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Dossier

De proyecto científico a palanca de medro personal: el Diálogo del tabaco de Bartolomé Marradón

De projet scientifique à levier d’ascension personnelle : le Diálogo del uso del tabaco de Bartolomé Marradón
From a scientific project to a lever for courtly advancement: Bartolomé Marradón’s Diálogo del uso del tabaco
Emilio Blanco

Résumés

Le Diálogo del uso del tabaco (Séville, 1618) de Bartolomé Marradón est l’un des premiers textes publiés en Europe et en langue romane sur cette substance venue des Indes. Cet article analyse le statut professionnel de l’auteur à la lumière de nouvelles données (qui semblent indiquer qu’il n’était pas médecin), les circonstances de la publication de l’opuscule à travers les préliminaires (qui semblent témoigner d’un désir évident d’élévation courtisane depuis Séville), le caractère des trois personnages impliqués dans le dialogue, la nature du dialogue, ainsi que ses sources et surtout le caractère particulier de la conclusion de la pièce, qui rompt le fil argumentatif – prétendument scientifique, malgré le genre littéraire employé – pour se conclure par un éloge du roi Philippe III, conformément à l’appétence de l’auteur pour la cour.

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Texte intégral

Este trabajo se inserta en el marco del Proyecto «DIALOMOM 2. Dialogyca: Del manuscrito a la prensa periódica. Estudios filológicos y editoriales del diálogo hispánico en dos momentos 2» (2022-2025), del Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España (código PID2021-125646NB-I00), codirigido por Ana Vian Herrero y Emilio Blanco. Agradezco las interesantes observaciones de uno de los revisores de este artículo, algunas de las cuales han pasado al texto.

Presentación

  • 1 Cuando no ha pasado desapercibido, ha sido inaccesible para los investigadores: «no he podido consu (...)
  • 2 En 1572 se había publicado en París otro texto dedicado exclusivamente a la planta: Jacques Gohory, (...)
  • 3 Le anteceden fray Toribio de Benavente Motolinía, Historia de los Indios de la Nueva España, Madrid (...)
  • 4 Como es bien sabido, hay noticias de la planta en la literatura europea desde el siglo anterior, pe (...)

1Sin ser un absoluto desconocido hasta ahora, el Diálogo del uso del tabaco de Bartolomé Marradón ha pasado desapercibido tanto a la crítica académica como a los estudiosos del tabaco1, pese a que se trata del primer texto monográfico publicado en España2 sobre la planta y sus aplicaciones3, los usos y costumbres a que dio lugar, así como las implicaciones de tipo social y económico que la importación de esta materia prima produjo no solo en España, sino también en la Europa de comienzos del siglo xvii4. La desatención ha obedecido probablemente a la dificultad de consultar la obrilla, pues los pocos ejemplares conservados la convierten en texto de dificilísimo acceso, a lo que se une la carencia de una edición moderna que permita a los estudiosos de la literatura, de la ciencia y de la sociología el conocimiento de la obra. Pese a todo ello, y con toda su brevedad, la importancia del folleto debió de ser mayor de la que en principio debería haber tenido un texto de esas características, no solo por las bibliotecas en las que se ha conservado el impreso de 1618, sino también por las varias traducciones y versiones a que dio lugar durante el siglo xvii.

  • 5 Sobre esta preparación, véase el trabajo de María del Carmen Francés Causapé, Consideraciones sobre (...)
  • 6 Barthelemy Marradon, Du chocolate. Dialogue entre un Medecin, un Indien, & un Bourgeois, París: Seb (...)
  • 7 Hasta donde alcanzo, se conservan hoy tres ejemplares del opúsculo de Marradón: uno, custodiado en (...)

2En efecto, el opúsculo, cuyo título completo de portada es Diálogo del uso del tabaco, los daños y provechos que el tiempo y experiencia han descubierto de sus efectos, y del chocolate y otras bebidas que en estos tiempos se usan, se publicó en Sevilla en 1618, en casa de Gabriel Ramos Bejarano. Su autor fue el vecino marchenero Bartolomé Marradón, quien poco antes había hecho estampar, también en la ciudad hispalense, el Discurso del ungüento de la condesa (1614), un texto de carácter seudocientífico acerca de la citada preparación farmacéutica5. El Diálogo del uso del tabaco (que seguramente incrementó el interés del público porque abordaba también, como se aprecia desde el título, el tratamiento de otros productos americanos –sobre todo el chocolate, pero también algunos vinos y otras materias primas–) debió de tener un éxito inmediato, pues desde bien pronto se recopiló en ciertas bibliotecas europeas, la más importante sin duda la del Vaticano, lo que atestigua el interés científico y político de la Iglesia por esta planta que, procedente del Nuevo Mundo, había inundado la vieja Europa con distintos motivos. Testimonian ese mismo interés las versiones a otras lenguas románicas estampadas durante la misma centuria de su publicación: cuatro ediciones de la traducción francesa (París, 1643; Lyon, 1671 y 1685; La Haya, 1693), una versión italiana (s. l., 1667) y otra latina al cierre del siglo xvii (publicada en Ginebra por Cramer y Perachon en 1699) que se centran sin embargo en la parte dedicada al chocolate, y no en el tabaco. Ignoro la tirada del cuadernito español de 1618, pero los datos de los preliminares de algunas de estas traducciones dan ya cuenta de la dificultad de conseguir el opúsculo poco después de su publicación en España. Así sucede con la advertencia al lector de la traducción francesa del diálogo, realmente interesante, pues da noticia de los problemas que tuvo para lograr hacerse con el folleto de Marradón una vez habida noticia de su existencia, lo que le obligó a «faire venir une [sic] manuscrite de Rome tirée de la Bibliothèque de Monsieur le Chevalier del Pozzo, dans laquelle il s’est rencontré beaucoup de fautes»6. Tampoco en Roma debía de ser fácil hacerse con el impreso sevillano, lo que obligaba a algunos de los interesados a copiarlo, según testimonia Remy Moreau, su traductor. Con todo, la pieza sí fue capturada por algunos de los bibliófilos más conspicuos del xvii, como el cardenal Casanata, al igual que por los avispados funcionarios de la Biblioteca Vaticana, quienes sí pudieron hacerse con el texto, conservado hoy en esos dos repositorios, junto con una tercera copia disponible en la Biblioteca de la Universidad de Coimbra7.

