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Poesía

Comida y parodia en el romance Ensíllenme el asno rucio de don Luis de Góngora

Emmanuelle Huard-Baudry
p. 183-198

Resúmenes

El romance «Ensíllenme el asno rucio» (1585) de Luis de Góngora es una parodia satírico-burlesca del romance morisco «Ensíllenme el potro rucio», reconocido como modelo del género y atribuido a Lope de Vega. En primer lugar, analizamos cómo el poema paródico mantiene los necesarios vínculos formales, temáticos y léxicos con el romance morisco original que parodia. A continuación, medimos la distancia tomada con el modelo para degradar sus elementos idealistas e introducir una dimensión cómica. Por último, nos fijamos en un añadido importante, específico de Góngora y fundamental en su estética poética: el lugar que se da a la sensualidad, en total oposición al modelo de amor cortés desarrollado en el romance original. La sensualidad, dominada por la evocación de numerosas referencias culinarias, va a contribuir en gran medida a la degradación del modelo idealista.

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Dedicatoria

A Robert Jammes,
y su incansable gusto por la transmisión

Notas de la redacción

Article reçu pour publication le 28/03/2022; accepté le 25/05/2022

Texto completo

1Hace ya más de seis años, Robert Jammes me sugirió estudiar la comida en los escritos de Góngora como tema de mis estudios doctorales. A pesar de una merecida jubilación, era la segunda vez que me proponía un tema de investigación, como ya lo había hecho años atrás con el máster. Su gusto por la transmisión y su sutileza intelectual no se compaginaban con el término de profesor jubilado. Robert Jammes seguía siendo el intelectual lúcido y activo, así como el hombre firme y fiel a sus ideas. Y recuerdo también lo enternecido que podía estar al descubrir la naranjada, preparada para Annie y para él, una tarde en Les Roches Fleuries. No teníamos el aguardiente de la letrilla gongorina, pero la emoción de Jammes nos conmovía a todos, y tan sólo dijimos unas cuantas palabras sobre la importancia de la miel en la gastronomía del Siglo de Oro. Pero lo esencial ya había sido dicho, sin palabras. Volvimos a vernos una mañana otoñal con Françoise Gilbert.

  • 1 Góngora, Obras completas, I, «Ensíllenme el asno rucio», pp. 70-72.
  • 2 La clasificación como «romances moriscos novelescos» viene de Agustín Durán, Romancero general, o c (...)
  • 3 Este romance idealista morisco fue largo tiempo atribuido a Lope de Vega y sigue siéndolo, pero en (...)

2El presente estudio tiene como objeto el estudio de la parodia y el papel de los alimentos referidos por Góngora en su romance de 1585, Ensíllenme el asno rucio1. Para alcanzarlo, es necesario leer primero los dos textos poéticos: el romance morisco2 atribuido tradicionalmente a Lope de Vega, Ensíllenme el potro rucio3, y su parodia Ensíllenme el asno rucio, escrita por Góngora. A continuación, los reproduzco. El romance parodiado es el texto establecido por José Luis Pérez López, a partir de una variante manuscrita que tiene el considerable interés de ser tan extensa como su parodia gongorina. El texto de Góngora corresponde a la edición de Carreira, aunque he tenido que presentar el romance en cuartetas para facilitar el cotejo con el romance morisco. Las negrillas son mías:

Ensíllenme el potro rucio
   
«Ensíllenme el potro ruçio
del alcayde de los Velez;
denme el adarga de Fez
y la jaçerina fuerte,
   
una lança con dos hierros,
entrambos de agudo temple,
y aquel azerado caxco
con el morado bonete,
   
que tiene plumas pagizas
entre blancos martinetes,
y garçotas medio pardas,
antes que me vistan, denme.
   
Pondreme la toca azul
que me dio para ponerme
Adalifa la de Ocaña,
hija de Zelín Hamete.
   
Y aquella medalla en quadro
que dos ramos la guarnesçen
con las hojas de esmeraldas,
por ser los ramos laureles,
   
y un Adonis que va a caça
de los javalíes monteses
dexando a su diosa amada,
y dize la letra: MUERE».
   
Esto dixo el moro Açarque
antes que a la guerra fuesse
aquel discreto animoso,
aquel galán y valiente
   
Almoralife de Baça,
de Zulemas desçendiente,
cavalleros que en Granada
passeavan con los reyes.
   
Trajéronle la medalla
y suspirando mill vezes,
del bello Adonis mirava
la gentileza y la suerte.
   
Piensa que será Adalifa
Venus que los çisnes buelve
al tiempo que no podía
gozarle ni socorrelle.
   
«Adalifa de mi alma,
no te afflijas ni lo pienses,
biviré para gozarte,
gozosa vendrás a verme.
   
breve será mi jornada,
tu firmeza no sea breve;
procura, aunque eres muger,
ser a todas differente.
   
No te parescas a Venus,
ya que en beldad le paresçes,
en olvidar a su amado
y en no respetalle ausente.
   
Cuando sola te imagines,
mi retrato te consuele,
sin admitir compañía
que me ultraje y te desvele;
   
que entre tristeza y dolor
suele amor entremeterse,
haciendo de alegres tristes
como de tristes alegres.
   
Y cómo si save Amor,
más que todos quantos leen,
pues al sabio que enseñava
niñas ay que le entorpeçen.
   
Mira, amiga, mi retrato,
que abiertos los ojos tiene,
y que es pintura encantada,
que habla, que vive y siente.
   
Ay, no me ofendas, mi vida,
que sabré quanto hizieres,
y se trocarán en males
Nuestros amorosos bienes.
   
Acuérdate de mis ojos,
que muchas lágrimas vierten,
y a fe que lágrimas suyas
pocas moras las merecen».
   
En esto llegó Gualquemo
a decille que se apreste,
que daban priesa en la mar
que se embarcase la gente.
   
A vencer se parte el moro,
aunque gustos no le vencen,
honra y esfuerzo lo animan
a cumplir lo que promete.

