La Andalucía Libertaria. Reforma, revolución y contra revolución en el campo andaluz (1868-1939)
Masaya Watanabe, La Andalucía Libertaria. Reforma, revolución y contra revolución en el campo andaluz (1868-1939), Córdoba, Utopía, 2024.
Texte intégral
1La presencia del anarquismo, o de las ideas anarquistas en sus más variadas formas, en la sociedad contemporánea andaluza es una cuestión reiteradamente presente en los trabajos historiográficos. A veces de forma directa. En otros destaca, precisamente, por su ausencia. En todo caso no deja indiferente a la investigación. Se puede decir que es una de los temas que ponen de manifiesto las filias y las fobias de los autores. Por no hablar, otra cuestión espinosa, de la siempre presente ideología de quien escribe y su coherencia.
2Hace unos meses apareció el libro reseñado aquí del hispanista japonés Masaya Watanabe, síntesis de su tesis doctoral leída en 2017. M. Watanabe es un reconocido especialista en el mundo ácrata andaluz al que ha dedicado gran parte de su obra. Tanto como investigador, como docente y como traductor. Ha visitado con frecuencia Andalucía y está al tanto de las novedades historiográficas que se producen. Además, ha recorrido la geografía cordobesa y consultado numerosos archivos y colecciones de prensa. En consecuencia, La Andalucía Libertaria es fruto de años de investigación y estudio. Además, sus planteamientos no dejan indiferentes. En especial, el que profundiza en la contraposición anarquismo «puro» y anarcosindicalismo.
3Una evolución histórica que se produce en el contexto de un «odio africano» entre las élites agrarias y los campesinos andaluces. Una forma de definir la lucha de clases que parece encajar en la visión que se tiene de una región que siempre ha tenido una consideración peculiar para quienes, desde fuera, españoles o extranjeros, se han acercado a ella. Más aún cuando se tratan contextos especialmente polarizados como el llamado Trienio Bolchevique (1918-1920).
4No se le pasa por alto al profesor Watanabe la importancia del mundo agrario andaluz para la historia contemporánea del Estado español. Y, en consecuencia, del anarquismo o, mejor dicho, de los mundos anarquistas. Otra cuestión que tampoco elude es la presencia del «problema andaluz», como una de las causas del golpe de Estado de 1936 que terminaría desencadenando la llamada Guerra Civil española. Aunque creo que mejor sería denominarla Guerra de España. No escapa nuestro autor a la continuidad de un concepto acuñado especialmente durante el franquismo. El de presentar el fracaso del golpe de julio de 1936 y el conflicto bélico que terminó por desarrollarse meses después, como una Guerra Civil. Que conste que no es una objeción cuando, una gran mayoría de historiadores, y de la población española, llama así a lo que sucedió en el país a partir del verano de 1936. En las bambalinas quedan el golpe y la revolución que originó.
- 1 Libro éste reseñado por el propio Masaya Watanabe, «En los orígenes del conflicto andaluz. José Paú (...)
5Tampoco deja Watanabe de incidir en la rebeldía del campesinado andaluz y la mayoritaria orientación ácrata del mundo obrero tras su primer encuentro con los grupos demócratas y republicanos. Una línea que no por conocida deja de ofrecer aún amplias posibilidades de transitar por nuevos caminos. Un ejemplo es el que nos ofrece la tesis planteada por el historiador económico Carlos Arenas en sus dos últimos trabajos: Lo Andaluz, historia de un hecho diferencial (Sevilla, El Paseo, 2022) y En los orígenes del conflicto andaluz. José Paul y Angulo, biografía de un federalista (Sevilla, El Paseo, 2024)1.
6En el primero, Arenas alude al papel de colonia de las oligarquías españolas que ha tenido Andalucía a lo largo de su historia y, en especial, tras la pérdida de las posesiones americanas durante el siglo diecinueve. En el segundo, a través de la figura del jerezano Paul y Angulo, analiza el protagonismo del federalismo andaluz, muy diferente del catalán encabezado por Pi y Margall, en la construcción del estado liberal español hasta su derrota definitiva en 1874 con la desaparición de la Primera República. Un modelo que hubiera sido más benéfico que el que terminó asentándose de manos de la Restauración borbónica.
7Pienso que ambos hechos están relacionados y que tienen el corolario ideológico y cronológico en la consolidación de las ideas ácratas en el mundo cultural y popular andaluz. Una alternativa más radical que la federalista, que se fue desarrollando durante las décadas siguientes, hasta su derrota, otra más, en 1936-1939 a consecuencia del triunfo de los golpistas representantes del mundo más reaccionario español. Victoria que se llevó por delante no sólo la alternativa ácrata sino también la democrática durante cuatro décadas y, es posible, se barrunta, que incluso más.
