El veneno en la prosa ejemplar: entre símbolo y crimen
Résumés
Dans le monde médiéval, où la conception du Bien et du Mal était fortement polarisée et structurée par des modèles religieux, un motif important n’a pourtant guère retenu l’attention : le rôle du poison dans la prose exemplaire. À travers ce motif s’ouvre un vaste champ thématique qui reflète à la fois des peurs quotidiennes et un imaginaire social. On peut ainsi observer que les cas de poison ou d’empoisonnement se répartissent, de manière générale, en deux grandes catégories. Dans la première, le poison apparaît comme le symbole du mal sous ses multiples formes. Dans la seconde, l’empoisonnement devient l’élément central du récit et sert à illustrer ou à exemplifier un comportement. Par ailleurs, qu’il soit arme de guerre ou instrument d’assassinat, le poison constitue également une mise en garde pratique adressée au destinataire de ces récits, généralement un infant ou un noble. En somme, au Moyen Âge, le crime par empoisonnement – qu’il soit symbolique ou réel – était considéré comme particulièrement abject : parce qu’il est caché et imperceptible, il relève de la trahison. C’est ce que nous tenterons de mettre en évidence dans les pages de ces récits brefs.
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Introducción
- 1 María Fernanda NUSSBAUM, «Algunas notas sobre los espías en la literatura medieval española de los (...)
1El tema del crimen por veneno nos hizo plantear qué clase de textos podríamos abordar, ya que es un tema que no resulta inmediatamente perceptible en los relatos y todavía menos en las crónicas del período de Sancho IV a Alfonso XI. Sin embargo, con la experiencia del estudio sobre los espías en la época medieval – un tema también subyacente y que requiere un análisis detenido para ser identificado –, la prosa ejemplar se nos presentó como una evidencia.1
- 2 Los estudios sobre la literatura sapiencial son abundantes. Remito a las páginas que le dedica Fern (...)
- 3 María Jesús LACARRA (ed.) Cuento y novela corta en España, 1 Edad Media, prólogo de Maxime Chevalie (...)
2La razón principal radica en que la literatura sapiencial se sirve de una amplia diversidad temática y genérica y, con este objetivo didáctico, desarrolla abiertamente hechos o conductas en donde el género cronístico guarda respetuoso silencio.2 De esta manera, la prosa gnómica muestra, generalmente, las pasiones y transgresiones de los personajes con su consiguiente castigo ejemplarizante; se hace eco así de conductas difíciles de rastrear en las crónicas lo que satisfaría, por tanto, nuestra curiosidad. Además, de acuerdo a M. J. Lacarra, a partir del siglo XIII el corpus ejemplar se fue ampliando con nuevas historias, protagonizadas por anónimos personajes del común (niños, ancianos, pobres, etc.), alejados del mundo heroico, que representaban la vida diaria. De este modo, los oyentes encontraban un reflejo de su cotidiano y nosotros, un rico material de lo que puede ser el estudio de una mentalidad.3
3Una síntesis de lo que puede significar para nuestro análisis el relato ejemplar la encontramos también en las palabras de Hugo Bizzarri:
- 4 Hugo BIZZARRI, Cuentos latinos de la Edad Media, Madrid : Gredos, 2006, p. 9. Para un panorama glob (...)
«El ejemplo medieval no es una narración independiente en sí sino más bien un relato inserto dentro de un discurso con una aplicación directa al hombre. Esto hace que en estos pequeños relatos tengamos planteados los problemas morales, religiosos y humanos que preocupaban al hombre de la Edad Media y expuesto su punto de vista sobre el mundo. En el ejemplo encontramos desarrollada la cosmovisión del hombre medieval, su creencia en la presencia del milagro en el mundo, las acciones humanas premiadas o castigadas por Dios, la creencia en apariciones demoníacas y su fe más firme, las costumbres de los hombres simples y las leyendas locales. En definitiva, toda una parte del mundo medieval del cual el ejemplo da testimonio.»4
4Las afirmaciones de estos dos estudiosos sobre relatos ejemplares invitan a examinar la circulación del veneno en páginas saturadas de historias cotidianas, de personajes históricos, legendarios y del pueblo común, donde conviven gestos nobles y bajezas. Sin embargo, pese a reflejar acciones y pensamientos del hombre de entonces, y contrariamente a lo que podría pensarse, la presencia del veneno en la literatura ejemplar resulta sorprendentemente limitada, sobre todo cuando se trata de relatar un crimen por envenenamiento.
- 5 También se han considerado otros textos de la prosa ejemplar en donde no se ha encontrado ninguna m (...)
5Esta escasez de materiales nos condujo a considerar para el presente trabajo varios de los textos sapienciales representativos del siglo XIII (como el Calila e Dimna, el Sendebar, Poridad de las poridades, Secreto de los secretos, los Bocados de oro, Barlán et Josafá, sin olvidar Castigos del rey don Sancho IV), del siglo XIV (como el Speculum regum de Álvaro Pelayo y El libro del Conde Lucanor, de don Juan Manuel) y del siglo XV (el Arcipreste de Talavera, de Alfonso Martínez de Toledo, y El libro de los ejemplos, de Clemente Sánchez) con los cuales poder esbozar un planteo sobre el tema.5
6Un recorrido por estas obras nos permitió distinguir que los casos de veneno o de envenenamiento pertenecen, en rasgos generales, a dos grandes categorías: la primera y predominante es la del veneno tomado como un símbolo del mal, que abarca, entre otros, temas como la traición, la maledicencia y la enemistad. La segunda se centra en el veneno como arma mortal, aunque debamos considerar que el relato de un crimen sirve también para ejemplificar una conducta que debe mejorarse o evitarse. También, dentro de esta esfera, el veneno se menciona como arma de guerra, de asesinato o de precaución sobre preparaciones medicinales o culinarias. No faltan los tratados sapienciales que proponen un catálogo sobre hierbas y piedras con sus efectos benéficos o nocivos relacionados con el veneno.
- 6 Particularmente aleccionador e inspirador para este trabajo es el libro de Frank Collard, Le crime (...)
7Si bien la presencia de esta arma letal no es abundante en esta clase de textos, la intensidad con que se lo trata presenta una muestra no desdeñable para dejarnos entrever cómo se lo percibía en la mentalidad de la época, cómo se lo empleaba y con qué propósitos.6
El veneno en los exempla
8Tal como se ha propuesto anteriormente, el tema del veneno se abordará desde dos perspectivas. En la primera parte, se analizará como símbolo o metáfora del mal; en la segunda, como un arma criminal destinada a advertir sobre conductas inapropiadas o perjudiciales que conviene evitar.
9Cabe señalar, asimismo, que en diversas ocasiones se ha optado por ubicar algunos de los exempla en uno de los apartados analizados por considerarse que adquirían allí mayor significación, aun cuando podrían haberse incorporado en otros. Del mismo modo, en ciertos casos ha sido necesario recurrir a determinados relatos ejemplares en distintas secciones con el fin de completar o matizar la idea que se pretendía desarrollar.
1. El veneno como símbolo del mal
10Como símbolo del mal, el veneno encarna la alegoría de los peligros del mundo. Igualmente, es asociado a ciertos comportamientos o hechos por el daño irreparable que causan, así como personifica a individuos que hacen el mal.
1.1. Los peligros del mundo
11El Calila e Dimna es de los textos de prosa sapiencial el que más abunda en ejemplos sobre veneno y envenenamiento. Desde el inicio, el veneno está percibido como una metáfora de los peligros del mundo y, en consecuencia, cómo precaverse para ganar la vida eterna.
12En el capítulo 2, por ejemplo, el filósofo Berzebuey reflexiona sobre la importancia de la vida en este mundo y en el Más Allá y, en un largo discurrir de pensamientos y ejemplos, menciona en dos ocasiones el veneno a través de la víbora y el tósigo mortal.
- 7 Citamos por Juan Manuel CACHO BLECUA y María Jesús LACARRA, Madrid : Castalia, 1985, p. 118.
13En el primer caso, habla de los sufrimientos del ser humano desde que es engendrado hasta que muere. Entre todos estos momentos, se encuentra la edad adulta en que el hombre se casa, tiene hijos y debe preocuparse por el sustento familiar, lo que lo hace codicioso y malicioso: «Et en todo esto lidian con él quatro enemigos, es a saber: la colora et la sangre et la flema et la malenconía, que son tósigo mortal et bívoras mordederas».7
- 8 Esta alegoría también se encuentra en Vida de Barlán e Josafá (David ARBESÚ (ed.), Madrid : CSIC-Nu (...)
14La segunda mención al veneno se halla en la alegoría final de este capítulo, «Alegoría de los peligros del mundo». Brevemente, trata de un hombre que cae en un pozo, pero logra sostenerse de dos ramas y apoyar sus pies en cuatro culebras que significan «los cuatro umores que son sostenimiento del ome. Et quando se le mueve alguna dellas, esle atal commo el venino de las bívoras o el tóxigo mortal […]» (Calila, p. 120). La serpiente significa el mal y la muerte y, en síntesis, la enseñanza que nos deja «del mundo que es lleno de ocasiones et de miedos» es tratar de salvar el alma para el Más Allá. Estructuralmente, a través de esta alegoría, el autor conduce la lectura del libro hacia un fin ejemplar: el comportamiento en este mundo debe ser el idóneo para alcanzar el mundo celestial.8
1.2. Situaciones peligrosas que se asimilan al veneno
15Si la alegoría de los peligros del mundo tiene como protagonista a la víbora y su tósigo mortal, hay ciertas situaciones que también se asimilan al veneno, símbolo inequívoco del peligro percibido por el hombre medieval. Entre ellas, caben destacar el ascenso social, el robo, la pobreza, la enemistad y la palabra dicha, y, finalmente, la hostilidad entre parientes.
16En el capítulo 3 del Calila, el protagonista confiesa a su pariente Calila que quiere ascender socialmente obteniendo la privanza del rey, pero éste le advierte sobre las consecuencias nefastas de semejante pretensión diciéndole: «Pues esto tienes así a coraçón, quiérote fazer temer serviçio del rey por el grant peligro que ý ha. Que dizen los sabios que tres cosas son a que se non atreve sinon omne loco, nin estuerçe dellas sinon el sabio: la una es servir rey; la otra es meter las mugeres en su poridat; la terçera bever vidiganbre a prueva.» (Calila, p. 130). Posteriormente, también se menciona el riesgo de acercarse mucho al rey «como quien mora con la culebra en su cueva» (Calila, p. 168).
- 9 Un comerciante, que poseía cien quintales de hierro, tiene que marcharse a causa de sus negocios y (...)
17La estafa y sus consecuencias también son comparadas con el veneno en el cuento del Calila como en «Los mures que comían hierro», en donde el ladrón del hierro perteneciente al mercader reconoce finalmente su falta y dice «Yo comí tu fierro, et tósigo comí et metí en mi vientre» (Calila, p. 176).9
18Confrontada diariamente con la miseria extrema, la sociedad medieval consideraba la penuria como si fuera más nociva que el veneno. En el capítulo 5 del Calila «De la paloma collarada et del mur et del galápago et del gamo et del cuervo», el ratón conversa con el cuervo acerca del estado de la miseria, y dice: «Pues la muerte es mejor al omne que la pobreza […]. Ca el omne de grand guisa, si le fiziesen meter la mano en la boca de la serpiente et sacar dende el tósigo et tragarlo, por más ligereza cosa lo ternía que pedir al escaso.» (Calila, p. 215).
19No solamente la estrechez es peor que la ponzoña, también lo es la enemistad y la palabra dicha, puesto que ya no hay antídoto que las cure. En el capítulo del Calila sobre la enemistad entre los cuervos y los búhos se cuenta por qué estas dos clases de aves se enfrentaron. El búho, burlado por el cuervo en sus pretensiones de ser el rey de las aves, le dice que todo sana y todo tiene una solución, pues hasta «al tósigo válele el atriaca» , a excepción de la palabra dicha y la enemistad en el corazón (Calila, p. 234). Debido a las palabras del búho, el cuervo también se arrepiente de haber hablado y de la excesiva confianza en sí mismo que lo hizo errar: «[…] así commo el omne, maguer tenga la triaca et las melezinas, non deve bever la vedegambre a fuzia dellas; ca la bondad es dicha de los que bien fazen et non de los que bien dizen […]» (Calila, p. 235).
- 10 Hugo O. BIZZARRI (ed.), Castigos del rey don Sancho IV, Madrid : Vervuert-Iberoamericana, 2001, p. (...)
