- 1 Sobre la figura de Hércules en Castilla en los siglos XIII y XIV, véase Helena de CARLOS VILLAMARÍN (...)
1La figura de Hércules tiene una especificidad e importancia particular en la cultura medieval castellana, a partir al menos de la primera mitad del XIII, cuando aparece de manera prominente en el De rebus Hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada. Es, sin embargo, en la obra historiográfica alfonsí donde el héroe griego adquiere su formulación característica, como prefiguración de los monarcas castellanos: tanto la General estoria como la Estoria de España lo presentan como el primer conquistador de toda la Península Ibérica (Hispania, territorio que toma su nombre del sobrino de Hércules, nombrado gobernador por su tío), destacando asimismo su labor colonizadora. Ambas obras, y muy especialmente la General estoria, construyen una imagen del hijo de Júpiter, sin parangón en otras tradiciones, como un personaje caracterizado por su afán de conocimiento e interesado en particular por el saber astronómico y astrológico, en un eco de la imagen idealizada que Alfonso X quería proyectar de sí mismo. No se trata de la primera vez que se dio forma a una figura de la Antigüedad griega como precursora de los soberanos castellanos: ya a principios del Doscientos, otra obra vernácula, el Libro de Alexandre, realiza una operación similar a partir de la figura de Alejandro Magno. Por otra parte, la imagen alfonsí del Alcida seguirá siendo operativa en reinados posteriores, especialmente los de Alfonso XI y Pedro I1.
2Conquistador, colonizador y sabio, el Hércules ibérico es, como sus predecesores, víctima de un crimen de veneno: muere tras vestir una camisa emponzoñada enviada por su mujer, Deyanira, que no pretendía matarlo, sino recuperar su amor. La cadena de acontecimientos que termina con la muerte del héroe comienza, en realidad, mucho antes, cuando Hércules da muerte a la hidra de Lerna y usa la sangre de ésta para envenenar sus flechas. Una de estas saetas mata al centauro Neso, que bajo pretexto de ayudar a Deyanira a cruzar un río profundo había tratado de raptar a la esposa de Hércules. Agonizante tras ser atravesado por la flecha envenenada, Neso planea una venganza en diferido, explicándole a Deyanira que su sangre tendrá el poder de devolverle el amor de su esposo en el momento en que éste, inevitablemente, la abandone. Cuando, efectivamente, Hércules se enamora de Íole y abandona a Deyanira, ésta recuerda que posee una camisa teñida con la sangre del centauro y se la hace llegar al héroe a través de Licas. Tras ponérsela, el Alcida siente en su piel la quemadura del veneno, pero, al tratar de quitársela, la camisa le arranca la piel y hasta la carne. Presa de una rabia desmesurada, el hijo de Júpiter provoca la muerte de Licas y, finalmente, hace construir una pira en la que se inmola.
- 2 Entre las obras que se hacen eco de la compilación troyana se encuentra la versión castellana de la (...)
- 3 Es el caso, por ejemplo, de los Dotze treballs d’Hèrcules (1417) de Enrique de Villena, después aut (...)
3Nos proponemos examinar la narración de la muerte de Hércules en tres obras de gran difusión e influencia, estrechamente relacionadas entre sí. La primera de ellas es la ambiciosa historia universal patrocinada y dirigida por Alfonso X, la General estoria (c. 1270-1284), que dedica una de sus estorias unadas a la vida y hazañas del hijo de Júpiter. Se trata de la primera vez que se narra la historia completa del héroe en un romance peninsular. Como ya adelantamos, la imagen que construye la “Estoria de Ércules” de su protagonista tiene la particularidad de desarrollar no solo sus capacidades físicas, sino también intelectuales, creando un personaje que es un parangón a la vez de fortitudo y sapientia, entendida esta última sobre todo en el ámbito del estudio y la curiosidad intelectual. Esta visión del héroe se retoma en el Trescientos: las Sumas de historia troyana, una hábil reescritura de la segunda mitad del siglo que, pese al título con el que se la conoce, ofrece en realidad una extensa compilación de materia de Grecia, en la que se da cabida a una completa narración sobre Hércules –destructor de Troya antes de su reconstrucción por Príamo–, basada en la Estoria de España y la General estoria. A juzgar por las numerosas obras cuatrocentistas en las que se puede hallar su eco, las Sumas gozaron de una considerable circulación a lo largo del siglo XV2. La compilación troyana llegó a leerse fuera de la Península Ibérica: tenemos constancia de que al menos una copia de esta compilación pudo consultarse en la corte ducal de Borgoña. Fue allí donde, hacia 1464, Raoul Lefèvre la usó como modelo estructural y fuente para su Recoeil des histoires de Troyes. Como en el caso de su predecesora, el Recoeil no es, realmente, una historia troyana. Su principal característica, y su singular atractivo con respecto a otras obras que circulaban en el mismo momento, fue el centrarse fundamentalmente en la historia de Hércules. El héroe del Recoeil está, pues, plenamente insertado en la tradición castellana sobre el Alcida, con la que dialoga mucho más de cerca que otras producciones ibéricas del Cuatrocientos3.
- 4 Para esta cuestión, véase Franck COLLARD, Le crime de poison au Moyen Âge, París: Presses Universit (...)
- 5 Para esta cuestión, véase COLLARD, op. cit., p. 117-124 (si bien Collard no incluye a las mujeres e (...)
- 6 El problema de la feminización de Hércules es de gran importancia para el tratamiento del personaje (...)
4Todas estas reescrituras de la historia de la camisa envenenada enviada por Deyanira se hacen eco de una red de asociaciones de la cultura medieval en torno al uso de los tóxicos, en general de origen antiguo. De ellas, nos interesan particularmente las relaciones que, en los relatos de la General estoria y las obras de ella derivadas, se desarrollan entre el veneno y las mujeres. La asociación de la ponzoña con el género femenino es común en discursos medievales relativos al veneno, como también lo había sido durante la Antigüedad. Las razones del surgimiento y persistencia de tal estereotipo misógino son evidentemente variadas: así, sus funciones en la esfera doméstica, en la que a menudo las mujeres manejaban comida o medicinas, hacían más plausible esta sospecha generalizada, que, sin embargo, no se verifica en la documentación medieval, como recuerda Franck Collard4. Sin duda, esta asociación debe entenderse también dentro de un rechazo más general de la alteridad: por un lado, la debilidad “natural” de las mujeres las distingue de la norma masculina y su supuesta fuerza, una distinción que reservaría a los hombres el ejercicio de una violencia explícita y limitaría a las mujeres a una violencia indirecta y secreta, propia del veneno; por otro, en cuanto grupo oprimido dentro de la sociedad medieval, las mujeres forman parte de las categorías intrínsecamente sospechosas, susceptibles de recurrir al veneno visto como el “crimen del otro”5. En el tratamiento medieval del mito, tal conexión entre lo tóxico y lo femenino tiene como resultado, como veremos, un cuestionamiento de la masculinidad heroica del Alcida, que choca con su caracterización como hombre ejemplar en todas las obras que aquí nos interesarán6. Al intentar resolver esta contradicción, las diferentes versiones se enfrentan a un problema que es a la vez narrativo y ético: el de la construcción de la compleja cadena de acontecimientos que lleva a la muerte del hijo de Júpiter y que debería permitir establecer la culpabilidad o, por lo menos, las responsabilidades en el magnicidio. La modulación de la responsabilidad de los diferentes personajes está directamente relacionada con la relación entre veneno y género que se construye en cada una de estas obras, pues todas se enfrentan con el problema de una muerte por veneno que amenaza la masculinidad heroica de Hércules y se esfuerzan por solucionarlo de distintas maneras.
5La “Estoria de Ércules” ocupa cuarenta y tres capítulos de la Segunda Parte de la General estoria (los caps. 393-435 de la sección “Jueces”), lo que señala su importancia a ojos de los alfonsíes, a la vez por dedicarle un relato continuo (o estoria unada) y por la extensión del mismo. Los compiladores trabajaron a partir de un amplio elenco de fuentes para producir una historia lo más exhaustiva posible sobre la peripecia vital del hijo de Júpiter. Dentro de esta estoria, la narración de la muerte del héroe corresponde a los capítulos 432-433: “De cómo murió Ércules” y “De cómo fizo Ércules pues que vio que se querié morir”; el capítulo 434, penúltimo de la estoria, se ocupa de las consecuencias directas de la desaparición de Hércules, en especial del suicidio de Deyanira. Con todo, los hilos narrativos que se anudan para provocar el triste suceso se originan muy atrás en la estoria. Por lo tanto, consideraremos aquí, además de los capítulos ya mencionados, las secciones anteriores relacionadas con la muerte del héroe: el combate con la hidra de Lerna (cap. 401), la lucha entre lápitas y centauros (caps. 408-409), la muerte de Neso (cap. 416), el matrimonio de Hércules con Íole y la reacción de Deyanira, hasta llegar al envío y recepción de la fatal camisa (caps. 429-431). A través de esta serie de episodios se construyen las condiciones prácticas del crimen, en particular las cuestiones del origen del tósigo y de la responsabilidad respectiva de los personajes.
- 7 Para las fuentes de la “Estoria de Ércules” en general y de los capítulos que nos interesan en part (...)
6El conjunto de capítulos que nos interesa presenta la particularidad de basarse en gran medida en obras ovidianas –lo cual no es el caso de la mayor parte de la “Estoria de Ércules”–, complementadas con escritos mitográficos a menudo difíciles de identificar7. La manera en la que se narra la muerte del héroe es, en gran medida, el resultado de la difícil tarea de conjugar y jerarquizar fuentes de diversa procedencia, tono, intereses y contenidos, a menudo contradictorios entre sí. Como parte del proceso de compilación, aparecen ajustes y añadidos en la narrativa, con dos finalidades de gran importancia: por una parte, ofrecer una narrativa coherente y con una causalidad clara (lo que no siempre se consigue); por otra, realizar una operación de mediación entre el pasado antiguo y el presente medieval, explicando aquellos elementos de la historia en los que la diferencia de época, cultura y religión se hace más evidente. Por otro lado, también afecta a la narración del fin del Alcida la preocupación por mantener la dignidad de este personaje, que no solo pertenece al mismo linaje que el patrocinador de la obra, sino que, como hemos señalado, funciona en la historiografía alfonsí como precursor de los reyes castellanos. Es sin duda esta preocupación la que produce en los compiladores una evidente incomodidad ante la inevitable asociación entre Hércules y el veneno, que perciben como una amenaza a la masculinidad heroica del protagonista de la estoria, como pasaremos a explicar a continuación.
- 8 GE II.2, Jueces, cap. 401, p. 55. Citamos la obra por la siguiente edición: ALFONSO X, General Esto (...)
- 9 Ibid.
7El episodio que pone en marcha la cadena de acontecimientos que desembocará en la muerte de Hércules es el combate del héroe con la hidra de Lerna. Si bien su condición de serpiente sugiere la presencia de un tóxico, la narración del enfrentamiento propiamente dicho no alude a ningún componente venenoso del animal, contrariamente a lo que observamos en las descripciones de otras serpientes en la General estoria. En este combate, se pone de manifiesto no solo la fuerza sino también el ingenio táctico del héroe, que, al comprobar que las cabezas de la bestia se multiplican al cortarlas, es capaz de pensar en una manera alternativa de acabar con ella. Los compiladores nos ofrecen dos versiones alternativas, empezando por el estrangulamiento: “e dexó las armas e fue a ella e echóle las manos en todas las gargantas e apretóla tanto que la afogó”8. La otra, a partir de una segunda fuente introducida mediante giros de distanciamiento, lleva directamente a la cuestión del veneno: “E otros cuentan que trayé sus saetas e que la firió con ellas e con éstas la mató. E dizen que desque la ovo muerta que las empoçoñó todas en ella”9. Parece significativo el hecho de que, entre las dos versiones a las que tienen acceso los creadores de la “Estoria de Ércules”, decidan darle prioridad a la del ahogamiento, que se integra en la narrativa inicial, mientras que la del veneno se presenta sin una autorización clara (“otros cuentan”, “dizen”). Esto ocurre a pesar de que la aparición de las flechas y el tósigo es del todo imprescindible para la coherencia narrativa de la estoria.
