El veneno de los clérigos: calas en torno a la muerte de Alejandro Magno (Castilla, primer Doscientos)
Résumés
L’interprétation de la mort d’Alexandre le Grand comme le résultat d’un empoisonnement remonte à l’historiographie gréco-latine, et plus précisément à la Vulgate alexandrine, où se dessine le soupçon d’une conspiration ourdie par Antipater et exécutée par son fils Iollas, échanson du roi, lors du banquet fatal de Babylone. Transmise au Moyen Âge par une double voie, historiographique et romanesque, cette matière fut remaniée dans la Castille du premier tiers du XIIIe siècle par un milieu lettré qui semble avoir gravité autour des cours d’Alphonse VIII et de Ferdinand III, ainsi qu’autour de la chancellerie et des cathédrales du royaume; dans ce cadre, l’attrait du récit criminel s’est conjugué à un intérêt croissant pour la matière vénéneuse en tant qu’objet de savoir. Ces quelques sondages proposent une lecture comparée de plusieurs témoignages castillans de cette tradition, parmi lesquels le Breviarium historiae catholicae de Rodrigo Jiménez de Rada, le Planeta de Diego García et l’anonyme Libro de Alexandre, afin de montrer comment l’épisode de l’empoisonnement permet de suivre les traces de l’incorporation de la culture médicale et toxicologique à l’horizon lettré péninsulaire au début du XIIIe siècle.
Entrées d’index
Mots-clés :
Alexandre le Grand, empoisonnement, Castille XIIIe siècle, Rodrigo Jiménez de Rada, Diego García, Libro de Alexandre, savoir médical et toxicologique, culture lettréePalabras claves:
Alejandro Magno, envenenamiento, Castilla siglo XIII, Rodrigo Jiménez de Rada, Diego García, Libro de Alexandre, saber médico y toxicológico, cultura letradaKeywords:
Alexander the Great, poisoning, thirteenth-century Castile, Rodrigo Jiménez de Rada, Diego García, Libro de Alexandre, medical and toxicological knowledge, learned culturePlan
Haut de pageNotes de l’auteur
Este trabajo se enmarca en el proyecto minores. Construir la memoria de las élites periféricas en la corona de Castilla y el reino de Navarra (siglos X-XVI), PID2022-138387NB-100.
Texte intégral
Pretextos
- 1 Francisco RICO, «La clerecía del mester», Hispanic Review, 53/1, 1985, p. 1-23; (2), 1985, p. 127-1 (...)
- 2 Nabarzanes, quiliarca de Darío III, aparece en las fuentes clásicas como uno de los dignatarios per (...)
1Hace más de cuatro décadas, Francisco Rico puso de relieve un documento de notable interés, procedente de un formulario latino de cancillería episcopal1, elaborado en el ámbito del studium de Palencia y datable en los años inmediatamente anteriores a 1226, en el cual la traición de ciertos caballeros se describía mediante una comparación con Nabarzanes y Antípatro, figuras asociadas en la tradición alejandrina a la perfidia cortesana2:
- 3 Mi traducción: «Me sentí traicionado, porque había dejado entrar en mi círculo a esos soldados pérf (...)
Me sentio vulneratum nam tales milites in dolo Narbazoneum nomen Antiphaten me seuit imitantes, ad meum quondam invexit servitium et adeo meam familiaritatem adepti sunt quod eos omnia mea tam pacis quam guerre negotia exponebam. Set in me proditionis toxica effundentes in me suum dolose calcanneam exseruerunt et additum venefici latronis, immo siccarios et habentes inimicis mea consilia exponendo me cum cauda eius scorpius pupugerunt3.
- 4 José Luis MARTÍN MARTÍN, «Iglesia y cultura en la Plena Edad Media», in: José María MONSALVO ANTÓN (...)
- 5 Jean-Yves TILLIETTE (ed., trad. et comm.), Gautier de Châtillon. Alexandréide, Turnhout, Brepols, 2 (...)
2La alusión debió de resultar clara para los scholares clerici que, desde finales del siglo XII y durante las primeras décadas del siglo XIII, se formaron en el ambiente intelectual de la escuela catedralicia de Palencia, convertida en universidad en 1208 por el obispo Tello Téllez de Meneses con el apoyo de Alfonso VIII de Castilla4. Cabe suponer que los nombres de los traidores (Narbazoneus y Antiphas, sic.) reflejan el conocimiento que el redactor de dicho documento tenía de la Alexandreis de Gautier de Châtillon, poema épico compuesto entre 1178 y 1182 y uno de los textos más difundidos del ciclo alejandrino en la cultura escolar de los siglos XII y XIII: en tal poema Antípatro aparece como instigador de la conspiración que habría conducido a la muerte del rey macedonio5:
Vix ea ructarat cum blando subdola uultu
Proditio surgens «labor iste breuissimus,» inquit
«Est michi mortiferum super omnia toxica uirus,
Quod nec testa capit nec fusilis olla metalli
Nec uitri species nec uas aliud nisi solum
Vngula cornipedis. dabitur liquor iste Falerno
Mixtus Alexandro. presto est occasio dandi.
Nam meus Antipater, Macedum prefectus, ab ipsis
Cunarum lacrimis pretendere doctus amorem
Voce sed occultis odium celare medullis,
Ad regem ire parat, Babylona citatus ab ipso
Vt sub eo senium consumat et aspera rursus
Perferat emeritus castrensis tedia uitae […].
- 6 Traducción vv. 143-155: «Apenas hubo proferido tales palabras cuando, alzándose con halagüeño sembl (...)
3Una cincuentena de versos más adelante, la Traición (Proditio) ya ha cumplido su anuncio y el conspirador entra en escena en el palacio babilonio: «Venerat Antipater Babylona, ubi cum patricidis / Complicibusque suis facinus tractabat acerbum» (vv. 203-204)6.
- 7 El redactor del documento reactiva dos figuras de la tradición jurídica romana y de la patrística, (...)
4Con el poso de las lecturas de la Alexandreis, el redactor del documento palentino desarrolló el motivo de la traición mediante un lenguaje figurado que aprovechaba el campo semántico del veneno. Bajo su pluma, los traidores «derramaban los venenos de la traición», actuaban como «latronis venefici»7, y herían finalmente «como el escorpión con su cola»; la perfidia aparecía así, para un público clerical, como una sustancia corruptora que se infiltraba en el propio círculo de confianza del monarca. La metáfora remitía con claridad al motivo del envenenamiento del macedonio: el formulario apelaba a un repertorio de referencias culturales compartidas por los lectores formados en las escuelas y, al tiempo, ofrecía un ejercicio de técnica dictaminal y una advertencia sobre los riesgos de la cercanía al poder. Asomaba ya, en este ejercicio escolar, una asociación de largo recorrido en la recepción medieval del conquistador: la que enlaza la figura de Alejandro con la reflexión sobre el veneno, entendido a la vez como recurso narrativo y como imagen moral de la traición.
- 8 Se cita en lo sucesivo por la edición de Tomás GONZÁLEZ ROLÁN, Pilar SAQUERO SUÁREZ-SOMONTE (eds. y (...)
- 9 Los redactores de la General estoria de Alfonso X utilizaron la Historia de preliis en su recensión (...)
