Navigation – Plan du site

AccueilNuméros54Le crime de poison dans la littér...Ponzoña: envenenamientos, intoxic...

Le crime de poison dans la littérature hispanique médiévale (XIIe-XVe siècle)

Ponzoña: envenenamientos, intoxicaciones con fármacos y sumisión química en la Castilla medieval

Ana E. Ortega Baún

Résumés

Cet article a pour objectif de proposer un bref aperçu du phénomène de l’empoisonnement dans la Castille médiévale. Pour ce faire, sont analysés trois types différents d’intoxication par poison. Le premier concerne l’usage de substances toxiques pour assassiner une personne (usage particulièrement lié à la crainte de l’empoisonnement qui se développe au XIIIe siècle), ainsi que les poisons utilisés et les motifs qui poussèrent différentes personnes à empoisonner leurs conjoints, leurs proches ou leurs maîtres. La deuxième analyse est consacrée aux intoxications involontaires causées par des médicaments falsifiés ou dangereux, et on examinera entre autres pourquoi ils étaient administrés de cette manière et qui osait les prendre. Le troisième type de poison étudié est celui utilisé dans les soumissions chimiques; nous énumérerons les rares cas actuellement connus ainsi que leurs motivations. Se dévoile ainsi une histoire marquée par la peur d’être empoisonné et par l’usage du poison comme instrument pour parvenir à ses fins.

Haut de page

Texte intégral

Introducción: el universo de los venenos

  • 1 Umberto ECO, El nombre de la rosa, Barcelona: Lumen, 1982, p. 321.

Con muchas de estas hierbas, debidamente preparadas y dosificadas, podrían hacerse bebidas y ungüentos mortales. Ahí tienes: datura stramonium, belladona, cicuta… pueden provocar somnolencia, excitación, o ambas cosas. Administradas con cautela son excelentes medicamentos, pero en dosis excesivas provocan la muerte1.

1Ponzoña, hierbas, veneno, tóxicos. Si Eco hubiera sido castellano, estas palabras son las que hubiera usado al contar que, ante el cuerpo de Berengario y unos atentos Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, Severino comenta que existen venenos y errores al fabricar fármacos que acaban provocando la muerte. También menciona la somnolencia, un efecto de algunas plantas que podía ser usado para provocar la sumisión química de una persona. El herbolario enseña algo muy importante: que el conocimiento de ciertas sustancias puede hacer que una persona tenga la vida o la voluntad de otra en sus manos, y que el conocimiento insuficiente puede provocar un efecto indeseado.

2No es raro que Severino mencione juntos venenos, narcóticos e intoxicaciones involuntarias. Según la Real Academia Española de la Lengua, un veneno es una “sustancia que, introducida en un ser vivo, es capaz de producir graves alteraciones funcionales e incluso la muerte”2. Con esta definición el campo de los venenos se amplía, va más allá de las sustancias que pueden matar. Un producto narcótico vira a veneno cuando priva a una persona de su consciencia durante un tiempo. Si esto es provocado por otra persona para su provecho, es sumisión química. Y también es un veneno una elaboración médica o pseudomédica que enferma a la persona que la consume.

3Sumisión química, venenos e intoxicaciones por fármacos están relacionados entre sí y tienen un nexo claro, el que son consumidos por personas que desconocen sus efectos, mientras que quienes se los ofrecen suelen conocerlos. Y detrás de todas ellas hay un deseo que cumplir. Por eso vamos a hablar de envenenamientos, de sumisiones químicas y de personas intoxicadas por remedios médicos, con especial atención al caso de los abortivos. Queda fuera el suicidio mediante tóxicos, un envenenamiento donde la voluntad de la persona al tomarlo lo convierte en un tema diferente.

4Este viaje a la Castilla medieval empieza con los visigodos, pero se centra entre el siglo XIII y las primeras décadas del XVI, y lo hace especialmente en estos últimos siglos, pues es en ellos donde se concentra la mayor parte de la documentación generada por los tribunales de justicia castellanos.

Venenos, envenenadores, envenenados

5Los venenos llevan mucho tiempo entre nosotros. A inicios del 2026 se confirmó la existencia de puntas de flecha envenenadas hace 60.000 años en un yacimiento sudafricano3. Como el tóxico utilizado era muy peligroso, seguramente sesgó más de una vida humana accidentalmente, lo que debió dar conciencia de que se podía matar con discreción. Esos habitantes de la Sudáfrica prehistórica están, pasando por guerreros hititas, griegos y romanos, íntimamente relacionados con Adán de Careaga, que a finales del XV untó un veneno en la saeta que arrojó a Fernando Ibáñez de Ugarte4.

Envenenar desde la Alta Edad Media hasta el siglo XII

6Seguramente el primer testimonio hispanomedieval sobre un envenenamiento sea el del rey Sisebuto, relatado por Isidoro de Sevilla5. El envenenamiento no era ajeno a su mundo, pues lo menciona el Liber Iudiciorum, promulgado poco tiempo después de que ambos vivieran. La presencia del veneno en este corpus no es exigua. Hay una ley para quien da veneno y también para quien lo fabrica, aunque no queda claro si los legisladores pensaban en una sola persona o en dos individuos. Fuese como fuese, si la víctima muere, el envenenador muere, pero si sobrevive, la víctima podrá hacer con este lo que quiera6. Una segunda ley estipula cómo se ha de actuar con los acusados de robar, envenenar o hechizar, es decir, cómo se ha de presentar la denuncia contra ellos, ante quién y cuál es su condena7. Y en una tercera su autor, el rey Égica, rememora el intento de derrocamiento que vivió, mencionando unas palabras que claramente tienen que ver con su experiencia, a saber, que los reyes pueden morir a traición por una espada o por una poción mortal8.