8Esta mención del veneno y las flechas lleva a los alfonsíes a recordar inmediatamente un suceso posterior, que confirma la segunda versión del relato, pese a su reticencia inicial:
e eran muy grandes las saetas de Ércules, onde fallamos que las dexó en su muerte a Filotetes su escudero que se acaeció con él allí entonces, e que las tenié un día Filotetes en su mano e cayóle una d’ellas e firióle en el pie e duróle la llaga luengo tiempo, e dizen algunos que diez años, por el empoçoñamiento que avié en la saeta10.
- 11 GE II.2, Jueces, cap. 408, p. 70.
- 12 Ibid.
9A esta anécdota se volverá poco después, al final de la narración de la lucha entre los lápitas y los centauros, pero esta vez proporcionando otra explicación a la gravedad de la herida: “fallamos que las tenié un día Filotetes su escudero de Ércules e que le cayó una de la mano e vino de la punta e diole en el pie, e tamaño avié el peso que gelo pasó todo de la otra parte e entró d’ella por tierra”11. Dada la similitud del principio de los dos relatos, este cambio no se explica tanto por el uso de otra fuente, sino por el nuevo contexto de inserción de la anécdota. Se trata ahora de ensalzar la fuerza de Hércules, insistiendo de nuevo en el tamaño inusual de sus armas: “maravilla era de la su valentía que avié sobre los otros omnes e de la grandez de las sus armas e del peso de la su porra, e las sus saetas eran como cuadriellos muy grandes”12. De esta manera, los alfonsíes parecen querer dejar de lado –sin éxito, dada la inevitable presencia de este elemento en la narrativa hercúlea– la asociación de las flechas, y por lo tanto del personaje, con el veneno, arma insidiosa de los débiles, los cobardes, las mujeres. Al contrario, el objetivo que persiguen es, ante todo, la construcción heroica de la figura de Hércules y ésta lleva a excluir las flechas emponzoñadas del relato de todas las hazañas siguientes.
- 13 SALVO GARCÍA, Ovidio en la General estoria, p. 503.
10Así, su combate contra los centauros ofrece una excelente oportunidad para mostrar cómo, únicamente gracias a su fuerza, el Alcida es capaz de vencer a sus enemigos, además de constituir un episodio crucial para establecer la cadena de causalidad que lleva al crimen. Los compiladores explotan el relato que de este enfrentamiento se ofrece en las Metamorfosis (XII, v. 210-230 y 490-531)13, a pesar de que el narrador ovidiano de este episodio, Néstor, omite interesadamente la intervención de Hércules en el combate, como le reprocha Tlepólemo, hijo del héroe, inmediatamente a continuación en el poema (v. 535-540). Los alfonsíes remedian esta omisión declarada y, así, el hijo de Júpiter aparece, hacia el final del enfrentamiento, como un salvador de los lápitas en un momento en que los centauros, ya más sobrios, se vuelven adversarios más peligrosos,
- 14 GE II.2, Jueces, cap. 408, p. 69.
tanto que [los lafitas] estavan por se vencer. E en esto salió Ércules a ellos con el su arco e con la su porra, e los golpes e la mortandad que en ellos fizo serié muncho de contar, e nunca quedó de ferir en ellos fasta que mató los más e segudó los otros, e los otros le tollió la noche14.
- 15 Aníbal BIGLIERI, “Centauros hispanomedievales”, Romance Philology, 65 (1), 2011, p. 9-42, p. 29.
11El pasaje subraya la fuerza física del héroe y excluye toda mención del veneno de sus flechas, un auxilio innecesario, que podría rebajar la imagen poderosa así construida: como acabamos de ver, es en este contexto cuando se modifica la explicación de la herida de Filoctetes. Además, como analizó Biglieri, puesto que los centauros pretenden apoderarse de las mujeres de los lápitas en el contexto de una boda, faltando así a las leyes de la hospitalidad e interrumpiendo el “intercambio ordenado de mujeres”, su victoria hace del héroe el defensor final de la civilización patriarcal frente a la barbarie animal de sus oponentes15. Esta oposición culmina en el capítulo siguiente, donde se ofrece la explicación evemerista de Eusebio-Jerónimo, convirtiendo a los centauros en cien caballeros rebeldes que
- 16 GE II.2, Jueces, cap. 409, p. 72. Sobre las posibles fuentes de este capítulo, véase Minerva ALGANZ (...)
andavan […] por toda Grecia e trastornavan grand tierra en poca sazón destruyendo e faziendo por ella lo que querién [...]. E Ércules, que era como rey e defendedor de toda Grecia así como dizen todos los escriptos de los sabios de los griegos que fablaron d’él, […] fue a ellos e cercólos en un logar e prísolos e matólos que non escapó d’ellos ninguno, e de guisa fincaron quebrantados los otros de aquel linage que nunca se osaron levantar contra Grecia nin alçaron cabeça en todos los días de Ércules16.
12De esta manera, el héroe toma la forma de un (cuasi) rey que defiende el orden político griego, no solo en cuanto al “intercambio ordenado de mujeres” ya mencionado, sino también frente a las fechorías de unos caballeros rebeldes, lo que confirma la importancia del personaje como modelo político dentro de la concepción alfonsí del mundo pagano.
13Así las cosas, el enfrentamiento de Hércules con los centauros presenta al héroe como un dechado de fuerza civilizatoria y lo asimila a un monarca. Pero es que, además, los compiladores de la “Estoria de Ércules” otorgan a este episodio un papel de inusual importancia en su articulación narrativa, puesto que para los alfonsíes será la masacre del linaje de los centauros a manos de Hércules la que llevará a Neso a raptar a Deyanira. Este episodio, que se narra en el capítulo 416, es el momento crucial en el que se decide el destino de los tres participantes. A la vez, la manera en la que se narra en cada una de las obras de nuestro corpus es fundamental para determinar los grados de responsabilidad o culpabilidad que se atribuyen a cada personaje. En la “Estoria de Ércules” alfonsí, éste no solo es el momento en que el veneno empapa la camisa que matará al Alcida, sino también el lugar de la narración en el que emerge en la narrativa una fuente que, como el tóxico, acabará por poner en peligro su masculinidad heroica: la epístola de Deyanira a Hércules que conforma la Heroida IX.
- 17 GE II.2, Jueces, cap. 416, p. 85.
- 18 Neso intenta resarcirse por la afrenta sufrida de manera individual y sin que medie un desafío form (...)
- 19 GE II.2, Jueces, cap. 416, p. 85
- 20 Ibid.
- 21 GE II.2, Jueces, cap. 434, p. 118.
14Pero antes de tratar esta cuestión, es necesario volver a la motivación de Neso. Las versiones a las que tenían acceso los compiladores, incluido Ovidio, atribuyen las acciones del centauro al mismo impulso hipermasculino, de lujuria incontrolada, que explica el comportamiento desordenado de sus familiares en el capítulo de la boda de los lápitas. Sin embargo, en la General estoria, Neso “quería mal a Ércules por lo que fiziera a sus parientes, e teniégelo guardado si ora viese en que le pudiese fazer lo que le pesase en ello”; pretende, pues, violar a Deyanira porque “serié esto para Ércules grand desonra la cual nunca le pudieran fazer todos los centauros sus parientes, e serié una vengança del mal e del quebranto que avién tomado d’él todo su linaje”17. La insistencia propiamente alfonsí en las nociones de linaje y parentesco sirve aquí para justificar narrativamente el rapto de la esposa de Hércules: la defensa del linaje es un deber nobiliario –el centauro, como vimos, es concebido, como un “caballero”–, pero Neso emprende una vía ilícita para hacerlo18. Nos encontramos aquí, por lo que se nos alcanza, ante una innovación en la cadena de acontecimientos que conduce a la muerte del héroe, que tal vez se explique por el deseo de fortalecer la lógica causal y la coherencia narrativa del relato, pero que quizás deja ver ya una leve grieta en la construcción heroica del protagonista. Así, los compiladores señalan la ingenuidad de Hércules, que “non se guardava de Neso nin asmava que ninguna tal cosa osase cometer contra él”19. Si bien los compiladores se preocupan por justificar la actitud despreocupada del héroe, “siquier por que [Neso] devié seer escarmentado por lo que oístes dezir que Ércules fiziera a los otros de su linage”20, no es difícil percibir aquí un eco aminorado de la lección que enunciará Deyanira al morir: “Así muera quien a su enemigo de ligero cree”21.
- 22 “sanguis per utrumque foramen / emicuit mixtus Lernaei tabe veneni” (Ovidius, Metamorphoses, IX, v. (...)
15En la narración que sigue, basada principalmente en Metamorfosis (IX, v. 101-133), comprobamos una vez más la resistencia activa de los alfonsíes a asociar al protagonista con el veneno que portan sus flechas, descartando la mención de Ovidio a este respecto22. Como ocurría en la segunda narración sobre la herida de Filoctetes, no hay ninguna mención de la ponzoña de las saetas, sino que su letalidad se explica de nuevo por su tamaño excepcional:
- 23 GE II.2, Jueces, cap. 416, p. 86.
metió mano al arco e tiróle una saeta e dióle por el costado cerca de la espalda e echógela por los pechos, e pero que Neso era muy grande tamaña era el asta de la saeta de Ércules que de amas partes pareció muncho d’ella, e tomóla Neso e sacósela e començó a salir muncha sangre de amas partes, […] e desque fue ferido quísose ir, mas non pudo, tan grande era el golpe, e desque se iva desangrando enflaqueció e cayó23.
- 24 Una hipótesis sería que los compiladores, por su cuenta o siguiendo a algún glosador, se basan en a (...)
16No obstante, dado que la presencia del veneno resulta imprescindible para la continuación del relato, se añade esta información, nunca proporcionada en la presentación anterior de los centauros: “e dizen que la sangre d’estos centauros que era empoçoñada como si fuese venino de serpiente”. No sabemos a qué fuente remite este “dizen”, ni siquiera si existe realmente o es simplemente una manera de escamotear, una vez más, el uso del veneno por parte del héroe, de manera que la responsabilidad indirecta del héroe en el proceso de envenenamiento que conducirá a su propia muerte queda totalmente –aunque solo temporalmente– silenciada24.
- 25 GE II.2, Jueces, cap. 416, p. 86; Metamorfosis, IX, v. 131.
- 26 GE II.2, Jueces, cap. 416, p. 86-87.
17En cambio, esta alusión a la supuesta sangre emponzoñada de los centauros hace recaer toda la responsabilidad de la muerte de Hércules sobre Neso, que, en una traducción directa de Metamorfosis IX, v. 131, dice: “Morré yo, mas non sin venganza”25. El respeto del orden cronológico y la vocación de exhaustividad exige ahora a los compiladores explicar el engaño del centauro a Deyanira con mucho más lujo de detalles que los dos versos de las Metamorfosis (IX, v. 132-133). Para ello, reconstruyen las palabras de Neso y las acciones de Deyanira a través de los datos que ofrece la Heroida IX, que aparecerá completa más adelante. El centauro anticipa la futura infidelidad del héroe, culturalmente determinada (“entre nós los gentiles que non somos estreñidos en los casamientos por alguna ley”) y ofrece su sangre a la mujer de Hércules como un filtro de amor (“En esta mi sangre yaze muy grand fuerça de amor”) que le permitirá recuperarlo. En cuanto a Deyanira, si bien acepta empapar una camisa en la sangre del centauro, se pone el acento en su inocencia (“Dainira non entendié el mal por que [Neso] lo fazié”) y en el amor que siente por el hijo de Júpiter (“tanto se tenié por bien casada e era enamorada d’él e asmava que nunca otro tal podría aver”)26.
- 27 La cercanía conceptual entre veneno y filtro de amor se ve reflejada en la prohibición formulada co (...)
- 28 GE II.2, Jueces, cap. 416, p. 87.
- 29 De hecho, cabe señalar que, más adelante, cuando Deyanira se entera de la infidelidad de su esposo, (...)
