El debate eucarístico en Los denuestos del agua y el vino en tiempos del agramador Lupus de Moros y la controversia de Lázaro de Tormes con el ciego y el clérigo de Maqueda
Résumés
La razón de amor y los denuestos del agua y el vino et Lazarillo de Tormes sont tous deux structurés autour du sacrement de l’Eucharistie, ce que la critique a à peine analysé dans le cas de la composition poétique et a ignoré dans le cas du roman. La première œuvre pose un débat eucharistique selon les principes du maître de la scolastique –Pierre Lombard–, en particulier l’une de ses sententiae, tandis que le Lazarillo fait écho aux débats religieux de son époque autour du concept eucharistique des alumbrados du royaume de Tolède. Bien qu’il ne s’agisse pas d’un débat à proprement parler, cette œuvre partage la même structure dialogique, le conflit entre deux points de vue absolument contraires, la présence de symboles religieux, ignorés de la plupart des critiques, et l’utilisation de diverses stratégies pour dissimuler ses référents par crainte de persécutions de la part de l’Inquisition.
Entrées d’index
Mots clés :
Razón de amor y los denuestos del agua y el vino, Lazarillo de Tormes, débat, Eucharistie, InquisitionPalabras claves:
Razón de amor y los denuestos del agua y el vino, Lazarillo de Tormes, debate, eucaristía, InquisiciónPlan
Haut de pageTexte intégral
Antecedentes y propósito
1El debate como subgénero literario alcanzó cierta importancia en la Edad Media tanto en prosa como en verso. Aunque apenas contamos con unos pocos ejemplos, entre ellos el de Elena y María, el del Cálamo y las tijeras de Sem Tob de Carrión o la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino, hubo muchos más que no nos han llegado hasta la actualidad. Una característica que los define es la presencia en ellos del diálogo o intercambio de puntos de vista confrontados y divergentes y también de una conclusión: un juicio por un rey en el primer caso citado; la victoria de la pluma sobre la espada en el segundo; la feliz síntesis de lo humano y lo divino en la comunión de la sangre de Cristo participada por los seguidores de esta fe en el último. Se han señalado fuentes literarias diversas, entre ellas la disputatio latina, la mufāḫara árabe o milḥemet o vikuaḥ hebreas.
- 1 José Lara Garrido, «Los Diálogos de la Montería de Luis Barahona de Soto como realización genérica» (...)
- 2 Leonardo Romero Tobar, «El arte del diálogo en los Colloquios satíricos de Torquemada», Edad de Oro(...)
- 3 Ana Vian Herrero, «La ficción conversacional en el diálogo renacentista», Edad de Oro, 7, 1988, p. (...)
2El Renacimiento dio un protagonismo muy notable al diálogo como subgénero literario que recogió en buena medida los hallazgos de la disputatio medieval, heredera de la tradición latina y también escolástica y académica de las universidades. Los trabajos de Lara Garrido1, de Romero Tobar2 y, fundamentalmente, de Vian Herrero3 mostraron lo que Malpartida Tirado llama el «estatuto artístico» del diálogo renacentista, el heredero en buena medida del debate medieval. Y precisamente los tres diálogos más significativos del siglo xvi aparecieron en fechas coincidentes –años cincuenta– con el Lazarillo de Tormes, el Crotalón, el Viaje de Turquía y los Coloquios satíricos de Antonio de Torquemada. En opinión del último investigador:
- 4 Rafael Malpartida Tirado, «Tres diálogos renacentistas en pos de la novela moderna», Diablotexto Di (...)
[…] conviene considerar, por una parte, un elemento extrínseco, la influencia de Luciano y Erasmo, y otro intrínseco, la constitución dialógica y el tránsito al autobiografismo a través de la escritura del yo, dos circunstancias que, por cierto, confluyen, dado que los dos autores de tan alargada sombra practicaron el género dialogal. Y en la conjugación de ambos factores se encuentra, además, la vinculación con el Humanismo, menos contrario a la prosa de ficción, como demuestra su propia práctica, de lo que se ha señalado habitualmente4.
3Es por ello por lo que este estudio parte de uno de los tres debates citados –la Razón de amor con los denuestos del agua y el vino– y del Lazarillo como novela en que se unen la narración en primera persona y el diálogo en estilo directo e indirecto para establecer la relación entre ambas obras a través del tratamiento que hacen ambas del sacramento eucarístico, protagonista fundamental de la primera y también, aunque ignorado por la crítica, en el caso de la pequeña novela.
- 5 Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua es (...)
- 6 Ibíd.
- 7 Adolfo V. Ivorra Robla, «La penitencia según Amalario de Metz», Liturgia y Espiritualidad: revista (...)
- 8 Adolfo V. Ivorra Robla, Los sentidos de la liturgia en Amalario de Metz: bautismo y eucaristía, Mad (...)
- 9 José Rico Pavés, Los sacramentos de la iniciación cristiana: introducción teológica a los sacrament (...)
4Define el Diccionario de la lengua española la eucaristía como un ‘sacramento instituido por Jesucristo, mediante el cual, por las palabras que el sacerdote pronuncia, se transustancian el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo’5. Añade otras dos acepciones: ‘misa o celebración’ y ‘hostia consagrada’6. Tanto la fijación del rito como del concepto de transubstanciación fueron objeto de debate a lo largo de toda la Edad Media. En el siglo ix, Amalario de Metz7 se refiere a la existencia de tres formas del Corpus Christi: la que se vierte en el cáliz, la que se consume en la misa y la que se administra a los enfermos. Fue condenado por herejía al considerarse que había propuesto la existencia de tres cuerpos de Cristo8. El abad benedictino Pascasio Radberto elaboró el primer tratado sobre la eucaristía, según el cual la carne de la comunión es la misma que nació de María. De este modo, «la presencia de Cristo tiene lugar en virtud de una mutación interior del pan y del vino que se convierten –transferatur– en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, por la Palabra»9. Pero esa carne no se puede comer como la de la mesa porque está escondida en el pan que se toma; se trata de una reiteración mística de la carne de Jesús, la cual es imposible ver porque se encuentra presente in mysterio y está, por tanto, oculta a los ojos.
- 10 Gerardo Román Argüello, Las controversias eucarísticas de los siglos ix y xi, Mendoza: Universidad (...)
5En el mismo siglo ix, Ratramno de Corbie se preguntó en su obra De Corpore et Sanguine Christi si se trata de un simbolismo y la carne de la eucaristía no es la real de Cristo. En su opinión, solo se percibe el pan y no el cuerpo de Jesús10. Pero en la eucaristía se opera una conmutatio o conversión no física sino espiritual. Su concepción es diferente a la de Pascasio Radberto, para el que hay una identidad entre el cuerpo de Cristo y el de la eucaristía, mientras que para Ratramno se trata de un cuerpo simbólico, visible solo por la fe. A partir de ahí se estableció un interesante debate que, sin embargo, en opinión de Rico Pavés:
- 11 J. Rico Pavés, Los sacramentos de la iniciación cristiana…, p. 275.
[…] se originó en gran parte, por falta de una terminología depurada. Ambos dicen lo mismo, lo que les separa es una diferente concepción de la verdad. El cuerpo de Cristo en la eucaristía es invisible, luego, es otro y no el mismo de Palestina. En este sentido, más exacta la conclusión de Pascasio: es el mismo pero en forma diferente11.
- 12 Alfonso Ortega Carmona, «En el año de la Eucaristía 2005. Polémica entre gigantes», Carthaginensia: (...)
- 13 Raoul Heurtevent, Durand de Troarn et les origines de l’hérésie bérengarienne, París: G. Beauchesne (...)
6Dos siglos más tarde, en el xi, se planteó una segunda controversia por Berengario de Tours12, quien afirmó que, si Jesucristo había ascendido a los cielos, su cuerpo no podía seguir presente en la tierra en la eucaristía. Señaló que no se pueden convertir el pan o el vino en su cuerpo y su sangre, que no dejan de ser pan y vino en la eucaristía y, por tanto, no se convierten en otra cosa. Se trata de símbolos y de recuerdos de la figura de Jesús y de la Última Cena. Se mostraron contrarios a esta postura desde el papa hasta muchos otros miembros de la Iglesia13, que afirmaron la presencia real de Cristo en la eucaristía, naciendo una importante controversia entre defensores y detractores de Berengario. Según Argüello:
- 14 G. R. Argüello, Las controversias eucarísticas…, p. 9.
Berengario fue llamado a Roma y tuvo que profesar ante el Papa Nicolás II en este sínodo una fórmula de fe eucarística redactada por el cardenal Humberto de Silva Cándida. Las condiciones en las que tuvo que realizar la profesión de fe fueron humillantes, teniendo que quemar libros suyos e incluso bajo amenazas de torturas14.
- 15 Edward H. Landon, Manual of Councils of the Holy Catholic Church, 2 vols., Edimburgo: John Grant, 1 (...)
7El concilio romano de 1078, bajo el pontificado de Gregorio VII, manifestó como artículo de fe la presencia del cuerpo de Cristo en la eucaristía no de forma simbólica, sino absoluta a través de la transubstanciación: el pan se convierte de este modo en el cuerpo de Jesús, que se encuentra in substantia15.
8La Orden de Cluny dio impulso al sacramento de la eucaristía a través de la creación de fórmulas rituales como la elevación por el sacerdote de la hostia consagrada y del vino o la salida en procesión que dará lugar a la celebración del Corpus Christi. Según Jounel:
- 16 Pierre Jounel, «La liturgia y el tiempo», in: Aimé Martimont (ed.), La Iglesia en oración, Barcelon (...)
La fiesta se celebró por primera vez en Lieja (1247) a instancias de una religiosa y mística Juliana de Mont Cornillon, pero, pasado el tiempo y disipadas las reticencias en torno a la misma, esta celebración es institucionalizada por los obispos. En efecto, el papa Urbano V con la bula Transiturus (1264) la introduce en el calendario litúrgico de la Iglesia universal y publica para ella los textos para la misa y el oficio divino correspondiente16.
- 17 Santiago del Cura Elena, «Nemo nisi sacerdos: sacerdote y eucaristía en la profesión de fe del IV c (...)
- 18 Jorge Sily, «La eucaristía y el perdón de los pecados veniales según Santo Tomás», Ciencia y Fe, 3, (...)