5Junto a la Alexandreis, es necesario traer a colación aquí la otra gran vía latina por la que el relato del envenenamiento de Alejandro llegó a la Castilla del primer tercio del siglo XIII, esto es, la Historia de preliis Alexandri Magni, pues constituye el modelo latino inmediato del que se sirvieron dos de los tres autores castellanos cuyas obras se examinarán a continuación. La Historia de preliis constituye la traducción latina del Pseudo-Calístenes realizada en el siglo X por el arcipreste Leo de Nápoles a partir de un manuscrito griego obtenido en el curso de una embajada a Constantinopla, y conoció en los siglos XI y XII tres sucesivas recensiones, designadas habitualmente como I1, I2e I3, que ampliaron la redacción originaria con materiales tomados de Orosio, Solino, Flavio Josefo y otras autoridades. De ellas, la recensión I2 (ca. 1118-1119, atribuida a Guido de Pisa) es la que mayor fortuna alcanzó en los reinos hispánicos a lo largo del siglo XIII y la que con mayor probabilidad subyace a las reelaboraciones castellanas del episodio del envenenamiento8. En ella reaparece una trama narrativa muy próxima a la de la Alexandreis, con idéntica conjura cortesana urdida por Antípatro y los suyos y una nómina de culpables coincidente con la que afloraba en el formulario palentino. Si bien los estudiantes de Palencia probablemente no manejaron ese texto, lo cierto es que circulaba en la Castilla de las primeras décadas del Doscientos: de él se sirvieron tanto el autor anónimo del Libro de Alexandre (ca. 1220) como Rodrigo Jiménez de Rada en su Breuiarium historiae catholicae (ca. 1214) , según se verá más adelante9.
6Este doble parentesco latino, con la Alexandreis de Gautier y con la Historia de preliis de filiación pseudocalistenea, sitúa a los testimonios castellanos en un horizonte de recepción adecuado para observar cómo se transmitió y se cargó de nuevas resonancias el relato del envenenamiento de Alejandro. En lo que sigue, interesa atender a la articulación interna del episodio en los testimonios que se aducirán, pues sólo desde ahí cabe apreciar el sentido de las variaciones que cada autor introdujo y el espacio que en cada caso se reservó al saber médico y toxicológico que subyace al motivo del veneno. La historia del conquistador se ofrecía, para los clérigos letrados castellanos, como una secuencia encadenada y abierta en sus inflexiones: del gozo compartido a la muerte, de la comunidad festiva al padecimiento solitario, si bien atravesado por los lamentos de súbditos y familiares.
Archiletrados
- 10 Las remisiones propias que siguen no obedecen a un afán de auto-citación, sino al deseo de orientar (...)
- 11 Christian JACOB (dir.), Lieux de savoir, 1, «Espaces et communautés», París: Albin Michel, 2007; id(...)
7Los autores cuyos escritos aquí se van a examinar no se limitaron a pulir sus armas de gramática glosando el poema de Gautier de Châtillon, sino que fueron individuos de amplia cultura y lectores cosmopolitas que habían viajado y estudiado antes de ocupar cargos de prestigio. Alimentados por una pluralidad de lecturas y responsables de proyectos textuales de gran alcance, pertenecen a la élite letrada que me gusta denominar ‘archiletrados’. Como en otros espacios del Occidente medieval, en la Castilla de finales del siglo XII y de la primera mitad del XIII se configuró una clerecía altamente formada que actuó como grupo con identidad propia dentro del entramado político y cultural del reino. Vinculados a la corte, a la cancillería regia y a las grandes catedrales, estos eclesiásticos participaron activamente en la redefinición de las relaciones entre saber y poder. Desde esas posiciones institucionales produjeron documentación diplomática, comentarios bíblicos, tratados apologéticos y teológicos y relatos épicos, mediante los cuales contribuyeron a elaborar y difundir determinadas representaciones del orden político y afirmaron su lugar como mediadores entre el poder regio, las instituciones eclesiásticas y los distintos ámbitos de la vida pública. La escritura fue, en consecuencia, uno de los principales medios por los que esta microsociedad letrada definió y legitimó su papel como grupo dirigente del saber en la Castilla de su tiempo10. El espacio de producción que aquí se plantea como hipótesis de trabajo es de carácter virtual: no se corresponde con un emplazamiento físico único, sino con la conjunción operativa de tres lugares, corte, catedral y cancillería, articulados como un palacio del conocimiento en el sentido de los ‘lieux de savoir’ pensados por Christian Jacob11.
- 12 Brian STOCK, The Implications of Literacy. Written Language and Models of Interpretation in the Ele (...)
- 13 Gilles DELEUZE y Félix GUATTARI, Capitalisme et schizophrénie 2: Mille plateaux. París: Minuit, 198 (...)
8En ese marco, los miembros de la clerecía letrada, vinculados de un modo u otro a la monarquía, a su representación y a la defensa de sus propios intereses, actuaron como autores, compiladores, traductores y mediadores culturales, y sus escritos, latinos o romances, formaron una comunidad de lectura articulada en torno a textos compartidos y a prácticas de exégesis, glosa y reescritura. Conviene asumir aquí, como horizonte metodológico y epistemológico, la noción de comunidad textual que Brian Stock formuló a propósito de los grupos articulados por ciertas representaciones e ideas que estructuran las interacciones de sus miembros y fundamentan su identidad interna12. Aplicada al grupo de los archiletrados castellanos, esa noción invita a sustituir la imagen jerárquica del entorno por otra de círculos concéntricos y trama rizomática, en el sentido en que Deleuze y Guattari teorizaron este último término, esto es, una estructura múltiple y heterogénea, dotada de una capacidad esencial de conexión, en la que cada autor operó, según las circunstancias, como nudo de transmisión, como intersección de series independientes o como instancia convocadora de saberes13.
Textos
- 14 Si la nómina se ciñe aquí a tres textos con sus autores –uno de ellos anónimo, lo que dificulta gra (...)
- 15 Oleg VOSKOBOYNIKOV, «Le Liber particularis de Michel Scot», Archives d'histoire doctrinale et litté (...)
- 16 Amaia ARIZALETA, «La Historia scholastica en la Chronica Naiarensis: genealogía alejandrina de la t (...)
9Dentro de ese conjunto, el motivo del envenenamiento alejandrino acota un corpus de tres testimonios mayores: como se ha dicho, por orden cronológico, el Breuiarium, el Planeta (ca. 1218) y, en órbita más o menos próxima de los dos primeros, el Libro de Alexandre14. Acompañan a estas tres obras el formulario palentino ya comentado y dos materiales de valor más anecdótico que sistemático, pero indiciarios del medio en el que circulaban los saberes implicados, esto es, el Liber particularis de Michael Scot15, y un pasaje de la Chronica Naierensis, redactada hacia 1190, en el que se lee: «Cumque redisset Alexander in Babilonem, sumpto a sorore sua ueneno usum lingue amisit et extremam uoluntatem suam scripto expresit et sic animam exalauit». Como se indicaba en las páginas de esta misma revista hace ya bastantes años16, el dato procede de la Historia scholastica de Pedro Comestor, más concretamente de la Historia libri Esther en su versión adicionada. La tradición manuscrita de Comestor transmite el pasaje en dos redacciones, no adicionada y adicionada; la Chronica Naierensis recoge esta última, donde la additio introduce a la soror como agente del crimen. Aun parca, la alusión najerense bien puede bastar para situar la tradición alejandrina del crimen de veneno en el entorno letrado de la clerecía hispana del primer Doscientos.
Toledanos
- 17 Una relectura reciente del aparato dedicatorio de Planeta en Amaia ARIZALETA, «"Nec est locus minor (...)
- 18 Algunas puntualizaciones sobre la datación de Planeta se verán en Amaia ARIZALETA, «"Nec est locus (...)
- 19 Siempre desde Francisco RICO, «La clerecía», op. cit.
