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Comptes rendus

Sánchez Mazas. El falangista que nació tres veces

Rafael Serrano García
Référence(s) :

Maximiliano Fuentes Codera, Sánchez Mazas. El falangista que nació tres veces, Barcelona, Taurus, 2025.

Texte intégral

1Rafael Sánchez Mazas, un intelectual falangista al que la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina (2001), pasada pronto al cine en 2002 con la película del mismo título, (dirigida por David Trueba) otorgó una fama que seguramente no habría conseguido ni como escritor ni como político, es el objeto de esta biografía escrita por el profesor de la Universidad de Girona, Maximiliano Fuentes Codera. La circunstancia de que Sánchez Mazas, en su huida por los bosques del Pirineo gerundense en las semanas finales de la Guerra Civil de 1936-1939 en Cataluña salvara dos veces la vida, primero tras salir ileso de un fusilamiento y, luego, al perdonársela un soldado republicano que le tenía encañonado, justifica el título de esta obra que explora en el mito que se construyó durante el franquismo en torno a la excepcional peripecia vivida por Sánchez Mazas y que volvió a la plena actualidad merced a la novela de Cercas, un best seller, pero también a los esfuerzos por recuperar su figura como literato hechos entre otros por Andrés Trapiello. Con ser muy muy decisivo, no obstante, lo que le acaeció al personaje estudiado en la motivación que está detrás de la escritura de este libro, éste va bastante más alá, como veremos.

2El autor, buen conocedor de la historia española y europea de la primera mitad del siglo XX y que se mueve, además, con gran comodidad y solvencia en planos como el de la historia de la literatura, del pensamiento y en un sentido más amplio, de la historia cultural, nos ofrece en este libro la biografía de un personaje que, si no imprescindible para conocer bien la historia española en el siglo XX, sí que recrea con matices nuevos cuestiones como la conformación del núcleo primigenio del fascismo en España, o las corrientes, figuras y ambientes del pensamiento derechista que habían aflorado con anterioridad y que pudieron ser más influyentes en la cristalización de dicho núcleo durante los años treinta. O como la evolución posterior, después de 1939, del propio régimen y de Falange desde la perspectiva de alguien como Sánchez Mazas, reconocido y respetadon pero que, al propio tiempo, no podía sujetarse por sus hábitos de bohemio, por su condición intelectual, a la disciplina exigida a los adictos al régimen lo que, sin marginarlo, le alejó de los centros y grupos que marcaban las directrices políticas –empezando por Franco y su entorno más directo – durante la Dictadura. Eso no fue óbice para que Sánchez Mazas, en la última etapa de su vida (murió en 1966) siguiera reivindicando con orgullo y obstinación su fidelidad al ideario falangista en unos tiempos en los que el régimen estaba orientándose hacia la tecnocracia y el desarrollismo.

3La obra, hay que subrayarlo, más allá de la atención que el autor presta al mito que se construyó sobre su personaje y de las reflexiones que este concepto o, también, el de memoria, le merecen, es una biografía, escrita al calor de la renovación que viene experimentando este género historiográfico. En consecuencia, Fuentes Codera la inicia con el nacimiento de Rafael, en Madrid, en 1894, subraya su orfandad – su padre falleció a los quince días de nacer –, el papel tan determinante de su madre, Rosario, durante prácticamente toda su vida, y reconstruye con paciencia la genealogía familiar, deteniéndose en especial en las raíces bilbaínas del escritor que le marcaron muy profundamente y que explican su apego nunca extinguido a esta villa en la que percibió una tensión creativa entre lo tradicional y lo moderno, ocupando un lugar de primer rango en su idea de España, de la patria española (más que de la nación, pues el autor era muy reticente respecto de los nacionalismos). El autor nos detalla aquí la fase formativa de Sánchez Mazas, que le hizo pasar por diferentes colegios religiosos y cursar la carrera del derecho con los agustinos de El Escorial, las amistades, muchas de ellas muy duraderas que fue forjando, el despuntar de su vocación literaria o su integración, en sus retornos a Bilbao, en diferentes tertulias o grupos de discusión – la «Escuela romana del Pirineo» – que le ayudaron a decantar un pensamiento políticamente reaccionario, nostálgico y estéticamente clasicista, muy deudor de Eugenio D’Ors. Muchas de sus ideas, de sus obsesiones, de sus querencias fueron delineándose al contacto con esos tertulianos de los cafés bilbaínos varios de los cuales ocuparían puestos de la mayor relevancia durante la Dictadura franquista (sin olvidar al leridano Eduardo Aunós).

