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Estudios

De represor a represaliado. Las fechas de sangre de Modesto de Lara y Molina |Ladera]: 1909, 1917, 1936 y 1939*

Répresseur et réprimé. Les dates sanglantes de Modesto de Lara y Molina [Ladera] : 1909, 1917, 1936 et 1939
Repressor and repressed. The bloody dates of Modesto de Lara y Molina [Ladera]: 1909 1909, 1917, 1936 and 1939
Josep Pich Mitjana, David Martínez Fiol et Juan Pastrana Piñero
p. 247-258

Résumés

L’objet de cet article est d’étudier quatre événements majeurs de l’histoire de l’Espagne contemporaine : l’insurrection de juillet 1909, la grève générale révolutionnaire de 1917, le soulèvement militaire de 1936 et la répression des vaincus de la Guerre civile à travers la biographie du lieutenant colonel de la Guardia Civil Modesto de Lara Molina. Celui-ci naquit à Séville, en 1881, et fit une carrière militaire dans la Guardia Civil. Ce qui le conduisit à prendre part à la répression de l’insurrection de 1909, en jouant un rôle important dans l’arrestation et le procès de Ferrer y Guardia. Par la suite, et pendant une période assez longue, il fut professeur à l’Ecole des Guardias Jóvenes, d’où il fut le témoin de la grève générale révolutionnaire de 1917. Il eut à nouveau un rôle important dans l’échec de la rébellion du 19 juillet 1939 à Barcelone. Finalement, il se rendit aux vainqueurs de la Guerre Civile qui le poursuivirent, le jugèrent et le condamnèrent à mort pour rébellion militaire, donnant ainsi l’exemple d’une justice à l’envers.

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Texte intégral

  • * * Este artículo forma parte del proyecto colectivo de investigación: «“Fisión”» y “Fusión” estatale (...)
  • 1 D. López Garrido, La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista, Madrid, Alianza, 1982. G. (...)
  • 2 D. Arasa, Entre la cruz y la República. Vida y muerte del general Escobar, Barcelona, Styria, 2008.

1En contraste con las numerosas biografías sobre los principales jefes del ejército, así como de los líderes obreros o los de dirigentes republicanos, la historiografía que ha estudiado la actuación de la Guardia Civil1, desde la perspectiva de sus propios miembros2 es escasa. En especial, la referida a aquellos acontecimientos tan trascendentales en la historia española del siglo XX como la revolución de julio de 1909, la asamblea de parlamentarios y la huelga revolucionaria de 1917, el alzamiento y revolución de 1936 y, una vez acabada la Guerra Civil, la represión de los jefes del instituto armado que se mantuvieron fieles al gobierno republicano.

«Un entusiasta del Ejército, un devoto de la Guardia Civil»

  • 3 P. Ruiz Torres e I. Burdiel, «Las repercusiones de los cambios culturales de la modernidad en el mo (...)

2Este artículo analiza el itinerario biográfico del oficial de la Guardia Civil, Modesto de Lara Molina, que permite abordar desde un punto de vista diferente algunos de los principales sucesos de la historia española del primer tercio del siglo XX, desde la óptica corporativa, profesional y política de un mando de la Guardia Civil. La biografía, sin duda, puede ser una vía útil de análisis histórico, matizando que un individuo no puede explicar completamente por sí mismo la evolución de una institución, de la misma manera que ésta no explica plenamente las trayectorias individuales de sus miembros.3

  • 4 Ladera [M. de Lara y Molina], Fechas de sangre. Dos semanas de anarquía en España. Historia, coment (...)

3Modesto de Lara Molina fue un militar de carrera nacido en Sevilla, el 30 de julio de 1881. En 1904, cuando era segundo teniente de infantería, solicitó el ingreso en la Guardia Civil, siendo destinado al tercer tercio de la comandancia de Barcelona, donde residió hasta 1910, lo que implicó su participación en las acciones represivas que las fuerzas de orden público efectuaron contra la revolución republicana y anticlerical de julio de 1909, que él mismo calificó como fecha de sangre. En ese mismo año, Modesto de Lara era primer teniente de la Guardia Civil y contrajo matrimonio con Concepción Bonnin Casals4.

4En 1910, fue nombrado profesor del colegio de Guardias Jóvenes, dónde impartió las asignaturas de gramática española, francés, contabilidad, geografía, historia y materias jurídicas. Esta actividad intelectual se reflejó en sus publicaciones: Humanidad y deber de 1903, reeditado en 1909 y en 1910; Contabilidad y prácticas mercantiles de 1913, y su libro sobre las Fechas de sangre de 1917. Colaboró en publicaciones como La Correspondencia Militar o Revista Técnica de la Guardia Civil. También participó en diversas comisiones corporativas técnicas, como la que, en 1920, reorganizó las demarcaciones territoriales y las plantillas de los tercios.

  • 5 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la Guàrdia Civil (1939), Barcelona, Pòrtic, 2001, p. 141-145.
  • 6 Ladera [M. de Lara y Molina], Fechas de sangre…, op. cit., p.322.

5En 1921, fue destinado a la Dirección General de Seguridad, donde sirvió a las órdenes del general Mola. Con la proclamación de la II República fue enviado primero a Lugo y, posteriormente, le nombraron comandante del 22º tercio, situado en Guadalajara. Después de la reorganización del cuerpo lo destinaron a la Inspección General de la Guardia Civil. En julio de 1934, alcanzó la graduación de teniente coronel, y en 1936 lo volvieron a enviar a Barcelona. Durante la rebelión de julio de 1936 se mantuvo fiel al gobierno republicano. En enero de 1939, se entregó a las autoridades nacionales, siendo juzgado en la Causa 1/39 de la Auditoría de Guerra de Barcelona, y condenado a muerte.5 Su ejecución por los franquistas contrastaba, paradójica y trágicamente, con la imagen que tenía de si mismo, como «un amante del orden, un entusiasta del Ejército, un devoto de la Guardia Civil»6.

La primera semana sangrienta. Barcelona, julio, 1909

  • 7 J. Benet, Maragall i la Setmana Tràgica, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 1963; J. C. Ullman (...)
  • 8 P. G. Romero, La Setmana Tràgica: F.X, sobre el fi de l'art, F.X. sobre la fi de l'art, Barcelona, (...)
  • 9 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 8-9.

6La revolución de julio de 1909 ha sido detalladamente estudiada, tanto por la historiografía clásica7, como por trabajos más recientes8. La semana que va del 26 de julio al 1 de agosto de 1909 fue una experiencia fundamental para los que la vivieron. También para el entonces teniente primero de la Guardia Civil Modesto de Lara, el cual narró sus vivencias y percepciones de lo acontecido utilizando el pseudónimo Ladera, con la pretensión de que su libro describiese «pedazos de realidad»9.

  • 10 Ibid., p. 11-182; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.4, op. cit., p. 31-42.

7En sus recuerdos de 1909 nos relata sus causas, la chispa incendiaria, el caos generado por la huelga general en contra de la guerra en los alrededores de Melilla, la situación del conflicto bélico con los rifeños, la actividad de los revolucionarios, el movimiento anticlerical, la magnitud de la rebelión en Sabadell y la represión sobre los que participaron en aquel movimiento revolucionario. No obstante, lo más interesante son sus recuerdos personales de aquellos intensos días. En éstos se puede percibir un cierto tono vengativo y una narrativa del desprecio contra los insurrectos, motivada posiblemente por la muerte combatiendo a los revolucionarios del teniente de la Guardia Civil Gabaldón, de la misma promoción que Lara. Probablemente, conocía a los guardias civiles que fueron asediados en la estación de ferrocarriles de Sabadell y participó muy activamente en la represión y captura de los revolucionarios. Asegurando que pusieron a «disposición de la autoridad militar a cuantos tomaron parte activa en la rebelión, para que purgasen sus delitos». Consideraba un honor haber contribuido «con sus servicios al esclarecimiento de cuanto ocurrió en julio de 1909»10.

  • 11 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 105-108, 110, 134 y 139. Sobre la represión véase J. C. Ull (...)

8La mayor parte de los líderes revolucionarios pudieron huir conscientes de «su estado fuera de ley», pero «el triste rebaño de los sin voluntad y sin cultura, quedaron en sus casas, temerosos de lo que hicieron, asustados, escondidos, creyendo que así burlarían la investigación judicial». Hubo un alud de delaciones, la mayoría por intereses personales, hasta el punto que Lara aseguraba que era «bochornoso, lector. Daba asco». Recordaba que cuando los detenían «lloraban, como mujerzuelas, por sus hijos, por su hogar, sin acordarse de que ellos, villana y traidoramente, desenfilados, tiraron a mansalva contra guardias civiles, que también tienen hijos y hogares…» El abundante número de detenidos provocó que todos los centros penitenciarios de Barcelona estuviesen repletos de presos11.

  • 12 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 105-107, 111-113, 124-134 y 139.
  • 13 M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 205-211.

9Los guardias civiles se habituaron a los traslados de presos, en los que llegaron a custodiar a unos sesenta presos de todas las edades y tipologías, desde el «quincenario descarado» al «apache señorito que nos ha importado Francia», pasando por republicanos, ácratas y pilluelos. Era especialmente crítico con el «ácrata, un sin instintos, un preconizador del atentado personal artero». En su relato sobre los traslados implícitamente resaltaba, para replicar el discurso filo revolucionario, que no aplicaron la ley de fugas, ya que los guardias civiles habrían actuado como una: «Asociación de Hermanos de la Paz y Caridad Armados. Absolutamente imposible que, sin caer en tibieza, pueda darse un trato más considerado y humano». A pesar de la anterior afirmación, Lara reconocía que los sediciosos tenían pánico a la jurisdicción militar y a la benemérita, aunque ésta habría bordado su actividad de policía judicial. Desde su perspectiva, serían temores infundados, ya que los tribunales militares estarían integrados por: «caballeros generales, jefes u oficiales, que no tienen otra norma ni ajustan sus providencias más que al honor, y es honor, por tanto, para los que siguen la carrera de las armas, fallar y resolver lo que proceda en consciencia, sin atender a supuestas presiones»,12 ofreciendo una visión sumamente corporativa de la Guardia Civil. De hecho, la persecución de los que participaron en la revolución de 1909 reforzó la imagen represiva que acompañó a las fuerzas de orden público españolas, a lo largo de buena parte del siglo XX. No obstante, estos sucesos ayudaron a impulsar la modernización de la policía española13.

  • 14 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 140-153 y 165-167. S. A., Causa contra Francisco Ferrer Gua (...)

