Alfonso Reyes: con la vida en guardia
Résumés
Alfonso Reyes revient au Mexique en 1939, à la veille de ses cinquante ans, après avoir passé la deuxième moitié de sa vie en France, en Espagne, en Argentine et au Brésil, chargé de fonctions diplomatiques, tout en déployant une fructueuse activité littéraire. C’est alors, comme le montrent son œuvre et son Journal, et comme en témoigne sa riche activité publique, qu’il entreprend la tâche de préciser sa notion et sa pratique de l’humanisme, compris dans un rôle civilisateur.
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- 1 Expuesto en «El Ateneo de la Juventud en su centenario», conferencia organizada por el Departamento (...)
Hay que conceder sin ambages que el hombre es mejorable, y que no debe abandonarnos jamás el empeño de mejorarlo.
- 2 «El hombre y los hombres», cap. 10 de Andrenio: perfiles del hombre. Alfonso Reyes, Obras completas(...)
Alfonso Reyes2
1. Las amenazas de la noche
- 3 Estos ocurrieron el 4 de marzo de 1944, en febrero y junio de 1947 y el más fuerte de todos, el 4 d (...)
1El 1º de marzo de 1944 y en su Diario, Alfonso Reyes consignó que se encontraba escribiendo el ensayo «El hombre y el mundo», que lo «obligaba» «a una técnica que yo ignoraba. Me emberrinché. Trabajé varios días hasta las 4 a.m. Fumé mucho. Me vino un espasmo nervioso, con dolores terribles en el brazo izquierdo, el alto busto y la media brea hasta la nuca. Estoy encerrado curándome.» No obstante la reclusión médica, el día 6 fue a un festejo en la Embajada de Brasil y…: «¡Ay! Terribles dolores a la madrugada. Vino ayer el doctor [Ignacio] Chávez, reforzó curas, prohibió salir [a la] calle.» Con estas palabras dio cuenta para sí mismo del primero de los cuatro infartos al miocardio que sufrió.3
- 4 El tercero de los infartos, de junio de 1947, lo sacudió tan dramáticamente que lo llevó a escribir (...)
- 5 Ernesto Mejía Sánchez, en su calidad de editor de las OC de AR, se encargó de establecer la versión (...)
2Invoco el episodio porque en él están entrelazados dos hechos elocuentemente significativos en la vida y obra de Alfonso Reyes. Por un lado, a sus pronto 55 años de edad tuvo la primera de las cuatro decisivas llamadas de atención a su vida, en la dimensión más natural y llana, la vida de nuestro cuerpo. Por el otro, con la experiencia de sus varias centenas de artículos y ensayos publicados, la elaboración del ensayo «El hombre y el mundo» lo «obligaba» a una «técnica que ignoraba», quizás porque el ensayo era esencialmente filosófico. Ambos hechos lo excitarán sobremanera por el resto de sus años, porque la amenaza de muerte fue real y eso lo puso en guardia4 y porque el ensayo fue el inicio formal del libro Andrenio: perfiles del hombre, libro elaborado muy lentamente hasta casi «darle la forma definitiva» antes del 29 de diciembre de 1959.5
- 6 En ese ensayo hizo una intensa, personal y alegórica consideración en torno a la su noción de libre (...)
3Según parece, al ensayo «El hombre y el mundo» que escribió aquella noche de marzo de 1944, le cambió el título a «El hombre y los hombres» y más tarde lo convirtió en el último de los 10 ensayos que compondrían el libro Andrenio. El ensayo –informa Mejía Sánchez– contaba con «numerosas correcciones manuscritas en el original mecanográfico» quizás debido a sus afanes de una «nueva técnica». No obstante, la reflexión contenida ahí y en todo el Andrenio provenía de muchos años atrás, aunque el inicio directo de su renovada reflexión se detonó en otra noche, una de enero de 1939 cuando escribió el ensayo «Metáfora del Buda y la piedra».6
- 7 La carta data del 1 de julio de 1947 y la recogí como parte del Apéndice documental del Diario (194 (...)
4También aquella noche de marzo de 1944 Alfonso Reyes adquirió ante sí mismo una nueva condición, que denominó, simplemente, «cardiaco»; se asumió como tal y con cierto humor llegó a decir: «soy cardiaco», en lugar de escritor o embajador o…. La secuencia y la secuela de los siguientes dos infartos lo condujeron a la íntima sensación de estar tomando «una serie de medidas que empiezan a tener carácter testamentario», como le explicó en carta privada al presidente Miguel Alemán.7 Por lo tanto y como elocuentemente se observa en su Diario, a partir de marzo de 1944 Alfonso Reyes emprendió una enorme cantidad de actividades literarias y de servicio, en las cuales cristalizó cabalmente su noción y práctica del humanismo. Sobre el conjunto de esas obras y tareas, en tanto síntesis de su propuesta de humanismo, versarán las siguientes páginas.
2. El primer periodo
5El 9 de abril de 1938, durante su muy corta estancia en México después de 10 años como Embajador en Argentina y en Brasil –todavía no sabía que en pocos días el presidente Lázaro Cárdenas lo enviaría a Río de Janeiro para cumplir una misión comercial a favor del recientemente expropiado petróleo mexicano–, escribió a su viejo y entrañable amigo Luis Montes de Oca pidiéndole consejo sobre su propio porvenir, pues consideraba que en Relaciones Exteriores ya había cumplido y agotado un largo ciclo y que el ofrecimiento de expatriarse y establecerse en Austin –como full profesor de la Universidad de Texas, según el ofrecimiento formal que se le hizo– no estaba en sus planes.
- 8 La idea la había acariciado desde años atrás y con Contemporáneos había ponderado la necesidad, con (...)
6Pero sí lo estaba el de crear y dirigir «una buena y verdadera revista seria».8
- 9 V. Clara E. Lida, con la colaboración de José Antonio Matesanz, La Casa de España en México. México (...)
7Sin embargo, Cárdenas dispuso y Reyes viajó a Brasil a cumplir delicados encargos diplomáticos y comerciales. Regresó a México el emblemático 9 de febrero de 1939 (fecha de aniversario de la muerte de su padre) y el 20 de marzo se entrevistó nuevamente con Cárdenas, quien le agradeció sus gestiones ante el gobierno de Getulio Vargas y le ofreció la presidencia de la recientemente fundada Casa de España. Las complejas tareas derivadas de la instalación y puesta en marcha de La Casa de España y su transformación en El Colegio de México han sido ampliamente documentadas y analizadas, por eso aquí obviaré las naturales dificultades implícitas en la fundación de una institución dedicada a la formación de investigadores en ciencias sociales y humanidades.9
- 10 Recopiló sus artículos en los libros Capítulos de literatura española (1ª y 2ª serie, 1939 y 1945, (...)
- 11 Junto a estos libros, AR también se daba tiempo para escribir artículos, ensayos, notas y demás tex (...)