9En los siglos xii y xiii, surgieron sectas como las de los cátaros y albigenses que negaron el poder de consagrar de los sacerdotes. El IV Concilio de Letrán (1215) definió la doctrina de la transubstanciación como la presencia real de Jesús en la eucaristía y el poder único y exclusivo de los sacerdotes ordenados conforme a las normas de la Iglesia para administrarla17. La Escolástica utilizó las categorías aristotélicas de «sustancia» y «accidente» para crear el concepto de transubstanciación que se define como la conversión del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Jesús. Santo Tomás negó de este modo que Jesús se hiciera pequeño en el pan o que se pudiera morder: se trata de un Jesús real, pero a la vez sacramental18.
- 19 Gordon Leff, «John Wyclif», Medieval Life, 6, 1997, p. 19-25.
- 20 August Franzen, «El Concilio de Constanza. Problemas, tareas y estado actual de la investigación so (...)
10En el siglo xiv, Wyclif19 se opuso al principio de la transubstanciación porque tras la celebración del acto eucarístico todavía permanecen en su ser el pan y el vino. Es la llamada teoría de la «remanencia», según la cual la eucaristía no deja de ser una idolatría de dos sustancias materiales cuyo culto no fue creado por Jesús. Este será el fundamento de la discusión en el concilio de Constanza en 1418 y la base para la crítica protestante, absolutamente contraria a la eucaristía, considerada como un acto de idolatría20.
- 21 Pablo Blanco Sarto, «La cena del Señor a la luz de los diálogos luterano-católicos», Estudios Ecles (...)
- 22 Facundo Sebastián Macías, «El cuerpo de Cristo en cuestión: Lutero, Zwinglio y la (des)localización (...)
- 23 Denis Crouzet, «Calvino y los sacramentos», in: Calvino, Barcelona: Ariel, 2001, p. 162-169.
11Lutero acuñó el concepto de «consustanciación» frente al de «transubstanciación»21. En su opinión, durante la eucaristía coexisten el pan y el vino con la sangre y cuerpo de Cristo gracias al don de la ubicuidad divina. Para Zwinglio, sin embargo, el pan y el vino son símbolos y la Última Cena una simple celebración de la redención por la muerte de Jesucristo22. Calvino propuso una solución intermedia, según la cual no están el cuerpo y sangre de Jesús en el pan o en el vino, sino que gracias a un acto de fe de los cristianos reciben su fuerza23. El concilio de Trento pasó a considerar herejías las propuestas tanto de Lutero como de Zwinglio o de Calvino.
12En las dos obras objeto de este estudio podemos percibir la evolución del concepto eucarístico desde la idea medieval y cisterciense, claramente heredera de los principios clunienses y de la transubstanciación, hasta unos presupuestos heterodoxos próximos a las ideas de los protestantes. De este modo, los Denuestos del agua y el vino parten de una idea ya consolidada tras los debates de siglos anteriores sobre la eucaristía, próxima a las tomistas y escolásticas, mientras que el Lazarillo se hace eco del alumbradismo toledano, tan cercano, a ojos de los inquisidores de su tiempo, a las herejías de los luteranos.
13El trabajo que ahora principio pretende analizar cómo ambas obras se vertebran en torno a la eucaristía, algo que la crítica apenas ha analizado en el caso de la primera y que prácticamente ha ignorado en la novela de Lázaro de Tormes. Los Denuestos del agua y el vino plantean un debate eucarístico que se apoya en los principios del magister de la Escolástica –Pedro Lombardo–, concretamente en una de sus afirmaciones objeto de debate en sus Sententiae; mientras que el Lazarillo se hace eco de los debates religiosos contemporáneos, en torno al concepto eucarístico defendido por los alumbrados del reino de Toledo. Si bien esta segunda obra no es un debate propiamente dicho, comparte con la primera la estructura dialogal, el conflicto entre dos puntos de vista absolutamente contrarios, la presencia de símbolos religiosos, desconocidos por una mayoría de críticos, y también el uso de diversas estrategias para ocultar a sus referentes por el miedo a la persecución inquisitorial.
14Como veremos, si en la medieval Razón de amor y los denuestos del agua y el vino se plantea abiertamente la necesidad de la unión del pueblo con Jesucristo en la comunión, una unión feliz y necesaria para los fieles, en el Lazarillo, obra del Renacimiento, su protagonista tiene que sortear mil y un tropiezos para conseguirlo. El clérigo de Maqueda, un miembro del estamento clerical, impide una y otra vez al protagonista de la novela tomar los bodigos o el cuerpo de Cristo. También el ciego le pondrá innumerables obstáculos para cumplir su deseo de beber el vino, símbolo de la sangre de Jesús. En ambos casos pagará caro su atrevimiento.
15En la Razón de amor, el clérigo de la primera parte de la obra –que no es un caballero según advierte su autor– mantiene una relación con una bella dama sin importar mucho la condición religiosa de aquel. Por el contrario, en el Lazarillo, el «caso» hace referencia a la relación del arcipreste de San Salvador con su criada y esposa de Lázaro, hecho que es objeto de denuncia y persecución y en la que participa el propio Lázaro de Tormes como informante epistolar a «Vuesa Merced».
16Del mismo modo, la Razón de amor con los denuestos del agua y el vino es un debate stricto sensu, con lo que ello significa de confrontación de puntos de vista, en este caso en la controversia eucarística. Sin embargo, en la novela de Lázaro el debate se convierte en pelea, en lucha constante de su protagonista para conseguir su propósito: alcanzar los bodigos o cuerpo del hijo de Dios y el vino o su sangre, ambos símbolos cristianos de la eucaristía. Si en la primera obra hay libertad para confrontar, en la segunda hay imposición del clérigo de Maqueda, trasunto como veremos del fiscal inquisitorial del distrito de Toledo Diego Ortiz de Angulo, y del ciego de la obra, quien saca rédito de la religión a través del engaño, el cual «alumbró» –verbo que se repite en varias ocasiones en el tratado– a Lázaro de Tormes.
Los Denuestos del agua y el vino y el debate sacramental
- 24 Leo Spitzer, «Razón de Amor», Romania, 71, 1950, p. 145-165.
- 25 Arsenio Pacheco, «¿Razón de Amor o Denuestos del agua y el vino?», Bulletin of Hispanic Studies, 51 (...)
- 26 Verónica Orazi, «Ancora sull’unitarietà della Razón de amor con los denuestos del agua y el vino», (...)
- 27 Enzo Franchini, El manuscrito, la lengua y el ser literario de la «Razón de amor», Madrid: CSIC, 19 (...)
- 28 Alicia C. de Ferraresi, «Locus amoenus y vergel visionario en Razón de amor», Hispanic Review, 42 ( (...)
- 29 Lourdes Simó, «Razón de amor y la lírica latina medieval», Revista de Filología Románica, 8, 1991, (...)
- 30 Adriano Duque, «Baptizing wine: the dialectics of mixture in Los denuestos del agua y el vino», Mél (...)
- 31 André Michalski, La Razón de Lupus de Moros: un poema hermético. Estudio y edición, Madison: Hispan (...)
- 32 Connie L. Scarborough, «Sexual imagery as unifying factor in Razón de amor y los denuestos del agua (...)
17Entre el abundante número de estudios sobre esta parte de la obra conformada asimismo en su primera mitad por Razón de amor o Siesta de abril, una mayoría de críticos apoya la unidad estructural de ambas, entre ellos Spitzer24, Pacheco25 y Orazi26. Se ha considerado que hay una gran proximidad a las obras berceanas y a otras contemporáneas, por ejemplo, en el simbolismo utilizado en las dos partes27, en la presencia del olivo como signo de Jesucristo28 y, según Lourdes Simó, en la influencia de Denudata veritate, un conocido debate escrito en latín entre el agua y el vino29. Duque considera que está llena de referencias ocultas30, además de las propiamente cristianas, que resultan difíciles de descubrir. En este mismo sentido, Michalski31 apunta a que hay muestras de hermetismo literario en la composición, propias del trobar clus. Sin embargo, ya algunos textos de los padres de la Iglesia como los de san Ambrosio, san Agustín o san Juan Crisóstomo explican, dentro de la ortodoxia católica, que el sacerdote debe consagrar el vino mezclándolo con el agua como símbolo de la unión de Dios y de los hombres. Scarborough32 encuentra una importante relación de esta obra con la lírica goliardesca de su tiempo, lejos, por tanto, de la ortodoxia cristiana.
- 33 Enrique de Rivas, «La razón secreta de la Razón de amor», Anuario de Filología de la Facultad de Hu (...)
18Algunos críticos han señalado la presencia en la obra de influencias de la herejía cátara33. Eremíeva señala a este respecto que:
- 34 Nadia Eremíeva Ivanova, La Razón feyta d’amor de Lupus de Moros como el canticum amatorium hispánic (...)
[…] la consideración del poema como gestado en los ambientes heterodoxos, ha conllevado la necesidad de reconocer en él el mensaje cristiano y contemplarlo como el canticum amatorium hispánico: el litúrgico canto de amor maniqueo, del que da noticia San Agustín en sus tratados. Un mensaje cristiano, ciertamente, pero despojado del lastre de sus compromisos con los poderes temporales y crítico con la feudal sociedad estamental: humanizado y democratizado en la búsqueda de los primitivos valores evangélicos de convivencia y comunión propios del catarismo, que autores como Otto Rhan han identificado con el Santo Grial – una herencia espiritual que se relaciona a nivel de significado con la caracterización agustiniana del Doctor maniqueo Fausto como un «magnífico escanciador de copas preciosas». Estas alegorías dualistas aparecen también en la leyenda de la búsqueda del vaso sagrado, que asimila otros motivos y personajes relacionados con la tradición apócrifa de la Última Cena y la simbología específica del vino y los bocales. En ellas, el agua del bautismo pierde fuerza ante el bautismo espiritual representado por el vino34.
19Sin embargo, la obra en su conjunto guarda relación con las doctrinas del magister cisterciense Pedro Lombardo y, por tanto, no hablaríamos, en mi opinión, de heterodoxia de un modo concluyente. En sus Sententiae, indica que «Aqua vero admiscenda est vino, quia aqua populum significat, qui per Christi passionem redemptus est» (Liber IV, Distinctio XI). Ello explica el sentido de los Denuestos del agua y el vino. Del mismo modo, Lombardo señala que el matrimonio es la unión de voluntades y no necesariamente de los cuerpos, lo que él llama la «conmixtión»:
- 35 Manuel Aroztegi Esnaola, «San Buenaventura sobre el matrimonio. Comentario a IV Sent. d. 26 cap. 6» (...)