8Así que, se puede considerar, que la debilidad durante el siglo XX del republicanismo andaluz venga de la pérdida de sus bases sociales y, en parte ideológicas, como la defensa del federalismo, en favor de su adscripción al mundo libertario. Es lo que explicaría el fracaso de las organizaciones obreras republicanas, como la del jerezano Moreno Mendoza a principios de siglo, o la debilidad del andalucismo de Blas Infante que, aunque bien que lo intentó, no pudo arrastrar de forma significativa a los libertarios ni al campo electoral, ni a sus proyectos autonomistas. Aunque sí es cierto que las relaciones entre ambos mundos fueron muy cercanas.
9Es en las interioridades, y las contradicciones, del anarquismo andaluz en las que bucea Masaya Watanabe a lo largo de los cinco capítulos, más una amplia introducción, del libro. La respuesta general que se da el autor es que se produjo una paulatina oposición entre el anarquismo puro, representado por el societarismo decimonónico y por la Federación Anarquista Ibérica durante los años treinta, y el anarcosindicalismo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que encarnaría la posición reformista.
10Un planteamiento que bebe, en última instancia, en la obra de Juan Díaz del Moral sobre el obrerismo cordobés. Anarquismo puro sería ese «socialismo indígena», espontáneo, utópico y antipolítico descrito por el notario. Anarcosindicalismo sería la «utopía racional», reformista independientemente de la intensidad o aspectos violentos que tuviera su acción. Como ocurrió durante el Trienio Bolchevique.
11Un planteamiento bien estructurado a lo largo del trabajo pero que, en mi opinión, deja fuera a la tercera vía de los que podemos definir como anarcosindicalistas que eran antes anarquistas que sindicalistas. Es decir, que consideraban al sindicato, como en el siglo XIX al societarismo, como una herramienta, la más adecuada, para la construcción de un mundo nuevo. Cierto es que el sindicalismo amplió las posibilidades de burocratización, de tendencia a la política como se apreció claramente durante el proceso revolucionario de 1936-1939.
12Fue precisamente durante el Trienio cuando el moderno sindicalismo entró en España de la mano de la recién creada CNT que, gracias a sus triunfos reformistas, la jornada de ocho horas, por ejemplo, se convirtió en el referente mayoritario del mundo obrero cuando la sociedad española entraba en una nueva etapa: la de la movilización y participación ciudadana de las masas. Fue el momento en el que el anarcosindicalismo se convirtió en la esperanza no sólo de mejorar las condiciones laborales y morales de los trabajadores, sino también en que fuera el instrumento capaz de vertebrar el proceso revolucionario deseado más pronto que tarde: el «gran día».
13Es esa aparente contradicción la que ha estado siempre presente en la interpretación que se ha hecho del anarcosindicalismo y su complicada relación durante los años treinta con el faismo. Lucha entre quienes priorizaban las conquistas inmediatas y los que anteponían la presencia ácrata en el sindicato por encima de todo. Un conflicto que, creo, no se puede resolver como una disputa de tendencias sólidamente constituidas, sino bastantes permeables e, incluso, con la intervención de elementos como el de las diferencias generacionales. Una situación a la que hay que sumar otras dos cuestiones.
14Una es la presencia de un numeroso grupo de militantes y directivos de los sindicatos cenetistas que aunaban sus planteamientos ácratas, sin pertenecer a la FAI, con su acción sindical. Era el sindicato el que garantizaba que la vía revolucionaria dispusiera de una herramienta. Es este grupo el que se nota ausente en el trabajo de M.Watanabe.
15La otra, que sí es tenida en cuenta en su trabajo, es la constante descalificación como revolucionaria que hicieron las autoridades, fueran monárquicas o republicanas, de la acción societaria y sindical del mundo proletario encuadrado en la CNT. Las primeras por su actitud completamente reaccionaria que consideraba cualquier cambio del status quo social como algo insoportable. Hasta el propio reconocimiento de la asociación obrera no se pudo conseguir sino tras décadas de duras luchas que llevó incluso a la muerte a centenares de trabajadores militantes. Recordemos para el caso andaluz las persecuciones durante los últimos años del siglo XIX, que tuvieron su máxima expresión en la represión del internacionalismo tras su participación en el movimiento cantonal y la persecución del obrerismo que llevó a la muerte a los militantes jerezanos acusados de pertenecer a la inventada Mano Negra y los del llamado asalto campesino de Jerez de enero de 1892.