Bartolomé Marradón, boticario

  • 8 José Simón Díaz, Bibliografía de la Literatura Hispánica, 16 vols., Madrid: Instituto Miguel de Cer (...)
  • 9 Loc. cit.
  • 10 Antonio Hernández Morejón, Historia Bibliográfica de la Medicina Española, 7 vols., Madrid: Imprent (...)
  • 11 Bartolomé Marradón, Discurso del ungüento de la condesa, Sevilla: Alonso Rodríguez Gamarra, 1614, s (...)
  • 12 Ibíd., s. fol.
  • 13 Ibíd., s. fol.

3Es bien poco lo que sabemos de Bartolomé Marradón, personaje al que conocemos casi exclusivamente por sus publicaciones. Si aceptamos la información contenida en los preliminares de sus obras, lo máximo que podemos decir de él es que fue boticario y habitante de la villa de Marchena: tanto en la portada como en la «Suma del Privilegio» del Diálogo se identifica a Marradón solo como «vezino de la villa de Marchena», sin atribuirle título alguno. No obstante, en ocasiones se ha pensado que se trató de un médico del citado lugar. Así lo han supuesto tanto Simón Díaz como Mario Méndez Bejarano8. Este último afirma que «ejerció la medicina en su ciudad natal»9, aunque no ofrece evidencias de ello. Antonio Hernández Morejón le atribuye igualmente el título de médico y la composición de nuestro diálogo sobre el tabaco y otros alimentos10. Sin embargo, en la aprobación de otro opúsculo suyo, el citado Discurso del ungüento de la condesa, el doctor Alonso Núñez lo identifica como «boticario». Ninguna de las dos afirmaciones parece concluyente, pero todo sugiere que, de haber sido médico, se habría reflejado correctamente el grado académico en la portada de alguno de los dos opúsculos, y cualquiera de los participantes en los preliminares habría dado cuenta de la verdadera profesión (y titulación) del autor. Así lo hace el médico Alonso Núñez en el Discurso del ungüento de la condesa: en la aprobación, dada en Sevilla a siete de octubre de 1614, el galeno se refiere a él como «Bartolomé Marradón, Boticario»11. Cuesta entender esta calificación si el de Marchena hubiese estado en posesión del título de médico. El resto de los textos liminares apoyan esa misma tesis: en la Licencia no se dice nada sobre la profesión de don Bartolomé, pero el oficial firmante, Pedro Laínez, declara que Marradón pidió la licencia «por ser cosa útil y provechosa para los boticarios»12, un dato que vuelve a apuntar en la misma dirección (aunque también podría tratarse de un profesional de la medicina que hubiese redactado su texto para utilidad de los boticarios). Incluso la dedicatoria del propio autor lleva a pensar en la profesión farmacéutica, pues de ese texto liminar parece deducirse que Marradón conoció al dedicatario del Discurso, el conde de Salvatierra, durante «la visita de boticas que en esta insigne ciudad [Sevilla] mandó hazer, asistiendo en ella, como cosa tan importante a la república»13. Sin tener otros datos positivos que lo confirmen en un sentido u otro, todos los indicios llevan a pensar que estamos ante la obra de un boticario, más que de un médico.

Los preliminares del Diálogo

4Como se acaba de ver, los preliminares del Discurso del ungüento de la condesa son una fuente de información valiosa en el caso de Marradón. Los textos iniciales del Diálogo del uso del tabaco aportan a su vez datos relevantes, no solo sobre el proceso de impresión del libro, sino también acerca de las intenciones y aspiraciones del autor.

  • 14 Francisco de Sosa, Relación de las fiestas, sermón y oración latina, certamen poético y poesías hec (...)
  • 15 Antonio José Silva Domínguez, «Cirugía española del siglo xvii», Cuadernos de Historia de la Medici (...)

5Por lo que hace a la impresión del folleto, Marradón debió de pedir la licencia en la primavera de 1617, porque las dos aprobaciones están firmadas en la primera quincena de mayo de ese año. La del licenciado Covarrubias, que no puede corresponder al autor del Tesoro de la lengua castellana o española, pues este había fallecido en 1613, es meramente formularia, y fuera del título no ofrece información relevante de ningún tipo. Algo más interesante es la del doctor Sosa, tanto por su mayor extensión como por los datos que contiene. De este otro médico implicado en los preliminares sabemos algo menos. Ni siquiera se indica el nombre de pila, pues él se firma solamente como «doctor Sosa», y Marradón en su advertencia al lector se refiere a él como «el doctísimo doctor Sosa, Médico de Cámara del Rey Nuestro Señor». Parece poco probable que se trate del Francisco de Sosa que firma en Valladolid en 1610 una relación de las fiestas de beatificación de san Ignacio de Loyola14, y tal vez descendiente de otro homónimo Francisco de Sosa, el autor de la Antoniana Margarita. Tampoco parece tratarse del doctor Francisco de Sosa, obispo franciscano de Osma entre 1613 y 1618, y que responde en 1617 a una oración del doctor Mejía de la Cerda sobre la Purísima Concepción (Madrid: s. d., 1617), autor también de una decena de tratados publicados en 1623. Todo esto complica bastante la identificación del galeno, que tal vez se trate del médico Juan de Sosa Sotomayor, discípulo de Bartolomé Hidalgo de Agüero15, de quien se conservan algunos opúsculos editados a comienzos del siglo xvii. Pienso, por ejemplo, en un pliego de dieciséis hojas titulado Doctori Ioanni de Sosa Sotomayor, medico, ac Chirurgo praestantissimo Doctor Simon Rodericus Ramos de falsitate opinionis, sin pie de imprenta ni lugar, pero de 1606. O en una Ecphrasis circa verum argenti vivi temperamentum publicada en Sevilla en 1605 por Clemente Hidalgo. De tratarse del mismo personaje, estaríamos ante otro sevillano implicado en la aprobación del libro, pues allí se indica que era «medicus et chirurgus Hispalensis». Se trate de quien se trate, y por las mismas razones enunciadas arriba para el propio Marradón, no podemos dudar de su condición de médico real, declarada por el autor del diálogo en su advertencia al lector. En cualquier caso, el entramado de autoridades implicado en la publicación de este opúsculo testimonia una cierta voluntad de medro del boticario sevillano.