10Las dos primeras obras del corpus se deben, respectivamente, a Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247), arzobispo de Toledo desde 1209, y a Diego García (ca. 1140/1150-1218/1235)17, clérigo de formación cosmopolita, educado en Francia y estrechamente vinculado a la corte castellana. Conviene recordar la relación institucional sostenida en el primer tercio del siglo XIII entre el primado toledano y la cancillería mayor del reino, que sitúa al arzobispo, por la propia lógica del cargo, en el cruce entre la autoridad eclesiástica y la regia. La carrera de Diego García, por su parte, quedó marcada por el desempeño de la cancillería regia entre 1192 y marzo de 1215, fecha en la que abandonó el cargo para integrarse en la comitiva hispana que acudió al IV Concilio de Letrán; reaparece en la documentación castellana entre 1216 y 1217, tras servir a cuatro monarcas, Alfonso VIII, Enrique I, Berenguela y, en los primeros meses de su reinado, Fernando III. Su obra principal, Planeta, puede situarse probablemente entre 1215 y 121818. Una y otra obra encierran, al hilo del episodio alejandrino, materiales sobre los que conviene detenerse. El Breuiarium rodea la muerte del macedonio de un interés sostenido por la materia médica, muy por encima del simple ornato retórico; Planeta, a su vez en diálogo abierto con Jiménez de Rada y en sintonía con el anónimo poema castellano sobre Alejandro Magno19, va engarzando en el episodio menudas notas de saber médico, a modo de pespuntes sobre la trama del texto.
El anónimo Alexandre
- 20 Jorge GARCÍA LÓPEZ, «El Libro de Alexandre», in: Alberto MONTANER FRUTOS e Irene ZADERENKO (coord.) (...)
11Antes que dar un nombre al anónimo autor del Libro de Alexandre, interesa preguntar de qué medio intelectual procedió: no cuenta tanto aquí la firma del individuo sino la comunidad letrada que hizo posible dicha obra. El Alexandre nació en el ámbito de los clérigos formados en las escuelas, vinculados a las catedrales, a la cancillería o a la corte, compartiendo con ellos la conjunción de erudición escolar, atención al gobierno y curiosidad científica20. El poema pertenece, a la vez, a la historia de las ciencias y a la historia política de su tiempo, como ejercicio sobre el buen uso de los saberes en el que se muestra de qué modo el conocimiento puede ordenarse, interpretarse y ponerse al servicio de un proyecto cultural y de gobierno. Su autor ejercía una clerecía que constituía, propiamente, su mester, esto es, una práctica intelectual que se traducía en intervención sobre los discursos del poder y en inserción en una trama compleja de relaciones eclesiásticas y, muy probablemente, cortesanas.
- 21 Franck COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge, París: Presses universitaires de France, 2003; id. (...)
- 22 Cándida FERRERO HERNÁNDEZ (ed. y trad.), Liber contra venena et animalia venenosa de Juan Gil de Za (...)
12Los marcos biográficos en que se elaboró la imagen medieval del conquistador –entreverada de meditación sobre el ejercicio del poder, curiosidad científica y ejemplaridad moral–, favorecieron una meditación sostenida sobre la fidelidad cortesana y el lugar del saber en la corte y en el reino. A ello hay que añadir la eficacia narrativa del motivo del envenenamiento, con su secuencia de preparación, intermediarios, administración y síntomas, que permitía construir el suspense, intensificar la emoción del relato y abrir un espacio privilegiado para el juicio moral, sin olvidar la carga simbólica del venenum en la cultura medieval, donde funcionó como metáfora del mal21. A esas dimensiones se sumó, en el Alexandre, una atención específica a la dimensión técnica del veneno, esto es, al saber farmacológico que circulaba por la Castilla del primer Doscientos en el tránsito entre las tradiciones arabolatinas y sus reelaboraciones romances. Conviene retener, para situar el fenómeno, que en ese tramo cronológico, anterior a finales del siglo XIII, no se localizan en la Península otras producciones científicas autónomas, según ha señalado Cándida Ferrero22. La escasez de un material científico autónomo redobla, en consecuencia, el interés del Alexandre como atestación temprana del saber del veneno, en el primer tercio del siglo XIII castellano.
Brevísimas calas
- 23 Juan FERNÁNDEZ VALVERDE (ed.), Roderici Ximenii de Rada. Breviarium historiae catholicae. Opera omn (...)
- 24 Manuel ALONSO ALONSO (ed.), Diego García de Campos. Planeta, Madrid: Consejo Superior de Investigac (...)
- 25 Juan CASAS RIGALL (ed.), Libro de Alexandre, Madrid: Castalia, 2007, 2612c.
- 26 Juan FERNÁNDEZ VALVERDE (ed.), Roderici Ximenii de Rada. Breviarium, op. cit., p. 440: «Allí, al re (...)
13Me detendré ahora en el Breuiarium, el Planeta, el Liber particularis (1220-1235) y, con mayor demora, el Alexandre. Ante el lector castellano del primer Doscientos, estos textos escenificaban un alegre banquete en el cual el poderoso, rodeado de sus invitados –«Convivium sollerter Alexander instituit, totusque in laetitiam effusus […]»23; «Videlicet comensales assiduos Alexandri […] quorum uterque sibi connutritus24, se abandonaba a la celebración y prolongaba el gesto que sacia la sed –«mandó el rey del vino a Jobas adozir»–25, hasta culminar, por la traición de los allegados, en la ingestión del veneno que sellaba el desenlace fatal: «Ibi, accepto poculo, media potione repente velut telo confixus ingemuit»26. El afán de poder del monarca quedaba así anulado por la ingestión del veneno mortal, motivo inseparable de las semblanzas ficticias de Alejandro que recorre toda su trayectoria y lo configura como una figura profundamente ambivalente; en él se perciben, además, el atractivo y las posibilidades de la ficción pseudohistórica, modulada y reinterpretada según los autores.
El Breuiarium historiae catholicae
14El pasaje del Breuiarium (libro VIII, capítulo vi), pertenece a la tradición historiográfica que atribuye la muerte de Alejandro a un envenenamiento urdido en el entorno de Antípatro y ejecutado por sus hijos. Transmitida ya por Justino y Plutarco, esta versión circuló en las compilaciones medievales, donde el episodio adquirió valor ejemplar y moralizante. En la redacción de Jiménez de Rada, Casandro aparece como instigador del complot, auxiliado por sus hermanos Filipo e Yolas, que servían al rey y podían manipular su bebida; la escena se ordena en una secuencia bien establecida de conspiración previa, preparación del veneno, administración en el banquete y manifestación progresiva de los efectos mortales:
- 27 Ibid., p. 440-441: «Acosado por diversas acusaciones de su madre Olimpíade, induce a su hijo Casand (...)
a matre quoque eius Olimpiade uariis se criminationibus uexatum, ad occupandum regem Cassandrum filium dato ueneno subornat, qui cum fratribus Philippo et Iollo ministrare regi solebat, cuius ueneni tanta uis fuit, ut non ere non ferro non testa contineretur nec aliter ferri nisi in ungula equi potuerit; permonito filio ne alicui Tessalo et fratribus crederet, hac igitur causa apud Tessalum paratum repetitumque conuiuium est; Philippus et Iollas pregustare potum regis soliti in aqua frigida uenenum habuerunt, qua pregustata eam potioni supermiserunt. Quarto die Alexander indubitatam mortem senciens agnoscere se fatum habere maiorum suorum ait plerosque Eacidarum intra tricesimum annum defunctos […] Hæc autem, quia in historia Machabeorum regni Alexandri mentio facta est, ideo ex libris gentilium interposui, ut lector agnosceret non frustra uirtutem Alexandri enarrari, sed magnanimitate atque actione ipsum esse præcipuum27.