10Modesto de Lara intervino activamente en la persecución, detención y enjuiciamiento del líder revolucionario Francisco Ferrer y Guardia; un hecho que marcó su trayectoria profesional. Instruyó el atestado de la detención de Ferrer en Premià, y participó en la causa en contra del pedagogo libertario, testificando en su contra. Lara, desde una posición radicalmente corporativa, aseguraba que le habrían juzgado con una: «imparcialidad tal, que debe servir de orgullo. La multiplicidad de distintas actuaciones constituyeron prueba irrecusable que llevó al ánimo de los jueces sentenciar con arreglo a los dictados de su conciencia, sin la menor duda de ligereza en las apreciaciones de los hechos y con la absoluta seguridad de la culpabilidad de aquel desgraciado»14.

  • 15 L. Bonafulla [J. B. Esteve], La Revolución de julio, Barcelona, Taberner, 1910, p. 131-175; W. Arch (...)
  • 16 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 112, 128-129 y 140.

11Su criterio sobre la supuesta imparcialidad del juicio en que condenaron a muerte a Ferrer y Guardia, no fue compartido ni por sus coetáneos ni por los estudios historiográficos recientes.15 No obstante, como representante de las fuerzas y sectores de orden de la sociedad catalana del momento, Lara no dudó en calificar como modélicos los juicios de los tribunales militares, hasta el punto que «jamás, en ocasión alguna, se habrán juzgado reos en mayores condiciones de imparcialidad. Los procesados estuvieron defendidos competentísimamente; acusados sin saña; juzgados con nobleza. Defensores, fiscales y jueces tienen por norma el honor». En estos juicios hubo diversas condenas a muerte de las que cinco fueron llevadas a término, encargándose la Guardia Civil de conducir a los reos hasta el pelotón de ejecución. Lara recordaba que en estas conducciones intentaban «consolar y animar a los desgraciados» que estaban abatidísimos. Cuando llegaba el momento de la ejecución «se entregaban, los más, a manifestaciones de dolor, tan absolutamente sinceras y desgarradoras, que eran capaces, lector, de conmover lo inconmovible»16.

  • 17 Ibid., p. 128-131 y 140.

12De las cinco ejecuciones, para los guardias civiles fue especialmente dura la de Eugenio del Hoyo, guardia de seguridad y exmiembro de la Guardia Civil, que había sido condenado a muerte por haber disparado contra el ejército y las fuerzas de orden público, es decir, fue sentenciado por ser uno de los francotiradores conocidos popularmente como pacos. Los guardias civiles que le condujeron al pelotón de ejecución le conocían. El propio de Lara exponía que Eugenio del Hoyo tenía una hija de cuatro años, que describía como una preciosa chiquilla, además de manifestar que: «hubo, [porque] somos hermanos, la palpable demostración de que aquel buen hombre fue un ser desgraciado, un desequilibrado y tontón, incapaz de recibir el honor [sic.] de ser fusilado, que porque la fuerza pública le mató a una gallina que tenía en el balcón –su disculpa y eximente según él- disparaba y atentaba contra sus dos veces compañeros»17.

  • 18 Ibid., p. 168-173; J. Avilés Farré, Francisco Ferrer y Guardia. Pedagogo, anarquista y mártir, Madr (...)
  • 19 F. Soldevilla, El año político. 1909, Madrid, Imp. Ricardo Rojas, 1910, p. 363-370, 377-379 y 394-3 (...)
  • 20 P. Solà i Gussinyer, Pere, «El caso Ferrer y Guardia», en A. Moliner (ed.), La Semana trágica…, op. (...)

13Lara también presenció la ejecución de Ferrer y Guardia. Aseguraba que: «cuando lo fusilaron, fue todo un hombre, aunque su vida, y para su nación, fuese perverso, fatal»18. La alabanza de la muerte de Ferrer por parte de Lara podría implicar dignificar, en apariencia, la propia actuación de las autoridades, ya que daba un punto de humanidad a la Guardia Civil y a su actuación represiva. Sin embargo, la ejecución del pedagogo y revolucionario no fue entendida de esta forma por algunos gobiernos y la opinión pública progresista europea, ya que vieron en el proceso y ajusticiamiento de Ferrer un crimen de estado. Por esta razón se inició una protesta internacional sin precedentes en contra del Gobierno conservador de Antonio Maura19. A pesar de las apreciaciones justificativas de Lara, el mito de la España negra se reafirmó, mientras que los impulsores de las protestas convirtieron al revolucionario y pedagogo racionalista en un mártir del librepensamiento20.

  • 21 J. Avilés Farré, Francisco Ferrer…, op. cit., p. 206-210.
  • 22 M. de Lara y Molina, «España ante el extranjero. Adhesiones a nuestra protesta», ABC, 5 de noviembr (...)

14Torcuato Luca de Tena, desde el ABC, inició una «patriótica campaña contra la infame protesta de las naciones extranjeras en favor de un cobarde»21. Lara encabezó al grupo de militares destinados en Barcelona que se solidarizó con la campaña del ABC, ya que: «Su hermoso telegrama de protesta por las patrañas extranjeras nos asombró por la intensidad de amor patrio que revela, debiendo caberle el orgullo de haber sido el portavoz de los infinitos españoles amantes de su patria, de la justicia y la verdad»22.

  • 23 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 142.

15En la lógica del gobierno español, sus fuerzas armadas y de orden público actuaron defendiendo la legalidad vigente en aquellos momentos. En consecuencia, la actuación de Lara durante la revolución de 1909 fue recompensada, en 1910, con la Cruz de primera clase del mérito militar, otorgada por acciones, hechos o servicios de destacado mérito. También fue condecorado con la medalla de plata del centenario de Puente Sampayo, con la medalla de plata en conmemoración del primer centenario del sitio de Girona, y con el nombramiento de caballero de la Real Orden de Isabel la católica en reconocimiento a los servicios en beneficio del país23.

  • 24 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «L'exèrcit espanyol i el fet català, 1898-1939», L'Avenç, nº 1 (...)

16En último término, podemos destacar que la versión de Lara sobre los acontecimientos de julio de 1909 recogía todos los tópicos del estamento militar sobre una Barcelona identificada como la «Rosa de Fuego», en la que los rivales de la Guardia Civil y del Ejército eran los anarquistas y los catalanistas24.

La huelga general revolucionaria de 1917

  • 25 Arno J. Mayer, La persistencia del Antiguo Régimen. Europa hasta la Gran Guerra, Madrid, Alianza Ed (...)

17La revolución de julio de 1909 debe enmarcarse en un contexto internacional marcado por una dinámica revolucionaria mundial que afectó a Rusia (1905), Turquía (1908), Portugal (1909-1910), Grecia (1910), México (1910-1914) o China (1911); unas revoluciones que cuestionaban, en palabras de Arno J. Mayer, el Antiguo Régimen, para dar paso a un nuevo orden político democrático, republicano o, incluso, socialista. La propia Gran Guerra se vivió como una gran sacudida que acabaría con los sistemas políticos caducos e impulsaría una nueva sociedad basada en los valores del republicanismo. En 1917, nuevamente Rusia y España surgieron movimientos revolucionarios que se concretaron en el establecimiento de una República en la primera y en el inicio de un proceso fallido de reforma en la segunda25.

  • 26 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 183.
  • 27 S. A., Renovación o revolución. Historia política documentada de un periodo. Junio a octubre 1917, (...)
  • 28 A. Saborit, La Huelga de agosto de 1917. Apuntes históricos, México, D.F., Pablo Iglesias, 1967. J. (...)

18Cuando se inició el movimiento revolucionario de 1917, Lara decidió publicar sus recuerdos de 1909 y sus reflexiones sobre la huelga general revolucionaria. El entonces profesor del colegio de Guardias Jóvenes, en Madrid, aseguraba que: «No escribo para el hoy, escribo para el mañana». Su objetivo era que fuese un «relato fiel» para que las generaciones venideras conociesen las «turbulencias más importantes que pasó España al mismo tiempo que el mundo ardía en desoladora guerra…»26. Muchos coetáneos de aquel acontecimiento fueron conscientes de su magnitud histórica,27, y hay una considerable producción historiográfica sobre una de las principales crisis del sistema político de la Restauración española28.

  • 29 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 191-224.
  • 30 R. M. Carden, German policy toward neutral Spain in World War I, 1914-1918, Alburquerque, New Mexic (...)

19El paro de los ferroviarios fue el desencadenante, aunque no era esa la voluntad del Comité de huelga. Circularon múltiples versiones sobre las causas del estallido de la huelga general revolucionaria, algunas tan peregrinas como que la impulsaron especuladores bursátiles, o las potencias implicadas en la primera Guerra Mundial. Los comentarios que más indignaron a Lara fueron los que aseguraban que estuvo «preparada por el Gobierno… ¡Parece mentira que tengáis ojos en la cara! Azí; habiéndola sofocao, tié vida. (Oído por mi)» y ante la supuesta implicación del imperio alemán, la réplica habría sido: «Alemania vencida… ¡No hay quién! (…) Ella es muy grande; nosotros no somos nadie… (Así oí hablar a un español.)» Sobre la posibilidad que los impulsores fuesen los británicos escuchó decir que: «Inglaterra es demasiado grande para idear cosas tan pequeñas. No le conviene. Es amiga nuestra. ¡Quién fuera inglés! (Otro español.)»29 Las potencias de la Entente nunca estuvieron detrás de la huelga general, ya que les preocupaba la posibilidad que España pasase a ser una república filogermánica.30

  • 31 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 183-191 y 224-225. Para la Asamblea de Parlamentarios, D. M (...)

20Lara situaba el origen del paro ferroviario en el acuerdo para convocar una huelga general revolucionaria por «tiempo indefinido hasta dar al traste con esta situación» por parte de la dirección del PSOE, en su reunión del 27 de marzo de 1917, en la Casa del Pueblo de Madrid. Por tanto, se trataría de un movimiento social revolucionario extensible al conjunto de España, que intentó beneficiarse de una coyuntura de procesos constituyentes y revolucionarios, no siempre coincidentes en sus objetivos: «hasta en la atmósfera se notaban gérmenes de revolución» por las Juntas de Defensa, la propaganda revolucionaria de obreristas y republicanos, las huelgas dinamizadas por UGT y CNT, así como la Asamblea de parlamentarios propuesta por el regionalismo catalán conservador.31

  • 32 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 256-267.