18Conviene resaltar que filtro de amor y veneno se asemejan tanto en la noción de “grand fuerça” como en su modo de administración y en su asociación tradicional con las mujeres27. La licitud más que dudosa del uso de un filtro de amor podría explicar el secreto con el que la esposa de Hércules trata la camisa: “embolvióla en aquella sangre e guardóla privado que la non viese Ércules cuando llegase, e tóvola toda vía muy guardada temiendo siempre perder a Ércules como dixera Neso e esperando cobrarlo por allí”28. De este modo, la caracterización alfonsí del personaje de Deyanira se hace más compleja. Sin embargo, a pesar de que emprende una serie de acciones que desembocarán en la muerte del héroe, los alfonsíes ponen el acento sobre la inocencia de su intención y el amor que siente por Hércules, haciendo de ella una esposa de sentimientos ejemplares, muy alejada de una peligrosa venefica29 –algo que era de esperar, puesto que los compiladores construyen esta escena a partir de la Heroida IX, que transmite el punto de vista de Deyanira–. Y es precisamente la decisión de los alfonsíes de incluir esta epístola en su integridad la que pondrá en peligro la construcción de la masculinidad heroica de Hércules, de la misma manera en que lo hará su ya inevitable contacto con el veneno.
- 30 Ibid, Jueces, cap. 428, p. 104-105.
19La narración de la muerte de Hércules propiamente dicha entraña un proceso de cuestionamiento y reconstrucción de la masculinidad del héroe que está directamente relacionado con el papel y la trayectoria del veneno. Como acabamos de ver, la asociación del tósigo a la figura del Alcida perturba a los compiladores, que ensayan diversas maneras de ocultarla. En cuanto a Deyanira, se deja claro su ignorancia de la presencia del veneno en la sangre de Neso. Además, los alfonsíes subrayan que la hija de Eneo es la esposa legítima del héroe (“su muger linda de Ércules”); por ello, al regresar Hércules a Grecia tras realizar múltiples hazañas en África e Hispania, comentan sobre su reunión con su madre, esposa e hijos: “e era ésta compaña con que avié Ércules el debdo que oídes e con que era guisado e razón de fincar con ellos”30. Parece adelantarse así, con apoyo en el concepto de “debdo” –esencial en la concepción del rey Sabio de las solidaridades familiares, sociales y políticas– una crítica subrepticia a la nueva relación amorosa entre el héroe e Íole, que se narrará a continuación.
- 31 “E los gentiles maguer que se casavan en aquel tiempo non avién ley de estar el varón con la muger (...)
- 32 Así lo señala Adrian Faure: “le raisonnement de Déjanire joue exactement le même rôle que la tuniqu (...)
20Aunque esta primera crítica al héroe trata de suavizarse recordando las diferencias en la concepción del matrimonio entre el mundo pagano antiguo y la cultura cristiana medieval31, ya señaladas en boca de Neso, la inserción de la Heroida IX transmite la perspectiva de la mujer abandonada y da al traste con el intento de justificar las acciones de Hércules. En efecto, la epístola de Deyanira, justamente ofendida por la infidelidad de su esposo, opone el pasado glorioso al presente humillante del héroe, convertido en un marido deficiente y, además, en un amante sometido y afeminado, una inversión de género presentada explícitamente como deshonrosa. De esta manera, el retrato que Deyanira hace de su esposo anticipa la degradación física que provocará el tósigo, un paralelismo que ya estaba implícito en la obra de Ovidio32. La particularidad de la “Estoria de Ércules” es que, al entrelazar las palabras de la esposa del Alcida (la Heroida IX) y el relato del envenenamiento de este último (a partir principalmente de Metamorfosis IX, v. 134-238), esta conexión se ve acentuada porque –a diferencia de las Heroidas– epístola y camisa envenenada llegan juntas a las manos del héroe. La carta funciona, así, como una suerte de veneno textual que, a diferencia de su equivalente intradiegético, no solo no se oculta, sino que ocupa un lugar destacado en la narración sobre el hijo de Júpiter, obligando, como veremos, a reinterpretar ciertos aspectos de su muerte para permitir una reconstrucción de la masculinidad heroica que lo define.
- 33 GE II.2, Jueces, cap. 434, p. 118. Como ocurre a menudo con los comentarios metanarrativos de la Ge (...)
- 34 Es decir el perfecto encadenamiento entre noticia de la nueva relación amorosa de Hércules, desespe (...)
21La conjugación de las Heroidas y las Metamorfosis en la narración de la muerte de Hércules no solo genera una tensión entre la visión del Alcida como modelo y anti-modelo de masculinidad, sino que también causa problemas de coherencia y encaje narrativo, derivados sobre todo del intento de los alfonsíes de aquilatar el momento de escritura y recepción de la carta de Deyanira, haciendo que el héroe lea una carta que contiene la noticia de su propia muerte. La dificultad para insertar la epístola ovidiana viene de su estructura en dos partes: en la primera y más larga (v. 1-142), la hija de Eneo lanza una invectiva contra el comportamiento indigno de su esposo, que, no por casualidad, se cierra con el recuerdo de la muerte de Neso; la segunda es una breve coda (v. 143-168) en la que, tras haber oído nuevas de la muerte de Hércules a causa de la túnica envenenada, la epístola se torna en una suerte de testamento, al declarar Deyanira su desconocimiento del engaño del centauro y su intención de suicidarse. Se deduce de este contenido que, si la carta hubiera existido, no habría llegado a su destinatario. Los compiladores piensan, en cambio, que la primera parte se llegó a enviar, pero no la segunda, como explican al final de la estoria: “non lo embió ella todo a Ércules en su carta, ca es del llanto e del duelo que fizo después por Ércules e cómo se mató; mas Ovidio maguer que lo falló arredrado lo uno de lo otro ayuntólo todo porque vio que convinié, e púsolo todo en uno en aquella epístola uno empós otro”33. Este comentario revela cierta conciencia de las contradicciones en la lógica del relato que crea el hacerle llegar la carta al héroe, pero éstas no debieron de considerarse lo suficientemente importantes como para subsanarlas. Más importante era, a los ojos de los alfonsíes, respetar la cronología epistolar34 y ofrecer una traducción fiel y completa de la Heroida IX, precedida por un accesus.
- 35 GE II.2, Jueces, cap. 429, p. 106. Sobre el modo en que los alfonsíes utilizaron (o no) los accessu (...)
- 36 GE II.2, Jueces, cap. 429, p. 107.
22Este accesus a la epístola (o, mejor dicho, a su primera parte), que da principio a la recta final de la “Estoria de Ércules”, resume y explica la intención de su escritora de “que [Hércules] se partiese de aquel casamiento [con Íole]”35. Ya desde este primer momento se introduce el motivo de la inversión de roles de género entre Hércules y su nueva mujer, presentando a esta última como vencedora del héroe. Es solo tras escribir la carta cuando Deyanira “tornó la voluntad de pensar en fechizos e en encantamientos”, recordando el filtro de amor que, según el engaño de Neso, contenía la camisa con su sangre. Al mencionarla, se insiste de nuevo en la inocencia de la escritora, cuya única falta sería la desmesura del amor que siente por su esposo, “por que se perdié ella”36. Es en este momento cuando los compiladores sitúan el envío conjunto a Hércules, a través del escudero Licas, de la carta y la camisa envenenada.
- 37 Sobre el tratamiento de las Heroidas en la General estoria, véase SALVO GARCÍA, Ovidio en la Genera (...)
- 38 GE II.2, Jueces, cap. 430, p 112 y 113. Cf. Heroida IX, v. 137 (“sine crimine”) y 159 (“per iura sa (...)
23La epístola, en su traducción al castellano, se introduce en el momento de la lectura que de ella hace el propio Hércules, a pesar del hecho de que contiene la noticia de su propia muerte y de las intenciones suicidas de Deyanira como consecuencia de ésta. El particular interés por reproducir de manera integral las cartas del “Libro de las dueñas” que define el tratamiento de las Heroidas en la General estoria tiene más peso aquí que la coherencia narrativa37. A la vez, la introducción del accesus hace que el efecto de la Heroida IX sobre la imagen del héroe sea aún más demoledor, puesto que las acusaciones de Deyanira se presentan, primero, de manera resumida en discurso indirecto y, después, de forma extensa en discurso directo. La crítica del comportamiento de Hércules que expresa su esposa se centra en dos aspectos fundamentales. El primero es el de la deficiencia del hijo de Júpiter en el seno del matrimonio, debido a su ausencia permanente y sus continuas infidelidades, que contrastan con la castidad y devoción de la esposa. Ésta se presenta como su única pareja legítima, usando un lenguaje que amplifica las connotaciones religiosas que ya se hallaban en la obra de Ovidio: así, como única mujer a la que ha amado “sin pecado”, puede rogar a su marido “por los santos derechos del nuestro casamiento”38.
- 39 GE II.2, Jueces, cap. 430, p. 107.
- 40 Ibid., p. 112.
- 41 Esta fusión es habitual en versiones medievales de la historia de Hércules basadas en Ovidio, dada (...)
24El segundo reproche, aún más relevante para las cuestiones que nos ocupan, es la descripción de la relación de Íole y Hércules como una inversión de roles que va contra el orden social y de la que el héroe sale ridiculizado. Así, a ojos de Deyanira, el Alcida, “vencido de la vencida”39, se ha sometido a Íole, que debía ser su cautiva, así como al poder de Venus. El resultado de esta derrota es que el hijo de Júpiter se convierte en un preso humillado y afeminado, que viste los adornos de su amante y, como un servidor obediente que solo puede recordar su grandeza pasada, realiza tareas típicamente femeninas como el hilado; en cambio, Íole, blandiendo las armas del antiguo héroe, “es varón, lo que non ovieras tú a ser por derecho”40. Si bien esta inversión de roles de género mediante el intercambio de vestimentas y armas se refiere en la Heroida IX a un episodio anterior en la vida de Hércules, en el que la amante no es Íole sino Ónfale, reina de Lidia, la traducción de la “Estoria de Ércules” fusiona a los dos personajes y sitúa este comportamiento en el marco de la relación con la cautiva, amplificando así la transgresión presente del héroe41.
- 42 GE II.2, Jueces, cap. 430, p. 113.
25La epístola concluye, de manera cronológicamente incongruente, con la justificación de Deyanira, que vuelve a explicar en detalle el engaño de Neso para dejar claro que no era su intención matar a Hércules. Es aquí donde finalmente reaparece la asociación, antes evitada, entre el héroe y el veneno que le ha dado muerte, cuando la hija de Eneo recuerda que, como respuesta al intento de rapto de Neso, “le feristes vós con la vuestra saeta que emponçoñárades vós en el venino de la serpiente de Lerne”42, una conexión que se repite casi inmediatamente:
E yo cuando lo oí temiendo lo que veía y que te me toldrié otra seyendo tú la cosa d’este mundo que yo más amo tomé una tu camisa que traía e metila en aquella sangre del sagitario emponçoñada de la serpiente de Lerne que tú mataste, e metiste en ella tus saetas, e non metiendo yo mientes a esto nin me guardando d’ello cuando vi que te casavas con otra […] embiete aquella camisa43.
- 44 Heroida IX, v. 163. Ovidio también recuerda el origen del veneno en el momento inmediatamente poste (...)
26Resulta particularmente significativo el entrelazamiento en este pasaje de la defensa final, por parte de Deyanira, de su inocencia de cualquier intentio criminis, con la insistencia en el origen del veneno, que, como vimos, se había silenciado en otras ocasiones, más aún teniendo en cuenta que la epístola que traducen los alfonsíes solo se refiere al “Nesseo […] ueneno”44. Si bien es posible que la amplificatio que evoca en este punto el camino seguido por la ponzoña hasta llegar a la camisa fuera sugerida por un escolio explicativo, no es menos cierto que, al decidir su inclusión, los compiladores diluyen la responsabilidad individual de Deyanira en el crimen, pues reúnen en pocas líneas toda la serie de participantes en el proceso de envenenamiento: la hidra, Neso, Deyanira, e incluso el propio Hércules, que hace las veces de agente de contaminación del veneno por medio de sus flechas.