8Simultáneamente a las tareas de servicio, administración, promoción y docencia (mediante ciclos de conferencias) que desempeñaba Alfonso Reyes en su calidad de Presidente de El Colegio de México, también se ocupó de su propia obra literaria. Si consideramos la noche de aquel marzo de 1944 como una marca simbólica en su biografía, podemos observar que entre esta fecha y su regreso a México en febrero de 1939 su actividad literaria fue fructífera, pues se avocó a la ordenación y recopilación en una decena de libros con sus ensayos, conferencias y artículos de evocación, dos de poesía10 y emprendió la recuperación y desarrollo de dos significativos temas que había dejado al margen debido a sus tareas en el servicio diplomático: volvió a sus intereses helénicos mediante La crítica de la edad ateniense (1941) y La antigua retórica (1942) y a la reflexión sobre la teoría y técnica literaria en El deslinde: prolegómenos a le teoría literaria (1944) y Tres puntos de exegética literaria (1945).11
9Vistos en sus conjuntos unitarios y desde la perspectiva humanística, en estos libros se perfilan tres ámbitos de reflexión sobre los cuales Alfonso Reyes depositaba especial atención en aquellos años de 1930 y 1940, en los que por ningún motivo podemos pasar por alto la repercusión mundial de los conflictos políticos y económicos en diferentes países de América Latina, la Guerra Civil en España y la Segunda Guerra en Europa, Estados Unidos y Japón. Estos tres ámbitos son, en primer término, el lugar de América Latina ante el mundo; después, el pensamiento helénico y, finalmente, la importancia de la teoría literaria. Ninguno de ellos es independiente de los otros ni tampoco lo es su orden de aparición o jerarquía en el conjunto. De hecho, ellos son un todo unitario, a los que más adelante sumaré otros ámbitos: el de la historia como tradición, la amistad y la ética.
10Durante su estancia en Brasil y Argentina (1928-1938), nuestro Embajador debió cumplir con la función de representación nacional en diversos actos protocolarios. Sujeto a las normas diplomáticas, Alfonso Reyes asumía la responsabilidad implícita en su carácter de representante plenipotenciario de México y en sus diversas intervenciones públicas lo hizo en su doble carácter, escritor y Embajador. Así, la carga simbólica de sus intervenciones y los foros en los que participaba añadirán una relevante y significativa connotación, porque sus palabras entonces y ahora poseen la dimensión de su propia individualidad y, simultáneamente, de la representación de México; así, el valor histórico de su dicho se incrementa.
11En Tentativas y orientaciones (1944) y Norte y sur (1944), a la que se sumarán La conferencia Colombo-Peruana para el arreglo del incidente de Leticia (1933-1934) (1947) y La constelación americana (1950), Reyes desplegó una reflexión discretamente política y acentuadamente cultural, porque ahí desarrolló su concepto de reivindicación histórica y cultural de América Latina; apeló a la tradición no como una abstracción rígida, sino como el cimiento hundido en la indeterminada masa del pasado para, sobre él, sostener el presente vivo y, al mismo tiempo, desplegarse como la columna vertebral de una identidad capaz de articularse flexiblemente con el presente. Sus palabras siguen siendo elocuentes:
No se trata aquí de querer traducir el presente hacia el pasado, sino, al contrario, el pasado hacia el presente. El aprovechamiento de una tradición no significa un paso atrás, sino un paso adelante, a condición de que sea un paso orientado en una línea maestra y no al azar. Por lo demás, no todo lo que ha existido funda tradición.
- 12 Cf. AR, «Posición de América» (1942), en Tentativas y orientaciones (1944), en OC, XI, 254 ss. y la (...)
12En otras palabras, de manera tan natural que ni se percibe, en su racionalidad histórica y cultural se encerraba un ethos en el que se adivinaba cierta influencia de la filosofía antropológica y moral del entonces influyente Max Scheler, en tanto que Alfonso Reyes abogaba por el saber de salvación, el saber culto y el saber práctico. Sobre tan abarcadora noción, sugería un proceso de transformación cultural de América Latina, porque su historia moderna apenas había comenzado en 1492 y, por lo tanto, poseía una mayor flexibilidad como para integrarse con el mundo occidental contemporáneo y ofrecer, simultáneamente, la singularidad de su universal visión de mundo debido a la sólida raíz de su historia antigua, la previa al Descubrimiento.12
13Por supuesto y como es ampliamente sabido, en Alfonso Reyes su decida afición por la filosofía y la literatura helénicas se encontraba ya en sus años juveniles y la mantendría viva hasta el final de sus días. No obstante, a partir de 1939 se percibe en él una renovada, sistemática e intensa frecuentación con el mundo helénico. La crítica de la edad ateniense (1941) y La antigua retórica (1942), –que tienen su origen en sus cursos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM– son entonces el inicio del caudaloso torrente que proseguirá por el resto de su vida. Como inicio, no sorprende su sistemático regreso al saber helénico por la vía estética y literaria, porque es justamente ahí en donde yace lo mejor de la expresión de los hombres y de su representación moral del mundo; es el cimiento de la parte viva de la tradición de Occidente.
14Tampoco sorprende la natural continuación de sus indagaciones sobre «la musa crítica» en El deslinde: prolegómenos a le teoría literaria (1944) y Tres puntos de exegética literaria (1945) –también producto de sus cursos universitarios y ciclos de conferencias en El Colegio Nacional, al que ingresó como miembro fundador en 1943. Para él, la continuidad dentro del ámbito de la reflexión literaria entre el mundo helénico y el mundo contemporáneo se identifica en los mecanismos empleados por los hombres para expresar sus ideas y sentimientos. Esta continuidad se percibe en un concepto en apariencia trivial, «experiencia», que concibe como una práctica individual necesariamente inscrita en lo social y lo material; para él –debo subrayarlo– la literatura es experiencia humana.
- 13 Aquí he tomado libremente algunas ideas de Ignacio M. Sánchez Prado, «Deslinde», en Varios, «Diccio (...)
15Ahora bien, la simbólica contigüidad que voluntariamente estableció en su reflexión sobre «la musa crítica» entre el mundo antiguo helénico y el mundo contemporáneo hispanoamericano –porque, seamos enfáticos, su contexto de enunciación es México y nuestro Continente–, podemos interpretarlo en la dimensión histórica y geográfica. Esto, porque Alfonso Reyes estaba pensando la teoría literaria en el plano universal desde América Latina; el suyo, no era un pensamiento excéntrico o periférico, porque así tácitamente hubiera admitido una condición colonial; la suya era una proposición humanística por el ethos implícito en las cualidades estéticas. Así, tan subrepticia como derechamente conducía sus reflexiones hacia una intensa consideración moral.13
3. El segundo periodo
16Vuelvo al Diario de Alfonso Reyes y ahora me detendré en el tercero de los ataques cardiacos. En el registro del 27 de febrero de 1947 anotó: «Unos días, buscando salud y descanso, a Cuernavaca. Todo fue bien, pero la noche de anoche me falló y sentí ese gran trastorno similicardíaco. Volví a la brega tremenda de esta ciudad.» Un día después: «En cama, dolores, fiebre, meólisis y electrocardiogramas. Traduzco Bowra y corrijo Ocios.» Dos días más tarde: «Con grandes extremos, me han metido en cama, pues esta vez parece que sí encuentran el corazón afectado. No me dejan ni respirar. Yo lo hallo excesivo francamente.» Entre el 4 y el 25 de marzo permaneció internado en el Instituto Nacional de Cardiología bajo los cuidados de Ignacio Chávez. El día 26 anotó:
- 14 En sentido estricto fue el tercer ataque cardiaco, porque el segundo ocurrido en febrero de 1947 fu (...)
Todo este tiempo, inmovilizado en cama por un segundo accidente cardíaco.14 Sin padecimientos, pero sometido a una terrible invalidez artificial, que parece era necesaria para que se restableciera la circulación y buena marcha del corazón. He aprovechado para desprenderme de las muchas obligaciones puramente sociales e inútiles que por complacencia he dejado acumularse en mis manos. Parece que podré continuar en México mis actividades indispensables y gratas. Pero... ¡veremos!
