agosto de 1888, p. 7, una relación de vías y las calamidades públicas que se le asocian como reclamo a la autoridad administrativa de la ciudad.
11 La elaboración narrativa de las incidencias de la calle por parte de escritores educados literariamente en funciones de gacetilleros y reporteros dio paso a numerosas discusiones sobre los límites de la imaginación poética aplicada sobre la narración picante de calamidades sociales. Ante la amonestación de parte de un literato, Juvenal, de la ligereza humorística con que se celebran los «curiosos detalles» de bandas de niños delincuentes, El Universal rechaza este parecer negando que haya relación alguna entre las «plagas sociales [y] el hecho de que algunos oigan con risa los alias y los cuentos de Belem». Anónimo, «Revista de la prensa de ayer. El Monitor Republicano», 5 de julio de 1888, p. 1. También consúltese sobre este fenómeno de escritura literario-periodística en trance de generalizarse con el impulso de la competencia económica El Caballero de Gracia, «Revista de la semana», 12 de agosto de 1888, p. 1.
12 Un caballero sin gracia, «Revista de la semana», 19 de agosto de 1888, p. 2. Apenas una semana después, dos escritos anónimos insisten en lo que se configura como desapego del periódico de la nota roja como materia de entretenimiento vil, infame, inmoral, en vez de alegato en favor de reformas en beneficio de la racionalidad del orden moderno. «Nosotros creemos que no son simples chistes [la exhibición de hechos de sangre]; que no son como quiera faltas a la gramática y al sentido común, sino ultrajes gravísimos a la memoria de una persona respetable, e injurias soeces para sus infortunados deudos.» Anónimo, «Gacetilla. No se remedian», 19 de agosto de 1888. En Anónimo, «Gacetilla. El reportazgo», 19 de agosto de 1888, p. 7, la censura se centra en el sensacionalismo de un tipo emergente de género narrativo y figura de autor: el reportazgo, que «forma un poema de cada delito», y el reportero, que convierte a las víctimas en «personajes de novelas». También consúltese a este propósito, en la misma edición, Anónimo, «Gacetilla. El Sr. Miguel Zomoza», p. 8, que eleva el tono de la censura al grado de acusar al repórter de usurpar la tarea de jurados y tribunales.
13 González Ascencio, Gerardo, Primero los hacen pobres y luego los encarcelan. Procesos de criminalización y nacimiento de la criminología en el México del siglo XIX, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2020.
14 Martínez Carrizales, Leonardo, «Emilio Rabasa, narrador. La emergencia del pueblo en la representación narrativa del orden social de México», Literatura Mexicana XXIX, 1 (2018), pp. 37-69. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Literarios.
15 Escobilla, «Barridos. El génesis de un libro», 19 de agosto de 1888, 4-5. Este colaborador tiene a su cargo una columna, «Barridos», en cuyas páginas adopta la posición del satirista. Su testimonio es especialmente valioso acerca de la transformación de la escritura de libros en industria y en comercio, vinculada con la presencia activa de un público lector en formación y sus hábitos de consumo. Las actitudes irónicas del columnista indican que el fenómeno es todavía novedoso e implica un profundo cambio de valores en el ejercicio de la cultura letrada, donde se advierte el primado de la novedad, el gusto público, la publicidad, el mercado, la competencia, el ascenso de nuevas figuras de autor que gozan de notoriedad (el reporter) y nuevos géneros (el reportazgo). Aquí se inscribe el realismo como código literario al que se adscribe la visión de mundo de quienes concurren en El Universal. También consúltese sobre la mercantilización del mundo letrado que afecta el orden establecido de figuras de autor y el sistema de los géneros literario-periodísticos, Escobilla, «Barridos», 26 de agosto de 1888, 4, y, particularmente, Revelator, «Nuestra literatura. Las niñas románticas. El libro. Economía política», 7 de octubre de 1891, p. 1, para quien el periódico es la plaza de los literatos, aunque no por muy buenas razones, pues afirma que el estado social del país impide a los autores mexicanos escribir libros, privados de mercado, de ventas. El artículo en el periódico es el recurso de sobrevivencia de los escritores: verdad probada por escritores «que de poco tiempo a esta parte han dado libros a la estampa».
16 Pardo Bazán, Emilia, «Entre paréntesis. El estudio de Galdós en Madrid», 1 de septiembre de 1891, p. 3. El propio Benito Pérez Galdós había expuesto este punto de vista en términos de doctrina literaria, bien conocida por los editores de El Universal. Pérez Galdós, Benito, Artículos y ensayos, Santa Cruz de Tenerife, Ediciones Idea-Asociación Cultural Cabrera y Galdós, 2005, edición digital. En este volumen se han recuperado escritos tan importantes para el asunto que nos importa como «Observaciones sobre la novela contemporánea en España» y «La sociedad como novelable, señores académicos».