Pues como entre los cónyuges la unión tiene lugar según el consenso de los corazones y según la permistión de los cuerpos, así también la Iglesia se une a Cristo en voluntad y naturaleza, porque con él quiere lo mismo, y él tomó la forma de la naturaleza del hombre. […] En el matrimonio hay figura de esta doble cópula; pues el consenso de los cónyuges significa la cópula espiritual de Cristo y de la Iglesia, que se hace por la caridad; por su parte, la conmixtión de los sexos significa aquella [cópula] que se hace por la conformidad de naturaleza35.
- 36 Joaquín Sedano Rueda, «Las incertidumbres históricas sobre la potestad pontificia de disolver un ma (...)
- 37 Daniel Salas Díaz, «Razón de amor como una broma secreta», Estudios Filológicos, 48, 2011, p. 93-10 (...)
20De este modo, Razón de amor, siguiendo la gradación de la scala amoris de la lírica provenzal, nos muestra a dos enamorados que se han visto previamente a la aparición en la obra (visus), que ya se han comunicado verbalmente (alloquium), que se han citado en un hortus conclusus, jardín de amor o edén bíblico del texto (contactus) y que incluso se besan en el poema (basia), pero no hay consumación amorosa (factum). El enamorado ha pasado por los estadios de pregador, fenhedor y entendedor, aunque no de drutz o amante, o al menos no en el sentido carnal. ¿Qué muestra, en definitiva, esta primera parte de la obra? El matrimonio sin consumación planteado por Lombardo en su concepto sacramental. Su postura fue contraria a la de Graciano, quien defendía que no podía haber matrimonio sin cópula carnal36. Sin embargo, para el maestro de Lombardía el vínculo matrimonial no precisa de la unión de los cuerpos, sino de las almas. De no aceptarse esto, debería considerarse que san José y la Virgen María no estuvieron casados, algo inaceptable de todo punto. La lírica provenzal, fuertemente cristianizada, coincide de manera importante con este concepto espiritual del maestro del Císter y ello es perceptible en nuestra obra a través de sus ideas sacramentales en forma literaria y bajo la estructura poética del amour courtois. No creo, en virtud de lo anterior, que, como afirma Salas37, el texto sea una broma, un simple juego destinado a «provocar la risa» en que se señalan las angustias sexuales de los clérigos.
21¿Qué ocurre en el Lazarillo? Que toda la obra se desarrolla como una carta mensajera –en realidad un informe secreto– a partir de una delación que tiene que ver con el triángulo amoroso conformado por el pregonero, el arcipreste de San Salvador de Toledo y su criada. En la Siesta de abril, el autor no tiene ningún problema en reconocer que es clérigo «e non cabalero». Sin embargo, en el Lazarillo de Tormes el «caso» es precisamente el incumplimiento del voto de castidad de un religioso.
- 38 Mario di Pinto, Due contrasti d’amore nella Spagna medievale (Razón de amor e Elena y María), Pisa: (...)
22Si en esta parte –la Razón de amor– el protagonista es el sacramento del matrimonio y la relación amorosa de un clérigo, en los Denuestos lo son el agua (símbolo del bautismo) y el vino (símbolo de la eucaristía). Ambas sustancias líquidas se combinan en la comunión como la unión de los cristianos simbolizados por el agua, protagonista de su bautismo en la fe, y el vino, símbolo de la sangre de Jesucristo. Después de que una paloma o Espíritu Santo vierta una copa de agua sobre otra de vino, produciéndose la mezcla de ambos, asistimos a un debate en que cada uno defiende sus virtudes y los deméritos de la parte adversaria siguiendo los esquemas propios de los debates medievales como el Debate de Elena y María38.
23Sin embargo, y a diferencia de otros ejemplos medievales, en nuestro caso hay una conclusión o fin de esta dialéctica que lleva a una síntesis o unión de los contrarios gracias a los sacramentos que permitirán espiritualizar el amor por vía del matrimonio (con consumación o sin ella) y a unir los aparentemente contrarios líquidos: el agua o los simples hombres, convertidos a la fe de Cristo gracias al bautismo, y el vino mezclado con el agua en el acto eucarístico. Hay, por tanto, una resolución teológica tras el conflicto de opósitos que lleva a una conclusión o síntesis de esta dialéctica enriquecedora. Y la razón se encuentra en la doctrina del «escolar» Pedro Lombardo, el maestro del Císter.
- 39 Cito por la edición de Jesús Fernando Cáseda Teresa (ed.), Razón de amor con los denuestos del agua (...)
24De este modo, el protagonista de Razón de amor es un «escolar» al que se menciona repetidamente: «un escolar la rimó» (v. 5), «porque eres escolar» (v. 82)39. La referencia a un «escolar» a mitad del siglo xiii y la explícita referencia a que vivió «mucho en Lombardía» (v. 9) nos ha de llevar a relacionarlo de forma clara con el maestro del Císter, Pedro Lombardo, autor de las famosas Sententiae. Probablemente el autor de la composición fue un monje cisterciense, radicado, como veremos, en el monasterio de Piedra, próximo a Calatayud donde situamos a «Lupus de Moros» citado en el texto.
- 40 Ramón Menéndez Pidal, «Razón de amor, con los Denuestos del agua y el vino», Revue Hispanique, 13, (...)
- 41 Vicente de la Fuente, Historia de la siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud, Calatayud: I (...)
- 42 Herminio Lafoz Rabaza, Colección diplomática de Santa María la Mayor de Calatayud, Zaragoza: I.F.C. (...)
- 43 Madrid, Archivo Histórico Nacional, Clero Secular, Carpetilla 3592, n.o 16.
25En un estudio anterior, creo haber demostrado quién es este último, el único nombre propio que aparece en la obra, concretamente en el explicit, cuando se dice: «Qui me scripsit scribat, / semper cum Domino bibat. / Lupus me fecit de Moros» (‘Quien me escribió, escriba / siempre con el Señor viva. / Lupus de Moros me hizo’). ¿Es un copista, como así se ha creído, natural de Moros, localidad próxima a Calatayud40? Se trata de un «agramador» que residía en la parroquia de San Andrés de la ciudad bilbilitana, citado en un documento sobre «número de parroquianos […] a fin de que paguen las décimas y servicios debidos a las parroquias correspondientes»41 fechado el 4 de julio de 1254. Lafoz Rabaza transcribe equivocadamente «Lupus de Moros e D. Agramador»42. Se conserva este documento en el Archivo Histórico Nacional43.
- 44 José Francisco Forniés Casals, La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País en el period (...)
- 45 Francisco M. Gimeno Blay, «El proyecto de manuscritos datados del Cilengua», in: Pedro M. Cátedra, (...)
26El agramador trabajaba el cáñamo y también el lino para convertirlos en hilado y obtener ropa y calzado, pero también papel. Está documentado el cultivo de estas plantas en las tierras de Calatayud en la Edad Media44. ¿Qué significa, atendiendo a esta circunstancia, el explicit de la obra «Lupus me fecit de Moros»? Que el verbo fecit –‘hizo’– no se refiere a quien copió el texto, sino al agramador que elaboró el papel sobre el que luego se escribió este poema. En este caso, por tanto, se hace referencia a la elaboración del papel, no a su escritura. Otros colofones de la época, como el siguiente, son muy semejantes al anterior: «Aquest romanz es finit Dieus ne sia benesit. Anno Domini MCCLXVIII, iiº kalendas iunii. Signum R. de Capelades qui hoc scripsit. Testes huius sunt cuidipendium et pennam»45. Señala el autor de este texto que fueron testigos de su trabajo de copia el cortaplumas y la pluma, simples materiales o instrumentos, como el papel confeccionado por Lupus de Moros, para la creación de la obra.
27En el Libro de Apolonio, contemporáneo del poema objeto de este estudio, aparece una referencia al cáñamo (o «cañavera») con que se fabrican o «fazen libros»:
Parienta es del agua, mucho la cañavera,
que cerca ella cría, ésta es la cosa vera;
ha muy fermosas crines, altas de gran manera,
- 46 Manuel Alvar (ed.), Libro de Apolonio, Barcelona: Planeta, 1984, p. 70, estrofa 508.
con ella fazen libros. Pregunta la tercera46.
- 47 V. de la Fuente, Historia de la siempre augusta…, p. 399.
- 48 Fidel Fita, «Inscripciones hebreas de Sagunto», Boletín de la Real Academia de la Historia, 57, 191 (...)
- 49 Máximo Diago Hernando, «Relaciones comerciales entre los reinos de Aragón y Navarra durante el sigl (...)
28En el documento donde se menciona a Lupus de Moros, aparece también «Justa de Marach, uxor Lupi de Moros»47. Es la esposa de este agramador bilbilitano, cuyo apellido es judío y se halla, por ejemplo, en una lápida del cementerio judío de Murviedro (Sagunto) en el que se dice «Seol Oran Nebach pequd. Marach lesaro meleck Amasia»48. He hallado una referencia a «Juan de Marach vecino de Calatayud que hacia 1317 adquirió en las ferias [de Tudela] de un mercader navarro cierto número de paños a cambio de diversas mercancías que le vendió»49. Probablemente, se trata de un descendiente comerciante –actividad habitual de los judíos– de esta familia bilbilitana, de la que formó parte la esposa de Lupus de Moros, Justa de Marach. Si esta era judía, él también lo era, en un tiempo en que Calatayud contaba con una de las más importantes juderías de Aragón.
- 50 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Lupus de Moros, agramador de Calatayud, y los orígenes cistercienses (...)
29La crítica reconoce unánimemente que la obra se compuso a mitad del siglo xiii y el documento en que aparece Lupus de Moros, habitante de Calatayud, es de 1254. ¿Qué monasterio cisterciense, seguidor de las doctrinas de Pedro Lombardo, existía entonces en Aragón? El de Santa María de Piedra, fundado en los últimos años del siglo xii por frailes de Poblet. Ahí fue donde tal vez se escribió la obra, como he apuntado en otro lugar50, por el abad del monasterio Domingo de Semeno, un hombre muy bien formado, miembro de una importante familia aragonesa, abad de tres monasterios. Los rasgos lingüísticos de la obra son los propios del aragonés de aquel tiempo.