- 15 No creo estar exagerando por un motivo significativamente registrado en su Diario: en fecha próxima (...)
17Ya de regreso en su casa, escasas dos semanas después, el 7 de abril anotó: «Aguantando aún mi reclusión. Algunos frutos de mi meditación solitaria, en punto a filosofía moral, psicología sexual y crítica.» Con estas ambiguas líneas alude a uno de los ensayos del Andrenio, que había abandonado desde el ataque cardiaco de marzo de 1944. Se pensará que estoy forzando la interpretación, pero me resulta significativa la triple coincidencia entre la situación de íntima crisis personal y la elaboración de alguno de los ensayos que conformarían el Andrenio.15 En abril de 1947 y luego de cuatro años de abandono, reanudó su futuro libro con uno de estos dos ensayos: «Las antinomias» o «El yo y su vago imperio», pues ambos los dejó inéditos y con muchas notas manuscritas de corrección al margen de los mecanuscritos.
- 16 Esos pocos días en París lo sacudieron profundamente: a) Encontró los viejos vicios burocráticos de (...)
- 17 En particular, uno era significativo y complejo: desde 1945, Reyes había acariciado la idea de crea (...)
18La crisis tuvo un antecedente directo: muy pocas semanas antes de la citada noche de febrero, Reyes había atravesado por un muy intenso y corto periodo de experiencia vital que lo sacudió en su intimidad. Aunque se negó a aceptar la petición del presidente Ávila Camacho para volver al Servicio Exterior, aceptó el encargo del secretario de Educación Jaime Torres Bodet para presidir la Delegación mexicana ante la Conferencia general e inaugural de la UNESCO, a realizarse en París (noviembre-diciembre de 1946). Vestir la casaca diplomática no lo estimulaba, pero sí regresar a su París y observar la nueva versión del antiguo Instituto de Cooperación Intelectual.16 Aprovechó la doble escala en Nueva York para negociar con las fundaciones Rockefeller y Guggenheim asuntos concernientes a El Colegio de México; también reencontró viejos amigos españoles ahí refugiados e hizo nuevos.17
19Pocos días después de su regreso a México, en su Diario hizo un registro excepcional, porque en esas páginas muy rara vez anotó sus consideraciones. Leamos:
México, domingo 19 enero 1947. Insomnio matinal, tan de mi vida en México, que más bien significa mi reinstalación en mi ambiente, tras el desconcierto biológico del viaje y la ausencia. Sin el ánimo decidido de transformar estas sandias notas en un verdadero diario, a veces me entra la tentación de darle algún contenido sustancioso, siquiera como registro de los hechos en que vivo. Pero me detengo considerando que me va a faltar tiempo, y que todo eso lo robaría a mi verdadera obra. Y sin embargo, no dejaría de tener interés dejar constancia de tantas cosas que realmente no podré nunca volcar en mi obra. Pero tengo ya tanto que hacer y me fatigo tanto! Y, además, temo, si de veras hago un diario en forma, entregarme a la tentación de ir apuntando mis apasionadas reacciones diarias, y levantar así un testimonio de todos mis errores pequeños, cotidianos, en mi juicio sobre las personas. Y, sin embargo, yo podría convertir estas páginas estúpidas en un tesoro de hechos y observaciones para mañana. Lo mucho que me toca ver de nuestra vida actual y mi constante participación en tantos órdenes podrían dar algún valor a estas páginas, sin necesidad de que me pusiera yo, de caso pensado, a «hacer literatura» en ellas. Acaso lo que más me retiene es la certeza de que me faltarán tiempo y ánimos para ello. Ya tengo demasiado con mis mil tareas emprendidas.
- 18 A saber: A lápiz (1947), Grata compañía y Entre libros (ambos, 1948), Sirtes, De viva voz y Tertuli (...)
- 19 La conferencia De un autor censurado en el Quijote: Antonio de Torquemada (1948); los estudios mono (...)
- 20 Los estudios de Junta de sombras (1949), Aquiles agraviado, traducción en versos alejandrinos de la (...)
20Entre este tercer ataque cardiaco y el cuarto, ocurrido el 4 de agosto de 1951, la «cosecha» literaria tuvo como frutos casi una veintena de nuevos libros de recopilación de ensayos, reseñas, conferencias, notas de circunstancia y media docena de cuadernillos de documentalia de su servicio diplomático (dos de ellos elaborados expresamente a partir de notas que conservaba).18 La creación literaria escrita durante estas fechas fue menor en número, pero mayor en complejidad.19 Y lugar relevante ocupó su intenso y tumultuoso trasegar helénico, base para sus ciclos bianuales de conferencias que impartía en El Colegio Nacional y otras instituciones de educación.20
21Junto al abrumador listado de obras de recopilación y creación literaria, no podemos ni debemos pasar por alto las múltiples funciones y tareas que Alfonso Reyes desempeñaba, primero, como Presidente del Colegio de México y, después y de manera menos cotidiana, como miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, como consultor (término anacrónico que él no hubiera aceptado) de las Secretarías de Educación Pública y Relaciones Exteriores, como secretario técnico del Consejo de Administración del Banco del Valle de México y como amigo de los directivos del naciente Grupo Monterrey, entre algunas otras funciones que realizaba ocasional y amistosamente, como consta en su Diario.
22Para la ponderación de este complejo cúmulo de actividades y realizaciones de Alfonso Reyes durante los escasos cinco años referidos, las palabras empleadas con el presidente Miguel Alemán resultan significativas, porque sobre su premisa de «carácter testamentario» emprendía negociaciones de recursos para otorgar a El Colegio de México un edificio propio. Un mes después (5 de agosto de 1947), Reyes escribió a su amigo Luis Montes de Oca con idéntico motivo, solicitarle recursos para fundar el Centro de Estudios Filológicos y la Nueva Revista de Filología Hispánica. Sin embargo, su argumentación fue distinta, pues ahora invocó una breve y elocuente historia:
- 21 La propuesta de AR a Vasconcelos era de un proyecto español, impulsado por la Junta para la Ampliac (...)
Como tiene usted poco tiempo de verme, le adelantaré el asunto de que quiero hablarle. Yo sé que hace años se interesó usted por la necesidad de que hubiera en México estudios filológicos. Ya sabe usted que yo hice cinco años de práctica en este sentido bajo la mejor dirección del mundo: don Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Centro de Estudios Filológicos. Pero mi vida, las condiciones de México me han impedido consagrar mi atención a ese punto, a pesar de contar con una institución preparada para tales labores, como sin duda lo es El Colegio de México. Tampoco ignora usted que los trabajos de los malogrados [Pablo] González Casanova y Mariano Silva y Aceves apenas quedaron en el periodo de preparación y «amateurismo», y no fundaron tradición verdadera, que sólo la hay en México para las lenguas indígenas, pero no para la lengua española. En los tiempos áureos de Vasconcelos, estuve a punto de mandar a México desde España a Amado Alonso, que aunque joven era ya un filólogo autorizado, formado en nuestra escuela al lado de Américo Castro, y al efecto me cambié un montón de telegramas con Vasconcelos. Pero resultó que quien llevaba el asunto y lo entendía era Pedro Henríquez [Ureña], y de pronto intervino Vasconcelos personalmente declarando que no le interesaban estas tonterías.21
23Vistos desde la distancia de nuestro presente, entre los efectos que las crisis (en particular las cardiacas) tuvieron sobre Alfonso Reyes sobresale uno, que actuó como un catalizador que precipitó sus acciones y creaciones. Si bien prosiguió indagando en los ámbitos de América Latina, pensamiento helénico y teoría literaria, también lo hizo en los de la historia como tradición, la amistad como condición básica de la relación humana y la ética como principio rector de la conducta del hombre, sea en la vida privada (moral) o en la pública (política). Más aún, en su conjunto estas acciones y creaciones y estos ámbitos de indagación nos revelan hoy su voluntad de cristalizar las bases de un muy complejo proyecto cultural, como sugieren sus afanes para materializar el edificio de El Colegio de México y para simbólicamente cristalizar la institución imaginaria de la cultura implícita en los estudios filológicos.