4Aunque, como decíamos, Sánchez Mazas despuntó tempranamente como literato (un libro de poemas, el único que publicó y una novela juvenil), terminaría orientando su labor creativa al tiempo que en él encontraría su medio de vida hacia el periodismo al ofrecérsele la corresponsalía de El Pueblo Vasco en Marruecos, a las pocas semanas de acaecer la tragedia de Annual y, no mucho después, la de ABC en Roma, lo que se revelaría como determinante – los años pasados en Roma – tanto en su pensamiento político como en su vida personal. Como puntualiza el autor, experiencias como la vivida en el norte de África contribuyeron a forjarle como intelectual dentro del espectro más derechista y antiliberal, que justificaba la violencia y la venganza en un contexto, el marroquí, en el que la muerte rondaba por doquier. O que asociaba la guerra que allí se estaba librando con la intensa conflictividad social que estaba teniendo lugar en la Península.

5La guerra patriótica, pues (y la muerte por esos ideales), era un valor, y ayudó a que Sánchez Mazas se concibiera a sí mismo como un soldado de las letras. En esa tesitura intelectual andaba cuando Juan Ignacio Luca de Tena, condiscípulo suyo en El Escorial, le ofreció ser corresponsal del diario ABC en la capital italiana, a donde llegaría en un año crucial (1922) solo unos meses antes de la Marcia su Roma (finales de octubre), que catapultó al poder a Benito Mussolini. En Italia, donde permaneció siete años absorbería el mundo latino, clásico y renacentista y completaría su formación literaria, teológica y humanista. Además, allí conoció a la que sería su esposa, una jovencísima Liliana Ferlosio.

6Desde su llegada estuvo muy atento al emergente fascismo y aunque en un principio recelaba de él por la tensión y violencia que se palpaban en la calle, no tardó en percatarse de que el proyecto de Mussolini iba mucho más lejos que el ser una fuerza de choque de la burguesía contra el socialismo. Era, por encima de todo una «estética» definida, entre otras cosas por un anhelo de ritos y símbolos o por su tendencia al concepto clásico de orden y de heroísmo (tal asimilación del fascismo conviene subrayarla para entender mejor su labor posterior, ya de vuelta a España, en la construcción de la Falange primera, joseantoniana). No tardaría entonces en manifestar su entusiasmo por el joven movimiento, encomiando hasta los excesos que le habían llevado a la cima del gobierno: en España faltaba, decía, haciendo la comparación, «un fascismo que incendiara y matara como el italiano», aunque sus incitaciones a la violencia las dirigía más contra los nacionalismos periféricos que contra el movimiento obrero (la unidad nacional, la unidad a secas, le obsesionaba). Lo veía, además como un movimiento religioso, como una suerte de «religión civil» y no consideraba un demérito la convivencia que mantenía Mussolini con la monarquía de Víctor Manuel III.

7Se comprende entonces lo importante que fue para Sánchez Mazas su experiencia en Italia en donde comenzó a verse antes que, como periodista, como un político, con una misión trascendental que cumplir que tenía que ver con la implantación futura del fascismo en España: «La hora de las grandes posibilidades se acerca, No tengo yo que ir al programa de nadie, sino los demás al mío…» al prever, en fecha tan temprana como 1923, que a medio plazo fundaría un partido en España. La implantación de la dictadura de Primo de Rivera y acontecimientos como la visita de Alfonso XIII a Italia facilitarían el que fuera adaptando y matizando el credo fascista a la situación española (efectuando, por ejemplo, una apelación al imperio, o proponiendo como enseña nacional, el yugo y las flecha). Así, como afirma el autor, Italia funcionó para él como un acelerador, como un modelo de lo que faltaba por hacer en la Dictadura de Primo de Rivera. Pero, además de empaparse allí de fascismo, lo hizo de la cultura y el arte italianos y conoció a Liliana Ferlosio, hija de una acomodada familia, con la que se casó, naciendo sus hijos Miguel y Rafael en el país transalpino.