21Sobre las Juntas de Defensa Lara aseguraba que no quería dar su opinión personal, pero consideraba que la mayoritaria, y posiblemente la suya, se reflejaba en tres escritos. El primero era el artículo: «El ejército contra la oligarquía» de Luis Araquistain publicado en España. El segundo era la carta enviada por el teniente coronel David de los Arcos a La Correspondencia de España, que publicaron el 10 de junio de 1917, en que felicitaba a su director, Leopoldo Romeo, por el artículo titulado: «Movimiento salvador». El tercero eran las cuartillas de un jefe de infantería que: «es un fervoroso partidario de las Juntas, le pregunté, mejor dicho, le rogué que me diese por escrito su parecer…». Posiblemente, Lara compartía el argumento de Araquistain que: «La democratización del Ejército equivale a la militarización de la democracia. No hay antagonismo».32 Una opinión que podía ser cierta al inicio del verano de 1917, cuando se barajaba, muy quiméricamente por parte de la izquierda española, la posibilidad de una comunión movilizadora entre militares y civiles reformistas al estilo de lo acaecido el febrero ruso de aquel mismo año.

  • 33 Ibid., p. 230-250.

22En cuanto a la Asamblea de Parlamentarios afirmaba que habría contribuido a que «se sobreexcitase la opinión pública». La iniciativa surgió de congresistas y senadores catalanes: «No se proponían una revolución por las armas, pero sí era una revolución de ideas…». La hicieron pública el 2 de julio de 1917. En la Asamblea de Parlamentarios catalanes participaron 39 diputados de 44, y 20 senadores de los que 5 eran vitalicios. Acordaron pedir al Gobierno la inmediata reunión de las Cortes en funciones de constituyentes para acordar una nueva organización del Estado, la autonomía tanto catalana como municipal y la solución del problema militar. Si no lo aceptaban convocarían una Asamblea extraoficial, el 19 de julio. Era una iniciativa que contaba con el apoyo de los líderes del regionalismo, Francesc Cambó y de los radicales, Alejandro Lerroux; así como del dirigente liberal, Josep Roig y Berguedá, el tradicionalista, Pere Llosas, el nacionalista republicano, Felip Rodés, el reformista, Lluís de Zulueta, el republicano, Julià Nougués, y, además, del empresario Luís Alfonso Sedó Guichard. El Gobierno no accedió a la petición y les recordó que si convocaban una Asamblea extraoficial ésta «constituiría un acto de sedición». El 19 de julio se reunieron en el Círculo de Bellas Artes de Barcelona. El gobernador civil finalizó el acto siguiendo la propuesta del senador regionalista Abadal cuando le dijo que: «Si usted nos pone una mano en el hombro como signo de fuerza, saldremos».33

  • 34 Ibid., p. 250-255.

23El Gobierno aseguró que la Asamblea no «llegó a verificarse», pero las noticias que circularon afirmaban que se celebró. «Las discusiones, los comentarios sobre la tal Asamblea, su objeto y el proceder del Gobierno, eran vivísimos y encontrados». La censura intentaba impedir que se informase y se debatiese, por lo que gran parte de las noticias sobre lo acaecido eran de «contrabando». Los parlamentarios habían tomado notas de lo que acordaron y de lo que pasó en la Asamblea, notas que fueron finalmente difundidas. También denunciaron lo que consideraban una provocación del Gobierno, así como la necesidad de convocar nuevas Cortes para que el país pudiese discutir libremente. Eran partidarios de la renovación de la vida pública, tal como también exigían las Juntas de Defensa. Lara aseguraba que la Asamblea: «sembró ideas que seguramente germinarán», y se preguntaba: «¿Fue un bien la Asamblea? ¿Un mal? ¿Inició una transformación en la política española? El tiempo gran maestro, dirá», pero si conseguía la «regeneración de formas y procedimientos que hagan con los años la España que todos debemos anhelar, bienvenida, y que se grabe en oro la fecha del 19 de julio de 1917».34

  • 35 Ibid., p. 268-320.

24Los comentarios de de Lara sobre la Asamblea de Parlamentarios coincidían con los de buena parte de la clase media regeneracionista. Hay que tener en cuenta su condición de profesor del colegio de la Guardia Joven, lo que le alejaba de los guardias civiles más «chuscos» y menos cultivados intelectualmente. Esa proximidad al pensamiento de la clase media regeneradora, pero conservadora, explica también su opinión crítica sobre los hechos sangrientos vinculados a la huelga general revolucionaria en Madrid, Barcelona, Sabadell, Bilbao, Villena, Sax, Yecla, Riotinto, Nerva, Zaragoza, Asturias y «otras provincias». En síntesis, pensaba que la huelga revolucionaria habría sido: «un asco, una inhumanidad, un crimen en causar tantísimo mal, y hacer verter sangre tan estérilmente». Ahora bien, las tropas «pegaron» y obedecieron a sus jefes: «tan caballerosos, tan justicieros, tan nobles, tan alejados de la política, tan abnegados, tan patriotas [de] verdad, porque, ante todo y sobre todo, anteponen a España, y España moriría si la anarquía imperase…»35.

  • 36 Ibid., p. 321-323.

25Sus fuentes eran lo que vio desde Madrid, y especialmente lo que leyó en La Correspondencia de España, La Publicidad, La Vanguardia, La Época, El País, El Universo, El Siglo Futuro, El Liberal, La Acción, España Nueva, España, ABC, El Ejército Español, entre otros periódicos, ya que: «todos al azar veía en la biblioteca del Centro del Ejército y Armada». Su libro Fechas de Sangre no era «producto de una meditación honda», pero se trataría de un trabajo «sincero y honrado» y se enorgullecía de su «imparcialidad»36.

  • 37 Ibid., p. 323-326.

26Desde su perspectiva, tanto en el movimiento revolucionario de 1909 como en el de 1917 se habría «fantaseado mucho», ya que ni la represión habría sido «durísima», ni los revolucionarios «se comían a los niños crudos». Las autoridades gubernamentales más que castigar habrían repelido las «agresiones a la fuerza pública». Además, los movimientos revolucionarios de 1909 y de 1917 habrían carecido de organización, jefes, programa, ni nada que les hubiese dado una posibilidad de triunfar. «En los de la izquierda ha faltado conjunto, corazón, armonía, fe… Y los que han luchado lo han hecho cobardemente». No obstante, durante la huelga revolucionaria de 1917, «no se ha registrado quema de conventos, ni incendios», ni actos anticlericales, mientras que, desde su perspectiva, «1909 fue más anárquico, más vergonzoso, más sangriento». Pensaba que habían aprendido la lección, ya que: «si desde el primer momento Guardia civil y otras armas y otros cuerpos pegan firme, cuando el caso obliga a ello, todo se ataja»37.

  • 38 V. Morales Lezcano, El colonialismo hispanofrancés en Marruecos (1898-1927), Madrid, Siglo XXI, 197 (...)

27El contexto internacional de 1909 era muy distinto al de 1917, ya que se hallaban en plena Gran Guerra. En aquellas circunstancias, el gobierno francés no tenía la más mínima intención de desestabilizar a la monarquía española, ya que los gobiernos de Madrid y de París compartían la voluntad de mantener pacificados los correspondientes protectorados marroquíes. Por tanto, las autoridades españolas sabían que no habría protestas internacionales por la represión contra los huelguistas38.

  • 39 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 327-328.

28Lara rogaba a sus lectores que fuesen cívicos, y entendía por civismo: «no promover disturbios, no encizañar, renunciar a la violencia». Los potentados tendrían que estudiar las peticiones de los obreros impulsando una evolución pacífica, y la extrema izquierda renunciar a la violencia, ya que si las ideas son «buenas, tienen virtualidad propia». Finalmente, mostró su españolismo al identificar España, con «este rinconcito de tierra (…) de suelo tan rico, de hombres tan sombríos y trabajadores, de mujeres tan divinas», aunque «castigado por las contribuciones de sangre» y falto de que «todos a una, sin egoísmos, cristianamente, socialmente, nos abracemos en el ideal común de trabajar por su progreso general»39.

29La retórica nacionalista de Lara no resultaba incompatible con el giro histórico que supuso la proclamación y advenimiento de la Segunda República. De hecho, uno de los factores que facilitaron esta circunstancia fue el posicionamiento favorable del Instituto Armado hacia el nuevo régimen republicano. En este sentido, la Guardia Civil devino un baluarte del orden público en el periodo de 1931 a 1936, ya fuese en los gobiernos de coalición republicano-socialista (en Casas Viejas o en la represión de las huelgas anarquistas en el Alt Llobregat), o en el período radical-cedista (durante el 6 de octubre de 1934). Sin embargo, este baluarte se fracturó en julio de 1936.

«La próxima revolución, si es como éstas, será aún más fácilmente sofocada». 19 de julio de 1936

  • 40 J. Arrarás (dir.), Historia de la cruzada española, 8 vols., 36 tomos, Madrid, Ed. Españolas, 1939- (...)
  • 41 A. M. Carrasco, Barcelona con el puño en alto. Estampas de la revolución. Una jornada de sangre lib (...)
  • 42 M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 359-365.
  • 43 J. M. Lladó, El 19 de julio en Barcelona, Biblioteca Política de Catalunya, 1938; F. Lacruz, El Alz (...)
  • 44 D. Martínez Fiol, Estatisme i antiestatisme a Catalunya (1931-1939). Rivalitats polítiques i funcio (...)

30La historiografía franquista definió la rebelión de julio de 1936, como el glorioso alzamiento nacional40. Ésta tiene su contrapunto interpretativo en la visión ofrecida por los ácratas y por buena parte de la historiografía progresista, en la que se destaca el protagonismo de los denominados sectores populares en la victoria sobre las fuerzas golpistas en Barcelona y en otras partes del Estado41. Este protagonismo popular ha sido cuestionado, tanto por la historiografía franquista, como por los estudios sobre la Guardia Civil42, y por los que destacan la labor de la Comisaria de Orden Público, encabezada por Frederic Escofet43, así como el de la Consejería de Gobernación de la Generalitat44.

  • 45 F. Aguado Sánchez, Historia de la..., op. cit., p. 61-66. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. (...)
  • 46 F. Escofet, De una derrota a una victoria. 6 de octubre de 1934, 19 de julio de 1936, Barcelona, Ar (...)
  • 47 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 156.

31La dirección de la Guardia Civil fue transferida a la Generalitat por un decreto de diciembre de 193345. Por tanto, dependía del Comisario General de Orden Público de la Generalitat, cargo que ocupaba el capitán de caballería Frederic Escofet i Alsina. Cuando Companys proclamó el Estado Catalán dentro de la república federal española, el 6 de octubre de 1934, éste se mantuvo fiel al gobierno de la Generalitat por lo que fue detenido, juzgado y condenado a muerte. Posteriormente, lo indultaron46. En este período, Lara pensaba que entre el cinco y el doce de octubre de 1934 la Guardia Civil en «verdadera semana de pasión ha dado a la posteridad episodios de lucha, de heroicidades, de bravura netamente española entremezclados con escenas de sufrimiento que espantan al más valeroso»47.

  • 48 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 117-124. D. Pastor Petit, La Cinquena columna a Catalunya, (...)