4. Para encarar lo verdadero
24Como anotó en el Diario y la carta citada, su interés fundamental lo tenía depositado en la «verdadera obra» y en las acciones que «fundaran tradición verdadera». Bajo esta doble premisa y dentro de los seis ámbitos aquí considerados, sus obras y acciones formaban parte del proyecto cultural implícito en los estudios filológicos. Reyes desplegó su concepto en la conferencia «Posición de América» y sus métodos y alcances en el ensayo «Palabras sobre el humanismo» (1949), con el cual iniciaría su Andrenio. Por supuesto, ni ese concepto de cultura ni esos métodos están expuestos con un lenguaje positivo o pragmático, menos aún programático, porque él los desarrolló como una excitación ensayística.
- 22 AR en su juventud recibió la benéfica influencia de su maestro de etimologías Francisco S. Rivas, q (...)
- 23 En las dos historias referidas Reyes cuidó atingentemente el orden y la jerarquía de obras, autores (...)
25Si analizamos los conjuntos particulares de la obra y de las acciones de Reyes podemos dibujar mejor el alcance de sus afanes urdidos a partir de una muy abarcadora y compleja noción y práctica de la filología.22 En el ámbito de América Latina, están la crónica de la negociación diplomática La Conferencia Colombo-Peruana para el arreglo del incidente de Leticia (1933-1934) (1947), la historia literaria Letras de Nueva España (1948) y la memoria personal Pasado inmediato (1941), que simbólicamente encierran la doble perspectiva del tiempo que debemos considerar permanentemente: por un lado, los procesos históricos a lo largo de siglos (la tradición, con sus respectivos cambios en función de adecuaciones permanentes con el presente) y, por el otro, la dinámica de las cualidades humanas en las negociaciones políticas y/o el cuestionamiento de la inercia cultural y la siembra de inquietudes culturales para el porvenir (los episodios coyunturales que incidirán sobre los procesos históricos).23
26El ámbito de la amistad, como condición básica de la relación humana, y la ética, como principio rector de la conducta del hombre en la dimensión estética e individual, se dibuja neto en Cortesía (1948) y en Grata compañía (1948). En ellos, no obstante su aparente sencillez y visible emotividad, Reyes cifra la tradición humana de la felicidad y el duelo, del placer y el dolor; ahí rinde culto cabal al concepto de homenaje y admiración, así sea motivado por circunstancias en apariencia triviales. Junto a ambos libros, Homero en Cuernavaca (1949 y 1952) y «Charla en sonetos» son una variante de la expresión de la amistad y admiración referida: con esos sonetos él no apelaba directamente a un interlocutor específico, sino mostraba su personal visión de mundo e incluso su intimidad, nunca desde las pulsiones y siempre en la racionalidad más decantada.
- 24 AR así lo caracterizó en 1949: «Hoy el humanismo no es, pues, un cuerpo determinado de conocimiento (...)
27Sin duda, el ámbito helénico es el más complejo y a partir de él Reyes desplegó su noción de humanista, término con el que se sentía identificado –lo que no ocurría con el de helenista.24 Debido a la amplitud y flexibilidad de su noción, Junta de sombras (1949) y Trayectoria de Goethe (1954), aun cuando cada uno aborda épocas y propósitos de autores y obras tan diferentes, poseen un natural parentesco: estimulan la experiencia en sus lectores. Esto ocurre por un motivo esencial, en ellos se cifra la representación moral de su tiempo, de aquí su trascendencia y su ejemplaridad; por eso son clásicos, pues están vivos.
- 25 Daniel Devoto, «La Ilíada» (1952), Alfonso Rangel Guerra (Comp.), Páginas sobre AR. Vol. II, 1ª par (...)
28No por otro motivo, sino por lo vivo de la tradición antigua, Alfonso Reyes se esforzó entusiastamente en la versión española en versos alejandrinos de las diez primeras rapsodas de la Ilíada. Éste gran canto heroico de Homero fue su obsesión y la conjuró con un agobiante y feliz tour de force; el resultado Daniel Devoto lo describió así: «La poesía y el interés novelesco del relato se juntan en esta versión (…); relegándose a traductor, [Alfonso Reyes] se esconde detrás de Homero para dejarnos a solas con él. Pero al ocultarse es la mejor manera de mostrarse….»25 En la literatura, esta cualidad estética es una virtud y como tal revela el ethos que distinguía a Alfonso Reyes.
29Por paradójico que parezca la interpretación, esta voluntariamente oculta presencia del traductor obedecía a uno de los dos propósitos esenciales de su «obra verdadera», el propósito social: cumplir con los lectores la función de enlace entre el espíritu antiguo y el contemporáneo; Guzmán aludió a esta tarea con los calificativos de «elocuente», «atractiva» y «grata» y entre los testimonios de quienes lo trataron o lo escucharon en sus cursillos de El Colegio Nacional abundan dos más: «gran conversador» y «diáfano estilo». En este punto, conviene recordar que en alguna parte y de manera un tanto festiva, él se reconoció a sí mismo como un lector de libros que escribía para lectores de periódicos. El otro de los propósitos era personal: cumplir con su íntima necesidad de expresar su espíritu creativo y analítico, sea en la poesía, la narración o el ensayo. Aquí embona perfecto la analogía que hizo más de una vez: para él escribir era una manera de respirar.
- 26 El mejor ejemplo ya lo referí, AR , La Conferencia Colombo-Peruana para el arreglo del incidente de (...)
30Ahora bien, las acciones que «fundaran tradición verdadera», Alfonso Reyes las desplegó, primero, en las funciones de servicio que desempeñó en su calidad de diplomático (1913-1914 y 1920-1939). Para estas –admitió en su Diario– no había una frontera entre la vida del escritor y la del diplomático, porque ambas se distinguían por su necesaria acción pública y ambas se retroalimentaban. Sin embargo, como consta en cierta parte de su correspondencia privada y en su Diario, son abundantes los ejemplos episódicos en los que se alude a las artes de la negociación diplomática, en el riguroso sentido político; pero estas negociaciones se mantienen bajo reserva, porque lo único relevante son los resultados.26 Algo similar sobrevenía en la creación literaria, aunque esa negociación acontecía en el secreto íntimo de la conciencia estética, por eso se «emberrinchó» ante «una técnica que ignoraba», como cité al inicio de estas páginas.
31El segundo largo periodo de las acciones de Alfonso Reyes encaminadas a «fundar tradición verdadera», comprende desde la puesta en marcha de la Casa de España en 1939 hasta su muerte en 1959 al frente de El Colegio de México. Para ponderar mejor el significado y alcance de estas acciones deberé dar marcha atrás en el tiempo. Me valdré de su memoriosa crónica histórica Pasado inmediato (1942), en donde describió el contexto cultural de los años del Ateneo de la Juventud. En esa invocación reconstruyó los motivos sobre los cuales cimentó los propósitos que, 40 años más tarde, lo llevaron a solicitar al presidente Miguel Alemán y al banquero Luis Montes de Oca apoyos financieros para dar casa a El Colegio y cuerpo a la NRFH; es decir, materializar los antiguos deseos. Escuchemos cómo describió los contornos de 1909:
- 27 Citado por Enrique Serna, «Nueva España», en Varios, «Diccionario Alfonsino», Letras Libres, XI, 13 (...)