Ensíllenme el asno rucio
   
«Ensíllenme el asno rucio
del alcalde Antón Llorente,
denme el tapador de corcho
y el gabán de paño verde,
   
el lanzón en cuyo hierro
se han orinado los meses,
el casco de
calabaza
y el vizcaíno machete,
   
y para mi caperuza
las plumas del tordo denme,
que por ser Martín el tordo
servirán de martinetes:
   
pondréle el orillo azul
que me dio para ponelle
Teresa la del Villar,
hija de Pascual Vicente;
   
y aquella patena en cuadro,
donde de latón se ofrecen
la madre del virotero
y aquel dios que calza arneses,
   
tan en pelota y tan juntos,
que en nudos ciegos los tienen
al uno, redes y brazos,
y al otro, brazos y redes,
   
cuyas figuras en torno
acompañan y guarnecen
ramos de
nogal y espigas,
y por letra,
pan y nueces».
   
Esto decía Galayo
antes que al Tajo partiese,
aquel yegüero llorón,
aquel jumental jinete,
   
natural de do nació,
de yegüeros descendiente,
hombres que se proveen ellos,
sin que los provean los reyes.
   
Trajéronle la patena,
y suspirando mil veces,
del dios garañón miraba
la dulce Francia y la suerte.
   
Piensa que será Teresa
la que descubren y prenden
agudos rayos de invidia,
y de celos nudos fuertes:
   
«Teresa de mis entrañas,
no te gazmies ni ajaqueques,
que no faltarán zarazas
para los perros que muerden;
   
aunque es largo mi negocio,
mi vuelta será muy breve,
el día de san
Ciruelo
o la semana sin viernes.
   
No te parezcas a Venus,
ya que en beldad le pareces,
en hacer de tantos
huevos
tantas frutas de sartenes.
   
Cuando sola te imagines,
para que de mí te acuerdes,
ponle a un pantuflo aguileño
un reverendo bonete.
   
Si creciere la tristeza,
una
lonja cortar puedes
de un jamón, que bien sabrá
tornarte de triste alegre;
   
¡oh cómo sabe una
lonja,
más que todos cuantos leen,
y
rabos de puercos, más
que
lenguas de bachilleres!
   
Mira, amiga, tu pantuflo,
porque verás, si lo vieres,
que se parece a mi cara
como una
leche a otra leche;
   
acuérdate de mis ojos,
que están, cuando estoy ausente,
encima de la nariz
y debajo de la frente».
   
En esto, llegó Bandurrio
diciéndole que se apreste,
que para sesenta leguas
le faltan tres veces veinte.
   
A dar, pues, se parte el bobo
estocadas y reveses
y tajos orilla el Tajo,
en mil hermosos broqueles.

3Para valorar la simetría y asimetría que separan a ambos poemas, empecemos por sus argumentos respectivos. El romance morisco atribuido a Lope de Vega se centra en el moro Azarque, descendiente de ilustres caballeros andalusíes. A punto de salir al mar para ir a guerrear, pide que le traigan sus atributos que se componen de una digna montura, armas de renombre y un tocado de plumas. El soldado completa su atuendo con una prenda de tela azul y una medalla con una escena de despedida entre Adonis y Venus, ambos galardones regalados por su amada Adalifa. Después de suspirar observando la medalla, le dice a su Adalifa que no sufra durante su ausencia ni le ofenda. Que confíe ella en la sabiduría de Amor y que burle el dolor de la ausencia con el retrato que el amante le dio y con el recuerdo de cuánto sufrió por ella. Termina el poema con la llegada de Aliazar, compañero de Azarque que viene a buscarle y se va finalmente el moro a cumplir con sus deberes de caballero. En el romance gongorino, también el aldeano Galayo está a punto de salir para ir a combatir a orillas del Tajo. Manda que le preparen su asno y todo lo necesario para la batalla: el «tapador de corcho», a modo de escudo, el «gabán de paño verde», como armadura, el «lanzón» oxidado y el «machete» como armas y también el casco. Luego, solicita sus prendas personales, o sea plumas y un orillo azul regalado por su amada Teresa que vendrán a adornarle la caperuza y, para terminar, exige la patena cuyo latón repujado da a ver una escena que celebra los amores de Venus. Viene después una descripción de la patena que dará lugar a la expresión de los sentimientos de Galayo hasta que su compañero Bandurrio le inste a que se dé prisa para emprender camino.

  • 4 ‘Parodia’ viene de la palabra griega παρωδíα, formada con παρα, para (al lado de, contra) y ᾠδή, ôi (...)

4Como ‘contra-canto’4, la parodia sólo existe y alcanza su objetivo burlesco si podemos reconocer al poema parodiado o hipotexto. Por eso permanecen en el hipertexto de Góngora elementos temáticos y formales que permiten vincularlo con el romance morisco. Volvemos a encontrar el mismo argumento principal de salida al combate, con los mismos movimientos organizados en el mismo orden: la montura, el equipaje, la prenda y la medalla de la amada, la observación de la medalla que da lugar a la expresión de los sentimientos e inquietudes amorosas, la interpelación monologada a la amada para aconsejarla y, finalmente, la llegada del compañero, quien recuerda que es hora de partir.

  • 5 La primera diferencia en el momento de tratar de la medalla (de cuatro versos más largo en Góngora) (...)

5Pérez López evidencia la simetría formal entre ambas composiciones con un mismo número de versos, la misma unidad semántica de cuatro versos a pesar de las dos discrepancias formales5. En su primera cuarteta, Góngora mantiene la misma estructura interna estrófica, como si fuera un patrón o calco:
«Ensíllenme» + équido + «rucio»
«
el alcaide-alcalde» + origen o apellido
«
denme» + equipaje1 + origen
«
y» + equipaje2 + calificativo o complemento del nombre

  • 6 La jacerina era una cota de malla de acero muy fina. Autoridades precisa que: «las más finas son la (...)

