Miguel Ángel García, Nuevos combates por la historia. Maravall y la literatura española contemporánea
Miguel Ángel García, Nuevos combates por la historia. Maravall y la literatura española contemporánea. – Madrid: Visor, 2024, 435 p. (Biblioteca Filología Hispana, 295). ISBN 978-84-9895-295-7
Texte intégral
1No cabe duda de que la figura de José Antonio Maravall (1911-1986), en tanto que uno de los historiadores más relevantes e influyentes del siglo xx español, merece un estudio en profundidad y pormenorizado sobre su sistema de pensamiento, su producción ensayística y las distintas trayectorias y etapas que trazó con su obra. Autor de ensayos tan importantes para el hispanismo como El mundo social de La Celestina (1964) o Utopía y contrautopía en El Quijote (1976), para la comprensión del barroco o la formación del Estado moderno como La cultura del Barroco (1975) o Estado Moderno y mentalidad social (1972), así como para el desarrollo de una metodología de análisis historiográfico como Teoría del saber histórico (1958), entre otros títulos destacables, su obra ya ha sido objeto de aproximaciones y estudios notables como los de Francisco Abad, Carmen Iglesias o Andrés Soria Olmedo. Ahora, de la mano Miguel Ángel García, catedrático de literatura española la Universidad de Granada, disponemos de un estudio monográfico, con un título tan sugerente como ajustado, Nuevos combates por la historia: Maravall y la literatura española contemporánea, que no solo nos permite desentrañar las claves de su pensamiento, sino inscribir su obra en los debates sobre la historia social y de las mentalidades de la segunda y tercera generación de la escuela de los Annales. Con ello, Miguel Ángel García pretende historizar –«Always historicize!», que decía Jameson– la producción ensayística del historiador español para identificar los síntomas de un inconsciente ideológico –elemento de análisis que García toma de su maestro Juan Carlos Rodríguez– que se articula, despliega y participa en la desactivación del marxismo como instrumento de lucha teórica en el campo del conocimiento de la historia.
2El libro se ordena en dos partes claramente diferenciadas. En la primera de ellas, titulada «De las formaciones sociales e históricas a las formaciones ideológicas: nuevos y viejos combates», Miguel Ángel García prepara el terreno teórico para después insertar, y hacer comprensible, el saber histórico de Maravall dentro de los debates de la escuela de los Annales. Esta primera parte podría funcionar como un libro autónomo sobre los intensos debates historiográficos entre los años cincuenta y setenta sobre la disciplina histórica en relación con el marxismo. Para ello García necesita fijar los conceptos clave del debate, como son historia e ideología, apoyándose en las teorías de Louis Althusser y Juan Carlos Rodríguez. El catedrático de Granada no oculta sus cartas y las pone al descubierto desde el principio mismo cuando reconoce que «[p]artiré de ese concepto de historia como “historia de los modos de producción” y del concepto marxista de ideología (…) para acercarme a la historia social de Maravall y a la noción de “mentalidades” que maneja» (p. 37).
3En esta primera parte Miguel Ángel García aporta con todo detalle y gran rigor las concepciones historiográficas de algunos de los más importantes historiadores de las mentalidades, como Duby, Vovelle, Mandrou, Le Goff, entre otros, y entra a debatir con ellas, con enorme respeto, pero igual contundencia. Aunque algunas de las premisas de estos historiadores se levantan sobre las bases del materialismo histórico, la historia de las mentalidades supone, a la postre, un intento de cancelación de la historia económica y social y del marxismo (o su caricatura “vulgar”: teoría del reflejo y relación mecanicista entre superestructura y base), a quien dicen superar, sin tener en cuenta, ni dialogar con, todo el trabajo desarrollado por Althusser en esos mismos años. La materialidad se borra para dejar paso a la mentalidad, desvinculada de la ideología y de la clase, de las relaciones sociales y de la lógica de la explotación que rige y determina las sociedades históricas que son objeto de sus estudios. Como afirma Miguel Ángel García, «[l]a deriva antropológica, el giro cultural, obligaba a arrinconar el marxismo acusándolo de determinismo y de reflejos mecanicistas. La historia cultural desplazaba a la social» (119).
4Estos debates, en ocasiones enconados, entre esta nueva manera de hacer historia y el marxismo, no deben considerarse únicamente como debates académicos, que se dan en la esfera autónoma del saber universitario, sin otro objeto que la definición de metodologías de estudio o de disciplinas; más bien, estos debates deben tratarse como la trasposición de una lucha política en el campo de la teoría, como un intento más de desacreditar el marxismo desde la lógica de la superación científica. Esta nueva metodología, como señala García, «terminó desideologizando la historia», que parecía que no pudiera seguir siendo concebida como una totalidad, por medio de su fragmentación en «historia cultural o sociocultural, microhistoria, historia de la vida cotidiana, antropología histórica, historia de las representaciones, historia social de las prácticas, historias de las sensibilidades, psicohistoria, etc.» (107). Del mismo modo que lo social y lo económico se difumina en beneficio de lo antropológico y lo cultural, y la mentalidad desplaza a la materialidad, la observación de las prácticas y experiencias de los sujetos, de los que son objeto la historia de las mentalidades, deja un vacío teórico que impide insertar el conocimiento histórico en estructuras y relaciones. Como concluye Miguel Ángel García, apoyándose en argumentos esgrimidos por el historiador Josep Fontana, «no encontramos en los Annales una verdadera y sistemática teoría de la historia, sino más bien un rechazo constante de las discusiones teóricas y la teoría pura en general, una prevención sistemática frente a la filosofía e incluso a la teoría de la historia» (134).