8En marzo de 1929 concluyó su corresponsalía romana y volvió a España empezando su «segundo tiempo fascista». Rafael Sánchez Mazas regresaba con un aura de escritor reconocido y articulista de prestigio y animado de una «pasión española» a la que daba salida no solo en sus artículos y conferencias en distintos foros de la capital, sino también los cafés de los que fue asiduo toda su vida. En aquella coyuntura crítica le preocupaba sobremanera el futuro de la monarquía y, no menos que ello, la suerte de una civilización europea y católica que consideraba bajo amenaza. La tensión, por otro lado, entre la Iglesia y la política que ya le había ocupado durante su etapa romana, ahora devendría para él un problema acuciante que en principio sobrellevó colaborando con medios posibilistas como El Debate que propugnaba bajo la batuta del Nuncio Tedeschini una política de «ralliement», que él nunca vio con buenos ojos y de la que luego se alejaría en un libro que apenas circuló, España-Vaticano. La política religiosa. Encuentros con el Capuchino en el que, si bien se definía como un «monárquico de la Iglesia católica», expresaba su disconformidad con el clericalismo y con la injerencia de la política vaticana defendiendo la autonomía del Estado frente a la Iglesia como habría ocurrido, según él, bajo la monarquía de los Reyes Católicos, mostrándose en ese punto en desacuerdo con Charles Maurras (no en otros, pues el pensamiento del autor francés le había marcado profundamente, así, en su defensa de un «orden católico»). Ideas como estas las reafirmaría en sus colaboraciones en la revista Cruz y Raya que permiten comprender los fundamentos de su aportación al ideario falangista. Así su invitación a que «la juventud armara su contraofensiva de dignidad moral y nacional […] con cierta romana o hispana ferocidad».

9Por la vía de Eugenio Montes, gran amigo suyo y de Luca de Tena, conoció a José Antonio Primo de Rivera con el que ya se reunió habitualmente junto con otros amigos, varios de ellos procedentes de sus tiempos de Bilbao, en tertulias como la de «La ballena alegre». Y fue en esos encuentros informales en los que se fue gestando la liturgia y la fraseología de la futura Falange. Nos situamos en 1933, cuando el nazismo llegó al poder en Alemania y la coalición entre republicanos y socialistas se estaba tambaleando en España. Un momento propicio para que fuera cristalizando el fascismo español que Sánchez Mazas concebiría como un espacio de encuentro entre las derechas antirrepublicanas (sin olvidar al tradicionalismo por el que sentía gran simpatía y afinidad). Significativamente, una colaboración suya cerraba el primer y único número de El Fascio (16 de marzo de 1933) extractando una conferencia suya de seis años antes en la que proponía la integración en el escudo de España del yugo y las flechas de los Reyes Católicos.

10A partir de ahí, y de la presentación formal de Falange en el otoño de aquel mismo año, Sánchez Mazas se convirtió en una figura imprescindible del nuevo partido, tanto desde el punto de vista de su jerarquía interna como por su papel de proveedor de ritos y símbolos o de consignas para la acción (el grito de «¡Arriba España!», la oración por los caídos, su colaboración entusiasta en la composición del Cara al Sol, entre otras cosas) o marcando su línea ideológica en la que entre otras cosas se defendía una «violencia quirúrgica». Fue también asiduo acompañante del máximo líder en las giras por provincias para hacer propaganda de su ideario. El todo envuelto en un lenguaje esteticista, de una retórica que no le gustaba nada a Ramiro Ledesma.

11La Guerra Civil sorprendió a Sánchez Mazas en Madrid (previamente había huido de la Cárcel Modelo, en marzo), donde terminaría refugiándose en la embajada de Chile en la que permanecería un año y medio dedicando buena parte de su tiempo a escribir una novela, Rosa Krüger, recuperada póstumamente en 1984, un texto atípico en la producción literario del biografiado, entre otros motivos por su sentido europeísta y la admiración por Cataluña que trasciende a sus páginas. La guerra, además, está ausente de su trama pero no en su vida, claro, ya que el temor a que la embajada fuera asaltada le llevó a preparar su huida a Barcelona pero su estancia en libertad fue corta al ser detenido y llevado al barco «Uruguay» de donde, a finales de enero de 1939 fue sacado, junto con otros prisioneros y conducido cerca de la frontera con Francia donde se produjo el episodio del fusilamiento que para su suerte le dejó indemne, lo que le permitió huir y pasar por las vicisitudes que ya hemos mencionado hasta poder entrar en contacto con el ejército franquista.

12Vicisitudes que glosó Eugenio Montes en un artículo que se volvió canónico y que hicieron de él un mito redivivo, un héroe que habría gozado de una «resurrección» milagrosa, pues se le tenía por muerto y que estaría, según la terminología falangista, montando guardia «sobre los luceros». Tal circunstancia excepcional y el hecho de ser el falangista vivo más antiguo auguraban para él una posición de primera fila en el régimen franquista, pero esto solo se cumplió de modo temporal: fue, en efecto, delegado de Falange Exterior, ministro sin cartera en el segundo gobierno de Franco, vicepresidente de la Junta Política, cronista oficial del traslado de los restos de José Antonio de Alicante a Madrid, siendo habitual que acompañara al Caudillo o a otros jerarcas del régimen en actos de relevancia. Recuperó además con sus artículos y conferencias su papel de ser uno de los grandes ideólogos de Falange – y ahora, también, del régimen –, capaz, además, de tender puentes hacia otros sectores de la coalición franquista, aunque en realidad, según el autor, se había convertido en una herramienta de propaganda.

