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Las fuentes filosóficas del pensamiento político del joven José Ortega y Gasset: la ética, pedagogía y el socialismo idealista de la escuela de Marburgo1

The philosophic sources of the political thought of the young José Ortega y Gasset: the ethics, the pedagogy and the idealistic socialism of the School of Marbourg
Les sources philosophiques de la pensée politique du jeune José Ortega y Gasset : l’éthique, la pédagogie et le socialisme idéaliste de l’École de Marbourg
Dorota Leszczyna
p. 227-246

Résumés

Ortega trouve en Allemagne un organisme social sain, dans la mesure où chacun sait rester à sa place et remplir ses obligations. La société allemande a les meilleurs instruments sociaux et politiques destinés à satisfaire les nécessités des individus qui peuvent s’éloigner des questions politiques et se consacrer à leur profession. Le philosophe allemand ne doit pas être, comme son homologue espagnol, à la fois «un journaliste, un homme de lettres, un politicien, un partenaire de café, un torero, un “homme du monde”», mais peut satisfaire sa vocation intellectuelle. En revanche, l’espagnol doit s’imprégner à chaque moment de sa vie des problèmes nationaux et lier son destin à celui de son peuple. Le contexte de l’idéalisme platonicien, qui est celui jeune Ortega, explique son idée de la «politique de réalisation» qui privilégie les idées par rapport à la réalité. Celles-ci permettent de rationnaliser le monde et de lui donner un sens. La réalité est donc le matériel de la politique et les choses ne sont pas des fins ou des aspirations, mais des moyens au service de celle-ci.

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Texte intégral

  • 1 Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación: Idea polityki realizacji w ujęciu José Ort (...)
  • 2 M. García Morente, «Carta a un amigo: evolución filosófica de Ortega y Gasset», El Sol, 8 de marzo (...)

1En 1905 Ortega, recién doctorado, toma la decisión de continuar sus estudios filosóficos en Alemania, donde se encontrará con la filosofía de Kant, cuya Crítica de la razón pura le introduce, utilizando las palabras de García Morente: «en la ancha vía por donde, a partir de Descartes, discurre el pensar científico y filosófico europeo»2 y con sociedad, tan diferente por su nivel de organización a la española.

  • 3 M. Menéndez Alzamora, La Generación del 14. Una aventura intelectual, Madrid: Siglo XXI, p. 65-66. (...)

2Cabe destacar, que Ortega abandona España en un momento de crisis económica, política y cultural; en un momento en el que las instituciones, las normas y los valores comunes están en tela de juicio. Para Menéndez Alzamora: «Ortega salía de un entorno social atravesado por una profunda crisis de identidad que se arrastra desde la ruptura del 98, crisis que en lo político se manifiesta en una desarticulación del sistema de partidos, incapaz de satisfacer las necesidades de una nación derrotada y sometida a los trasiegos de corrupción que se arrastra desde tiempos lejanos»3.

3En Alemania Ortega se encuentra con un organismo social íntegro y sano en el que cada uno reconoce su lugar y cumple sus obligaciones. La sociedad alemana, posee los mejores instrumentos sociales y políticos para satisfacer las necesidades de los individuos, los cuales pueden, sin reservas, alejarse de los problemas políticos y dedicarse a sus profesiones.

  • 4 J. Ortega y Gasset, «Prólogo para alemanes», Obras Completas, Madrid, Fundación José Ortega y Gasse (...)

4Las diferencias entre ambas sociedades afectan también a la hora de hacer filosofía. Así, el filósofo alemán no está obligado, como el español, a ser a la vez «periodista, literato, político, contertulio de café, torero, “hombre de mundo”, algo así como párroco y no sé cuántas cosas más»4, sino que puede dedicarse a su vocación intelectual y académica. El español, en cambio, tiene en cada momento de su vida que empaparse de los problemas nacionales y vincular su destino con el destino de su pueblo.

El filósofo alemán –afirmará Ortega– puede desentenderse, no digo yo que deba, de los destinos de Germania; su vida de ciudadano se halla plenamente organizada sin necesidad de su intervención. Los impuestos no le apretarán demasiado, la higiene municipal velará por su salud: la Universidad le ofrece un medio casi mecánico de enriquecer sus conocimientos; la biblioteca próxima le proporciona de balde cuantos libros necesite, podrá viajar con poco gasto, y al depositar su voto al tiempo de las elecciones volverá a su despacho sin temor de que se le falsifique la voluntad. [...] Entre nosotros el caso es muy diverso: el español que pretenda huir de las preocupaciones nacionales será hecho prisionero de ellas diez veces al día y acabará por comprender que para un hombre nacido entre el Bidasoa y Gibraltar es España el problema primero, plenario y perentorio (Ibíd.: 163).

  • 5 Según Pedro Cerezo Galán en la primera etapa del pensamiento orteguiano, que denomina «idealismo ét (...)

5Ortega, estudia casi tres años en Alemania, lo cual le dará una idea bastante clara del funcionamiento de la sociedad alemana, que le servirá para su idea política de establecer en España una cultura de ideas y un régimen de libertad que permita construir una sociedad consciente de sí misma y de sus necesidades más urgentes5.

  • 6 Para Kant «el hombre es la única criatura que requiere educación. Entendemos por educación los cuid (...)

6No menos importante para la formación intelectual, social y política del joven Ortega será su encuentro con la filosofía alemana, y más concretamente, con el transcendentalismo y criticismo kantiano, que presenta la visión de la ciencia, de la moral y del arte, basada en las normas y valores que brotan directamente de la razón pura y por tal tienen carácter objetivo y universal. También en Kant descubrirá Ortega la idea de la pedagogía científica que radica en que el hombre logre perfecionarse en su dimensión moral, se haga un buen ciudadano y realice junto con otros la idea de la humanidad6.

  • 7 D. Leszczyna, José Ortegi y Gasseta studia na niemieckich uniwersytetach, Kraków: Aureus, 2012, p. (...)
  • 8 J. Ortega y Gasset, «Canto a los muertos,a los deberes y a los ideales», OC, I, p. 106-107.

7Ortega estudia las obras de Kant durante sus estancias en Leipzig, Berlín y Marburgo, y tiene el privilegio de asistir a las clases de los más grandes conocedores de la filosofía kantiana de la época tales como: Wilhelm Wundt, Georg Simmel, Alois Riehl, Hermann Cohen y Paul Natorp7. Los dos últimos se convierten en sus verdaderos maestros que lo introducen en el mundo del idealismo. Ortega define esta actitud filosófica de sus profesores marburgueses con las siguientes palabras: «Al mundo que es oponemos un mundo que debe ser. Sobre la realidad trabajamos por fundar la idealidad. Ese estado de ánimo en que la idealidad halla siempre amorosa resonancia, es lo que llamo idealismo»8).

  • 9 H. Holzhey, «Neokantianismus und sozialismus. Einleitung», en Etischer Sozialismus. Zur politischen (...)

8Cabe advertir que los marburgueses son idealistas también en su filosofía social y política. Este idealismo lo vinculan con el socialismo, lo que les lleva al socialismo idealista, basado en la educación concebida como una herramienta para cambiar la realidad9.

Los fundamentos de la filosofía socialista de la Escuela de Marburgo: Lange, Cohen y Natorp

  • 10 Esta afirmación aparece también en Cohen, System der Philosophie. Theil 2: Ethik des reinen Willens(...)
  • 11 María Socorro González Gardón, «La filosofía política del joven Ortega desde el neokantismo de Marb (...)

9La fuente teórica del socialismo marburgués es la filosofía de Friedrich Albert Lange, el fundador de la escuela de Marburgo, quien en 1865 publica su obra Die Arbeiterfrage in ihrer Bedeutung für Gegenwart und Zukunft, donde ataca el problema social desde supuestos éticos y considera un error identificar el socialismo con un simple problema «de estómago», que, según su observación, se ha convertido en los últimos años en un símbolo de «eudaimonía»10. Lange presenta una visión del Estado socialista basado en la idea de la justicia social, en la libertad y en la cultura. Además es uno de los activistas que combaten la gran política alemana realizada por Bismark. «Fue Lange un hombre honrado que luchó contra la injusticia y la opresión, defendió un socialismo moderado, una especie de socialismo de Estado tan típico de los intelectuales alemanes del siglo pasado. Luchó por la libertad, la enseñanza y vulgarización de la ciencia, combatió con energía la tiranía, superstición y pobreza»11.