15Sobresale, en primer lugar, la descripción técnica del veneno, donde asoman los rasgos de la materia médica medieval. La sustancia posee tal fuerza corrosiva, «tanta uis ueneni», que no admite vasija de bronce, ni de hierro, ni de cerámica, y solo encuentra en la pezuña de un caballo, «ungula equi», un continente apto, en correspondencia con el imaginario toxicológico antiguo y medieval, donde los venenos más activos suelen describirse como capaces de corromper o perforar los recipientes metálicos. El texto precisa, además, el procedimiento de administración: Filipo e Yolas, encargados de probar previamente la bebida del rey, disolvieron el veneno en agua fría, la degustaron y vertieron a continuación esa misma agua sobre la copa destinada al monarca; la escena combina así una mecánica farmacológica precisa, esto es, dilución, mezcla y administración oral, con la lógica del complot cortesano. El tóxico actúa, además, de manera progresiva: al cuarto día, Alejandro reconoce la inminencia de su muerte y la interpreta en clave genealógica, al recordar que muchos miembros de su linaje, los Eácidas, no habían rebasado los treinta años. El relato no se demora en describir clínicamente los síntomas, pero la insistencia en la potencia excepcional del tóxico y en la dosificación cuidadosa de su preparación delata el propósito de dar verosimilitud farmacológica al episodio.
16Otro elemento, igualmente significativo, es la nota hermenéutica con la que el compilador justifica la presencia del relato en una historia universal de orientación cristiana. La mención de Alejandro en el libro de los Macabeos –«in historia Machabeorum»– legitima la incorporación al Breuiarium de materiales tomados «ex libris gentilium», con el fin declarado de mostrar que la virtud del conquistador no se narra en vano, sino que su «magnanimitas» y la amplitud de sus acciones merecen ser recordadas también en el seno de una historia cristiana. El motivo del veneno se integra así, en Jiménez de Rada, en un discurso historiográfico donde convergen la anécdota toxicológica, la tradición clásica y la interpretación moral; de esa convergencia emerge la figura del rey como ejemplo memorable y, simultáneamente, como advertencia sobre la fragilidad del poder ante la perfidia cortesana.
El Planeta
17A diferencia del Breuiarium, el Planeta de Diego García no consigna directamente el envenenamiento alejandrino, sino que exhibe, a lo largo de toda la obra, una constelación léxica de raigambre toxicológica que articula su discurso moral y teológico. «Venenum» y su derivado «venenosa», «toxicum» y «toxicatas», «potio», «thiriaca» y «antydotum» dibujan una semántica del veneno y de su contraveneno que actúa, simultáneamente, en el plano material de la materia médica y en el plano figurado de la corrupción espiritual. El pasaje más significativo se encuentra en el prólogo epistolar y articula, con notable economía, la doble dimensión, médica y moral, del «venenum»:
- 28 Manuel ALONSO ALONSO (ed.), Diego García, op.cit., p. 192: «Escribo, como veis, en un momento en qu (...)
Scribo itaque ut videtis quando unius hominis venenosa nequitia magnam partem seculi fermentaret, nisi illius magni domini cui milito perfecta serenitas et serena perfectio contra grave toxicum efficacem opponeret thyriacam. Novit enim contraria curare contrariis et morum febriculas doctrine antydoto fustigare28.
18La maldad de ciertos individuos se figura aquí como sustancia venenosa a la cual se opone, en clave farmacológica, la «thyriaca» y el «antydotum» que el «magnus dominus», el señor al que el canciller sirve (ciertamente, el propio Jiménez de Rada), encarna, cual remedio viviente. El principio galénico de la curación por contrarios, formulado de manera explícita («contraria curare contrariis»), traslada la materia médica al discurso del poder eclesiástico y de la doctrina cristiana.
- 29 Id., op. cit., p. 301.
- 30 Id., op. cit., p. 437.
- 31 Id., op. cit., p. 171-172.
19En el libro tercero del tratado, «De Christo rege», los términos «tyriaca», «antydotum» y «medicina» se aplican directamente a Cristo, «sufficiens tyriaca, et contra universalem febrem antydotum, et contra communem egritudinem potentissima medicina»29. En el libro séptimo «De Pace», las riquezas y los placeres del mundo se describen como «delicias toxicatas», metáfora redoblada por la persuasión diabólica que las hace pasar por gozos eternos30. Las menciones explícitas de Avicena en el prólogo epistolar31, junto con las alusiones a Galeno y a las propiedades de plantas y procedimientos terapéuticos, atestiguan la familiaridad técnica de Diego García con la materia médica arabolatina en plena difusión peninsular.
- 32 «No dice que fuera enviado a los pastores como a los clérigos, sino a las ovejas como a los laicos (...)
20A esta semántica del veneno se suma la analogía entre el clérigo y el médico, en una glosa que retoma Mateo 9, 12: «Non dicit quod missus fuerit ad pastores quasi ad clericos, sed ad oves quasi ad laicos seculares. Quia non egent qui sani sunt medico, sicut clerici, sed qui male habent, sicut laici seculares»32. Los clérigos se ven asimilados a los sanos, los laicos seculares a los enfermos, y la clerecía letrada se sitúa, por extensión, en la cúspide de una jerarquía terapéutica que reordena las relaciones entre saber, poder y salud de las almas.
- 33 Id., op. cit., p. 171-172: «Entregado por entero a los aduladores, fue un vil esclavo del oído del (...)
- 34 «Con el pretexto de una generosidad insensatísima […] Mas, ¿qué tengo yo que ver con Alejandro? Y t (...)
21Ahora bien, la figura de Alejandro recibe, en el mismo prólogo33, una valoración decididamente crítica. A Diego García le desagrada la fama del macedonio como dechado de liberalidad, presentándolo como esclavo del aplauso popular y del halago cortesano, «totus palponibus dedicatus, vulgaris aure vile fuit mancipium»; apoyándose en Solino y en Séneca, critica la prodigalidad alejandrina como «fatuissime largitatis titulo» y sella la distancia con la pregunta retórica de cierre: «Set quid michi et alexandro? Tu quoque curiose lector quid me interrogas?»34. A diferencia del cauce épico de la Alexandreis o de la materia novelesca de la Historia de preliis, la presencia de Alejandro en Planeta responde a una tradición moral que recupera al conquistador no para encomiarlo, sino para desautorizarlo.
- 35 Id., op. cit., p. 164: «Comensales asiduos de Alejandro […], cada uno de los cuales criado junto a (...)
22Aún cabe retener, en el mismo prólogo, un giro figurado de notable alcance. Al apoyar su examen del macedonio en las autoridades antiguas, Diego García presenta a Quinto Curcio y a Valerio Máximo como «comensales assiduos Alexandri [...] quorum uterque sibi connutritus»35, esto es, como si ambos historiadores hubieran sido criados en intimidad con el rey. La operación transforma a dichos autores antiguos en partícipes del banquete alejandrino y sitúa, con ello, la propia escritura sobre el rey en el ámbito de la mesa, ese mismo ámbito en el que, según la tradición que ellos transmiten, había de consumarse el envenenamiento a manos de los allegados. La metáfora del «comensal» prefigura, así, la lógica de la cercanía contaminante en la que el «venenum» encuentra su lugar de administración.
El Liber particularis
- 36 Eleonora Andreani edita actualmente este texto, de compleja tradición textual.
- 37 Sobre la circulación de la obra de Michael Scot en el medio letrado toledano del primer Doscientos (...)
- 38 Oleg VOSKOBOYNIKOV, «Le Liber particularis», p. 372.