32Cuando Companys recuperó la dirección de la Generalitat, después de la victoria electoral del Frente Popular, Escofet fue repuesto como Comisario de Orden Público. Éste, ante los rumores sobre una posible rebelión militar en contra del Gobierno, estaba sumamente preocupado por la opción que tomarían los guardias civiles acuartelados en Barcelona. A mediados de marzo de 1936, el teniente coronel Pizarro, ex ayudante del general Sanjurjo, les había hecho llegar un documento de la Unión Militar Española (UME), para que lo firmasen todos los jefes y oficiales dispuestos a apoyar al movimiento que estaban preparando. Escofet se entrevistó con la plana mayor de la Guardia Civil, en la capital catalana, para conocer personalmente su posicionamiento ante la posible rebelión. En aquellas circunstancias, pensaba que el coronel Antonio Escobar Huertas, por sus explícitas creencias católicas y porque uno de sus hijos era falangista, sería miembro de la UME. Sin embargo, cuando se inició la rebelión, Escobar fue uno de los pilares básicos para evitar que la Guardia Civil de Barcelona se sumase a la asonada48.

  • 49 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 34; F. Aguado Sánchez, Histo (...)

33El jefe del instituto armado en la capital catalana era el general José Aranguren Roldán, con mando directo sobre el tercer y el decimonoveno tercios, los cuales estaban dirigidos por los coroneles Francisco Brotons y Antonio Escobar respectivamente. El decimonoveno tercio tenía dos comandancias a las órdenes de los tenientes coroneles Antonio Moreno Suero, la primera, y Modesto de Lara Molina, la segunda. Éste llegó a Barcelona a finales de enero de 1936 como jefe de la primera comandancia, pasando a la segunda el 28 de abril. Lara dirigía seis cuarteles: la Rambla, Casarramona, Collblanc, Travessera, Les Corts y Tres Torres, con dos comandantes, seis capitanes y unos seiscientos hombres. El instituto armado tenía unos mil quinientos guardias en Barcelona y dos mil más en el resto de Cataluña49.

  • 50 J. Arrarás, Historia de la Segunda República española, T. IV, Madrid, Ed. Nacional, 1968, p. 315.
  • 51 F. Lacruz, El Alzamiento…, op. cit., p. 99. M. Cruells, La Revolta del…, op. cit., p. 191-192. M. R (...)
  • 52 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 265.
  • 53 J. Arrarás, Historia de la Segunda.., op. cit., p. 315.
  • 54 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 33 y 35. Aguado Sánchez, His (...)

34No se sabe con seguridad si la UME contactó con los principales jefes de la Guardia Civil en Barcelona50. Sin embargo, sí que habrían contactado con el coronel Escobar, según uno de sus ayudantes51. Los franquistas aseguraban que los tenientes coroneles Lara y Moreno serían: «servidores sumisos de la Generalidad y sus más peligrosos agentes». También afirmaban que los jefes de la Guardia Civil eran contrarios al alzamiento52, aunque contaban con la implicación del comandante Agustín Recas de la plana mayor del decimonoveno tercio53. Lara tenía un serio problema con Recas, ya que éste contaba con el apoyo de seis capitanes y dos tenientes. También tenía contactos con las comandancias de la Guardia Civil del resto de Cataluña y era miembro de la Junta de Barcelona de la UME54.

  • 55 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vols. III y VI, Tomo X y XXI, 1940 y 1942, p. 16-28 (...)

35Durante la tarde del 17 de julio, cuando ya sabían que había comenzado la rebelión en las posesiones españolas en el norte de África, el general Aranguren convocó a los jefes de la Guardia Civil en el cuartel de Ausias Marc. Acordaron por asentimiento que se mantendrían fieles a la legalidad. Mayoritariamente pensaban, como el coronel Francisco Brotons, que, aún siendo ideológicamente muy conservador y monárquico, afirmó que: «Nosotros siempre al lado del poder constituido. Es el cumplimiento del deber». No obstante, tanto para Escofet, como para Vicenç Guarner, responsable de seguridad de la Generalitat, seguía siendo una incógnita saber qué haría la Guardia Civil, ya que ésta podía ser decisiva cuando empezase la rebelión. Aunque esperaban, por la lealtad de sus jefes y el espíritu de disciplina del cuerpo, conseguir como mínimo su neutralidad55.

  • 56 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 256. F. Escofet, Al ser (...)

36Al día siguiente, 18 de julio, los principales jefes del Instituto Armado en Barcelona se reunieron con Escofet. Éste les comunicó que tenía la convicción de que el movimiento subversivo se iniciaría aquella noche, en Barcelona. Les sugirió que los guardias no continuasen en sus cuarteles habituales, sino que los concentrasen en los de Ausias Marc y Consell de Cent. De esta manera el general Aranguren podría estar con el consejero de Gobernación de la Generalitat, Josep Maria Espanya, mientras que los coroneles Escobar y Brotons controlarían al grueso de los guardias. Su intención era que los diferentes contingentes no actuasen de acorde con su ideología, ya que les constaba que mayoritariamente eran partidarios de apoyar el movimiento. Probablemente, más de 70% de los guardias simpatizaban con los insurgentes. El general Aranguren le dijo que cumpliría sus órdenes, pero Escofet asegura que dio un giro a la conversación para que pareciese que la iniciativa era del jefe de la Guardia Civil56.

  • 57 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 146.

37Concentraron a la mayor parte de los guardias civiles de la capital catalana en los cuarteles de Ausias Marc y de Consell de Cent. Lara comunicó a sus superiores el temor que le generaba dejar desprotegidas las casas cuarteles donde vivían sus familias, pero la orden no cambió. Escobar ordenó a los tenientes coroneles, uno de ellos Lara, que convocasen a los oficiales de las comandancias para que bajo «palabra de honor manifestasen si habían o no concurrido» a la reunión en que se preparó la rebelión de Barcelona. Lara era consciente que «suponiendo hubieran asistido, no habrían de decirlo». La reunión fue breve, pero se dio cuenta de que algunos «habían asistido, silenciando esta apreciación»57.

  • 58 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 272-296; F. Lacruz, El (...)

38Una vez iniciada la insurrección en Barcelona, salieron a la calle unos mil doscientos militares apoyados por grupos de civiles. Los miembros de la benemérita se mantuvieron a la expectativa acuartelados en Consell de Cent y en Ausias Marc, donde se encontraba Lara. Cuando la suerte de la rebelión en la capital catalana aún no se había decidido, la actitud de la Guardia Civil podía: «decantar la balanza hacia un lado u otro. Nadie tenía claro que haría este Cuerpo armado»58, pero se mantuvieron mayoritariamente fieles al gobierno, aunque intentaron no involucrarse demasiado en los enfrentamientos.

  • 59 F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 101. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 117-127.

39La documentación nos permite reconstruir su actividad aquel día, en el que Lara fue uno de los protagonistas. Desde la perspectiva franquista, Lara, conjuntamente con el teniente coronel Moreno Suero, «desarrollaron gran actividad, poniendo en juego todos los procedimientos de captación, desde la promesa a la amenaza» para evitar que los guardias civiles se sumasen a la rebelión59.

  • 60 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 302. F. Lacruz, El Alza (...)

40El primer incidente fue el alboroto que provocó el paso de un vehículo militar. Los guardias civiles aclamaron a los militares. Escobar se dirigió al cuartel, con el apoyo de Lara, para recordarles que pertenecían a un cuerpo disciplinado. Posteriormente, volvió a su despacho, donde recibió la orden de Gobernación que enviase guardias civiles a cortar el paso a un regimiento de caballería que bajaba por el paseo de San Juan. Ordenó al teniente coronel Lara que saliesen un escuadrón y dos camionetas de guardias para frenarlos y para comunicarles que: «hay nuevo Gobierno y que se retiren a los cuarteles». Los capitanes se negaron a cumplir la orden, al tiempo que el capitán Pin informó a Lara que: «no harán fuego contra el ejército», a lo que Lara replicó que: «nadie habla que se haga fuego». Lara recibió una nueva orden de Escobar para que fuese un comandante quien encabezase el grupo que tendría que ir al encuentro de las tropas rebeldes. Finalmente, fue el comandante Recas, quien aceptó encabezar el grupo que debía frenar al regimiento de caballería -los franquistas aseguraban que «evitó el abrazo del traidor», refiriéndose a Lara- sumándose también al grupo el capitán Pin60.

  • 61 V. Guarner, L'Aixecament militar..., op. cit., p. 90 ; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op (...)

41Los guardias civiles que habían salido de Ausias Marc a las órdenes de Recas no tenían la menor intención de frenar las tropas de caballería, sino que se sumaron a la rebelión. Recas se incorporó a los insurrectos en el convento de los carmelitas, con parte de los guardias civiles a sus órdenes, mientras que el capitán Pin, con el resto de los hombres, fue a sumarse a las tropas rebeldes en el cuartel de las fuerzas de caballería. Cuando el coronel Escobar supo que Recas y los guardias que dirigía se habían sumado a la rebelión, decidió encabezar una columna para conseguir que volviesen a acatar la disciplina del cuerpo61.

  • 62 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 302-303. F. Lacruz, El (...)

42Escobar reunió al decimonoveno tercio para dirigirse al convento de los carmelitas, pero recibió la orden de defender el edificio de Gobernación, ya que lo amenazaban las tropas del cuartel de Icaria. La columna de la que formaba parte Lara se dirigió al edificio donde se hallaba la consejería de Gobernación, bajando por el paseo de San Juan hacia el Arco de Triunfo. Ante el palacio de justicia se encontraron con una compañía de infantería. Conversaron con ellos, pero no combatieron. Como hecho ilustrativo de la confusión del momento, muchos de los guardias que formaban parte de la columna pensaban que se habían sumado a la rebelión. Llegaron al edificio de la consejería sin más incidentes. Escobar y Moreno entraron en Gobernación para reunirse con el general Aranguren y Vicenç Guarner, mientras que Lara se quedó con la columna de guardias. Cuando llegaron, según los franquistas, les habrían dicho: «Gracias a la Guardia Civil salvaremos a la República y a Cataluña». El general Aranguren les comunicó que la rebelión estaba dominada, pero que tendrían que acabar con los últimos reductos de resistencia62.

  • 63 F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 106. F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 209-211, 250 (...)

43Escobar organizó una columna y se dirigió hacia el cuartel de Icaria. Hacía la una decidieron que la Guardia Civil tendría que desplazarse a las plazas de Urquinaona, Universidad y Catalunya. Enviaron a Lara para que comunicase al coronel Escobar que volviese a Gobernación, donde la plana mayor de la Guardia Civil estudió el plan de acción. Formaron el tercio y Escobar asumió el mando. Salieron de Gobernación; subieron por la vía Layetana y, un poco después de las dos de la tarde, se detuvieron ante la Comisaría de Orden Público, donde Escobar se puso a las órdenes del presidente de la Generalitat, Lluís Companys63.

