Palabras nómadas
Résumés
La nouvelle narration latino-américaine reflète l’importance prise par les figures de l’exode et de l’exil, exalte la « condition nomadienne », les notions de déracinement et de « fugitif culturel », d’«artiste migratoire », comme composantes de l’identité dans le cadre des processus de globalisation. L’écrivain vit à présent, volontairement, hors de sa tribu », la nation qui traditionnellement le protégeait : ceci entraîne une révision de l’idée de « littérature nationale » et se traduit par une interdépendance profonde, favorisée par la multiplicité des canaux de circulation et de diffusion, comme une cartographie nouvelle de l’appartenance fondée sur des flux segmentés et combinés qui traversent et brouillent les frontières existantes. Nous soulignerons ici l’importance de l’extraterritorialité et de la transnationalité dans leurs expressions actuelles.
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1Tras la independencia, las interdependencias. Y en doscientos años de independencia, son felizmente muchas las interdependencias creadas. Y muy especialmente, tras décadas de nacionalismos y reivindicaciones de literaturas nacionales, se vive hoy tal vez el más espectacular de los intercambios, diálogos, cruzamientos, aperturas y mestizajes de la historia. Por lo tanto, más que hablar de un Bicentenario y su posible conmemoración, abordaremos en estas páginas los cambios más visibles operados en la narrativa latinoamericana de las últimas décadas, aunque lo hagamos a partir de esta conmemoración emblemática.
2Y lo haremos partiendo de una comprobación obvia: estos años no han pasado en vano. Un período clave en el que el discurso ficcional ha cambiado radicalmente en sus formas, preocupaciones, temáticas y posturas frente al mundo y la sociedad, lejos del boom de los años sesenta y del compromiso político de los setenta. Ello se puede comprobar a través de una serie de caracteres que se han desarrollado en forma simultánea y reflejan una similar sensibilidad.
El desmantelamiento de la novela total
- 1 A título de ejemplo de novelas que pretendieron ser totales: Cambio de piel y Terra Nostra de Carlo (...)
3En primer lugar, los extremos inaugurados por las vanguardias experimentales en lo estético y los radicalismos revolucionarios en lo político de las décadas precedentes han desaparecido en buena parte. Al mismo tiempo, se ha perdido la ambición de escribir la «novela total» o de hacer alarde de un catálogo de técnicas novelescas manejadas con soltura que caracterizaron las grandes «empresas ficcionales» de los años sesenta1. A diferencia de las novelas que pretendían ser verdaderas summas existenciales, la ficción reciente tiene aspiraciones más modestas. Estamos lejos de la «gran novela neo-romántica-fenomenológica, con algo de poema metafísico» de que hablaba, no sin cierta presunción, Ernesto Sábato. Los «grandes relatos» políticos y utópicos están devaluados.
- 2 Ramón Chao, Un posible Onetti, Barcelona, Ronsel, 1994, p. 31.
4Los despliegues de estructuras y técnicas narrativas de las que Cambio de piel (1967) y Terra Nostra (1975) de Carlos Fuentes y La casa verde (1965) de Mario Vargas Llosa fueran ejemplo paradigmático, se han desmantelado en aras de un estilo más sencillo, menos barroco y donde prima la narratividad. El cambio operado fue explicado por uno de los protagonistas consagrados por el boom, el misántropo Juan Carlos Onetti: «En la primera etapa de aquel tiempo −decía con ironía el autor de El astillero− adoptamos una posición, un estado de espíritu que se resumía en la frase o lema; aquel que no entienda es un idiota. Años después, una forma de la serenidad −que tal vez pueda llamarse decadencia− nos obligó a modificar la fe, el lema que sintetiza, aquél que no logre hacerse entender es un idiota»2.
5El desgaste de una cierta literatura política que enfatizó hasta hace un par de décadas el compromiso, la heroicidad y las posiciones radicales, ha derivado hacia un recapitular con escepticismo, en ocasiones con un cierto cinismo, actitudes y posturas del pasado. El revolucionario y el guerrillero se instalan en una suerte de «reposo del guerrero» para dedicarse al ocio y al sexo, tomando la actitud del protagonista de la novela El reposo del guerrero (1958) de Christiane Rochefort que inmortalizara Brigitte Bardot en la adaptación cinematográfica de Roger Vadim. El peruano José B. Adolph, lo resume diciendo que algo han «dejado» en el «cuarto de siglo de profesión revolucionaria» y reivindica el derecho a dedicarse a «las amenidades de la vida». Porque, en definitiva, «no es fácil llegar a los cuarenta», como comprueba en Cuentos del relojero abominable (1974).
6Han quedado atrás los años de la crónica de la guerrilla urbana de País portátil (1968) de Adriano González León; los relatos crudos y directos sobre la violencia urbana de La canción de nosotros (1975) y Días y noches de amor y de guerra (1978) de Eduardo Galeano; la crónica politizada de No habrá más penas ni olvido (1978) de Osvaldo Soriano y buena parte de la obra de Antonio Skármeta, desde la intensa Soñé que la nieve ardía (1975), hasta La insurrección (1983) sobre la revolución sandinista.
- 3 Santiago Roncagliolo, «Réquiem por el guerrillero bueno», Madrid, Babelia, El País, 3 mayo 2008, p. (...)