  • 16 Anales de la Real Academia de Medicina, 6, 1885, p. 416.
  • 17 Apud Juan Catalina García, Ensayo de una tipografía complutense, Madrid: Imprenta y Fundición de Ma (...)

6De esa voluntad de medro es buena prueba la dedicatoria a otro galeno, pero no a un doctor cualquiera. Marradón dirige el texto a Pablo de Salinas, como se recoge en la portada del volumen y en la propia dedicatoria, donde el autor reconoce que el fin de su pretensión, además de enderezar la obra al citado personaje, es «servir a Vuestra Merced en mayores cosas». Recordemos que el doctor Pablo de Salinas fue nombrado médico de cámara en 1605 con 60 000 maravedís de sueldo16, y que debió de lograr un cierto prestigio como protomédico y médico de cámara de Felipe III, ya que por las mismas fechas Andrés de Tamayo le dedicó también sus Tratados breves de álgebra y garrotillo (Valencia: Juan Crisóstomo Garriz, 1621). Aprobó varios textos médicos, como el Tratado de la essencia, causas y curación de los bubones y carbuncos pestilentes con otras muchas cosas concernientes a la misma materia (Alcalá: Justo Sánchez Crespo, 1600) del doctor Manuel de Escobar, o las Disputationes medicae super libros Galeni de Locis Affectis et de aliis morbis ab eo ibi relictis (Alcalá: Justo Sánchez Crespo, 1605) del también médico Pedro García Carrero17. Parece evidente que Marradón, al menos en los preliminares, intentó trascender el ámbito estrictamente farmacéutico en el que se desarrollaba su actividad hasta entonces para saltar a la literatura médica. Ese ámbito, el de la medicina, parece ser también en el que quiso inscribir su Diálogo del uso del tabaco, y así lo certifica el doctor Sosa en su aprobación, cuando, tras resaltar las capacidades de observación del autor, sitúa todos sus juicios en el ámbito médico: reconoce la utilidad de las aplicaciones tópicas del tabaco, pero señala igualmente lo pernicioso de fumarlo o inhalarlo, especialmente por el abuso de los consumidores. Ese mismo exceso repercute negativamente en los beneficios de la ingesta del chocolate, tanto por las complexiones de quien lo toma como por las disensiones en las recetas de que se disponía. El cierre de la aprobación, en cualquier caso, reconduce la materia del libro hacia la farmacología y su aplicación práctica, al recomendar imprimirlo por el bien común, según la fórmula habitual, pero también –añade– para que «no se usen medicinas en que puede haber peligro de la vida».

  • 18 Jesús Cantera Ortiz de Urbina, Diccionario Akal del refranero latino, Madrid: Akal, 2005, p. 92.

7Finalmente, la breve advertencia al lector que Marradón hace preceder al diálogo propiamente dicho sirve para que el autor se mantenga en el plano ético, al insistir en la dificultad de erradicar costumbres, sobre todo cuando se trata de hábitos alimentarios, para concluir que podría traer en ese momento varios ejemplos «de personas que, advertidos de los daños del tabaco, lo han dejado, venciendo su fortaleza su pasión con el adagio “fortior est qui se, quam qui fortísima vincit [moenia]”»18. Se insiste, por tanto, en el carácter vicioso del tabaco, conforme a lo declarado en la dedicatoria por Marradón.

8Parece, pues, que el primer texto divulgativo publicado sobre el tabaco en España no apreciaba tanto las virtudes señaladas por médicos, historiadores y naturalistas: en la discriminación entre «los daños y provechos» que se mencionan en la portada, parecen predominar claramente los primeros. Veámoslo.

El Diálogo del uso del tabaco

9El Diálogo del uso del tabaco se contiene en un impreso en 8.º que consta de cuatro hojas preliminares sin foliar, más otras 36 hojas numeradas, correspondientes al texto propiamente dicho. El Diálogo sobre el uso del tabaco discurre entre los fols. 1r.ᵒ y 20v.ᵒ. Aunque sin cambio de interlocutor, a partir del fol. 21r.ᵒ una marca formal, acompañada de un título («Del chocolate»), indica un cambio de contenidos, pasando del tabaco a distintas bebidas, de las cuales el cacao y el chocolate se llevan la mayor parte (fols. 21r.ᵒ -28v.ᵒ), quedando los últimos siete folios reservados a un repaso rápido de otras bebidas, conforme al siguiente esquema:

  • Fols. 1r.ᵒ-20v.ᵒ: [Del tabaco.]
  • Fols. 21r.ᵒ-28v.ᵒ: Del chocolate.
  • Fols. 29r.ᵒ-30r.ᵒ: Cerveza.
  • Fol. 30r.ᵒ: Cidra.
  • Fols. 30v.ᵒ-31r.ᵒ: Vino del Magüi, o Pulque.
  • Fols. 31r.ᵒ-31v.ᵒ: Del Aloxa.
  • Fol. 32r.ᵒ: Vino de Palmas, Dátiles.
  • Fols. 32r.ᵒ-34v.ᵒ: Del vino que se haze de las palmas que llevan los cocos, y su origen.
  • Fols. 34v.ᵒ-35v.ᵒ: Del vino guarapo.

10El diálogo constituye, pues, una unidad, aunque se subdivide en varios capítulos, como indican las marcas formales, que además dan cuenta de las variaciones del título. La denominación que aparece en los encabezados de los veinte primeros folios, repartida entre el vuelto y el recto de cada hoja, reza «Diálogo de las virtudes y uso del Tabaco», para variar ese encabezado a partir del fol. 21r.ᵒ («Diálogo del Chocolate») y pasar después al «Diálogo de la Cerveza y Cidra» (fols. 29r.ᵒ-30r.ᵒ) y concluir con un genérico «Diálogo de las bebidas» para los restantes líquidos (fols. 31r.ᵒ-35r.ᵒ). Además de estas marcas, cada uno de los capítulos (salvo el inicial dedicado al tabaco, que arranca sin indicación alguna) está introducido por un título en letra mayúscula que explicita la materia de cada parte. Y hay otra marca formal que parece separar los veinte primeros folios, atingentes al tabaco, de los restantes consagrados a las diferentes bebidas: un «&c» que parece cerrar el discurso del doctor al término del fol. 20v.ᵒ, en primer lugar, y al término de todo el diálogo (fol. 35v.ᵒ).