  • 12 Sobre la presencia de Platón y Kant en la ética y pedagogía marburguesa, Siergiej Hassen «Paul Nato (...)
  • 13 I. Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, trad. de M. García Morente, Madrid, Esp (...)
  • 14 Véase K.-H. Lembeck, Platon in Marburg. Platon-Rezeption und Philosophiegeschichtsphilosophie bei C (...)

10Las ideas socialistas de Lange dejan una profunda huella en Cohen y Natorp, que siguen su socialismo idealista, junto con las teorías de inspiración kantiana y platónica12. De esta manera enlazan el imperativo ético de Kant con la teoría de las virtudes de Platón, destacando que las leyes que determinan el funcionamiento de la sociedad son tan objetivas y universales como las que reinan en las matemáticas, puesto que todas ellas brotan del mismo centro –del principio común de la conciencia pura. Esta conciencia se dirige a tres ámbitos: a la ciencia, a la moral y al arte. La lógica investiga las leyes que forman la ciencia, la ética las busca en la esfera de la moral, y la estética las etablece en el arte. Por consiguiente, el sistema filosófico de la escuela de Marburgo consta de tres partes: lógica del conocimiento puro, ética de la voluntad pura y estética del sentimiento puro. En cambio, la filosofía social y política forma parte de la ética. Según Cohen, el imperativo ético de Kant que sigue: «obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro siempre como un fin al mismo tiempo y nunca sólo como un medio»13, contiene el programa moral y la meta de la política para resolver todos los problemas que sufre la sociedad contemporánea. Cohen enlaza la idea platónica del Estado con la idea del individuo libre de la sociedad socialista, regulada por la virtud de la verdad, templanza, justicia y humanidad14.

  • 15 Gloria Pérez Serrano la denomina la pedagogía social de Natorp como «pedagogía idealista» puesto qu (...)

11La ética idealista de Cohen se complementa con la idea de la pedagogía social de Natorp, quien destaca la dependiencia mutua entre el individo y la comunidad en el proceso de la socializar al hombre, retomando a la vez la metáfora de Platón sobre «la relación entre hombre pequeño y grande»15.

12Según Natorp, el individuo no puede existir fuera de la comunidad; pues ésta es un componente de su propio «yo». El desarollo moral, intelectual y social del hombre se realizan en la relación con otros individuos, es decir, en la comunidad. Comunidad significa una auténtica cooperación espirítual que produce la cultura. Tal y como establece Natorp:

  • 16 P. Natorp, La pedagogía social: teoría de la educación de la voluntad sobre la base de la comunidad(...)

[...] el hombre no crece aislado ni tampoco tan sólo uno al lado del otro bajo condiciones próximamente iguales, sino cada uno bajo el múltiple influjo de los otros y en reacción constante sobre tal influjo. El hombre particular es propiamente sólo una abstracción, como el átomo del físico. El hombre, por lo que respecta a todo lo que hace de él un hombre, no se presenta al principio como individuo particular para entrar después con otras en una comunidad, sino que, sin esta comunidad, no es de ningún modo hombre16.

13Así, Natorp opone a la pedagogía individual la pedagogía social, en la que la relación entre lo individual y lo social es elemento contitutivo para el proceso de educación y socialización del hombre. El resultado de este proceso es la asimilación por parte de los individuos de los elementos socioculturales, que les faciliten la integración en la sociedad y cooperar con ella.

  • 17 Véase S. Hassen, «Paul Natorp», art. cit., p. 4-5.

14La educación del individuo está condicionada por la sociedad, ya que cada uno condensa dentro de sí un fragmento de la humanidad entera. Pero también la vida social: su forma y su nivel dependen de la educación. Por consiguiente, es necesario estudiar tanto las condiciones sociales de la cultura, como las condiciones culturales de la vida social17.

  • 18 Gloria Pérez Serrano: «La Pedagogía Social no subordina la educación como medio a los fines de la e (...)

15La pedagogía social de Natorp arranca de la filosofía transcendental kantiana, donde la meta del proceso educativo es acceder a unos valores objetivos tales como: la verdad, bondad, justicia y su realización por el hombre a través de su autoperfeccionamiento en el ámbito intelectual, moral y social18. El ideal educativo es, pues, la plena libertad y autonomía del hombre que adquiere conciencia cultural para darse cuenta de su gran valor y dignidad social e individual.

16En Natorp aparece un elemento muy importante para el proyecto pedagógico marburgués, que es la «escuela de trabajo». Según el filósofo neokantiano, la educación sirve, sobre todo, para socializar al hombre. Educación significa la labor de realizar la idea de humanidad en la comunidad y por la comunidad. El individuo es, pues, trabajador y la comunidad consiste en la cooperación entre trabajadores. Sin embargo, esta cooperación requiere socializar al hombre. Por lo tanto, es necesaria la labor educativa para dotar al individuo de una conciencia cultural. Hay que concienciar al hombre para mostrarle el sentido y valor de su trabajo para la sociedad.

  • 19 P. Natorp, La pedagogía social: teoría de la educación de la voluntad sobre la base de la comunidad(...)

El hombre –establece Natorp– no trabaja para trabajar, no gobierna y se deja gobernar para gobernar y ser gobernado, sino que ambas cosas no son más que medio para el último fin, que consiste en elevar al hombre a la altura del humanismo; esto es, deben subordinarse como meros medios al fin exclusivo de la educación humana. Educación por el trabajo, para el trabajo, tomando parte en él mediante la organización social, y de igual modo participando en la actividad educadora propiamente social mediante la educación social; estas tres cosas son, desde el punto de vista propio de la actividad educadora, los miembros conexionadamente necesarios de un organismo, del organismo de la educación humana19.

17Otro elemento esencial de la pedagogía social de Natorp es la reflexión acerca de la religión y de su papel en la vida social del hombre. Según el filósofo neokantiano para eliminar el conflicto entre religión y ciencia es necesario fundar esta primera dentro de los límites de la mera razón y suprimir sus tendencias a dirigirse a lo transcendente. La religión ha de encontrar su base en la ética, centrándose en los valores ideales tales como: la bondad, armonía y el paz. La educación religiosa debe concienciar al hombre y mostrarle que su verdadero «yo» se descubre orientándodose hacia el prójimo, hacia la comunidad. Así, la religión de lo transcendente se convierte en la religión de lo social o, más bien, en la religión dentro de los límites de la humanidad.

18Con todo, podemos decir que el proyecto natorpiano de pedagogía social brota por un lado de Kant: de su filósofía práctica, de su imperativo ético y de su pedagogía científica; y, por otro, de la filosofía social y política de Platón, en la que se destaca la dependencia mutua entre el hombre-individuo y el hombre-sociedad. Por lo tanto, según Natorp la idea de la humanidad requiere la autoperfección moral del hombre, quien, dotado de la conciencia cultural, participa en los logros de la cultura y trabaja para su desarrollo.

La herencia de los marburgueses en la reforma liberal y social del joven Ortega

  • 20 P. Cerezo Galán: «La cultura como ilustración desembocan así, a través de la mediación neokantiana, (...)
  • 21 Ángel Peris Suay: «Para Ortega en sus primeros escritos políticos, liberalismo cultural significa s (...)

19El joven Ortega, tras pasar un curso académico, 1906-1907, y luego otro año en 1911 en la escuela de Marburgo, se impregnará del socialismo idealista de Cohen y Natorp, basado en la ética y pedagogía social. El socialismo se hará para él un sinónimo de la Cultura, de la Ilustración, aspiraciones que le servirán en su proyecto de revitalizar la vida intelectual y política española. Ortega, como sus maestros de Marburgo, considerará que el socialismo no tiene que ver con la lucha de las clases ni con cuestiones económicas, sino con educación, puesto que sólo ésta nos lleva a la realización de la idea del humanismo tanto en nuestra persona, como en cualquier otra. Se trata, pues, de enseñar al hombre a hacer cosas humanas –como ciencia, moral y arte20. Por otra parte, el pensamiento social y político del joven Ortega radica en dos conceptos claves que son: «liberalismo» y «socialismo» que se entremezclan en su visión política y se convierten en un proyecto del socialismo idealista, cuya base es la ética y pedagogía social de sus maestros de la escuela de Marburgo21.