  • 64 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 303-304. F. Lacruz, El (...)

44Continuaron la marcha por la plaza de Urquinaona hasta la calle Diputación y se dirigieron hacia la plaza Universidad. Escobar conversó con los oficiales rebeldes que se rindieron a la Guardia Civil y fueron trasladados al cuartel de Ausias Marc. Aproximadamente a las cuatro, el grueso del tercio se dirigió a la plaza de Cataluña en dos columnas. La primera dirigida por Escobar por el Paseo de Gracia, mientras que la otra la encabezaba Lara por la Rambla de Cataluña para converger en la plaza de Cataluña. Cuando llegaron los Guardias de Asalto estaban luchando con los rebeldes. Escobar consiguió establecer un alto el fuego y negoció con los insurrectos su rendición. Los franquistas aseguraban que «la intervención de aquella potente columna de la Guardia Civil contra las escasas fuerzas del Ejército hacía imposible toda resistencia». Entonces les informaron del rumor sobre un posible desembarco de tropas coloniales en Barcelona. Decidieron que Lara fuese a informar a Gobernación, a donde se dirigió en coche, siendo atacado durante el trayecto y herido de levedad en una pierna64.

  • 65 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 344-348. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit. (...)
  • 66 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 297-298 y 302.

45Llegó a Gobernación en el momento en que el general Aranguren hablaba telefónicamente con el general Goded y le oyó decir: «Yo actúo dentro de la legalidad y no reconozco otra autoridad militar que la del General Llano de la Encomienda»65. En cambio, los franquistas aseguraban que ambos generales hablaron telefónicamente cuando la Guardia Civil aún no había intervenido, y «su acción, unida a la de las fuerzas aún disponibles, puede ser decisiva». Presentan a un general Goded enérgico y, desde su perspectiva heroico, que habría considerado que el apoyo de Aranguren al Gobierno legal se debería a una debilidad de carácter. Los franquistas describían al general de la Guardia Civil, como un «hombre cauto y escurridizo» que esperaba el resultado de una lucha, en qué no le importaría que sus «compañeros del Ejército se batieran y murieran heroicamente por España, contra el separatismo y la anarquía», para ser el «puntillero, que da el golpe a cubierto y por detrás». De hecho, intentaban justificar la derrota del alzamiento en Cataluña por la actitud de los jefes de la Guardia Civil, que al negarse a sumarse a la rebelión, la habrían condenado al fracaso, ya que: «Sin la Guardia Civil –dijo Goded- aún era posible hacer algo, pero con esas fuerzas en contra es muy difícil»66.

  • 67 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 344-348. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit. (...)

46Lara no participó en ninguna otra acción, ya que: «no podía tenerme en pie entre el dolor de la pierna y mi enfermedad crónica grave». Ésta había empeorado por la falta de descanso «desde la 1ª hora hasta las 22 del día 19, y las grandes emociones experimentadas durante el día», por lo que regresó a su domicilio en la casa cuartel de la Rambla. «Todo el tránsito, a oscuras, fue de constantes paradas en las que, hombres armados del pueblo reconocían el interior» del coche en qué le trasladaban. «En la puerta del cuartel un grupo grande pedía armas y al verme llegar argumentaban que yo debía ordenar a los guardias dieran el fusil o la pistola. Pude convencerles de que no podían hacerlo sin orden superior y que fueran a requerirla ellos»67.

  • 68 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 59, 151 y 156. D. Arasa, Entre la cruz..., o (...)

47La situación en qué se encontraba Barcelona después del fracaso del alzamiento no era del gusto de Lara. Éste alegó razones de salud para no participar en la columna de guardias civiles que se dirigió a Madrid y ejerció el «mando del resto del Tercio que quedó en Barcelona, hasta que regresó la columna». Se enorgullecía que en el «19º Tercio no se asesinó o paseó a nadie, a pesar de las enconadísimas presiones». En agosto de 1936, el gobierno decidió transformar la Guardia Civil en la Guardia Nacional Republicana (GNR). Lara no conocía los motivos, pero el 5 de noviembre de 1937 le prohibieron el acceso a las dependencias y el 9 de diciembre le llegó la comunicación oficial de su baja del Cuerpo68.

  • 69 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 436; J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil (...)

48La Guardia Civil no se mostró demasiado activa durante los momentos álgidos de la rebelión y tuvieron pocas bajas. Posteriormente, fueron ejecutados por grupos de incontrolados: el comandante Agustín Recas, un coronel retirado, dos o tres capitanes, dos o tres tenientes y un alférez. Las autoridades republicanas decidieron encarcelar al capitán Bravo Montero, no por su actuación durante la insurrección, sino por el hecho de ser hijo del comisario Bravo Portillo, que estuvo vinculado a los grupos de pistoleros de la patronal y fue asesinado por los anarquistas. Muchos de los jefes y oficiales de ideología conservadora, como el mismo Lara, fueron depurados y cesados. Su trayectoria en la Guardia Civil no le favorecía para continuar en el seno de la rebautizada GNR69.

49En enero de 1939, después de la entrada de los franquistas en Barcelona, se encontraba en una posición delicada, ya que había sido depurado por las autoridades republicanas, pero no podía esperar el favor de los autodenominados nacionales por haberse posicionado a favor de la legalidad republicana en julio de 1936, un hecho que le condujo a ser detenido por las nuevas autoridades franquistas.

«Hija mía, cuestión de geografía: yo he venido aquí y tu padre…» Causa 1/39 de la Auditoría de guerra de Barcelona

  • 70 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 14-16 y 71.

50En la causa 1/39 juzgaron a los jefes de la Guardia Civil de Barcelona por ser supuestamente los responsables del fracaso del alzamiento en Cataluña y, desde la perspectiva de los franquistas, del inicio de la Guerra Civil. Los procesaron por haber sido fieles a la legalidad vigente, aunque personalmente tenían una ideología muy parecida a la de sus compañeros militares sublevados. Buena parte de los que fueron fieles al gobierno republicano y se quedaron en la Barcelona revolucionaria fueron depurados, como el mismo Lara, y cuando las tropas nacionales ocuparon la ciudad se entregaron voluntariamente. Lara lo hizo en el cuartel de la Rambla, el 8 de febrero de 193970.

  • 71 Ibid., p. 187-214; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 213-223; M. López Corral, La Guardia Ci (...)
  • 72 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 3; M. Risques y C. Barrachin (...)

51Decidieron no huir, desde el general Aranguren, del que Franco habría dicho que: «lo fusilen aunque sea en camilla»71, al teniente coronel Lara, pasando por los coroneles Escobar, general al finalizar la guerra, y Brotons. Éste aseguró que: «no pienso marcharme. Escucho las emisoras nacionales y éstas aseguran que nada debemos temer cuantos no tenemos manchadas las manos de sangre. Esperaré la llegada de los nacionales. Son los míos». Los generales Aranguren y Escobar, como el resto de los ejecutados, serían ejemplos de la neutralidad política del cuerpo, en la que creen la mayor parte de los guardias civiles, aunque ésta sea debatible72.

  • 73 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 66, 72 y 77. D. Arasa, Entre la cruz..., op. (...)

52Los franquistas no hicieron distinciones entre los que lucharon en la Guerra Civil y los que fueron cesados. Éstos, como el mismo Lara, habían obedecido las órdenes de sus superiores, mantenido la disciplina de la Guardia Civil y no habían cometido delitos de sangre. No obstante, fueron acusados de rebelión militar, agravada por la trascendencia del supuesto delito y del daño producido. El fiscal les solicitó la pena de muerte73.

  • 74 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 77-78.

53Lara, que tanto había alabado a los Tribunales Militares, así como la manera de actuar de sus miembros, ahora era reo de uno. El 6 de marzo de 1939, el fiscal militar presentó las conclusiones provisionales. Se formó el consejo de guerra presidido por el general de brigada Mariano La Sala, siendo designados como vocales los coroneles de la Guardia Civil Benito de Haro Lumbreras y Joaquín García de Diego; el coronel de caballería Aurelio Jirau Barona y el de artillería Felipe Iracheta Mascot, así como el capitán de navío Gabriel Rodríguez Dacosta. El vocal ponente era el auditor de brigada Joaquín Otero Goyanes, y el fiscal jurídico militar, el juez instructor Roberto Zaragoza. Los defensores de Lara eran los alféreces honoríficos del Cuerpo Jurídico Militar, Andrés Sierra Valverde y Gerónimo Arenas Fernández. Éste era la primera vez que intervenía en un Consejo de Guerra74.

  • 75 Ibid., p. 145 y 160.

54La hija de Lara, Aurora, estuvo presente durante el Consejo de guerra. Ésta, como todos los que le conocían, sabía que su padre siempre había sido fiel a la Guardia Civil. Intentó hablar con los dos coroneles del instituto armado que formaban parte del tribunal, pero Haro no la quiso recibir, mientras que García de Diego, que era amigo de su padre, le dijo: «Hija mía, cuestión de geografía: yo he venido aquí y tu padre…» Aurora apostilló que «por cuestión de geografía era rojo o verde»75.

  • 76 Ibid., p. 87 y 92; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 437-438.

55El 10 de marzo se reunió el consejo de guerra, a las cinco de la tarde, en la Sala de la Audiencia del Palacio de Justicia de Barcelona. El fiscal militar ignoró las declaraciones de los detenidos y no buscó contrastar las acusaciones que les imputaban. Para el fiscal, la acusación más grave era la de haberse rebelado en contra de las autoridades militares por lo que «no triunfó el Movimiento Nacional en Barcelona, fracasando asimismo en toda la región catalana». Las declaraciones de los testigos apuntarían a que la Guardia Civil de Barcelona habría sido engañada por sus jefes, porque los guardias pensaban que participaban en el movimiento76.

  • 77 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 89, 144 y 164.

56Lara fue uno de los acusados al que el fiscal dedicó más atención acusándole de ser responsable de la ejecución de un oficial del ejército, «cuyo nombre no se ha podido precisar por ser varios los caídos el mismo día». El fiscal no pudo demostrar esta acusación, pero no fue relevante en la sentencia, ya que para condenarlo era más que suficiente que fuese: «mentor y colaborador directo del Coronel que dirigió las fuerzas de la Guardia Civil en su lucha con las del Ejército a quien acompañaba en todo momento», en referencia al coronel Escobar. Era amigo de los generales Escobar y Aranguren, hasta el punto que ambos fueron los padrinos de boda de su hija Aurora77.

  • 78 Ibid., p. 89-91, 160-164 y 183.