11Todas estas divisiones formales entran de algún modo en contradicción con la muerte de la forma dialogada al término del capítulo dedicado a la cerveza, pues a partir de entonces continúa hablando el mismo personaje, el Doctor, quien expone sin solución de continuidad otras seis bebidas sin que ninguno de los restantes interlocutores vuelva a tomar la palabra. Dicho en otros términos, lo que había comenzado siendo un diálogo tout court comienza a vacilar a partir del momento en que se abandona el asunto del chocolate, para terminar engullendo la forma coloquial y dando paso a la exposición tratadística, pues es el citado doctor quien asume la totalidad de la materia a partir del punto citado.

Los interlocutores

12La obra cuenta inicialmente con tres interlocutores, caracterizados de forma genérica como Ciudadano, Doctor e Indiano. Tan solo de este último llegamos a conocer su nombre de pila, «don Cristóbal el Indiano», quedando los demás en su presentación genérica social o profesional. Esa identificación genérica de los tres protagonistas es todo un acierto que permite al autor repartir los contenidos entre cada uno de ellos, siendo así que el papel fundamental del Ciudadano parece ser en principio reconducir el diálogo cuando el hilo discursivo se extravía o cumple pasar a otro considerando, mientras que el Indiano aporta información fundamental procedente de América, pero también de la corte y de la España y la Europa del momento, pues como comerciante se mueve en distintos ambientes y da cuenta de cada uno de ellos. La parte del león recae, como era de esperar, en el Doctor, quien traslada la mayor cantidad de datos de carácter científico (filológicos, botánicos, médicos y farmacológicos), en intervenciones que unas veces remiten claramente al mundo universitario de la época y otras aparecen teñidas de ironía. Aunque el reparto de los turnos de palabra guarda una cierta equidad (el Ciudadano interviene una docena de veces, algo más el Indiano –15– y más aún el médico, como era de esperar, con sus 21 parlamentos), los porcentajes reales de cada uno de los interlocutores también apuntalan la idea de que es el Doctor el personaje sabio del grupo, a quien corresponde el papel tradicional de maestro, pues sus palabras triplican las de los otros dos intervinientes, que se sitúan en torno al 20 % (Indiano, 17 %; Ciudadano 23 %), mientras que el médico supera claramente la mitad del texto, ya que diserta durante el 60 % del tiempo del diálogo.

13Diálogo que comienza con la consabida praeparatio, que rápidamente presenta al Ciudadano comentando con el Doctor la llegada de la flota a Sevilla, por lo que deciden llegarse juntos hasta la Marina hispalense, por si viniese algún conocido en la embarcación que aporte noticias del Nuevo Mundo. Casualmente, uno de los mayores amigos del médico es el Indiano don Cristóbal, que baja de la nave y saluda a su vecino. Ambos deciden ir a casa del Doctor a descansar, idea que seduce al Ciudadano, quien se apunta al plan, y también a la cena. Autoinvitación que acepta de grado el anfitrión, quien pide víveres al servicio, para preguntar acto seguido al Indiano en qué se ha ocupado durante el último viaje. La respuesta de don Cristóbal entra de lleno en la materia del coloquio, pues la afirmación de que ha traído «cincuenta petacas de tabaco en longanizas» da paso a la contentio. Desde entonces (fol. 1v.ᵒ) y hasta el cierre final del Doctor en el fol. 20v.ᵒ, todo el diálogo gira en torno al tabaco y los distintos aspectos involucrados en su comercio: costumbres sociales, valor económico, problemas médicos y religiosos.

  • 19 Bartolomé Marradón, Diálogo del uso del tabaco, Sevilla: Gabriel Ramos Bejarano, 1618, fol. 2v.ᵒ.

14Una vez planteado ya el diálogo, cabe distinguir varias partes dentro de la contentio: la primera es la presentación, porque lo que trae el Indiano (tabaqueros, pitos) sirve para poner el asunto sobre la mesa: los tabaqueros van a la corte destinados a algún personaje principal, pero también parte del cargamento es para la mujer e hijos del Indiano (que han caído en el consumo, según reconoce el comerciante), así como para algunas otras personas de consideración, que se sirven del tabaco con frecuencia. Es en ese momento en el que arranca el papel de árbitro científico del doctor, quien apostilla que creía que esos sahumerios eran cosas de brujas, pero no que «se extendía a gente de entendimiento»19.

  • 20 Ibíd., 6r.ᵒ.
  • 21 Loc. cit.
  • 22 Ibíd., fol. 12r.ᵒ.
  • 23 Loc. cit.

15En cualquier caso, llegado este punto, el Indiano ya ha dejado claro su papel, que es solo el de dar entrada en el curso de la conversación a una serie de temas relacionados con el tabaco, y manifestar su desconocimiento de cualquier aspecto científico: «Yo no entiendo eso que se ha tratado de calidades»20, o apreciar solo el efecto del tabaco sin tener cuenta otras consideraciones, como en el caso de la aspiración del polvo de tabaco para estornudar21. De hecho, hay un giro importante en el personaje, que arranca siendo un partidario decidido del tabaco, pero que se convierte repentinamente, casi en la misma página, en detractor, cambiando de postura: «Mucha fuerza tiene la verdad, y así me pongo al bando del doctor»22. Tan solo queda una objeción por parte del Indiano, y es de carácter práctico y económico, pues asegura que le gustaría vender la carga que ha traído, a lo que el médico le tranquiliza, asegurándole la posibilidad de colocarlo en otros mercados (los países de los infieles) y en otras naciones que no reparan en la verdad23. A partir de este momento, el Indiano se integra en el grupo antitabaco, junto con el Doctor y el Ciudadano.

  • 24 Ibíd., fol. 7v.ᵒ.
  • 25 Ibíd., fol. 16v.ᵒ.
  • 26 Ibíd., fol. 12r.ᵒ.
  • 27 Ibíd., fol. 15v.ᵒ.
  • 28 Ibíd., fol. 10r.ᵒ-v.ᵒ.
  • 29 Ibíd., fol. 17v.ᵒ.
  • 30 Loc. cit.
  • 31 Loc. cit.