7Es el «Réquiem por el guerrillero bueno» del que habla Santiago Roncagliolo3 −autor de Abril rojo (2006), La cuarta espada, La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso (2007)− para referirse al fin de una literatura que tuvo en el citado País portátil y en Los fundadores del alba (1969) del boliviano Renato Prada Oropeza sus textos emblemáticos. Ahora, lejos de aquella épica, Horacio Castellanos narra en El arma en el hombro (2001) cómo los guerrilleros salvadoreños se han reciclado en «paramilitares» y luego en integrante de una banda criminal al servicio de un político, o el boliviano Edmundo Paz Soldán descubre en La materia del deseo (2001) −a través de un joven profesor radicado en los Estados Unidos que regresa a La Paz para investigar el pasado revolucionario de su padre− como, tras un aura presuntamente heroica, se escondía un ser intransigente, autoritario e inescrupuloso, capaz de engañar y traicionar a su causa y a sus propios familiares.
8El proceso es ahora más sutil y se caracteriza por la irónica desconfianza con la que se recapitulan las proclamas inauguradas con entusiasmo y rotundidad en los años sesenta. Muchos mitos se han desacralizado, cuando no degradado, la simplificación maniquea y el maximalismo voluntarista han cedido a una mayor ambigüedad y a un revisionismo de posiciones y actitudes propias y ajenas, a una deliberada fragmentación de la unidad textual y a un entrecruzamiento de géneros de insospechadas derivaciones, especialmente a través de la incorporación de expresiones culturales populares diversas (música, cine, deportes). Se anuncia así la emergencia de una nueva ficción en ruptura con los esquemas de «verdugos, héroes y víctimas» de décadas anteriores, cuando no declarando un abierto parricidio por las armas de la irrisión, el humor, la ironía, la parodia y el grotesco. El intenso revisionismo anuncia, al mismo tiempo, una desprejuiciada apertura al mundo y un cosmopolitismo ajeno a todo nacionalismo.
9En general, el estilo de esta nueva ficción es más clásico y menos barroco, más atenido a la narratividad que a la experimentación formal, donde las estructuras internas son menos visibles y se privilegia el argumento, la historia con minúscula y el testimonio vital más entrañable. Buena parte de esta producción elige como estilo un realismo descriptivo, cuando no testimonial, en el que pueden reconocerse sin dificultad los lectores. En la apertura temática y en el retorno a formas tradicionales de narrar que caracterizan la ficción latinoamericana de los últimos años, se incorporan expresiones de cultura popular y de masas tradicionalmente relegadas a subgéneros, pero representativas del imaginario colectivo presente en mitos e íconos de la sociedad de consumo, folletines y «novelas por entregas» donde no siempre es posible distinguir con claridad lo que es literatura popular, cuando no comercial, de la llamada «literatura literaria». La fiesta de la lengua recupera giros y expresiones presentes en diálogos callejeros, «fragmentos» de todo tipo, slogans publicitarios y letras de canciones (tangos, boleros y rancheras), citas literarias y filmográficas. Al privilegiar el argumento, una historia que se escribe con minúscula y un testimonio vital más entrañable, el realismo descriptivo de esta creación parece más atenido a la narratividad que a la experimentación formal, hoy decantada en un estilo tradicional, por no decir clásico.
10La palabra solemne y responsabilizada del pasado cedió, pues, el tono grandilocuente de que se creía investida, a la crónica burlona y desacralizada de la aventura del latinoamericano en el mundo. La distancia establecida entre los acontecimientos y su representación ficcional se traduce en una visión sesgada de la realidad, irónica, grotesca o marcada por el absurdo, con la cual se ha enriquecido el realismo tradicional, especialmente en la narrativa de temática urbana.
11En la mayoría de los casos, lo hace a través de la desenvoltura lúdica, la capacidad de auto-denigración, la conciencia de la relatividad histórica desde la cual se proyecta un destino auténtico y en la distancia con que se miran los propios reflejos en un espejo deformante con que la nueva ficción enfrenta la realidad. En estas obras se adivina el rumbo de una narrativa cuyas reivindicaciones tradicionales parecen haber sido desmentidas por una historia que ya no se escribe con mayúscula y que se encara desde una perspectiva más modesta, en todo caso aceptando su intrínseca complejidad y preconizando una voraz integración antropológica del rico acervo cultural del continente en abierto intercambio con el resto del mundo.
12En esta diáspora de la escritura surgen mestizajes múltiples. Si los hispanics de Estados Unidos se expresan con fuerza y originalidad de Nueva York a San Francisco, pasando por Texas y Nuevo México −como ha demostrado la antología de Se habla español. Voces latinas en USA, donde se explora «lo que hay de ellos en nosotros, y de nosotros en ellos» y también «las diferencias entre nosotros»− (Paz Soldán, Fuguet: 2000), en Europa, especialmente en España, se ha «deslocalizado» una literatura latinoamericana instalada en la península, pero con una mirada crítica en el horizonte trasatlántico. Juan Villoro propone en Materia dispuesta (1997), una visión irónica sobre la «indagación de la mexicanidad», esa «pasión representativa» que puebla la narrativa, el ensayo y la pintura mexicana. Andrés Neuman reconstruye en Bariloche(1999) el puzzle de la memoria de un recogedor de basura nocturno en una deteriorada Buenos Aires y lo hace con un acento que no disimula su patria de adopción. Por su parte, el chileno Roberto Bolaño, habiendo vivido en varios países y con un largo período en Barcelona, maneja una polivalencia estilística y temática que le permite escribir libros en «colaboración» −como Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984) con Antoni García− e «inventar» una literatura inexistente, como en los juegos de filiación borgiana de La literatura nazi en América (1996), donde propone una especie de manual con sus reseñas de libros y biografías de escritores imaginarios. Esta misma volubilidad le ha permitido novelizar la biografía, entre real e imaginaria, de un impostor navegando en el turbulento período del golpe de estado chileno en Estrella distante (1996); abordar una especie de novela negra en Los detectives salvajes (1998) y, manejando hábilmente una compleja polifonía de voces, narrar una trama española de corrupción a escala municipal, salpicada de «pícaros» latinoamericanos en La pista de hielo (1998).