23El Liber particularis de Michael Scot interviene, en estas páginas, como testigo lateral del horizonte de saberes prácticos en el que se inserta la materia médica del Breuiarium y del Planeta36. Las observaciones del escocés sobre los animales venenosos y las virtudes de la triaca permiten leerlo como interlocutor implícito de los dos autores castellanos37. En su tratado, el ciervo envejecido busca animales venenosos, esto es, serpientes, lagartos y sapos, los devora, y, sentido el embate del tóxico, corre hasta el agotamiento, entra en una fuente y bebe con avidez para expulsarlo. Indica el escocés que «Bixa habet venenum in cauda et in capite», empleando un término vernáculo, mientras que el escorpión, aun si guarda el tóxico en la cola (como la culebra) alberga la triaca en el vientre, en una conducta que el propio Michael compara con la del felino: «primo blanditur et postea pungit, ut gatta que primo ludit et postea graffat»38. El símil resulta de una gracia inesperada.
- 39 Joel CHANDELIER, Avicenne et la médecine en Italie. Le Canon dans les universités (1200-1350), Parí (...)
- 40 Sobre Marcos de Toledo se verá por ejemplo Carlos de AYALA MARTÍNEZ, Ibn Tūmart, el arzobispo Jimén (...)
24Tales materiales se sitúan en la órbita del galenismo arabolatino que circulaba por la Castilla del primer tercio del siglo XIII. La síntesis toxicológica aviceniana, profusamente difundida entre los autores árabes del siglo XII, ganó cuerpo en el mundo latino a través de las traducciones realizadas a partir de esa centuria, en buena medida dependientes de la reformulación arabizada del galenismo39. El Canon de Avicena, traducido en Toledo por Gerardo de Cremona en la segunda mitad del siglo XII, conoció una difusión importante desde mediados del siglo siguiente; a esa empresa traductora se sumaba, en suelo hispánico, la actividad de Marcos de Toledo –traductor de textos religiosos y médicos, galenista de pleno derecho y miembro del entorno de Jiménez de Rada–40, cuya labor entronca con la misma familia técnica del Liber particularis. Esta consonancia, antes que dependencia textual, hace del Liber particularis un buen indicador del medio en el que el Breuiarium y el Planeta trataron la materia médica.
El Alexandre
- 41 Juan CASAS RIGALL (ed.), Libro de Alexandre, 2617c.
25El Alexandre ofrece un tratamiento extenso y dramático del envenenamiento alejandrino. Frente a la sobriedad de la Alexandreis, el clérigo castellano amplía la escena, acumula detalles, conduce al auditorio hacia la compasión y la indignación, y carga el episodio de una intensidad escénica ausente de los testimonios latinos. El poema se nutre de un doble modelo: de Gautier de Châtillon retoma la imagen del veneno que se infiltra en las venas del rey, sostenida por el juego sonoro entre «venino» y «venas» del verso «el venino las venas que pudo alcançar»41. De la Historia de preliis (J²) procede, en cambio, la organización narrativa del crimen, con su nómina precisa de agentes –Antípatro como instigador, Casandro como intermediario, Jobas, esto es, Iolas, como ejecutor– y su secuencia escalonada de conspiración, preparación de la pócima, administración en el banquete y agonía progresiva del rey.
26El episodio avanza en una progresión cuidadosamente escalonada. La preparación del banquete y el gesto cortesano del copero al ofrecer la bebida confluyen, sin solución de continuidad, en el instante en que el veneno se mezcla con el vino y se sirve al rey:
- 42 Ibid., 2613-14.
Deslavó bien la copa e finchola de vino:
rebolvió como pudo en ella el venino.
¡Vestido d’escarlata sobre paños de lino,
presentola al rëy con el inojo enclino!
La hora fue llegada –non podié ál seer–:
querié la fortedupne la cabeça torçer.
Priso el rey la copa –¡non la devié prender!–;
avié los días fechos: ¡compeçó de bever!42
27Tras el primer trago, el dolor irrumpe con violencia y Alejandro pide una péñola para provocarse el vómito y expulsar la sustancia ingerida; el detalle, lejos de ser anecdótico, remite a las prácticas de la materia médica medieval, donde el vómito provocado figura entre los recursos terapéuticos contra la ingestión de tóxicos. El remedio, sin embargo, se vuelve agravante, pues el traidor había impregnado de antemano la propia pluma:
- 43 Ibid., 2616-17.
El falso träidor, alma endïablada,
avié esto asmado: ¡teniela ervolada!
Púsogela en mano de mal fuego cargada:
¡también podrié el malo darle grant cuchillada!
Metió el rey la péñola por amor de tornar
–non podrié peor fuego en su cuerpo entrar–:
¡el venino las venas que pudo alcançar,
en lugar de guarir, fízolas peorar!43
- 44 Julian WEISS, The ‘mester de clerecía’. Intellectuals and Ideologies in Thirteenth-Century Castile, (...)
28La «péñola» concentra, así, una doble función simbólica de notable alcance, como ya señaló Julian Weiss44. Pluma por antonomasia del oficio clerical, atributo del letrado y herramienta de la escritura, se convierte aquí en instrumento del crimen al portar consigo el «mal fuego» del veneno. El choque entre el utensilio que fija la memoria y el que precipita la muerte del rey es particularmente expresivo en un texto que se declara a sí mismo, desde su proemio, como obra de clerecía. La pluma, signo del saber, se trastoca en signo del daño, y el episodio gana, de paso, una densidad reflexiva sobre la naturaleza misma del oficio de escribir.
- 45 J. CASAS RIGALL (ed.), Libro de Alexandre, 643cd.
- 46 Ibid., 1105c.
- 47 Ibid., 1126cd.
- 48 Ibid., 2491b.
- 49 Ibid., 1666d.
29El léxico del veneno es frecuente en el Alexandre. «Venino» designa la sustancia tóxica administrada al rey, pero ocupa también lugares decisivos en otros momentos del relato: así, la mera posibilidad de infligir la muerte por veneno aparece evocada en plena lucha entre Patroclo y Héctor, cuando el narrador advierte que «dubdava Éctor de bien se demeter: ¡si non, ovieral’ dado venino a bever!»45; se halla en las flechas impregnadas de tóxico durante el sitio de Tiro –«Volavan las saetas en venino tempradas»–46, en la pócima ya dispuesta para Darío –«ya era el venino fecho e destemprado / que avié de sus omnes a seer escançiado»–47, en la imagen anticipatoria de la muerte del rey, por parte de los árboles del Sol y de la Luna –«Matart’han traedores: morrerás apoçonado»–48, y, sobre todo, en la fórmula con que el autor describe a Narbazones y a Beso: «llenos de venino tenién los coraçones»49. Esta última correspondencia es digna de atención, pues reaparece, en términos semejantes, en el formulario palentino. La coincidencia confirma la circulación, en el medio escolar y curial castellano del primer Doscientos, de una metáfora compartida en la que el «venenum» operaba como cifra de la perfidia cortesana y como signo del intelecto desviado.
- 50 Por ejemplo, François GARNIER, Le langage de l'image au Moyen Âge, 2 vols., París: Le Léopard d'Or, (...)
30La puesta en escena del envenenamiento descansa, por último, sobre una iconografía cortesana asentada en la cultura visual de la Edad Media central, esto es, la del copero arrodillado o inclinado al ofrecer la copa al soberano50. Allí la genuflexión indica subordinación cortesana, pero, aplicada al banquete alejandrino, el gesto del servicio coincide con el instante en que se consuma la traición. El Alexandre moviliza, por lo tanto, una red densa de saberes y de imágenes, médicos, jurídicos e iconográficos, para construir una escena criminal que sitúa el «venenum» en el cruce entre el cuerpo del rey, el saber del clérigo y la representación visual del poder cortesano. La escena deja ver, en último término, una tensión propia del medio letrado, esto es, la del saber natural –mezclas, eméticos, efectos toxicológicos– que puede tanto sanar como dañar, y donde el veneno emerge no como simple sustancia, sino como un uso torcido del conocimiento.