6Lo que repite son los verbos «Ensíllenme» y «denme» y, en cambio, lo que modifica son los nombres y grupos nominales: «asno» por «potro», «Antón Llorente» por «Los Vélez», «el tapador de corcho» por «la adarga de Fez» y «el gabán de paño verde» por «la jacerina6 fuerte». A pesar de los cambios nominales, la semejanza formal es tan fuerte que permite un reconocimiento inmediato del romance morisco, desde la primera estrofa. A lo largo del poema, las reutilizaciones se verifican en cada estrofa, excepto en la sexta por ser una ampliación descriptiva de la patena (vv. 21-24). Varían de una estrofa a otra con unas modalidades muy cambiantes que pueden ser la transposición del patrón estrófico con unos cuantos cambios (vv. 1-4; vv. 13-16; vv. 37-40), la repetición literal de uno o de dos versos (v. 38; vv. 53-54; v. 57; vv. 66; v. 73), la reutilización de un verso entero con un cambio nominal mínimo, basado en un sinónimo (v. 17 «y aquella patena en cuadro»); el mantenimiento parcial del primer verso de la cuarteta, en particular si tiene un verbo (v. 29 «Esto decía/dijo», v. 37 «Trajéronle», v. 41 «Piensa que será», v. 69 «Mira, amiga», «En esto, llegó», y el v. 81 «A» + infinitivo «se parte»). Se encuentran repeticiones incompletas, limitadas a los principios de versos (vv. 29-32) y también el uso de un patrón limitado a dos versos (vv. 45-46 nombre femenino + «de mi»/ «no te» + verbo, «ni te» + verbo) y abundan las repeticiones nominales, adjetivales y verbales aisladas con leves modificaciones (vv. 5-8 «lanzón», «hierro», «casco»; vv. 9-12 «plumas», «denme», «martinetes»; vv. 25-28 «ramos», «letra»; vv. 33-36 «descendiente», «los reyes»; v. 50 «breve»; vv. 61-64 «tristeza», «triste alegre»). Esta trasposición formal induce un hipotexto famosísimo, fácil de reconocer para el receptor, y al transgredir el hipotexto la parodia reconoce la fama de su modelo. En este sentido, puede considerarse como un homenaje, al mismo tiempo que una transgresión. Así y todo, si las similitudes son un punto de arranque necesario, los aportes del poeta en su parodia y su manera de desviar del modelo son los elementos que van a hacer de su poema una composición original.

7En el romance morisco, cada elemento y cada personaje es noble o de alto rango. Puede ser por su procedencia, como la estirpe de Azarque y la de Adalifa, el origen del potro y el de la adarga; o por sus cualidades personales, como las cualidades morales de valentía, honra y esfuerzo de Azarque, la belleza ideal de Adalifa (se parece a Venus) y las cualidades físicas de los atributos guerreros marcados por la adjetivación meliorativa de «fuerte», «de agudo temple» y «el acerado casco». También la nobleza estriba en los valores estéticos del tocado realizado con plumas claras de gráciles aves acuáticas y la medalla hecha de «esmeraldas» y «ramos de laureles».

  • 7 Arellano, 2019, vol.1, «Estudio preliminar», pp. 7-52.
  • 8 Góngora, Obras completas, I, «En la pedregosa orilla», pp. 31-34.
  • 9 Jammes, 1967, p. 149.
  • 10 Teresa Panza define su nombre: «‘Teresa’ me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añ (...)
  • 11 Según Jammes, Bandurrio podría ser una referencia de Góngora a sí mismo (Jammes, 1967, pp. 147-148)
  • 12 Para las relaciones entre el Entremés de los Romances atribuido a Cervantes y los romances jocosos (...)
  • 13 Sobre la apelación jocosa del tordo llamado Martín, véase el comentario de Carreira en Góngora, 199 (...)

8Para parodiar, Góngora opera una degradación social llamada «degradación aplebeyante7» por Arellano, y se completa con una degradación cualitativa. Siguiendo este proceso, los nombres árabes bajan a lo más campestre y común: se cambia Azarque por Galayo, nombre que ya le había dado Góngora a su pastor de yeguas, en un romance de 15828. El poeta convierte el nombre de Adalifa en Teresa, nombre simple y escueto que también está en el romance gongorino En la pedregosa orilla como ya lo había señalado Jammes9. El nombre de Teresa forma parte del mundo campesino de Cervantes y aparece como nombre de la esposa de Sancho Panza10 en el segundo tomo del Quijote. El juego de degradación nominal puede rondar los límites del mote como el de Bandurrio11 que viene a sustituir el de Gualquemo. De nuevo, encontramos los nombres de Bandurrio, escudero de un labrador, y de Teresa, esposa del mismo labrador en El entremés de los romances, atribuido a Cervantes12 donde los dos se presentan muy vinculados con lo pastoril y lo cómico y muy alejados de los modelos ideales épicos y amorosos. Y, de hecho, los parangones caballerescos sufren una pérdida de su nobleza: el potro era legítima montura bélica y de primera calidad porque procedía del capitán o alcaide de Los Vélez. Ya no es más que un asno, propiedad de un alcalde cuyo nombre —Antón Llorente— resulta ser de lo más trivial. El soldado morisco tenía ilustres antepasados nombrados (‘de Zulemas descendiente’), perpetuaba un linaje de gloriosos soldados que se paseaban con los reyes granadinos, mientras que el soldado gongorino es un guardián de yeguas, y de familia campesina viene. Sus armas son poco refinadas como «el lanzón», antiguas y herrumbrosas «en cuyo hierro se han orinado los meses», el casco tiene una forma «de calabaza» menos reluciente que el de acero. El tocado es de plumas negras de un avecilla común, el tordo13, y la medalla es de latón.

  • 14 «Cascos de calabaza. Se llaman los pedazos de calabaza, que se ponen en las heridas de la cabeza, q (...)
  • 15 Juan Ruiz de Alarcón da la expresión ‘casco de calabaza’ por sinónima de ‘calvo’: «Aquí le arranca (...)