13No duró mucho en esos cargos: los consejos de ministros le aburrían y a menudo no acudía. Con Serrano Suñer, por otro lado, su relación fue poco amistosa y con Franco era difícil que se entendiera bien, al ser aquel un anti-intelectual, lo contrario del escritor. Se comprende entonces que, sin abandonarla del todo, se fuera apartando de la primera línea de la política, aunque, frente a ciertas caracterizaciones, estuvo lejos de ser un político a pesar suyo. Y el régimen siguió contando con él, máxime cuando José Luis Arrese, con el que mantenía buena sintonía, pasó a controlar el partido. Además, aun cuando tendiera a distanciarse siguió manteniendo su lealtad hacia el proyecto fascista, también en momentos críticos, como la caída de Mussolini o la derrota de Alemania.

14La última etapa de su vida, que transcurrió entre la localidad extremeña de Coria (había heredado allí un palacio y fincas, que le habían vuelto «millonario) y Madrid, contempló su retorno a la literatura publicando la que ha sido considerada como su obra más ambiciosa La vida nueva de Pedrito de Andía (1951), que fue un gran éxito y que está llena de evocaciones y añoranzas que giran en torno a Bilbao, su amada ciudad. La novela, que se tradujo al francés le catapultó como una figura literaria esencial para el régimen (dejando de ser lo que había sido hasta entonces en este plano: una promesa). La novela sí que reflejaba una cálida mirada hacia lo tradicional, pero en contra de opiniones como la de José Luis Aranguren, no traslucía por ello un desengaño del falangismo. Animado por el éxito publicaría otros libros como Cuatro lances de boda o Las aguas de Arbeloa y otras cuestiones que, al decir de Sánchez Codera es el que mejor expresa el carácter complejo de Sánchez Mazas, la multiplicidad de sus intereses y obsesiones.

15La mayor dedicación a la literatura y el hecho de que se situara en un espacio periférico no supone que dejara de estar alineado hasta el final con el régimen o que no siguiera muy atento a la situación internacional (a menudo con Italia en el punto de mira). Tampoco que no se contara con él en importantes actos conmemorativos o para formar parte de comisiones como la encargada, en 1956, de preparar proyectos de leyes fundamentales para el régimen. Algunos libros que publicó por entonces, como Fundación, hermandad, destino, testimoniaban su lealtad en una época de cambios importantes para el régimen (así, en la política económica), siendo enjuiciado por Dionisio Ridruejo como una demostración de estirpe falangista en un «tiempo de deserciones». Sí que da la impresión, a partir de lo que cuenta Fuentes Codera, de adoptar una posición a la defensiva, de alarma ante un mundo que caminaba en direcciones muy contrarias a todo lo que él había defendido, comenzando por su propia familia, por sus hijos, caso de Miguel, el primogénito, que se exiliaría en Suiza, tras tomar parte en los sucesos estudiantiles de 1956, de su nuera, Luisa Cutanda, de Javier Pradera, casado con su hija Gabriela, o de su hijo pequeño, Chicho (cuyo nombre completo era nada menos que José Antonio Julio, Onésimo) y su pareja Ana Guardione, todos afectados en mayor o menor grado por la represión.

16Así, sus últimos años los pasaría «lejos de casi todo» aunque puede ser significativo que entre las actividades que todavía desarrolló estuviera una reivindicación, por enésima vez, de Bilbao («Apología de la historia civil de Bilbao»), ciudad en la que él veía valores tales como «un patriciado natural […] una fuerte conciencia de los antepasados y de los descendientes, una ritualidad de la conducta, una persistencia de unas mismas familias rectoras, capitanas de las empresas, la cual dura hasta hoy». Así, como apostilla el autor, la nostalgia se apoderaba del crepuscular Rafael, que moriría en Madrid a mediados de 1966.

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Pour citer cet article

Référence électronique

Rafael Serrano García, « Sánchez Mazas. El falangista que nació tres veces »Cahiers de civilisation espagnole contemporaine [En ligne], 36 | 2026, mis en ligne le 16 juillet 2026, consulté le 13 septembre 2026. URL : http://journals.openedition.org/ccec/23783 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16lex

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Auteur

Rafael Serrano García

Instituto Universitario de Historia Simancas. Universidad de Valladolid

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