16Las segundas, las autoridades republicanas, además de los límites lógicos de las diferencias de intereses de clase, convirtieron la presencia del anarcosindicalismo en un elemento del juego político y sindical. La participación de los socialistas en los primeros gobiernos republicanos entre 1931 y 1933, introdujo la cuestión de la desaparición de la CNT como una cuestión prioritaria. Mas allá del diferente modelo social que unos y otros representaban, de lo que se trataba era de eliminar a un competidor en el espacio sindical. Su renacimiento a finales de los años veinte no fue asumido por el socialismo español que ya veía a la Unión General de los Trabajadores (UGT) como la única organización representativa del mundo obrero y pata imprescindible para la viabilidad de la Segunda República. La lucha fue sin cuartel, utilizándose todos los medios. Entre ellos, la descalificación de cualquier acción cenetista como violenta y revolucionaria. Se convirtió en un latiguillo que, hoy, hace difícil distinguir entre las actuaciones que sí lo eran y las que no.
17Para mí, el libro de Masaya Watanabe tiene un gran acierto en su estructura en capítulos que llevan de la mano al lector por los últimos 150 años de historia andaluza, no sólo de Córdoba, sino también, al menos, del valle del Guadalquivir. La introducción previa, valga la redundancia, sitúa al lector en «el problema agrario andaluz» en la que, además de revisitar a Díaz del Moral y de señalar su trabajo como el pionero en señalar el paso del anarquismo puro al revisionismo sindicalista. También le sirve para explicar que su elección por estudiar la lucha de clases, «el odio africano», en Andalucía no significa que ésta se limitara exclusivamente al campo. Hubo otros espacios. El autor se detiene en el de la minería. Aunque, añado, podría haber puesto como ejemplos también otros sectores como la construcción, el metal, en todos sus aspectos, e incluso la industria vinatera que supone la existencia de sectores auxiliares, como las fábricas de vidrio o las litográficas.
18Ya el capítulo 1 lo dedica al punto de partida: al anarquismo puro. Desde la llegada de Fanelli a España en 1868. Como se ha adelantado, con una Federación Regional Española decididamente inclinada al antiautoritarismo. También al papel de Andalucía como uno de los polos, siendo el otro Cataluña. Lógicamente, habiendo sido el tema fundamental de su tesis, tiene un especial protagonismo el mundo agrario cordobés. En especial el de las localidades de Castro del Río y Bujalance. Así como la evolución del anarquismo y el sindicalismo en esas comarcas. Sin embargo, Watanabe tiene la capacidad de trascender a lo local para, como pienso que debe hacerse la historia, convertirlo en general.
19Tratándose de anarquismo, están presentes las vicisitudes de destacados militantes ácratas como Alfonso Nieves Núñez o Bartolomé Montilla Ruiz. El primero devorado hasta la muerte por el proceso revolucionario. El segundo como ejemplo por su deriva del faismo al sindicalismo, de sus llamamientos a la abstención a 1933 a su recomendación a votar en 1936. Pero sobre todo la aceptación de la unidad sindical CNT-UGT que llevó adelante, de forma mayoritaria, el proceso colectivizador en el contexto de la revolución y la guerra 1936-1939 y aparcar la llegada del «gran día», la proclamación del comunismo libertario.
20Montilla, como señala el libro, tuvo que perder la fe en el anarquismo puro, pero no lo hizo en el anarcosindicalismo, ni aun doblemente derrotado por la Segunda República primero y por el fascismo vencedor después. En una fecha tan tardía como 1961 fue detenido por la policía franquista en Córdoba. Incluso, más tarde aún, en 1975 participó en la reconstrucción de la CNT hasta su fallecimiento ya entrada la década de los ochenta del siglo pasado.
21Escrito de forma amena, lo que hace fácil su lectura, este libro aporta una visión desde una trabajada perspectiva de capítulos que más parecen artículos con entidad propia. Pero sobre todo nos proporciona hilos para repensar temas conocidos y tirar hacia otros que no lo son tanto. Aunque tampoco el lector debe dejar de lado la magnífica descripción que hace de la burguesía cordobesa. Los otros odiadores. En especial de la figura de Salvador Muñoz Pérez, eslabón que enlaza las corrientes más reaccionarias de las élites cordobesas con el régimen nacional-católico de los militares triunfadores en 1939 por ocupar la alcaldía de la capital de la provincia tras el golpe en julio de 1936.
Notes
1 Libro éste reseñado por el propio Masaya Watanabe, «En los orígenes del conflicto andaluz. José Paúl y Angulo, biografía de un federalista», Cahiers de civilisation espagnole contemporaine [En línea], 34 | 2025, Publicado el 17 julio 2025. URL: http://journals.openedition.org/ccec/21936; DOI: https://doi.org/10.4000/14e66
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Référence électronique
José Luis Gutiérrez Molina, « La Andalucía Libertaria. Reforma, revolución y contra revolución en el campo andaluz (1868-1939) », Cahiers de civilisation espagnole contemporaine [En ligne], 35 | 2025, mis en ligne le 29 avril 2026, consulté le 20 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/ccec/22859 ; DOI : https://doi.org/10.4000/165g4
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Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.
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