- 45 El paralelo entre la virilización de Íole y la de Deyanira pasa precisamente por el intercambio ves (...)
27En definitiva, insertada justo antes de narrar los últimos momentos de Hércules, la traducción de la Heroida IX refuerza la argumentación exculpatoria que lleva a cabo Deyanira: la fusión de Íole con Ónfale insiste en la idea de la inversión de roles de género al situar en el presente el episodio del intercambio de vestimenta con la amante, presentado como un afeminamiento culpable45, mientras que la evocación del papel de Hércules en la llegada del veneno a la camisa sugiere cierto grado de responsabilidad involuntaria del héroe en su propia muerte, no tan distante del de la propia escritora, además de recordar la asociación del Alcida con un arma deshonrosa y –de nuevo– feminizante, como se verá a continuación. Ya sea por un deseo específico de defender la actuación del personaje de Deyanira, a la que consideran la única esposa legítima del héroe (a pesar de su clara conciencia de la diferencia cultural entre el pasado de la Antigüedad pagana y el presente medieval cristiano), por un afán de respetar en todo momento el punto de vista presentado en la Heroida IX, o por una combinación de ambos motivos, la inclusión íntegra de esta epístola, acompañada de su accesus y de las puntuales amplificaciones ya comentadas, tiene como resultado una deconstrucción de la masculinidad heroica de Hércules, en la cual se van engarzando su colección de aventuras extramatrimoniales, su deshonroso travestismo y sometimiento a una mujer y, finalmente, su corresponsabilidad en su propio envenenamiento, a causa de su asociación inicial con la ponzoña. Se trata del momento de representación más negativa de Hércules a lo largo de toda su estoria.
- 46 GE II.2, Jueces, cap. 431, p. 114. El capítulo 431 traduce Metamorfosis IX, v. 157-171.
- 47 GE II.2, Jueces, cap. 432, p. 115.
- 48 El personaje repetirá este mismo juicio dos veces, más lejos en este primer parlamento: “pestilenci (...)
28A continuación, el relato de su muerte tendrá que cumplir con dos objetivos antinómicos: por un lado, retratar al personaje en su momento de mayor debilidad, previo a su muerte; por otro, restaurar su estatuto de héroe. Los compiladores retoman ahora las Metamorfosis, explicando, con una breve justificación probablemente original, cómo Hércules se pone la camisa enviada a través de Licas “ca la amava [a Deyanira] muncho maguer que avía a doña Yolante”46. Luego, en un relato de gran efectismo, muestran cómo el héroe, al calentarse el veneno, sufre sus dolorosos ataques e intenta sin éxito quitarse la camisa, arrancándose su propia carne con ella. Nos encontramos aquí en el nadir de la trayectoria de Hércules, a la vez simbólicamente desprestigiado y afeminado por la epístola de Deyanira y físicamente vencido y destrozado por la ponzoña. Este paralelo entre carta y veneno se confirma con la reacción del personaje, que interrumpe la versión en curso de las Metamorfosis: “Hércules desque entendió cómo era cosa de que avié de morir e que non podrié ende estorcer asmó qué muerte se darié como para varón que fuese mejor e más onrada que non serié muerte de poçoña”47. Los compiladores explicitan aquí una concepción de la muerte por veneno (“cosa tan vil e tan sin armas”) como una muerte deshonrosa y feminizante: el desprecio hacia el veneno contamina a su víctima48. Tal concepción está en línea con la voluntad ya comentada de esquivar la asociación del héroe con la ponzoña de sus flechas; además, sirve para explicar su decisión de darse muerte en una pira, que se evoca ya aquí, a pesar de que las Metamorfosis no la introducen hasta bastante más tarde. Si en el poema ovidiano, como en la tradición clásica en general, es el dolor insoportable el que conduce al héroe a darse muerte, en esta versión la razón es el rechazo de la muerte por veneno: al reclamar el control sobre su muerte de manera que ésta sea “como para varón”, el propio Hércules pone en marcha la reconstrucción de su masculinidad heroica, la cual se confirma en la parte final del relato.
- 49 GE II.2, Jueces, cap. 432, p. 115. Se suprime, por razones evidentes, la exclamación final de Hércu (...)
- 50 GE II.2, Jueces, cap. 430, p. 112. Entre las proezas recordadas, aparece su victoria sobre la hidra (...)
- 51 Señalemos que Hércules nunca lanza esta acusación en contra de Deyanira.
- 52 GE II.2, Jueces, cap. 432, p. 116.
29La narración de la muerte del héroe continúa retomando las Metamorfosis (IX, v. 175-203) para reproducir la súplica, llena de patetismo, de Hércules a su madrastra Juno. Sin embargo, después de la invocación inicial, los alfonsíes modifican el destinatario y amplían la función de este discurso en el que el Alcida recuerda sus hazañas pasadas, “lo uno por que aprendiesen por ý enxiemplo de fortaleza e de bien los que lo oyesen, lo ál como en llanto e en duelo”49. La presentación explícita de estos “grandes fechos” en un contexto no solo patético sino ejemplarizante (y su separación de la figura femenina de Juno a la que, en principio, iban dirigidos) funciona, así, como una suerte de antídoto a su aparición en la Heroida IX, en la que Deyanira llegaba a preguntarle: “¿seyendo tú así afeitado en tales vestidos e en tal lugar puedes contar tales fechos que te non toma dende vergüença e callas?”50. Más complicado, pero no imposible, resulta para los compiladores reinterpretar lo que las Metamorfosis (IX, v. 204-229) narran a continuación: la animalización taurina y la pérdida total de control del héroe, que, mientras corre desbocado por el monte a causa del dolor, encuentra a Licas, a quien mata injustamente por haberle llevado la camisa envenenada. En cambio, en la General estoria, mientras la vergonzosa asimilación con el indomable toro sustituye a la igualmente vergonzosa feminización anterior del personaje, el mensajero muere de miedo al ver a un Hércules furioso acusarle de causar su muerte51; cuando éste lo lanza hacia el mar, Licas ya está “tal muerto cual lo falló”52, en lo que parece un intento de aminorar la injusta y descontrolada violencia del héroe.
- 53 La entrega de las flechas a Filoctetes, que Ovidio narra en estilo directo (Metamorfosis IX, v. 232 (...)
- 54 GE II.2, Jueces, cap. 433, p. 117.
30Una vez dejados atrás estos episodios problemáticos, los compiladores pueden crear un final totalmente ejemplar para el hijo de Júpiter, que suponga una reconstrucción definitiva de su masculinidad heroica. Recuperando una plena agentividad, Hércules hace entrega solemne de sus flechas a Filoctetes53, erige y enciende la hoguera donde morirá, tal y como narran también las Metamorfosis (IX, v. 229-238), serenamente y rodeado de los otros dos símbolos de sus proezas, su porra y la piel de león. Pero antes, en un añadido sin paralelo en Ovidio que confirma la importancia del asunto para los alfonsíes, el héroe vuelve a insistir en que su muerte en las llamas es una manera de impedir el triunfo del veneno: siendo inaceptable que “lieve el prez de la mi muerte cosa tan vil e tan sin armas” como es “un poco de venino”, afirma que quiere “toller este nombre a la ponçoña que non me mate ella”54. La culminación de este proceso de reconstrucción de la masculinidad heroica se produce en el momento de la muerte:
E fue e echóse en la cama de la foguera que avía fecha de la piel del león e puso la porra so la cabeça, e començáronle a quemar las llamas de dos fuegos, la una de la ponçoña que le salía del cuerpo, la otra de la foguera, e dize la estoria que en todo esto yazía él muy fermoso e muy colorado como si fuese de vida55.
31El paralelo entre los dos fuegos, el del veneno y el de la hoguera, ausente en Ovidio, resalta la oposición entre los dos tipos de muerte: la muerte impuesta, femenina y deshonrosa del veneno y la muerte escogida, varonil y heroica de las llamas. Hércules vence la primera entregándose voluntariamente a la segunda y, al realizar esta última hazaña, recupera por completo su estatuto de héroe modélico, hasta tal punto que los compiladores evocan su apoteosis (Metamorfosis IX, v. 239-272), si bien de manera muy resumida y con tintes evemeristas.
- 56 Ibid., cap. 434, p. 118.
- 57 Wilken Engelbrecht, “Filologie de Dertiende eeuw: De Bursarii super Ovidios van Magister Willem van (...)
32Una vez restaurada la masculinidad heroica del protagonista, la “Estoria de Ércules”, concluye con las consideraciones sobre la escritura de la Heroida IX ya comentadas, lo que permite a los alfonsíes a la vez reivindicar la calidad de su trabajo compilatorio e introducir el último momento de la epístola relevante para la narrativa: la muerte de Deyanira. Tras ponderar su sufrimiento, la viuda de Hércules se da muerte con una espada, diciendo: “Así muera quien a su enemigo de ligero cree”56. Sin hacer de ella una moraleja misógina, se apunta así rápidamente una enseñanza que puede extraerse de esta historia, tal vez inspirada en las interpretaciones ofrecidas por los materiales manejados por los compiladores. Así, en el comentario del Bursarii super Ouidios a esta carta, se explica que la “Intentio auctoris est reprehendere eam a stulto amore. Stulte enim amavit, quia nimis credula”57. La idea del amor desmesurado de Deyanira, que lleva a su excesiva credulidad, se ha apuntado en el accesus a la misma, pero ni entonces ni en este cierre de la “Estoria de Ércules” se elabora. Quedan así señalados, pero no desarrollados, algunos elementos cuestionables de la conducta de este personaje (su credulidad, la fatal precipitación dictada por su exceso de amor y quizá el secreto con el que maneja el supuesto filtro amoroso), que le adjudican cierta responsabilidad en la muerte de su esposo, pero en ningún caso mayor que la del propio Hércules, cuyo comportamiento, como consecuencia de la introducción de la Heroida completa, resulta mucho más reprobable. Si bien solo el centauro Neso puede ser calificado de culpable del crimen cometido al final de la “Estoria de Ércules”, la reproducción de la carta de Deyanira subraya la responsabilidad del héroe en su propia muerte y exculpa ampliamente a su esposa. A la vez, como hemos explicado, los alfonsíes se preocupan por compensar el efecto nocivo que epístola y veneno tienen en la masculinidad heroica del Alcida, desdibujando su asociación con la ponzoña de sus flechas en varias ocasiones y reinterpretando su muerte como una victoria sobre el tóxico e, indirectamente, sobre la caracterización afeminada ofrecida en la epístola de su esposa.
- 58 La Gran crónica de Espanya (1386) realizada para Juan Fernández de Heredia, parece utilizar las Sum (...)
- 59 Está pendiente de revisión y matización el imprescindible estudio de fuentes que llevó a cabo Agapi (...)
33La muerte del hijo de Júpiter vuelve a recogerse en las Sumas de historia troyana, compilación de materia de Grecia probablemente compuesta en la segunda mitad del siglo XIV58. Desgraciadamente, no tenemos una buena idea de la fecha exacta o el entorno en el que se llevó a cabo esta obra. Como se mencionó, las Sumas se basan principalmente en la General estoria y, en menor medida, la Estoria de España, para ampliar el relato de la guerra de Troya, mientras que la narración de este suceso deriva sobre todo de la Historia destructionis Troiae de Guido de Columnis59. La obra realiza, por un lado, una labor de abreviación con respecto a sus fuentes (de ahí que califique su propósito como “contar en suma”) y, por otro, un trabajo de ampliación de la narrativa troyana mediante la adición de otros relatos situados en la Antigüedad griega. Entre los numerosos personajes que son objeto de un mayor desarrollo gracias a los materiales alfonsíes, destaca el Alcida, quien recibe el tratamiento más amplio y parece despertar una mayor admiración en el o los compositores de la obra. El relato de su vida, basado en las secciones correspondientes de la General estoria y la Estoria de España, ocupa los capítulos 32-58 de las Sumas. Para la narración sobre la muerte de Hércules (capítulos 54-58), así como para sus antecedentes (la hidra de Lerna, la lucha contra los centauros, la muerte de Neso: capítulos 36, 39 y 41, respectivamente), podemos encontrar el referente directo en las secciones de la General estoria que acabamos de analizar, si bien sometidas a un intenso trabajo de reescritura. A continuación, comentaremos cómo dicha reescritura afecta a la relación entre el veneno que da muerte al héroe y los personajes relacionados con él, con particular atención a la cuestión de la construcción del género. A pesar de ciertos intentos de atenuación, persiste, como veremos, la fisura que el veneno produce en la masculinidad heroica, fisura que las Sumas, a diferencia de lo que ocurría en la General estoria, intentan reparar mediante una curiosa santificación de Hércules.