9La degradación de los nombres y de las cualidades materiales desemboca en efectos cómicos que van a afectar también a las cualidades físicas y morales del protagonista. Las características laudatorias del morisco «discreto», «animoso», «galán» y «valiente» se limitan en Galayo a una evocación concreta de su oficio de «yegüero» y «jumental jinete» al que se añaden los dos adjetivos despectivos «llorón» y «bobo». La degradación moral es corroborada por los celos que conducen al amante a que aconseje a su amada burlar la soledad con comida y con un pantuflo a imagen suya. Lo ridículo de su atuendo («el casco de calabaza») exterioriza su estupidez14 y evoca una posible calvicie15.

  • 16 A la inversa, Quevedo explora la vena burlesca del retrato de la dama en algunos sonetos amorosos, (...)

10En cambio, el tratamiento de la amada sigue los cánones del amor cortés: en los dos poemas, el soldado apostrofa a su dama en un soliloquio que construye al personaje femenino pero sin que ella intervenga directamente. En ambos casos el amante la presenta como un ideal platónico de belleza comparándola hiperbólicamente con la diosa Venus. Al contrario del retrato cortés, ninguno la retrata ni celebra su belleza con los habituales motivos petrarquistas de los labios, los dientes y los ojos. Por lo tanto, Góngora no degrada físicamente a la amada y no le añade características físicas, ausentes en el poema de origen. En este sentido, podemos decir que respeta el modelo, sin agregar elementos discursivos propios16.

11El romance morisco recurre al tópico cortés en que el retrato consuela de la soledad (aunque lo aplica a la soledad de la amada) y se mantiene en lo platónico del sentimiento amoroso evocando estados de ánimo («entre tristeza y dolor / suele amor entremeterse, / haciendo de alegres tristes / como de tristes alegres.»). Azarque evoca también la posibilidad del engaño de Adalifa, comparándola con la infiel Venus pero permanece en el terreno de lo posible («No te parezcas a Venus, […] en olvidar a su amado / y en no respetable ausente.»), y la amenaza («Ay, no me ofendas, mi vida, / que sabré cuanto hicieres, / y se trocarán en males / nuestros amorosos bienes.»).

12Al revés, en Góngora la evocación del amor cobra cuerpo y sensualidad con la introducción de los motivos alimentarios, desde la evocación de la posible infidelidad de la dama con los huevos y las frutas de sartenes, hasta la trivialidad de la lonja de jamón, los rabos de puercos y las lenguas que le sirven a la dama de consuelo en su soledad. Se puede observar que la degradación del tema amoroso se realiza por su traslado al campo trivial de la comida. La infidelidad de Venus es también el punto de partida de los celos de Galayo, pero se expresa directamente con imágenes culinarias hasta que incite él mismo a Teresa a que le sea infiel, justificando al mismo tiempo su carácter de «bobo». Finalmente, la acumulación de alimentos se desplaza hacia la amada: viene a caracterizarla de manera indirecta, como hermosa campesina, golosa e incluso comilona por el acopio de comida en su entorno.

  • 17 Jammes, «La parodie», 1967, pp. 145-163.
  • 18 Góngora juega en la dilogía del verbo proveer (juntar las cosas necesarias para algún fin) y su for (...)
  • 19 Sobre «dulce Francia» por ‘deleite venéreo’, ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984, pp. 198-201 y e (...)
  • 20 Sobre «broquel» por cunnus, ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984, pp. 240-242 y en particular la n (...)

13La degradación paródica se hace por el lenguaje utilizado y mostró Jammes17 que concurren en la parodia la acumulación de perogrulladas («natural de do nació», «mis ojos, / que están, cuando estoy ausente, / encima de la nariz / y debajo de la frente», «que para sesenta leguas / le faltan tres veces veinte»), las expresiones coloquiales («el día de san Ciruelo / o la semana sin viernes»), las alusiones escatológicas («hombres que se proveen18 ellos») y las francamente verdes («el dios garañón», «la dulce Francia19», los «mil hermosos broqueles20»). Para completar los efectos lingüísticos, señalamos la expresión coloquial ‘en pelota’, los verbos «gazmiar» (quejar) y «ajaqueques» (fastidiar). Se añaden las paradojas burlescas («mi vuelta será muy breve, / el día de san Ciruelo» y «porque verás, si lo vieres») y el disfemismo de «orinar» en vez de ‘oxidar’. Mencionamos finalmente el cambio de tonalidad: lo trágico de la muerte de Azarque se verificaba en el anuncio de la escena de Adonis —que se va hacia su muerte dada por un jabalí—, y se reiteró en la letra de la medalla que rezaba: «Muere». La tonalidad trágica viene totalmente sustituida por la erótico-burlesca de la medalla que invita a gozar tanto por su representación mitológica erótica como por su lema «pan y nueces». Es precisamente a esta celebración erótico-burlesca a la que nos interesamos a continuación.

  • 21 El padre Pineda vituperó contra este romance burlesco «donde [el poeta] dice “No te parezcas a Venu (...)
  • 22 Jammes, 2014.

14Calabaza, pan, nueces, huevos, frutas de sartenes, lonja de jamón, rabos de puercos, lengua y leche son los alimentos referidos por Góngora en su romance. Son nueve alusiones alimentarias, nada menos, en ochenta y cuatro versos. Completamos la lista de las materias primas y los productos preparados con las plantas de donde proceden los alimentos como el nogal, las espigas y el ciruelo, lo cual lleva nuestra lista a doce referencias. Esta llamativa recurrencia de la comida en el proceso de degradación paródica induce a contemplarla como elemento sugestivo de primer orden en este famoso poema. Ya que Pineda considera sus palabras «lascivas»21, puede que la parodia no solo rebaje el registro inicial caballeresco y platónico, sino que también lo deturpe llevándolo a un ámbito de vena burlesca y erótica. Para analizar esta vena, partimos del principio que, si la palabra con posible connotación erótica está totalmente aislada en el texto, no podemos considerarla como tal. Al contrario, afirmamos el erotismo del texto si la palabra puede conectar con otras voces, no “pecaminosas” en sí,22 pero sí propicias al sentido erótico, por su uso, forma u otro motivo.