Ayuna de Humanidades, la juventud perdía el sabor de las tradiciones y sin quererlo se iba descastando. Sólo algunos conservadores, desterrados de la enseñanza oficial, se comunicaban celosamente, de padres a hijos, la reseña secreta de la cultura mexicana, y así, paradójicamente, esos vástagos de imperialistas que escondían entre sus reliquias familiares alguna librea de efímera y suspirada Corte, hacían figura de guardianes y depositarios de los tesoros patrios.27
3240 años después, Alfonso Reyes ni se asumía como «guardián» ni «depositario» de ningún tipo de saber (conducta del anticuario), ni se comportaba como «amateur» de gustos entre exquisitos y extravagantes (conducta del gourmet de la cultura). Por el contrario, en sus acciones como servidor público al frente de El Colegio de México –con todas las negociaciones que esto encerraba–, se asumía como un activo, creativo y diligente orquestador de «las cualidades superiores del espíritu» –como indicó Guzmán en 1920. Atento y crítico de las miradas estrechas de los directivos de la «enseñanza oficial» y del «amateurismo» de hombres buenos sin horizonte histórico, Reyes eligió como premisa de su estrategia apelar al humanismo, que él «entiende como una orientación […]: poner al servicio del bien humano todo nuestro saber y todas nuestras actividades.»
- 28 Martín Luis Guzmán en entrevista con Emmanuel Carballo, 19 protagonistas de la literatura mexicana (...)
33En otras palabras, su única y largamente acrisolada pretensión era satisfacer su deseo, no el suyo propio en tanto individuo, sino el deseo compartido con sus amigos de juventud. Como consta en Pasado inmediato, en aquel entonces, él y sus cercanos establecieron como principio de conducta personal una rigurosa norma: «la fidelidad a la vocación, el amor al oficio [y] el repudio a la improvisación».28 Los caminos de esta norma fueron complejos y los de Alfonso Reyes primero atravesaron por Relaciones Exteriores. Durante sus 20 años en el servicio, pasó de «amateur» a «profesional»; se asumió como parte del esprit de corps diplomático y se condujo obediente de la Superioridad. Sin embargo, para él la disciplina institucional alcanzó un límite y tuvo un costo: llegó a amar el oficio, pero le indignó que la profesionalización deviniera en burocracia y, sobre todo, en su intimidad le dolió su infidelidad a su vocación, pues desatendió a su «obra verdadera».
5. Bajo las alas del Ángel
- 29 No hay información sobre el contenido de la Cartilla solicitada el día referido en el Diario; la qu (...)
34Para concluir estas notas sobre la noción y práctica del humanismo de Alfonso Reyes debo volver, primero, al año de 1944, en el que coinciden tres significativos episodios. Ya referí que el primero de los cuatro ataques cardiacos (marzo) ocurrió cuando se encontraba escribiendo el ensayo «El hombre y los hombres», con el que concluiría el libro Andrenio. En cambio, no he referido el tercero de los episodios: el 15 de septiembre, ni más ni menos, el secretario de Educación Pública, su amigo Jaime Torres Bodet, le solicitó la elaboración de una Cartilla útil para la campaña de alfabetización que se emprendería a inicios de 1945.29
35Si bien las coincidencias son fortuitas, esto no resta su valor significativo. En sentido estricto, se podría argumentar que entre el ensayo filosófico «El hombre y los hombres», el cuadernillo pedagógico Cartilla Moral y la crisis cardiaca no hay nada en común y, por lo tanto, sería mejor analizarlos en su individualidad. No obstante, en la dimensión simbólica la fortuita coincidencia resulta relevante, más porque el Andrenio hasta aquí ha coincidido con tres crisis íntimas de Reyes: su personal cuestionamiento sobre el libre albedrío o la dignidad humana (1939), su cuestionamiento sobre el lugar del hombre entre los hombres y bajo el imperio de las ideologías (1944) y su cuestionamiento sobre la dualidad del hombre o las características del yo (1947).
36Aquí y allá encuentro apoyos para mis sospechas. El propio Alfonso Reyes refirió que el provisional título Perfiles del hombre lo completó años después con la invocación de Andrenio, cuando ya había elaborado algunos de los ensayos. También informa que Andrenio es el interlocutor de Critilo en El criticón (vol.: 1651, vol. II: 1653 y vol. III: 1657), la famosa e importante obra de Baltasar Gracián, que estudió cuando fue investigador en el Centro de Estudios Históricos de Madrid (1915-1918). Por su parte, Alfonso Rangel Guerra describió así la sugerente cualidad del título elegido por Reyes:
- 30 Op. cit, p. 9-10.
Andrenio es el personaje que en esa novela vive en estado natural, ajeno a toda educación, por la condición solitaria en la que ha crecido, y al que encuentra Critilo, el náufrago que llega a la isla en que aquél vive. Esta relación entre Andrenio, ayuno de la cultura del lenguaje y el conocimiento, y Critilo que representa el criterio, es el asunto de la novela filosófica de Gracián.30
37El Andrenio ha sido considerado como el libro más personal y filosófico de Alfonso Reyes, porque ahí y desde el ensayo literario hace una sensible, informada y nada pretensiosa consideración sobre diez diferentes aspectos de la condición del hombre ante sí mismo y el mundo; no lo dice, pero en su evidente reflexión histórica, que abarca desde el mundo helénico hasta el presente, está mostrando el proceso de transformación del hombre y de los conocimientos sobre el hombre; sin pretender hacer una historia cultural ni filosófica, aunque con este referente como contexto, desde el ensayo literario (aunque reiterativo, debo ser enfático) traza un amplio cuadro de la moral y esboza algunas líneas de la psicología y la sociología.
- 31 Las lecciones son: I, Educar para el bien; II, Valorar la naturaleza y el espíritu; III, Estimular (...)
38Lo reconozco, no sé qué maliciaba Alfonso Reyes cuando paradójica y simbólicamente colocó a Andrenio, ese hombre de la ficción renacentista «ayuno de la cultura del lenguaje y el conocimiento», al frente de las reflexiones descritas. Lo que sí sé es que en la Cartilla Moral se estaba dirigiendo expresamente a los Andrenios del México de 1944 y hacia ellos era explícita su voluntad de «despertar el gusto por la cultura» y «ayudar a perder el miedo a los temas clásicos, base indispensable de nuestra educación». Por supuesto, la Cartilla es un prontuario de moral, en sentido laico y con propósito cívico.31
39Haré un alto en las consideraciones para pasar a imaginar una convencional escena en nuestros rituales cívicos y políticos. Seguramente, era medio día y el sol caía a plomo sobre el templete de ocasión montado ante el famoso monumento del Paseo de la Reforma. Por supuesto, el presidente Ávila Camacho estaba al centro de algunos de los miembros de su gabinete; con emoción contrita, todos escuchaban al secretario Torres Bodet, quien hacía el panegírico histórico de los héroes que nos dieron patria. Concluido el acto y relajado el protocolo, quiero imaginar al naturalmente invitado Alfonso Reyes felicitando a su amigo Jaime por su alocución, al fin y al cabo ambos servidores públicos estaban picados por la misma araña poética, histórica y cívica. Todavía enfebrecidos y bajo las alas del Ángel, Don Jaime le pidió a Don Alfonso la Cartilla para alfabetizar.