13Es evidente que lejos de haberse agotado en los nombres y en las obras de los años sesenta (siempre presentes con Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa y sus novedades anuales), gracias a los cuales la literatura se proyectó en su dimensión universal actual; lejos de haberse quedado en el quejoso lamento de la memoria diezmada de los setenta, la nueva narrativa profundiza y amplía los que han sido los caracteres fundacionales de su originalidad a lo largo de la historia: la vital y humana expresión de una heterogeneidad de voces en un continente tan apasionante como variado y contradictorio, un espejo reflejando la realidad en un fantástico (pero no por ello menos terrible) calidoscopio.
Entre el repliegue nacionalista y la abolición de fronteras
14En segundo lugar, la antinomia arraigo-evasión que caracteriza buena parte de la narrativa latinoamericana y sus movimientos pendulares centrípeto (hacia lo raigal y profundo, lo autóctono y nacional) y centrífugo (cosmopolita) se inscribe hoy en la dialéctica del mundialismo que promueve, al mismo tiempo, la identidad cultural de comunidades, grupos y minorías que destacan con insistencia su original peculiaridad y reivindican con énfasis expresiones regionales y localismos. Como si un movimiento generara el otro: frente a un planisferio cruzado por la intercomunicación y la extraterritorialidad, se marca «el mapa de la universal explosión de particularismos», tal como se define a nuestro tiempo y que, en algunos casos, se expresa a través de radicales fundamentalismos.
- 4 Ulrich Beck, La mirada cosmopolita o la guerra es la paz, Barcelona, Paidós, 2005.
15En un momento en que se exaltan expresiones nacionalistas basadas en el territorio, la lengua o la etnicidad −lo que Ulrich Beck4 llama «error carcelario de la identidad»− y se levantan barreras frente a la alteridad en un entorno cada vez más ambivalente y «mestizo», sentimientos nacionalistas, cuando no provincianos, se enfrentan a un mundo cada vez más interdependiente y globalizado, donde las fronteras han perdido buena parte de su sentido. No deja de ser contradictorio que en este contexto sigan abiertos ásperos debates sobre nación y nacionalidad. Mientras se alzan los llamados «nacionalismos introvertidos» buscando protegerse y blindarse contra la «invasión» del mundo global, aferrándose a un esencialismo de la etnicidad dentro del límite de fronteras cada vez más permeables, la cultura se difunde a nivel planetario conformando gustos y costumbres homogéneos e intercambiables.
16Una buena parte de la narrativa se expande en un movimiento centrífugo de vocación universal y circula, sin necesidad de señalar su patria de origen, con temas y estilos de un deliberado cosmopolitismo. Vivimos, es evidente, una crisis por la pérdida de los tradicionales referentes telúrico-biológicos de la identidad y el desmoronamiento del metaconcepto que la unificaba alrededor de las tradicionales nociones de territorio, pueblo, nación, país, comunidad, raíces. La progresiva desaparición de barreras fronterizas, la generalización de las comunicaciones y los cambios radicales de las formas de producción y circulación de los productos culturales a los que se identificaba como «nacionales», han conducido a este proceso de «desterritorialización» en que se reconoce una cierta postmodernidad.
- 5 Casi como un juego de palabras se podría decir que la identidad es el resultado de la suma de dos c (...)
17Todo sistema identitario −es decir el conjunto de tradiciones culturales, sociales o históricas al que una comunidad pertenece y a cuyo destino está uncida para lo mejor y lo peor− ya no puede pretenderse orgánicamente cerrado. Es inevitablemente «poroso» y puede llegar a tener una relación «osmótica» con otros grupos o sistemas que lo impregnan, lo oprimen o lo favorecen. A ello ha contribuido la nueva dimensión del individuo surgida con la creciente movilidad que caracteriza la vida contemporánea, cada vez más liberada de las restricciones de dependencia de la organicidad biológica y social, de delimitaciones territoriales y de compulsiones históricas a los que la noción restrictiva de identidad la constreñía. Es bueno recordar que tener identidad ha supuesto tradicionalmente pertenecer a un país, a una ciudad o un pueblo y hasta a un barrio, donde se comparte con otros una «mismidad» intercambiable. Desde esta perspectiva, lo propio de una identidad nacional era, hasta no hace mucho, el producto del «cultivo» de ese «territorio» que debía coincidir con los límites de un estado, una lengua5, una religión o una etnia. Ese «producto» ha generado comportamientos e impreso «señas» en las que se reconocen los miembros de la comunidad, conciencia de semejanza (lo idéntico y compartido) que permite establecer diferencias con los otros, con todos aquellos que no encarnan ni manejan los mismos códigos.
- 6 Julio Cortázar, 62, modelo para armar, Buenos Aires, Sudamericana, 1968, p.90 y 120.