57Le perjudicó el hecho de ser masón y de haber sido, en palabras del fiscal, «protegido de Alcalá Zamora y vino a Barcelona protegido por el general Pozas, y en unión de otros Jefes de gran significación izquierdista». Le acusaron de ser «amigo de todos los jefes y dirigentes de los partidos de izquierda CNT, FAI, POUM», así como de los comunistas, a quien «ocultamente les aconsejaba decisiones y resoluciones siempre violentas». También habría asesorado a los dirigentes de la Generalitat, como el consejero de Defensa «Francisco Anglés», cuando se referían a Francisco Isgleas, y habría participado con «dos técnicos rojos», en una supuesta «junta que se nombró a raíz del Movimiento». También le inculpaban de haber desarticulado el decimonoveno tercio de la Guardia Civil ya antes del movimiento, al tolerar las ideas izquierdistas en su comandancia y proteger a los guardias civiles comunistas –especularon con la improbable cifra de ciento cincuenta- que estaban bajo sus órdenes. En síntesis, le acusaron del delito de adhesión a la rebelión militar, agravado por su trascendencia y por el daño producido y, aunque no lo dijesen, por ser masón y rojo78.

  • 79 Ibid., p. 97; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.5, op. cit.,, p. 67-121.

58Ante el tribunal, Lara declaró que era pura fantasía que fuese socialista o que hubiese colaborado con la CNT. Reivindicó su currículum de cuarenta años de servicio en la Guardia Civil, en los que elaboró el atestado en contra de Ferrer y Guardia en 1909, prestó servicios especiales a las órdenes de los generales Martínez Anido y Fidel de la Cuerda, y también habría colaborado en la represión de los sucesos de octubre de 193479.

  • 80 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 98-103; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit. (...)

59El consejo de guerra acordó la pena de muerte de todos los encausados excepto uno. La sentencia optaba por la ejemplaridad, les culpaba de rebelión militar que: «llegó a triunfar en algunas Regiones convirtiendo la lucha en guerra cruenta». Culpabilizaban a los que se habían mantenidos fieles a la legalidad contra la que se sublevaron sus jueces de ser responsables de la Guerra Civil que había asolado España. La sentencia acusaba a Lara de ser el responsable de las columnas de guardias civiles que dieron apoyo al movimiento popular y a los guardias de asalto en contra del movimiento obviando que se limitó a cumplir las órdenes de sus superiores. La sentencia consideraba probado que los acusados decidieron de un: «modo reflexivo y expreso por seguir al lado de los enemigos de la Patria y contra los principios que encarnaban sus compañeros de Armas y los españoles independientes de las Sindicales y Organizaciones dirigidas por poderes extranjeros ocultos». Por tanto, condenaron a muerte al teniente coronel Lara Molina, así como al coronel Brotons, a los tenientes coroneles Juan Aliaga Crespí y Antonio Moreno Suero, y al comandante Mariano Aznar Monfort, mientras que al comandante Luis Espinosa Ortiz lo sentenciaron a cadena perpetua80.

  • 81 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 144-145.

60Lara escribió una última carta para su familia en qué les decía: «La Fatalidad hace que me condenen en la tierra. He sido víctima del cumplimiento del deber y de mi cariño intenso hacia el reglamento de la Guardia Civil. Si el General Aranguren nos dice “con el Ejército”, en alma y vida me entrego a la orden. Nos dijo: “parte del Ejército está inquieto y el general Llano de la Encomienda responde de la guarnición y nuestra actitud debe de ser ésta” y así lo hicimos»81.

  • 82 Ibid., p. 157-159.

61En este última carta aceptaba la sentencia: «Si para escarmiento y para que el nombre de la guardia civil se purifique en la España nacional hace falta mi vida, la doy gustoso». A pesar de su posible vinculación a la masonería, reivindicó su catolicismo, ya que: «muero confortado con los auxilios espirituales, después de haber rezado mucho» y les aseguraba que al explicarle su vida al confesor: «me absuelve en el acto». La ejecución vendría a ser una liberación, ya que: «no me importa dejaros. Enfermo. Dolido, sin ilusiones, la muerte es mi liberación». Pensaba que había sido desafortunado de estar destinado en Barcelona, ya que: «de haberme cogido el 19 de julio en la España leal hubiese sido prohombre de ella y lamento que los subordinados que estaban comprometidos y nada me dijeron no se decidieran a actuar libremente, si yo era traba, que nunca lo fui, para ver o comprobar si la actuación de la G. C. en Barcelona hubiese tomado otro fin. Esto no es una acusación; es la expresión de una pena». Se lamentaba de los informes de algunos de sus subordinados, en los que le acusaron de ser rojo o de hablar con «rusos» lo que calificaba de «patrañas». Pedía a sus familiares que si les visitaba algún amigo de la Guardia Civil: «recomendarle de mi parte, que por honor corporativo no recogiera informaciones que provengan del arroyo, de la pasión, sino que sean fundadas». Finalmente, pedía «a Dios la salvación de España, el arraigamiento de las ideas nacionales, perdono a todos»82.

  • 83 Ibid., p. 78. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 439.

62El 22 de marzo de 1939 llegó el enterado del Asesor jurídico del Cuartel General del Generalísimo. El 24 de marzo les fue comunicada la sentencia a los reos y éstos fueron ejecutados a las cinco de la mañana, en el Campo de la Bota. El médico militar forense Luis M. Callis Ferriol anotó que habían muerto por hemorragia interna omitiendo que había sido causada por su previo fusilamiento. Lara y los oficiales de la Guardia Civil: Brotons, Aliaga, Moreno Suero y Aznar fueron enterrados en «sencillos féretros»83.

  • 84 Ramón, Serrano Suñer, Memorias. Entre el silencio y la propaganda, la historia como fue, Barcelona, (...)
  • 85 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 36; D. Arasa, Entre la cruz. (...)

63La sentencia de la causa 1/39 puede ser vista como un ejemplo de: «Justicia al revés», tal como la definió Serrano Suñer84, ya que toda la plana mayor de la Guardia Civil de Barcelona fue juzgada en consejo de guerra, sentenciada a muerte por rebelión militar, y ejecutada. Su delito habría sido el mantenerse leales al gobierno de la II República legalmente constituido. Además, habían evitado que la represión de los incontrolados aniquilase a la mayor parte de los guardias civiles y militares que participaron en la rebelión en Barcelona85.

  • 86 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 160.

64El 30 de diciembre de 1992, su hijo, el médico Modesto de Lara Bonnin, envió una carta al primer civil que dirigía la benemérita, Luis Roldán, para que rehabilitase la memoria y el expediente profesional de su padre, pero sin obtener resultados. Se ha afirmado que el juicio a la dirección de la Guardia Civil en Barcelona, durante el inicio de la rebelión militar, habría sido una farsa y la ejecución un crimen de Estado86.

Conclusión

65Hemos utilizado como hilo conductor la biografía de un oficial de la Guardia Civil que, considerándose un amante del orden, acabó siendo ejecutado por un ejército del que se declaraba entusiasta y que le acusó de fomentar precisamente el desorden. Un hombre que era extremadamente crítico con los movimientos revolucionarios, tal como puso de manifiesto su actuación durante la revolución de 1909, en la que no dudó en afirmar que los presos no tenían nada que temer de los tribunales militares que los juzgaban. Además, fue el autor del atestado, testigo de cargo y estuvo presente en la ejecución de Ferrer y Guardia. No entendió por qué la comunidad internacional había cuestionado la legalidad de la represión, así como la de las sentencias de los tribunales militares. El mismo que consideraba que las lecciones aprendidas en 1909 las habían aplicado en 1917 al golpear duramente, tanto los militares como los guardias civiles, a los revolucionarios desde el inicio de la rebelión. El mismo que defendía un claro discurso españolista, con un ligero tono regeneracionista y estaba orgulloso de la participación de la Guardia Civil en la represión de la revolución de 1934.

66Su defensa del orden establecido, posiblemente, le impidió apoyar la rebelión de julio de 1936. En una situación profesional e ideológicamente compartida con la mayor parte de los jefes que formaban la plana mayor de la Guardia Civil en Barcelona, cuando se inició la rebelión que los insurrectos denominaban movimiento. A los oficiales como Lara, especialmente en el cuerpo del que formaba parte, les habían inculcado que tenían que defender la legalidad vigente ante los que querían destruirla. En cuanto a la polémica historiográfica sobre la relevancia de la intervención de la Guardia Civil en el fracaso de la rebelión de julio de 1936 en la ciudad de Barcelona y en el resto de Cataluña puede llegarse a un cierto consenso, ya que es cierto que el peso de los combates contra los insurrectos lo llevaron a término las milicias de las organizaciones revolucionarias, así como los guardias de asalto y la policía. No obstante, tanto las autoridades de la Generalitat, como los insurrectos eran conscientes que la actitud de la Guardia Civil era vital para el resultado final de la rebelión.

67Además, la mayor parte de los integrantes del cuerpo, desde los jefes hasta los guardias, tenían posicionamientos políticos mucho más próximos a los de los insurrectos que al de los defensores de la legalidad republicana. No obstante, aunque evitasen combatir y a pesar de que un pequeño grupo de guardias civiles luchase al lado de los rebeldes, lo cierto es que Lara y la mayoría de sus compañeros también decidieron mantenerse al lado del orden vigente, con lo que posibilitaron la victoria de las fuerzas gubernamentales. Tuvieron muy pocas bajas durante la rebelión, pero el mismo general Goded, hasta el último momento, intentó que les apoyasen.

68Los vencedores de la Guerra Civil tenían la convicción de que no habían triunfado en Barcelona y en el resto de Cataluña no por la acción de la Guardia Civil, sino por su omisión. Éste sería el motivo por el que detuvieron, juzgaron, condenaron a muerte y ejecutaron a casi toda la plana mayor de la Guardia Civil de Barcelona al inicio de la rebelión de 1936, y entre ellos a Modesto de Lara, al que juzgó un tribunal de aquellos que tanto había alabado, en qué dos de sus miembros eran coroneles de la Guardia Civil, en un claro ejemplo de justicia al revés. Un ejemplo, el de Lara, que pone de manifiesto como la Guerra Civil rompió un marco político e ideológico previo, el del primer tercio del siglo XX, mucho más rico, diverso, plural y no tan esquemático como el generado por la propaganda de nacionales y republicanos.

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Notes

* * Este artículo forma parte del proyecto colectivo de investigación: «“Fisión”» y “Fusión” estatales en los sistemas políticos contemporáneos: el excepcionalismo y los cambios de fronteras». HAR2015-67658-P (MINECO/FEDER, UE). Agradecemos a los Drs. Ricardo Robledo Hernández, José Contreras Ruiz y Andreu Navarra Ordoño la lectura crítica de este artículo, aunque los errores únicamente son atribuibles a los autores.