20El mismo sentido cobra en los Castigos del rey don Sancho IV. En el capítulo 26 «Cómo se debe comedir la palabra antes de decirla», se nos hace saber que por la palabra se puede acabar un hecho o perderlo; ganar o perder a su señor, a un vasallo, a la mujer o a los amigos. Por la palabra también se dará testimonio a un hombre para salvarlo o para matarlo e, incluso, se puede mancillar a una persona. Para ejemplificarlo, se recurre entonces al relato del león insultado y luego golpeado. Un hombre se enfada con el león con el cual vivía y lo hiere con la espada en la cabeza diciéndole «Mala bestia eres e muy enponçonnada, e mal te huele el fuelgo de la boca».10 El león, entonces, se marcha. Tiempo después se encuentra con el hombre, que le propone volver a vivir juntos, pero el león se niega, puesto que, si sanó del golpe que recibió, no así de las palabras de vituperio pronunciadas por el hombre.
- 11 Para el tema folclórico de la serpiente y el labrador, con el cual este ejemplo se relaciona, véase (...)
21Por una parte, vemos que el león está asimilado en el discurso del hombre a una serpiente, evidente personaje de otra versión del mismo cuento. Además, aunque la mención a la ponzoña sea escueta y pasajera, es también la que da sentido al ejemplo, es decir, a la reacción del león ofendido, y desencadena la moraleja del cuento: la palabra hiere como el veneno y no tiene retorno.11
- 12 «Otrosí veemos que la culuebra, que es vestiglo del mundo, más enemigo del omne que por las santas (...)
22Si en estos casos la palabra descomedida y apresurada está asimilada al veneno, en los mismos Castigos del rey don Sancho IV, adquiere otro valor: la palabra neutraliza el mal porque es una de las virtudes que Dios dio al hombre. Ésta tiene, además, el poder de curar enfermedades y el de vencer al veneno.12 La palabra hiriente y la palabra sanadora: en ambas, el veneno ocupa un lugar central y realza el motivo esencial del relato.
23Si la enemistad entre dos desconocidos era peor que el veneno, qué le queda entonces a la que sucede entre parientes. Así se ejemplifica nuevamente en el Calila en el capítulo 17 «De las garzas y el zarapito». Ayudado al comienzo con la complicidad de la garza hembra contra su compañero, el zarapito mata a la pareja de garzas a través de un ardid para quedarse solo en un paraje lleno de peces y comenta: «Et en el parentesco acaesçe a las veces tamaña enemistad et tamaña malquerencia, que es mayor dapño que el espada tajante et el tósigo mortal.» (Calila, p. 346).
1.3. Las personas “venenosas” y los traidores
24El veneno está presente en cada concepto de la vida medieval, al punto que una persona nociva es comparada inmediatamente con el producto letal para significar de manera contundente el peligro acechante. Con mayor razón aún, el traidor, la encarnación de la maldad por excelencia, es la representación más acabada del veneno.
25Con respecto a las personas malvadas que se asimilan a la condición venenosa, en el Calila, se encuentra en primera posición el rey: «Ca es falso et engañoso, et es dulçe al comienço et en la fin amargo et tósigo mortal», dice el cizañero Dimna al incauto Senceba (Calila, p. 157). Pero lo mismo dirá del buey al crédulo rey: «[…] el mal omne siempre está aparejado para fazer mal, así como el alacrán, que sienpre está aparejado para ferir. Et si te non temes de Çençeba, témete de sus vasallos […]» (Calila, p. 153).
- 13 «Ca non es cosa que más semeja que tú a la culebra que le corre de la lengua tósigo. Et quámaño mie (...)
26A su vez, Dimna, que ha traicionado al privado y al rey, también, es comparado con el tósigo por su pariente Calila: «Ca non es cosa que más semeja que tú a la culebra que le corre de la lengua tósigo […]» (Calila, p. 175). La comparación de la lengua viperina de Dimna se refuerza además con la mención de la fábula del hombre que ayuda a la culebra y termina asesinado por ésta.13
- 14 «–Non me semejas en el bien que muestras et en el mal que encubres sinon al vino de buen olor et de (...)
27El cuervo espía del capítulo 6 del Calila también es comparado con el veneno que se oculta en el vaso de buen vino.14 Ya no es solamente el veneno, sino el recipiente en el cual se lo oculta, lo que nos acerca ahora a las formas de administrar el veneno y, en consecuencia, al crimen por ingesta.
- 15 Véase David ARBESÚ (ed.), op. cit., p. 51-52.
28Estrechamente relacionada con las demás obras de proveniencia árabe, como el Calila e Dimna (1251), y el Sendebar (1253), la Vida de Barlán e Josafá merece unos párrafos aparte debido al proceso que ha sufrido su argumento transformándose en una apología de la fe cristiana. Para Arbesú, su editor, no hay duda de que se tradujo durante el reinado de Sancho IV (1284-1295) como parte de la corrección a la que se sometió el modelo cultural alfonsí. La corte de Sancho, a diferencia de la de Alfonso X, no acogerá ya disputas o debates sobre el saber, sino producciones textuales en las que la ortodoxia de la fe cristiana triunfa con claridad. Este modelo cultural se manifiesta en la presentación polarizada de los personajes, en donde el mal está representado por el traidor a la fe cristiana y el bien, el adepto a ella. Los idólatras, por lo tanto, se asimilan a una serpiente o al veneno; el diablo, en cambio, se relaciona principalmente con las pocas figuras femeninas que aparecen.15
29Forzoso nos es decir que el veneno escasea en las líneas de esta obra, y solo en algunas ocasiones aparece simbólicamente. La primera vez que se menciona la sierpe, pero no el veneno, es en el § 60 durante el diálogo tenso que mantienen el rey Avenir con su hijo debido a la adopción de la religión cristiana por el infante. El joven Josafá no se queda callado ante la ira de su padre y le reprocha mansamente su crueldad:
– Señor, ¿por qué eres así sañoso? […] ¿O cuál fue nunca el padre tan cruel que se entresteciese por la bienandança de su fijo? E tal ombre non debe ser llamado padre, mas enemigo. E por ende de aquí adelantre yo partir me he de ti así como quien fuye de la sierpe, pues que veo que has imbidia de la mi salud e me quieres traer por fuerça a perdiçión […]. (Barlán, p. 271)
- 16 «Cuando el muy santo infante Josafá oyó aquellas palabras, entendió luego la artería del dragón tor (...)
- 17 «E todos los sabios enderredor, que eran sabios de saber loco e andaban errados, segund la palabra (...)
30Josafá vuelve a comparar a su padre con un símil de la serpiente, como el dragón, cuando el rey intenta convencerlo nuevamente de que reniegue de su nueva creencia y retome la anterior.16 La mención de la serpiente reaparece en el § 65 en donde se introduce a Nator, el personaje opuesto a Barlán. En esta oportunidad, es el mismo narrador quien compara a los sabios que rodean al rey Avenir con ‘sierpes’.17 Gusanos y serpientes aparecen incluso en el sueño o delirio del infante cuando intenta vencer la tentación del harem que le han introducido en su palacio (Barlán, p. 314). El concepto infernal de «los mordiscos de las víboras y el horno de los gusanos» es retomado, igualmente, por el infante en el capítulo siguiente cuando reprocha a su padre las malas artes que emplea para querer vencerlo (Barlán, p. 315).
31Debemos llegar al § 76 para encontrar por primera vez, aunque de forma simbólica, el veneno. Su mención no es anodina: surge con la primera y única aparición en el texto de la figura femenina, que es asociada al pecado, a la lujuria y a los deleites corporales.
32La treta es tramada por el nigromántico Teodás, en quien el rey deposita toda su confianza para que su hijo abandone el cristianismo. El monarca se sorprende de la seguridad con la que Teodás piensa que va a convencer al infante y le pregunta qué es lo que maquina: «E el rey afincávalo mucho que le dexiese aquella arte e rogó a Teodás que gelo dixiese. E aquel viejo enseñado del diablo dixo al Rey el arte que avía fallado, que era lleña de venino e de poçoña […]» (Barlán, p. 304). En el § 83 es el mismo Teodás que es comparado por el infante con una «culebra llena de ponzoña» (Barlán, p. 320-321). Las dos últimas menciones que aparecen de las serpientes y del veneno acaecen en la última prueba que debe superar el infante antes de reunirse con Barlán, que es la tentación del demonio en el yermo. El diablo se transfigura en varios animales, entre ellos, una serpiente demoníaca que lanza fuego como un dragón. Pero Josafá reconoce las malas artes del diablo y lo increpa fuertemente recurriendo nuevamente al animal bíblico y a su veneno: «– […] mas bien eres tú bestia si pensavas que te non conocía, que la serpiente muestra tu maldat […]. E el venino de la invidia senifica al baselisco, que antes mata que sea sentido.» (Barlán, p. 344). No es difícil imaginar el triunfo del infante sobre el demonio ni el triunfo de su conversión y de su santificación.
- 18 Para los conceptos de ‘traición’ y ‘alevosía’, remito a la Partida VII, título I, ley II, y título (...)
33Fuera de este ámbito intensamente cristianizado del Barlán, la traición en general también se relaciona con casos de serpientes, veneno y envenenamiento. Entre los consejos del rey Sancho IV en sus Castigos, el del hombre traidor ocupa el capítulo 40. En él, realiza una detallada descripción de lo que es un hombre traidor, uno falso y uno aleve, clasificación que también podemos encontrar en los textos jurídicos del momento.18 Esta objetividad legal está reforzada por la conclusión que se extrae y el consiguiente consejo: «Mucho vale más el omne que es traydor tenerle el omne alexos de sí que non acerca. Peor fiere la culebra que el omne tiene metida en el seno que la que anda en el canpo.» (Castigos, p. 286). Independientemente de este concepto metafórico entre el veneno y la traición, los Castigos ofrecen también ejemplos de la Antigüedad para ilustrar la estrecha relación entre los casos de felonía y su empleo de la pócima letal, como el del emperador Alejandro Magno y el de Hércules (Castigos, p. 287).
34En suma, estos ejemplos evidencian que el veneno —ya sea en animales naturalmente venenosos o en la propia sustancia—, aunque a primera vista pueda parecer secundario, atraviesa todo tipo de comparaciones y temáticas, desde la pobreza hasta la traición. En todos los casos, actúa como símbolo del mal tal como lo concebía el hombre medieval, imbuido de las creencias religiosas.
2. Ejemplos de veneno como instrumento criminal
35Para analizar esta segunda parte de crímenes por envenenamiento, se ha decidido separar los relatos en dos categorías. La primera de ellas, representa a aquellos crímenes perpetrados ya sea de manera accidental – estos últimos son protagonizados mayoritariamente por una serpiente – ya sea con la intención de eliminar a alguien; la segunda, se refiere a los consejos que pueden extraerse para precaverse de venenos y de envenenadores. Cabe destacar que, si la mayoría de los relatos presentan a personajes ficcionales, en algunos autores predominan los ejemplos con personajes históricos en situaciones ejemplarizantes, como es el caso del Speculum regum de Álvaro Pelayo o el de El Conde Lucanor de don Juan Manuel.
2.1. Envenenamiento involuntario: un accidente desafortunado
36Que el crimen sea sin premeditación o intencionadamente, el Calila es una fuente inagotable de ejemplos de crímenes cometidos por veneno. Entre las muertes accidentales, Dimna relata en el capítulo 4, en donde ocurre su proceso y se atestigua en su contra, el cuento del falso médico que mata por negligencia a la princesa suministrándole una ‘ponçoña mortal’ que encuentra en una bolsita (un ‘saqueto’) pensando que era una medicina (Calila, p. 192-193). A continuación, Dimna acota: «Divos este enxenplo porque non diga ninguno de vos lo que non sabe por fazer plazer a otros nin por otra cosa […]» (Calila, p. 193).
- 19 «Dizen que era un obispo que tenía consigo un físico para sanidat de su cuerpo, e un legista para l (...)
37Este relato enmarcado en la ficción de Calila y Dimna, nos recuerda, sin embargo, algo bien real: la ley VI del título VIII de la Partida VII: «Cómo los físicos e los cirujanos que se meten por sabidores e lo no son merecen haber pena si muriere alguno por culpa de ellos». El ejemplo, que Dimna utiliza para amedrentar posibles testigos desfavorables, representa evidentemente una situación corriente en la época y que merece la pena figurar entre las leyes alfonsinas. Para reafirmar esto, volvemos a encontrar un tema semejante en El libro de los exemplos. En este relato, la moralidad se articula en torno al motivo de la mala compañía y a la influencia perjudicial de sus consejos. La inoperancia del médico, cuya prescripción errónea de un jarabe letal provoca la muerte del obispo, pone de relieve las consecuencias de dejarse guiar por recomendaciones desacertadas. El arrepentimiento del prelado, que llega demasiado tarde, subraya así el sentido moral del relato.19
38Además de estos homicidios por negligencia, nuestro corpus presenta otros de carácter involuntario, protagonizados por una serpiente y, en cierta medida, determinados por su propia naturaleza.