18Con la pérdida del «mapa» de los referentes identitarios, la literatura latinoamericana ha ido borrando fronteras nacionales, lo que supone la ruptura de un modelo de escritor y una recomposición de su papel en la sociedad. Ya no hay necesidad de pedirle cuentas por su aporte a la literatura nacional −como se le exigía a Borges o padeció Julio Cortázar en su polémica con José María Arguedas−, esa imposición de representar a un país a la que sentía obligado hasta no hace mucho todo escritor y que parodiara el mismo Cortázar en 62 Modelo para armar (1968), cuando sus engominados personajes intentan asumir un «destino argentino» en Europa. Representar un país, como lo hacen los ridículos porteños paseando por Londres y París con «trajes a rayas y entallados» y peinados de un modo penoso, llega a conformar una caricatura existencial de la auténtica dificultad de tener una identidad fijada. Esos trajes solemnes son un auténtico disfraz con el cual se quiere transmitir una seriedad y aplomo que íntimamente no se posee, «esa especie de padre argentino de sienes plateadas y trajes bien cortados que inspiran confianza»6. Por algo Cortázar inicia Rayuela con la significativa cita de Jacques Vaché: « Rien ne vous tue un homme comme d’être obligé de représenter un pays ».
- 7 Michel Maffesoli en El nomadismo,vagabundeos iniciáticos (México, FCE, 2005) sostiene que la vida e (...)
19En la actualidad se privilegia la idea de «no pertenencia a un lugar», de una realidad hecha de fronteras esfuminadas, viajes de ida y vuelta, «vagabundeos iniciáticos»7, «cultura del camino», «callejeo» impenitente, impulsos de vida errante, nomadismo asumido como destino, aspiraciones a «estar en otro lugar» y de «salir de sí mismo» que favorecen también los mundos virtuales del espacio cibernético, aprendizajes en la otredad y −¿por qué no?− secreta nostalgia por el mundo perdido de los orígenes, en que se reconoce buena parte de la narrativa contemporánea. Lejos de reivindicaciones patrióticas o de identidad, el escritor, homo viator por excelencia, puede preguntarse −como hace el colombiano Eduardo García Aguilar− «¿dónde queda el extranjero?» tras tantas fusiones y mestizajes, viajes, ausencias y retornos.
- 8 Eduardo García Aguilar, Vericuetos, París, 2006, p.60.
¿En la patria abandonada o en las patrias adquiridas a fuerza del éxodo? ¿Quién es más extranjero: el nativo que retorna a deambular por sus parajes nativos o el forastero que agota el asfalto de nuevas y luminosas metrópolis del Viejo y del Nuevo Mundo?8
20Se puede hablar así de una «geografía alternativa de la pertenencia», lealtades múltiples que se generan a través de la pluralidad y las «pulsiones de otro lugar» que asaetan al escritor, la trasgresión y la mezcla de códigos y la exaltación del descentramiento y la marginalidad. En efecto −escribe Francisca Noguerol en «Narrar sin fronteras»:
- 9 Francisca Noguerol, «Narrar sin fronteras» en Entre lo local y lo global, La narrativa latinoameric (...)
Vivimos un momento en que la búsqueda de identidad ha sido relegada a favor de la diversidad: como consecuencia, la creación literaria se revela ajena al prurito nacionalista a partir del cual se la analizó desde la época de la Independencia, aún vigente en múltiples foros académicos y que rechaza la literatura universalista como parte del patrimonio cultural del subcontinente9.
- 10 Kenneth White, El testamento de Ovidio, Bolonia, Il Pomerio, 1997, p.15.
- 11 George Steiner, Extraterritorial, Barcelona, Barral, l973, p.10.
21Estas «figuras de afuera»10 que amplían la idea política del exilio y la reductora imagen «botánica» del enraizamiento y el desarraigo, se inscriben en la condición que George Steiner definiera como extraterritorialidad y la pluralidad lingüística que la acompaña, «carencia de hogar» que caracteriza la obra de grandes escritores como Nabokov, Borges y Beckett11 y que reivindican ahora con orgullo los escritores latinoamericanos que han hecho del «afuera» su patria literaria.
- 12 Desde el rincón de Normandía en que vivió gran parte de su vida, Gustave Flaubert aseguraba: «No so (...)
- 13 Arturo Arias, Sopa de caracol, Guatemala ciudad, Alfaguara, 2002, p. 11.
22Basta pensar en quienes viven por decisión propia o forzados por las circunstancias en Madrid, Barcelona, París, Estocolmo, Berlín, Nueva York o Los Angeles, pero también en Ciudad de México, como ha decidido Fernando Vallejo, aunque sea para despotricar contra su patria de origen, Colombia, en esa ambigua relación de amor–odio que caracteriza la obra de muchos escritores que −al decir de Gustave Flaubert12− «han hecho sus maletas» El guatemalteco Arturo Arias lo confiesa con tono abatido: «Uno se cansa de amar a este maldito país aun cuando se programe para odiarlo. Dependiendo de que lo sueñe o viva en él es un desvencijado paraíso o una embotada prisión armada con espinas de rosales»13.
- 14 Eugenio Dittborn, «Entrevista aeropostal» con Sean Subitt., Art from Latin America. (Ed.) Nelly Ric (...)
- 15 Es interesante destacar la renovada actualidad del «cosmopolitismo ilustrado» que han puesto de rel (...)
23Ello permite superar «los sacrosantos emblemas de identidad, verdaderos distintivos estereotipados de nosotros como víctimas exóticas» y forjar una mirada «múltiple, politeísta y módica»14, gracias a la cual se puede abrir el proceso de una interacción crítica con la tradición entendida como memoria de un pasado histórico que debe ser revisitado en permanencia. Se trata de romper los muros que se levantan frente a la alteridad en un entorno cada vez más ambivalente y «mestizo» que reclama superar el distingo entre dentro y fuera, nacional e internacional, nosotros y los otros, con una visión capaz de expresar la plasticidad cultural y el carácter dialógico del mundo contemporáneo15.