30Podemos concluir que en La razón de amor y los denuestos del agua y el vino está presente una dialéctica escolástica en que se oponen, por un lado, el amor impulsivo y, por otro, la razón, hallando su síntesis en el matrimonio como «razón de amor». Un siglo más tarde, el arcipreste de Hita diferenciará el «buen amor» del «loco amor» en términos muy parecidos, equivalente el primero al de nuestra obra. En los Denuestos, el debate entre los hombres o el agua y Jesucristo o el vino, o entre la materia y el espíritu, se resuelve dialécticamente gracias asimismo a los sacramentos, especialmente la eucaristía, posible tras el bautismo de los hombres.
- 51 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Una lectura secular de los Milagros de Berceo y de su vida a la luz (...)
- 52 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Las adivinanzas en el Libro de Apolonio y los orígenes cistercienses (...)
- 53 Francisco Marcos Marín, «La fecha del Libro de Alexandre y la confusión de los nombres de número», (...)
31Las ideas de Pedro Lombardo sobre los sacramentos fueron la base para la elaboración de la obra. Ni el catarismo, ni el trobar clus, ni el secretismo o el hermetismo filosóficos están en su origen, sino la doctrina eucarística y del matrimonio del magister, bajo principios claramente escolásticos. La vinculación en todo caso con el monasterio de Piedra es clara en la referencia que aparece a Lupus de Moros. En el Libro de Alexandre se dice en un conocido verso «Cogolla e Moncayo, enfiestos dos poyales» (v. 2580b). Se trata de los dos scriptoria más importantes de aquel tiempo, el de San Millán de la Cogolla, donde encontramos al clérigo no monje Gonzalo de Berceo, dependiente del obispo de Calahorra51, y el de Santa María de Piedra, cerca del Moncayo, donde muy probablemente se escribió el Libro de Apolonio, en el que encontramos referencias muy claras en varias de sus adivinanzas al monasterio de Piedra, al de Rueda en Sástago y al de Poblet, casa madre en Cataluña52, y también se elaboró la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino. A ello es a lo que alude el autor del Libro de Alexandre, obra esta última que ha de ser datada más tardíamente a como afirma la crítica. Si en ella se mencionan los lugares donde se compusieron los Milagros de Berceo –«Cogolla»– y el Libro de Apolonio y La razón de amor y los denuestos del agua y el vino –«Moncayo»–, lo lógico es pensar que el Libro de Alexandre se escribió no en los primeros años del siglo xiii, como se suele repetir53, sino en la segunda mitad, probablemente en los años sesenta, fecha de creación de las obras citadas.
El Lazarillo y el sacramento de la eucaristía de los alumbrados de Toledo
- 54 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Alumbradismo en el Lazarillo de Tormes: del ciego que le alumbró al (...)
32Ha pasado completamente desapercibida para la crítica la presencia del sacramento de la eucaristía en el Lazarillo, protagonista en la composición como también en los Denuestos del agua y el vino. Si bien es cierto que en la novela no se plantea una controversia alegórica, como ocurre en el poema, en el Lazarillo hallamos una confrontación teológica sobre la eucaristía que ha sido ignorada y que, sin embargo, es fundamental para entender su significado. Los investigadores han centrado su estudio en unos casos en la relación de la novela con las ideas erasmistas y en otros en su vinculación con la sátira anticlerical de raíz tradicional que arranca de la Edad Media y han emparentado mayoritariamente a su autor con el pensamiento de los Valdés, de Juan Luis Vives, de los franciscanos, de los agustinos o de los jerónimos fray Hernando de Talavera y su alumno aventajado Pedro Ramiro de Alba. Pero no se han percatado de que el texto se hace eco de las ideas de los alumbrados del reino de Toledo, perseguidos entre los años veinte a cuarenta por el medio hermano de Jorge Manrique, Alonso Manrique de Lara, inquisidor general este último y autor del famoso Edicto de 1525. Al frente de su persecución estuvo el fiscal inquisidor del distrito de Toledo Diego Ortiz de Angulo, clérigo de Maqueda desde 1539 y titular de dos capellanías en esta localidad toledana en 154054. Fue este último el autor de las acusaciones contra el impresor Miguel de Eguía, contra el humanista Juan de Vergara, contra Ruiz de Alcaraz, Bernardino de Tovar, Francisco Ortiz o Antonio de Medrano entre otros muchos. Él es probablemente quien aparece como «clérigo de Maqueda» en la novela.
- 55 Jack Weiner, «La lucha de Lazarillo de Tormes por el arca», in: Carlos H. Magis (coord.), Actas del (...)
33El investigador Jack Weiner55 señaló que el arcaz de este tratado representa a la Iglesia católica, cerrada, vieja y rota, y que, pese a la oposición del clérigo de Maqueda, está necesitada de urgentes «reformas». El clérigo deposita en él los bodigos o panis votivus que entregan los fieles de su iglesia para la comunión del cuerpo de Jesucristo, una ofrenda de marcado carácter religioso para el sacrificio de la misa o comunión católica. Pasa aquel de este modo a ser su dueño en su condición de clérigo, el único que tiene el privilegio de administrar los sacramentos y de dirigir el culto católico de forma exclusiva. Lázaro, pese a ello, intenta denodadamente acceder al interior de este arcaz. Lo consigue gracias a la ayuda de un calderero, símbolo de san Pedro o de la Iglesia primitiva, que le entrega una llave. De este modo podrá degustar los bodigos o cuerpo de Jesús, apareciendo en la descripción que hace el autor de la obra como un dexado o alumbrado en sus momentos de éxtasis en la unión con Jesucristo.
34El clérigo, temeroso de que puedan acceder a sus bodigos guardados en el arcaz los ratones –o alumbrados– y la serpiente –o protestantes–, hace pequeños arreglos que, sin embargo, no son obstáculo para que Lázaro acceda a ellos. Cuando finalmente es descubierto, el clérigo lo expulsa de su casa llamándolo «endemoniado» y lanza contra él toda clase de anatemas, como solían hacer los inquisidores, entre estos últimos el fiscal del distrito de Toledo Diego Ortiz de Angulo, encargado de la persecución de los alumbrados y mano derecha del inquisidor general, el medio hermano de Jorge Manrique, Alonso Manrique de Lara. En el final del episodio, el clérigo despide de este modo a Lázaro:
- 56 Aldo Ruffinatto (ed.), La vida de Lazarillo de Tormes, Madrid: Castalia, 2011, p. 165.
Luego otro día que fuy levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta fuera y, puesto en la calle, díxome: «Lázaro, de oy más eres tuyo y no mío. Busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es possible sino que ayas sido moço de ciego». Y santiguándose de mí, como si yo estuviera endemoniado, se toma a meter en casa y cierra su puerta56.
35Aparecen en el texto transcrito las expresiones «vete con Dios», «santiguándose» o «endemoniado» con un claro fin paródico, mostrando cómo el clérigo considera a Lázaro indigno de estar a su servicio. Pero dichas palabras se dicen en un claro contexto religioso y católico, causa u origen de la expulsión de Lázaro de su casa por ser considerado, pese a no expresarlo de forma directa, un «hereje» alumbrado.
36En este episodio, el protagonista es el pan o cuerpo de Jesucristo ansiado por Lázaro, quien desea obtenerlo sin necesidad de recurrir al clérigo de Maqueda. El autor del Lazarillo recrea en este tratado los anhelos de los alumbrados, defensores de una religiosidad íntima y personal, basada en la lectura directa de los textos sagrados, al margen de los clérigos, y deseosos de acercarse a Dios y a Jesucristo prescindiendo completamente del estamento clerical.
- 57 Manuel Serrano y Sanz, «Juan de Vergara y la Inquisición de Toledo», Revista de Archivos, Bibliotec (...)
- 58 Horacio Santiago Otero, «En torno a los alumbrados del reino de Toledo», Salmanticensis, 2 (3), 195 (...)
- 59 Ángela Selke de Sánchez, «El iluminismo de los conversos y la Inquisición. Cristianismo interior de (...)
- 60 Stefania Pastore, Una herejía española: conversos, alumbrados e Inquisición (1449-1559), Barcelona: (...)
- 61 Melquíades Andrés Martín, «Los alumbrados de 1525 como reforma intermedia», Salmanticensis, 24 (2), (...)
- 62 Francisco Márquez Villanueva, Los alumbrados, Madrid: Taurus, 1973.
- 63 Álvaro Huerga Teruelo, Historia de los alumbrados (1570-1630), Madrid: Fundación Universitaria Espa (...)
- 64 Vicente Beltrán de Heredia, «El edicto contra los alumbrados del reino de Toledo», in: Miscelánea. (...)
- 65 Milagros Ortega Costa de Emmart, «Las proposiciones del Edicto de los Alumbrados: autores y calific (...)
- 66 Christine Wagner, «Los luteranos ante la Inquisición de Toledo en el siglo xvi», Hispania Sacra, 46 (...)
- 67 Alberto Pérez Camarma, «Los primeros alumbrados del reino de Toledo: un problema social judeo-conve (...)
- 68 Loc. cit.
37Son muchos los estudiosos del importante fenómeno del alumbradismo que hubo en el reino de Toledo entre los años veinte y cuarenta del siglo xvi. Manuel Serrano y Sanz57 es autor de estudios pioneros sobre los alumbrados de aquellas tierras, así como Horacio Santiago Otero58. Ángela Selke59 y Stefania Pastore60 apoyan la tesis de que muchos de ellos fueron judeoconversos. Melquíades Andrés61 cree, sin embargo, que su origen está en los observantes franciscanos, cuyas prácticas de recogimiento espiritual son, en su opinión, el fundamento de los dexados o alumbrados. Para Francisco Márquez Villanueva62, bajo este fenómeno subyace la represión social y religiosa de aquel momento, opinión compartida por Álvaro Huerga63. Vicente Beltrán de Heredia64 y otros muchos sitúan su génesis en las corrientes erasmistas de la Universidad de Alcalá, cuya represión ha sido analizada por Milagros Ortega65. Christine Wagner ha relacionado el alumbradismo con el luteranismo66, en lo que coincide Alberto Pérez Camarma67. Para este último, el rechazo a las ceremonias exteriores «y a determinadas prácticas –como la confesión, el ayuno y la oración vocal– permite relacionar la persecución de los dexados con cuestiones eminentemente sociales»68. Sin embargo, ninguno de ellos se ha percatado de la importancia que tiene el alumbradismo en este episodio, como también ocurre en el tratado del ciego del Lazarillo.