  • 23 Lope de Vega, «Ensíllenme el potro rucio», en Lope de Vega, Lírica, pp. 70-73.
  • 24 Carreira recuerda que Combet había anotado un posible significado de «ciruelo», señalado por Correa (...)

15Si se contempla el romance morisco parodiado, Ensíllenme el potro rucio, se mide inmediatamente toda la importancia que ocupa la comida en el texto gongorino. El cotejo permite afirmar que todos los alimentos referidos por Góngora fueron añadidos en su totalidad por él. De hecho, el poema de origen no menciona ningún alimento a lo largo de sus 84 versos, excepto la representación cinegética en la medalla de Azarque donde Adonis se va a caza de jabalíes (vv. 21-22), representación que tampoco podemos calificar realmente de ‘alimentaria’. Tampoco se encuentra ninguna alusión a la comida en la versión más conocida del romance morisco, publicada por José Manuel Blecua23 y que consta de 72 versos. Lo que salta a la vista, pues, es la fuerte presencia, por no decir la omnipresencia, en el texto de Góngora, de los alimentos. Desde el principio están presentes con el «casco de calabaza» (v. 7) y se mantienen hasta casi el final en la expresión «como una leche a otra leche» (v. 72). Sin embargo, la presencia alimentaria se concentra en el momento de expresar los sentimientos, los celos, cuando Galayo le prohíbe a Teresa que se porte como Venus y la imagina engañándolo (vv. 53-68). En esta ocasión, como elementos de comparación y de sustitución al amor frustrado, los alimentos intensifican la parodia de los preceptos del amor petrarquista. También, se observa la tendencia en utilizar refranes y expresiones figuradas alimenticias ya existentes en el idioma: «casco de calabaza» (‘bobo’), «pan y nueces» (‘que aprovechen’), «el día de san Ciruelo»24 (‘nunca’) y «como una leche a otra leche» (‘en todo parecidos’). Como estos alimentos no se entienden únicamente en su sentido propio, participan en crear un ambiente figurado conocido y coloquial que facilita los posibles pasos del sentido propio al sentido figurado y de un sentido figurado a otro sentido connotado para los demás alimentos.

  • 25 Quintero, 1991, pp. 51-53.

16En Góngora, vemos que, desde la primera ocurrencia alimentaria, «el casco de calabaza», la expresión permite un doble nivel de lectura, literal y figurado. Se refiere literalmente al casco del soldado que está preparando su armadura y también a su forma, que recuerda la de la calabaza. A este sentido literal se superpone el sentido figurado y lexicalizado de la locución: el casco pasa a calificar al mismo soldado de manera burlesca, el soldado es un bobo. Este tipo de polisemia, basada en expresiones lexicalizadas, no se observa en el romance morisco de origen. Se entiende «aquel azerado caxco» con su sentido literal y explícito, que caracteriza la materia del casco. También «acerado» puede remitir al carácter noble del soldado Azarque, pero no será por lo proverbial del léxico sino por el símbolo de este metal, en comparación con otros menos nobles y resistentes. Si es cierto que socialmente «‘the acerado casco’ is reduced to a ‘casco de calabaza’» como lo afirma María Cristina Quintero25, en cambio desde el punto de vista lingüístico no podemos hablar del romance gongorino como de una reducción paródica del poema atribuido a Lope, porque su lengua no reduce en absoluto sino que amplía las sugestiones y connotaciones.

17La patena del romance gongorino es un ejemplo claro y preciso de los juegos polisémicos en torno al registro alimentario. Su evocación se desarrolla a lo largo de tres estrofas, contra dos únicamente en el poema de origen. Esta medalla da a ver una escena que celebra los amores de Venus, «madre del virotero», y de Marte, «aquel dios que calza arneses». Ambos están desnudos y fuertemente entrelazados, en un marco adornado con ramos de nogal y espigas de trigo. Se establece una primera relación entre las plantas de origen (el nogal y las espigas) cinceladas en el exterior de la medalla y el lema que remite a sus frutos (el pan y las nueces). Estas referencias humildes y campestres se compaginan con los personajes de la labradora y del yegüero soldado y ofrecen un primer nivel de comprensión, la alabanza a los productos alimenticios de la tierra. No obstante, al sentido propio de la fruta sugerido por la planta de origen se superpone su sentido figurado, ilustrado por la escena amorosa del centro de la medalla. El lema de la patena que lleva Galayo reza «pan y nueces», como una invitación a gozar de la vida, reflejada en el dicho popular recogido por Correas, «pan y nueces, saben a amores».

  • 26 Ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984, p. 153, n. 13; José Luis Pérez López, 2012, p. 106, n. 24.
  • 27 Combet, 1969.
  • 28 Combet, 1969.

18Pero el epígrafe proverbial «pan y nueces» es también la primera ocurrencia de una serie de alimentos sugestivos que se desarrollará a continuación en el poema. Es cosa sabida26 que la evocación concreta de las «nueces» (testes) y el frecuente sentido figurado de «pan» (cunnus) pueden conferir a la expresión una connotación erótica. La conjunción de estos dos alimentos connotados es la que permite añadir un sentido erótico al lema: cada alimento, considerado en sí mismo, no ofrece sentido erótico, sino que cobra matices según la red de palabras donde se sitúa. La red semántica tiene la posibilidad de evolucionar y multiplicar sus relaciones, lo que induce sentidos múltiples que se superponen o por lo menos que se ensartan si las redes no se imbrican unas en otras. De este modo, la referencia rural a las nueces en relación con el nogal, da paso a un sentido proverbial cuando se conecta con el pan y se superpone una connotación erótica con esta misma palabra y su carga sexual. Por lo tanto, no podemos aplicar sistemáticamente a lo largo de la obra el mismo sentido connotado a una misma palabra porque siempre depende de su entorno léxico. Por ejemplo, si en nuestro romance la connotación erótica es coherente y ya fue señalada por Combet27, en cambio no parece justificado hablar de erotismo en el sintagma «pan tierno» de la letrilla ándeme yo caliente de 1581, porque los demás alimentos no son propicios a recibir esta carga semántica erótica (mantequilla, naranjada y aguardiente). Ni siquiera es cierto que dé lugar a alguna sonrisa entre los lectores, como lo deja pensar Combet28.