La reforma liberal

  • 22 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 142.
  • 23 Véase P. Aubert, La frustation de l’intellectuel libéral (Espagne 1898-1939), Cabris, Sulliver, 201 (...)
  • 24 JOG, «La reforma liberal», OC,I, p.143.
  • 25 Gonzalo Vázquez Gómez, «Perspectiva orteguiana de la pedagogía», Theorema, vol. 13, no. 3-4, 1983, (...)

20Ortega, regresa de su estancia alemana con el proyecto de establecer en España «un verdadero partido liberal»22, entendiendo por liberalismo la realización del ideal moral que falta a España23. «Llamo liberalismo —afirma Ortega— a aquel pensamiento político que antepone la realización del ideal moral a cuanto exija la utilidad de una porción humana, sea ésta una casta, una clase o una nación»24. Para realizar el ideal moral, indicado por el nuevo liberalismo, es necesario superar las herramientas pedagógicas arcaicas y reconocer la función política de la educación25.

  • 26 JOG, «La Universidad española y la Universidad alemana», OC, I, p. 63.
  • 27 Ibid., p. 64.

21Ortega, ve que el problema de España estriba en su falta de aprecio por la ciencia, así como en identificar la educación con la pedantería. «Los españoles —establece Ortega— no creemos en la educación, y si se llega a mentar la ciencia de la educación y hablamos de pedagogía, sonreímos los más, como si escucháramos una discusión sobre el agua inmortal de Paracelso, que murió a los cuarenta y ocho años, o sobre el numido radical, que nadie ha tropezado a la hora de ahora, y otros menos benévolos, y un tanto impulsivos, pensamos: Pedagogía, Pedantería»26. Tal situación lleva a los españoles al fatalismo ingenuo, herencia de los moros, que «ha hecho nido en nosotros, supuesto que no hayamos sido en todo tiempo más fatalistas que ellos»27.

  • 28 Ibid., p. 63.
  • 29 Ibid., p. 64.
  • 30 Ibid., p. 63.

22La idea de educación es, para el joven filósofo, una idea crepuscular y los españoles no saben de crepúsculos, puesto que viven siempre a plena luz del sol, en la «tierra divina y regocijada donde como en parte alguna florecen los naranjos». El crepúsculo se presenta aquí como una métafora, utilizada para definir la reflexión, que es propia en el Norte de Europa, especialmente para Alemania, donde «los crepúsculos son tan largos que llenan casi el día»28. Por otra parte, el sol simboliza «los talentos naturales y las dogmas»29, en los que viven los países mediterráneos. Ortega al decir que los españoles no saben de crepúsculos, quiere decir que no saben reflexionar, y, por consiguiente, no creen en la virtud de la educación que es de origen crepuscular, o sea, reflexivo. Además la idea de la educación es una idea de devenir y supone que las cosas, entre las que «están los sentimientos y las facultades morales, no nacen de repente ni fenecen en un punto; por el contrario, son siempre desviación de algo anterior, preparación de algo que sobreviene, y que es ello mismo trasformado. [...] El Werden, el devenir, es una idea crepuscular»30.

  • 31 JOG, «La conservación de la cultura», OC, I, p. 150.

23Ortega, siguió con la idea de la reflexión y la idea del crepúsculo con la que se tropieza en Alemania, especialmenta en la escuela de Marburgo, con la intención de sembrarla y cultivarla en la mentalidad de los españoles. Así, esbozará una nueva visión de la pedagogía política que identificará con la realización de un ideal moral, que no es otra cosa que «el resultado de la ciencia»31.

  • 32 JOG, Ibid., p. 152.

24Establecer este ideal moral es, a su entender, el objetivo principal de la reforma liberal, puesto que el liberalismo no es una cuestión política, sino principalmente moral, es un deber que consiste en educar a la sociedad en el espíritu de las ideas y valores objetivos. «El nuevo liberalismo —afirma Ortega— es un deber; no es una comodidad. Y anticipar ideales y educar según ellos los corazones, constituye la misión impersonal, que sin ensoberbecer, obliga, impuesta por el Demiurgo que ordena la Historia a los pensadores de cada pueblo. Por eso no queremos reformar las costumbres sino cultivar las ideas»32.

  • 33 JOG, «Sobre los estudios clásicos», OC, I, p. 118; Alfonso García Nuño, El carácter salvífico de la (...)

25La definición orteguiana del liberalismo se sitúa en el marco de su proyecto político, que consiste en educar la vida española y establecer en ella una nueva conciencia social, en el sentido marburgués, esto es, que requiere un compromiso de todos los ciudadanos de cooperar para fomentar la cultura, la cual se define como «elaboración y henchimiento progresivo de lo específicamente humano»33.

  • 34 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p.143.
  • 35 Julio Almeida, «Las ideas pedagógicas de Ortega», Cuenta y razón, Madrid, no 14, 1983, p. 69-86.
  • 36 JOG, «La conservación de la cultura», OC, I, p. 148.
  • 37 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 146.

26El liberalismo es, para Ortega, el «sistema de la revolución»34 hecho que garantiza su carácter racional. De tal forma, nustro pensador distingue entre la política tradicional, parlamentaria, y la Política con mayúsculas, que es pedagogía política, educación orientada hacia el logro dea los objetivos ideales35. Ortega distingue la función del liberalismo de la del partido liberal. La primera es «una idea científica, pura y simplemente filosófica»36, que esboza un plan teórico para el futuro e indica lo que debe ocurrir. Por su parte, el partido liberal es una herramienta del liberalismo que adecúa paulatinamente este plan a la realidad: «El liberalismo señala dónde hay que ir; el partido liberal busca y proclama el camino, pero arbolando en todo instante aquella exigencia última, categórica, que da una dirección y un oriente a sus pasos»37.

  • 38 JOG Cartas de un joven español, Madrid, El Arquero, 1991, p. 271.

27Ortega está convencido de que la teoría y la práctica no sólo no se excluyen, sino que son complementarias. Sin embargo, la teoría es siempre previa respecto a la práctica. Por ello, para resolver el problema del porvenir político español es preciso establecer primeramente un mapa teórico, una ideología para conseguir los cambios deseados en la realidad. Como podemos leer en una de las cartas de Ortega, enviadas a su padre desde Marburgo: «El error de nuestro agarbanzamiento consiste en creer que la teoría y la práctica son cosas distintas. Por supuesto – y nótese bien –, nosotros no tenemos el menor derecho a pensar que las teorías no son prácticas porque precisamente en España no ha habido nunca teorías, sobre todo, teorías políticas»38.

  • 39 Domingo Hernández Sánchez: «La misión del liberalismo, teniendo claro que Ortega, como él mismo ins (...)
  • 40 JOG, Ibid.

28Establecer una teoría liberal se presenta, pues, como un objetivo principal de la política orteguiana, puesto que es absolutamente imposible hacer algo en la práctica sin tener una teoría previa39. Para Ortega «los problemas políticos, como todos los problemas y como todas las cosas, se empieza a verlos desde lejos, como montes que en lo lejano permiten ser reflejados totalmente en la retina y que después de comenzar a superarlos lo envuelven a uno y ya no se puede saber de qué forma y anchura son, dónde dan salida, etc.»40.

  • 41 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 146.

29Lo mismo vale para el liberalismo que es una idea, una teoría. Por ello, el teorizador del liberalismo «tiene que estar fuera de la realidad, fuera de la realidad actual, ya que se pone en una futura y en nombre de ésta exige la transformación de la presente; su perspectiva espiritual puede simplificarse en estas palabras de Pestalozzi: «Es preciso desviar nuestros ojos de cuanto ocurre, a fin de conservar en nosotros límpida la sensibilidad para lo que debe ocurrir»41.

  • 42 JOG, «La conservación de la cultura», OC, I, p. 149.

30Cabe advertir que Ortega hace una distinción muy clara entre idea y concepto. Así, por concepto entiende «el conjunto de notas características, que se abstrae y se destila de los casos naturales análogos, para formar un tipo»42. (Los conceptos proceden, pues de lo que existe, de la realidad, son sus abstracciones. En cambio, las ideas son extractos del otro mundo, del mundo de la idealidad, del mundo de lo que debe ser: «La idea no se abstrae, no se obtiene de una realidad, de algo existente, sino que es el hilo de Ariadna que nos guía por las tierras irreales de la moralidad o del arte. [...] Ni el deber ni la belleza existen en la realidad; no son piedras ni animales; sólo existen en la idea. Más claro: el mundo donde habitan las ideas, nacen, se fecundan y se suceden, es el Ideal».