38Si el tratado del clérigo de Maqueda tiene como núcleo fundamental el intento de Lázaro por acceder al cuerpo de Jesucristo, simbolizado por los panis votivus, en el del ciego todo gira en torno al vino o sangre de Jesucristo, que Lázaro ansía denodadamente.
39Se indica en él que el ciego «alumbró» a Lázaro, verbo que aparece en varias ocasiones a lo largo del episodio. Según aquel, el vino es la causa de sus males, pero también, como le dice repetidamente, le cura de los daños que padece. El joven intenta engañar al ciego bebiendo a hurtadillas en su jarra practicando un orificio. Cuando el líquido se precipita y fluye a su boca, se regala con dulces tragos, asemejándose en su placer al de los dexados en contacto con Jesús. El ciego es en realidad la antítesis de los alumbrados: si estos huían de los espacios sagrados y de los clérigos, él siempre está cerca de las iglesias y de los lugares de devoción; si aquellos se guiaban por los libros sagrados para acercarse a Dios, el ciego se lucra recitando oraciones que vende para curar y para engañar a devotas, logrando así un beneficio económico; si para los alumbrados la verdadera fe se basaba en la comunión directa y personal con el cuerpo y la sangre de Jesús, el ciego es otro intermediario más que se añade a los propios clérigos y, como ellos, utiliza la religión en su provecho.
- 69 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo (1547) en (...)
40El Lazarillo de este modo, pese a no ser estrictamente un debate como la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino, es el reflejo de una controversia que se dio de forma importante a lo largo del siglo xvi, en los años anteriores a la escritura de la obra. De hecho, y como creo haber demostrado69, es la consecuencia literaria de un conflicto muy importante, causa última de su escritura: la aprobación del Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo, votado en julio de 1547 por sus canónigos. Fueron veinticuatro los votos positivos y diez los negativos, entre estos últimos los de cinco miembros de una misma familia de judeoconversos, los Álvarez Zapata, descendientes del secretario de la reina Isabel de Castilla Fernán Álvarez de Toledo Zapata.
- 70 Ibíd., p. 344.
- 71 Juan Agustín Ceán Bermúdez, Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Arte (...)
- 72 Marco Salmerón, Recuerdos históricos y políticos de los Servicios que los Generales, y varones ilus (...)
41Creo haber descubierto que tras los personajes de la obra se ocultan personas reales que participaron o bien a favor de la aprobación del Estatuto o bien en su contra. Entre los primeros figura el capellán al que sirve Lázaro con una función: «echar agua» en la ciudad, una referencia, aunque oculta, a la limpieza de sangre70. También se encuentra el nombrado en el mismo año de 1547 maestro pintor de la catedral de Toledo por el arzobispo Silíceo, Francisco de Comontes, que aparece en la obra tildado despectivamente de «maestro de pintar panderos», quien vino a sustituir al que, pese a no tener la condición de maestro pintor de la catedral, solía hasta entonces hacer muchos trabajos en este lugar, Juan Correa de Vivar, pintor de muchos judeoconversos, entre ellos de los Álvarez Zapata71. Entre las personas ocultas bajo el disfraz de personaje de la novela se halla el «mercedario» de la obra, muy probablemente el fraile de la Merced fray Pedro de Oriona, nombrado por Silíceo su obispo auxiliar también en 154772. Era muy amigo suyo y por ello en el breve tratado se dice que era «amicíssimo». Se afirma que apenas paraba en el convento, que rompía muchos zapatos y que era «amigo de visitas». A lo que alude el autor del texto es a que era visitador de su diócesis y por ello recorría muchos lugares y estaba frecuentemente fuera de Toledo. Cuando se afirma que era «enemigo del coro» se refiere a los continuos enfrentamientos habidos entonces entre los clérigos de la catedral, organizados en los coros del deán y del arzobispo, por culpa del Estatuto de Silíceo. Se alude asimismo a él como «pariente» en el episodio por una razón: su condición de tío del más poderoso funcionario de aquel momento histórico, Francisco de Eraso, secretario personal del emperador, quien siempre procuró por su familiar.
- 73 Verardo García Rey, «El deán don Diego de Castilla y la reconstrucción de Santo Domingo el Antiguo (...)
- 74 A. Ruffinatto (ed.), La vida de Lazarillo de Tormes…, p. 188.
42Uno de los más importantes opositores del Estatuto fue el deán Diego de Castilla, quien se esconde en la obra bajo el disfraz de «escudero». Como el de la obra, era natural también de Valladolid73 y como el personaje de ficción, era marrano o judeoconverso. Esta circunstancia es la que subyace en la calificación del escudero cuando se dice repetidamente que estaba muy sucio, que no se le podía pegar mucha limpieza, cuya cama estaba llena de mugre, repitiéndose hasta seis veces en el tratado la falta de «limpieza» del mismo; por ser, en definitiva, un marrano. Y, en tercer lugar, si el escudero tiene en alta estima su honra por ser un noble aunque segundón –como era habitual en este oficio–, lo mismo ocurre con el deán Diego de Castilla, descendiente de Pedro I y autor de dos obras en que intentó rehabilitar el buen nombre de aquel rey, injustamente tratado, en su opinión, por el canciller Pedro López de Ayala en su conocida crónica. Será uno de los principales contradictores del Estatuto de Silíceo, autor de un voto particular en que lo acusaba de ser miembro de una familia muy pobre con unos estudios obtenidos fuera del país, en Francia, no conformes a las pragmáticas del reino. Pese a lo que pudiera parecer, el autor de la obra no se burla de él y así afirma que «con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y antes le avía lástima que enemistad»74.
- 75 María del Carmen Vaquero Serrano, «Una posible clave para el Lazarillo de Tormes: Bernardino de Alc (...)
43Otro contradictor del Estatuto fue el que aparece como arcipreste de San Salvador en la novela, el canónigo y maestrescuela, rector de la Universidad de Toledo y probable autor de la obra, el judeoconverso Bernardino de Alcaraz75. Se trata de una iglesia muy vinculada con su familia de judeoconversos, en la que en tiempos de la escritura de la obra había colgados varios sambenitos de miembros de la misma.
- 76 J. F. Cáseda Teresa, «El Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo (1547)…», p. 350.
44En el episodio en que Lázaro acompaña a un alguacil en una ronda nocturna, subyace la sátira contra Silíceo, quien permitió que muchos retraídos –los que golpean al representante de la autoridad en la obra– o huidos de la justicia ordinaria se refugiaran «en sagrado» en la catedral de Toledo, pese a que muchos canónigos se lo recriminaran repetidamente76. El arzobispo hizo oídos sordos a las reclamaciones planteadas que se conservan por escrito en las actas del cabildo. Parece muy probable que el autor de la obra formara parte del grupo de opositores del Estatuto y de quienes acusaron a Silíceo también por su forma de proceder en este asunto.
- 77 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Nuevos datos sobre la autoría del Lazarillo de Tormes: Bernardino Il (...)
45Quien se oculta bajo la máscara de comisario de las bulas o «buldero» es quizás el obispo de Lugo Juan Suárez de Carvajal, nombrado asimismo en 1546 comisario general de la santa cruzada o encargado supremo de las bulas en sustitución de su tío recientemente fallecido, García de Loaysa. Con anterioridad, había sido expulsado del Consejo de Indias por sus turbios manejos económicos, denunciado repetidamente por fray Bartolomé de las Casas. Se trata de alguien a quien conoció muy bien el autor del Lazarillo, como he señalado en otro estudio77.
- 78 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El pasado como coartada y otras estrategias de ocultación de los aut (...)
- 79 Eladio Méndez Venegas, «Sínodo de don Alonso Manrique de Lara y Solís, Obispo de Badajoz», Revista (...)
- 80 Juan Martínez Silíceo, Ars Arithmetica, León: Universidad de León, 2000.
46Lázaro es, en realidad, la máscara de Silíceo. Como él, era de orígenes muy humildes, pero de sangre limpia; tuvo el oficio de criado en Francia para poder costearse sus estudios; se «arrimó a los buenos», entre ellos a la familia Alba (de Tormes) en Salamanca78, pero también al secretario Gonzalo Pérez (de ahí el juego con sus apellidos, Lázaro «González Pérez», hijo de Tomé González y de Antona Pérez), con un «oficio real», en su caso de preceptor del príncipe Felipe, y fue protegido del inquisidor Alonso Manrique, quien aparece probablemente oculto bajo el disfraz de ciego en la obra. La ceguera de este último en la novela representa la de este inquisidor, antiguo erasmista que cambió sus presupuestos ideológicos conforme fue variando la dirección del viento o de la conveniencia política ante el progreso de los protestantes y la persecución oficial contra ellos. Fue el autor del famoso Edicto de 1525 tras la condena a Ruiz de Alcaraz en que intervino de forma muy activa como fiscal el luego clérigo de Maqueda Diego Ortiz de Angulo79. El medio hermano de Jorge Manrique era extremeño como Silíceo y parece que ambos mantuvieron una muy buena relación. De hecho, a él le dedica este último su Ars Arithmetica en estos términos: «Juan Martínez Silíceo, de la diócesis de Badajoz, desea felicidad perpetua a su generoso señor D. Alonso Manrique, obispo de Badajoz»80. Parece que este último tuvo una importante participación junto con el duque de Alba en su designación de preceptor del príncipe Felipe y fue, como reconoce el propio Silíceo, muy «generoso» con él. Si el autor del Lazarillo satiriza de una forma importante al clérigo de Maqueda o fiscal de la Inquisición Diego Ortiz de Angulo, parece lógico pensar que tras el ciego se encuentre alguien, como aquel, relacionado con la persecución inquisitorial, en este caso el supremo encargado de la misma y buen amigo y favorecedor del arzobispo de Toledo, el gran enemigo de los contradictores del Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo.