34En la extensa labor de reescritura que las Sumas llevan a cabo, una técnica fundamental es la abbreviatio de sus fuentes. Pero lo cierto es que la reelaboración no solo resume, eliminando repeticiones y detalles que no se consideran relevantes, sino que también ordena y clarifica en los momentos en los que, a causa sobre todo del complicado trabajo de conjugación de fuentes propio de la General estoria, aparecían incoherencias en el relato, tal y como ocurría en varios episodios relacionados con el final de Hércules. Uno de ellos es el de la muerte de Neso, en el que aparecía la información sobre la sangre venenosa de los centauros, contradiciendo la información de que el tóxico procedía de la hidra de Lerna. En las Sumas, hay un claro esfuerzo de integración de ambos elementos al narrar cómo al centauro moribundo se le ocurre la estratagema que tendrá como resultado la muerte de Hércules:
Neso cuando se sintió ferido luego entendió que de muerte era, ca bien sabía que las saetas de Hércoles eran emponçoñadas, que cuando matara la sierpe de la laguna quedaran emponçoñadas por tal guisa que toda cosa que allegasen muriese, e aun que quedase emponçoñada60.
- 61 Sumas, p. 124.
- 62 Ibid.
35Neso le propone entonces a Deyanira mojar una camisa en su sangre, “sabiendo muy bien que la su sangre emponçoñada quedaba ya para que cualquiera cosa que a ella allegase muriese”61. La preocupación de la compilación por la coherencia narrativa es tal que el centauro le advierte a Deyanira: “Guarda que non llegue a cosa viva, que perderá la virtud”62. Gracias a este añadido, queda explicado cómo la camisa puede llegar a su destinatario sin que nadie se haya dado cuenta de que está envenenada. Al subsanar las incoherencias de la General estoria, estos cambios también aclaran el origen del veneno, atribuido ahora únicamente a la hidra.
36De la misma manera, la compilación troyana corrige el problema de coherencia cronológica que, como se ha visto, suponía la traducción íntegra de la Heroida IX, en la que Hércules aparentemente recibía una carta escrita, en parte, tras su muerte. Además de abreviar la epístola, las Sumas eliminan tanto su accesus como la sección final en la que Deyanira recibe la noticia del envenenamiento de su esposo, defiende su inocencia y decide darse muerte. De este modo, la carta todavía tiene un lugar importante en la narrativa, ocupando la mayor parte del capítulo 55, pero han desaparecido las redundancias relativas a la exculpación de Deyanira que aparecían en la versión alfonsí. De hecho, el creador de las Sumas prefiere concentrar esta defensa en el capítulo final, que narra la reacción de Deyanira a la muerte de Alcides y donde se reproducen las partes de la Heroida en las que proclama su inocencia y reflexiona sobre su historia familiar antes de darse muerte. Pero seguimos observando la misma preocupación por evitar recurrencias narrativas, pues, si se alude al engaño del centauro, no se detalla la secuencia de acontecimientos y se elimina así la repetición de la historia de Deyanira y Neso, que se contaba en no menos de tres ocasiones en la fuente alfonsí.
- 63 Tomamos la denominación de “historia novelesca” para este tipo de obra postalfonsí de Marta LACOMBA (...)
- 64 Para la motivación vengativa de Neso en su intento de rapto de Deyanira se conserva la innovación d (...)
37En definitiva, el tratamiento que dan las Sumas a los materiales de la General estoria pone de manifiesto las diferencias entre los objetivos que persigue cada una de las dos composiciones. Si en la obra alfonsí priman el respeto a las fuentes y el afán de exactitud y exhaustividad por encima de la lógica narrativa, la compilación troyana está más interesada en construir una narración con un alto grado de coherencia interna, inscribiéndose así en la tónica general de las reescrituras historiográficas postalfonsíes del Trescientos, a menudo calificadas como “historia novelesca”63. En las secciones que nos interesan, este interés por perfeccionar la lógica narrativa tiene como resultado una causalidad clara y coherente con respecto al recorrido del veneno, que sale a relucir en el momento de la muerte de Neso. En cambio, la explicación de las acciones de los diferentes personajes (venganza en el caso del centauro, ingenuidad en el de Deyanira) queda en segundo plano, desplazada por el interés en la mecánica de la transmisión del tósigo64. Sin embargo, tal y como ocurría en la General estoria, la presencia de la ponzoña todavía representa una amenaza para la masculinidad heroica del Hércules de las Sumas.
- 65 Acerca de este combate, las Sumas presentan también una mejoría narrativa, al fusionar en un relato (...)
38La reticencia a asociar al Alcida con el veneno está, como vimos, en el origen de ciertas incoherencias del relato en la General estoria, reparadas en las Sumas. Con todo, y pese a algunas diferencias, persiste en esta última obra la voluntad de disociar al héroe del uso de la ponzoña. Para empezar, se elimina de la narración el momento en el que Hércules, tras matar a la hidra de Lerna, moja sus flechas en la sangre de la serpiente para dotarlas de sus propiedades tóxicas. Solo en el momento en que las saetas alcanzan a Neso se declara que están envenenadas, pero la manera en la que se explica este hecho crea la impresión de que tal envenenamiento ha sido independiente de la voluntad del héroe: el centauro sabe que, al matar a la sierpe, las flechas “queda[n] emponçoñadas” y que, igualmente lo estaba ahora “la su sangre”. Por lo tanto, el hijo de Júpiter no decide en ningún momento utilizar el tóxico como arma, sino que se trata de una consecuencia involuntaria de su heroísmo, al haber utilizado las saetas contra la serpiente de Lerna65.
39De esta manera, a pesar de que, en el momento de su muerte, Hércules reconoce el origen del veneno y lo califica, como en la General estoria, de “vil cosa”, el papel que ha tenido en provocar su propio fin queda considerablemente reducido. Así se pone de manifiesto en el lamento del héroe al sentir el fuego provocado por el veneno:
O desmesurada engañosa ventura, ¿a dó me trajiste a morir?; ¿yo non podiera mejor morir en los fuertes braços de Anteo o en los poderosos d’España? ¿Por qué me traxiste a morir en poder de tan vil cosa como esta ponçoña?; ¿e qué natura es esta que la sierpe que yo tanto ha que maté muy mayores fuerças tenga ahora contra mí que cuando biva?66
40La queja presenta varias innovaciones respecto a su fuente alfonsí. Para empezar, la responsabilidad de su muerte queda aquí atribuida, al inicio y de manera general, no a un personaje específico, sino al principio personificado de la “ventura”: esta potencia superior es, a la vez, la única fuerza que puede, ontológicamente, derrotar al héroe y, en términos narrativos, la representación abstracta de la cadena de responsabilidades individuales que desemboca en la muerte de Hércules. Pero, lo que es más importante es que, a continuación, tras lamentarse de no poder morir de manera heroica, sino “en poder de tal vil cosa como esta ponçoña”, el Alcida pasa a designar a la hidra de Lerna (“la sierpe que yo tanto ha que maté”) como su vencedora: más allá de aminorar la posible culpa de Deyanira, esta acusación es en realidad una manera de cumplir el deseo, recién expresado, de morir durante la realización de una de las pruebas que han conformado su trayectoria heroica, aunque sea con un desfase temporal.
- 67 Ibid., p. 142.
- 68 “E cuando cuidaste vencer fuyste vençido. Mas ve agora e cuenta todos los tus fechos a ella e la he (...)
41Al llevar a cabo esta modificación, las Sumas también están dando respuesta a la caracterización de Hércules llevada a cabo en la epístola de Deyanira, una carta cuya trayectoria está aquí, como en la General estoria, unida a la del tóxico. Como hemos comentado, encontramos en la compilación troyana una versión abreviada de la Heroida IX a partir de su traducción alfonsí. En ella, la idea de la inversión de roles entre Hércules e Íole no solo se conserva, sino que, sometida a la reescritura propia de las Sumas, emerge con mayor insistencia y claridad. En la segunda oración de la carta, tras el saludo inicial, se reproduce ya la expresión “vencido de la vencida”67 para explicar la situación del héroe; tras la reflexión sobre el abandono que sufre Deyanira, la epístola conserva los detalles sobre el intercambio de ropas y atributos entre los amantes y la humillación que esto supondría a los ojos de aquellos a quien venció el hijo de Júpiter; casi al final, la epístola vuelve a insistir sobre la idea del vencedor vencido con la que se había abierto68.
- 69 Sumas, p. 145. La calificación de “italianos” de los “fechizos” viene dada porque las Sumas localiz (...)
- 70 Ibid., p. 142.
42Encontramos en la carta, sin embargo, una idea que parece dirigida, una vez más, a atenuar el ataque a la masculinidad heroica que supone esta inversión de géneros entre Íole y Hércules. En efecto, Deyanira le explica a su esposo que “a ti que non podieron domar los muy grandes e muchos peligros e lazerios que doña Juno te buscó, púsote yugo Yole con los sus italianos fechizos”69. La mención de estos “fechizos” supuestamente utilizados por Íole es una innovación de las Sumas que le otorga a la nueva mujer de Hércules un papel mucho más activo que el que había tenido en la General estoria. Si en esta última obra es Deyanira quien piensa “en fechizos e en encantamientos”, lo que la lleva a recordar el filtro de amor que cree tener guardado, en la compilación troyana no es ella sino su rival quien, desde su punto de vista, queda asociada a un tipo de práctica emparentada con los tósigos. La presentación del personaje de Íole, “muy cuerda muger e fermosa sobre todas las de su tiempo”70, revela que la naturaleza de sus “fechizos” radica en su poder de persuasión, pues Íole es la que seduce al héroe y a quien se atribuye la responsabilidad de cualquier comportamiento impropio:
E como la vio Hércoles, enamorose d’ella, ca ella lo sopo, cuando gela traxieron presa, de tal guisa razonarse con él que fue preso en un punto en su poder. E así parece que todo el seso yaze en la lengua. E casó luego Hércoles con Yolante e quedó en Italia un tiempo e olvidó las conquistas e la tornada de la tierra. Ca fallamos que tres años estovo allí a muy grant vicio, lo que él non solía usar. […] E tanto amó Hércoles a esta muger que nunca tan grant príncipe como él se falla que por muger tanto feziese71.
- 72 Ibid., p. 145.
- 73 Se trata, en definitiva, del mismo afán justificador del comportamiento del héroe que lo lleva a ex (...)
43Vemos cómo el “fechizo” que más tarde mencionará Deyanira no es un filtro al uso, sino más bien las habilidades retóricas del personaje, que desde el primer momento realizan la inversión de roles que más adelante desarrolla la epístola: a pesar de que Íole aparece como “presa”, gracias a sus palabras Hércules “fue preso en un punto en su poder”. Así, si en la General estoria las acciones de Deyanira se atribuyen a su amor desmesurado, aquí es el “loco Hércoles”72, como lo llama la epístola, quien, a causa de este sentimiento, muestra un comportamiento alejado de su ethos heroico habitual y, por lo tanto, reprochable. Con todo, la insistencia en la acción seductora de Íole permite aminorar la responsabilidad del héroe tanto por sus años de molicie como por el giro trágico que tomarán luego los acontecimientos73.
- 74 Sumas, p. 146.
- 75 La responsabilidad compartida por las dos mujeres se refuerza también mediante otra innovación de l (...)