  • 43 JOG, Ibid., p. 150.
  • 44 Tal y como escribe Domingo Hernández Sánchez respecto al liberalismo del joven Ortega: «Se trata de (...)

31Las ideas, aunque proceden del mundo irreal o ideal, no tienen carácter utópico, no son producto de la fantasía o el ensueño, sino que marcan caminos nuevos que hacen que nuestra realidad mejore y se reforme. Determinan los objetivos que orientan nuestras actividades en el ámbito político, social e intelectual. Así, «El Ideal –según Ortega– y la realidad son dos mundos adyacentes»43 puesto que la realización de un ideal no destruye sino que cambia la realidad44.

  • 45 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 146.

32En este sentido, la relación entre el liberalismo y el partido liberal es analógica a la relación entre ideal y realidad. De tal forma, el liberalismo consiste en dar una ideología general firme y sólida, que, para no ser abstracta, tiene que realizarse a través de los métodos elaborados por el partido liberal. «Aquí –afirma Ortega– concluye la acción del liberalismo y comienza la del partido liberal, que es su instrumento. Consiste el papel de éste en adecuar trozo a trozo el ideal a la realidad y hallar las fórmulas para insertar en ella la mayor porción posible de ideal»45.

  • 46 JOG, Ibíd., p. 145.

33Ahora bien, este ideal que el partido liberal tiene que realizar es la libertad, la cual se define como una idea de la que brotan otras libertades particulares. Ortega la llama «un divino nombre mitológico», que nos enseña que «las constituciones son siempre injustas, y es un deber reformarlas»46. Por lo tanto, la libertad «no indica solamente que ha de respetarse la ley escrita: este valor negativo no distinguiría lo liberal de lo conservador», sino es «la perpetua amonestación de la ley no escrita, de la ley ética que condena todo estancamiento de la ley política».

La reforma social

  • 47 «Más que liberalizar al socialismo, leemos en “Razón vital y liberalismo”, lo que se propone Ortega (...)

34La idea de la libertad, en la que se basa la reforma liberal, se puede realizar sólo en la sociedad solidaria y justa47 lo que provoca que el liberalismo orteguiano se enlaza con el socialismo idealista, una herencia de los maestros de la escuela de Marburgo.

35Ortega, ya en 1906 en su carta a Rosa Spottorno Topete indica que la fuerza inventiva del liberalismo se ha agotado y que éste para superarse tiene que adquirir un contenido y carácter socialista:

  • 48 JOG, Cartas…, op.cit., p. 476.

Yo no creo en liberalismo,creo que esto fue una cosa en su tiempo pero hoy es sólo una palabra. El liberalismo era algo cuando no existían libertades políticas: ganar éstas era su destino. Hoy el liberalismo tiene que ser más que liberal, mucho más: por. ej. socialista. Esto soy no por las razones que suelen llevar el pensamiento al socialismo sino porque creo que sólo en él serán posibles por un lado las liberades íntimas, de otro las virtudes viriles48.

  • 49 JOG, «Reforma de carácter, no reforma de costumbres», OC, I, p. 114.

36La misma advertencia aparece en Ortega en 1907 en su ensayo Reforma de carácter, no reforma de costumbres, en el que, invitándo a los intelectuales para que se dediquen a las cuestiones públicas, destaca que «el liberalismo actual tiene que ser socialismo»49.

  • 50 JOG, Cartas…, op.cit., p. 570.

37Cabe preguntar ¿qué entiende el joven Ortega por el socialismo? ¿Cuáles son las relaciones entre el socialismo orteguiano y el socialismo de origen marxista? Una de las primeras definiciones del término «socialismo» procede de 1907 de la carta a Rosa Spottorno Topete, en la que Ortega esboza su programa de salvación nacional que radica en establecer tal «fórmula cultural» que sea a la vez política y estética. «Hay que unir ambas tendencias y ambos impulsos; para mí esta síntesis es el socialismo». Por consiguiente, intenta dar al socialismo una orientación estética y proclama una vuelta al al humanismo concebido como «único camino para llegar a lo castizo»50.

  • 51 «El socialismo español ha llegado a plena existencia sin la intervención de intelectuales [...], es (...)
  • 52 «Aparte del neokantismo –sin olvidar las referencias de Ortega al socialismo español representado e (...)

38Este carácter humanista del socialismo orteguiano, heredado de los representantes de la escuela de Marburgo que identifican el socialismo con la Cultura, Ilustación y Humanidad, le aleja de los socialistas españoles que fundan su programa en la ideología marxista51. El joven Ortega no comparte esta actitud determinada por «negación», por ser «anti-algo». Así, postulará sustituir el materialismo marxista por el idealismo ético, cuya meta consiste en arraigar en España una nueva religión: la Cultura que establece conexión entre los seres humanos52.

39Tal mensaje lo transmite Ortega en su ponencia pronunciada en 1909 en el marco del ciclo de las conferencias titulado «Religión, anticlericalismo, socialismo», organizado por el Partido Socialista. Presenta allí su definición del socialismo, distanciándose de los supuestos marxistas.

  • 53 JOG, «La ciencia y la religión como problemas políticos», OC, VII, p. 131.

40El marxismo radica, según Ortega, en tratar ciencia, moral y arte como las manifestaciones de la realidad única y verdadera: la economía. Sin embargo, para él «lo económico es siempre y exclusivamente un medio, un medio para sustentar la vida por ejemplo, pero la vida no es ya una cosa económica»53.

41La sociedad se constituye y organiza no por los factores económicos, sino culturales que humanizan a los individuos. En efecto, el socialismo marxista es sólo una herramienta para conquistar el nivel más alto y más noble del socialismo, es decir, el socialismo culturalista.

42Para Ortega la cultura establece paz en la tierra y, en efecto, la idea de solidaridad, justicia y humanidad. Por lo tanto, el socialismo orteguiano se identifica con el ideal moral, cuya base no es la lucha de las clases que separa a los seres humanos, sino la cultura que los integra. «Los socialistas –afirma Ortega– no somos sólo enemigos de nuestros enemigos, no somos un principio de enemistad. Somos antes que esto y más que esto amigos de nuestros amigos, somos un ideal de ubres imposibles de agotar en torno al cual se agrupan, se aúnan, comulgan, comunican y se socializan los hombres: antes que nada y más que nada somos un principio de amistad».

  • 54 Ibid.

43Así, el socialismo orteguiano es una fuerza integradora que fomenta la cultura en la sociedad y establece las relaciones de amistad, de comunidad entre la gente: «Para mí socialismo es la palabra nueva, la palabra de comunión y de comunidad, la palabra eucarística que simboliza todas las virtudes novísimas y fecundas, todas las afirmaciones y todas las construcciones. Para mí, socialismo y humanidad son dos voces sinónimas, son dos gritos varios para una misma y suprema idea, y cuando se pronuncian con vigor y convicción el Dios se hace carne y habita entre los hombres»54.

  • 55 Ibid., p.135.

44Ahora bien, este socialismo idealista para no ser abstracto tiene que realizarse a través del programa de acción que abarca cuatro elementos según Ortega: «Primero, es socializar la cultura, o sea, hacer de la cultura un nuevo poder espiritual capaz de crear los hombres y reorganizar la sociedad según los valores objetivos […] en tanto es el hombre hombre en cuanto es capaz de ciencia y de virtud, de cultura»55 (En efecto, el hombre «no es el que come mejor», sino el que «piensa y se comporta con rígida moralidad», puesto que «el comer, el vestir, todo lo económico no es más que un medio para la cultura»).

  • 56 JOG, Ibid.; P.Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la razón práctica, op. cit., p. 303-308.

45El poder espíritual –la palabra de origen sant-simoniano y lassalliano– es para Ortega una energía socializadora, cuya meta consiste en establecer una nueva conciencia social. En la Edad Media el poder espirítual que organizaba la sociedad fue la religión. «Dios fue el gran socializador, constructor de comunidad, de sociedad: los hombres se aunaban, comulgaban, se socializaban en la fe». Sin embargo, la religión convence a la gente remitiéndose a los sentimientos, a las emociones y no a las razones. Por ello, «la convicción religiosa es una convicción primitiva, torpe, sentimental» que en el proceso del desarrollo de la humanidad ha sido sustituida por la convicción racional, científica, o sea, por la cultura. De tal forma, dirá Ortega que: «La cultura viene a sustituir la idea mitológica de Dios en su función de socializador»56.