5Una vez fijados los términos del debate y las armas del duelo, se abre la segunda parte de Nuevos combates por la historia, ahora ya sí con José Antonio Maravall en el centro. En esta segunda parte, titulada «La literatura española contemporánea desde “la historia social de las mentalidades”: el caso Maravall», se cumple el objetivo de un libro que, como dice su propio autor, pretende
sentar las bases para abordar la literatura española contemporánea desde la historia social de las ideologías, incluso desde la historia de las ideologías sin más, pues en efecto toda historia no puede sino ser social y además el concepto marxista y althusseriano en concreto de ideología implica necesariamente ese sesgo de historia social. Este acercamiento a la literatura española contemporánea desde la historia de las ideologías tomará como base los trabajos de Maravall sobre autores como Unamuno, Azorín, Ganivet o Valle-Inclán (…), bajo la etiqueta de historia social de las mentalidades, por él mismo defendida (68).
6Maravall, para llegar a aplicar a sus estudios la metodología de la historia de las mentalidades, emprende una trayectoria que García rastrea exhaustivamente: del ideólogo falangista de preguerra a liberal europeísta y progresista desde finales de los cincuenta en adelante, pasando por su adhesión completa al régimen franquista durante la primera posguerra. Hay una ruptura clara entre el Maravall de ideología nacionalista y antimoderna, que reivindica la esencia de España localizada en Castilla, eje de la nacionalidad y de su carácter grave, espiritual y místico, y el Maravall modernizador que cree necesaria la sincronización de España con Europa. Sin embargo, estas fases comparten un fondo común. El primero es la presencia de Ortega y Gasset, su maestro, que se mantiene como referencia a lo largo de las distintas etapas y se va moldeando en función de las nuevas formas de pensar de Maravall (léase detenidamente el último apartado del libro, «Ortega y Gasset, alfa y omega»). En segundo lugar, el inconsciente humanista que convierte la categoría Hombre en el objeto central de sus investigaciones, desplazando las relaciones sociales, así como las ideologías de clase y sus formas de antagonismo, que está presente tanto en el humanismo reaccionario del primer franquismo como en el humanismo liberal posterior. Y, por último, el rechazo compartido que tanto el ideólogo falangista como el historiador liberal sienten por el marxismo (220-221). Para establecer las distintas etapas del pensamiento de Maravall, detectando las divergencias de cada una pero también el fondo común que comparten, Miguel Ángel García lleva a cabo un exhaustivo vaciado de archivos y hemerotecas para estudiar en detalle la producción intelectual, pero también poética, de un joven Maravall que se mostraba precavido hacia el vanguardismo agresivo (272), al tiempo que celebra el antirrealismo de carácter desrealizador/deshumanizador del arte nuevo que propugnaba Ortega en La deshumanización del arte (261).
7Por su parte, el Maravall liberal necesita construir otra España fuera del imaginario falangista y franquista; y, para ello, va intenta renovar, a partir de su ensayo de 1958, Teoría del saber histórico, la historiografía española y ponerla a la altura de los tiempos. Una vez dado este giro, Maravall no se plantea ya
en ningún momento explicar el “ser histórico de España” sino dibujar una imagen de ella en los primeros siglos modernos (…). Reconoce haber renunciado a toda metafísica de la historia de España, a toda metafísica de lo español. Por el contrario, dice moverse en el terreno de (…) la historia de las mentalidades (319).
8Maravall se detiene, en sus estudios sobre la formación del Estado moderno o en sus análisis sobre lo social en La Celestina, en cómo el humanismo burgués trasluce una inspiración individualista, y muestra cómo la lucha individual y la noción moderna de libertad empiezan a funcionar en la modernidad temprana. Sin embargo, y como señala Miguel Ángel García, sin duda apoyándose en Teoría e historia de la producción ideológica: las primeras literaturas burguesas de Juan Carlos Rodríguez (Akal, 1990; 2017):
Maravall está lejos de sospechar que esa lucha (…) es una lucha de poder a poder del sistema burgués con el sistema feudal; es una lucha a nivel económico, social, político e ideológico. Es la ideología burguesa la que construye al individuo como sujeto libre, lo mismo que la ideología feudal lo construía como siervo (319).