39Tres cuentos del Calila tienen como protagonista a una culebra e, igualmente, ejemplifican comportamientos. Uno de ellos, el capítulo 7, trata del hombre que hace las cosas sin pensar y de manera apresurada y está ejemplificado con el cuento del perro que, por salvar al niño, mata a una culebra que había entrado a morderlo. Cuando llega el padre del niño, lo ve ensangrentado y mata al perro pensando que había hecho daño a su hijo, hasta que, viendo a la víbora muerta, se da cuenta de su error y se arrepiente (Calila, p. 263-266).
- 20 María Jesús LACARRA (ed.), Sendebar, Madrid : Cátedra, 1989.
40Este mismo relato es contado por uno de los sabios en el cuento 12 del Sendebar,20 pero ya no es un ejemplo general de comportamiento, sino que está aplicado a los personajes del relato marco. Contado por el quinto privado, el perro muerto por error representaría al infante al que desea hacer matar la madrastra; el padre irreflexivo al rey, que mataría a su hijo apresuradamente, y la culebra venenosa, naturalmente a la madrastra, que quiso envenenar al niño.
41Otro relato del Calila ejemplifica sobre las adversidades que tiene que sufrir aquel que espera obtener algún bien. En el ejemplo de «La culebra y las ranas», la culebra entra a la casa de un religioso persiguiendo a una rana; pensando que es ésta, mata erróneamente a un niño y, en consecuencia, es condenada por el hombre a no poder cazar más ranas y a humillarse sirviéndoles de cabalgadura, lo que el reptil sufre pacientemente con tal de poder comer (Calila, p. 248-250) .
- 21 Véase el artículo de Bernard DARBORD, «El hortelano y la culebra. Reflexión en torno al tema de la (...)
42El último, curiosamente, nos descubre el veneno bajo otra faceta: la de la salvación. Este es el cuento «Del orebz et del ximio et del texón et de la culebra et del religioso» (Calila, p. 316-322) que ejemplifica el desagradecimiento y el agradecimiento. En el mismo, el monje protagonista, víctima de un engaño, termina siendo socorrido de la justicia por la culebra que muerde al hijo del rey, pero sin la intención de matarlo, sino con la de liberar a su antiguo salvador.21
43El Sendebar nos introduce otro ejemplo sobre un caso de envenenamiento fortuito, el «Enxenplo del omne e de los que convidó, e de la manceba que enbió por la leche, e de la culebra que cayó la ponçoña». Este relato nos descubre una problemática jurídica y, estructuralmente, nos permite percibir la sabiduría del infante, que ya puede hablar y demostrar cuánto ha aprendido. Puesto que se trata del último ejemplo, es el maestro Çendubete quien lo narra y demuestra su superioridad intelectual frente a los otros consejeros. Como corolario, el joven príncipe es quien dará la solución correcta a la pregunta formulada por el sabio.
44El cuento trata de un hombre que invitó a comer a unos huéspedes y mandó a su criada al mercado para que fuera a buscar leche para la comida. Cuando la criada volvía con la leche sobre su cabeza, pasó justo por arriba un milano llevando una culebra, a la que apretaba tanto que largó su veneno y cayó justamente sobre la leche. Luego en el banquete, todos tomaron de esa leche y murieron. «E agora me dezid: ¿cuya fue la culpa porque murieron todos aquellos omnes?», pregunta Çendubete (Sendebar, p. 139).
45Para la solución de esta cuestión, participan cuatro sabios que echan la culpa a cada uno de los personajes: al hombre, al milano, a la criada que no cubrió la leche y a la serpiente, quien finalmente fue la que largó su veneno. Pero Çendubete responde que ninguno de ellos tiene la culpa, puesto que la moza cumplió con lo que le mandaron, el milano llevaba lo que había cazado, la culebra iba en poder ajeno y no era dueña de sus actos, y el hombre no puede controlar todo lo que prepara para un banquete. En cuanto a la justicia humana, no hay culpables.
- 22 Debemos remitirnos aquí al motivo folklórico: N 332.3 Una serpiente, sujeta de un milano, deja caer (...)
46La intervención del infante acierta con una conclusión que satisface plenamente al rey: «Ninguno destos ovo culpa, mas açertósele[s] la ora en que avíen a morir todos.» (Sendebar, p. 140). El designio de Dios es, finalmente, el que prevalece en el relato enmarcado y en el marco, puesto que todo se encauza: el rey se felicita de no haber matado a su hijo que demuestra ser más sabio que su maestro y la madrastra es ajusticiada.22
47Los cuentos del Sendebar en los que el veneno ocupa un lugar destacado muestran cómo actúan los personajes: la maldad del personaje femenino se refleja en la culebra, animal pecaminoso o demoníaco por excelencia, mientras que la sabiduría del infante y la justicia humana y divina se manifiestan en el último relato, en el que el veneno cae simbólicamente desde lo alto a través del milano que sostiene a la culebra. En todos los casos, la presencia del veneno altera la situación o evidencia algún aspecto moral o simbólico del relato.
2.2. Envenenamiento deliberado: la premeditación en el crimen por veneno
48Con respecto a los relatos en donde se produce un crimen por envenenamiento voluntario, volvemos a contar con el Calila e Dimna. Esta vez, el narrador es Calila que se lo cuenta a Dimna con el propósito de ejemplificar la situación en la que se ha colocado. Dimna se ha quejado a su pariente de su posición: hizo que el buey entrara en la corte para servir al rey y, finalmente, termina siendo su privado preferido. Por lo tanto, siendo rebajado de su categoría, quiere actuar para remediar esto. Entonces, Calila le va a contar el apólogo «El religioso robado» en donde los personajes son burlados como consecuencia de su actuación, es decir, son artífices involuntarios de lo que les sucede. El protagonista, hilo conductor de todos estos relatos breves, es un religioso que va persiguiendo a un ladrón que le ha robado sus paños luego de haberse ganado su confianza. Por los diversos lugares por donde va, es testigo de numerosas injusticias. Entre estos cuentos, se encuentra el de «La alcahueta y el amante», que reproduce el motivo folklórico del que, intentando arrojar veneno a otro, se arroja veneno a sí mismo. El cuento trata del problema de una alcahueta con una de sus muchachas que se ha enamorado y no quiere estar con otro hombre que no sea su amante. Como esto le origina pérdidas económicas, la alcahueta piensa en deshacerse del joven suministrándole veneno por la nariz a través de una caña, pero éste justo estornuda «Et cayó a ella la veganbre en la garganta, et cayó muerta. Et todo esto a ojo del religioso» (Calila, p. 138-139).
49Una variante del tema del burlador-burlado volvemos a encontrarlo en el ejemplo 241 del Libro de los exemplos. Lejos de la comicidad del ejemplo anterior, en este caso, el envenenador-envenenado es castigado por obra divina como consecuencia de su ambición desmesurada.
- 23 Recordemos al ávido Dimna en el Calila también pergeñando un plan malévolo para deshacerse del cons (...)
50Este ejemplo, en donde el receptor – oyente o lector – es inmerso enseguida en la intriga, expone uno de los motivos esenciales del envenenamiento: la codicia de un puesto elevado.23 La trama se configura a través de una intriga progresiva, estructurada en dos partes complementarias: en la primera, se introducen las dotes clarividentes del obispo, un «sancto hombre», anciano y ciego, que «havía spíritu de profeçía»; en la segunda, se desarrolla el conflicto, que se resuelve precisamente gracias a esta virtud del protagonista.
51Al inicio, el clérigo vidente recibe a un rey que lo visita de incógnito para comprobar la fama de su anfitrión. El obispo percibe la verdadera identidad del monarca y solicita al escanciador que sirva primero el vino a su huésped según su categoría. Una situación análoga ocurre en la segunda parte, aunque esta vez el escanciador traiciona al viejo religioso, sirviéndole vino envenenado por órdenes de un arcediano que codiciaba el obispado.
- 24 Sobre los soportes y las vías de administración del veneno, téngase presente Frank COLLARD, Le crim (...)
52Aunque se trata de un caso de envenenamiento dentro de los parámetros clásicos – como lo indica la vía del vaso de vino –,24 el tóxico adquiere también un valor simbólico: representa la traición espiritual. El final milagroso refuerza la moral del relato mediante el triunfo de la justicia divina, encarnada en el hombre santo: aunque él bebe conscientemente el vino servido por su criado, es el arcediano quien muere súbitamente, sin haber probado la bebida fatal: «E aunque no bevió poçoña corporal, mas la pocoña de su maliçia lo mató ante la faz de nuestro Señor Dios que es joez para siempre.» (Libro de los exemplos, p. 177-178).
- 25 Para el crimen por envenenamiento dentro del seno familiar, véase Frank COLLARD, Le crime de poison (...)
53A pesar de que el afán de altos puestos fuera un motivo reiterado para querer eliminar a un adversario, la mayor parte de los homicidios por envenenamiento se centra en el crimen doméstico, especialmente en el deseo de deshacerse de su cónyuge.25
54Tres ejemplos nos relatan magistralmente esta clase de homicidio. El primero de ellos del siglo XIV es el ejemplo 27 del Conde Lucanor de don Juan Manuel; los otros dos pertenecen al siglo XV y se encuentran en el capítulo 7 de la segunda parte del Arcipreste de Talavera o Corbacho de Alfonso Martínez de Toledo, y en el ejemplo 308 del Libro de los exemplos, de Clemente Sánchez. El común denominador de estos relatos es demostrar la perfidia o desobediencia femenina, poco importa que las mujeres sean criminales o víctimas. Además, en los tres ejemplos el crimen está contado con mucho detalle. Los autores nos recrean una ambientación propicia para respaldar la eliminación del personaje indeseable y se detienen en la elucubración del delito que se camufla en un accidente delante de testigos involuntarios. Las diferencias radican en la administración de la pócima, la clase social de los personajes y el motivo del envenenamiento. Generalmente y según se desprende de este trabajo, nuestros crímenes en la narrativa breve se encuentran lejos de la corte, en un ambiente común y corriente, a excepción del de don Juan Manuel. El carácter cotidiano de las situaciones en donde se administra o se facilita el acceso al producto fatal hace que el envenenador salga invicto en los tres ejemplos.
- 26 Véase Reinaldo AYERBE-CHAUX, El Conde Lucanor. Materia tradicional y originalidad creadora, Madrid (...)
55El ejemplo 27 de El Conde Lucanor, «De lo que conteció a un emperador et a don Álvar Háñez Minaya con sus mugeres», ha sido ampliamente estudiado, por lo tanto, solamente nos vamos a detener en el análisis del homicidio.26
- 27 Véase AYERBE-CHAUX, ibid., p. 280-283.
56Ayerbe-Chaux analiza tres variantes de la fuente de este relato de Jacobo de Vitry y en ninguna de las versiones hay veneno ni tampoco los personajes están elaborados. En cada versión, la mujer, para contradecir a su marido, se daña de manera diferente y en desigual intensidad: cae al río donde se ahoga, se da un pinchazo en los dedos o entra a un horno y se lastima. Distanciado de su fuente, don Juan Manuel ha preferido el veneno para el desenlace de su historia,27 pues la preparación de su administración ayuda a crear una intriga con un personaje astuto que desea escapar eficazmente de la justicia, de una fama perjudicial y, ciertamente, de una unión infeliz.
- 28 Las Partidas no dejan lugar a dudas sobre su ilegalidad y la pena merecida: «[…] e que ninguno sea (...)
- 29 R. Ayerbe-Chaux analiza igualmente el contexto del cuento que es una recreación juanmanuelina con p (...)
57Para que el infortunado desenlace tenga sentido, el escritor introduce progresivamente cómo empeora la relación del emperador con su esposa desobediente. El problema conyugal se convierte así en un problema estatal, pues la mujer posee una condición vasallática con respecto a su marido y, de acuerdo a la ley, contradecir al soberano en público se encuentra fuertemente penalizado.28 Además, Federico II y su séquito han tratado de hacer razonar en vano a la emperatriz de diversas maneras para disuadirla de su mal comportamiento. Incluso, el soberano se allega a la corte papal para intentar disolver su matrimonio.29
- 30 Véase, SERÉS, op. cit., p. 111-112.
58Debido al fracaso de todos estos medios desplegados, el emperador, finalmente, urde un plan: matar a su mujer con veneno haciendo que ella misma lo ingiera, pues infiere que, de acuerdo a su condición femenina, hará lo contrario de lo que él le recomiende. Y es justamente lo que sucede. Cuando el emperador se va, todo su séquito está al corriente de que la pomada que Federico II deja al alcance de la mano es tóxica; él mismo lo ha dicho, pues con ella envenena las flechas para cazar y lo ha demostrado delante de todos. Sin embargo, la emperatriz no le cree y, pese a las advertencias y ruegos de todos los presentes, utiliza el ungüento para intentar sanar su sarna y muere.30
- 31 Guillermo Serés ofrece detalles del ejemplo acentuando algunos aspectos de acuerdo a los estudiosos (...)