19El amante del texto gongorino está hablando «llorón» y «suspirando mil veces» (vv. 31 y 38), embargado por la tristeza de la separación y la celebración de amores adulterios en la patena no tarda en despertarle celos hasta que se pone a dictarle a Teresa una conducta con la acumulación de imperativos negativos, a la espera de que no se conduzca como la Venus de la medalla:

«Teresa de mis entrañas,
no te gazmies ni ajaqueques,
que no faltarán zarazas
para los perros que muerden;
aunque es largo mi negocio,
mi vuelta será muy breve,
el día de san Ciruelo
o la semana sin viernes.
No te parezcas a Venus,
ya que en beldad le pareces,
en hacer de tantos huevos
tantas frutas de sartenes. (vv. 45-56)

  • 29 La fruta de sartén es un tipo de hojuela a base de azúcar, almendras, canela, clavo, pimienta y agu (...)
  • 30 El término «contagio» es de Robert Jammes, 2014, p. 101.

20En el romance parodiado, el soldado Azarque exhortaba a su amada a que no se pareciera a Venus engañándolo. Lo hacía con lenguaje explícito pero muy edulcorado: «en olvidar a su amado / y en no respetalle ausente». En cambio, la imagen gongorina prosigue enlazando el mito de Venus con la gastronomía, «los huevos» y «las frutas de sartenes»29. Se sugiere la alusión al amor carnal a partir del sentido figurado y erótico de «huevos» (testes) por referencia a los numerosos amantes de quienes la diosa tuvo muchos hijos —o «frutas de sartenes» en el poema—. La fruta de sartén recibe un sentido metafórico por traslado y como resultado de la “receta”, hecha a base de huevos. Este traslado o contagio30 metafórico de los huevos a las frutas de sartenes es facilitado por un mismo campo léxico y una simetría estructural «en hacer de tantos huevos / tantas frutas de sartenes» que alterna el mismo comparativo y un nombre en plural (es de notar que el uso habitual es ‘fruta de sartén’ en singular). El sentido figurado que Góngora atribuye a los alimentos puede variar a lo largo de su obra, cualquiera que sea el sentido atribuido, siempre elige voces que permitan una polisemia. Además, suele operar leves alteraciones que la favorecen, como el uso del plural en «frutas de sartenes» en el romance y la elección de «padella» en la letrilla. La evocación de los amantes como huevos y la de los hijos como frutas de sartenes nos dejan deducir que la diosa Venus se asocia con el —análogo a la fricción carnal—. El efecto resulta bastante irrespetuoso.

  • 31 «Vuelto me habéis, quexosa, las espaldas, / y a mi salchicha en tanta embocadura / jugo no la dexó (...)

21Sin embargo, en algunos poemas eróticos de la época31, se verifica este parentesco entre la sartén y el sexo femenino o ‘monte de Venus’ como se suele llamar. El padre Pineda intuyó la equivocidad de la composición y censuró lo lascivo del verso «No te parezcas a Venus», pero dejó en el tintero lo osado de la sartén-sexo femenino. Lo lascivo deriva primero del sentido figurado erótico de «huevos» que, asociado con el término de «sartén», le confieren a la expresión «frutas de sartenes» un sentido figurado que no tenía de por sí.

22Luego Galayo le propone a Teresa que burle la tristeza de su ausencia comiendo jamón. Aquí, el placer de la comida se sustituye al goce frustrado de la relación amorosa:

Si creciere la tristeza,
una lonja cortar puedes
de un jamón, que bien sabrá
tornarte de triste alegre. (vv. 61-64)

23A primera lectura, no parece haber ninguna alusión erótica y se entiende «lonja de jamón» al pie de la letra. Pero, en un segundo momento, la repetición del término «lonja» viene a formar con «rabos de puercos» y «lenguas» un paradigma de lo cárnico:

¡Oh cómo sabe una lonja,
más que todos cuantos leen,
y rabos de puercos, más
que lenguas de bachilleres! (vv. 65-68)

  • 32 Góngora, Obras completas, I, «ándeme yo caliente y ríase la gente», pp. 14-15.
  • 33 Ver rabo y lengua en la Poesía erótica de Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984.
  • 34 Góngora, Obras completas, I, «Tendiendo sus blancos paños», vv. 81-83, pp. 138-141.

24También se repite el verbo saber, pero su primera acepción que insiste únicamente en la capacidad de la lonja en devolverle alegría a la amada, se enriquece ahora con otra acepción: la lonja tiene un sabor y un saber superiores a los doctos, a los bachilleres. La dilogía del verbo permite una doble lectura de los versos: la lonja y los rabos de puercos son más sabrosos y placenteros que los doctos que hablan mucho. Además, la lengua carnal de los doctos los reduce al estatuto de puercos, por entrar la lengua en la familia de los menudos; la lonja y los rabos de puercos son más expertos que los letrados y sus lenguas. Del primer sentido, se deduce un himno jocoso a la comida como ya se podía encontrar en una letrilla de 1581: «Traten otros del gobierno / del mundo y sus monarquías, / mientras gobiernan mis días / mantequillas y pan tierno»32. En el segundo sentido, la connotación erótica que deriva de las palabras rabo (‘culus’) y lengua (‘pene’)33 se contamina a la «lonja» como parte del conjunto. Se facilita la contaminación erótica, llamémosla así, porque la «lonja» tiene como primera definición «cualquiera cosa larga y angosta« (Cov.), bastante próxima a la «lengua». A continuación, «lonja» y «rabos» forman una unidad que se opone a «lenguas». Llegamos así a una doble oposición: primero la superioridad de la comida versus la ciencia, y luego la superioridad de las partes de los amantes versus las partes de Galayo. En este momento, la voz poética aparece dominada por los celos, hasta figurarse que la comida y los amantes se sustituyen totalmente a la presencia del marido. Por otra parte, observamos que, si la «lonja» no tiene sentido erótico lexicalizado habitualmente, las dos ocurrencias que pudimos identificar en Góngora tienen en cada caso una ambivalencia erótica. Se superponen el sentido literal y el doble sentido sexual, como se puede comprobar en la segunda ocurrencia de 1591: «Más quisiera —le responde— / una lonja entre un mollete / que tus bravatas, Carrasco»34, en la que Violante dice preferir sus amores sugeridos con el galán joven (la lonja en el mollete), más que sufrir la borrachera violenta de Carrasco.