- 16 Ismail Kadaré, «Ave de paso» en «Los mundos del exilio», El Correo de la Unesco, París, UNESCO, Oct (...)
24Por otra parte, la figura del exilio, tanto el forzado como el voluntario, sigue marcando el creciente proceso de desterritorialización, cuando no de desarraigo del ser humano contemporáneo. En ella se concentra la memoria del pasado, formas ambiguas y contradictorias de la nostalgia pero, sobre todo, la alquimia de los intercambios y la fecundación de significados que se generan a partir de la distancia. Si bien la identidad de origen puede estremecerse, «no existe la menor contradiccción entre el exilio y la identidad cultural del escritor» −como sostiene el albanés Ismail Kadaré, quién ha vivido la mayor parte de su vida en el exilio− ya que «el exilio puede fortalecer esa identidad, y precisamente en el momento en que ésta parece debilitarse, la dimensión universal que aquél le aporta la vuelve aún más verdadera»16.
- 17 Eduardo Mallea, Historia de una pasión argentina, Buenos Aires, Losada, 1939, p. 61.
25Ser fugitivo en una lengua extranjera, dicen unos, perderse de nuestra propia lengua en tierras extrañas, proponen otros. En todo caso, vivir siendo siempre un extranjero, porque se está perdido en la propia tierra. Con una similar perspectiva, Eduardo Mallea ya había sostenido en Historia de una pasión argentina (1939) que «no se va a ninguna parte sin desterrarse», porque «el camino de la creación es el camino del destierro»17 ya que hay momentos de rechazo y otros de aceptación, horas en que debe optarse entre quedarse atado a la «ficción circunstancial» o desterrarse.
- 18 Juan Gabriel Vásquez, «Guerra contra el cliché», Babelia, El País, 24 noviembre 2007.
26En resumen, como afirma Juan Gabriel Vásquez: «la literatura latinoamericana actual es hoy como la naturaleza según Pascal: una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna». En todo caso se trata de evitar ser como se espera que debe ser para satisfacer el imaginario europeo: lejos de los tópicos y clichés con que siempre se ha caracterizado lo «latinoamericano». En su esfuerzo por destruir esos tópicos, Vásquez recorre los espacios y lugares de París por donde han pasado Joyce, Scott Fitzgerald, Hemingway o Gertrude Stein para empaparse literal y literariamente de su atmósfera. Desde las Ardenas escribe Los amantes de Todos los Santos (2008), al que define como «libro europeo de un escritor colombiano», relatos que se desarrollan en Bélgica y Francia, donde vive, porque escribe «sobre lo que conoce». Colombia, su patria de origen, es «una tierra desconocida llena de misterio». Por ello, revindica el derecho a sentirse heredero y trabajar con la literatura universal, ya que «nadie tiene que justificarse, como les tocó a Borges o a Cortázar, por contar historias europeas o indias o norteamericanas o con personajes de esas regiones. Nuestra tradición es toda la literatura»18.
27En esta evolución es perceptible el anhelo de fundar un territorio nuevo e independiente, lejos del solar nativo, que caracteriza buena parte de la literatura contemporánea. En esos territorios exteriores, donde se han refugiado quienes «han hecho sus maletas», se consagran el desarraigo, el exilio voluntario o forzoso, esa condición nomádica del artista contemporáneo que marcó la narrativa del siglo XX, tendencia que no hace sino agudizarse en este nuevo milenio y que tiene sus particulares características en América Latina, donde la literatura transfronteriza multiplica escenarios y puntos de vista desasida de la noción unívoca de identidad y de patria. Incluso, como es el caso de las primeras obras del guatemalteco Rodrigo Rey Sosa y los mexicanos Jorge Volpi (En busca de Klingsor, 1999) e Ignacio Padilla (Amphitryon, 2000) haciendo gala de versatilidad temática y deliberada voluntad de «exotismo».
28En esa misma dirección, pero sin renunciar a un punto de vista americano, los chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez, el boliviano Edmundo Paz Soldán, el peruano Jaime Bayly propusieron hará una década larga cerrar el ciclo de «Macondo» y el realismo mágico para abrir con la «franquicia» de MacOndo’s múltiples «sucursales» novelescas en América, al modo de MacDonalds implantados entre condominios, antenas de televisión a la escucha de telenovelas y culebrones, bailando al ritmo de la música de MTV y navegando libremente en las páginas Web del mundo entero.
- 19 Diego Tréllez, El futuro no es nuestro, Madrid, Eterna Cadencia Editores, 2008, p. 6.
29«La sensación es de desprejuicio territorial», concreta Andrés Neuman, un abandono del propósito de «encarnar determinados esencialismos nacionales y políticos» para reformularlos apostando a una literatura que pueda estar adscrita a cualquier espacio, metonimia del mundo que no se siente obligada a retratar la realidad de acuerdo a los tópicos que los lectores esperan de ella. «El chovinismo en la literatura es un cáncer extirpable −cree por su parte el peruano Diego Tréllez, radicado en Nueva York y autor de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso (2001)− ya que «lo nacional tiende a ser un concepto desfasado para analizar nuestras correspondencias»19. Lejos del compromiso y la misión del escritor en boga hará unas décadas, ha compilado una antología desacralizadora de título significativo, El futuro no es nuestro. Narradores de Latinoamérica (2008).
- 20 Celeste Olalquiaga, «Buitre-cultura. El reciclaje de imágenes en la postmodernidad» en Art from Lat (...)