59Don Juan Manuel utiliza un tópico tradicional y lo elabora: desarrolla el argumento a través del carácter difícil de la emperatriz, de las numerosas veces que el emperador la corrige, de la degradación de la relación en la pareja, del peligro que representa a nivel político, de las soluciones que trata de encontrar el soberano. Es una sucesión de acciones, comportamientos y situaciones que degenera en la eliminación de su esposa.31
- 32 Véase nuestra nota 29.
60Tampoco se explicita una preocupación por las consecuencias jurídicas del crimen, como es el caso del capítulo 7 del Arcipreste de Talavera, en donde cada uno de los gestos es meditado y sopesado de acuerdo a la balanza de la justicia o de la venganza familiar. Sin embargo, si Federico II ha elegido esa vía del crimen encubierto y ha buscado numerosos testigos para confirmar su inocencia, es porque, implícitamente, tiene presente el contexto legal. Independientemente del sentido humorístico que destacó Ayerbe-Chaux de acuerdo con María Rosa Lida,32 tal vez, don Juan Manuel también haya pensado en qué consecuencias públicas podría haber tenido en el entorno político un crimen conyugal cometido por el emperador. Al fin de cuentas, el autor pertenecía a la misma casta dirigente y conocía muy bien el sistema.
61Con respecto al Arcipreste de Talavera, autor religioso y de carácter marcadamente misógino, el propósito de la obra es reprobar el amor mundano y alabar el amor de Dios. Por lo tanto, los ejemplos que encontramos de envenenamiento son consecuencia del amor carnal, principalmente adúltero. Pese a que el veneno aparezca en numerosas ocasiones en la obra, es en el capítulo 7 de la segunda parte, «los vicios y tachas y malas condiciones de las perversas mujeres», en donde nuestro escritor nos brinda su mejor ejemplo. Para demostrar la naturaleza desobediente de la mujer, va a narrar varias historias; entre ellas, una de crimen por veneno.
62El relato trata de un hombre del reino de Escocia cuya mujer era muy hermosa y, debido a esto, tenía varios amantes. El marido, habiéndose enterado de sus aventuras amorosas, quiso poner remedio a la situación deshaciéndose de ella. Esta introducción del cuento dará paso a una trama centrada en la preparación del crimen. De esta manera, el ejemplo puede dividirse en cuatro momentos diferenciados. El primero, se cierne a una reflexión sobre el alcance de la justicia ante un homicidio. En segundo lugar, sucede la preparación del crimen – la creación del plan, la elaboración del veneno y la recomendación a su mujer –. A continuación sobreviene la muerte de la mujer como consecuencia de su desobediencia, y, finalmente, se concluye con la disimulación del crimen.
- 33 Algunas leyes de la Partida VII título XVII se acercan a los resquemores que siente el personaje fr (...)
- 34 Transcribimos el pasaje, porque es verdaderamente aleccionador: «[…] e pensó cómo daría remedio al (...)
63La primera parte es importante para el desarrollo de la trama no solo porque conduce al inevitable homicidio, sino, especialmente, porque nos brinda una información valiosa sobre los recursos de un proceso legal. El protagonista reflexiona sobre la necesidad de pruebas, la búsqueda de testigos legítimos e, incluso, la consecuencia posterior del deshonor; todos ellos son procedimientos que pueden rastrearse en el código alfonsino, pero no con la misma precisión con la que los enumera el marido engañado.33 El crimen por mano propia también tiene consecuencias legales: una pena mayor si es descubierto y, lo más temido, la venganza familiar. El marido se encuentra en una encrucijada entre los requisitos legales, el honor y la familia, por lo tanto, la solución que se le presenta es envenenar el vino.34
64Al igual que en el ejemplo anterior, el pasaje refuerza el carácter misógino de la obra, pues el plan se basa en una imagen de la mujer como figura que actúa por oposición o desobediencia. Así en esta segunda etapa, el marido aconseja a su mujer, en presencia de testigos involuntarios, que no beba del vino, esperando que igualmente lo haga. Además, el cuidado por aparentar inocencia está más desarrollado que en el ejemplo del siglo XIV, lo que puede relacionarse con la condición social del personaje y con una mayor preocupación por las consecuencias legales de sus actos:
Por ende, pensó de acabar della por otra vía, que él syn culpa fuese al mundo; aunque a Dios non, segund dixe, por quanto el que da causa al daño e por su razón se faze, tenudo es al daño. Mas quisyera él que paresciera ella ser de su propia muerte causa. E por tanto tomó ponçoñas confacionadas e mesclólas con del mejor e más adorífero vino que pudo aver, por quanto a ella non le amargava buen vino, e púsola en una anpolla de vidrio, e dixo: ‘Sy yo esta anpolla pongo donde ella la vea, aunque yo le mande ‘Cata que non gustes désto’, ella, como es muger, lo que le yo vedare aquello más fará e non dexará de bever dello por la vida, e asý morrá’. (Arcipreste, p. 151).
- 35 «[…] Desquel marido syntió las bozes, dixo: ‘¡Dentro yase la matrona!’. Luego entró corriendo el ma (...)
65El desenlace confirma la dinámica de la escena. Tal como se esperaba, la mujer rebelde desoye los consejos de su marido y, atraída por el aroma del buen vino, lo bebe y muere. La estructuración del relato recuerda a una obra teatral, lo que contribuye a un tono humorístico: el personaje, aparentando pesar, alterna en la misma frase un discurso que refleja su desconsuelo con un aparte que deja entrever su satisfacción por haberse deshecho de su esposa. Este contraste entre apariencia y deseo que atraviesa el relato refuerza el valor de la justicia – puesto que toda la trama se centra en evitarla – así como la construcción misógina de los personajes, mostrando la muerte de la mujer como resultado inevitable de su propia obstinación.35
66En El Libro de los exemplos, la envenenadora es una mujer cuya intención no es matar al marido, sino simplemente desembarazarse de él. Como en los textos anteriores, se recurre a una estratagema, aunque más elaborada: adormece al marido con hierbas mezcladas en vino y, aprovechando su inconsciencia, persuade a unos monjes de que él deseaba convertirse en religioso. Su plan tiene éxito: los monjes ordenan al marido mientras permanece inconsciente, y al despertar, su mujer le aconseja trasladarse al monasterio para que no se lo considere un apóstata:
Léyese que una mujer havía mala vida con su marido e queríalo mucho mal. E pensó con grand malicia contra él, en qué manera se podría partir d’él. E una vegada diole a bever en el vino çumo de ciertas yerbas, e non solamente fue embriago, mas yaziendo en el lecho como loco bolvíase acá e allá e lançava espuma por la boca e perdió la fabla. (Arcipreste, p. 215-216).
67En este ejemplo, la mujer aparece desde el título como astuta y capaz de superar todo engaño, reforzando el carácter misógino del relato a través del pareado que sigue al título latino:
La maldat de la mujer e su mal pensar
A todo engaño e maldat puede sobrepujar
68La palabra ‘malizia’ del inicio de la historia orienta la lectura: su astucia no reside en la violencia, sino en lograr que el marido se aleje, ridiculizando al personaje masculino que confía en ella. Así, la acción funciona como una mascarada: todos los personajes participan ingenuamente de la trampa, y las hierbas permiten que la escena alcance el absurdo de que un hombre acepte involuntariamente convertirse en monje de la noche a la mañana (Arcipreste, p. 215-216).
2.3. Casos de envenenamiento en algunos ejemplos antiguos
69La mayoría de los ejemplos que se refieren a un personaje histórico de la Antigüedad se centran en la figura de Alejandro Magno y, en menor medida, en Hércules y en Sócrates. En el Speculum regum, regimiento de príncipes dedicado al rey Alfonso XI, Álvaro Pelayo ofrece numerosos ejemplos de monarcas malvados cuyas muertes adquieren un carácter ejemplar. No obstante, el envenenamiento apenas aparece como causa explícita, pese a que algunos síntomas descritos en ciertos soberanos podrían sugerir el efecto de una sustancia tóxica. Entre los casos más significativos se halla Alejandro Magno, cuya muerte por veneno se presenta como castigo por su soberbia y desagradecimiento.
70En los Castigos del rey don Sancho IV – como se ha señalado –, el emperador macedonio y Hércules también mueren envenenados y, aunque la poción tóxica conlleva de por sí la idea de traición, el soberano insiste en subrayarla en dos ocasiones consecutivas, recurso que intensifica el sentido ejemplar del pasaje: «Por trayçión quisieron muchas vegadas matar al rey Alexandre, e en cabo murió por ello. Por trayçión fue enponçonnado a yeruas Hércoles, el grande, e déso murió.» (Castigos, p. 287).
71Sin embargo, Alejandro Magno goza, igualmente, de una figura positiva para ejemplificar virtudes. De esta manera, Álvaro Pelayo vuelve a mencionarlo en el apartado sobre la fortaleza espiritual y su segunda característica, la confianza. El episodio narra la seguridad que siente el emperador por su médico Felipe, pese a haber recibido una carta en que se lo acusaba de haber envenenado un medicamento que le estaba destinado. Como conclusión, su confianza se ve retribuida, porque no hay veneno en la pócima preparada por el médico y se refuerza el lazo de amistad (Speculum regum, p. 398-399). Igualmente, en este corto episodio, es de destacar que la potionem o medicamentum mencionados se refieren sin ambigüedad a un preparado tóxico dentro del remedio. Este ejemplo de Alejandro y la lealtad de su amigo médico es retomado por Clemente Sánchez. El emperador toma también ‘la medeçina’ pese a que le han advertido en el texto hispano que «se guardasse de Filipo, que le havía de dar poçoña.» (Libro de los exemplos, p. 142).
72No es el único relato histórico que ofrece este texto del siglo XV. En su ejemplo 321 el episodio del veneno es central y nos demuestra la lealtad probada del cónsul de Roma hacia el rey Pirro. En él, el físico del rey, que era enemigo de los romanos, se acercó una noche a Fabricio, cónsul de Roma, para proponerle matar al rey con ‘poçoña’ a cambio de dinero. Sin embargo, Fabricio apresa al médico y lo envía a Pirro, que reconoce la lealtad sin falla de su cónsul.
- 36 Para el episodio, véase PELAYO, op. cit., p. 418-421.
73Como hemos indicado anteriormente, Sócrates es también víctima del veneno. No obstante, en este caso, figura como un ejemplo de perseverancia, cuarta característica de la fortaleza espiritual. En este corto episodio, se cuenta que bebió veneno con toda serenidad y alegría, e incluso, confortaba a su desconsolada mujer.36
74La ejemplaridad del filósofo griego se pormenoriza en Bocados de Oro, en donde se describe el proceso de su muerte aportándonos alguna información nueva con respecto a los demás casos de envenenamiento recopilados en este trabajo.
- 37 Para profundizar sobre la obra, remitimos al minucioso estudio de su editor Sergio GUADALAJARA SALM (...)
75Bocados fue traducido a partir de un original árabe en Castilla durante la segunda mitad del siglo XIII, y si bien su fechación exacta no puede saberse, pertenecería a los reinados de Fernando III o Alfonso X. Diferenciándose de su principal fuente – Vida y sentencias de Diógenes Laercio – en donde es condenado a muerte a causa de la envidia que provoca su saber, en Bocados el sabio es ejecutado por propagar ideas religiosas divergentes a la idolatría, religión oficial de Atenas. Esta evidente cristianización sufrida por el texto medieval no impide que la manera de ajusticiar a Sócrates sea similar: la ‘cicuta’ de Laercio se generaliza en el ‘tósigo’ de la obra del trescientos.37
- 38 GUADALAJARA SALMERÓN, ibid., §§ 5-6, p. 369: «E mandó a los omnes fazer bien e no mal, e quando sop (...)
- 39 Cf. GUADALAJARA SALMERÓN, op. cit., p. 146-148 y María Jesús Lacarra, que trata extensamente el tem (...)
76El texto nos revela, igualmente, una particularidad: el veneno es opio, aunque luego no vuelva a mencionarse y solo permanezcan los vocablos ‘tósigo’ o ‘medicina’.38 Otra particularidad de su muerte es su ejemplaridad, destacada ya por algunos investigadores,39 que hace que no sólo acepte con convicción su sentencia, sino que rechace el tentador ofrecimiento de su discípulo de sobornar con dinero a los carceleros para poder evadirse. Si el ascetismo es una creación ejemplarizante, este pequeño diálogo evidencia un detalle de veracidad que contrasta aún más con la actitud paradigmática del protagonista: «E díxole un día uno d'ellos que avía nonbre Eclitón: —La nave ha de llegar cras o después de cras, e nós queremos punar en dar aver aquellos que te guardan, e darte han de mano encubiertamente. E irás a Roma, e estarás ý, e non avrán ningún poder sobre ti.» (Bocados, §7, p. 370).