40La secuencia es simple y común y no exige detalles, aunque sí consideraciones –que aquí omitiré las concernientes a Torres Bodet. A Reyes, primero quiero pensarlo e imaginarlo en sus años en Argentina y Brasil, cuando en su calidad de Embajador intervenía en actos públicos en donde externaba sus ideas de «excitación cordial» orientadas hacia una conducta moral de responsabilidad; entonces empleaba reiterada e insistentemente el concepto de Inteligencia americana, como rasgo distintivo de identidad regional. Después, también quiero pensarlo e imaginarlo en sus afanes y discretas negociaciones para obtener los recursos indispensables para satisfacer su deseo «testamentario», dar casa a El Colegio y cuerpo a su Centro de Estudios Filológicos, incluida la NRFH, como núcleo de las actividades de las humanidades.
41Estas pretensiones ya no eran simbólicas, sino la cristalización de un deseo analizado y ponderado a lo largo de 40 años. Entre los actos públicos del Embajador y las negociaciones privadas del presidente de El Colegio podemos imaginar el ya caudaloso torrente de esas pretensiones. Aquí, también coincidentemente, tanto Reyes como Rangel Guerra emplean el simbólico concepto de «ayuno» para nombrar el origen del deseo y describir la carencia de «humanidades» entre los jóvenes a principio del siglo XX o de «cultura del lenguaje y del conocimiento» en el personaje Andrenio; Reyes aludía al «ayuno» social acumulado durante décadas o más y Rangel Guerra al de una vida individual. Además, Reyes iba lejos y advertía las consecuencias que arrastraría ese «ayuno»: la pérdida de las «tradiciones» y el consecuente «descastamiento» de los hombres y la sociedad.
- 32 En la carta a Montes de Oca, AR refirió la descalificación del secretario José Vasconcelos al proye (...)
- 33 Sin vocación heroica ni habilidad guerrera, Alfonso Reyes también llevaba en su seno, como íntima c (...)
42Aunque sabía cuál era el remedio para ese «ayuno», también conocía los obstáculos y riesgos para satisfacerlo, tanto que los había padecido.32 Naturalmente, junto a la frustrada experiencia directa con la política poseía la experiencia de la literatura, y en esta había aprendido que las acciones encaminadas a «fundar tradición verdadera» debían incidir directamente sobre la historia y, eventualmente, cambiar su curso. ¿Qué otra cosa sino esto habían homenajeado él y Torres Bodet el 15 de septiembre? ¿Qué otra cosa sino esto encerraba la lección que él cuidadosamente tradujo de Homero en el Aquiles agraviado?33 Para decirlo rápido: en él era neta la conciencia de la memoria histórica; también la noción de porvenir.
43Alfonso Reyes, esa conciencia de la memoria y esa noción de porvenir las había cifrado en el ejercicio del humanismo. Para esa práctica, su propuesta era estudiar la historia antigua y moderna de los hombres de América y de su literatura; con esa práctica se depuraría la tradición, se articularía la identidad y, sobre todo, se identificaría la «orientación» deseada para los hombres y se fortalecería «la línea maestra» sobre la cual conducir las acciones. Y había que partir de lo básico, de la Cartilla Moral, ese elemental prontuario de educación cívica indispensable para la convivencia comunitaria.
44Más aún, en su conciencia de la memoria y de porvenir era visible un ethos, porque con el ejercicio del humanismo, desde nuestro presente, se estimula la relación con los hombres y las acciones del pasado (la experiencia literaria) y, simultáneamente, se permite la relación entre nuestros cercanos (la experiencia viva) con la vista puesta en el porvenir común. Para él, esta era la esencia de la responsabilidad de la Inteligencia americana y, por supuesto, el timbre distintivo de su identidad en el mundo. En el Andrenio, desde la ficticia perspectiva del hombre natural e iletrado, Alfonso Reyes analizó las múltiples dificultades que el hombre debería superar para alcanzar a Critilo, esa simbólica representación literaria del criterio humano.
Notes
1 Expuesto en «El Ateneo de la Juventud en su centenario», conferencia organizada por el Departamento de Humanidades de la UAM-Azcapotzalco, en la Casa de la Primera Imprenta (26 de enero de 2010). Estas consideraciones son continuación de otras: «Reyes: Guardia de la pluma. Monterrey y otros medios», expuesto el 21 de abril de 2009 en la Sala José María Morelos de la Secretaría de Relaciones Exteriores y en el coloquio «Homenaje a Alfonso Reyes y El Ateneo de la Juventud», organizado por El Colegio de México, el 10 de diciembre de 2009.
2 «El hombre y los hombres», cap. 10 de Andrenio: perfiles del hombre. Alfonso Reyes, Obras completas, vol. XX. México, Fondo de Cultura Económica (Letras Mexicanas), 1990, p. 472 (en notas abreviaré: AR, OC, XX, 472). Alfonso Rangel Guerra, con un sugerente Prólogo, preparó una edición independiente del Andrenio: perfiles del hombre: Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León (Ediciones del Festival Alfonsino), 2009.
3 Estos ocurrieron el 4 de marzo de 1944, en febrero y junio de 1947 y el más fuerte de todos, el 4 de agosto de 1951. Pocos años después, en «Cuando creí morir» así refirió el episodio: «Recibí el primer aviso el 4 de marzo de 1944. A las tres de la madrugada, mientras yo escribía afanosamente ciertas páginas de intención filosófica que aún no he llegado a recoger (creo que se llamará Perfiles del hombre), el brazo izquierdo empezó a dolerme de forma que me era imposible moverlo…», OC, XXI, 125.
4 El tercero de los infartos, de junio de 1947, lo sacudió tan dramáticamente que lo llevó a escribir el primero de los apuntes de «Cuando creí morir», que en 1951 y luego del cuarto infarto continuó. El apunte completo derivado de ambos episodios cardiacos lo mantuvo en secreto y fue hasta pocos días después de su muerte y a instancia de Fernando Benítez cuando su esposa Manuela Mota lo ofreció para su publicación en México en la Cultura, suplemento cultural de Novedades, 3 de enero de 1960; en OC, XXIV, 119-145.
5 Ernesto Mejía Sánchez, en su calidad de editor de las OC de AR, se encargó de establecer la versión definitiva dentro del vol. XX, publicado en 1979, 20 años después de la muerte de AR; en su Estudio preliminar estableció la historia de la elaboración y sus posibles antecedentes y fuentes. En fecha reciente, Alfonso Rangel Guerra preparó una edición del libro precedido por un elocuente Prólogo, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, Ediciones del Festival Alfonsino, 2008, 155 p.
6 En ese ensayo hizo una intensa, personal y alegórica consideración en torno a la su noción de libre albedrío o, si se quiere en la dimensión filosófica y moral, sobre la dignidad del hombre; el libro Andrenio ni siquiera lo había imaginado. Esto ocurrió en su trayecto en altamar desde Buenos Aires hasta Nueva York, entre el 12 y el 24 de enero de 1939, cuando AR concluiría sus servicios de casi 20 años dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
7 La carta data del 1 de julio de 1947 y la recogí como parte del Apéndice documental del Diario (1945-1951) de AR, cuya edición crítica y comentada preparé. La serie completa de 7 vols. del Diario de AR está en vías de publicación por el Fondo de Cultura Económica. Las cartas de Luis Montes de Oca que referiré más adelante también están regidas en el Apéndice documental ahora referido.