16El caso del Ciudadano es distinto, pues cumple la doble función señalada: por un lado, reconduce en varios momentos la conversación para centrarla o devolverla al punto inicial tras una digresión: «Prosigamos nuestro intento, que nos habemos divertido»24 o «Y volviendo a nuestro intento y milagros del tabaco…»25. En este sentido, la intervención más importante es la que da entrada a la segunda parte del análisis del tabaco, pues es este personaje quien facilita el cambio de tema, tras haber abordado el consumo de tabaco en polvo y otras materias: «De los que toman el tabaco en humo no se ha tratado en particular»26. Además, frente a la visión fría y científica del doctor, el Ciudadano representa la experiencia cotidiana, ya que asiste a sermones en Sevilla, frecuenta ambientes festivos y tabernarios, por lo que puede informar acerca de ciertos usos recreativos del tabaco como droga, como sucede en las ventas de Sanlúcar27, al igual que da cuenta de las adulteraciones que sufre esta mercancía en origen28. Si se compara con el Indiano, quizá sea este el personaje más real de los tres, el menos acartonado, pues, además de ofrecer un punto de vista intermedio entre la defensa (solo inicial) del Indiano y la censura sin paliativos del doctor, apoya en ocasiones los puntos de vista de uno y de otro. Así, llegado cierto momento ofrece una batería de hasta tres ejemplos para apuntalar el razonamiento del Doctor: «Y bastan estos ejemplos, sin los innumerables que por otras partes son a todos notorios, con que el tabaco les acaba la vida, llenos de miserias y enfermedades»29. Hay, también, algo en lo que coincide con el Indiano: sin dejar de apoyar las palabras del médico, detecta un «muy grande inconveniente» en su abandono, que tiene que ver con el trato y la mercadería, «por la mucha gente que se ocupa en el beneficio del tabaco»30, así como la pérdida que su prohibición o cese de uso implicaría para «las aduanas y rentas de su Majestad»31. A tenor de la riqueza del papel del Ciudadano, podría decirse con cierto humor que al anfitrión de la cena le tuvo cuenta invitarlo a casa, puesto que se convierte en mecanismo engrasado de avance del diálogo, aportando además ejemplos e informaciones relevantes para el desarrollo de la argumentación en el curso de la pieza.

17Con todo, el personaje principal del diálogo es el Doctor, quien con sus amplias intervenciones aporta la información fundamental sobre el tabaco. Veámoslo con algún detenimiento. La primera gran intervención del médico anuncia que, antes de pasar adelante, es necesario saber «qué es tabaco y su calidad», a fin de poder conocer los efectos de la planta. Pero incluso antes de entrar en materia científica, el galeno explica las distintas denominaciones que recibe la hoja tanto en España como en América (La Española, Nueva España, Brasil) y en otros países europeos, como Francia. Recuerda, además, las distintas preparaciones posibles (crudo, ahumado, en ceniza, destilado o en jarabe), y compara sus propiedades con otras sustancias de rancio abolengo en el viejo continente, tanto narcóticas (beleño, mandrágora, opio…) como alcohólicas (licores de madroño o de dátil…). La parte más relevante, con todo, de esta primera gran intervención del doctor tiene que ver con las aplicaciones médicas de tipo práctico y las enfermedades sobre las que las distintas variedades específicas pueden actuar, con una interesantísima peculiaridad, y es que los efectos secundarios parecen hacer desaconsejable su uso siempre, porque solo en mataduras de animales grandes produce buenos efectos la hierba majada, pero no en general:

  • 32 Ibíd., fol. 6r.ᵒ.

aunque curan sus hojas la sarna y la tiña, majándolas y fregándolas, las personas que lo han hecho han quedado atontadas y locas por mucho tiempo. Cúranse también las cabras de su roña y otros animales, como un perro que se le puso por la sarna y quedó loco32.

18Todo ello lleva al Doctor a prescribir su uso solo bajo estricta supervisión médica y cuando no queda otro remedio, porque la medicina tradicional ofrece preparados con semejantes propiedades y sin los efectos secundarios negativos del tabaco, sobre todo como provocador de estornudos. Pese a esos posibles usos benéficos, el Doctor tiene interés en establecer de forma muy clara los efectos negativos del consumo de tabaco en polvo, que deja «atenuados, flacos y consumidos» a quienes lo toman de forma habitual, por no citar el catarro o la rinorrea («romadizo») que suele aquejar como efecto secundario a quienes se provocan el estornudo mediante el tabaco.

  • 33 Ibíd., fol. 13r.ᵒ.
  • 34 Ibíd., fol. 15v.ᵒ.

19A partir de entonces, el doctor entra en materia religiosa, al recoger el uso esotérico del tabaco en ceremonias chamánicas sudamericanas («lo tomaban también los indios para emborracharse y ver sus fantasías y invenciones y saber sus negocios»33), lo que motiva la censura médica, ahora por razones morales. La siguiente intervención oscila entre las apreciaciones físicas (consumido en píldoras o «pelotillas» quita el hambre; aspirado produce distintos efectos secundarios negativos, como hacer a los hombres impotentes y afeminados, consumiendo su «simiente generativa») y las observaciones de tipo ético (una alusión a cierto consumo por parte de las mujeres que no se detalla). En definitiva, el consumo de tabaco «suélese pagar en junto y se han visto malos efectos»34.