- 40 GUADALAJARA SALMERÓN, ibid., §§ 13-14, p. 373: «E vino el omne de los onze juezes e díxole: –¡Oh, S (...)
77El proceso de la muerte está meticulosamente pautado. El filósofo prepara su muerte bañándose él mismo para ahorrarles esa carga a los demás, y haciendo oración (Bocados, §11, p. 372); también deja instrucciones sobre el cuidado de su familia, sin olvidar algunos consejos espirituales para sus discípulos (Bocados, §12, p. 372). Finalmente, bebe el veneno, discretamente mencionado en esta ocasión como ‘medicina’.40
78Resulta interesante destacar cómo el proceso de envenenamiento se prolonga en los efectos que experimenta el sabio: primero se le adormecen los pies: «Apesgáronse mis pies» (Bocados § 15, p. 373); luego se le insensibilizan las piernas; después se enfrían los costados, hasta que finalmente se paraliza el corazón. Por último, entrega su alma y muere (Bocados §§ 15-18, p. 374).
79La lenta agonía de Sócrates pone de relieve dos aspectos. El primero es de carácter estructural, pues la disposición interior ante la muerte acentúa su sabiduría y su fortaleza de espíritu. El aletargamiento corporal no se percibe como un padecimiento, sino como una superación gradual de etapas que culmina en su encuentro espiritual con «el recibidor de las almas». El segundo aporta algunas particularidades acerca de la muerte por envenenamiento que son poco frecuentes en los textos literarios y que nos enriquecen el panorama sobre el tema.
2.4. El veneno, un instrumento político
80Hemos visto que el veneno no solo representaba simbólicamente el mal, sino que constituía una amenaza concreta en diversos ámbitos, desde el cotidiano hasta el político y cortesano. Pese a que estos ejemplos establecen principalmente pautas de comportamiento, nos permiten entrever también preocupaciones y tensiones propias de su contexto histórico, así como conductas sociales y humanas de carácter universal, como la codicia, la traición, el desagradecimiento, la falsedad, los celos, la deslealtad o la vulnerabilidad ante la adversidad.
- 41 En la enciclopedia de Juan Gil de Zamora se hace alusión en algunas oportunidades a aquel que teme (...)
81Sin embargo, en los ejemplos tratados, el temor al envenenamiento articula igualmente un modelo discursivo basado en la advertencia, que responde a un clima de sospecha característico de las clases dirigentes. Prelados, nobles y reyes temían ser víctimas de este crimen, y los textos no solo denuncian el peligro, sino que contribuyen a configurar normas de vigilancia, cautela y autopreservación dentro de las estructuras de poder.41
82En el capítulo 6 del Calila – recordemos la disputa entre los búhos y los cuervos –, uno del clan de los cuervos se infiltra como espía entre los búhos y logra ganarse la confianza de ellos. Pero, una vez que se entera de todos los secretos de los búhos, regresa hacia los suyos, comenta lo que sabe y, finalmente, los búhos son destruidos. La moraleja que el sabio espía deja a su rey es aleccionadora:
Et dizen que conviene al rey de guardarse del omne en que ha alguna sospecha de lo non meter en su poridad, nin le deve mostrar sus cartas, nin lo deve dexar llegar al agua con que se lava, nin a su lecho, nin a sus paños, nin a su bestia, nin a sus armas, ni a lo que ha de comer nin de bever, ni a ninguna de sus cosas. (Calila, p. 247-248).
83No confiar el secreto a nadie ni dejar leer las cartas lo hemos visto en numerosos textos sapienciales, sobre todo en los consejos de Aristóteles a Alejandro. Sin embargo, el resto del consejo nos revela un panorama completo sobre los métodos de envenenamiento que circulaban en la época. El primero que menciona, poco frecuente en los textos literarios, se refiere al envenenamiento por tacto: «el agua con que se lava», el contacto con el lecho y los paños e, incluso, la manipulación de las armas. El segundo, más corriente, es por ingesta: no dejar que nadie sospechoso se acerque a las bestias ni a la comida ni a la bebida. En ningún momento, se menciona al veneno, pero evidentemente se sobrentiende en todo el consejo.
- 42 Sobre el tema de la niña alimentada a veneno, véase Hugo O. BIZZARRI (ed.), Pseudo-Aristóteles, Sec (...)
84En Poridat de las poridades también se advierte sobre los peligros ocultos del tósigo. En su capítulo 2, «El tractado segundo es en estado del rrey commo deue ser en si», Aristóteles aconseja a Alejandro que se fíe únicamente del hombre que ya conoce y «ha probado por leal y por verdadero» y, sobre todo, que sea cauto con los elementos venenosos, en referencia a hechos reales, aunque recordándole el conocido episodio de la mujer criada con «ueganbre fasta que torno de natura de las biuoras» (Poridat, p. 117).42
85Recordemos, tal como se mencionó en la primera parte, que el rey Bravo apercibe al infante sobre la cautela que hay que tener si se debe hacer trato con traidores porque, según amonesta:
Muchas malas fazannas e muchas malas estorias fallarás de las trayçiones, e non ninguna buena. La lealtad e la verdat es tal commo la buena triaca fina. E la trayçión e la falsedat es tal commo tósigo mortal. De la verdat e de la lealtad nasçen todos los bienes, e de la trayçión e de la falsedat salen todos los males. (Castigos, p. 288).
- 43 El comentario posterior sobre el episodio bíblico refuerza la idea de maldad: «Por ffuerça es esto (...)
86El séquito que acompaña al poderoso constituye también un motivo recurrente en las recomendaciones de los ejemplos. Poridat aporta una información complementaria sobre las peculiaridades físicas que poseen estos hombres sospechosos cuando detalla cómo elegir a los consejeros adecuados. La ponzoña se vincula nuevamente con la traición, aunque en este caso el énfasis recae en rasgos que asimilan a la persona a una serpiente, como ser los pelirrojos y los rubios. Esta clase de consejeros no puede ocupar posiciones cercanas al poder debido a su malicia inherente, por lo que es aconsejable rechazarlos y precaverse «como uos guardaredes de la biuora mortal.» (Poridat, p. 146). Rubios y pelirrojos deben ser apartados también del puesto de alguaciles «commo uos guardariedes de la biuora de Yndia la que mata con el catar» porque, aclara luego el filósofo, personifican la traición, la envidia y la astucia (Poridat, p. 130-131).43
- 44 Entre ellas el ‘vehazar’, que aleja el demonio y es una antídoto contra el veneno de animales, de h (...)
87La circulación del veneno generó también una amplia literatura sobre antídotos capaces de neutralizarlo, proporcionando un catálogo de piedras benéficas destinadas a este fin (Poridat, p. 158-164).44 El Libro de los exemplos, en cambio, brinda una solución más pragmática al envenenamiento. Con una simple composición de vinagre y aceite, un apicultor logra salvar a sus abejas envenenadas por un vecino. Independientemente de la alegoría del ejemplo – en donde el apicultor representaría a Jesucristo que redime a la humanidad del pecado –, es una de las pocas oportunidades en que un relato ofrece un antídoto eficaz contra el emponzoñamiento (Libro de los enxemplos, p. 63).
- 45 BIZZARRI (ed.), ibid., p. 77-78.
88Como hombre sabio, la desconfianza de Aristóteles se dirige puntualmente a los médicos en el Secreto. Alejandro debe poseer al menos un comité de diez médicos para no ponerse en manos de uno solo, pero sí tener uno en quien confiar y que conozca de «[…] las calidades e las virtudes de las yeruas e de las espeçias, el qual deue todas las cosas que neçessarias son a la melezina tuya cogerlas e mezclarlas […]».45 Las palabras del sabio guían nuestra atención sobre un temor latente en los siglos medievales: el miedo al veneno y a los accidentes causados por el desconocimiento de las hierbas. Por otra parte, muestran escenarios verosímiles: los médicos que preparaban sus propias medicinas y, por su proximidad al rey, se convertían en sospechosos naturales de asesinatos encubiertos.
89La desconfianza concierne también a los ambiciosos de la corte. En sus Castigos, Sancho IV previene al joven infante sobre los males que acarrea la codicia, como, por ejemplo, no socorrer a su señor e, incluso, querer eliminarlo de diversas maneras como la ingesta de veneno: «[…] Cobdiçia te fará que mates a tu sennor con yeruas enponçonnadas que le des en lo que comiere o beuiere.» (Castigos, p. 209). Un último consejo del rey Bravo para su hijo Fernando IV es desconfiar del hombre conocido por su malicia, pues es tan dañino como estar durmiendo con el león o «con la sierpe enponçonnada» (Castigos, p. 302-305).
90Al igual que Sancho IV, Alfonso Martínez también alude a la avidez como causante de envenenamiento. De esta manera, por la sucesión del puesto se desea la muerte de los papas, de los emperadores, de los reyes, duques, condes, caballeros y, descendiendo más en la escala social, burgueses, mercaderes, etc.:
E aun – lo que es peor – a las vezes que procuran los tales la muerte a los tales parientes, [que] desean la muerte, matándolos con sus propias manos cruel e malvadamente a cuchillo; o a las vezes con veninos e ponçoñas, o con ynfinidas maneras exquisitas que no son de contar, las quales de cada día contesce[n] por nuestros pecados. (Arcipreste, p. 255-256).
- 46 Recuérdese el Libro de los exemplos, el ejemplo 241.
91El ejemplo concreto de este consejo lo hemos visto en el Libro de los exemplos, en donde el arcediano, deseoso de escalar posiciones, quiere hacer matar al viejo obispo escanciándole el vino envenenado.46
92Si precaverse del veneno es importante, no faltan tampoco los consejos sobre los buenos servicios de esta arma en propio beneficio. El más frecuente por su valor estratégico sucede en el contexto bélico, donde el veneno demuestra su eficacia para deshacerse del adversario. Así, se le aconseja a Alejandro arrojar al enemigo «saetas ueganbradas» y, de ser posible, echar «ueganbre mortal» en el lugar donde bebe agua el contrario (Poridat, p. 142).
- 47 Véase el Libro de los exemplos, ejemplo 444, p. 280-281.
93El Libro de los exemplos revela la táctica de mezclar hierbas al vino para vencer una batalla que, de otro modo, hubiera sido imposible. Macrobio, «hombre muy prudente en guerras», es enviado por los de Cartagena a pelear contra los asirios, que poseen una hueste muy poderosa. Dándose cuenta de que no podía vencerlos en una lid, planea retirarse simulando abandonar su real, pero no olvida dejar en su interior vino compuesto con una sustancia adormecedora: «[…] usó de arte e de captela e tomó mandrágoras e fízolas polvos, e sabiamente echó aquellos polvos dentro de los cueros llenos de vino. E por cuanto la virtud de la mandrágora es acerca de poçoña, trae grand sueño e mucho dormir […]». Como era previsto, los asirios beben copiosamente del vino, «E todos escalentados luego cayeron en tierra como muertos». Una vez los enemigos inconscientes, Macrobio regresa y los hace degollar.47
94En el ámbito del arte de la guerra, el autor construye deliberadamente una imagen favorable del envenenamiento. Caracteriza a Macrobio de manera elogiosa: prudente, cauteloso y conocedor tanto en hierbas como de las debilidades de sus enemigos, aficionados al vino. Estas cualidades – propias del buen gobierno y de la estrategia militar – legitiman el recurso al veneno, integrándolo en una lógica discursiva que culmina en la victoria.
- 48 Recuérdese en el Libro de los exemplos, el ejemplo 308, p. 215-216.
- 49 La mandrágora, famosa entre las plantas maléficas, por la forma casi humana de su raíz, se utilizab (...)
95La narración también introduce un nivel de precisión poco frecuente en la tradición literaria ejemplar. Como en el episodio de la mujer que busca deshacerse de su marido,48 las hierbas no producen la muerte inmediata, sino un estado de inconsciencia que deja a la víctima a merced de su enemigo. Aquí, sin embargo, el relato va más allá: especifica la naturaleza de la sustancia – la mandrágora soporífera – y el medio de administración – los cueros llenos de vino –, reforzando su carácter estratégico y otorgando al pasaje un cierto valor documental singular dentro del corpus de exempla estudiado.49
96Además de todas estas razones políticas, guerreras y sociales, en el Arcipreste de Talavera, se recrea un panorama diferente de consejos enfocados a prevenir el crimen por problemas amorosos, que, de acuerdo a las declaraciones del autor, no serían infrecuentes en la época.