1 D. López Garrido, La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista, Madrid, Alianza, 1982. G. Blaney, Jr., «La historiografía sobre la Guardia Civil. Crítica y propuestas de investigación», Política y Sociedad, 2005, vol. 42, nº 3, p. 31-44, y «Nuevas perspectivas sobre la Guardia Civil y la Segunda República», M. Álvarez Tardío y F. del Rey (eds.), El Laberinto republicano. La democracia española y sus enemigos (1931-1936), Barcelona, RBA, 2012, p. 363; F. Aguado Sánchez, Historia de la Guardia Civil, 7 vols., Madrid, Ed. Históricas - Cupsa Editorial - Planeta, 1983-1985; M. López Corral, La Guardia Civil. Claves históricas para entender a la Benemérita y a sus hombres, Madrid, La Esfera de los Libros, 2009; F. J. García Carrero, «Manuel Gómez Cantos, un mando de la Guardia Civil entre el deshonor y la represión», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, nº 11, 2012, p. 255-276 y Manuel Gómez Cantos, historia y memoria de un mando de la Guardia Civil, Cáceres, Univ. de Extremadura. Córdoba, Univ. de Córdoba. Servicio de Publicaciones, 2013; J. Blázquez Miguel, La Guardia Civil en la Guerra de España (1936-1939), Madrid, Ed. Barbarroja, 2013.

2 D. Arasa, Entre la cruz y la República. Vida y muerte del general Escobar, Barcelona, Styria, 2008.

3 P. Ruiz Torres e I. Burdiel, «Las repercusiones de los cambios culturales de la modernidad en el modo de pensar la biografía», «Historia política y biografía: más allá de las fronteras», Ayer, nº 93, 2014, p. 20, 46, 47 y 69-70.

4 Ladera [M. de Lara y Molina], Fechas de sangre. Dos semanas de anarquía en España. Historia, comentarios y sucesos culminantes de la rebelión de 1909 y de la huelga general revolucionaria de 1917, Madrid, Renacimiento, 1917.

5 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la Guàrdia Civil (1939), Barcelona, Pòrtic, 2001, p. 141-145.

6 Ladera [M. de Lara y Molina], Fechas de sangre…, op. cit., p.322.

7 J. Benet, Maragall i la Setmana Tràgica, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 1963; J. C. Ullmann, La Semana Trágica. Estudio sobre las causas socioeconómicas del anticlericalismo en España, 1898-1912, Barcelona, Ariel, 1972 [reed., Barcelona, ed. B., 2009]; J. Romero Maura, La Rosa de Fuego. Republicanos y anarquistas. La política de los obreros barceloneses entre el desastre colonial y la Semana Tràgica, 1899-1909, Barcelona, Grijalbo, 1975.

8 P. G. Romero, La Setmana Tràgica: F.X, sobre el fi de l'art, F.X. sobre la fi de l'art, Barcelona, Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura, 2002. A. Moliner (ed.), La Semana trágica de Cataluña, Alella, Nabla, 2009. D. Martínez Fiol, La Setmana Tràgica, Barcelona, Pòrtic, 2009. A. Domínguez Álvarez, La Setmana Tràgica de Barcelona, 1909, Valls, Cossetània, 2009. A. Dalmau, Set dies de fúria. Barcelona i la Setmana Tràgica, Barcelona, Columna, 2009. R. Corts i Blay (dir.), «Actes de les Jornades sobre la Setmana Tràgica (1909). Barcelona, 5, 6 i 7 de maig de 2009», Analecta sacra tarraconensia. Revista de Ciències historicoeclesiàstiques, nº 82, 2009 y L’Arxiu secret del Vaticà, Barcelona, Pub. Abadia de Montserrat [PAM], 2009; D. Marín Silvestre, La Semana Trágica. Barcelona en llamas, la revuelta popular y la Escuela Moderna, Madrid, La Esfera de los Libros, 2009. F. Bergasa, Francisco, ¿Quién mató a Ferrer i Guardia?, Madrid, Aguilar, 2009; J. M. Roig i Rossich (dir.), Els fets de la Setmana Tràgica (1909). Actes de les jornades organitzades pel CHCC (28 i 29 de maig de 2009), Barcelona, CHCC-Generalitat, 2010; J. C. García Rodríguez, ¿Arde Barcelona? La Semana Trágica, la prensa y la caída de Maura, Astorga, Akrón, 2010; M. C. Jiménez Fernández y N. Sauch Cruz (dirs.), La Setmana Tràgica. Motius i Fets, Barcelona, Institut Ramon Muntaner, 2010; E. Martín Corrales (ed.), La Semana Tràgica. Entre las barricadas de Barcelona y el barranco del Lobo, Barcelona, Bellaterra, 2011; M. G. Rubí i Casals, «Protesta, desobediencia y violencia subversiva: la Semana Trágica de julio de 1909 en Cataluña», Pasado y memoria: Revista de historia contemporánea, nº 10, 2011, p. 243-268; P. Aubert (coord.), «Violence à Barcelone 1896-1909», Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne, nº 47, 2012, p. 5-186 ; J. Pich Mitjana, «La Revolución de julio de 1909», Hispania. Revista Española de Historia, nº 249, 2015, p. 173-206, J. M. Pons-Altés, y M. A. López-Morell, «Barcelona and the Tragic Week of 1909: A crazed mob or citizens in revolt?», International Journal of Iberian Studies, nº 29, 2016, p. 3-19; X. Calderé, J. Camps y M. Renom (eds.), La Setmana Tràgica i el seu context en el Baix Llobregat, 1890-1923, Sant Feliu de Llobregat, ed. del Llobregat, 2016.

9 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 8-9.

10 Ibid., p. 11-182; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.4, op. cit., p. 31-42.

11 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 105-108, 110, 134 y 139. Sobre la represión véase J. C. Ullmann, La Semana Trágica…, op. cit., p. 506-527.

12 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 105-107, 111-113, 124-134 y 139.

13 M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 205-211.

14 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 140-153 y 165-167. S. A., Causa contra Francisco Ferrer Guardia: Instruida y fallada por la Jurisdicción de Guerra en Barcelona. Año 1909, Madrid, Impr. Sucesores de J.A. García, 1911. El atestado instruido por Lara p. 85-92 y su declaración ante el tribunal, p. 202-205.

15 L. Bonafulla [J. B. Esteve], La Revolución de julio, Barcelona, Taberner, 1910, p. 131-175; W. Archer, Vida, proceso y muerte de Francisco Ferrer y Guardia, Barcelona, Tusquets, 2010 [1ª. ed., 1911]; F. Bergasa, ¿Quién mató…?, op. cit., p. 191-261.

16 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 112, 128-129 y 140.

17 Ibid., p. 128-131 y 140.

18 Ibid., p. 168-173; J. Avilés Farré, Francisco Ferrer y Guardia. Pedagogo, anarquista y mártir, Madrid, Marcial Pons, 2006, p. 240-243.

19 F. Soldevilla, El año político. 1909, Madrid, Imp. Ricardo Rojas, 1910, p. 363-370, 377-379 y 394-395. L. Bonafulla, La Revolución de…, op. cit., p. 177-210.

20 P. Solà i Gussinyer, Pere, «El caso Ferrer y Guardia», en A. Moliner (ed.), La Semana trágica…, op. cit.; J. Avilés Farré, Francisco Ferrer…, op. cit. ; W. Archer, Vida, proceso…, op. cit. ; J.-M. Guillon, «Républicanisme et anticléricalisme: Ferrer dans le Panthéon de la Provence "rouge"» y P. Aubert, «Violence à Barcelone 1896-1909», Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne, nº 47, 2012, p. 137-142 y 143-178.

21 J. Avilés Farré, Francisco Ferrer…, op. cit., p. 206-210.

22 M. de Lara y Molina, «España ante el extranjero. Adhesiones a nuestra protesta», ABC, 5 de noviembre de 1909, p. 5.

23 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 142.

24 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «L'exèrcit espanyol i el fet català, 1898-1939», L'Avenç, nº 100, 1987, p. 92-95, y L'exèrcit i Catalunya (1898-1936). La premsa militar espanyola i el fet català, Barcelona, Llibres de l'Índex, 1990.

25 Arno J. Mayer, La persistencia del Antiguo Régimen. Europa hasta la Gran Guerra, Madrid, Alianza Editorial, 1984; E. Ucelay Da-Cal y J. Pich i Mitjana (eds.), La fi de la Belle Époque i la Gran Guerra, Barcelona, Nova Editorial, 2016.

26 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 183.

27 S. A., Renovación o revolución. Historia política documentada de un periodo. Junio a octubre 1917, Barcelona, Granada, 1917; F. Soldevilla, Tres revoluciones. Apuntes y notas. Las Juntas de defensa, la Asamblea parlamentaria, la huelga general, Madrid, Cosano, 1917; J. Sánchez de Toca, La Crisis de nuestro gobierno constitucional, desde 1 de junio de 1917 a--, Madrid, Imp. Isidoro Perales, 1918; Un diputado a cortes, España en pie, Barcelona, Antonio López, [192-?]; M. Domingo, En la calle y en la cárcel. Jornadas revolucionarias, Madrid, Renacimiento, 1921; J. M. Capo, Las Juntas militares de defensa. Organización, actuación, derivaciones políticas e internacionales. Negocios de la guerra. La revolución en Cataluña y Asturias. Conminación de abdicación formulada por Inglaterra. Otros aspectos interesantes de la emoción revolucionaria de 1917, Barcelona, Sintes, 1923; G. Martínez de Aragón y Urbiztondo, Páginas de historia contemporánea. Las juntas militares de defensa; los alumnos de la Escuela de Guerra; los hombres públicos de España; la soberanía de la ley, Madrid, Lib. Pueyo, 1923.

28 A. Saborit, La Huelga de agosto de 1917. Apuntes históricos, México, D.F., Pablo Iglesias, 1967. J. A. Lacomba, La Crisis española de 1917, Madrid, Ciencia Nueva, 1970. J. M. Poblet, Aquell any 1917. Les assemblees de parlamentaris. La vaga general. Les Juntes de Defensa militars. La mort de Prat de la Riba, Barcelona, Pòrtic, 1971. J. Martín Maestre, Jacinto, La huelga general de 1917, Algorta, Zero, 1971. F. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.4, op. Cit., pp. 116-120. J. Serrallonga. Joan, «Motines y revolución. España, 1917», Ayer, nº 4, 1991, pp. 169-192. M. Cabrera (dir.), Con luz y taquígrafos. El parlamento en la restauración, 1913-1923, Madrid, Taurus, 1998. F. J. Romero Salvadó, España, 1914-1918: entre la guerra y la revolución, Barcelona, Crítica, 2002. A. I. Alonso Ibáñez, Las Juntas de Defensa Militares (1917-1922), Madrid, Ministerio de Defensa. Centro de Publicaciones, 2004, F. J. Romero Salvadó, Francisco J. y A. Smith (eds.), The Agony of Spanish Liberalism: from revolution to dictatorship 1913-23, Houndmills, Palgrave Macmillan, 2010.