20Hasta aquí, el Doctor ha hecho gala de una sabiduría médica que se basa tanto en las fuentes escritas como en la experiencia personal. Marradón demuestra en este punto bibliográfico un excelente conocimiento de la literatura médica y farmacéutica de la época, así como de los tratados de historia natural del Nuevo Mundo. Son obvias las referencias a textos clásicos sobre medicina y botánica, como Galeno o Dioscórides, pero sin duda resultan mucho más interesantes los modernos. El autor más citado de entre los contemporáneos es Nicolás Monardes, tal vez por un cierto nacionalismo andaluz, al tratarse de un «médico sevillano», como asegura Marradón en una de las cuatro ocasiones en que menciona al autor del Diálogo del Hierro. No parece descabellado pensar que fue la lectura de Monardes la que facilitó a Marradón la idea de escribir un diálogo sobre el tabaco, ya que este médico y botánico hispalense se había servido de la forma dialogada en alguno de sus trabajos científicos (como en el Diálogo de las grandezas del hierro y de sus virtudes medicinales, 1574) y además había tratado de la planta tabaquera en su Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, en cuya segunda parte el galeno hispalense se detenía en el tabaco, como se indicaba desde el mismo título: Segunda parte del libro de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven al uso de la medicina, do se trata del tabaco, y de la sassafras y del Carlo [sic] Sancto, y de otras muchas yervas y plantas, simientes y licores, que agora nuevamente han venido de aquellas partes, de grandes virtudes y maravillosos efectos (Sevilla: Alonso Escribano, 1571). Monardes no es la fuente exclusiva de Marradón, como se verá en breve, pero hay muchos detalles en el título citado que llevan a pensar en este médico como inspirador de la idea del marchenense: por un lado, tratar de forma conjunta el tabaco con otros licores, como sucede en el diálogo de 1618, que –aunque centrado fundamentalmente en los efectos– analiza también algunas de sus virtudes, según queda de manifiesto en el propio texto y en el encabezado de las páginas interiores. Marradón reconoce además a su antecesor bético la primacía temporal sobre todos los demás autores en el abordaje de la materia tabaquera.

  • 35 Ibíd., fol. 4r.ᵒ.
  • 36 Ibíd., fol. 12v.ᵒ.
  • 37 María Águeda Moreno Moreno, «El corpus indiano de materia herbaria de Nicolás Monardes y su recepci (...)

21Junto a Monardes, comparecen en el Diálogo del uso del tabaco otros autores de diverso carácter, en ocasiones arracimados, sin que se sepa muy bien de dónde procede la cita exacta, tal vez porque se trata de demostrar un conocimiento científico preciso sobre la materia. Valga como ejemplo el siguiente fragmento: «Esto refiere Vuechero y el autor de la Historia general de las plantas, y Carolo Clusio, siguiendo a Monardes»35. Debajo de Vuechero se esconde Johan Jacob Wecker, o Weckerus en su nombre latino, un médico asentado en Basilea y autor de un Antidotarium generale, publicado por vez primera en 1576, con varias reediciones justo hasta el momento de publicación de nuestro diálogo (1580, 1595, 1601, 1602, 1608, 1617…). Resulta algo más difícil saber a qué obra se refiere con la Historia general de las plantas, aunque muy probablemente se trate de la Historia natural y moral de las Indias, del padre jesuita Josef de Acosta, estampada también en Sevilla en 1590, a quien Marradón citará de forma más diáfana unas páginas más abajo: «como se puede ver en la Historia dicha del licenciado Polo y en la General que hizo el padre Joseph de Acosta, de la Compañía de Jesús»36. Finalmente, Charles de L‘Écluse (Carolus Clusius en su nombre latino) fue un médico y botánico flamenco de extraordinaria fama durante el Renacimiento, y que había fallecido a comienzos del xvii, autor de otro Antidotarium y algunos textos más sobre medicina, así como sobre plantas hispánicas, pero Marradón cita sin duda la traducción latina que este médico hizo de la obra de Monardes, publicada por vez primera en 1574, reeditada con adiciones en 1579, y finalmente añadida con un compendio de traducciones de García de Orta y Cristóbal da Costa37. Lo que no queda tan claro es cuál sea la Historia general de las Indias, texto que Marradón cita en un par de ocasiones, atribuyéndoselo al licenciado Polo.

  • 38 B. Marradón, Diálogo del uso..., fol. 11v.ᵒ, cursivas mías.

22Los datos bibliográficos y el conocimiento libresco son importantes, a tenor de la escasa extensión del diálogo, que también incide en varios momentos en el tratamiento científico de la materia, tanto por lo que hace a procedimientos como en lo relativo al trabajo de campo, que en este caso se resume en la experiencia visual o vital de dos de los participantes. Así, hay observaciones sobre el método científico cuando el Indiano, alterado por la aseveración de que el tabaco causa romadizo (catarro o rinorrea), asegura que decir eso «impugna contradicción», a lo que el doctor responde que probará «con demostración que ese es engaño notable»38, aduciendo la ingente cantidad de seres humanos que han vivido y viven sin achaques de salud pese a desconocer el uso del tabaco.

23Esa experiencia vital parece ser importante para el doctor, que alude con cierta frecuencia a ella, al igual que a las experiencias médicas de que ha tenido noticia. Así, por ejemplo, declara haber «asistido» (i. e., ‘curado’ o ‘ejercido’) en la isla de Tenerife, donde pudo conocer ciertas propiedades del azufre que relaciona con otras del tabaco. En otro momento, y al tocar el uso que los frailes y religiosos hacen de la planta, el doctor señala que no se salen de los empleos permitidos, para agregar:

  • 39 Ibíd., fol. 9r.ᵒ.

Uno de los mayores daños que hace, y se han conocido en algunos que violentamente han acabado sus vidas, en quien se ha hecho anotomía, ha sido hallarles la sustancia medular y sesos consumidos, porque la continua evaporación los derrite y destila39.

24Curiosamente, el Ciudadano también ha estado en las islas Canarias, en La Palma y en Tenerife, donde aporta casos muy semejantes a los del Doctor:

  • 40 Ibíd., fol. 17r.ᵒ.

[…] diré lo que pasó en la Isla de La Palma, a un Lázaro de San Juan, que tomaba el humo, y lo nombro por ser hombre ordinario. Cayose muerto en la carnicería. Pareciole al médico y a otros curiosos que se hiciese anotomía y supiese la causa de su muerte repentina. Abriéronle el pecho en el hospital, y tenía los pulmones o livianos tan putrilaginosos y hinchados del humo y bebida, que se entendió claramente le ahogaron; y el hígado consumido y todo denegrido del humo. Esto se vido también en un mancebo que había venido de las Indias rico a Tenerife, el cual con el humo entre sus pipas en una heredad, retirado de sus amigos porque le reprehendían, acabó miserablemente la vida40.

  • 41 Loc. cit.