97En el capítulo 2 de la primera parte, «Cómo se ofende a Dios amando a la mujer ajena», el arcipreste menciona todos los males que origina aquel que ama a la mujer de otro. Entre ellos, alude a la pérdida de la honra de la mujer y, consecuentemente, a la justicia emprendida por el marido o por algún familiar: «[…] que la mata su marido por justicia, o súbitamente a desora, o con ponçoñas; o el padre a la fija, o el hermano a la hermana, o el primo a la prima […]» (Arcipreste, p. 49). El amor deshonesto además quebranta el matrimonio y provoca que uno de los cónyuges quiera eliminar al otro por justicia o con ponzoña (Arcipreste, p. 69). Los celos pueden ser otro motivo de envenenamiento o de hechizo, conforme el religioso nos informa «que son cosas que contescen oy e de cada día.» (Arcipreste, p. 91).
- 50 El tema de la hechicería en relación con la normativa puede seguirse en Frank COLLARD, Le crime de (...)
98Pero también el deseo de obtener el amor de alguien conduce al envenenamiento. En el capítulo 13 de la segunda parte, el arcipreste comienza a hablar de la maldad de las alcahuetas que deshacen matrimonios y practican el aborto.50 En este caso, el hechizo y el veneno participan del mismo universo. Reprobando el accionar de estas mujeres, el escritor va a relatar un caso de ajusticiamiento del cual él fue testigo:
En Barcelona yo conoscí una que nunca su casa se vaziava de los que venían a estas burlerías, vieja de setenta años. E la vi colgar, a la puerta de uno que mató con ponçoñas por los sobacos, e a otra puerta de otra casada, que muerta avía, la colgaron del pescueço; e después fue quemada al Cañed, fuera la cibdad, por fechizera, e non la valió toda quanta favor tenía de muchos cavalleros. (Arcipreste, p. 172-173).
- 51 Critica duramente a los bigardos (vagos, perezosos, holgazanes, de vida licenciosa) y los encasilla (...)
- 52 El código jurídico alfonsino, que cita a propósito también Frank Collard, tiene pocas leyes referen (...)
99Además de estos crímenes aparentemente frecuentes, Martínez de Toledo profundiza un poco más sobre el tema de las hierbas y nos brinda alguna información sobre sus suministradores: alcahuetas, hechiceras y bigardos – hechiceros y «de yervas conocedores» –, que recorren un amplio circuito ofreciendo sus servicios.51 Entre estas hierbas y las pócimas venenosas debemos inferir que no hay mucha diferencia y, por eso, el autor se detiene en los conocimientos que estos brindan: «[…] Non ay arte, ciencia, nin maestría que ellos non dizen que saben […] Trabajan mucho por las virtudes de las yervas por dar a las mujeres melezinas […] Toda físyca saben; todo dolor curan; todo mal remedian.» (Arcipreste, p. 236-237). Contra estos personajes socialmente perniciosos nada pueden hacer las leyes de las Partidas que alertan a los apoticarios sobre la venta de productos tóxicos.52
Conclusión
100Aunque de lo hasta aquí expuesto pueda desprenderse que el veneno ocupa un lugar importante en la cuentística medieval, su presencia no es constante. Excepto el caso del Calila e Dimna, donde la ponzoña atraviesa gran parte de sus páginas con variedad de ejemplos, en el resto hay que recorrer muchos pasajes para encontrar, finalmente, alguna mención digna de ser valorada. En algunos libros, incluso, la poción fatal está totalmente ausente.
101Sin embargo, cuando el veneno aparece, nos proporciona una información muy valiosa sobre la mentalidad y la cotidianeidad en el período medieval. De esta manera – y según hemos examinado – el miedo al veneno y su animadversión se expresan en dos grandes categorías: la primera, de manera simbólica y la segunda, como herramienta letal.
102Como sociedad intensamente religiosa, el temor al poder del mal formaba parte de su vida cotidiana y la forma de representarlo se encauzaba lógicamente en la serpiente, paradigma bíblico del mal. El veneno, nocivo por naturaleza y propio del reptil, adquirió por sinécdoque el mismo significado diabólico: el traidor es venenoso como también lo puede ser el rey, de quien es mejor alejarse; lo son asimismo el espía, el consejero – sobre todo si es pelirrojo –, el codicioso, el envidioso, el idólatra, el ladrón, y la mujer que lleva en sí la lujuria y la desobediencia.
103También ciertas situaciones pueden ser tan contraproducentes que se consideran peores que la ingesta de ponzoña como, por ejemplo, la inseguridad del hombre adulto, acechado por los peligros del mundo, al igual que la pobreza, la enemistad, la palabra hiriente, la codicia, la tentación, la lujuria y, sobre todo, la traición. En la sociedad medieval, las representaciones de la maldad y del daño tendían a sintetizarse en las figuras del veneno y la serpiente. La sola comparación con cualquiera de estos elementos bastaba para ofrecer a los hombres y mujeres una medida precisa de la naturaleza y la dimensión del mal.
104Por otra parte, el miedo concreto que se tenía a esta arma invisible también se observa en los textos estudiados, pese a que, en todos ellos, abunda mucho más el crimen sin las sutilezas del veneno. El rey Avenir del Barlán, por ejemplo, realiza gran masacre de cristianos sin verter una gota de ponzoña; lo mismo los reyes malvados que transitan por el Speculum regum son eliminados de maneras imaginativamente atroces, pero, excepto Alejandro y Sócrates, ninguno de ellos ingiere veneno. De igual modo, en el Arcipreste de Talavera, las esposas desobedientes reciben sus merecidos castigos ahogándose, quemándose o cortándose, pero solo una toma incautamente el veneno escondido en el vino. Un solo cuento del Conde Lucanor posee veneno y en los numerosos relatos del Libro de los exemplos solo pocos recrean crímenes tóxicos. Sin embargo – lo hemos observado –, la utilización del tósigo también era moneda corriente. No en vano tantas advertencias circulan en las palabras de sabios personajes como Aristóteles, que previene sobre el vasto conocimiento de hierbas de los médicos y su peligrosa cercanía a los reyes, en Poridat y en el Secreto. Más detallados aún, los consejos del búho en el Calila nos proporcionan un testimonio no desdeñable. Gracias a ellos, nos enteramos de las variadas formas por tacto e ingesta para eliminar subrepticiamente al enemigo.
- 53 Si de veneno se trata, las leyes no olvidan ni agoreros, ni hechiceros, ni alcahuetas (VII, XXIII, (...)
105Los ejemplos dados son elocuentes. Disimulado en un vino aromático, el veneno mata a la esposa adúltera en el Arcipreste y, en el Libro de los exemplos, adormece al marido engañado, intenta eliminar al viejo obispo o destruye a una poderosa hueste. El tósigo puede matar, pero también adormecer como es el caso de la mandrágora usada por Macrobio o de las hierbas mezcladas por la maliciosa esposa. Solamente otra vez más se nos menciona una planta venenosa: el opio con que se pretende ajusticiar a Sócrates en Bocados. Pero, fuera de estos dos casos y de un ambiguo ‘mediçinas’ o ‘ponçoñas confacionadas’ del Arcipreste, nunca se informa cómo están compuestas estas pócimas mortales. Tampoco sabemos en qué consisten esas hierbas que el emperador del Conde Lucanor oculta en una pomada concebida para envenenar flechas. El método de circulación se infiere por las Partidas53 y por el Arcipreste: sea oficialmente en apotecas o clandestinamente en las pócimas de hechiceras, alcahuetas y nigrománticos conocedores de hierbas para todo tipo de situación. La información sobre antídotos tampoco presenta una gran riqueza en la prosa ejemplar: además del catálogo de piedras en Poridat, una simple combinación de vinagre y aceite – aparentemente milagrosa – se esboza en el Libro de los exemplos.
106Los efectos producidos por el veneno, además de la muerte inmediata en algunos ejemplos, ofrecen un espectro reducido. A la princesa tratada por el galeno ignorante del Calila se le despedazan los intestinos y muere; el marido traicionado del Libro de los exemplos cae en un sopor profundo y saliva en grandes cantidades. Bocados, en cambio, se detiene más en la agonía de Sócrates que sufre de una parálisis progresiva de su cuerpo.
107En otras ocasiones, la ponzoña se suministra por inadvertencia, como el caso del falso médico de la princesa en el Calila, o el jarabe bebido por el obispo en el Libro de los exemplos. En el cuento final del Sendebar, los convidados del hombre beben la leche envenenada involuntariamente por la culebra raptada por el milano.
108Por su naturaleza, serpientes y culebras forman parte del folklore de envenenamiento junto a sus consecuencias dramáticas o benéficas. Por actuar irreflexivamente, el padre mata al perro guardián en el Calila y en Sendebar, aunque en este último se lo incorpore como características de sus personajes. En un solo caso, la culebra, animal vil por excelencia, simboliza el agradecimiento contrariamente al hombre desagradecido y ávido en el Calila.
109El veneno también se nos descubre como instrumento político, bélico y legal. Como medio político – según el Calila – el poderoso debe tener ciertos recelos de su entorno no solo en lo que come y bebe, sino hasta en lo que toca, lo que viste, el agua con que se higieniza y las armas que manipula. Fundamental es mantener el secreto y conocer bien a su séquito; alejarse del ambicioso, que es intrigante y no conoce límites para alcanzar un puesto mejor, así como del que es conocido por traidor, de acuerdo a las amonestaciones de Castigos.
110Otra mirada se tiene en el panorama militar, cuya utilización es altamente recomendada con el fin de obtener una victoria rápida y eficaz. No obstante, en el carácter legal su visión es mitigada. En las Partidas, el envenenamiento está condenado, pero en los ejemplos el castigo es el gran ausente, principalmente porque el aspecto jurídico se explicita solamente en dos de los relatos. En uno de ellos, el Sendebar, es la excusa para introducir la sabiduría adquirida por el infante y se resuelve, finalmente, en la justicia divina, pues para la humana – conforme habíamos contemplado – no había responsables ya que el homicidio era sin intención directa. En el Arcipreste, en cambio, se pone de relieve que el envenenamiento sirve para escapar de la justicia y, de acuerdo a esto, se planea concienzudamente y se efectúa delante de testigos. Aunque de manera más tangencial, puede suponerse que lo mismo sucede en el Conde Lucanor por un paralelo estructural entre ambos cuentos. Sin embargo, aparte de la justicia divina que se encarga de la alcahueta del Calila y del arcediano codicioso del Libro de los exemplos, y de la cual supuestamente no escapará el marido engañado del Arcipreste, todos los criminales salen victoriosos y el veneno ha cumplido su cometido al disimular un crimen perfecto.
111Si en estos tres ámbitos, la manipulación del veneno era de temer para precaverse o para beneficiarse, en la mayoría de los ejemplos, sin embargo, sobresalen las historias cotidianas lejos del ámbito cortesano. La mezcla emponzoñada disuelve un matrimonio, elimina a un adversario, acaba con el adulterio, termina con los celos e, incluso, resuelve un problema amoroso o un embarazo indeseado.
112De todos modos, sea que se relate un crimen o se use como metáfora, alegoría o comparación, el veneno indica pautas de comportamiento y, aparte algunas excepciones, representa la diversidad del mal. El veneno también muestra el sentido con el que hay que comprender el ejemplo: nos dibuja situaciones, personajes, conductas y miedos, recreando parte del imaginario medieval.
113Pero no solamente del imaginario, pues también forma parte de una realidad. El traidor y el ambicioso de puestos o de una herencia usan veneno para asesinar. Quien pretende un amor inalcanzable o muere de celos se hace preparar la pócima mortal para acabar con un sufrimiento; la venganza y la salvaguarda del honor hacen uso de esta solución. Y no falta el homicidio por negligencia, penalizado en las leyes y retomado en los ejemplos. El veneno es una solución eficiente en contextos políticos y guerreros e, inclusive, puede demostrarnos la fortaleza de espíritu en hombres ejemplares.
114No obstante, en general, el envenenador es invisible y es la encarnación del traidor: es aquel que se acerca a la comida, la bebida, las armas, los paños, a los medicamentos… La desconfianza se impone, a veces, como el mejor antídoto.
Notes
1 María Fernanda NUSSBAUM, «Algunas notas sobre los espías en la literatura medieval española de los siglos XIII y XIV», Memorabilia, 14, 2012, p. 65-76; id., «Los informantes en la Partida II y en los espejos de príncipes del siglo XIII», in: Jean-Pierre JARDIN, Patricia ROCHWERT-ZUILI, Hélène THIEULIN-PARDO (coords.), Histoires, femmes, pouvoirs : Péninsule ibérique (IXe-XVe siècle) : mélanges offerts au professeur Georges Martin, París : Classiques Garnier, 2018, p. 641-658.
2 Los estudios sobre la literatura sapiencial son abundantes. Remito a las páginas que le dedica Fernando GÓMEZ REDONDO en su Historia de la prosa medieval castellana I, Madrid : Cátedra (p. 180-294, p. 455-470, y p. 913-943). y los más específicos de Marta HARO CORTÉS, Los compendios de Castigos del siglo XIII : técnicas narrativas y contenido ético, Valencia : Universidad de Valencia, 1995; id., Literatura de castigos en la Edad Media : libros y colecciones de sentencias, Madrid : Ediciones del Laberinto, 2003.