30Sin embargo, en la actualidad la pérdida de los referentes identitarios tradicionales se vive como un apasionante desafío a la imaginación y un nuevo punto de partida para el estudio de una narrativa que se concibe más como un «quehacer» que la gestión de un «patrimonio territorializado». En este sentido, creemos que la crisis de la ontología de la pertenencia nacional y el creciente proceso de desterritorialización a que invita la desaparición de fronteras y la multiplicación de circuitos de circulación y difusión, aunque se traduzca en lo inmediato en la pérdida de referentes identitarios por la presunta homogeneización a la que la globalización conduce, no hace sino «abrir paso a uno de los retos culturales más apasionantes y potencialmente subversivos del momento»20.
La condición nomádica del escritor contemporáneo
31En tercer lugar la narrativa «sin frontera» refleja la importancia de las figuras del éxodo y el exilio, las nociones de desarraigo, del «artista migratorio», como componentes de la identidad en el marco de los procesos de globalización. El escritor vive ahora voluntariamente «fuera de su tribu» (Hegel) o la nación que tradicionalmente lo protegía −lo que provoca una profunda revisión de la idea de «literatura nacional»− y se ha convertido en uno de los múltiples enlaces transculturales donde cobra importancia la extraterritorialidad y la transnacionalidad de la nueva narrativa.
- 21 Martín Heidegger, Caminos de Bosque, Madrid. Alianza. 2001, p. 68.
32Se exaltan así la «condición nomádica» y la figura del «fugitivo cultural» como componentes de una identidad que ya no es unívoca −territorio y lengua y menos aún étnica− sino múltiple, capaz de esgrimir, según que circunstancia o conveniencia, uno u otro pasaporte. Se recuerda el principio heideggeriano de que «sin desorientación y sin pérdida, sin errar por senderos que se extravían en el bosque, no hay llamada, no es posible escuchar la auténtica palabra del ser»21.
- 22 Michael Maffesoli, El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos, op. cit.
33«La vida errante, el nomadismo, está inscrito en la estructura misma de la naturaleza humana ya sea ésta individual o social» −recuerda Michael Maffesoli22− fascinación y repulsión por el cambio reflejado en la literatura desde tiempos inmemoriales en viajes iniciáticos, en una imperiosa necesidad de fuga, en la reactivación vital de la aventura en un espacio desconocido. Desde el Ramayana y su mono volante, el infatigable Ulises de la Odisea, las aventuras y amores de Eneas en La Eneida, el éxodo de un pueblo en la Biblia, la epopeya de las caravanas de Las Mil y una noche, las errancias de Don Quijote, el viaje iniciático del Cándido de Voltaire, los Naufragios de Alvaro Núñez Cabeza de Vaca, el mito del caballero andante, sean cuales fueran las figuras contemporáneas que pudieran encarnarlo, continúa presente en el imaginario colectivo y se refleja en el impulso del pionero, en la fascinación que ejerce lo extraño, en el afán secreto de fundar en otro mundo, una patria alternativa, tal vez ilusoria y en la tentación de la escritura errante que Julio Ramón Ribeyro reivindica con cautela y cierto escepticismo en Prosas apátridas (1975):
- 23 Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas, Barcelona, Tusquets, 1975, p. 144.
Durante diez años viví emancipado del sentido de la propiedad, de la profesión, de la familia, del domicilio y viajé oír el mundo con una maleta llena de libros, una máquina de escribir y un tocadiscos portátil y cedí a sortilegios tan antiguos como la mujer, el hogar, el trabajo, los bienes. Es así que eché raíces, elegí un lugar, lo ocupé y empecé a poblarlo de objetos y de presencias23.
34La moraleja y la paradoja será descubrir que en esa «vida acumulativa» de la condición sedentaria y su desgaste inherente se anuncia el «umbral de la muerte».
Una generosa apertura al mundo
35Todo indica que los procesos de mundialización en que estamos inmersos, las facilidades para viajar y comunicarse, las herramientas de Internet, gracias a las cuales forjamos afinidades electivas en desmedro de las territoriales o étnicas, agudizan esta condición errante del escritor. Numerosos intelectuales y artistas exploran ahora la diversidad material y cultural de un mundo del que han eliminado esas fronteras, aunque políticamente sigan existiendo, al incorporarse a otras colectividades para intercambiar ideas y experiencias estéticas.
- 24 Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México, p. 174.
- 25 José Luis Abellán, Ideas para el siglo XXI, Madrid, Libertarias, 1994.
36Con la globalización de los mercados y los progresos de los medios de comunicación, individuos y pueblos viven en coexistencia permanente, para la cual no hay fronteras ni una base territorial única. Este proceso ha coincidido con la generalización de los medios de comunicación y el acelerado desarrollo de Internet. Gracias a ellos, el hombre vive realmente en «la aldea mundial» de la que habló con tono premonitorio Mac Luhan y repetía Octavio Paz a escala latinoamericana cuando afirmaba que «por primera vez en nuestra historia, somos contemporáneos de todos los hombres»24. Una cultura de difusión instantánea y simultánea refleja el evento, el acontecimiento, el momento vivido fuera de los referentes espaciales y temporales. Allí lo contingente es contiguo, aunque el día a día no deje de seguir articulando la continuidad histórica y esa sensación ineludible de vivir la noticia en «vivo y en directo», como se dice en la jerga televisiva. Este vivir al día a nivel del mundo ha llevado a que el escritor suizo Paul Nizon, un nómada cultural que ha residido en Italia, Francia y España, afirme: «Si estoy inmerso en el presente estoy vivo. Vivo en este mundo. Pertenezco a mi tiempo. Soy un contemporáneo». Por ello, José Luis Abellán ha propuesto que junto a la reflexión sobre la globalidad se profundice la idea de «simultaneidad»25.