- 81 H. Santiago Otero, «En torno a los alumbrados del reino de Toledo…».
47Si en los Denuestos del agua y el vino el asunto principal es el conflicto teológico en torno a la comunión de la sangre de Cristo, en el caso del Lazarillo el tema sacramental se convierte en la expresión de un conflicto de dimensiones históricas. La presencia de las localidades de Escalona y Almorox en la obra guarda relación con el protagonismo que tuvieron en el desarrollo del alumbradismo en el reino de Toledo, alentado especialmente por el duque de Escalona y por el marqués de Villena, Diego López Pacheco, así como por su esposa Juana Enríquez81. En este espacio del Lazarillo se encuentra el origen de un movimiento que tiene gran protagonismo en la obra de Lázaro de Tormes.
- 82 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El “viaje” de Juan Martínez Silíceo de Salamanca y de la Corte a Tol (...)
48El debate de los Denuestos tiene una conclusión final, una feliz síntesis de opuestos a través de los sacramentos del bautismo y de la eucaristía. Sin embargo, la novela de Lázaro de Tormes muestra una controversia de imposible resolución entre posiciones irreconciliables. Pero, además, su autor se oculta a sí mismo y también a sus referentes. Próximo a los erasmistas, seguidor como estos de la devotio moderna, se trata de un judeoconverso que ataca la limpieza de sangre y el Estatuto de Silíceo aprobado en julio de 1547. Forma parte de los diez contradictores y conoce bien a los máximos dirigentes del poder político del reino, por ejemplo, al citado Gonzalo Pérez, pero también a los Carvajal82.
- 83 María del Carmen Vaquero Serrano, «El Comendador de la Magdalena del Lazarillo: discrepancias sobre (...)
- 84 Baltasar Cuart Moner, «La sombra del arcediano. El linaje oculto de don Lorenzo Galíndez de Carvaja (...)
- 85 A. Ruffinatto (ed.), La vida de Lazarillo de Tormes…, p. 114.
- 86 Ibíd., p. 113.
- 87 David Sánchez Sánchez, «Juan Garrido, el negro conquistador: nuevos datos sobre su identidad», Hipo (...)
49El comendador de la Magdalena que aparece en la obra es el hijo del importante secretario del emperador Lorenzo Galíndez de Carvajal, Antonio de Carvajal83. Sabía el autor de la novela algo que muy pocos conocían: que el padre de Lorenzo, clérigo en Coria, había tenido a su hijo con una «moza de servicio» morisca, la madre del futuro e influyente secretario84. De modo que tanto este último como su hijo Antonio eran conversos o de sangre sucia. De forma paralela, Zaide –nombre morisco– tiene un hijo con otra «moza de servicio» en Salamanca, la madre de Lázaro. Parece, sin embargo, que Zaide ya era entonces converso, a lo que alude en realidad, aunque de forma subrepticia, la propia obra cuando se menciona la «conversación del Zayde»85 y el modo en que «continuando la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito»86. Curiosamente, un homónimo del comendador de la Magdalena, el conquistador de tierras americanas Antonio de Carvajal, tuvo a su servicio a un valeroso soldado negro, anteriormente esclavo como Zaide, que se convirtió y tomó un nuevo nombre, Juan Garrido87.
- 88 Joaquín Corencia Cruz, La cuchillada en la fama, Valencia: Universidad de Valencia, 2013.
50También se creyó que era de sangre sucia Gonzalo Pérez, el secretario personal del príncipe Felipe, llamado a tener una gran influencia sobre este último y también en su decisión final sobre la aprobación del Estatuto de Silíceo, el querido preceptor y buen amigo y consejero del hijo de Carlos V. Hay una referencia al secretario cuando el autor de la novelita pone a Lázaro los apellidos González Pérez, como hijo de Tomé González y de Antona Pérez88. Pero tanto el secretario como los Carvajal, poderosísimos en su momento, tenían la sangre sucia y, sin embargo, apoyaron el Estatuto de limpieza de sangre de Silíceo. El autor de la obra satiriza la hipocresía de los gobernantes que persiguen y atacan a los conversos sin mirarse en el espejo a ellos mismos, ocultando lo que el autor de la novela conocía: que también ellos lo eran.
51El tema de la limpieza de sangre está presente en el oficio de Lázaro como aguador, realizado entonces solo por «gabachos» o franceses en Toledo, según señala Covarrubias en su diccionario al definir el término azacán:
- 89 Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española, Madrid: Luis Sánchez, 1 (...)
El que trae o administra el agua. Nombre arábigo, usado en la ciudad de Toledo, adonde comúnmente los aguadores son gabachos, y se hacen muy ricos con un solo jumento o dos. Por estar la ciudad en alto y no haber fuentes, es necesario subirlo del río, así para beber de ordinario, como para henchir los aljibes89.
52Silíceo fue visto en Toledo como una persona que pasó muchos años en París, donde fue criado de varios amos, se formó, obtuvo el doctorado en Matemáticas y Lógica, fue profesor y escribió varios libros antes de llegar a Salamanca. Y, como los azacanes o aguadores, también él se dedicó a «limpiar» la ciudad, en este caso, su catedral de judeoconversos, buscando su expulsión a través del Estatuto de limpieza de sangre. Silíceo, muy molesto con los contradictores y su oposición al Estatuto, llegó a pedir al emperador:
- 90 «Papeles referentes al Estatuto de limpieza de sangre de la Iglesia de Toledo, hecho siendo Arzobis (...)
Item aunque otras muchas causas y razones no se hallasen más de las que están dichas parece ser cosa justísima no solamente que de aquí adelante el dicho estatuto se guarde, pero que se excluyan y aparten de esta Santa Iglesia los que contradijeron el dicho estatuto y así el arzobispo y cabildo quedan con esperanza que V.A. lo mandará, lo cual haciendo quedará en perpetua paz y sosiego esta Santa Iglesia, y servida de personas no sospechosas, las cuales deben ser lo que en este Santo Templo han de residir90.
- 91 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El Lazarillo de Tormes, obra familiar e intergeneracional: La autorí (...)
- 92 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Juan de Luna y su segunda parte del Lazarillo (1620): El final de un (...)
53El Lazarillo de Tormes fue escrito precisamente por un contradictor del Estatuto de Silíceo y fue la respuesta a las anteriores líneas cuando todavía no se había aprobado definitivamente por el papa y por el nuevo rey Felipe II. Pero era solo cuestión de tiempo y el autor de la obra lo sabía. La suya sería una respuesta, tal vez la mejor posible, que ha perdurado y que ha permitido que disfrutemos de una de nuestras mejores obras literarias de todos los tiempos. Se trata de una novela que comenzó probablemente Bernardino de Alcaraz, canónigo contradictor del Estatuto, judeoconverso, canciller de la catedral de Toledo, pero que luego continuaron en una segunda parte –la antuerpiense– su sobrino Fernán Álvarez Ponce de León y Luna, el que aparece como «conde de Arcos» en el texto de 1554, probable autor de esta continuación de 155591, y otra segunda parte en 1620 por el sobrino de este último y sobrino nieto de Bernardino, Juan de Luna, quien ya no ocultó su nombre, alejado de las garras inquisitoriales tras huir de España y convertido en un clérigo luterano que ejerció primero en París y luego en Londres92.
Conclusiones
54Este artículo muestra la diferente manera de abordar el tema eucarístico, objeto de prolongado debate a lo largo de los siglos, en una obra medieval, la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino, y en otra del siglo xvi, el Lazarillo de Tormes. Aunque solo la primera podemos adscribirla formalmente a este subgénero, la segunda, como novela o texto narrativo en primera persona llena de diálogos directos o indirectos, es el reflejo renacentista de largos debates de asunto religioso sobre los sacramentos, una obra contemporánea en su escritura del Concilio de Trento. Si la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino muestra un debate libre de muchos prejuicios posteriores, la obra de Lázaro es el resultado de una persecución inquisitorial, arzobispal y contra los luteranos, protestantes y alumbrados del reino de Toledo a partir de los años veinte en que intervinieron Alonso Manrique de Lara, el clérigo de Maqueda y fiscal de la Inquisición Diego Ortiz de Angulo y también, en su lucha contra alumbrados y judeoconversos, el proclamado en 1546 arzobispo de Toledo Juan Martínez Silíceo, autor del conocido Estatuto de limpieza de sangre de la catedral primada (1547), cuya aprobación está en el origen de la escritura del Lazarillo.
55La novela lazarillesca es contemporánea de los más importantes diálogos renacentistas españoles como el Crotalón, de clara influencia lucianesca, el Viaje de Turquía, una sátira, aunque oculta, de las órdenes religiosas de redención de cautivos, y los Diálogos satíricos de Antonio de Torquemada. Los tres diálogos, tan vinculados con el debate medieval como muchos otros de aquel tiempo, tienen un mismo origen que el Lazarillo: el deseo de criticar o poner en cuestión asuntos de actualidad de carácter político, social o religioso. Sin embargo, en la Razón de amor no hay invectiva o burla, sino que se muestra de una forma mucho más libre y sin la autocensura que vemos en el xvi en la forma de tratar la comunión cristiana y la relación de los clérigos con las mujeres.
56En el Lazarillo, su autor muestra la persecución de los alumbrados en el tratado de los bodigos (cuerpo de Cristo) y en el del ciego con un importante protagonismo del vino (sangre de Jesús). Lázaro pelea duramente con el estamento clerical en un caso y con quienes se aprovechan de la religión para enriquecerse y busca, como los luteranos y los alumbrados, la comunión directa con Dios, sin necesidad de intermediarios: una forma más libre de practicar la religión. Sin embargo, en el poema del siglo xiii, el mensaje tiene un carácter mucho más positivo, no hay sátira real contra nadie, sino una reivindicación ilusionada de la unión a través de la eucaristía de los fieles (agua) con Jesús (vino) y la comunión de todos los cristianos. Por el contrario, en el Lazarillo hallamos miedo, represión, persecución y golpes cuando Lázaro quiere llevar a cabo esto mismo. Es curioso que el Renacimiento peninsular, pero también en muchos otros países, especialmente el centro de Europa, viera desarrollarse con inusitada violencia la persecución inquisitorial, por ejemplo, contra las brujas. En la Edad Media, sin embargo, el Canon episcopi fue mucho más benévolo con ellas y consideró que las llamadas «brujas» tan solo eran mujeres trastornadas por la ingesta de drogas y hierbas. El Malleus maleficarum de Sprenger y Krämer, sin embargo, insistió en su carácter infernal y en sus pactos con el demonio.