3 María Jesús LACARRA (ed.) Cuento y novela corta en España, 1 Edad Media, prólogo de Maxime Chevalier, Barcelona : Crítica, 1999, p. 30.
4 Hugo BIZZARRI, Cuentos latinos de la Edad Media, Madrid : Gredos, 2006, p. 9. Para un panorama global del exemplum remito a Claude BREMOND, Jacques LE GOFF Y Jean-Claude SCHMITT, L'exemplum, Turnhout : Brepols (Typologie des sources du Moyen Âge occidental, 40), 1996. Volvemos a encontrar la misma opinión del investigador argentino en Jacques BERLIOZ y Marie Anne POLO DE BEAULIEU (dirs.), Les exempla médiévaux : nouvelles perspectives, París : Honoré Champion, 1998. Principalmente, ténganse en cuenta la introducción a cargo de Jacques Le Goff, para quien el exemplum es una vía de acceso privilegiada a las creencias en la Edad Media (p. 17), así como en la misma obra, los artículos de Claude Cazalé-Berard para quien el didactismo de los ejemplos en los sermones se basaba principalmente en el reconocimiento de materiales familiares o tradicionales del auditorio, lo que los hacía altamente efectivos («L’exemplum médiéval est-il un genre littéraire ?», ib., p. 29-42, sobre todo en p. 34) y el de Jean-Yves Tilliette («L’exemplum rhétorique : questions de définition», p. 43-65, principalmente p. 50).
5 También se han considerado otros textos de la prosa ejemplar en donde no se ha encontrado ninguna mención sobre el veneno como en el Libro de los cien capítulos, el Libro de los doze sabios, el Libro de los buenos proverbios ni en los «Castigos del Rey de Mentón» del Libro del Caballero Zifar.
6 Particularmente aleccionador e inspirador para este trabajo es el libro de Frank Collard, Le crime de poison au Moyen Âge, París : Presses Universitaires de France, 2003. De la misma manera, sus artículos Franck Collard, «Le poison et le sang dans la culture médiévale», Médiévales. La fitna : Le désordre politique dans l’Islam médiéval 60, 2011, p. 129–155 ; íd., «Recherches sur le crime de poison au Moyen Âge», Journal des savants, 1992, n° 1, p. 99-114, https://doi.org/10.3406/jds.1992.1553 ; https://www.persee.fr/doc/jds_0021-8103_1992_num_1_1_1553
7 Citamos por Juan Manuel CACHO BLECUA y María Jesús LACARRA, Madrid : Castalia, 1985, p. 118.
8 Esta alegoría también se encuentra en Vida de Barlán e Josafá (David ARBESÚ (ed.), Madrid : CSIC-Nueva Roma, 2023, § 28, p. 216). El veneno está íntimamente relacionado con la serpiente, ya que es una de las figuraciones más corrientes del mal, en gran parte debido a los primeros capítulos del Génesis que relatan cómo la serpiente estuvo en el origen de la tentación de Eva en el pecado original. El escorpión, menos presente en el texto sagrado y en los cuentos, también encarna el mal, la muerte y los poderes hostiles al hombre. Véase Christian HECK y Rémy CORDONNIER (eds.) Le Bestiaire médiéval. L’animal dans les manuscrits enluminés. París : Citadelles & Mazenod, 2018 (le scorpion : p. 521 ; les serpents : p. 526-533).
9 Un comerciante, que poseía cien quintales de hierro, tiene que marcharse a causa de sus negocios y encomienda el cuidado de su mercancía a un hombre que conocía. Al volver de su faena, le pide que le devuelva su mercadería, pero éste, que había vendido el hierro y gastado todo el dinero, inventa una excusa diciendo que no puede devolver nada porque lo royeron unos ratones. El mercader, consciente del engaño, rapta entonces al hijo del ladrón, lo esconde y pretexta que fue arrebatado por un azor. Ante la incredulidad del ladrón, el mercader agrega que en la tierra donde los ratones pueden comer tanto hierro no es maravilla que los azores lleven niños. Finalmente, el delincuente reconoce su falta y ambos se devuelven lo que les pertenecía. (Calila, p. 175-176).
10 Hugo O. BIZZARRI (ed.), Castigos del rey don Sancho IV, Madrid : Vervuert-Iberoamericana, 2001, p. 219.
11 Para el tema folclórico de la serpiente y el labrador, con el cual este ejemplo se relaciona, véase el esclarecedor estudio de Hugo O. BIZZARRI, «Notas sobre una fábula esópica en Cervantes (Persiles, III, 7)», e-Spania, 53, 2026, https://journals.openedition.org/e-spania/58915. El Libro de los enxemplos presenta dos relatos sobre la relación entre la culebra y el humano. El ejemplo 73, semejante al relato que acabamos de ver sobre el león, «Confidendum nullo est tempore de inimico» y el ejemplo 205, «Ingratitudinem eciam animalia bruta vitant», en donde el hijo de la serpiente mata al hijo del hombre en cuya casa moraba, pero, aquí, la serpiente avergonzada mata a su propio hijo y se va de la casa para no volver. Se demuestra, contrariamente a la mayoría de los ejemplos con serpientes, el agradecimiento del animal. Ambos ejemplos en Andrea BALDISSERA (ed.), El libro de los exemplos por A. B. C., Pisa : Edizioni ETS, 2005, p. 94 y p. 161-162.
12 «Otrosí veemos que la culuebra, que es vestiglo del mundo, más enemigo del omne que por las santas palabras quel dizen la comprehenden toda e la tiran de la sanna e de la ponçonna que en sí ha. […]», Castigos del rey don Sancho IV, p. 95.
13 «Ca non es cosa que más semeja que tú a la culebra que le corre de la lengua tósigo. Et quámaño miedo avía yo del tósigo de tu lengua, el qual me faze aborreçer tu conpaña, ca los entendidos dizen : –Esquiva es la conpañía de los falsos, maguer sean tus parientes. Et quien tal es non es sinon commo la culebra que cría el omne et la falaga; desí non ha della sinon morderlo et fazerle mal» Calila, p. 175. En referencia a esta alusión, recuérdese nuevamente el estudio de Hugo O. BIZZARRI, «Una fábula esópica…» ya citado.
14 «–Non me semejas en el bien que muestras et en el mal que encubres sinon al vino de buen olor et de buen color, et yaze en él el tósigo mortal, et quando lo beve el omne, mátalo […]» Calila, p. 243.
15 Véase David ARBESÚ (ed.), op. cit., p. 51-52.
16 «Cuando el muy santo infante Josafá oyó aquellas palabras, entendió luego la artería del dragón torcinero, que andava parando lazos para tomar la su alma, que era dada a Dios», véase ARBESÚ (ed.), op. cit., § 63, p. 275.
17 «E todos los sabios enderredor, que eran sabios de saber loco e andaban errados, segund la palabra del apóstol: ‘Estos cuidaron ser sabios e levantáronse locos, e mudaron la gloria de Dios non mortal en semejança de ombres mortales e de bestias e de sierpes’». Véase ARBESÚ, ibid., § 65, p. 280.
18 Para los conceptos de ‘traición’ y ‘alevosía’, remito a la Partida VII, título I, ley II, y título II, principalmente sus leyes I, II, III y V. Véase José SÁNCHEZ-ARCILLA (ed.), Siete Partidas, Madrid: Reus, 2004. El tema de la traición y su variante de alevosía fueron extensamente tratados por Iglesia Ferreirós, que señala la imprecisión de los dos términos en los códigos jurídicos. Véase Aquilino IGLESIA FERREIRÓS, Historia de la Traición. La traición regia en León y Castilla, Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 1971.
19 «Dizen que era un obispo que tenía consigo un físico para sanidat de su cuerpo, e un legista para los negoçios temporales. E en adquirir dineros e echar pechos, creía al legista abogado; e en los manjares delicados e saborosos e deleitosos, creía al físico. E a la fin este diole un xarope que le purgó el quinto humor, que es el ánima, onde ya llegando a la muerte el obispo dixo: ‘Dos muy malos hove en mi compañía, un abogado que me perdió el ánima, e un físico que me mató el cuerpo’» BALDISSERA (ed.), op. cit., ejemplo 160, p. 137-138.
20 María Jesús LACARRA (ed.), Sendebar, Madrid : Cátedra, 1989.
21 Véase el artículo de Bernard DARBORD, «El hortelano y la culebra. Reflexión en torno al tema de la ingratitud en los Exempla», en Medioevo Romanzo, 30, (2), 2006, p. 297-309.
22 Debemos remitirnos aquí al motivo folklórico: N 332.3 Una serpiente, sujeta de un milano, deja caer una gota de veneno en una vasija de leche. M. J. Lacarra (Sendebar, op. cit., p 140) agrega que «Se trata de un breve cuento de estructura encadenada que sirve para suscitar un problema y para poner de manifiesto que el Infante conoce los designios de Dios».
23 Recordemos al ávido Dimna en el Calila también pergeñando un plan malévolo para deshacerse del consejero favorito del rey y poder recuperar así su puesto perdido.
24 Sobre los soportes y las vías de administración del veneno, téngase presente Frank COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge, op. cit., p. 65-73.
25 Para el crimen por envenenamiento dentro del seno familiar, véase Frank COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge, ibid., p. 124-130.
26 Véase Reinaldo AYERBE-CHAUX, El Conde Lucanor. Materia tradicional y originalidad creadora, Madrid : José Porrúa Turanzas, 1975, p. 76-81 y p. 81-86. Para la edición de don Juan Manuel, véase Guillermo SERÉS (ed.), Don Juan Manuel, El Conde Lucanor, Madrid : RAE, 2022, p. 109-120.
27 Véase AYERBE-CHAUX, ibid., p. 280-283.
28 Las Partidas no dejan lugar a dudas sobre su ilegalidad y la pena merecida: «[…] e que ninguno sea osado por dicho, ni por hecho, ni por consejo de ir contra el rey, ni contra su señorío […] E manda que ninguno no maldiga, ni denueste, ni retraiga mal del rey ni de sus hechos, e que todo hombre que entendiere o supiere algún yerro que haga el rey, que se lo diga en puridad, e si el rey se quisiere enmendar, sino que lo calle que ninguno no lo sepa de él, e quien de otra guisa lo hiciere, si fuere hidalgo, ya de orden, o clérigo, que pierda la mitad de todas sus cosas, e el rey haga de ellas lo que quisiere, e él sea echado de todo su señorío ; e si no fuere hidalgo, el rey haga de él e de sus cosas lo que quisiere», SÁNCHEZ-ARCILLA, op. cit., Partida II, Prólogo, ley V.
29 R. Ayerbe-Chaux analiza igualmente el contexto del cuento que es una recreación juanmanuelina con personajes históricos como el emperador Federico II y el papa Gregorio IX, históricamente enemistados a causa de la desobediencia del emperador de ir a la cruzada pregonada por el papado. Sin embargo, don Juan Manuel crea una complicidad entre ambos al punto que el sumo pontífice le insinúa al gobernante deshacerse de su problemática mujer. Es, según el erudito, un cuento en el que don Juan Manuel no se tarda con ninguna moral didáctica, pues, evidentemente, lo que le interesaba al escritor era la ficción con un personaje histórico famoso, como el emperador. En cambio, la anécdota es creación del famoso escritor: la situación familiar, la búsqueda de una solución al problema matrimonial y la consiguiente consulta al papa; el veneno de las flechas de caza y la pomada para la sarna; así como la angustia de los presentes que ruegan a la emperatriz que no se untara con esas yerbas envenenadas. El detalle de la sarna, además es un rasgo humorístico de don Juan Manuel; véase AYERBE-CHAUX, op. cit., p. 76-81 y p. 81-86.
30 Véase, SERÉS, op. cit., p. 111-112.
31 Guillermo Serés ofrece detalles del ejemplo acentuando algunos aspectos de acuerdo a los estudiosos que cita. En líneas generales, don Juan Manuel crea una atmósfera que justifica que el emperador se deshaga de su mujer (p. 510). Temáticamente, este ejemplo se relaciona con el ejemplo 35 (el de la mujer brava), por lo que las tres historias (las dos del ejemplo 27 y la del ejemplo 35) se reducen a un mismo tema: la conservación de la paz conyugal en sus tres facetas: que la mujer sea buena y obediente, como la mujer de Alvar Fáñez Minaya (ejemplo 27b), que haya que hacerla buena, como la joven casada de mal carácter (ejemplo 35), o que sea tan difícil y desobediente que haya que deshacerse de ella, como la emperatriz (ejemplo 27a). Finalmente, estos cuentos representan una estructura patriarcal y una evidente condición vasallática al servicio de los intereses de su esposo.
Remitimos para la bibliografía especializada a la edición de SERÉS, ibid., «Notas Complementarias, ejemplo XXVII», p. 510-511.