9Y añade a continuación:
Nuestro historiador no sospecha de nuevo que toda esa literatura del yo es indisociable de la lógica burguesa del sujeto libre, radicalmente histórica; ni que el Estado moderno sirve a la lucha de clase burguesa contra el mundo feudal (…). Maravall no ve, no puede ver en las relaciones de producción capitalistas (…) una explotación de la fuerza de trabajo. Se limita a afirmar, fiel a su visión, que el “espíritu” del capitalismo en Europa se revela en el desenvolvimiento del valor autónomo del individuo; o bien, que el mismo individualismo observable en las artes y en las letras se da en las relaciones económicas. Por si quedaba alguna duda, se desmarca del marxismo (320).
10Pero no solo Maravall puso su mirada en la literatura de la modernidad temprana –o mejor: de la transición del feudalismo al capitalismo–, sino también se detuvo a estudiar la literatura contemporánea, y más concretamente la llamada generación del 98 –Unamuno, Azorín, Ganivet o Valle-Inclán– en distintos momentos de su trayectoria. De este modo, el «[n]acionalismo españolista a ultranza, aislamiento, ensimismamiento espiritualista» del Idearium español (361) de Ganivet o el modernismo de Valle, y su gusto «por lo aristocrático, por lo originario y primitivo» (362) se leen de distinta manera en función del momento en que se produce el estudio. El Maravall liberal, europeísta y modernizador, que trabaja desde la historia social de las mentalidades, no puede sino leerlo como una respuesta o rechazo a la realidad presente, sentida como hostil:
Solo las interpretaciones sociológicas del modernismo, como esta de nuestro historiador, han incidido en que no constituye precisamente una estética evasiva, sino una respuesta del artista a la sociedad burguesa (…) Este planteamiento contribuye a romper la dicotomía que estableció la crítica tradicional entre un 98 comprometido con el problema de España y un modernismo evasivo, instalado sin más en la autonomía artística, desinteresado de cuanto sucedía a su alrededor. Maravall se acerca a la idea sartreana de que el escritor está siempre “en situación”, situado social e históricamente (362).
11Asimismo, su acercamiento a los autores del 98 resulta muy productivo para nutrir el método de la historia de las mentalidades. Le son especialmente útiles la noción de microhistoria de Azorín, que en lugar de centrarse en grandes hazañas o grandes hombres se detiene a observar el «“hormiguero solícito de criaturas anónimas” que tejen de forma incesante la textura de la vida social, como las células construyen los tejidos orgánicos» (371), o la de intrahistoria de Unamuno, a quien Maravall «reprocha no haber sido un auténtico teórico de la historia sino un poeta de la historia» (376). De todos modos le interesa la distinción unamuniana entre «sucesos –que apenas mueven la superficie histórica y son pasajeros– y los hechos –que tocan el plano eterno y permanente de lo intrahistórico» (376), si bien «el historiador social de las mentalidades (…) partidario de la modernización burguesa, no tiene más remedio que establecer distancias con el Unamuno antimoderno de la intrahistoria» ya que lo poético de su planteamiento puede echar «a perder la historia» para caer en una suerte de «populismo primitivo y pretendidamente orgánico [que] deja al vasco al borde del socialismo o quizá del fascismo» (379).
12Nuevos combates por la historia es un libro imprescindible para conocer el sistema de pensamiento de José Antonio Maravall, el modo en que edificó su saber histórico y participó del desarrollo metodológico de la historia social de las mentalidades y contribuyó a implementarlo en el ámbito hispano. Pero no es un homenaje, más bien una discusión. El libro se propone historizar su pensamiento y, en consecuencia, rastrear los efectos, o síntomas, de un inconsciente ideológico que opera desplazando en los objetos de estudio los antagonismos de clase, las relaciones sociales, lo real de la explotación. La burguesía como ideología se esfuma para entenderse apenas como mentalidad. Para ello Miguel Ángel García invita a entrar en la conversación a su maestro Juan Carlos Rodríguez, pero también a Louis Altusser, no solo para discutir con Maravall en el marco del hispanismo, sino también con la escuela de los Annales, cuando contemporáneos suyos elaboraron esa nueva forma de hacer historia, la historia social de las mentalidades, partiendo del marxismo, para caricaturizarlo y desacreditarlo, y para definitivamente darlo por superado. Nuevos combates por la historia es un ensayo que no solo estudia minuciosamente, con rigor y exhaustividad, su objeto de investigación, sino que, a partir de la distinción althusseriana entre objeto real y objeto del conocimiento, Miguel Ángel García se enfrenta a él, interviene en el debate, no para conocer mejor el objeto real, que existe independientemente de nosotros allí fuera, sino para transformarlo, para producir un objeto otro que nos permita pensar el mundo de otra manera, de una manera radicalmente otra.
Pour citer cet article
Référence papier
David Becerra Mayor, « Miguel Ángel García, Nuevos combates por la historia. Maravall y la literatura española contemporánea », Bulletin hispanique, 128-1 | 2026, 321-326.
Référence électronique
David Becerra Mayor, « Miguel Ángel García, Nuevos combates por la historia. Maravall y la literatura española contemporánea », Bulletin hispanique [En ligne], 128-1 | 2026, mis en ligne le 06 juillet 2026, consulté le 17 septembre 2026. URL : http://journals.openedition.org/bulletinhispanique/24753 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16mie
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