29 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 191-224.

30 R. M. Carden, German policy toward neutral Spain in World War I, 1914-1918, Alburquerque, New Mexico, University of New Mexico, 1979.

31 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 183-191 y 224-225. Para la Asamblea de Parlamentarios, D. Martínez Fiol y J. Esculies Serrat, L’Assemblea de Parlamentaris de 1917 i la Catalunya rebel, Barcelona, Generalitat de Catalunya-CHCC, 2017.

32 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 256-267.

33 Ibid., p. 230-250.

34 Ibid., p. 250-255.

35 Ibid., p. 268-320.

36 Ibid., p. 321-323.

37 Ibid., p. 323-326.

38 V. Morales Lezcano, El colonialismo hispanofrancés en Marruecos (1898-1927), Madrid, Siglo XXI, 1976; D. Martínez Fiol, «L’amistat impossible: França i Catalunya durant la Primera Guerra Mundial», L’Avenç, Barcelona, n°140, setembre 1990, p. 16-20.

39 Ladera, Fechas de sangre…, op. cit., p. 327-328.

40 J. Arrarás (dir.), Historia de la cruzada española, 8 vols., 36 tomos, Madrid, Ed. Españolas, 1939-1944.

41 A. M. Carrasco, Barcelona con el puño en alto. Estampas de la revolución. Una jornada de sangre libertaria como no se escribió otra, Barcelona, J. Sanxo, 1936; A. Paz, 19 de juliol del 36 a Barcelona, Barcelona, Hacer, 1988; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit. ; C. Galiano Royo, El Día de Barcelona. Crónica del inicio de una revolución, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2008.

42 M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 359-365.

43 J. M. Lladó, El 19 de julio en Barcelona, Biblioteca Política de Catalunya, 1938; F. Lacruz, El Alzamiento, la revolución y el terror en Barcelona, Barcelona, Lib. Arysel, 1943; J. del Castillo, Barcelona, objetivo cubierto, Barcelona, Timón, 1958; M. Cruells, La Revolta del 1936 a Barcelona, Barcelona, Galba, 1976, p. 193-194; F. Escofet, Al servei de Catalunya i de la República. II, La Victòria 19 de Juliol de 1936, París, ed. Catalanes de París, 1973, p. 425-427; V. Guarner, L'Aixecament militar a Catalunya i la guerra civil, 1936-1939, Montserrat, Pub. de l'Abadia de Montserrat, 1980; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 155-157 y 201-212 y J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil i el 19 de juliol a Barcelona», L'Avenç, Barcelona, nº 57, 1983, p. 34-35.

44 D. Martínez Fiol, Estatisme i antiestatisme a Catalunya (1931-1939). Rivalitats polítiques i funcionarials a la Generalitat, Barcelona, Pub. Abadia de Montserrat, 2008.

45 F. Aguado Sánchez, Historia de la..., op. cit., p. 61-66. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 79 y 135-141. M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 361.

46 F. Escofet, De una derrota a una victoria. 6 de octubre de 1934, 19 de julio de 1936, Barcelona, Argos Vergara, 1984; J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. II, t. VI-VII, 1940, p. 116-267. M. Cruells, Manuel, El 6 d'Octubre a Catalunya, Barcelona, Pòrtic, 1976. J. Dencàs i Puigdollers, El 6 d'octubre des del Palau de Governació, Barcelona, Curial, 1979; E. Jardí, Companys i el 6 d'octubre, Barcelona, Proa, 1996; G. Cardona, Crònica dels militars catalans: l'aposta republicana, Barcelona, L'Esfera dels Llibres, 2006; J. Esculies, Joan Solé i Pla. Un separatista entre Macià i Companys, Barcelona, Ediciones de 1984, 2011, p. 245-255; M. López Esteve, Els Fets del 6 d'octubre de 1934, Barcelona, Base, 2013; J. Barrull Pelegrí, Els Escenaris del 6 d'octubre: revolució i contrarevolució a l'Europa dels anys 30, Barcelona, Pòrtic, 2014; E. Ucelay-Da Cal, M. López Esteve y A. González Vilalta, Arnau (eds.), 6 d’octubre. La desfeta de la revolució catalanista de 1934, Barcelona, Base, 2014.

47 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 156.

48 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 117-124. D. Pastor Petit, La Cinquena columna a Catalunya, 1936-39, Barcelona, Galba, 1978, p. 33-34.

49 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 34; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.4, op. cit., p. 327.;M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 359-362. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 36-38 y 43.

50 J. Arrarás, Historia de la Segunda República española, T. IV, Madrid, Ed. Nacional, 1968, p. 315.

51 F. Lacruz, El Alzamiento…, op. cit., p. 99. M. Cruells, La Revolta del…, op. cit., p. 191-192. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 48; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 92.

52 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 265.

53 J. Arrarás, Historia de la Segunda.., op. cit., p. 315.

54 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 33 y 35. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.4, op. cit., p. 329-330. J. Busquets, «La Unión militar española, 1933-1936», M. Tuñón de Lara (coord.), La guerra civil española, vol. 3, Barcelona, Folio, 1996, p. 83-96. J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, t. XXI, 1942, p. 262-263; F. Escofet, Al servei de Catalunya..., op. cit., p. 117-124. F. Maíz, Mola, aquel hombre. Diario de la conspiración 1936, Barcelona, Planeta, 1976, p. 184. M. Cruells, La Revolta del 1936..., op. cit., p. 128; V. Guarner, Cataluña en la..., op. cit., p. 61-62; P. Pagès, Cataluña en guerra y revolución, Sevilla, Espuela de plata, 2007, p. 39-57; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 75-89.

55 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vols. III y VI, Tomo X y XXI, 1940 y 1942, p. 16-28; F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 100. F. Escofet, Al servei de Catalunya..., op. cit., p. 117-124 y 133. M. Cruells, La Revolta del 1936..., op. cit., p. 119-139, 140 y 193-194. V. Guarner, Cataluña en la.., op. cit., p. 83-84. J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 34. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 145. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 90-94; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., op. cit., p. 330. G. Blaney, Jr., «Nuevas perspectivas sobre...», op. cit., p. 364-366.

56 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 256. F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 191-193; C. Engel, El Cuerpo de oficiales en la Guerra de España, Valladolid, AF ed., 2008, p. 34; G. Blaney, Jr., «Nuevas perspectivas sobre...», p. 385.

57 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 146.

58 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 272-296; F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 115; F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 200-201 y 205-209. V. Guarner, Cataluña en la.., op. cit., p. 79-82. M. Cruells, La Revolta del 1936..., op. cit., p. 155-182. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 95-115. J. Merino Sánchez, J., Los Militares se sublevan en Barcelona. El general Manuel Goded Llopis y el 19 de julio de 1936, Barcelona, Base, 2013.

59 F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 101. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 117-127.

60 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 302. F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 101-103. F. Aguado Sánchez, Historia de la..., op. cit., p. 332-333. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 147-148, 164-167 y 260.

61 V. Guarner, L'Aixecament militar..., op. cit., p. 90 ; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 234, 262 y 268.

62 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 302-303. F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 105. V. Guarner, L'Aixecament militar..., op. cit., p. 55-56; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 148, 236, 263 y 268; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 125-128.

63 F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 106. F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 209-211, 250-260, 262-265, 280-281, 295-297 y 311-313. V. Guarner, L'Aixecament militar..., op. cit., p. 85-86. J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 34. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 263-264. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 132-133.

64 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 303-304. F. Lacruz, El Alzamiento..., op. cit., p. 106; F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 336-341; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., op. cit., p. 333-334; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 149-150, 236-237 y 265-266; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 143-150. M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 362-363.

65 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 344-348. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 151 y 266. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 150-152.

66 J. Arrarás (dir.), Historia de la..., op. cit., vol. VI, Tomo XXI, 1942, p. 297-298 y 302.

67 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 344-348. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 151 y 266. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 150-152.

68 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 59, 151 y 156. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 225-249.

69 F. Escofet, Al servei de…, op. cit., p. 436; J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 35; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 156.

70 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 14-16 y 71.

71 Ibid., p. 187-214; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 213-223; M. López Corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 364-365.

72 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 3; M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 205, 227-241 y 215-251. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 313-316, 427-430 y 441-467. M. López corral, La Guardia Civil..., op. cit., p. 363. G. Blaney, Jr., «La historiografía sobre…», op. cit., p. 36.

73 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 66, 72 y 77. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 434-437.

74 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 77-78.

75 Ibid., p. 145 y 160.

76 Ibid., p. 87 y 92; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 437-438.

77 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 89, 144 y 164.

78 Ibid., p. 89-91, 160-164 y 183.

79 Ibid., p. 97; F. Aguado Sánchez, Historia de la..., t.5, op. cit.,, p. 67-121.

80 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 98-103; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 438.

81 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 144-145.

82 Ibid., p. 157-159.

83 Ibid., p. 78. D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 439.

84 Ramón, Serrano Suñer, Memorias. Entre el silencio y la propaganda, la historia como fue, Barcelona, Planeta, 1977, p. 245.

85 J. M. Solé i Sabaté y J. Villarroya, «La guardia civil…», op. cit., p. 36; D. Arasa, Entre la cruz..., op. cit., p. 506. M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 102-103.

86 M. Risques y C. Barrachina, Procés a la…, op. cit., p. 160.

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Pour citer cet article

Référence papier

Josep Pich Mitjana, David Martínez Fiol et Juan Pastrana Piñero, « De represor a represaliado. Las fechas de sangre de Modesto de Lara y Molina |Ladera]: 1909, 1917, 1936 y 1939 », Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne, 53 | 2019, 247-258.

Référence électronique

Josep Pich Mitjana, David Martínez Fiol et Juan Pastrana Piñero, « De represor a represaliado. Las fechas de sangre de Modesto de Lara y Molina |Ladera]: 1909, 1917, 1936 y 1939 », Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne [En ligne], 53 | 2019, mis en ligne le 30 septembre 2020, consulté le 15 octobre 2026. URL : http://journals.openedition.org/bhce/4289 ; DOI : https://doi.org/10.4000/bhce.4289

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Auteurs

Josep Pich Mitjana

Universidad Pompeu Fabra, Barcelona

David Martínez Fiol

Universidad Autónoma, Barcelona

Juan Pastrana Piñero

doctor en Historia

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