32 Véase nuestra nota 29.
33 Algunas leyes de la Partida VII título XVII se acercan a los resquemores que siente el personaje frente a la justicia. En las leyes referentes a la infidelidad y a su castigo, el hombre puede ajusticiar a su mujer, pero si la encuentra en el momento preciso del acto e, incluso, debe mostrar pruebas que verifiquen su versión. Por lo demás, la legislación no menciona para este caso una penalización capital. Destacamos sobre todo la ley I (sobre la dificultad de proporcionar pruebas fidedignas), la ley VII (sobre la absolución a la mujer adúltera si el hombre la acepta en su casa), la ley IX (sobre los reparos acerca de la culpabilidad de la mujer a causa de la falsificación de pruebas por el marido) y la ley XIV (sobre las dificultades de ajusticiar por mano propia cuando la mujer ha cometido adulterio). Suponemos que el autor conocía también los usos y costumbres de la legislación local y, por eso, menciona claramente en su obra las barreras impuestas por la normativa.
34 Transcribimos el pasaje, porque es verdaderamente aleccionador: «[…] e pensó cómo daría remedio al dicho mal. E pensó: ‘Sy la mato perdido so; que tiene dos cosas por sý: la justicia e sus parientes, que procederán contra mí. La justicia, porque ninguno non debe tomarla por sý syn conoscimiento de derecho e ligítimos testigos, dignos de fee, e buenas provanças, con estrumentos e otras escripturas aténticas ̶ e esto delante aquel que es por la justicia del rey presidente o governador, corregidor, o regidor ̶ e ninguno por sý no deve tomar vengança, nin punir a otro ninguno. E segund esto, pues, yo se mí sin provanças non lo puedo fazer. Yten más, los parientes dirán que ge lo levanté por la matar e me querer con otra de nuevo ayuntar; averlos he por enemigos’. Pues, visto todo lo susodicho e los males de dapños que dello se pudieran recrecer, non la quiso matar de su mano por non ser destroýdo; non quiso matarla por vía de justicia, que fuera desfamado»”, Joaquín GONZÁLEZ MUELA (ed.), Arcipreste de Talavera o Corbacho, Madrid : Castalia, 1970, p. 151.
35 «[…] Desquel marido syntió las bozes, dixo: ‘¡Dentro yase la matrona!’. Luego entró corriendo el marido mesándose las barvas, diciendo a altas bozes: ‘¡Ha, mesquino de mí!’. Pero baxo decía: ‘¡Qué tan tarde lo comencé!’. En altas boses decía: ‘¡Captivo! ¿Qué será de mí?’. En su coraçón decía: ‘¡Sy non muere esta traydora!’. Yva a ella e tirava della, pensando que se levantaría, pero allí acabó sus días» GONZÁLEZ MUELA (ed.), ibid., p. 152.
36 Para el episodio, véase PELAYO, op. cit., p. 418-421.
37 Para profundizar sobre la obra, remitimos al minucioso estudio de su editor Sergio GUADALAJARA SALMERÓN (ed.), Bocados de Oro, Madrid: Universidad Complutense de Madrid-Facultad de Filología, 2020. Para la fechación, léase la p. 101, y para lo tocante a Sócrates, las p. 123-124.
38 GUADALAJARA SALMERÓN, ibid., §§ 5-6, p. 369: «E mandó a los omnes fazer bien e no mal, e quando sopieron los príncipes de su tienpo que su opinión era desechar los ídolos e desviar a los omnes de los adorar, juzgáronlo a muerte. E los que le juzgaron a muerte fueron los onze jueces de Athenas, e diéronle a bever el tósico a que dizían opio».
39 Cf. GUADALAJARA SALMERÓN, op. cit., p. 146-148 y María Jesús Lacarra, que trata extensamente el tema en su artículo «La imagen de los filósofos en los textos gnómicos del siglo XIII», in: Actas del I Congreso de filosofía medieval, Zaragoza: Ibercaja, 1992, p. 45-64. Con respecto a este pasaje, evoquemos también el amplio artículo que Maravall dedica a los sabios antiguos y la incorporación y asimilación de la Antigüedad al mundo cristiano. Con respecto a Sócrates, indica que fue probablemente San Justino quien llegó a la posición más extrema relacionando Sócrates con Jesús, y explicando la muerte de aquél por su acercamiento al cristianismo antes de ser instaurado históricamente entre los hombres. Tan santificada se hallaba la figura del filósofo griego que – agrega Maravall – Erasmo, por ejemplo, lo consideraba sobrenaturalmente dentro del cristianismo, como un ‘filósofo precristiano’. Por esta razón, Bocados dedica una parte importante a sus consejos. Véase José Antonio MARAVALL, «La estimación de Sócrates y de los sabios clásicos en la Edad Media española», in: Estudios de historia del pensamiento español. Edad Media, Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1967, p. 275-343, en especial sus p. 284 y p. 329-332.
40 GUADALAJARA SALMERÓN, ibid., §§ 13-14, p. 373: «E vino el omne de los onze juezes e díxole: –¡Oh, Sócrates! Bien sabes tú que yo non só el que te mató, sinon los onze juezes que me lo mandan fazer. E tú eres el mejor omne que llegó a este lugar. Beve la melezina e çufre lo que no puedes escusar. Dixo Sócrates: –Fazerlo he, e tú non as culpa. E tomola e beviola. E quando gela vieron bever, venciolos el llorar».
41 En la enciclopedia de Juan Gil de Zamora se hace alusión en algunas oportunidades a aquel que teme ser envenenado y se le aconseja qué recaudos tomar. En el relato breve encontramos consejos similares: «Otros dicen: la ruda va bien contra los venenos, que la beba quien tema ser envenenado, o quien tema la picadura de animales venenosos» – el subrayado es mío –. Igualmente, se aconseja un remedio para quien beba veneno o quien lo reciba de una flecha: «Si se bebe veneno, el gálbano actúa como triaca, cuando se bebe con vino es eficaz contra las flechas y contra el veneno de serpiente», Cándeda FERRERO HERNÁNDEZ (ed.), Fray Juan Gil de Zamora. Liber contra venena et animalia venenosa, Barcelona : Universidad Autónoma de Barcelona, 2002, p. 282 y 284.
42 Sobre el tema de la niña alimentada a veneno, véase Hugo O. BIZZARRI (ed.), Pseudo-Aristóteles, Secreto de los secretos, Poridat de las poridades, Valencia: Universidad de Valencia, 2010, p. 117). Aparece, igualmente, en el capítulo 14 del Secreto de los secretos, pero en señal de alarma para precaverse de la mujer (p. 77). En su edición del Secreto de los secretos Bizzarri tiene dos notas a pie de página bastante esclarecedoras sobre este relato. En su nota 52, nos menciona que este capítulo también se encuentra en el capítulo 59 los Castigos del rey don Sancho IV y en la Donzella Teodor (nota 52, p. 116). En su nota 54, agrega que este ejemplo se encuentra también en Poridat, pero no como una advertencia contra las mujeres, sino para precaver al rey del intento de envenenamiento (cap. 2). Y finaliza: «Pasó, además, a la tradición occidental al ser incorporado a la Gesta romanorum (cap. 11, p. 288), en donde se realiza una interpretación alegórica: Alejandro representa al buen cristiano que lucha contra el diablo, el mundo y la carne; la mujer, la gula y la lujuria; Aristóteles, la conciencia o la razón» (p. 77, nota 54).
43 El comentario posterior sobre el episodio bíblico refuerza la idea de maldad: «Por ffuerça es esto en natura a los omnes e por esto mato Cayn a so hermano Abel.» BIZZARRI, Poridat, op. cit., p. 130-131. Ineludible sobre la significación negativa del hombre y la mujer pelirrojos en el Medioevo es el libro de Michel PASTOUREAU, Rouge. Histoire d’une couleur, París : Édition du Séuil, (1ra edic. 2016), 2019, p. 109-116. Según Pastoureau, el carácter vil del hombre pelirrojo no es una creación medieval, sino una triple herencia: bíblica, greco-romana y germana. Sin embargo, en la Edad Media ese carácter negativo se acentuó relacionándose con la traición. Además de las características heredadas de la Antigüedad, de crueldad, vicio y ridiculización, se agregaron en los siglos subsiguientes las de falso, astuto, mentiroso, engañador, desleal, pérfido o renegado. El individuo pelirrojo fue asociado también al mal agüero, a la brujería y a la prostitución. Como se puede comprender, no era la persona adecuada para incorporarse a ningún consejo.
44 Entre ellas el ‘vehazar’, que aleja el demonio y es una antídoto contra el veneno de animales, de hierbas, de plantas o minerales. El jaspe es adecuado contra el alacrán y el ‘escantiliçio’ contra las hierbas.
45 BIZZARRI (ed.), ibid., p. 77-78.
46 Recuérdese el Libro de los exemplos, el ejemplo 241.
47 Véase el Libro de los exemplos, ejemplo 444, p. 280-281.
48 Recuérdese en el Libro de los exemplos, el ejemplo 308, p. 215-216.
49 La mandrágora, famosa entre las plantas maléficas, por la forma casi humana de su raíz, se utilizaba en la composición de filtros mágicos ya desde la época de los egipcios y caldeos, y, sobre todo, en la Edad Media. La creencia del poder mágico de esta planta estaba muy arraigada en Europa, principalmente en Inglaterra, en donde se la llamaba ‘Satan’s apple’. Especialmente, sus virtudes narcóticas e hipnóticas son utilizadas por las brujas en sus reuniones de ‘Sabbat’. Véase Michèle BILIMOFF, Enquête sur les plantes magiques, Rennes : Éditions Ouest-France, 2025, p. 41-44.
50 El tema de la hechicería en relación con la normativa puede seguirse en Frank COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge, op. cit., p. 24-93.
51 Critica duramente a los bigardos (vagos, perezosos, holgazanes, de vida licenciosa) y los encasilla entre los viriles y entre los que tienen costumbres femeninas: «Trabajan mucho por las virtudes de las yervas por dar a las mujeres melezinas: a algunas para enpreñar, a otras para sanar de la madre, del estómago, de la teta, del alfonbra, de los paños a las preñadas, de la cara; el dolor del axaqueca, de yjada, del dolor del onbligo, e dende ayuso», GONZÁLEZ MUELA (ed.), op. cit., p. 236 y 237.
52 El código jurídico alfonsino, que cita a propósito también Frank Collard, tiene pocas leyes referentes al veneno o envenenamiento. Según el estudioso francés, las leyes en que trata expresamente el tema se encuentran en la Partida V, título V, ley XVII y Partida VII, título VIII, ley VII, y versan sobre la prohibición de comprar o vender hierbas venenosas. Véase Frank COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge (op. cit.), p. 27-28, 183 y 227. La Partida VII presenta otras leyes sobre el envenenamiento. Una de ellas es la ley VI del título VIII, que penaliza a las personas que, no sabiendo de ‘física’, intentan curar pacientes y causan accidentalmente su muerte. Igualmente, la ley XII del mismo título previene sobre la pena merecida a quienes se empeñen en la muerte de un pariente «con armas o con yerbas paladinamente o encubierto»; también hace referencia a aquellos que participen del consejo o ayuden a perpetrar el crimen e, incluso, a aquellos que lo sepan y no lo impidan (VII,VIII, XII). Si de veneno se trata, las leyes no olvidan ni agoreros, ni hechiceros, ni alcahuetas (VII, XXIII, II) que, a través de brebajes, pueden provocar la muerte accidental de alguien. También tienen presente a los suicidas (a los ‘desesperados’) que «[…] mátase él mismo con sus manos o bebe a sabiendas yerbas con que muera» (VII, XXVII, I). Como vemos, pese a que el tema del envenenamiento no ocupa un lugar destacable, tenemos leyes que prohíben vender o comprar hierbas tóxicas, así como planear un asesinato o aconsejarlo, ayudar o tener conocimiento de él sin evitarlo; también provocar la muerte accidental por hierbas, y finalmente, matarse por desesperación.
53 Si de veneno se trata, las leyes no olvidan ni agoreros, ni hechiceros, ni alcahuetas (VII, XXIII, II) que, dando brebajes para fines de enamoramiento, pueden provocar la muerte accidental de alguien. «E aún defendemos que ninguno no sea osado de dar yerbas, ni brebajes a algún hombre ni a mujer por razón de enamoramiento, pues acaece a las veces que de estos brebajes vienen a muerte los hombres que los toman e han muy grandes enfermedades de que fincan ocasionados para siempre» (Partida VII, título XXIII, ley II).
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Référence électronique
María Fernanda Nussbaum, « El veneno en la prosa ejemplar: entre símbolo y crimen », e-Spania [En ligne], 54 | Juin 2026, mis en ligne le 01 juin 2026, consulté le 13 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/e-spania/60431 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16emq
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