57Hay una evidente oposición entre la manera de abordar la relación de los clérigos con las mujeres en ambas obras. En el poema no se recrimina la relación de un clérigo con una mujer; sí, sin embargo, aunque de forma mucho más moderada que en la novela, en los Milagros de Berceo. En el Lazarillo es el origen del «caso» o relación del arcipreste de San Salvador con su criada, la esposa del joven. ¿Por qué? Porque la persecución de los clérigos en este aspecto concreto fue haciéndose cada vez más importante. Pero es que, además, su presencia protagonista en el Lazarillo tiene que ver con la circunstancia de que el arzobispo Silíceo se vengó de los contradictores de su Estatuto –diez, entre ellos el autor de la obra– dando sus nombres y mostrando los hijos habidos por sus relaciones con diversas mujeres, pidiendo para ellos su expulsión definitiva del cabildo y la desposesión de su título de canónigos y dignidades catedralicias.
58En definitiva, hay muchas diferencias, que este estudio ha analizado, en la forma de tratar los dos asuntos protagonistas de ambas obras: la relación de los clérigos con el otro sexo y la eucaristía en el modo de relación de los fieles con Jesucristo y con Dios.
- 93 J. F. Cáseda Teresa, «El pasado como coartada y otras estrategias de ocultación…», p. 305-333.
59La espontaneidad y la desnudez de La razón de amor contrastan por todo ello con el mundo oscuro que retrata el Lazarillo, obra esta última llena de sátira y de crítica. Por ello su autor trató de esconderse diciendo, al final de la obra, que «esto fue el mesmo año que nuestro victorioso emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes». Sin embargo, los hechos no se sitúan ni en 1525 ni en 1538-1539, fechas de las primeras y de las últimas que se celebraron en la ciudad del Tajo. El autor miente de este modo falsificando la datación de la novela. El Lazarillo cuenta hechos ocurridos a partir de 1547, momento de aprobación del Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo, y usa esta vieja estrategia para ocultarse, como ya hiciera el Libro de Buen Amor y antes también el Cantar de Mio Cid93.
Notes
1 José Lara Garrido, «Los Diálogos de la Montería de Luis Barahona de Soto como realización genérica», Analecta Malacitana, 2 (1), 1979, p. 49-69.
2 Leonardo Romero Tobar, «El arte del diálogo en los Colloquios satíricos de Torquemada», Edad de Oro, 3, 1984, p. 241-256, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.15366/edadoro1984.3] [consultado el 14 de junio de 2024].
3 Ana Vian Herrero, «La ficción conversacional en el diálogo renacentista», Edad de Oro, 7, 1988, p. 168-177, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.15366/edadoro1988.7] [consultado el 14 de junio de 2024].
4 Rafael Malpartida Tirado, «Tres diálogos renacentistas en pos de la novela moderna», Diablotexto Digital, 9, 2021, p. 305-321, p. 308, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.7203/diablotexto.9.20738] [consultado el 14 de junio de 2024].
5 Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., Madrid: Espasa, 2014, en línea: [URL] [https://dle.rae.es/] [consultado el 14 de junio de 2024].
6 Ibíd.
7 Adolfo V. Ivorra Robla, «La penitencia según Amalario de Metz», Liturgia y Espiritualidad: revista mensual vinculada al Instituto Superior de Liturgia y al Instituto de Teología Espiritual de Barcelona, 39 (6), 2008, p. 359-366.
8 Adolfo V. Ivorra Robla, Los sentidos de la liturgia en Amalario de Metz: bautismo y eucaristía, Madrid: Instituto Teológico San Ildefonso, 2007.
9 José Rico Pavés, Los sacramentos de la iniciación cristiana: introducción teológica a los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, Madrid: Instituto Teológico San Ildefonso, 2006, p. 273.
10 Gerardo Román Argüello, Las controversias eucarísticas de los siglos ix y xi, Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 2013, p. 6 y 7.
11 J. Rico Pavés, Los sacramentos de la iniciación cristiana…, p. 275.
12 Alfonso Ortega Carmona, «En el año de la Eucaristía 2005. Polémica entre gigantes», Carthaginensia: revista de estudios e investigación, 42, 2006, p. 445-452.
13 Raoul Heurtevent, Durand de Troarn et les origines de l’hérésie bérengarienne, París: G. Beauchesne, 1912.
14 G. R. Argüello, Las controversias eucarísticas…, p. 9.
15 Edward H. Landon, Manual of Councils of the Holy Catholic Church, 2 vols., Edimburgo: John Grant, 1909, vol. 2, p. 105-106.
16 Pierre Jounel, «La liturgia y el tiempo», in: Aimé Martimont (ed.), La Iglesia en oración, Barcelona: Editorial Herder, 1992, p. 897-1043, p. 994.
17 Santiago del Cura Elena, «Nemo nisi sacerdos: sacerdote y eucaristía en la profesión de fe del IV concilio de Letrán (1215)», Lateranum, 82, 2016, p. 409-454.
18 Jorge Sily, «La eucaristía y el perdón de los pecados veniales según Santo Tomás», Ciencia y Fe, 3, 1944, p. 7-18.
19 Gordon Leff, «John Wyclif», Medieval Life, 6, 1997, p. 19-25.
20 August Franzen, «El Concilio de Constanza. Problemas, tareas y estado actual de la investigación sobre el Concilio», Concilium: revista internacional de Teología, 7, 1965, p. 31-77.
21 Pablo Blanco Sarto, «La cena del Señor a la luz de los diálogos luterano-católicos», Estudios Eclesiásticos: revista de investigación e información teológica y canónica, 365, 2018, p. 417-453.
22 Facundo Sebastián Macías, «El cuerpo de Cristo en cuestión: Lutero, Zwinglio y la (des)localización de lo sobrenatural y lo natural en los albores de la temprana modernidad», Erasmo. Historia Medieval y Moderna, 10, 2023, p. 69-94.
23 Denis Crouzet, «Calvino y los sacramentos», in: Calvino, Barcelona: Ariel, 2001, p. 162-169.
24 Leo Spitzer, «Razón de Amor», Romania, 71, 1950, p. 145-165.
25 Arsenio Pacheco, «¿Razón de Amor o Denuestos del agua y el vino?», Bulletin of Hispanic Studies, 51, 1974, p. 1-15, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.3828/bhs.51.1.1] [consultado el 14 de junio de 2024].
26 Verónica Orazi, «Ancora sull’unitarietà della Razón de amor con los denuestos del agua y el vino», Revista de Poética Medieval, 3, 1999, p. 187-234.
27 Enzo Franchini, El manuscrito, la lengua y el ser literario de la «Razón de amor», Madrid: CSIC, 1993.
28 Alicia C. de Ferraresi, «Locus amoenus y vergel visionario en Razón de amor», Hispanic Review, 42 (2), 1974, p. 173-183.
29 Lourdes Simó, «Razón de amor y la lírica latina medieval», Revista de Filología Románica, 8, 1991, p. 267-277, p. 270.
30 Adriano Duque, «Baptizing wine: the dialectics of mixture in Los denuestos del agua y el vino», Mélanges de la Casa de Velázquez, 43 (2), 2013, p. 239-259, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.4000/mcv.5092] [consultado el 14 de junio de 2024].
31 André Michalski, La Razón de Lupus de Moros: un poema hermético. Estudio y edición, Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies (Spanish Series, 87), 1993.
32 Connie L. Scarborough, «Sexual imagery as unifying factor in Razón de amor y los denuestos del agua y el vino», Hispanic Research Journal: Iberian and Latin American studies, 12 (3), 2011, p. 207-220.
33 Enrique de Rivas, «La razón secreta de la Razón de amor», Anuario de Filología de la Facultad de Humanidades y Educación, 6-7, 1967-1968, p. 109-127.
34 Nadia Eremíeva Ivanova, La Razón feyta d’amor de Lupus de Moros como el canticum amatorium hispánico, tesis doctoral inédita, dir. Juan Victorio Martínez, Madrid: UNED, 2007, p. 325.
35 Manuel Aroztegi Esnaola, «San Buenaventura sobre el matrimonio. Comentario a IV Sent. d. 26 cap. 6», Scripta Theologica, 43 (2), 2011, p. 265-296, p. 269, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.15581/006.43.3237] [consultado el 14 de junio de 2024].
36 Joaquín Sedano Rueda, «Las incertidumbres históricas sobre la potestad pontificia de disolver un matrimonio rato y no consumado: una clave interpretativa de la formación del vínculo matrimonial», Ius Canonicum, 111, 2016, p. 229-269.
37 Daniel Salas Díaz, «Razón de amor como una broma secreta», Estudios Filológicos, 48, 2011, p. 93-102, en línea: [DOI] [http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132011000200007] [consultado el 14 de junio de 2024].
38 Mario di Pinto, Due contrasti d’amore nella Spagna medievale (Razón de amor e Elena y María), Pisa: Libreria Goliardica Editrice, 1959, p. 129-151.
39 Cito por la edición de Jesús Fernando Cáseda Teresa (ed.), Razón de amor con los denuestos del agua y el vino, Madrid: Clásicos Hispánicos, 2021.
40 Ramón Menéndez Pidal, «Razón de amor, con los Denuestos del agua y el vino», Revue Hispanique, 13, 1905, p. 602-618, p. 608.
41 Vicente de la Fuente, Historia de la siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud, Calatayud: Imprenta del Diario, 1889, p. 430.
42 Herminio Lafoz Rabaza, Colección diplomática de Santa María la Mayor de Calatayud, Zaragoza: I.F.C., 2000, p. 36.
43 Madrid, Archivo Histórico Nacional, Clero Secular, Carpetilla 3592, n.o 16.
44 José Francisco Forniés Casals, La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País en el periodo de la Ilustración, 1776-1808: sus relaciones con el artesanado y la industria, Zaragoza: Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1978, p. 233.
45 Francisco M. Gimeno Blay, «El proyecto de manuscritos datados del Cilengua», in: Pedro M. Cátedra, Eva Belén Carro Carbajal y Javier Durán Barceló (coords.), Los códices literarios de la Edad Media: interpretación, historia, técnicas y catalogación, Logroño: Cilengua, 2009, p. 323-363, p. 330.