  • 57 I. Kant, 1985, p. 2.

46El segundo elemento es comunitarizar el trabajo para la cultura. Ortega, bajo la influencia kantiana, considera que la realización de las ideas de humanidad, de solidaridad, de frateridad, es posible sólo cuando todos los individuos armonicen sus esfuerzos y se hagan trabajadores para cumplir su destino. Tal y como enseña Kant: «ningún individuo humano puede alcanzar sólo su destino. No son los individuos, sino la especie humana la que puede lograr este fin»57.

  • 58 P. Natorp, Sozialpadagogik. Theorie der Willenserziehung auf der Grundlage der Gemeinschaft, t. III (...)
  • 59 Ibid., p. 136.

47Ortega vincula las palabra kantianas con la idea de la comunidad de trabajo que encuentra en las obras de Michelet y Natorp58. Para ambos, el individuo puro y solitario no existe, es una abstración. La única y verdadera realidad social es la comunidad, en la que todos trabajan para aumentar la cultura y producen las cosas humanas: ciencia, moral, arte etc. «Fuera de la comunidad –afirma Ortega– el hombre no es hombre es a lo sumo un orangután. La comunidad verdadera es la comunidad del trabajo. He aquí, pues, que el deber primario del hombre es ser un trabajador. Trabajador es el nombre del hombre moderno, decía Michelet»59.

48El tercer elemento, es resucitar la moral por laicizar la virtud. Como hemos dicho, el progreso humano ha sustituido el poder espiritual de la religión por el poder ideal de la cultura. La Ilustración ha dotado al hombre de la conciencia de que el Dios es la cultura que se realiza a través del esfuerzo que hace el hombre en servicio a lo ideal. Así, la religión transcendente se ha convertido en la religión immanente, en la religión de la razón humana.

  • 60 JOG, «La cuestión moral», OC, I, p. 211.

49Ahora bien, la moralidad es el resultado de la ciencia. Por lo tanto, no se trata de la moral religiosa concebida como el conjunto de las virtudes que sirven para lograr el fin religioso, sino de la moral humana en la que el sistema de las virtudes laicas permite lograr el fin humano: sociedad, comunidad y fraternidad. Como establece Ortega: «El poder educador de las religiones, su energía socializadora ha cumplido su tiempo: no puede esperarse de ellas una renovación del hombre. Por otro lado, la edad moderna ha traído sus nuevas virtudes, los deberes públicos y sociales. Son virtudes terrenas, virtudes municipales, virtudes laicas. Aquí se nos ofrece la cuestión moral española: hay que hacer laica la virtud y hay que inyectar en nuestra raza la moralidad social»60.

  • 61 JOG, «Asamblea para el progreso de las ciencias», OC, I, p. 186.

50Estos tres elementos que constituyen el programa del socialismo idealista del joven Ortega podemos reducir a la formula siguiente: «europeizar la España». Europeización consiste en inyectar en la sociedad española la cultura científica, ya que la ciencia es lo que distingue Europa en el seno de la gran familia humana. «Europa = ciencia —dirá Ortega— todo lo demás le es común con el resto del planeta»61.

  • 62 JOG, «La ciencia y la religión como problemas políticos», OC, VII, p. 136.

51En este sentido la misión del socialismo en general y la del partido socialista en particular radica en cultivar en la mentalidad española las ideas cosmopólitas y europeas. «Aparte de su misión general humana e internacional —afirma Ortega— tiene el socialismo en España esta ilustrísima tarea que cumplir: imponer la cultura —es decir, la seriedad científica, la justicia social. El partido socialista tiene que ser el partido europeizador de España»62. Europa, según Ortega, puede dotar España de las ideas y normas objetivas; puede dotarla de la cultura científica que permitirá a los españoles lograr el nivel europeo de la vida, entender su esencia y establecer su identidad nacional. En consequencia, la misión del socialismo es europeizar España para que se aprenda vivir a la altura de los tiempos.

El Programa de la pedagogía social según el joven Ortega

  • 63 JOG, «La pedagogía social como programa político», OC, I, p. 97.
  • 64 I. Kant, Tratado de Pedagogía, op. cit., p. 6-7.

52El día 12 de marzo de 1910 en la Sociedad «El Sitio» de Bilbao Ortega dio una conferencia titulada «La pedagogía social como programa político» en la que presentó su proyecto de revitalización de España, basado en las reformas educativas. Según Ortega «lo que hasta hoy hemos llamado la política se ha hecho para nosotros pedagogía social y el problema español un problema pedagógico»63. Así, nuestro filósofo sigue los proyectos de Platón, Kant, Pestalozzi y Natorp que afirman la necesidad de educar al hombre para que adquiera una conciencia social y reconzca sus derechos y deberes en la sociedad. Según estos filósofos, moralizar al hombre implica socializarle, que resulta de aceptar las pautas y normas de comportamiento social y saber adaptarse a ellas. Como estableció Kant en su Tratado de Pedagogía: «un árbol que crece aislado en el campo, crece torcido y sus ramas se pierden, mientras que aquel que crece en medio del bosque, lo hace recto a causa de la resistencia que le oponen los demás árboles, y busca hacia arriba el aire y el sol»64.

53Ortega, se refiere también a la idea kantiana de «arquetipo del filósofo». Kant en sus cursos académicos hace una distincción entre «jugador de la razón» (Vernunfts Künstler o Lehler der Wissenschaft) y «guía de la razón» (Lehler der Weishiet o Führer der Vernunft). El primero, es filósofo quien especula y juega con las ideas para ampliar su conocimiento teórico. En cambio, el segundo, enseña al hombre a pensar y actuar de la manera autónoma y crítica, sin imponerle convicciones dogmáticas. La resonancia de esta distincción en Ortega se revela en su concepto de las minorías selectas, cuya misión consiste en orientar la vida de las masas.

  • 65 J. F. Lalcona, El idealismo político de Ortega y Gasset, Madrid, Edicusa, 1974, p. 322: «Pedagogía (...)

54Ortega interpreta las ideas kantianas desde la perspetiva de la pedagogía social de Natorp y destaca la relación mutua entre el individuo y la comunidad65.

55Ortega, como Natorp, considera la pedagogía como una ciencia subordinada a las leyes de la razón, cuyo objetivo consiste en elevar al homre a la altura del humanismo a través del proceso de educación. Por ello, rechaza todo mecanicismo pedagógico y señala el carácter ideal de educación que se le presenta como una tarea para realizar. Sin embargo, la realización de la idea de educación requiere una colaboración entre los individuos. Por tanto, Ortega critica los proyectos pedagógicos basados en los principios individualistas, que afirman la autosufíciencia y autarquía de los individuos y los sustituye por la idea natorpiana de pedagogía social.

  • 66 JOG, «La pedagogía social como programa político», OC, I, p. 94.

56En su conferencia de Bilbao, Ortega, destaca el carácter anticientífico de la pedagogía individual y critica su subjetivismo «oriendado a los caprichos y aspiraciones individuales»66. Insiste, como Natorp, que existe una dependiencia mutua entre el individuo y la comunidad, y que el hombre puede crecer sólo en la relación con otros.

  • 67 Ibid., p. 95.

La materia real concreta es siempre un compuesto. El elemento simple de que se compone la materia, el átomo, es una abstracción, no se pueda hallar en ninguna experiencia: sólo existe el átomo en unión con otros átomos. Del mismo modo, la realidad concreta humana es el individuo socializado, es decir, en comunidad con otros individuos: el individuo suelto, senero, absolutamente solitario, es el átomo social. Sólo existe real y concretamente la comunidad, la muchedumbre de individuos influyéndose mutuamente67.

  • 68 Ibíd., p. 90.

57Ortega, en su proyecto de la pedagogía social, pregunta ¿qué es la educación? y responde, refiriéndose a la etimología de los terminos latinos: educatio, eductio, que significan «un acto humano de transformar la realidad dada en el sentido de un ideal o una acción de sacar una cosa de otra, de convertir una cosa menos buena en otra mejor»68. La educación sirve para convertir al hombre, quien nativamente no es bondadoso, ni sabio, ni enérgico, en un tipo superior de la criatura humana, es decir, en un hombre ideal. Esta idea de origen kantiano, provoca que a través la educación «obtendremos de un individuo imperfecto un hombre cuyo pecho resplandece en irradiaciones virtuosas. […] ¡Tal es la divina operación educativa merced a la cual la idea, el verbo, se hace carne!».