44Como acabamos de explicar, la reescritura del episodio alfonsí que llevan a cabo las Sumas no solo trata de mejorar la coherencia narrativa, sino que también intenta suavizar los efectos de los elementos de la narración que ponen en cuestión la masculinidad heroica del protagonista: se elimina el uso deliberado del veneno como arma y se apunta a un “fechizo” retórico de Íole como el origen de la sumisión de Hércules y, por tanto, de la inversión de géneros que recalca la epístola de Deyanira. En el momento de la muerte, se elimina la evocación explícita de la necesidad de morir “como varón”, atenuando así la relación entre veneno y feminidad en la que se insistía en la General estoria, y se sugiere que es, en definitiva, la serpiente de Lerna quien da muerte (heroica) a Hércules. La muerte en la pira va precedida, eso sí, de las palabras del Alcida, que dice a quienes lo rodean: “Amigos, non es razón a mí, que me non podieron domar los muy grandes lazerios sin fin que mi madrastra Juno me buscó, que me mate agora tan vil cosa”74. Pero si el fuego, como en la obra alfonsí, debe compensar la deshonra acarreada por el veneno, esta deshonra ya no se relaciona explícitamente con una deficiente masculinidad. Por otro lado, aunque en las Sumas Neso continúa siendo el único personaje claramente culpable de la muerte del héroe, la responsabilidad no intencional por el trágico suceso parece repartirse ahora entre Íole y Deyanira75, diluyéndose el papel del propio héroe en la cadena de acontecimientos que tiene como resultado su fin.
45Todo este trabajo de atenuación de los elementos dañinos para la imagen del héroe no parece, sin embargo, haber satisfecho completamente al creador de la compilación troyana. Se diría que el veneno ha hecho su efecto y necesita, a pesar de todo, ser contrarrestado. Así podríamos interpretar la narración de lo que ocurre tras la muerte del hijo de Júpiter, que transforma la apoteosis evocada en la General estoria en un verdadero proceso de santificación del Alcida, que no encuentra paralelo en ningún otro personaje de las Sumas. Tal proceso comienza cuando Íole intenta infructuosamente arrojarse a la hoguera en la que ha muerto Hércules, exclamando:
¡O noble Dainira!, si tú de las injurias vengança querías tomar, tomárasla de mí, aunque sin culpa. Mas non me quisiste tú tanto bien, nin los dioses tanta alabança nin onra non quisieron otorgar a la mi alma por que por ella fuese derremida la cruel muerte de tan alto e santo varón76.
46Acabados los llantos, ordena guardar los huesos y cenizas del héroe “en una caxa de oro”, funda un templo “en el monte Anima”, en el que dedicará el resto de sus días al culto del héroe, que “allí fue onrado como deidat según la costumbre de los gentiles”77. A pesar de que la condición pagana del hijo de Júpiter nunca se pone en duda, las Sumas introducen una interpretación evemerista del proceso de deificación gentil, que se asimila al de santificación cristiana.
- 78 Ibid., p. 148-49.
- 79 Ibid., p. 149.
47Por su parte, Deyanira, al llegarle la noticia de la muerte de Hércules, contesta (sin conocerla) a la acusación de Íole, rogándole a su esposo muerto que no crea que tuvo intención de matarlo. Pero tal vez la innovación más interesante de las Sumas a este respecto sea cómo se lleva a cabo una unión final de este personaje con su esposo a través de su suicidio: como Hércules, Deyanira enciende un fuego “como en manera de sacrificio que fazía de algunas cosas que allí tenía de Hércoles, como que a él mismo tenía” y, tras decidir darse muerte (“ca por tal alto omne otro sacrificio non conviene”), no solo se clava una espada sino que se echa al fuego “sobre aquellas cosas que allí quemava de Hércoles”78. Sus palabras finales recogen la lección propuesta por la General estoria (“Tal galardón reciba quien a su enemigo cree”), pero quedan en segundo plano, al insistirse a continuación en la idea de la unión de los esposos en la muerte: “Mas, mio santo marido, recíbeme que a ti me vo”79. Teniendo en cuenta la caracterización ya comentada de Íole como seductora, se diría que mediante este final las Sumas otorgan implícitamente una mayor legitimidad al matrimonio del Alcida con la hija de Eneo, lo que la autoriza a consumar, junto a Hércules (representado por sus objetos), el auto-sacrificio que le fue negado a la esposa más reciente.
- 80 “E cuando esto vio Hércoles fizo un tenplo e fízolo sagrar a la deesa Palas, porque era deesa de ca (...)
48Las cenizas de Deyanira son entonces trasladadas a un templo en Lacedemonia que Hércules había construido para albergar a su primera mujer, Mera, que había enloquecido80. Allí, además, van a parar una parte de las cenizas del hijo de Júpiter a partir del templo fundado por Íole:
de allí fueron llevadas d’él reliquias a otras partes por deidades, así como a Cáliz, que fueron de sus huesos, e a Grecia al monesterio que él fizieron donde se enterraron sus mugeres Mera e Dainira81.
49Por lo tanto, mediante el proceso de deificación que aquí se narra, se reconoce la santidad pre-cristiana del héroe, reflejada en la fundación de monasterios y la translatio de reliquias de sus restos. En efecto, la voz narrativa ofrece un balance final del personaje en estos términos:
- 82 Ibid., p. 147-148. Similares apreciaciones se hacían en el Libro de Alexandre y, a su zaga, el Libr (...)
Ca devedes saber que Hércoles fue el más virtuoso omne que en el mundo sin ley oviese nacido, ca fue este el más valiente de fuerça que se falla e el más ligero e más fermoso e de los mayores sabidores del mundo. E con todas estas excelencias nunca sobervioso nin codicioso fue, lo que en pocos se falla loçanía e alabança82.
50Esta santificación del héroe, que no tiene ningún paralelo con otros personajes en el resto de la obra, es el antídoto definitivo a cualquier cuestionamiento que el episodio del veneno haya podido provocar sobre la masculinidad y la ejemplaridad de Hércules, que, de este modo, se erige tal vez en la figura más importante de las Sumas.
- 83 Las dos obras pudieron llegar a la corte ducal gracias a la estancia de Diego de Valera en Dijon en (...)
- 84 Bruselas, KBR, MS 2027, f. 1r, apud Florence SERRANO, “Le Triumphe des dames traduit par Fernando d (...)
- 85 Para este asunto, véase SERRANO, ibid. Sobre la creación y circulación de las Cent nouvelles nouvel (...)
- 86 Para las razones de esta orientación cultural, véase Estelle DOUDET, “Le miroir de Jason: la Grèce (...)
51Al menos una copia de las Sumas llegó a la corte ducal borgoñona, entorno que, desde el matrimonio en 1430 de Felipe el Bueno con Isabel de Portugal, gozaba de una abundante presencia ibérica. Aunque las vías por las que la compilación troyana acabó en Borgoña no pueden aún trazarse con exactitud, podrían haber sido similares a las que hicieron posible la llegada de otras obras castellanas, el Espejo de verdadera nobleza de Diego de Valera y el Triunfo de las donas de Juan Rodríguez del Padrón83. Ambos tratados se tradujeron al francés entre finales de los años 1450 y principios de los 60 –poco antes de la creación de la obra que ahora nos ocupará–, en un momento en el que cobran intensidad debates que habían sido particularmente activos en Castilla algunas décadas antes, incluida la llamada querelle des femmes. De hecho, en la epístola que encabeza una de las copias de la traducción del tratado de Rodríguez del Padrón se hace referencia a la existencia de un grupo de cortesanos que “prenent sovant leur passe temps, apres vin et espices, a deviser du noble sexe”84, actividad tal vez idéntica a la reflejada en la compilación conocida bajo el nombre de Cent nouvelles nouvelles (c. 1460), muchos de cuyos relatos son de contenido misógino85. Según esta carta, sería esta difusión –ritualización incluso– de discursos misóginos en el entorno de la corte ducal la que habría incitado a la traducción de la obra profemenina de Rodríguez del Padrón. Por otra parte, conviene señalar el interés particular que se desarrolló en Borgoña por las narrativas relacionadas con la Antigüedad griega. Frente a la ascendencia troyana reivindicada por la monarquía francesa, en el ducado borgoñón pasaron a primer plano las figuras de héroes griegos como Jasón –con la fundación de la orden del Vellocino de Oro con ocasión del matrimonio de Felipe e Isabel–, Alejandro –en el famoso Banquete del Faisán en 1454– o el mismo Hércules86.
- 87 Sobre el papel de las Sumas como modelo estructural y como fuente del Recoeil, cuya importancia no (...)
- 88 Pueden consultarse los detalles de las fuentes para cada capítulo de la obra en Raoul LEFÈVRE, Le R (...)
52Hacia 1464, Raoul Lefèvre se basó en las Sumas, junto con las Genealogie deorum gentilium de Boccaccio, para componer, a petición del duque Felipe el Bueno, su Recoeil des histoires de Troyes87. Hércules es el centro de gravedad absoluto de los dos libros (de cuatro proyectados) que Lefèvre alcanzó a terminar y que concluyen con la muerte del héroe. Podemos considerar que, con el Recoeil, se consuma el proceso de novelización de la historia al que habían dado principio las Sumas: si en estas últimas se daba prioridad a la coherencia narrativa, pero sin salir de las grandes líneas del relato histórico cuidadosamente ensamblado por los historiadores alfonsíes, Lefèvre no solo realiza una reescritura en la que amplifica los enfrentamientos armados o las relaciones amorosas de su protagonista, sino que no tiene empacho en reordenar, cambiar, o inventar nuevos episodios siempre que lo considera necesario. Así, aunque en el relato sobre la muerte del Alcida se reconocen sin dificultad las Sumas como principal fuente, el escritor borgoñón ha llevado a cabo numerosos cambios y añadidos con respecto a la compilación castellana88. Esto se percibe simplemente en el nivel de la organización de capítulos, donde se han llevado a cabo cambios significativos: en lo que concierne a los antecedentes, el episodio de la hidra de Lerna (cap. 60) se cuenta inmediatamente después del rapto de Deyanira por Neso y la muerte de este último (cap. 59); más adelante, tras la narración del inicio de la relación de Íole y Hércules (cap. 68) se inserta el episodio en el que el héroe se enfrenta a Diomedes (cap. 69) y solo después se narra cómo Deyanira se entera de la nueva relación de su marido (cap. 70) y se produce el envenenamiento del hijo de Júpiter y la muerte de ambos esposos (cap. 71), con la que concluye la obra.
53El Recoeil comparte con sus antecedentes el afán por proteger la masculinidad heroica de su protagonista y la conciencia de que las circunstancias que rodean su muerte, representadas por el veneno, suponen un cuestionamiento de la misma. Sin embargo, Lefèvre parece tener un diagnóstico bastante diferente al de las obras castellanas sobre lo que se esconde detrás de ese veneno y, como consecuencia, sobre a quién debe atribuirse la culpabilidad por la muerte del héroe. Como anticipamos, en los años que rodean la composición del Recoeil, la llamada querelle des femmes ocupa un lugar prominente en la cultura cortesana de la corte ducal de Borgoña, con la producción de dos importantes obras, una profemenina (la traducción de Rodríguez del Padrón) y otra misógina (las Cent nouvelles nouvelles): es tal vez en el contexto de este debate, dentro del cual los exempla sobre mujeres ilustres tienen un papel central, en donde quepa situar la reescritura misógina que lleva a cabo Lefèvre del episodio de la muerte de Hércules.
- 89 Para un resumen de la trayectoria del Hércules de Lefèvre, en comparación con obras contemporáneas, (...)
- 90 LEFÈVRE, Le Recoeil, p. 371.