46 Manuel Alvar (ed.), Libro de Apolonio, Barcelona: Planeta, 1984, p. 70, estrofa 508.
47 V. de la Fuente, Historia de la siempre augusta…, p. 399.
48 Fidel Fita, «Inscripciones hebreas de Sagunto», Boletín de la Real Academia de la Historia, 57, 1919, p. 280-322.
49 Máximo Diago Hernando, «Relaciones comerciales entre los reinos de Aragón y Navarra durante el siglo xiv», Príncipe de Viana, 215, 1998, p. 651-687, p. 685, en línea: [URL] [https://www.culturanavarra.es/es/numero-215] [consultado el 14 de junio de 2024].
50 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Lupus de Moros, agramador de Calatayud, y los orígenes cistercienses y aragoneses de La razón de amor con los denuestos del agua y el vino en el monasterio de Piedra: Una aproximación al creador de la obra y a su significado teológico», Alazet, 35, 2023, p. 9-19, en línea: [URL] [https://revistas.iea.es/index.php/ALZ/article/view/2929] [consultado el 14 de junio de 2024].
51 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Una lectura secular de los Milagros de Berceo y de su vida a la luz de su relación con el cisma episcopal de su diócesis, con el IV Concilio de Letrán y con el Sínodo de Logroño de 1240», Lemir, 22, 2018, p. 331-360, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista22/Lemir22.html] [consultado el 14 de junio de 2024].
52 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Las adivinanzas en el Libro de Apolonio y los orígenes cistercienses de la obra en el reino de Aragón: del monasterio de Piedra (Lago del espejo), al de Poblet (Sala de la pelota) y al de Rueda en Sástago», Lemir, 26, 2022, p. 81-92, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista26/Lemir26.html] [consultado el 14 de junio de 2024].
53 Francisco Marcos Marín, «La fecha del Libro de Alexandre y la confusión de los nombres de número», Incipit, 12, 1992, p. 171-180.
54 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Alumbradismo en el Lazarillo de Tormes: del ciego que le alumbró al clérigo de Maqueda y fiscal de la Inquisición Diego Ortiz de Angulo», Artifara, 22 (2), 2022, p. 105-120, en línea: [URL] [https://doi.org/10.13135/1594-378X/7012] [consultado el 14 de junio de 2024].
55 Jack Weiner, «La lucha de Lazarillo de Tormes por el arca», in: Carlos H. Magis (coord.), Actas del Tercer Congreso Internacional de Hispanistas, México: El Colegio de México, 1970, p. 931-934.
56 Aldo Ruffinatto (ed.), La vida de Lazarillo de Tormes, Madrid: Castalia, 2011, p. 165.
57 Manuel Serrano y Sanz, «Juan de Vergara y la Inquisición de Toledo», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 6, 1902, p. 29-42.
58 Horacio Santiago Otero, «En torno a los alumbrados del reino de Toledo», Salmanticensis, 2 (3), 1955, p. 614-654.
59 Ángela Selke de Sánchez, «El iluminismo de los conversos y la Inquisición. Cristianismo interior de los alumbrados: resentimiento y sublimación», in: Joaquín Pérez Villanueva (coord.), La Inquisición española: Nueva visión, nuevos horizontes, Madrid: Siglo XXI, 1980, p. 617-636.
60 Stefania Pastore, Una herejía española: conversos, alumbrados e Inquisición (1449-1559), Barcelona: Marcial Pons Historia, 2010.
61 Melquíades Andrés Martín, «Los alumbrados de 1525 como reforma intermedia», Salmanticensis, 24 (2), 1977, p. 307-334.
62 Francisco Márquez Villanueva, Los alumbrados, Madrid: Taurus, 1973.
63 Álvaro Huerga Teruelo, Historia de los alumbrados (1570-1630), Madrid: Fundación Universitaria Española–Seminario Cisneros, 1978.
64 Vicente Beltrán de Heredia, «El edicto contra los alumbrados del reino de Toledo», in: Miscelánea. Beltrán de Heredia: Colección de artículos sobre la Historia de la Teología española, 5 vols., Salamanca: Padres Dominicos, 1972, vol. 4, p. 211-234.
65 Milagros Ortega Costa de Emmart, «Las proposiciones del Edicto de los Alumbrados: autores y calificadores», Cuadernos de Investigación Histórica, 1, 1977, p. 23-36.
66 Christine Wagner, «Los luteranos ante la Inquisición de Toledo en el siglo xvi», Hispania Sacra, 46, 1994, p. 473-507.
67 Alberto Pérez Camarma, «Los primeros alumbrados del reino de Toledo: un problema social judeo-converso», Libros de la Corte, 8, 2014, p. 8-26, p. 25.
68 Loc. cit.
69 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo (1547) en el Lazarillo de Tormes: Del arzobispo Silíceo, a su “pintapanderos” (el maestro Francisco de Comontes), a su obispo auxiliar (el mercedario Pedro de Oriona), y al “escudero” (el deán Diego de Castilla)», eHumanista, 53, 2022, p. 341-358, en línea: [URL] [https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/53] [consultado el 14 de junio de 2024].
70 Ibíd., p. 344.
71 Juan Agustín Ceán Bermúdez, Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, Madrid: Imprenta de la Viuda de Ibarra, 1800, p. 351.
72 Marco Salmerón, Recuerdos históricos y políticos de los Servicios que los Generales, y varones ilustres de la religión de Nuestra Señora de la Merced […], Valencia: Bernardo Nogués, 1646, p. 382.
73 Verardo García Rey, «El deán don Diego de Castilla y la reconstrucción de Santo Domingo el Antiguo de Toledo. Segunda parte», Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, 18-19, 1924, p. 28-109.
74 A. Ruffinatto (ed.), La vida de Lazarillo de Tormes…, p. 188.
75 María del Carmen Vaquero Serrano, «Una posible clave para el Lazarillo de Tormes: Bernardino de Alcaraz, ¿el arcipreste de San Salvador?», Lemir, 5, 2001, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista5/Revista5.htm] [consultado el 14 de junio de 2024].
76 J. F. Cáseda Teresa, «El Estatuto de limpieza de sangre de la catedral de Toledo (1547)…», p. 350.
77 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Nuevos datos sobre la autoría del Lazarillo de Tormes: Bernardino Illán de Alcaraz en la obra», Lemir, 23, 2019, p. 217-238, p. 226, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista23/Lemir23.html] [consultado el 14 de junio de 2024].
78 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El pasado como coartada y otras estrategias de ocultación de los autores del Cantar de Mio Cid, del Libro de Buen Amor y del Lazarillo de Tormes», eHumanista, 57, 2024, p. 305-333, p. 325, en línea: [URL] [https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/57] [consultado el 14 de junio de 2024].
79 Eladio Méndez Venegas, «Sínodo de don Alonso Manrique de Lara y Solís, Obispo de Badajoz», Revista de Estudios Extremeños, 50 (3), 1994, p. 541-578.
80 Juan Martínez Silíceo, Ars Arithmetica, León: Universidad de León, 2000.
81 H. Santiago Otero, «En torno a los alumbrados del reino de Toledo…».
82 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El “viaje” de Juan Martínez Silíceo de Salamanca y de la Corte a Toledo y la sátira del autor del Lazarillo contra los Carvajal, el secretario Gonzalo Pérez, el fiscal inquisidor Diego Ortiz de Angulo y el Estatuto de limpieza de sangre de la catedral primada», Lemir, 28, 2024, p. 9-33, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista28/Lemir28.html] [consultado el 14 de junio de 2024].
83 María del Carmen Vaquero Serrano, «El Comendador de la Magdalena del Lazarillo: discrepancias sobre su identificación», Lemir, 14, 2010, p. 273-288, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista14/Revista14.htm] [consultado el 14 de junio de 2024].
84 Baltasar Cuart Moner, «La sombra del arcediano. El linaje oculto de don Lorenzo Galíndez de Carvajal», Studia Historica-Historia Moderna, 15, 1996, p. 135-178, en línea: [URL] [https://revistas.usal.es/uno/index.php/Studia_Historica/issue/view/244] [consultado el 14 de junio de 2024].
85 A. Ruffinatto (ed.), La vida de Lazarillo de Tormes…, p. 114.
86 Ibíd., p. 113.
87 David Sánchez Sánchez, «Juan Garrido, el negro conquistador: nuevos datos sobre su identidad», Hipogrifo, 8 (1), 2020, p. 263-279, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.13035/H.2020.08.01.19] [consultado el 14 de junio de 2024].
88 Joaquín Corencia Cruz, La cuchillada en la fama, Valencia: Universidad de Valencia, 2013.
89 Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española, Madrid: Luis Sánchez, 1611, p. 561.
90 «Papeles referentes al Estatuto de limpieza de sangre de la Iglesia de Toledo, hecho siendo Arzobispo D. Juan Martínez Silíceo», fol. 34v.ᵒ. Madrid, Biblioteca Nacional de España, MSS/13038, en línea: [URL] [http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000122705] [consultado el 14 de junio de 2024].
91 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «El Lazarillo de Tormes, obra familiar e intergeneracional: La autoría de la segunda parte de 1555», Lemir, 24, 2020, p. 9-34, en línea: [URL] [https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista24/Lemir24.html] [consultado el 14 de junio de 2024].
92 Jesús Fernando Cáseda Teresa, «Juan de Luna y su segunda parte del Lazarillo (1620): El final de una historia familiar», Etiópicas: revista de letras renacentistas, 16, 2020, p. 37-68.
93 J. F. Cáseda Teresa, «El pasado como coartada y otras estrategias de ocultación…», p. 305-333.
Haut de pagePour citer cet article
Référence électronique
Jesús Fernando Cáseda Teresa, « El debate eucarístico en Los denuestos del agua y el vino en tiempos del agramador Lupus de Moros y la controversia de Lázaro de Tormes con el ciego y el clérigo de Maqueda », Atalaya [En ligne], 24 | 2025, mis en ligne le 04 septembre 2025, consulté le 19 août 2026. URL : http://journals.openedition.org/atalaya/7225 ; DOI : https://doi.org/10.4000/14m07
Haut de pageDroits d’auteur
Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.
Haut de page