25Aun agrega el Ciudadano algún que otro caso, como el de un ajusticiado en Oporto, a quien se sometió a autopsia tras su óbito, en donde se ve lo mismo –dice– que había expuesto el doctor de un fallecido en Tenerife mientras compraba carne, pues tenía «los sesos consumidos y todos los instrumentos de los sentidos y sus cavidades llenos de hollín y humo»41. Esta confluencia de sentimientos y pareceres entre Ciudadano y Doctor vendría a demostrar, creo, la coherencia entre estos dos personajes: Marradón habría repartido el peso de la argumentación entre ambos para incrementar su cruzada antitabaco frente a los intereses económicos del Indiano, que aun así se tienen en cuenta.

La conclusión

  • 42 Ibíd., fol. 18r.ᵒ.
  • 43 Ibíd., fol. 20v.ᵒ.
  • 44 Loc. cit.

26Las últimas páginas del diálogo conducen al lector hacia la conclusión, con una curiosa peculiaridad. Una vez expuestos los casos anatómicos citados, el Indiano parece querer abrir otro turno de palabras para abordar otras variantes del tabaco conocidas en Perú, al igual que para una raíz llamada coro. Tras exponer esos dos usos, es este personaje quien parece querer cerrar entonces la discusión, aludiendo a los «muy conocidos inconvenientes que acarrean estos medicamentos», por lo que dejar su consumo sería provechoso para el bien común, «y lo principal por las ocasiones que causa de pecado»42. Es ahí cuando el Ciudadano desliza su objeción comercial, ya relacionada anteriormente. Todo ello da pie al doctor a remitir la resolución al rey Felipe III, quien proveerá el remedio más adecuado, como ya ha hecho –dice– otras veces. Sin otra introducción, el Ciudadano pasa entonces a glosar larga y elogiosamente la expulsión de los moriscos ordenada a partir de 1609 por el monarca, cuyo caso sirve –en opinión del personaje– para probar que la prohibición del tabaco no dañará el comercio de los reinos hispánicos. El diálogo se cierra, ahora sí, con los parabienes de la prohibición del tabaco por parte del Indiano y del Ciudadano, quedando reservada la última palabra al doctor, que estriba en su experiencia personal («Antes la noticia que tengo del tabaco es por las muchas enfermedades que he visto de los daños que hace»43) para poner el broche final con una suerte de jaculatoria religiosa: «Y sabe Dios esta verdad, y así se lo encomendemos, para que por su infinita bondad lo disponga todo en su santo servicio, etcétera»44.

27Analizadas, pues, las circunstancias de publicación del Diálogo del tabaco, parece claro que la composición de la pieza obedece a un deseo de hacer carrera en el mundo médico y cortesano del rey Felipe III. Así lo atestiguarían los datos estudiados de los preliminares, al igual que la estructura de esta breve pieza. Podría decirse, pues, que el objetivo fundamental del Diálogo –pese a su evidente interés moderno en el tratamiento del tabaco– no fue tanto el abordaje científico y social del consumo de esta sustancia y de las implicaciones sociosanitarias que conllevaba esa práctica, cuanto poner toda esa información al servicio de un proyecto de medro personal del autor, que intentó servirse del texto en su deseo de llegar hasta las instancias más altas del país, el rey Felipe III, a través de la dedicatoria a su protomédico general, el doctor Pablo de Salinas. El recurso a personajes sevillanos en los preliminares, la cita de autores hispalenses en el curso del propio diálogo, pero especialmente la mención extemporánea de la expulsión de los moriscos (con elogio desmesurado hacia Felipe III) como argumento favorable para que la prohibición del tabaco no conlleve importantes consecuencias económicas así parecen atestiguarlo.

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Notes

1 Cuando no ha pasado desapercibido, ha sido inaccesible para los investigadores: «no he podido consultarlo ni me ha sido posible encontrar la suficiente información acerca de su contenido como para incluirlo en este estudio», Rubén Osvaldo Pose, Edición crítica y estudio lingüístico de «Historia de las virtudes y propiedades del tabaco», de Juan de Castro, tesis de máster, dir. Abraham Madroñal Durán, Madrid: CSIC, 2008, p. xxi. Tan solo parecen haber manejado este libro de 1618 Rodríguez de la Flor/Labrador (Fernando R. de la Flor, «El peso del humo: una polémica transatlántica en el barroco hispano», Tiempos de América, 13, 2006, p. 41-58, p. 50, en línea: [URL] [https://www.raco.cat/index.php/TiemposAmerica/article/view/105681] [consultado el 26 de noviembre de 2024]) y Francesc Xavier Belvis Costes, «Habitus tabaci. Un análisis estructural de los discursos sobre el tabaco cuando su introducción en España (1500-1700)», Revista de Antropología Experimental, 10, 2010, p. 257-280, en línea: [URL] [https://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/rae/article/view/1952] [consultado el 26 de noviembre de 2024].

2 En 1572 se había publicado en París otro texto dedicado exclusivamente a la planta: Jacques Gohory, Instruction sur l’herbe Petum, ditte en France l’herbe de la Royne, ou Medicée, et sur la racine Mechiocan, París: Galiot du Pré, 1572. Sobre el autor y la obra, véase Willis Herbert Bowen, «The earliest treatise on tobacco: Jacques Gohory’s Instruction sur l’herbe Petum», Isis, 28, 1938, p. 349-363.

3 Le anteceden fray Toribio de Benavente Motolinía, Historia de los Indios de la Nueva España, Madrid: Alianza Editorial, 1988, que tuvo varias ediciones de 1534 en adelante; Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, ed. Guillermo Serés, Barcelona–Madrid: Galaxia Gutenberg–Círculo de Lectores–Real Academia Española, 2011; Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias, islas y tierra firme del mar oceáno, 5 vols., ed. Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid: Atlas, 1992; Carolus Clusius, Aromatum et simplicium aliquot medicamentorum apud indos nascentium historia [1567], Amberes: ex Officina Plantiniana, apud viduam & Joannem Moretum, 1593; Nicolás Monardes, Primera y segunda y tercera partes de la Historia Medicinal, de las cosas que se traen de nuestras Indias occidentales, que sirven en Medicina, Sevilla: Fernando Díaz, 1580; Joseph de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, Sevilla: Juan de León, 1590; Jacobus Weckerus, Antidotarium general et speciale, Basilea: Conradus Waldkirch, 1601. Le seguirán Juan de Castro, Historia de las virtudes i propiedades del Tabaco, i de los modos de tomarle para las partes intrínsecas i de aplicarle a las extrínsecas, Córdoba: Salvador de Cea Tesa, 1620; Antonio Lavedán, Tratado de los usos, abusos, propiedades y virtudes del tabaco, café, té y chocolate, extractado de los mejores autores que han tratado desta materia, a fin de que su uso no perjudique a la salud, antes bien pueda servir de alivio y curación de muchos males [1634], Madrid: Imprenta Real, 1796. Cristóbal Hayo, Las excelencias y maravillosas propiedades del Tabaco, conforme gravísimos autores y graves experiencias, agora nuevamente sacadas a luz para consuelo del género humano, Salamanca: Diego de Cossío, 1645.