54El Recoeil de Lefèvre presenta a un Hércules cuyas virtudes están claramente inspiradas en las Sumas, pero que, a la vez, ha sufrido un proceso de medievalización mucho más completo que sus predecesores. Su educación y primera juventud se corresponden con las de un joven cortesano; en su edad adulta, el énfasis se pone en su papel como vencedor de monstruos y conquistador de diversas tierras, así como en un enorme afán de conocimiento, que lo lleva incluso a emprender labores educativas, y que, como ya era el caso en las obras castellanas, está particularmente centrado en la astronomía89. El Alcida se convierte, así, en un héroe caballeresco en toda regla, cuyo liderazgo militar e interés por el conocimiento están motivados por un concepto netamente cuatrocentista del “bien publique”90. En la obra borgoñona, no existe el interés que observamos en la General estoria –y, a su zaga, en las Sumas– por subrayar la distancia entre las normas sociales del pasado gentil y el presente cristiano en cuanto al matrimonio o las prácticas religiosas, aunque se utilice un vocabulario medieval para expresar tales variaciones. Hércules está, pues, plenamente sujeto a las normas sociales y éticas contemporáneas a la escritura del Recoeil. En el episodio que aquí nos interesa, esta transformación afecta sobre todo a la caracterización de las relaciones amorosas del héroe.
- 91 Ibid.
- 92 Ibid., p. 426.
55A lo largo de la obra de Lefèvre, la vida sentimental de Hércules adquiere una mayor relevancia: se desarrollan los detalles de cómo se enamora de su primera mujer, Megera y, aunque en menor medida, se presta también atención al nacimiento del amor entre el hijo de Júpiter y Deyanira. Al mismo tiempo, se diría que las relaciones extramatrimoniales también se consideran consustanciales al modelo de masculinidad caballeresca desarrollado en el Recoeil. Así, el escritor borgoñón introduce una breve relación del héroe con una reina, Facua, sin fuente conocida, y amplifica el principio de los amores de Íole con el Alcida para proponer un relato muy diferente del que encontramos en las Sumas. Si en esta última obra era ella quien seducía a Hércules mediante su dominio de la palabra, en el Recoeil es éste quien, tras dar muerte al rey Pricus (Eurico en las Sumas), “jetta ses yeux souverainement sus Yolé, la fille du roy, pour ce qu’elle estoit tant excellentement resplendissant en beauté [et] par ung secret commandement d’Amours il se tira vers elle, la cuidant conforter”91. Aunque Íole rechaza inicialmente los avances de Hércules, que ha matado a su padre, al cabo de un tiempo, “au chief des doulces prieres d’Herculés Amours inspira tellement la damoiselle qu’elle cognut Herculés estre issu de racyne de nobles parens, et qu’elle s’accorda a faire son plaisir”92. Queda claro en este desarrollo que, pese a la insistencia más adelante en el enorme amor que une a los dos personajes y al motivo de la inversión de roles que terminará por hacer de nuevo su aparición, la conquista de Íole es una manifestación más –se diría que una extensión natural– del extraordinario poder militar del protagonista.
- 93 Ibid.
- 94 Ibid., p. 433.
56A pesar de esta presentación positiva de los amores entre Íole y Hércules, la medievalización ya mencionada hace que se trate de una relación de todo punto ilícita. El nuevo amor del héroe es “comme sa femme”93, pero, a diferencia de lo que ocurría en los otros relatos, no disfruta del estatus oficial de esposa. Se abre así la posibilidad de poner en cuestión la ejemplaridad del héroe, como hace Deyanira al enterarse de la relación: “Herculés est noble de ceur et ayme vertu, et s’il me habandonnoit, il feroit contre vertu et noblesse”94. Esta aparente contradicción entre la ejemplaridad del héroe y el abandono de su esposa ya estaba latente en los relatos de las obras castellanas, pero, abandonada la distancia histórica y la supuesta diferencia cultural, se hace ahora mucho más problemática. Sin embargo, la reescritura del episodio por parte de Lefèvre la resuelve de tal manera que acaba por invalidar la acusación de la esposa abandonada y, finalmente, por cargar a ésta con la responsabilidad de la muerte del héroe. Este cambio radical se inscribe en una perspectiva misógina más amplia, en la cual, en última instancia, el verdadero veneno que da fin a la vida del héroe en el Recoeil es el matrimonio, que otorga a una mujer autoridad sobre el dechado de sabiduría, liderazgo militar y virtudes caballerescas que representa Hércules.
- 95 Además, la hidra deja de estar caracterizada por su veneno: en la versión de Lefèvre, es un monstru (...)
- 96 LEFÈVRE, Le Recoeil, p. 368. Lefèvre menciona que Neso reconoce a Hércules porque participó en la c (...)
- 97 LEFÈVRE, Le Recoeil, p. 369.
- 98 Ibid.
- 99 Ibid.
57Para comprender cómo se crea esta asociación entre el veneno y el matrimonio, conviene repasar el tratamiento que se le da a cada uno de estos elementos en el Recoeil. Para empezar, Lefèvre se encarga de eliminar cualquier tipo de asociación entre Hércules y el tóxico que causará su muerte. El episodio de la hidra de Lerna deja de ser relevante para esta parte de la historia, puesto que ocurre después del intento de rapto de Deyanira por parte de Neso95. Éste se convierte en un barquero que, mientras cruza el río con Deyanira en su barca, “tant la regarda que sa beauté le deceupt”96. Tras ser abatido por el Alcida gracias a su maestría con un arco gigante, pero en ningún caso cargado de flechas envenenadas, Neso, “prevant qu’il estoit bien possible que Deyanira en temps futur seroit jallouse d’Herculés, […] s’apensa qu’il avoit de la poison terriblement mortelle sus soy”97. El barquero entrega este veneno, mezclado con su sangre, a la esposa del héroe, con instrucciones de hacerlo hervir con una camisa de Hércules (como si de una tintura se tratara) para recuperar su amor cuando éste, inevitablemente, le sea desleal. Como en las Sumas, Neso “lui charga que nul ne la touchast au nud, disant qu’elle perderoit sa vertu se l’en la touchoit”98. De esta manera, el hijo de Júpiter queda totalmente exento de la responsabilidad indirecta en su propia muerte que se derivaba del uso de las flechas envenenadas. Es más, queda ya apuntado un desplazamiento de la responsabilidad con respecto a lo que veíamos en los relatos castellanos: por encima de la infidelidad de su esposo, serán los celos de Deyanira, quien inevitablemente “en temps futur seroit jallouse d’Herculés”, el elemento decisivo para provocar el final del héroe. El discurso del centauro llega incluso al extremo de culparla por su propia muerte, en una formulación que se podrá aplicar más adelante al caso de Hércules y que, por lo tanto, concentra la lectura misógina que Lefèvre hace del mito: “Dame, l’amour de vous me donne la mort”99.
58Ésta es la idea rectora de la narración de la muerte de Hércules al final de la obra: por un lado, la exculpación del héroe por un comportamiento ilícito al tomar a Íole como amante y descuidar a su esposa legítima; por otro lado, la culpabilización de Deyanira, cuyos celos y estupidez son, finalmente, los que dan muerte a su marido. Con este fin, Lefèvre duplica el intercambio de cartas entre los esposos, siempre con Licas como mensajero. En una primera carta, Deyanira le recuerda a Hércules que su comportamiento no es virtuoso y daña su reputación; éste le responde para rogarle que viva “en esperance et en pacience comme dame noble doit et est tenue de faire pour son honneur”100. De esta manera, el héroe pone de manifiesto que, al reclamar su atención, su esposa no está comportándose de acuerdo con las expectativas de su género y rango social, una idea reforzada por Licas, que aconseja a Deyanira que espere a que Hércules se canse de Íole. Sin embargo, ésta acaba por enviar una segunda epístola, basada en la que se encuentra en las Sumas. En ella, se da una vez más gran relevancia a la idea de la inversión de papeles entre conquistador y conquistada (“vous, qui souliez estre de toutes choses vainceur, maintenant estes vaincu de la folle amour Yolé”) y, sobre todo, vuelve a explicitarse la idea de la feminización del héroe, mucho menos subrayada en las Sumas. Sin embargo, no se menciona el intercambio de adornos y ropas. Es la incompatibilidad del amor a la cautiva con el honor militar del Alcida, la que, según Deyanira, despoja a su esposo del género masculino, convirtiéndolo en mujer o niño:
- 101 Ibid., p. 436-437. El término gengles se refiere a un “discours frivole, inconsidéré, mensonger” (h (...)
Les gens dyent que vous estes femme et vivez a maniere de femme […]. Vous laissiez la hantise des armes et vous faire congnoistre par les loingtains regnes, en monstrant vostre vertu, ainsy que faire souliez, pour la seule hantise de la chetive Yolé qui vous tient et habuse. […] Hellas, Herculés, n’avez vous souvenance qu’en vostre enfance vous tuastes les deux serpens ? Jone enfant home fustes. Et quant homme avez esté, femme ou enfant estes devenu. C’est fait de femme de soy tenir avec la femme. Ou c’est fait d’enfant de soy enamourer d’une folle femme. […] elle vous tient prisonnier et chetif, et vous a mis le gorreau au col par ses ytaliennes gengles101.
59Es interesante comprobar cómo los “italianos fechizos” de las Sumas se convierten, desde el punto de vista de Deyanira, en un engaño también de naturaleza retórica, pero mucho más banal. Sin embargo, al haber asistido al cortejo de Hércules a Íole, sabemos que esta caracterización es falsa, como lo es también la acusación de incompatibilidad de esta relación y las hazañas guerreras: en el relato de Lefèvre, el Alcida ha vencido a Diomedes después de haberse unido a Íole.
- 102 Ibid., p. 434.
- 103 Ibid., p. 438.
60Por lo tanto, lo que queda de la Heroida IX en el Recoeil, a través de la General estoria y de las Sumas, no tiene el efecto demoledor sobre la masculinidad del héroe que podía detectarse en las anteriores versiones: se trata más bien del feroz, pero falaz ataque de una esposa que sufre de celos. A pesar de ello, Hércules, que ya cuando Licas había llegado con la primera carta “rougy et changa couleur quant il oy parler de Deyanira”102, ante la lectura de la segunda epístola “fu frappé de remors de conscience […] en veant Vertu estre foulee en luy”103 y decide ir a sacrificar al dios Apolo –un “pellerinage” que es sin duda una manera de expiar su culpa– y después volver con Deyanira, como le comunica a Licas. Por lo tanto, una vez más el Alcida, a diferencia de su esposa, se comporta de manera ejemplar y, a pesar de estar enamorado de Íole, pone remedio a la situación tal y como lo exige el ideal extremo de virtud que está decidido a seguir. Esto supone que, a diferencia de lo que ocurría en las versiones precedentes, ni la masculinidad heroica ni la virtud del hijo de Júpiter están en cuestión en el momento de su muerte, ya sea por su asociación con el veneno que habrá de matarlo o por su relación con Íole tal y como es caracterizada en la epístola de Deyanira. En la obra de Lefèvre, no solo es esta caracterización de dudosa veracidad sino que, además, el héroe está en proceso de reparar la ofensa hecha a su esposa mediante sus acciones expiatorias.
- 104 Ibid.
- 105 Ibid., p. 439.
- 106 Ibid., p. 442.
- 107 Ibid.
61Es así como la parte final del Recoeil tiene el campo libre para construir a una Deyanira que resulta claramente culpable de la muerte de su esposo. Tras recibir las buenas noticias sobre los planes de su marido gracias a Licas, la hija de Eneo recuerda que tiene el supuesto filtro de amor que le entregó Neso y “comme celle qui ymaginoit par la vertu de la poison retraire a son amour Herculés, ainsy comme Nessus luy avoit dit, elle mist boullir la chemise et la poison ensamble”104. Deyanira no solo adopta esta resolución sin que una necesidad perentoria la obligue a ello, puesto que Hércules ya había aceptado volver a ella, sino que además no tiene en cuenta la advertencia del centauro sobre la manipulación del veneno y ni siquiera se alarma por el hecho de que una criada y después otra mueran durante el proceso. Insensible a las dos muertes que acaban de producirse, “Deyanira, qui ne pensoit que a parvenir a son intencion, prinst la chemise et la bailla a Lycas, et lui charga qu’il la portast a Herculés, en lui priant de par elle qu’il la voulsist vestir”105. La esposa del héroe aparece, por lo tanto, como doblemente responsable del trágico suceso: por sus celos desmedidos y por su estupidez. Más adelante, tras saber las consecuencias que han tenido sus acciones, declarará que su esposo “es mort a ma cause, par ma coulpe et sans ma coulpe” y que “sy hault et tant esclarcy prince est mort par ma simplesse”106. Al darse muerte con un cuchillo, afirmará: “Je me sens ignoscente de la mort de mon seigneur Herculés”, declaración tentativa cuyo valor queda muy aminorado después de haber calificado su decisión de suicidarse como “vengance” contra sí misma107.