37Esta condición de lo actual y lo inmediato como vivencia está estimulada en forma provocativa por circuitos y redes interculturales de todo tipo. En la intimidad de la pantalla de ordenadores y gracias a los webb-on line, los chats y blogs de Internet, las redes sociales como Twitter y Facebook, se desarrolla una cultura del ciberespacio, cuyo territorio de relaciones es interactivo y fundacional de verdaderas comunidades virtuales transnacionales, donde en una especie de «club mundial» de la realidad virtual se vive tanto en la realidad-real como en la ilusión de una nueva dimensión de la centralidad creativa. Verdaderas «redes de conversación» se constituyen en forma horizontal, desplazando el orden jerárquico verticalizado de antaño, horizontalidad que ha generado una arquitectura interactiva del saber más compleja que en el pasado y ajena al modelo tradicional centro-periferia.
38Esta apertura nos parece esencial para abordar la narrativa contemporánea de la mayoría de los países latinoamericana, donde lo que pudiera tildarse de «autoctonía» rebasa lo nacional, es universalista, sin ser siempre cosmopolita, principio y reto de apertura, sentido de amplitud que deberían permitir abolir las categorías de literatura de «dentro» y «fuera», nacional y de «emigración» y/o exilio en un mundo cada vez más intercomunicado e interdependiente. Ello supone aceptar que hay otras formas posibles de universalidad; que la cultura nacional ha dejado de ser un hecho exclusivo constreñido a los límites territoriales y no pertenece exclusivamente al gentilicio con que pueda calificarse: cubana, argentina, colombiana o uruguaya. En definitiva, que estamos frente a fronteras esfuminadas sin estar abolidas, límites sobre los que se tienden puentes para «esencializar lo nacional hasta lograr su universalidad plena» en un difícil equilibrio entre patria del escritor y arte sin fronteras.
Proyectar la voz propia en otro ámbito
39Finalmente, hay que señalar que incluso la expresión nacional tiene otro tono y una proyección inesperada. Intelectuales y artistas de América Latina cuando se exilian o simplemente emigran, lo hacen no para mimetizarse con otras culturas, sino para proyectar su propia voz desde otro ámbito. En este contexto pluricultural el artista ya no vive a la sombra de la cultura que lo recibe sino participando en ella.
40Sin embargo, esta participación −que pudo significar en el pasado una imitación− se entiende ahora como contribución desde la toma de conciencia de la propia realidad periférica. Participación que ha supuesto al mismo tiempo una aceptación de influencias múltiples y asimiladas con entusiasmo. No se han temido las influencias en la medida en que se las ha considerado útiles para captar más profundamente la propia realidad. « A qui pourrais-je imiter pour être original ? » −se preguntaba burlona, pero significativamente, Rubén Darío en francés a principios del siglo XX, anunciando la que sería la postura del cosmopolitismo asumida plenamente por los modernistas y que han retomado los autores de la narrativa contemporánea. Una postura que, si bien alimentó originalmente antagonismos antitéticos, se percibe hoy desde otra perspectiva:
- 26 Angel Rama, La novela en América Latina. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1992, p. 345.
El cosmopolitismo no es una trasposición a lo foráneo sino el establecimiento de un orden universal dentro del cual se ajustan los factores extraídos de las más diversas culturas para servir a un proyecto que se desprende de cada una de ella y de los enlaces que dentro de ellas fija, proyecto que, por lo demás está fatalmente signado por la restricta cultura dentro de la cual es urdido26.
41En esta misma dirección, uno de los renovadores más entusiastas de la narrativa latinoamericana afirma que:
- 27 Emir Rodríguez Monegal, «Entrevista con Carlos Fuentes», El arte de narrar, Caracas, Monte Avila, l (...)
Se nos olvida que también en el cosmopolitismo hay una aspiración muy nuestra, muy valedera, muy cierta, muy concreta, que es la de no debilitarnos en el aislamiento, la de romper este aislamiento que nos disminuye y encontrar toda una serie de correspondencias y de afirmaciones en las relaciones abiertas de la cultura27.
- 28 Mariano Picón Salas, De la conquista a la independencia; tres siglos de historia cultural hispanoam (...)
- 29 Alfonso Reyes, A vuelta de correo, Obras completas; México, FCE.
42Una interdependencia que ya había comprendido Mariano Picón Salas, cuando frente a la antinomia localismo y universalismo escribía: «no se puede ser universal en lo abstracto», anunciando en forma premonitoria que «la cultura latinoamericana se perfila como la de más complejo universalismo que puede encontrarse en el mundo presente»28, entusiasmo que compartía con Alfonso Reyes cuando afirmaba: «a esta universalidad enraizada se dirige vigorosamente la literatura latinoamericana de hoy»29.
43La paradójica consecuencia es que a través de este «universalismo enraizado» se afianza mejor la diversidad. El mundo es actualmente un espejo donde se reflejan todas las expresiones nacionales, enviándose mutuamente imágenes y destellos. Valores estéticos, constantes temáticas, similares inquietudes reaparecen en diferentes latitudes gracias al poder de la comunicación y la simultaneidad. Este reflejo del fragmento en el todo, da la ilusión de una contemporaneidad donde ha desaparecido la bipolaridad patria-afuera.