4 Como es bien sabido, hay noticias de la planta en la literatura europea desde el siglo anterior, pero siempre insertas en otras obras más amplias: Juan de Cárdenas, Problemas y secretos maravillosos de las Indias, México: Pedro Ocharte, 1591 (reed. México: Imprenta del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, 1913); Francisco Hernández, De la naturaleza y virtudes de las plantas y animales que están recevidos en el uso de Medicina en la Nueva España, y la Méthodo y corrección y preparación que para administrallas se requiere con lo que el doctor Francisco Hernández escrivió en lengua Latina, México: Viuda de Diego López Dávalos, 1615.

5 Sobre esta preparación, véase el trabajo de María del Carmen Francés Causapé, Consideraciones sobre Creencias, Farmacia y Terapéutica, Madrid: Instituto de España–Real Academia Nacional de Farmacia, 2009, p. 50-51.

6 Barthelemy Marradon, Du chocolate. Dialogue entre un Medecin, un Indien, & un Bourgeois, París: Sebastien Cramoisy, 1643, p. 46.

7 Hasta donde alcanzo, se conservan hoy tres ejemplares del opúsculo de Marradón: uno, custodiado en la Biblioteca Casanatense de Roma (*O(MIN) X 14), otro en la Biblioteca Vaticana (Roma, Stamp. Barb. N. VI. 102) y un tercero en la Biblioteca Geral de la Universidad de Coimbra (Coimbra, 4-2-24-9). He consultado el primero de los citados.

8 José Simón Díaz, Bibliografía de la Literatura Hispánica, 16 vols., Madrid: Instituto Miguel de Cervantes de Filología Hispánica, 1960-1973, vol. 14, p. 255, n. 2218; Mario Méndez Bejarano, Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, 3 t., Sevilla: Padilla libros, 1989, t. 2, p. 25, n. 1553.

9 Loc. cit.

10 Antonio Hernández Morejón, Historia Bibliográfica de la Medicina Española, 7 vols., Madrid: Imprenta de la Viuda de Jordán e Hijos, 1842-1852, vol. 4, p. 328.

11 Bartolomé Marradón, Discurso del ungüento de la condesa, Sevilla: Alonso Rodríguez Gamarra, 1614, s. fol.

12 Ibíd., s. fol.

13 Ibíd., s. fol.

14 Francisco de Sosa, Relación de las fiestas, sermón y oración latina, certamen poético y poesías hechas en esta ciudad de Valladolid, en la solemnidad de la beatificación del B. Padre Ignacio, fundador de la esclarecida religión de la Compañía de Jesús, Valladolid: Juan Godínez de Millis, 1610.

15 Antonio José Silva Domínguez, «Cirugía española del siglo xvii», Cuadernos de Historia de la Medicina española, 2 (2), 1963, p. 155-187, p. 160.

16 Anales de la Real Academia de Medicina, 6, 1885, p. 416.

17 Apud Juan Catalina García, Ensayo de una tipografía complutense, Madrid: Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1889, p. 230, n. 743 y p. 247, n. 791.

18 Jesús Cantera Ortiz de Urbina, Diccionario Akal del refranero latino, Madrid: Akal, 2005, p. 92.

19 Bartolomé Marradón, Diálogo del uso del tabaco, Sevilla: Gabriel Ramos Bejarano, 1618, fol. 2v.ᵒ.

20 Ibíd., 6r.ᵒ.

21 Loc. cit.

22 Ibíd., fol. 12r.ᵒ.

23 Loc. cit.

24 Ibíd., fol. 7v.ᵒ.

25 Ibíd., fol. 16v.ᵒ.

26 Ibíd., fol. 12r.ᵒ.

27 Ibíd., fol. 15v.ᵒ.

28 Ibíd., fol. 10r.ᵒ-v.ᵒ.

29 Ibíd., fol. 17v.ᵒ.

30 Loc. cit.

31 Loc. cit.

32 Ibíd., fol. 6r.ᵒ.

33 Ibíd., fol. 13r.ᵒ.

34 Ibíd., fol. 15v.ᵒ.

35 Ibíd., fol. 4r.ᵒ.

36 Ibíd., fol. 12v.ᵒ.

37 María Águeda Moreno Moreno, «El corpus indiano de materia herbaria de Nicolás Monardes y su recepción en los diccionarios bilingües (español-lenguas europeas, ss. xvi-xviii)», Alfinge, 26, 2014, p. 117-145, p. 125-126, en línea: [DOI] [https://doi.org/10.21071/arf.v26i.3360] [consultado el 26 de noviembre de 2024].

38 B. Marradón, Diálogo del uso..., fol. 11v.ᵒ, cursivas mías.

39 Ibíd., fol. 9r.ᵒ.

40 Ibíd., fol. 17r.ᵒ.

41 Loc. cit.

42 Ibíd., fol. 18r.ᵒ.

43 Ibíd., fol. 20v.ᵒ.

44 Loc. cit.

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Pour citer cet article

Référence électronique

Emilio Blanco, « De proyecto científico a palanca de medro personal: el Diálogo del tabaco de Bartolomé Marradón »Atalaya [En ligne], 24 | 2025, mis en ligne le 04 septembre 2025, consulté le 11 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/atalaya/7281 ; DOI : https://doi.org/10.4000/14m08

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Auteur

Emilio Blanco

Universidad Complutense de Madrid

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