17 Tal es el caso de Pepe Prieto, «Don Pomposo», 29 de julio de 1888, pp. 1-2, cuento realista en la línea de Miau, conducido por un narrador personaje, aspirante fracasado a un puesto en la burocracia con base en recomendaciones fallidas.
18 Miau fue la primera novela publicada por El Universal como parte de su modelo de negocios editoriales, descrito para los lectores y los suscriptores, a modo de publicidad, en la edición del 27 de julio de 1881, p. 1. Esa descripción ya contiene el proyecto, en efecto consumado, de publicar «una hoja literaria» los días jueves como elemento sustancial de civilización y comercio modernos. A partir de la entrega del 31 de julio de 1888, p. 1, se inicia la promoción en gran espacio de la inminente publicación de Miau, «publicada en Madrid el mes pasado», en obediencia de las pautas empresariales del plan mercantil de El Universal. En el contexto de esta estrategia publicitaria, se incorpora el anuncio constante en primera plana de Moneda falsa, «la última novela de la primera serie que está dando a luz Sancho Polo», pseudónimo de Emilio Rabasa (4 de julio de 1888, p. 4). El realismo literario es la base de este programa modernizador tanto en el plan civilizatorio correspondiente al periodismo contemporáneo como en el empresarial y comercial. La polémica que sobre esta obra desató el hombre de letras de gusto conservador, Francisco Sosa, indica con claridad la índole de los fines de la poética realista de los editores de El Universal. Este debate fue recogido como apéndice por Sinnigen, John, Benito Pérez Galdós en la prensa mexicana de su tiempo, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 2005.
19 Uno de los libros más atendidos por la investigación es Speckman Guerra, Elisa, Crimen y Castigo. Legislación penal, interpretaciones de la criminalidad y administración de justicia (Ciudad de México, 1872-1910), México, El Colegio de México, 2002, cuidadosa documentación de los instrumentos coercitivos dirigidos a conjurar el «peligro» de los sectores subalternos.
20 G. P., «Muy importante», 18 de octubre de 1891, p. 1.
21 En las páginas de El Universal, el criterio racial en el diseño del orden legal de la ciudad moderna no tiene vigencia. El orden estamental, fundamento de la racialización de los sistemas de justicia y administración pública, ha perdido vigencia y funcionalidad hacia fines del siglo XIX en México. Este hecho es palmario si se lo contrasta con la lucha que empeñaron los gobernantes de las Luces en el virreinato por el control de las calles. Una parte sustantiva del control legal de la ciudad implica todavía hacia el último cuarto del siglo XVIII la defensa de sus calles de la amenaza corporativa del indio. Las reformas ilustradas en los reglamentos de la vida pública de la urbe quieren cortar los vasos comunicantes entre ciudad real y pueblos indios. Las iniciativas reglamentarias de la autoridad virreinal intentan establecer un centro normado, legalizado, dominado por las élites españolas, y una periferia india, permisiva, irreductible a la razón civilizada. Las narraciones de la calle publicadas por nuestro diario, por el contrario, aspiran a la integración de una maquinaria económica y social propia de un Estado moderno. Viqueira Albán, Juan Pedro, op. cit., pp. 138-152.
22 Anónimo, «Gacetilla. Riña», 4 de julio de 1888, p. 6. Leamos ahora el mismo patrón narrativo, con un giro de género cuyo comentario dejaremos de lado, que insiste en la inepcia de la policía. «A las 11 de la mañana de antier, dos mujeres del pueblo se pusieron como digan dueñas en el atrio de la Catedral. Y lo peor no es eso, sino que a la hora indicada transitaban por ahí muchas señoritas que salían del templo y que se vieron obligadas a escuchar las lindezas que decían aquellas mujeres. La reyerta duró más de diez minutos y ningún gendarme se presentó para impedirla.» Anónimo, «Gacetilla. Escandalito», 20 de octubre de 1891, p. 2.
23 Anónimo, «Gacetilla», 27 de septiembre de 1891, p. 2. El rubro del transporte de personas y mercancías en el territorio de la ciudad resulta continuamente atendido por los reclamos de los periodistas a las autoridades de los ramos correspondientes. Por ejemplo, en la misma nota que aquí citamos, denuncia y exige la corrección del «sistema» de cobro de derechos causados por los bienes transportados en coches de segunda clase en la garita de la Tlaxpana. La detención de las corridas para efectuar el cobro retrasa las líneas de comunicación; «esperamos que cuanto antes se pondrá el remedio correspondiente».
24 Anónimo, «Gacetilla. El Tiempo…», 7 de julio de 1888, p. 4.
25 Anónimo, «Faltas a los reglamentos», 5 de julio de 1888, p. 1.
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Référence électronique
Leonardo Martínez Carrizales, « Las vísperas de una nueva sociedad en las calles de México. Representaciones literario-periodísticas en El Universal (1888) », El Argonauta español [En ligne], 20 | 2026, mis en ligne le 07 septembre 2026, consulté le 14 octobre 2026. URL : http://journals.openedition.org/argonauta/6972 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16qi7
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