  • 69 Ibid., p. 91.

58Ahora bien, este ideal se identifica con el incesante desarrollo moral del hombre, quien se hace consciente de su propia dignidad, de sus deberes sociales y del sentido de su labor para la cultura. «Como la física estatuye las leyes de la naturaleza, y luego en las técnicas particulares se aplican estas leyes a la fabricación, asi la pedagogía anticipa lo que el hombre debe ser, y después busca los instrumentos para hacer que el hombre llegue a ser lo que debe»69.

59Así, a la pedagogía orientada a los caprichos y gustos individuales opone Ortega una ciencia pedagógica que determina claramente los fines educativos y busca los instrumentos apropiados para lograrlos. En suma, en lugar de pedagogía individual, establece, como su maestro Natorp, pedagogía social.

60La idea orteguiana de la pedagogía social consiste en tres elementos que son: socializar la escuela, establecer una escuela laica y crear una teología social.

  • 70 Ibid., p. 99.
  • 71 Ibid., p. 98.
  • 72 Ibid., p. 99.
  • 73 Ibid.

61Respecto al primer elemento, Ortega define la sociedad como una cooperación entre los individuos. Sostiene, repitiendo las palabras de Natorp, que: «los miembros de la sociedad tienen que ser, antes que otra cosa, trabajadores»70 ya que la sociedad verdadera se funda en la unión del trabajo. Así, puede decir que «un grupo de hombres que trabajan en una obra común reciben en sus corazones, por reflexión, la unidad de esa obra, y nace en ellos la unanimidad»71. Para lograr tal comunión es preciso socializar al hombre. Por ello, afirma Ortega que: «en la sociedad no puede participar quien no trabaja» o sea, quien no aspira a producir la cultura. De tal manera, la socialización significa hacer del hombre «un trabajador en la magnífica tarea humana, en la cultura, donde cultura abarca todo, desde cavar la tierra hasta componer versos»72 Ortega sostiene que la conciencia cultural del hombre nace gracias a educación pero, al mismo tiempo, advierte que la educación es condicionada socialmente y, por ello, el trabajador «necesita tener conciencia viva del sentido de su labor. […] He aquí el valor ético de la pedagogía social: si todo individuo social ha de ser trabajador en la cultura, todo trabajador tiene derecho a que se le dote de la conciencia cultural»73.

  • 74 Ibid., p. 98.

62Para realizar el proyecto de la pedagogía social no basta con socializar al hombre, sino es necesario socializar la escuela. Por ello, Ortega pide la supresión de dos tipos de escuela: la escuela de los ricos y la escuela de los pobres. Considera que tal distincción es resultado de la opinión falsa de que los pobres son también pobres del espíritu. Además proclama la necesidad del acceso libre y gratuito a la escuela para todos. Cada individuo tiene derecho a la educación, ya que sólo la educación garantiza la actuación consciente para la cultura concebida como «labor, producción de las cosas humanas; es hacer ciencia, hacer moral, hacer arte»74.

  • 75 Ibid., p. 100.

63El segundo postulado de la pedagogía social de Ortega trata de la necesidad de realizar la idea de la escuela laica. Ortega afirma, como antes Kant y Natorp, que el fundamento de la posibilidad de establecer la sociedad «dentro de los límites de la mera razón» es eliminar de la escuela toda dogmática y, especialmente las dogmas de la Iglesia Católica como institución antisocial y desintegradora. Para Ortega la escuela laica debe ser fundada por el Estado, para el que «lo privado no existe, todo es público, popular y laico». Lo mismo dice sobre la moralidad que también tiene que ser pública. Por ello critica la moral privada que «no sirve para fundar, sostener, egrandecer y perpetuar ciudades; es una moral estéril y escrupulosa, maniática y subjetiva»75. Según nuestro filósofo, ya el término «la vida privada» no tiene buen sentido y se refiere al subjetivismo, egoísmo y la hipocresia. Así, Ortega considera la educación privada como anticientífica y reclama, como sus maestros neokantinos, la educación para todos, luchando por la escuela única, popular, común, nacional y obligatoria.

  • 76 I. Kant, Die Religion innerhalb der Grenzen der blossen Vernunft, (hrsg.) von Horst D. Brandt und H (...)

64El último postulado para realizar el proyecto de la pedagogía social es, para Ortega, la idea de teología social por la que se debe entender la necesidad de socializar la religión. Ortega, como Kant y Natorp, identifica religión con la idea de la humanidad y del derecho moral. Insisten que religión debe ser fundada dentro de los limites de la humanidad y subordinada a las leyes de la razón que es su único legislador. Así, la religion de lo transcendente, la religión dogmática se convierte en él en la ética de la razón práctica, de la voluntad pura y de la ciencia jurídica que determinan las relaciones sociales y garantizan la realización de las ideas de justicia y libertad76.

Conclusiones

65La primera etapa del pensamiento orteguiano brota de la tradición idealista que se abre a partir de Platón y que continuará en la época contemporánea con los represetantes de la escuela de Marburgo que hacen reinterpretación de su filosofía al vincularla con el transcendentalismo kantiano y con las ciencias fisico-matemáticas. La actitud que defienden es el idealismo lógico que antepone lo ideal respecto la realidad y trata esta última como un producto de la creatividad de la conciencia pura.

  • 77 JOG, Cartas…, op. cit., p. 551.

66El joven Ortega accepta la posición idealista de los marburgueses. Lo confirman tanto sus textos de esta época como las cartas enviadas desde Marburgo a su familia y a su novia Rosa Spottorno Topete. En una de ellas establece Ortega lo siguiente: «El descubrimiento de Galileo tiene un gran valor para nosotros: tú no sabes aún, pero ya sabrás que mi filosofía es suya: Platón Galileo, Descartes, Newton, Kant; ahí tienes las grandes estaciones de mi filosofía; todos ellos llevan dentro de sí el gran pensamiento: La realidad no existe, el Hombre la produce. La realidad no es lo que se ve, se oye, se palpa —sino lo que se piensa»77.

67La actitud idealista influye tanto en el pensamiento, como en la actuación política del joven Ortega. Le lleva a la consideración de que superar la decadencia de España requiere reformar la mentalidad de los españoles, dotarles de ideas científicas, morales y políticas. Es preciso culturalizarles para que creen de forma libre y racional una nueva realidad nacional.

  • 78 J. L. Abellán, Ortega y Gasset en la filosofía española, Madrid, Tecnos, 1966, p. 20.

68Ahora bien, para hacer de los españoles los seres conscientes, los seres humanos que son capaces de producir la cultura, es necesario despertar en ellos las emociones cosmopolitas. España, según Ortega, no puede recluirse en sí misma, no puede nutrirse de sí misma, sino que tiene que buscar su ideal, su sustancia, su alimentación en Europa, especialmente en Alemania. Por ello tiene razón José Luis Abellán cuando afirma que para Ortega «la solución era Europa en su moderna tradición racionalista y científica principalmente en su versión alemana. Su europeísmo es germanismo»78. Europa significa para Ortega «un principio de agresión metódica» que sirve para combatir al «achabacanamiento nacional». Así, resulta que España para extirpar toda imitación y todo exotismo tiene que europeizarse. «Europa —afirma Ortega— ha de salvarnos del extranjero». En este sentido, europeización significa establecer una cultura de ideas en general, cultura celtibérica en particular.

  • 79 JOG, op. cit., p. 551.

Hoy estamos afrancesados, anglizados, alemanizados: trozos exánimes de otras civilizaciones van siendo traídos a nuestro cuerpo por un fatal aluvión de inconsciencia. El hecho de que importemos más que exportamos es sólo la concreción comercial del hecho mucho más amplio y grave de nuestra extranjerización. Somos cisterna y debiéramos ser manantial. Tráennos productos de la cultura; pero la cultura, que es cultivo, que es trabajo, que es actividad personalísima y consciente, que no es cosa —microscopio, ferrocarril o ley—, queda fuera de nosotros. Seremos españoles cuando segreguemos al vibrar de nuestros nervios celtibéricas sustancias humanas, de significado universal —mecánica, economía, democracia y emociones trascendentes79.

  • 80 JOG, «La idea de Platón», OC, VII, p. 230.
  • 81 JOG, «Adán en el Paraíso», OC, II: 70.