Conclusiones
31El recorrido por estos textos ha dejado ver el modo en que el motivo del envenenamiento alejandrino se reelaboró en la Castilla del primer tercio del siglo XIII. Jiménez de Rada, Diego García y el anónimo heredaron la versión curciana del crimen con su veneno irresistible, intriga que la Chronica Naierensis condensa en una sola frase, el Breuiarium amplía con detalle dramático y el Planeta y el Alexandre adaptan a sus respectivas estrategias retóricas; Michael Scot utiliza el veneno con otros fines. De este recorrido asoman perspectivas distintas, incluso antagónicas, sobre la figura del macedonio. Diego García deshace la fama de Alejandro y lo presenta, en clave moral, como modelo de falsa liberalidad. El anónimo, en cambio, prefiere un tratamiento patético y compasivo de su muerte, en el que el envenenamiento se carga de toda la fuerza dramática del crimen cortesano. Jiménez de Rada, por su parte, se sitúa en una clave pragmática que admite la «virtus» del rey sin renunciar a la lección moral, conforme a la lógica historiográfica de la compilación universal cristiana. El veneno constituye para los tres autores el motivo en torno al cual se anudan, sea cual sea la valoración de la figura del rey, los mismos saberes técnicos y las mismas figuras retóricas.
- 51 Amaia ARIZALETA, «La transmisión del saber médico: Libro de Alexandre y Libro de Apolonio», in: Mar (...)
32La presencia, en el Breuiarium, de un léxico farmacológico resuena con el imaginario galénico que el Planeta moviliza en clave moral, y con la materia médica que el Alexandre expone en tres pasajes médicos: el alarde teórico del joven Alejandro ante Aristóteles (estrofa 43), el desmayo tras el baño en el Cidno (estrofas 902-912) y la herida grave en Sudraca (estrofas 2247-2264)51. La consonancia léxica entre los tres testimonios castellanos, junto con su parentesco con los procedimientos clasificatorios del Liber particularis de Michael Scot y con la actividad traductora de Marcos de Toledo y de Gerardo de Cremona, dibuja un paisaje en el que la materia médica circulaba, en la Castilla del primer Doscientos, como saber compartido entre eclesiásticos altamente formados, antes de hallar redacción autónoma en la generación siguiente con la obra científica de Juan Gil de Zamora. El «veneno de los clérigos» nombra, en consecuencia, una paradoja propia del medio intelectual aquí reconstruido. El saber natural es fuente de autoridad para los archiletrados castellanos, pero también constituye riesgo cuando se pone al servicio del daño, como el episodio del envenenamiento alejandrino, en sus diversas reelaboraciones, no deja de recordar. Por ahora, basta con haber dibujado el contorno de esa comunidad textual letrada en la que el envenenamiento de Alejandro funcionó, a un tiempo, como gran asunto narrativo y como motivo de saber.
Notes
1 Francisco RICO, «La clerecía del mester», Hispanic Review, 53/1, 1985, p. 1-23; (2), 1985, p. 127-150, p. 10 y 16. Dicho documento epistolar constituye un modelo de carta de queja elevada al rey con motivo de actos de traición; cf. Claudio FELISI, Anne-Marie TURCAN-VERKERK, «Les artes dictandi latines de la fin du XIe à la fin du XIVe siècle: un état des sources», in: Benoît GRÉVIN, Anne-Marie TURCAN-VERKERK (dir.), Le dictamen dans tous ses états. Perspectives de recherche sur la théorie et la pratique de l’ars dictaminis (XIe-XVe siècles), Turnhout, Brepols, 2015 (Bibliothèque d’histoire culturelle du Moyen Âge, 16), p. 417-541, p. 495.
2 Nabarzanes, quiliarca de Darío III, aparece en las fuentes clásicas como uno de los dignatarios persas implicados en la conjura que siguió a la derrota de Gaugamela en 331 a. C. Tras la batalla, huyó hacia el este en compañía del rey y, junto con el sátrapa Beso y otros nobles, participó en su arresto y posterior asesinato, antes de entregarse finalmente a Alejandro y obtener su perdón. La tradición literaria posterior transformó esa figura histórica en un arquetipo de traidor cortesano. En las versiones medievales de la leyenda alejandrina se le vincula con frecuencia a Antípatro, general macedonio que sirvió primero a Filipo II y después a Alejandro, y que vivió entre 397 y 319 a. C. Gobernador de Macedonia durante las campañas orientales, Antípatro fue señalado por algunas tradiciones como responsable último del envenenamiento del conquistador, crimen en el que habrían participado también su hijo Casandro y el copero Yolas. Sobre estas cuestiones, véase O. BATTISTINI y P. CHARVET, op. cit.
3 Mi traducción: «Me sentí traicionado, porque había dejado entrar en mi círculo a esos soldados pérfidos que imitaban la astucia de Narbazones y la saña de Antípatro. Con el tiempo, ganaron mi total confianza y les confiaba todos mis asuntos, tanto los de paz como los de guerra. Pero ellos, derramando veneno traidor, me revelaron su verdadero talón de Aquiles: como sicarios envenenados, entregaron mis secretos a mis enemigos y me clavaron el aguijón mortal del escorpión». Para el texto del documento, cf. Ana María BARRERO GARCÍA, «Un formulario de cancillería episcopal castellano-leonés del siglo XIII», Anuario de Historia del Derecho Español, 46, 1976, p. 671-712, p. 700.
4 José Luis MARTÍN MARTÍN, «Iglesia y cultura en la Plena Edad Media», in: José María MONSALVO ANTÓN (coord.), Historia de la España medieval, Salamanca: Universidad de Salamanca, p. 251-277, p. 276-279.
5 Jean-Yves TILLIETTE (ed., trad. et comm.), Gautier de Châtillon. Alexandréide, Turnhout, Brepols, 2022; Marvin L. COLKER (ed.), Galteri de Castellione Alexandreis, Padua: Antenore, 1978; Capitula decimi libri, vv. 143-155. Las fuentes grecolatinas transmiten versiones contrapuestas del fallecimiento del rey, en las que se alternan la fiebre, el agotamiento de la campaña, los excesos del banquete, el ambiente malsano de Babilonia y el complot palaciego, sin que ninguna de ellas consiga imponerse. Arriano, Diodoro y Plutarco recogen el envenenamiento entre las conjeturas posibles; Justino, en cambio, lo da por probado y precisa los pormenores del crimen. Plutarco refiere el rumor con particular minucia y especifica que el veneno era una sustancia singular, asociada a las aguas heladas de la Estigia, que solo podía ser transportada en la pezuña de una mula; el Epitoma rerum gestarum Alexandri Magni añade una descripción de los preparativos del crimen y precisa que el recipiente del veneno estaba sellado con metal. La historiografía moderna, por el contrario, suele explicar la muerte de Alejandro por causas naturales, en particular por la malaria o la fiebre tifoidea, o el síndrome de Guillain-Barré. Cf. Véase Leo SCHEP, «Was Alexander the Great Poisoned by Veratrum album?», Clinical Toxicology, 52/1, 2014, p. 72-77; Katherine HALL, «Did Alexander the Great die from Guillain-Barré Syndrome?», The Ancient History Bulletin, 32, 2018, p. 106-128.