62En realidad, Deyanira no hace aquí sino responder a la extensa invectiva, única en la tradición que estamos examinando, que Hércules lanza contra ella una vez que se pone la camisa y se da cuenta de que contiene veneno:
Hellas, hellas, fault que Fortune se rye de moy pour celle miserable destinee venant par la cusançon, aguetement, jallousye et sorcerie de la femme du monde que je tenoye la plus sage et la plus vertueuse. O Deyanira, desnaturee femme sans sens, sans honte, sans honneur, a ceur de tirant tout affamé de jallousie, comme as tu peu bastir contre moy celle fureur et trayson envenimee ? Faulz vouloir femenin, desnaturé, desriglé, desordonné. Tu n’eux jamais tant d’honneur que tu as encouru de blasme, non pas pour toy seule mais pour toutes les femmes qui sont et seront par les siecles […]. O Deyanira, tres remaulditte serpente trop malicieuse, et reproçable murdriere. Ta jallouse faulseté plus a de pouoir a ma vye exterminer que n’ont eu tous les monstres du monde. Par ton offense, par ta machinacion tachee et couverte, dont ne me ay sceu garder, il fault que du monde trespasse108.
63El Alcida identifica los celos de su esposa (con varias menciones de “jallousie”), que nacen de un exceso particularmente femenino, como el origen de su muerte; de esta manera, su culpabilidad mancha a todas las mujeres. Aparece también explícitamente la acusación de “sorcerie”, una idea solo sugerida en otras versiones por el uso del supuesto filtro amoroso, que Lefèvre subraya al hacer que la esposa de Hércules tenga un papel mucho más activo en la fabricación de la camisa envenenada. Finalmente, Deyanira, por su “trayson envenimee”, se identifica con una serpiente, más peligrosa que los monstruos a los que ha vencido el héroe. La asociación entre Deyanira y el veneno es, así, absoluta: ésta es el arma que permite la desleal victoria de la mujer sobre el hijo de Júpiter, la misma victoria que se le negó a las bestias. En la versión del Recoeil, el conflicto entre géneros que formaba el subtexto del episodio en las obras anteriores se hace texto. Ya no es la manera de morir, a través del veneno, lo que podría hacer indigna la muerte de Hércules, sino el hecho de que la ponzoña representa la victoria femenina, de la hechicería, que debe ser contrarrestada con el fuego:
affin qu’il ne soit dit que le vainceur des hommes soit par une femme vaincu, je ne passeray pas l’amer passage de la mort par tes mortelles sorceries plaines d’abhominacion, ainçois par le feu qui est net et cler et le plus excellent des ellemens109.
64Queda claro así que no era Íole –que morirá deshecha en llanto al recibir la noticia de la muerte de Hércules– quien representaba la verdadera amenaza a la masculinidad heroica. En su lugar, es Deyanira y, sobre todo, el poder que le otorga el matrimonio con el héroe, quienes están íntimamente asociados al veneno: si Hércules se ha puesto la camisa, es únicamente porque “voirement elle estoit sa femme, et que pourvoir le pouoit de tel vestement”110. Tal justificación hace de la institución matrimonial un marco que sojuzga al héroe a una autoridad femenina, de la misma manera, o más, que la deshonrosa inversión de roles que caracterizaba su relación con su amante en las versiones anteriores. Irónicamente, el elogio de Hércules con el que se cierra la obra está puesto en boca de la esposa del Alcida, que, a la vez que reconoce en buena medida su propia culpabilidad antes de darse muerte, es capaz de dar la medida de la excepcionalidad del protagonista del Recoeil,
celluy qui corporellement habitoit entre les hommes et espirituellement entre le soleil, la lune et les celestes secretz, cellui qui estoit fontaine de science, dont les Atheniens arrousoient leurs engins, celluy qui les monstres de mer faisoit trembler en leurs habismes, les monstres d’enfer dissipoit, les monstres terrestres confondoit, les tyrans corrigoit, les orguilleux humilioit, les humiliez exaulçoit, celluy qui ne faisoit tresor que de vertu, qui toutes les nacions du monde subjugua de sa massue et qui, se de ambicion de seignourie eust esté ataint, roy d’orient, d’occident, de mydy, de septentrion, des mers et des montaignes s’eust peu nommer, et a bon droit111.
65Desde sus versiones antiguas, la selva de episodios que conforman la historia de Hércules creó un complejo encadenamiento de sucesos para explicar el trágico final de un héroe que parecía invencible. Como ocurre en muchos otros mitos grecorromanos, tal trabazón narrativa refleja la concepción pagana de una fatalidad de la que nadie puede escapar: si no aparece aquí el esquema recurrente del oráculo que se cumple justamente porque se intentó impedirlo, se recurre a otro funcionamiento narrativo de sentido similar, la articulación de toda una serie de episodios que permite seguir, sin que nada ni nadie lo pueda estorbar, el recorrido del veneno fatal, desde su primera aparición, en la que Hércules parece apropiarse de su peligrosidad, hasta el desenlace, en el que se vuelve en contra del héroe. Esta construcción narrativa fatídica implica la integración de múltiples personajes y sus respectivas motivaciones en la cadena que lleva a la muerte del Alcida, opacando por lo mismo la cuestión de las responsabilidades en este peculiar crimen de veneno. Poco interesados en adoptar el fatalismo pagano, los autores medievales que pretenden relatar la vida de Hércules heredan, sin embargo, sus consecuencias narrativas y, en particular, esta labilidad acusatoria del mito, que aprovechan para interpretar de diversas maneras las responsabilidades en el magnicidio. Esta libertad interpretativa se nutre, además, de otro componente del mito, el de la ambigua identidad genérica del protagonista, a la vez dechado de masculinidad heroica y objeto de varios procesos de feminización. Uno de ellos es, para la mente medieval, la toxicatio de la que es finalmente víctima, puesto que el veneno se percibe como un arma femenina que ataca no solamente el cuerpo, sino la propia identidad masculina del héroe, planteando un problema mayor para unos autores que buscaban ante todo salvaguardar el prestigio de una figura central para la autodefinición de los príncipes contemporáneos, en particular en los casos de la monarquía castellana o del ducado borgoñón.
66La perspectiva de género resulta así imprescindible para entender la recepción medieval de la muerte de Hércules y las diferentes reescrituras que conoció el episodio. En el ámbito castellano, la primera de éstas parece ser, en los años 1270-1284, la que ofrece la General estoria alfonsí, cuya ambición de exhaustividad no hizo sino reforzar el problema: el relato de por sí incómodo del envenenamiento del Alcida se agrava por el espacio que la inserción íntegra de la Heroida IX otorga al punto de vista de Deyanira. Los alfonsíes tienen entonces que encontrar estrategias para reparar la doble feminización del héroe que acarrean el veneno de la carta y el de la camisa emponzoñada, preservando al mismo tiempo la inocencia de la que consideran como la esposa legítima de Hércules, cuyas acciones se ven, además, justificadas por la fuente fehaciente que constituyen las epístolas ovidianas a ojos de los compiladores. Sin negar una responsabilidad parcial a cada uno de los dos esposos, logran este ejercicio de equilibrio a costa de algunas incoherencias narrativas, alejando a Hércules del veneno en todos los episodios que suponían tal conexión e insistiendo sobre la agentividad del héroe para recobrar, mediante su inmolación, una muerte “como para varón” que borra la mancha femenina de la ponzoña.
67Dos obras, una castellana y otra borgoñona, heredan directa o indirectamente el tratamiento alfonsí del mito y el problema de la preservación heroica de Hércules. Las anónimas Sumas de historia troyana, proponen en la segunda mitad del siglo XIV una primera reescritura de esta sección de la General estoria, subsanando las incoherencias narrativas de su fuente y prosiguiendo con la misma estrategia de separar lo más posible al héroe de la contaminación simbólica del veneno. Se añaden también varias innovaciones, empezando por una caracterización más activa de Íole, quien domina el veneno retórico de la seducción, lo que le confiere, como a Deyanira, una responsabilidad parcial en el trágico desenlace, al mismo tiempo que aminora la de Hércules, tanto en su infidelidad y la feminización que de ella se deriva, como, indirectamente, en su propia muerte. Aparece además la idea de que la hidra se ha vuelto más peligrosa después de su muerte que cuando el héroe la venció. El creador de las Sumas refuerza así la pluralidad de las responsabilidades en el magnicidio, preservando a todos los personajes de una culpabilidad que se atribuye finalmente a la “ventura”, única fuerza capaz de derrotar al héroe y eco metafísico de la fatalidad pagana. Por fin, la restauración de la masculinidad heroica del Alcida se ve coronada por un proceso de santificación de su figura, único en toda la obra.
- 112 Eustache DESCHAMPS, Le Miroir du mariage, v. 2659-2664 (en Œuvres complètes, ed. de Gaston REYNAUD, (...)
68Es esta versión del mito de Hércules la que sirve de fuente a una nueva reescritura, realizada en la corte de Borgoña hacia 1464 por Raoul Lefèvre. El Recoeil des histoires de Troyes opera una serie de transformaciones que aportan al problema de la deshonrosa toxicatio del héroe una solución muy distinta de las anteriores: frente a un Hércules identificado con un perfecto caballero medieval, modelo de masculinidad heroica, pero obligado por el yugo del matrimonio a someterse a una mujer, la obra reelabora a Deyanira como una esposa de comportamiento condenable, que expresa quejas indebidas y se deja llevar por sus celos y estupidez, cargando finalmente con la plena culpabilidad de la muerte del Alcida. El matrimonio es así presentado como un envenenamiento simbólico que amenaza la masculinidad del héroe desde antes de que sufra el envenenamiento concreto del desenlace. En el contexto del desarrollo borgoñón de la querelle des femmes, que ocasiona un recrudecimiento de discursos misóginos, Lefèvre relee el mito como un ejemplo del peligro que representa la mujer para la perfección masculina, en particular en el seno del matrimonio, tal como lo había hecho Eustache Deschamps en los años 1380 en su Miroir du mariage, donde resumía en unos pocos versos la escandalosa inversión de géneros permitida por el veneno: “Dyanira la felonne, / Qui tel ardant venin lui donne / Et ainsis Herculès dompta / Qui tant de monstres surmonta / Que par nul ne fut surmontez / Cil qui fut par sa femme domptez”112. El peligro del veneno y el de la mujer se fusionan y es su alianza la que permite la derrota del héroe masculino.
69Estos tres ejemplos de la recepción medieval del final del mito de Hércules demuestran así cómo la percepción de la relación entre género y crimen de veneno se mantiene estable entre los siglos XIII y XV: si bien los datos históricos no confirman esta conexión, el plano de las representaciones articula estrechamente el veneno con la figura femenina. Esta relación se establece primero para designar a la mujer como responsable mayoritaria de la administración de veneno, pero termina por contaminar también a la víctima de una toxicatio, que se ve rebajada simbólicamente por el arma “femenina” que la mata. Todas las obras que analizamos aquí comparten esta visión del veneno como una muerte deshonrosa que ataca la masculinidad heroica del Alcida y se esfuerzan para salvaguardar la ejemplaridad del personaje pese a este ataque. Sin embargo, cada una proporciona una respuesta diferente a este problema y resulta esencial observar que, paradójicamente, la respuesta misógina a este presupuesto misógino es solamente una de las maneras de superar la fluctuación de género que perturba la heroicidad final de Hércules: mientras las obras castellanas, por la profusión de las fuentes empleadas o gracias a diversas estrategias narrativas, diluyen las responsabilidades del crimen de veneno y restauran la agentividad del héroe, la reescritura borgoñona es la única en explicitar el conflicto entre géneros que subyace en el mito y en zanjarlo de modo hostil a las mujeres.