69La realidad verdadera es, pues, la realidad ideal. Por ello, el mundo que experimentamos en nuestra vida cotidiana, es el mundo de doxa que debe copiar y, con ello participar en el mundo de las ideas –en el sentido platónico de la palabra. Para Platón, como luego para los marbuergueses y para el joven Ortega, idea es una «hipótesis», es decir «fundamentación, verbo-construcción» que engendra los objetos80. De tal forma que Ortega identifica el idealismo verdadero con el realismo, puesto que, como afirma: «El verdadero idealista no copia […] las ingenuas vaguedades que cruzan su cerebro, sino que se hunde ardientemente en el caos de las supuestas realidades y busca entre ellas un principio de orientación para dominarlas, para apoderarse fortísimamente de la res, de las cosas, que son su única preocupación y su única musa El idealismo verdaderamente habría de llamarse realismo»81.

70Ahora bien, en el contexto del idealismo platónico y marburgués que en el que está inmerso el joven Ortega aparece su idea de la «política de realización» que antepone las ideas sobre la realidad e indica cómo deben ser las cosas. Nuestro filósofo está convencido de que las ideas sirven como un instrumento mental para crear y construir las realidades concretas y hacerlas inteligibles. Considera que sin ellas, no es posible entender el mundo, puesto que las ideas lo ordenan, lo racionalizan y dotan de sentido. De tal forma que la realidad es para la política un material y las cosas no son sus fines o aspiraciones, sino medios que la política utiliza para articularse a sí misma. Su meta es, pues, la idea y no la realidad.

  • 82 P. Natorp, Kant y la escuela de Marburgo, trad. Miguel Bueno, México, UNAM, 1956, p. 62.

71Sin embargo, la idea no es algo que podemos experimentar en la vida cotidiana; es como un horizonte que contínuamente se nos escapa. Por ello, realizarla no implica lograr un fin concreto concebido como una cosa, sino significa la apertura a los problemas infínitos; implica ser abierto y dispuesto a participar en el proceso perenne del desarrolo de la humanidad. En efecto, la política de realización rechaza toda teleología metafísica con su idea de la «finalidad definitiva», y se basa en la filosofía de Kant y sus sucesores que sostienen que la única realidad definitiva no es una cosa, sino una idea: «Kant nos ha disciplinado y ya no caemos en la ruda metafísica de las causas finales, de un fin último que sea una cosa. Esa realidad definitiva es... una Idea». En suma, la política de realización de Ortega refleja las palabras de Natorp, quien en su texto Kant y la escuela de Marburgo estableció que «el camino es todo; la meta, nada»82.

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Notes

1 Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación: Idea polityki realizacji w ujęciu José Ortegi y Gasseta; Narodowe Centrum Nauki, «Opus 10» , n° 2015/19/B/HS1/01010. Forma parte de mi tesis doctoral Del idealismo al realismo crítico. La política como realización en José Ortega Y Gasset, Universidad de Alicante, 29 de septiembre de 2017.

2 M. García Morente, «Carta a un amigo: evolución filosófica de Ortega y Gasset», El Sol, 8 de marzo de 1936; Revista de Estudios Orteguianos, Madrid, n°16-17, 2008, p. 275.

3 M. Menéndez Alzamora, La Generación del 14. Una aventura intelectual, Madrid: Siglo XXI, p. 65-66. Véase también P. Aubert, «L’écriture du désastre: discours sur la décadence et projets de régénération nationale en Espagne (1890-1914)», en P. Aubert (dir.), Crise espagnole et renouveau idéologique et culturel en Méditerranée (fin XIXe -début XXe siècle), Aix-en-Provence, Publications de l’Université de Provence, 2006, p. 201-232.

4 J. Ortega y Gasset, «Prólogo para alemanes», Obras Completas, Madrid, Fundación José Ortega y Gasset & Taurus, 2004-2010, t. IX, p. 126 (De ahora en adelante JOG y OC e indicación del tomo en números romanos).

5 Según Pedro Cerezo Galán en la primera etapa del pensamiento orteguiano, que denomina «idealismo ético», la cultura que Ortega intenta arraigar en España se presenta como el régimen de la libertad y como la realidad verderamente humana (La voluntad de aventura, Madrid, Biblioteca Nueva/Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, 2011, p. 21.

6 Para Kant «el hombre es la única criatura que requiere educación. Entendemos por educación los cuidados, (asistencia, manutención), la disciplina y la instrucción juntamente con la cultura» (Tratado de Pedagogía, Bogotá, ed. Rosaristas, 1985, p. 1).

7 D. Leszczyna, José Ortegi y Gasseta studia na niemieckich uniwersytetach, Kraków: Aureus, 2012, p. 1-86.

8 J. Ortega y Gasset, «Canto a los muertos,a los deberes y a los ideales», OC, I, p. 106-107.

9 H. Holzhey, «Neokantianismus und sozialismus. Einleitung», en Etischer Sozialismus. Zur politischen Philosophie des Neokantianismus, (hrsg.) Frankfurt am Main, Von H. Holzhey, 1994, p. 5-15.

10 Esta afirmación aparece también en Cohen, System der Philosophie. Theil 2: Ethik des reinen Willens, Berlin, Bruno Casirrer, 1904, p. 279.

11 María Socorro González Gardón, «La filosofía política del joven Ortega desde el neokantismo de Marburgo», Cuadernos Salmantinos de Filosofía, no 8, 1981, p. 224.

12 Sobre la presencia de Platón y Kant en la ética y pedagogía marburguesa, Siergiej Hassen «Paul Natorp», Russkaja Szkoła za Rubieżom, no 10-11,1924, p. 1-8.

13 I. Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, trad. de M. García Morente, Madrid, Espasa Calpe, 1983, p. 82-83.

14 Véase K.-H. Lembeck, Platon in Marburg. Platon-Rezeption und Philosophiegeschichtsphilosophie bei Cohen und Natorp, Würzburg: Königshausen und Neumann, 1994.

15 Gloria Pérez Serrano la denomina la pedagogía social de Natorp como «pedagogía idealista» puesto que brota de las ideas epostemológicas de la escuela de Marburgo y utiliza su metodo apriorístico-deductivo («Origen y evolución de la pedagogía social», Pedagogía social. Revista Interuniversitaria, no 9, 2002, p. 207-20; S. Hassen, art.cit., 1924, p 1).

16 P. Natorp, La pedagogía social: teoría de la educación de la voluntad sobre la base de la comunidad, trad. Ángel Sánchez Rivero, Madrid, ed. de La Lectura, 1913, p. 97.

17 Véase S. Hassen, «Paul Natorp», art. cit., p. 4-5.

18 Gloria Pérez Serrano: «La Pedagogía Social no subordina la educación como medio a los fines de la economía y del orden jurídico y político, sino, más bien, considera éstos como medios para conseguir el fin último e ideal de la educación» ( «Origen y evolución de la pedagogía social», art. cit., p. 208).

19 P. Natorp, La pedagogía social: teoría de la educación de la voluntad sobre la base de la comunidad, op. cit., p. 134.

20 P. Cerezo Galán: «La cultura como ilustración desembocan así, a través de la mediación neokantiana, en la cultura como socialismo, o en el socialismo en cuanto cultura. La educación no es más que socialización del hombre conforme a los ideales modernos de la libertad, de la justicia y solidaridad» (José Ortega y Gasset y la razón práctica, op. cit., p. 302). Véase también sobre el socialismo en Ortega Ángel Peris Suay, «El socialismo en el pensamiento político de Ortega y Gasset», Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XIX, no1, 2014, p. 47-64.

21 Ángel Peris Suay: «Para Ortega en sus primeros escritos políticos, liberalismo cultural significa socialismo. Se entremezclan en esta primera propuesta y se convertirá en una constante, la concepción estrictamente política, al entender el socialismo como una superación de las libertades que propone el liberalismo y, a la vez, por otro lado pero de un modo fundamental y primigenio, una dimensión sociológica que interpreta el socialismo como un instrumento de socialización o educación social. Sin embargo la defensa explícita de un liberalismo socialista va unida a una fuerte crítica a cuatro rasgos fundamentales del socialismo marxista: el materialismo, el internacionalismo, la lucha de clases y el obrerismo y falta de intelectualidad del socialismo español» (Ibíd., p. 49). También Carvajal Cordón: «Una manera sola se nos alcanza de afrontar esta cuestión: aristar debidamente los conceptos de socialismo y liberalismo, y analizar su modo de articulación en el seno de la actividad política tal como la entiende Ortega. En efecto, sospechamos que es justamente el modo en que Ortega entiende la política, como una actividad rica y compleja, lo que permitirá esa articulación de dos doctrinas –liberalismo y socialismo–, a primera vista contrapuestas e incompatibles en un mismo proyecto político». («Liberalismo y socialismo en el pensamiento político de Ortega», en Atilano Domínguez, Jacobo Muñoz y Jaime de Salas, coords., El primado de la vida. (Cultura, estética y política en Ortega y Gasset), Universidad de Castilla-La Mancha, 1997, p. 79).