6 Traducción vv. 143-155: «Apenas hubo proferido tales palabras cuando, alzándose con halagüeño semblante, la solapada Traición tomó la palabra: “Brevísima será la tarea para mí. Tengo un veneno mortífero, superior a todas las pócimas, que no admite vasija de barro, ni olla de metal fundido, ni frasco de vidrio, ni otro recipiente que no sea la pezuña de un caballo. Ese licor se le administrará a Alejandro mezclado con vino de Falerno, y la ocasión de hacerlo no se hará esperar. Pues mi Antípatro, prefecto de los macedonios, adiestrado desde las lágrimas mismas de la cuna en aparentar amor con la voz mientras oculta el odio en lo más íntimo de sus entrañas, se dispone a presentarse ante el rey, citado por él mismo a Babilonia, para consumir allí, bajo su mando, los años de la vejez y soportar de nuevo, ya veterano, las ásperas fatigas de la vida castrense»; vv. 203-204: «Había llegado Antípatro a Babilonia, y allí, con sus parricidas cómplices, urdía un acerbo crimen».
7 El redactor del documento reactiva dos figuras de la tradición jurídica romana y de la patrística, la del veneficus como envenenador-hechicero y la del latro como bandido fuera del derecho.
8 Se cita en lo sucesivo por la edición de Tomás GONZÁLEZ ROLÁN, Pilar SAQUERO SUÁREZ-SOMONTE (eds. y trads.), Alfonso X el Sabio. La historia novelada de Alejandro Magno. Edición acompañada del original latino de la Historia de preliis (recensión J²), Madrid: Universidad Complutense, 1982, quienes siguen a Alfons HILKA, Die Historia de preliis Alexandri Magni (Rezension J²), Meisenheim am Glan: Anton Hain, 1976-1977, 2 vols. («Beiträge zur klassischen Philologie», 79). Sobre la difusión peninsular de la recensión y su empleo en el Libro de Alexandre, Ian MICHAEL, The Treatment of Classical Material in the Libro de Alexandre, Manchester: Manchester University Press, 1970; para la presencia de la Historia de preliis en el Breuiarium de Jiménez de Rada, y su empleo por autores hispánicos contemporáneos (pues Lucas de Tuy en su Chronicon mundi también utilizó el texto de la J²), me permito remitir a Amaia ARIZALETA, «Las reconfiguraciones curiales de la Historia de preliis. Circulaciones letradas, en el reino de Castilla y más allá (siglos XIII-XV)», Revista de Poética Medieval, 39, 2025, p. 23-49.
9 Los redactores de la General estoria de Alfonso X utilizaron la Historia de preliis en su recensión J² para componer la ‘Estoria de Alejandro el Grande’. Un primer acercamiento a esta elaboración fue presentado en la versión oral de este trabajo, pero se descarta aquí por falta de espacio; véase, sobre la cuestión, Amaia ARIZALETA, «Instantáneas del saber alfonsí: la ocasión alejandrina (General estoria. Cuarta parte)», Cahiers d’études hispaniques médiévales, 45, 2022, p. 75-88.
10 Las remisiones propias que siguen no obedecen a un afán de auto-citación, sino al deseo de orientar al lector, temática y metodológicamente, hacia la investigación que ha alimentado estas páginas (The Small World of the Castilian Literate Elite (1177-1252), de próxima aparición en Presses Universitaires du Midi, Toulouse). Sin ánimo de exhaustividad, conviene retener, en primer lugar, los trabajos de Charles Burnett sobre la transmisión arabolatina de los saberes científicos en el Toledo de los siglos XII y XIII; y, junto a ellos, las aportaciones de Eleonora Andreani, Étienne Anheim, Carlos de Ayala Martínez, Irene Caiazzo, Godefroid de Callataÿ, Pierre Chastang, Alexander Fidora, Susana Guijarro González, Francisco Javier Hernández, David Juste, Peter Linehan, Lucy Pick, Nicola Polloni, Pedro Mantas-España, Hélène Sirantoine, Teresa Witcombe, Jorge García López, Alberto Montaner, entre otros muchos investigadores en cuyas obras se asienta el presente análisis. Véanse, en consecuencia, Amaia ARIZALETA, Les clercs au palais. Chancellerie et écriture du pouvoir royal (Castille, 1157-1230), París: SEMH-Sorbonne (Les Livres d’e-Spania), 2010; ead., «Prácticas intelectuales y redes de saber clerical en el mundo del pensamiento toledano (1210-1220)», in: Pierre CHASTANG, Patrick HENRIET y Claire SOUSSEN (eds.), Figures de l’autorité médiévale. Mélanges offerts à Michel Zimmermann, París: Publications de la Sorbonne, 2016, p. 13-32; ead., «La materia de Troya en obras de la élite clerical castellana (primer Doscientos)», Medievalia, 27 (1), 2024, p. 57-101; id., «Entre cour, cathédrale et chancellerie. Un microcosme d’écritures pour le gouvernement (Castille, 1200-1230)», in: Nicolas MICHEL y Romain WAROQUIER (eds.), Pensée politique et gouvernement dans l’Occident médiéval (XIe-début XIIIe s.), París: Classiques Garnier, 2025, p. 243-267; y, ead., «Rodrigo antes del Toledano, o la comunidad de los sapientes», in: Carlos de AYALA MARTÍNEZ y Santiago PALACIOS ONTALVA (eds.), El arzobispo Jiménez de Rada y el diálogo cultural y religioso con el islam y el judaísmo, Gijón: Trea (en prensa).
11 Christian JACOB (dir.), Lieux de savoir, 1, «Espaces et communautés», París: Albin Michel, 2007; id., Lieux de savoir, 2, «Les mains de l'intellect», París: Albin Michel, 2011.
12 Brian STOCK, The Implications of Literacy. Written Language and Models of Interpretation in the Eleventh and Twelfth Centuries, Princeton: Princeton University Press, 1983, y Listening for the Text. On the Uses of the Past, Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1990.
13 Gilles DELEUZE y Félix GUATTARI, Capitalisme et schizophrénie 2: Mille plateaux. París: Minuit, 1980.
14 Si la nómina se ciñe aquí a tres textos con sus autores –uno de ellos anónimo, lo que dificulta grandemente la labor–, no se debe a una restricción caprichosa que imponga relaciones forzadas entre ellos: las tres obras, leídas en paralelo, operan más bien como banco de pruebas, esto es, como un test crítico productivo para examinar la circulación letrada del primer Doscientos. Sobre esta línea metodológica véanse Amaia ARIZALETA, «El orden de Babel: algunas notas sobre la conciencia lingüística de la clerecía letrada castellana en la primera mitad del siglo XIII», e-Spania, 13, 2012, en línea: http://e-spania.revues.org/20985; ead., «La bigarrure des peuples chez quatre auteurs castillans de la première moitié du XIIIe siècle: Diego García, Rodrigo Jiménez de Rada, l'auteur anonyme du Libro de Alexandre et Guillermo Pérez de la Calzada», Cahiers du CRINI, 6, 2026, en línea; así como la ya citada ead., «La materia de Troya».
15 Oleg VOSKOBOYNIKOV, «Le Liber particularis de Michel Scot», Archives d'histoire doctrinale et littéraire du Moyen Âge, 81 (1), 2014, p. 249-384.
16 Amaia ARIZALETA, «La Historia scholastica en la Chronica Naiarensis: genealogía alejandrina de la traición sororal», e-Spania, 7, 2009, en línea: http://www.e-spania.paris-sorbonne.fr/7/. Véase el entero dossier monográfico, en e-Spania, 7, 2009, https://journals.openedition.org/e-spania/17958.
17 Una relectura reciente del aparato dedicatorio de Planeta en Amaia ARIZALETA, «"Nec est locus minoribus in comparationis diversorio". Diego García de Campos: la dedicatoria como escenografía del poder político», in: Ignacio GONZÁLEZ CAVERO, Fermín MIRANDA GARCÍA y María Teresa LÓPEZ DE GUEREÑO SANZ (eds.), Escenografía de la memoria en las élites periféricas, Gijón: Trea, en prensa.