25Notemos, de paso y como característica de proceso paródico general, hasta qué punto el lenguaje gongorino dista del lenguaje abstracto usado en el romance morisco, en que Azarque entrega toda su confianza a Amor o Cupido porque sabrá transformar las penas de la amada en felicidad, ya que sabe más que los doctos:

que entre tristeza y dolor
suele amor entremeterse,
haciendo de alegres tristes
como de tristes alegres.
   
Y cómo si save Amor,
más que todos quantos leen,
pues al sabio que enseñava
niñas ay que le entorpeçen. (vv. 57-64)

  • 35 Jammes, 2014, p. 106.

26Lejos estamos en la parodia de Góngora de esa expresión etérea y abstracta de los sentimientos que encontramos en el romance morisco. En Góngora, el lenguaje de la comida da literalmente cuerpo a las imaginaciones de Galayo: «nos invita a ver concretamente la escena», como apuntó Robert Jammes a propósito de una escena erótico-picaresca en el Doctor Carlino35.

  • 36 Alonso, 1955, p. 111.

27El juego constante entre los diferentes niveles de lectura en torno a la comida y la superposición de sus sentidos literales y figurados es facilitado por el uso reiterado de expresiones populares lexicalizadas, ya basadas en alimentos. Las expresiones lexicalizadas basadas en la comida facilitan un juego constante entre diferentes niveles de lectura, superponiendo el sentido literal y el figurado. Esta voz de sugerencias alimentarias funciona a partir de una red lingüística que puede mantenerla en su sentido literal o proporcionarle una connotación erótica, con tal que la voz esté propensa a recibir este traslado semántico, por pertenecer al mismo campo léxico, como las frutas de sartenes, o por tener cierta correspondencia plástica, como ocurre entre la lonja y la lengua. Así se opera la ‘contaminación erótica’. Primero el alimento aparece con su sentido literal en el poema, y luego cobra un sentido figurado que lo enriquece. Nace un erotismo expresivo, concreto y totalmente dominado por la potencia sugestiva de la comida, lo que demuestra que no faltan en absoluto los «temas vitales, dignos de ser transfundidos en materia y forma de poesía eterna36», por si fuese necesario volver a demostrarlo. En sus cartas, Góngora da a ver la importancia de la alimentación en su cotidiano, tanto como fuente de placer como fuerte lazo social. Son cebollas que se piden, cajas de calabaza que se mandan, invitaciones a que se cene en familia, agradecimientos por las anguilas o quejas por no poder comer bien con lo poco que le mandan sus administradores. Tema central de su vida, no era de extrañar que lo fuera también de su creación poética.

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Bibliografía

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Notas

1 Góngora, Obras completas, I, «Ensíllenme el asno rucio», pp. 70-72.

2 La clasificación como «romances moriscos novelescos» viene de Agustín Durán, Romancero general, o colección de romances castellanos anteriores al siglo xviii, Madrid, vol. I, «Romances de Azarque el granadino», pp. 9-12.

3 Este romance idealista morisco fue largo tiempo atribuido a Lope de Vega y sigue siéndolo, pero en 2012 José Luis Pérez López le otorgó la autoría a Pedro Liñán de Riaza, de acuerdo con el manuscrito más antiguo que cotejó (el Ms. 973 de la Real Biblioteca de Palacio de Madrid, fechado en 1581-1586, ff. 403v-404r), aunque sin negar la colaboración entre Lope y Liñán en la escritura del ciclo de Azarque, protagonista del poema morisco.

4 ‘Parodia’ viene de la palabra griega παρωδíα, formada con παρα, para (al lado de, contra) y ᾠδή, ôidế (canto). Acompaña y al mismo tiempo se opone al canto original, por eso lo llamamos ‘contra-canto’.

5 La primera diferencia en el momento de tratar de la medalla (de cuatro versos más largo en Góngora) y la segunda en los vv.69-72, cuando Azarque le advierte a Adalifa de que si ella lo ofende, él lo sabrá (falta la parodia de esta cuarteta en Góngora); ver José Luis Pérez López, 2012, p. 104.

6 La jacerina era una cota de malla de acero muy fina. Autoridades precisa que: «las más finas son las que antiguamente se labraban en Argel, y por esto se llamaron jacerinas». Corominas menciona también el posible origen de la palabra ‘jacerina’ como adaptación del árabe ŷazā’irî ‘argelino’ derivado de al-Ŷazâ’ir ‘Argel’, de donde parecen haberse traído estas cotas.

7 Arellano, 2019, vol.1, «Estudio preliminar», pp. 7-52.

8 Góngora, Obras completas, I, «En la pedregosa orilla», pp. 31-34.

9 Jammes, 1967, p. 149.

10 Teresa Panza define su nombre: «‘Teresa’ me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas», Cervantes, Don Quijote, Segunda parte, V. https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap05/cap05_02.htm. Para un estudio completo sobre el nombre de la mujer de Sancho Panza, ver Romero Muñoz, 2004.