8 La idea la había acariciado desde años atrás y con Contemporáneos había ponderado la necesidad, conveniencia y potencialidad de una revista como la que ideaba; con Monterrey, correo literario de AR (1930-1937), puso a prueba sus posibilidades y alcances, aunque en realidad fue la argentina Sur impulsada por su cercana Victoria Ocampo la que tenía como referente inmediato. Pocos años después y quizás estimulado por AR, Jesús Silva Herzog emprendería la continental empresa editorial de Cuadernos Americanos (fundada en 1942), en cuya presentación AR participó con un significativo discurso. Cf. OC, XI, 150153.
9 V. Clara E. Lida, con la colaboración de José Antonio Matesanz, La Casa de España en México. México, El Colegio de México (Centro de Estudios Históricos, Jornadas 113), 1988; Clara E. Lida y José Antonio Matesanz. El Colegio de México. México, El Colegio de México (Centro de Estudios Históricos, Jornadas 114), 1988, y Javier Garciadiego, Alfonso Reyes, breve biografía. México, Planeta, 2009, p. 97-119.
10 Recopiló sus artículos en los libros Capítulos de literatura española (1ª y 2ª serie, 1939 y 1945, respectivamente); sus ensayos y conferencias con tema político en Tentativas y orientaciones (1944), Norte y sur (1944), y sus ensayos literarios en Los siete sobre Deva (1942), Última Tule (1942) y Los trabajos y los días (1945), y sus ensayos de evocación y memoria histórica en Pasado inmediato y otros ensayos (1941), de análisis y teoría literaria en La experiencia literaria (1942), y los de poesía: Algunos poemas (1941) y Romances (y afines) (1945).
11 Junto a estos libros, AR también se daba tiempo para escribir artículos, ensayos, notas y demás textos de circunstancia que poco más tarde recopilará en libros, que referiré más adelante.
12 Cf. AR, «Posición de América» (1942), en Tentativas y orientaciones (1944), en OC, XI, 254 ss. y la cita de AR en Agapito Mestre, «Hispanoamérica», en Varios, «Diccionario Alfonsino», Letras Libres, XI, 132 (diciembre de 2009) 46-56.
13 Aquí he tomado libremente algunas ideas de Ignacio M. Sánchez Prado, «Deslinde», en Varios, «Diccionario Alfonsino», Letras Libres, XI, 132 (diciembre de 2009) 46-56.
14 En sentido estricto fue el tercer ataque cardiaco, porque el segundo ocurrido en febrero de 1947 fue leve y no exigió de cuidados mayores, como sí ocurrió en el tercero y volverá a ocurrir durante la madrugada del 4 de agosto de 1951, la cuarta y más severa crisis cardiaca.
15 No creo estar exagerando por un motivo significativamente registrado en su Diario: en fecha próxima Reyes había perdido a amigos muy queridos: en 1944 murió su entrañable Enrique Díez-Canededo (6 de junio) y en el transcurso de 1946 Antonio Caso (6 de marzo) y Pedro Henríquez Ureña (La Plata, Arg., 11 de mayo); también significativas fueron la muerte de su buen amigo el pintor Ángel Zárraga (21 de septiembre) y del respetado filósofo Joaquín Xirau (10 de abril). Tras la de Antonio, escribió: «Me voy quedando como la espiga de Heine, olvidada por el segador en medio del campo», alusión de Heine que se remonta al Edén y que Reyes remonta a los amistosos y juveniles tiempos compartidos con ellos, salvo Enrique y D. Joaquín.
16 Esos pocos días en París lo sacudieron profundamente: a) Encontró los viejos vicios burocráticos de la diplomacia internacional; b) Aunque Julian Huxley –director general de la UNESCO– le tuvo deferencias particulares, la naciente organización no satisfizo las ideas que desde años antes había formulado para transformar el Instituto de Cooperación Intelectual; c) Las deficiencias en la Conferencia fueron tantas y tan elementales, que incluso él de puño y letra debió corregirle la ortografía y sintaxis francesa a los franceses; d) Luego de 20 años de distanciamiento, se reencontró con su hermano Rodolfo con quien tenía muy difícil relación; e) Buscó a Kikí de Montparnasse, símbolo de toda una época que él vivió intensamente, y la encontró decrépita y ausente de sí misma; f) Para colmo de males, pese a su decidida aversión a los aviones, debió volar de París a Nueva York, pero en el trayecto una «bolsa de aire» precipitó al avión en una caída libre que obligó una escala de emergencia.
17 En particular, uno era significativo y complejo: desde 1945, Reyes había acariciado la idea de crear en El Colegio de México el Centro de Estudios Filológicos con Pedro Henríquez Ureña en la dirección. Con su inesperada muerte y la irrupción de Juan Domingo Perón, cambió planes y estrategia: se propuso trasladar a México el Instituto de Filología de Argentina, pero su director Amado Alonso prefirió aceptar un puesto en Harvard, aunque convino en negociar el traslado de la Revista de Filología Hispánica y de su editor Raymundo Lida mediante acuerdos terciados y patrocinados por las fundaciones Rockefeller y Guggenheim.
18 A saber: A lápiz (1947), Grata compañía y Entre libros (ambos, 1948), Sirtes, De viva voz y Tertulia de Madrid (1949), Cuatro ingenios, (1950), Trazos de historia literaria, Ancoraje y Medallones (los tres de 1951) y La X en la frente (1952); la recopilación de cuentos y ficciones: Verdad y mentira (1950) y de poesía: La vega y el soto (1946), Cortesía (1948) y gran parte de Obra poética (1906-1952) (1952); creó su pequeña colección editorial Archivos de AR y ahí recogió: La Conferencia Colombo-Peruana para el arreglo del incidente Leticia (19331934), La inmigración en Francia, Momentos de España: memorias políticas, 1920-1923, Crónica de Francia, I, Burlas literarias (todos de 1947) y la Constelación americana (1950).
19 La conferencia De un autor censurado en el Quijote: Antonio de Torquemada (1948); los estudios monográficos Letras de Nueva España (1948) y Trayectoria de Goethe (1954); las series de sonetos para Homero en Cuernavaca (1949 y 1952) y para el capítulo «Jornada de sonetos» de Obra poética (1952), y muchos borradores para los que serán sus libros de memorias: Parentalia: primer libro de recuerdos (1954 y 1959), Árbol de pólvora (1955), Albores: segundo libro de recuerdos (1960) e incluso preparó para su publicación un segmento de su Diario (1911-1930) (1969).
20 Los estudios de Junta de sombras (1949), Aquiles agraviado, traducción en versos alejandrinos de las primeras nueva rapsodas de la Ilíada de Homero (1951) acompañadas de numerosísimas notas explicativas del importante poema y algunos capítulos y apuntes para otros libros más derivados de sus estudios que cristalizarán en Estudios Helénicos (1957) y Filosofía helenística (1959), y sobre todo, Religión griega, Mitología griega, Los héroes y otros más que dejó casi inconclusos e inéditos, y que su editor Ernesto Mejía Sánchez reconstruyó y recogió en los volúmenes XVIII y XIX de las Obras Completas.