44Al mismo tiempo, puede hablarse de un recentramiento de la mirada desde la periferia. La marginalidad desde la que se ha elaborado un discurso hecho de alienación, descolocación y desarraigo en el que abunda la narrativa y el ensayo latinoamericano, ha permitido elaborar una mirada propia y auténtica desde la periferia. A partir de la toma de conciencia de su propia excentricidad, la creación y el pensamiento reivindican la periferia como centro de cultura alternativa, creatividad poética y artística que, gracias a la heterogeneidad, las fusiones, el mestizaje, la interculturalidad, permite abundar en la excelencia de la periferia y en la imagen que proyecta al mundo desde los nuevos centros instaurados en la otredad. La auténtica patria literaria está, tal vez, ahí: en el confín, en una periferia a la que se le ha descubierto un centro. Es como si un lugar común se hubiera invertido: el bosque nos permite ahora ver mejor los árboles.
Notes
1 A título de ejemplo de novelas que pretendieron ser totales: Cambio de piel y Terra Nostra de Carlos Fuentes; Sobre héroes y tumbas y Abbadón el exterminador de Ernesto Sábato, La casa verde y Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa; Cien años de soledad de Gabriel García Máquez; Palinuro de México de Fernando del Paso.
2 Ramón Chao, Un posible Onetti, Barcelona, Ronsel, 1994, p. 31.
3 Santiago Roncagliolo, «Réquiem por el guerrillero bueno», Madrid, Babelia, El País, 3 mayo 2008, p. 22.
4 Ulrich Beck, La mirada cosmopolita o la guerra es la paz, Barcelona, Paidós, 2005.
5 Casi como un juego de palabras se podría decir que la identidad es el resultado de la suma de dos caracteres: localización (localidad) + locución (lengua, hablar).
6 Julio Cortázar, 62, modelo para armar, Buenos Aires, Sudamericana, 1968, p.90 y 120.
7 Michel Maffesoli en El nomadismo,vagabundeos iniciáticos (México, FCE, 2005) sostiene que la vida errante, el nomadismo, está inscrito en la estructura misma de la naturaleza humana, reacia a toda idea de sujeción y control.
8 Eduardo García Aguilar, Vericuetos, París, 2006, p.60.
9 Francisca Noguerol, «Narrar sin fronteras» en Entre lo local y lo global, La narrativa latinoamericana en el cambio de siglo (1990-2006) (Ángel Esteban, Jesús Montoya, Eds.) Madrid, Iberoamericana, 2008, p.20.
10 Kenneth White, El testamento de Ovidio, Bolonia, Il Pomerio, 1997, p.15.
11 George Steiner, Extraterritorial, Barcelona, Barral, l973, p.10.
12 Desde el rincón de Normandía en que vivió gran parte de su vida, Gustave Flaubert aseguraba: «No soy más francés que chino» y sostenía que «apenas entendía lo que significaba patria», anunciando que iba a hacer sus maletas para irse bien lejos, «a un país donde no escuche la lengua, lejos de todo lo que me rodea, de todo lo que me oprime». Sentado junto al fuego soñaba «con viajes, con recorridas sin fin a través del mundo», aunque «más triste después», volvía de nuevo a su trabajo (Gustave Flaubert: La religión del arte, Buenos Aires, Editorial Elevación, 1947, p. 56).
13 Arturo Arias, Sopa de caracol, Guatemala ciudad, Alfaguara, 2002, p. 11.
14 Eugenio Dittborn, «Entrevista aeropostal» con Sean Subitt., Art from Latin America. (Ed.) Nelly Richard, Sydney, Museum of Contemporary Art, 1993.
15 Es interesante destacar la renovada actualidad del «cosmopolitismo ilustrado» que han puesto de relieve obras como La mirada cosmopolita o la guerra es la paz de Ulrich Beck (Barcelona, Paidós, 2005) y la Reivindicación de la Ilustración. Hacia una política de compromiso radical de Stephen Bronner (Pamplona, Laetoli, 2007).
16 Ismail Kadaré, «Ave de paso» en «Los mundos del exilio», El Correo de la Unesco, París, UNESCO, Octubre 1996, p. 21.
17 Eduardo Mallea, Historia de una pasión argentina, Buenos Aires, Losada, 1939, p. 61.
18 Juan Gabriel Vásquez, «Guerra contra el cliché», Babelia, El País, 24 noviembre 2007.
19 Diego Tréllez, El futuro no es nuestro, Madrid, Eterna Cadencia Editores, 2008, p. 6.
20 Celeste Olalquiaga, «Buitre-cultura. El reciclaje de imágenes en la postmodernidad» en Art from Latin America. La cita transcultural (O.c., p. 93).
21 Martín Heidegger, Caminos de Bosque, Madrid. Alianza. 2001, p. 68.
22 Michael Maffesoli, El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos, op. cit.
23 Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas, Barcelona, Tusquets, 1975, p. 144.
24 Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México, p. 174.
25 José Luis Abellán, Ideas para el siglo XXI, Madrid, Libertarias, 1994.
26 Angel Rama, La novela en América Latina. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1992, p. 345.
27 Emir Rodríguez Monegal, «Entrevista con Carlos Fuentes», El arte de narrar, Caracas, Monte Avila, l968; p. 113-147.
28 Mariano Picón Salas, De la conquista a la independencia; tres siglos de historia cultural hispanoamericana, México, FCE, l969, p. 65.
29 Alfonso Reyes, A vuelta de correo, Obras completas; México, FCE.
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Référence papier
Fernando Aínsa, « Palabras nómadas », Caravelle, 95 | 2010, 195-211.
Référence électronique
Fernando Aínsa, « Palabras nómadas », Caravelle [En ligne], 95 | 2010, mis en ligne le 01 décembre 2010, consulté le 07 octobre 2026. URL : http://journals.openedition.org/caravelle/7447 ; DOI : https://doi.org/10.4000/caravelle.7447
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