11 Según Jammes, Bandurrio podría ser una referencia de Góngora a sí mismo (Jammes, 1967, pp. 147-148).

12 Para las relaciones entre el Entremés de los Romances atribuido a Cervantes y los romances jocosos de Góngora, ver Rodríguez López-Vázquez, 2019.

13 Sobre la apelación jocosa del tordo llamado Martín, véase el comentario de Carreira en Góngora, 1998, n. 11, p. 348.

14 «Cascos de calabaza. Se llaman los pedazos de calabaza, que se ponen en las heridas de la cabeza, que por ser preciso cortar algún pedazo del casco natural, se suple con el de la calabaza. Y porque la cabeza queda débil y flaca, metafóricamente llaman cascos de calabaza a los que tienen poco juicio y asiento. Latín. Cucurbitarum corticulae», Aut.

15 Juan Ruiz de Alarcón da la expresión ‘casco de calabaza’ por sinónima de ‘calvo’: «Aquí le arranca a Balán una cabellera que ha de traer, y queda con un casco de calabaza, como pelado», Ruiz de Alarcón, El Anticristo, p. 540.

16 A la inversa, Quevedo explora la vena burlesca del retrato de la dama en algunos sonetos amorosos, como «A una dama bizca y hermosa» y «A una dama tuerta y muy hermosa». Véase el tratamiento quevediano de los modelos amorosos en Arellano, 1997, pp. 71-84.

17 Jammes, «La parodie», 1967, pp. 145-163.

18 Góngora juega en la dilogía del verbo proveer (juntar las cosas necesarias para algún fin) y su forma pronominal proveerse (desembarazar y exonerar el vientre); véase Aut.

19 Sobre «dulce Francia» por ‘deleite venéreo’, ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984, pp. 198-201 y en especial nota 16, p. 200.

20 Sobre «broquel» por cunnus, ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984, pp. 240-242 y en particular la nota 14, p. 241.

21 El padre Pineda vituperó contra este romance burlesco «donde [el poeta] dice “No te parezcas a Venus”, hasta el fin: habla muy lascivamente» (Luis de Góngora, Obras en verso del Homero español…, p. xxxiv).

22 Jammes, 2014.

23 Lope de Vega, «Ensíllenme el potro rucio», en Lope de Vega, Lírica, pp. 70-73.

24 Carreira recuerda que Combet había anotado un posible significado de «ciruelo», señalado por Correas como «lo del macho, yerto; del varón», véase Góngora, Romances, n. 51, p. 352. Sin embargo, esta posible connotación erótica no parece encontrar eco que la corrobore en el sintagma de la cuarteta, ni en la frase encabezada por «Teresa de mis entrañas»; por eso la descartamos de nuestro sistema de lectura.

25 Quintero, 1991, pp. 51-53.

26 Ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984, p. 153, n. 13; José Luis Pérez López, 2012, p. 106, n. 24.

27 Combet, 1969.

28 Combet, 1969.

29 La fruta de sartén es un tipo de hojuela a base de azúcar, almendras, canela, clavo, pimienta y agua. La masa se fríe en aceite y luego se le echa miel, azúcar y canela; ver Diego Granado, Libro del arte de cozina, p. 415b. Este postre no es un producto tan frecuente en Góngora, pero aparece, en su versión portuguesa «frutinha de padella», en la letrilla «¿A que tanguem em Castella?» de 1615. No tiene el sentido metafórico de ‘hijos’ como en nuestro romance, pero según opinión de Carreira (Góngora, Antología poética, p. 522, n. 4) la locución, en el poema en portugués, podría remitir a dos alimentos al mismo tiempo: fruta de sartén o compota de fruta, a partir de un juego fónico entre padella (sartén) y panela (compota)

30 El término «contagio» es de Robert Jammes, 2014, p. 101.

31 «Vuelto me habéis, quexosa, las espaldas, / y a mi salchicha en tanta embocadura / jugo no la dexó vuestra sartén. / Seguras desde hoy más tendréis las faldas, / que no ha de entrar mi llave en cerradura / que ha menester de aceite un almacén», A una mujer muy lasçiva en la cama con un hombre, soneto, Madrid, Nacional 4051, f. 218; ver DiFranco y Labrador Herraiz, 2006, p. 159.

32 Góngora, Obras completas, I, «ándeme yo caliente y ríase la gente», pp. 14-15.

33 Ver rabo y lengua en la Poesía erótica de Alzieu, Jammes y Lissorgues, 1984.

34 Góngora, Obras completas, I, «Tendiendo sus blancos paños», vv. 81-83, pp. 138-141.

35 Jammes, 2014, p. 106.

36 Alonso, 1955, p. 111.

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Para citar este artículo

Referencia en papel

Emmanuelle Huard-Baudry, «Comida y parodia en el romance Ensíllenme el asno rucio de don Luis de Góngora»Criticón, 145-146 | 2022, 183-198.

Referencia electrónica

Emmanuelle Huard-Baudry, «Comida y parodia en el romance Ensíllenme el asno rucio de don Luis de Góngora»Criticón [En línea], 145-146 | 2022, Publicado el 30 noviembre 2022, consultado el 14 agosto 2026. URL: http://journals.openedition.org/criticon/22277; DOI: https://doi.org/10.4000/12dlh

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Autor

Emmanuelle Huard-Baudry

Imparto clases como profesora de castellano en los Cursos Preparatorios a Grandes Escuelas en Tours (Instituto Descartes). Bajo la dirección de las Profesoras Françoise Gilbert (Universidad Jean Jaurès de Toulouse) y Amelia de Paz (Universidad Complutense de Madrid), estoy llevando a cabo una tesis doctoral que se interesa por la presencia permanente de la comida en el conjunto de los escritos de Luis de Góngora. El artículo que presento en homenaje a Robert Jammes forma parte de mi investigación doctoral.
emmanuellehuardbaudry@gmail.com

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