18 Algunas puntualizaciones sobre la datación de Planeta se verán en Amaia ARIZALETA, «"Nec est locus minoribus”», op. cit.
19 Siempre desde Francisco RICO, «La clerecía», op. cit.
20 Jorge GARCÍA LÓPEZ, «El Libro de Alexandre», in: Alberto MONTANER FRUTOS e Irene ZADERENKO (coord.), El Mester de Clerecía de los siglos XIII y XIV: nuevo panorama crítico, Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca (coll. Obras de referencia, 49), 2024, p. 231-272.
21 Franck COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge, París: Presses universitaires de France, 2003; id., «In claustro venenum. Quelques réflexions sur l'usage du poison dans les communautés religieuses de l'Occident médiéval», Revue d'Histoire de l'Église de France, 88, 2002, p. 5-19, p. 13, sobre la prevalencia del envenenamiento como esquema criminal en los medios catedralicios y monásticos del Occidente medieval: «que ce soit dans les milieux cathédraux ou monastiques, le schéma criminel le plus fréquent est l'empoisonnement ou la tentative d'empoisonnement du supérieur, abbé, prieur ou évêque, par des membres de la communauté canoniale ou conventuelle».
22 Cándida FERRERO HERNÁNDEZ (ed. y trad.), Liber contra venena et animalia venenosa de Juan Gil de Zamora, Barcelona: Reial Acadèmia de Bones Lletres, 2009.
23 Juan FERNÁNDEZ VALVERDE (ed.), Roderici Ximenii de Rada. Breviarium historiae catholicae. Opera omnia. Pars II, Turnhout: Brepols, 1997, p. 439-440: «Alejandro organizó con esmero un banquete y, entregado por completo a la alegría […]».
24 Manuel ALONSO ALONSO (ed.), Diego García de Campos. Planeta, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1943, p. 164: «A saber, los comensales asiduos de Alejandro […] cada uno de los cuales fue criado junto a él».
25 Juan CASAS RIGALL (ed.), Libro de Alexandre, Madrid: Castalia, 2007, 2612c.
26 Juan FERNÁNDEZ VALVERDE (ed.), Roderici Ximenii de Rada. Breviarium, op. cit., p. 440: «Allí, al recibir una copa y beberla hasta la mitad, de repente gimió como si hubiera sido herido por un dardo».
27 Ibid., p. 440-441: «Acosado por diversas acusaciones de su madre Olimpíade, induce a su hijo Casandro, sobornándolo con un veneno dado para que se apodere del rey, él que, junto con sus hermanos Filipo y Yolas, solía servir al rey; tan grande era la fuerza de aquel veneno, que no podía conservarse ni en bronce, ni en hierro, ni en barro, y no se podía llevar de otro modo que en la pezuña de un caballo. Avisado el hijo de que no confiara en Tesalo y en sus hermanos, por esta razón se preparó y se repitió el banquete en casa de Tesalo; Filipo y Yolas, que solían probar antes la bebida del rey, tuvieron el veneno en agua fría, y, una vez probada esta, lo mezclaron con la bebida. Al cuarto día, Alejandro, sintiendo una muerte indudable, dice que reconoce tener el destino de sus antepasados, y afirma que muchos de los Eácidas murieron antes del año trigésimo […]. Y puesto que en la historia de los Macabeos se hace mención del reino de Alejandro, por eso he insertado estas cosas tomadas de los libros de los gentiles, para que el lector reconozca que no en vano se narra la virtud de Alejandro, sino que por su grandeza de ánimo y sus acciones él es el principal».
28 Manuel ALONSO ALONSO (ed.), Diego García, op.cit., p. 192: «Escribo, como veis, en un momento en que la maldad emponzoñada de un solo hombre habría corrompido buena parte del siglo, si aquel gran señor a cuyo servicio milito no hubiese opuesto a tan grave veneno, como remedio eficaz, su serenidad perfecta y su perfección serena. Pues sabe sanar los males con sus contrarios y disciplinar las pequeñas fiebres de las costumbres con el antídoto de la doctrina».
29 Id., op. cit., p. 301.
30 Id., op. cit., p. 437.
31 Id., op. cit., p. 171-172.
32 «No dice que fuera enviado a los pastores como a los clérigos, sino a las ovejas como a los laicos seculares. Pues no necesitan médico los que están sanos, como los clérigos, sino los que se encuentran enfermos, como los laicos seculares».
33 Id., op. cit., p. 171-172: «Entregado por entero a los aduladores, fue un vil esclavo del oído del vulgo».
34 «Con el pretexto de una generosidad insensatísima […] Mas, ¿qué tengo yo que ver con Alejandro? Y tú, lector indiscreto, ¿por qué me interrogas a mí?».
35 Id., op. cit., p. 164: «Comensales asiduos de Alejandro […], cada uno de los cuales criado junto a él desde la infancia».
36 Eleonora Andreani edita actualmente este texto, de compleja tradición textual.
37 Sobre la circulación de la obra de Michael Scot en el medio letrado toledano del primer Doscientos y, en particular, sobre su conocimiento por parte de Diego García y de Rodrigo Jiménez de Rada, así como sobre la conversación letrada que articulaba a los tres autores en torno a las traducciones arabolatinas, véanse los estudios imprescindibles de Lucy PICK, «Michael Scot in Toledo: Natura naturans and the Hierarchy of Being», Traditio, 53, 1998, p. 93-116 y «"Members of the Covenant of the Guide": Reading Maimonides in Christian Toledo», Traditio, 78, 2023, p. 215-261.
38 Oleg VOSKOBOYNIKOV, «Le Liber particularis», p. 372.
39 Joel CHANDELIER, Avicenne et la médecine en Italie. Le Canon dans les universités (1200-1350), París: Honoré Champion, 2017.
40 Sobre Marcos de Toledo se verá por ejemplo Carlos de AYALA MARTÍNEZ, Ibn Tūmart, el arzobispo Jiménez de Rada y la ‘cuestión sobre Dios’, Madrid: La Ergástula, 2017.
41 Juan CASAS RIGALL (ed.), Libro de Alexandre, 2617c.
42 Ibid., 2613-14.
43 Ibid., 2616-17.
44 Julian WEISS, The ‘mester de clerecía’. Intellectuals and Ideologies in Thirteenth-Century Castile, Woodbridge: Tamesis Books, 2006, en concreto p. 142.
45 J. CASAS RIGALL (ed.), Libro de Alexandre, 643cd.
46 Ibid., 1105c.
47 Ibid., 1126cd.
48 Ibid., 2491b.
49 Ibid., 1666d.
50 Por ejemplo, François GARNIER, Le langage de l'image au Moyen Âge, 2 vols., París: Le Léopard d'Or, 1982-1989 ; Jérôme BASCHET, L’iconographie médiévale, París: Gallimard, 2008 ; Michele BACCI, Gohar GRIGORYAN y Manuela STUDER-KARLEN (eds.), Staging the Ruler’s Body in Medieval Cultures. A Comparative Perspective, Turnhout: Brepols, 2023.
51 Amaia ARIZALETA, «La transmisión del saber médico: Libro de Alexandre y Libro de Apolonio», in: Margarita FREIXAS y Silvia IRISO (eds.), in: Actas del VIII Coloquio de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval. Santander, 22-26 de septiembre de 1999, Santander, 2000, p. 221-231.
Haut de pagePour citer cet article
Référence électronique
Amaia Arizaleta, « El veneno de los clérigos: calas en torno a la muerte de Alejandro Magno (Castilla, primer Doscientos) », e-Spania [En ligne], 54 | Juin 2026, mis en ligne le 01 juin 2026, consulté le 14 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/e-spania/60313 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16emp
Haut de pageDroits d’auteur
Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.
Haut de page