21 La propuesta de AR a Vasconcelos era de un proyecto español, impulsado por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que pretendía fundar un centro de filología española en el Continente. El primero lo había encabezado Federico de Onís en Columbia University (1917); seguiría México. Pero como la negativa fue la aludida por AR, se trasladó a Buenos Aires, en donde Amado Alonso encabezó el Departamento de Filología Hispánica (1928). Con la Guerra Civil, el proyecto se vino abajo; con Perón, el de Buenos Aires sufrió un muy fuerte golpe, tanto que Alonso y su equipo cercano de colaboradores salió de Argentina: él viajó a Harvard y Raimundo Lida a México (1947). En otras palabras, la idea de AR recuperaba el proyecto original del Centro de Estudios Históricos, aunque con una variante significativa: el centro sería México y la dimensión hispanoamericana.
22 AR en su juventud recibió la benéfica influencia de su maestro de etimologías Francisco S. Rivas, quien lo inició en el mundo helénico, y fue lector de Charles Augustin Sainte-Beuve; luego discípulo de Ramón Menéndez Pidal, quien lo guió por el Siglo de Oro, y colaboró con Raymond Foulché-Delbosc en la edición definitiva de Góngora; ya como probado profesional, siguió con atención la obra de Werner Jaeger y Karl Vossler, y mantuvo estrecha amistad con Pedro Heríquez Ureña, entre otros varios grandes filólogos. Martín Luis Guzmán describió el afán filológico de AR en A orillas del Hudson (1920): «Con su pluma profesional y sabia, que hacen más elocuente, más atractiva, más grata las cualidades superiores de su espíritu, está marcando la entrada del verdadero camino, el camino que Herder hubiera señalado: el estudio extenso y atento de todas las literaturas, lo mismo antiguas que modernas, para acostumbrar los ojos a la oculta luz que nos descubre las formas reales, eternas.» (Guzmán, OC, I, 59).
23 En las dos historias referidas Reyes cuidó atingentemente el orden y la jerarquía de obras, autores y episodios, siempre dentro de análisis rigurosamente estéticos y/o culturales encuadrados en sus respectivos contextos; en la crónica, describió las estrategias diplomáticas de la negociación política desde la perspectiva humana y, sobre todo, en sus descripciones no ocultó la dimensión moral de los individuos, como también hace en la crónica memorialística.
24 AR así lo caracterizó en 1949: «Hoy el humanismo no es, pues, un cuerpo determinado de conocimientos, ni tampoco una escuela. Más que como un contenido específico, se entiende como una orientación. La orientación está en poner al servicio del bien humano todo nuestro saber y todas nuestras actividades. Para adquirir esta orientación no hace falta ser especialista en ninguna ciencia o técnica, pero sí registrar sus saldos. Luego es necesario contar con una topografía general del saber y fijar su sitio a cada noción. Por lo demás, toda disciplina particular, por ser disciplina, ejercita la estrategia del conocimiento, robustece la aptitud de investigación y no estorba, antes ayuda, al viaje por el océano de las humanidades.» En «Palabras sobre el humanismo», Andrenio: perfiles del hombre (OC, XX, 403).
25 Daniel Devoto, «La Ilíada» (1952), Alfonso Rangel Guerra (Comp.), Páginas sobre AR. Vol. II, 1ª parte. México, El Colegio Nacional, 1996, 225. V. Los poemas homéricos, La Ilíada y La afición de Grecia en OC, XIX.
26 El mejor ejemplo ya lo referí, AR , La Conferencia Colombo-Peruana para el arreglo del incidente de Leticia (1933-1934) (1947). La correspondencia de Genaro Estrada resulta elocuentemente ejemplar de las artes de la negociación política que ellos desarrollaron con felices resultados.
27 Citado por Enrique Serna, «Nueva España», en Varios, «Diccionario Alfonsino», Letras Libres, XI, 132 (diciembre de 2009) 53.
28 Martín Luis Guzmán en entrevista con Emmanuel Carballo, 19 protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX. México, Empresas Editorial, 1965, p. 67.
29 No hay información sobre el contenido de la Cartilla solicitada el día referido en el Diario; la que elaboró AR la tituló Cartilla Moral, y estaba concebida para la alfabetización de adultos, aunque también «accesible al niño»; sin embargo, las XIV lecciones «no pudieron aprovecharse entonces». La guardó en un cajón y hasta 1952 la editó con sus propios recursos en su colección Archivo de AR (39 pp. en formato muy pequeño). En AR, OC, XX, 481-509.
30 Op. cit, p. 9-10.
31 Las lecciones son: I, Educar para el bien; II, Valorar la naturaleza y el espíritu; III, Estimular la voluntad moral para humanizar; IV, La apreciación del bien: preceptos: V, 1º Respeto a sí mismo, VI, 2º Respeto a la familia, VII, 3º Respeto a la sociedad; VIII, Jerarquía: 1º respeto a sí mismo y a la familia y 2º Respeto a la Ley; IX, Respeto a la Patria; X, Respeto a: a) las tradiciones, b) la especie, c) el trabajo humano, todo como principio de relación social; XI, Respeto a la naturaleza, y XII, Respeto a la verdad. Las lecciones XIII y XIV son resúmenes. Durante aquellos años esta era una propuesta de modernidad cosmopolita plenamente aceptada; ponderada desde nuestro presente, revela significativas inconsistencias: Cf. Mauricio Gil Q., «Sobre ética y moral a propósito de la Cartilla Moral de AR», Fuentes Humanísticas (UAM-A), XVIII, 32 (1er. Semestre 2006) 201-203.
32 En la carta a Montes de Oca, AR refirió la descalificación del secretario José Vasconcelos al proyecto filológico que pretendían impulsar Henríquez Ureña y él; en 1932 y con la tácita complacencia de funcionarios gubernamentales, fue AR calificado públicamente de «descastado» porque en su Monterrey, correo literario de AR no se hacía permanente apología de México, y en el inmediato 1944, su amigo Torres Bodet decidió no aceptar la solicitada Cartilla. En otras palabras, en el ámbito de las prácticas políticas, AR había observado que cualquier acción necesariamente debía atravesar por un sinnúmero de filtros e intereses, y todos ellos se acumulaban hasta desdibujar la acción original.
33 Sin vocación heroica ni habilidad guerrera, Alfonso Reyes también llevaba en su seno, como íntima carencia, un agravio moral que necesitaba resolver. En su aspecto personal, la había sublimado en Ifigenia Cruel (1925), pero seguía pendiente la sublimación histórica y social. Aquí me sé transitando en el resbaloso piso de la interpretación psicoanalítica, pero conviene recordar que el día del regreso definitivo de AR a México fue el 9 de febrero de 1939, y temprano por la mañana acudió al cementerio para en severo acto privado rendir guardia de honor ante la tumba de su padre, el general Bernardo Reyes, en su aniversario luctuoso; también conviene recordar que en Río de Janeiro, ¡el 24 de diciembre de 1932!, escribió su soneto «9 de febrero de 1913», que nunca publicó en vida, y cuyos tercetos dicen: «Desde entonces mi noche tiene voces, / huésped mi soledad, gusto mi llanto. / Y si seguí viviendo desde entonces // es porque en mí te llevo, en mí te salvo, / y me hago adelantar como a empellones, / en el afán de poseerte tanto.» (AR, OC, XXIV, 8).
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Référence papier
Víctor Díaz Arciniega, « Alfonso Reyes: con la vida en guardia », Caravelle, 95 | 2010, 141-160.
Référence électronique
Víctor Díaz Arciniega, « Alfonso Reyes: con la vida en guardia », Caravelle [En ligne], 95 | 2010, mis en ligne le 01 décembre 2010, consulté le 08 octobre 2026. URL : http://journals.openedition.org/caravelle/7357 ; DOI : https://doi.org/10.4000/caravelle.7357
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