22 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 142.

23 Véase P. Aubert, La frustation de l’intellectuel libéral (Espagne 1898-1939), Cabris, Sulliver, 2010.

24 JOG, «La reforma liberal», OC,I, p.143.

25 Gonzalo Vázquez Gómez, «Perspectiva orteguiana de la pedagogía», Theorema, vol. 13, no. 3-4, 1983, p. 523-542. Véanse también los textos de Jesús Herrero, «La pedagogía de Ortega y Gasset», Arbor, no 85, 1973, p. 31-53; de Thomas Mermall, «El paisaje pedagógico de Ortega», Aporía, no 6, 1983-1984), p. 109-123 o de J. Almeida, «Las ideas pedagógicas de Ortega», Cuenta y razón, no 14, 1983, p. 69-86.

26 JOG, «La Universidad española y la Universidad alemana», OC, I, p. 63.

27 Ibid., p. 64.

28 Ibid., p. 63.

29 Ibid., p. 64.

30 Ibid., p. 63.

31 JOG, «La conservación de la cultura», OC, I, p. 150.

32 JOG, Ibid., p. 152.

33 JOG, «Sobre los estudios clásicos», OC, I, p. 118; Alfonso García Nuño, El carácter salvífico de la cultura en Ortega y Gasset (1907-1914), Madrid, Ed. San Dámaso, 2014, p. 47.

34 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p.143.

35 Julio Almeida, «Las ideas pedagógicas de Ortega», Cuenta y razón, Madrid, no 14, 1983, p. 69-86.

36 JOG, «La conservación de la cultura», OC, I, p. 148.

37 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 146.

38 JOG Cartas de un joven español, Madrid, El Arquero, 1991, p. 271.

39 Domingo Hernández Sánchez: «La misión del liberalismo, teniendo claro que Ortega, como él mismo insiste en recalcar, mantiene intenciones que no son de política, sino de Política, consiste en traer esas ideas, esos ideales morales, políticos, que conducen a emociones universales y cosmopolitas» (Estética de la limitación. La recepción de Hegel por Ortega y Gasset, Salamanca, Univ. de Salamanca, 2000, p. 46).

40 JOG, Ibid.

41 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 146.

42 JOG, «La conservación de la cultura», OC, I, p. 149.

43 JOG, Ibid., p. 150.

44 Tal y como escribe Domingo Hernández Sánchez respecto al liberalismo del joven Ortega: «Se trata del ideal moral, el ideal que falta a España: España carece de ideas políticas, y esas ideas son necesarias. El problema es que si no se aceptan, en general, las ideas como tales, difícilmente serán aceptadas sus concreciones, sus realizaciones. […] España no tenía ideas políticas, y el papel del liberalismo era justamente dárselas» (op.cit., p. 45).

45 JOG, «La reforma liberal», OC, I, p. 146.

46 JOG, Ibíd., p. 145.

47 «Más que liberalizar al socialismo, leemos en “Razón vital y liberalismo”, lo que se propone Ortega es socializar o dar sentido sentido barismo verbal al liberalismo. No es un malabarismo verbal. La primacía del radical liberal, por más hondo y permanente, se basa en que la libertad es para Ortega, antes que derecho u orden político, la forma misma de la virtud cívica. Si, pues, la libertad se había hecho socialista (X, 46), tenía que seguir siendo esencialmente libertad» (P. Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la razón práctica, op. cit., p. 279).

48 JOG, Cartas…, op.cit., p. 476.

49 JOG, «Reforma de carácter, no reforma de costumbres», OC, I, p. 114.

50 JOG, Cartas…, op.cit., p. 570.

51 «El socialismo español ha llegado a plena existencia sin la intervención de intelectuales [...], es innegable que un día fue el intelecto europeo socialista. Ese día pasó; hoy ya es tarde: el intelecto ya no es hoy simplemente socialista. Es socialista y algunas cosas más. Ahora bien; el partido no puede, por ahora, aceptar a quien no reduzca su interpretación histórica y política del mundo al socialismo. He aquí que gentes que somos también socialistas no podemos pertenecer a ese partido» (JOG, «Miscelánea socialista», OC, I, p. 564); A. de Haro Honrubia, «El pensamiento político de José Ortega y Gasset», art. cit., p. 480.

52 «Aparte del neokantismo –sin olvidar las referencias de Ortega al socialismo español representado en la figura de Pablo Iglesias–, existen otros dos movimientos que influyen, aunque en menor medida, en la configuración del socialismo ético orteguiano: el fabianismo anglosajón y la socialdemocracia alemana o el socialismo nacional/nacionalizador y democrático alemán de Fernando Lasalle». (A. de Haro y Honrubia, Ibid.)

53 JOG, «La ciencia y la religión como problemas políticos», OC, VII, p. 131.

54 Ibid.

55 Ibid., p.135.

56 JOG, Ibid.; P.Cerezo Galán, José Ortega y Gasset y la razón práctica, op. cit., p. 303-308.

57 I. Kant, 1985, p. 2.

58 P. Natorp, Sozialpadagogik. Theorie der Willenserziehung auf der Grundlage der Gemeinschaft, t. III, Organisation und Methode der Willensrziehung, § 21, op. cit., p. 203-213, 254-259.

59 Ibid., p. 136.

60 JOG, «La cuestión moral», OC, I, p. 211.

61 JOG, «Asamblea para el progreso de las ciencias», OC, I, p. 186.

62 JOG, «La ciencia y la religión como problemas políticos», OC, VII, p. 136.

63 JOG, «La pedagogía social como programa político», OC, I, p. 97.

64 I. Kant, Tratado de Pedagogía, op. cit., p. 6-7.

65 J. F. Lalcona, El idealismo político de Ortega y Gasset, Madrid, Edicusa, 1974, p. 322: «Pedagogía social no es la educación del individuo aislado, sino la del hombre que vive en la comunidad, educación que la comunidad hace y que hace a la comunidad, porque su fin no es sólo el individuo (de aquí la idea orteguiana «yo soy yo y mi circunstancia» sólo hay un paso)».

66 JOG, «La pedagogía social como programa político», OC, I, p. 94.

67 Ibid., p. 95.

68 Ibíd., p. 90.

69 Ibid., p. 91.

70 Ibid., p. 99.

71 Ibid., p. 98.

72 Ibid., p. 99.

73 Ibid.

74 Ibid., p. 98.

75 Ibid., p. 100.

76 I. Kant, Die Religion innerhalb der Grenzen der blossen Vernunft, (hrsg.) von Horst D. Brandt und Heiner F. Klemme, Hamburg, Meiner, 2003.

77 JOG, Cartas…, op. cit., p. 551.

78 J. L. Abellán, Ortega y Gasset en la filosofía española, Madrid, Tecnos, 1966, p. 20.

79 JOG, op. cit., p. 551.

80 JOG, «La idea de Platón», OC, VII, p. 230.

81 JOG, «Adán en el Paraíso», OC, II: 70.

82 P. Natorp, Kant y la escuela de Marburgo, trad. Miguel Bueno, México, UNAM, 1956, p. 62.

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Pour citer cet article

Référence papier

Dorota Leszczyna, « Las fuentes filosóficas del pensamiento político del joven José Ortega y Gasset: la ética, pedagogía y el socialismo idealista de la escuela de Marburgo », Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne, 53 | 2019, 227-246.

Référence électronique

Dorota Leszczyna, « Las fuentes filosóficas del pensamiento político del joven José Ortega y Gasset: la ética, pedagogía y el socialismo idealista de la escuela de Marburgo », Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne [En ligne], 53 | 2019, mis en ligne le 30 septembre 2020, consulté le 10 octobre 2026. URL : http://journals.openedition.org/bhce/4190 ; DOI : https://doi.org/10.4000/bhce.4190

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Auteur

Dorota Leszczyna

Universidad de Wroclaw

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CC-BY-4.0

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