  • 9 Franck COLLARD, Le crime de poison au Moyen Age, París: PUF, 2003, p. 26.
  • 10 F. COLLARD, op. cit., p. 26, p. 29-31.
  • 11 Ibid., p. 27.
  • 12 Fuero Juzgo en Latín y Castellano, cotejado con los más antiguos y preciosos códices por la Real (...)
  • 13 Ibid., VI, 1, 4.

7Estas leyes están en consonancia con las de otros pueblos germanos9. En ellas venenos y hechizos están relacionados, vinculación que también va a hacer la Iglesia medieval. Esta es una herencia de Roma, pues en sus leyes los envenenadores estaban a medio camino entre los asesinos y los hechiceros10. Una asociación que pasó a la confusión. No es raro encontrarse en esas leyes germanas con el intercambio entre veneficum (envenenador) y maleficum (hechicero) 11. Esto también ocurrirá en las leyes visigodas, aunque en su traducción al castellano del XIII, el Fuero Juzgo. La ley que menciona las acusaciones por robo, envenenamiento o hechicería, pasa a ser por robo y por dar “yerbas o venino a beber” 12. Lo mismo ocurre en una norma sobre el poder torturar a los esclavos de un sospechoso de adulterio, acuñación de moneda falsa o maleficios. En la traducción del XIII estos últimos pasaron a ser “yerbas para matar a alguno” 13.

  • 14 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/41186-sancho-i. F. COLLARD, op. cit., p. 48.
  • 15 Beatrice DEL BO, Arsenico e altri veleni. Una storia letale nel Medioevo, Bologna: Società editrice (...)
  • 16 Rafael DE UREÑA Y SMENJAUD (ed.), Fuero de Cuenca. Formas primitiva y sistemática, texto latino, (...)
  • 17 José SARRIÓN GUALDA, «Encantamiento, herbolarias y hechiceras en el Fuero de Cuenca y en los de s (...)

8Aunque ya en 966 Sancho I de León murió envenenado, es en el siglo XIII cuando parecen anunciarse nuevos miedos14. A finales del XII en Castilla se volvió a legislar sobre los envenenadores en el Fuero de Cuenca, un corpus que se extendió durante el siglo XIII a muchos otros lugares del Sur. En una de sus leyes menciona a las herboleras. Estas recogían hierbas para sí mismas y seguramente también para boticarios y otros profesionales15. Pero junto a ellas, condenadas también a la hoguera, aparecen las hechiceras16. El texto no dice el por qué la recogida de plantas está a la altura de la hechicería (y por qué solo habla de mujeres). La explicación es que para sus autores herboleras y hechiceras son lo mismo, creaban los mismos males con diferentes medios, siendo el más frecuente el de la muerte. Así la herbolera pasa a ser una fabricante de venenos17. No porque sea esta su actividad principal sino porque puede hacerlos. Los romanos identificaban a los hechiceros con los envenenadores y en Cuenca se identifica a las hechiceras con las herboleras, lo cual traza un camino: las envenenadoras son hechiceras y las hechiceras son herboleras; así que las envenenadoras son herboleras.

El siglo XIII: un nuevo miedo

  • 18 F. COLLARD, op. cit., p. 46-48.
  • 19 Ibid., p. 44.
  • 20 Ibid., p. 48. B. DEL BO, op. cit., p. 162.

9La historia de los venenos en el Medievo tiene una inflexión a mediados del siglo XIII. En ese momento aumenta el interés por estas sustancias: se traducen obras antiguas sobre venenos y aparecen amuletos que funcionan como protectores contra ellos o eran capaces de identificarlos, así como nueva información sobre antídotos18. Pero en los archivos judiciales no se ve un aumento de los envenenamientos. Sí que es cierto que aparecen personas juzgadas por envenenar a otras, pero al no tener casi series archivísticas previas no hay nada con lo que comparar19. Pese a todo, ese mayor interés por los venenos sí permite afirmar que en esa centuria aumentó el miedo a ser envenenado o a tener contacto con algún tóxico de origen animal o vegetal20.

  • 21 Fernando GÓMEZ REDONDO, Historia de la prosa medieval castellana I. La creación del discurso pros (...)
  • 22 Alfonso X EL SABIO, Lapidario. Texto íntegro en versión de María Brey Mariño, Madrid: Castalia, 197 (...)
  • 23 Ibid., p. 75.
  • 24 Ibid., p. 71-73.
  • 25 Ibid., p. 78.
  • 26 F. GÓMEZ, op. cit., p. 624.
  • 27 ALFONSO X EL SABIO, Libro de las formas y de las ymágines. Edición para el CORDE: P. Sánchez-Pri (...)
  • 28 Ibid., p. 2, aries 20, p. 10, sagitario 9, p. 40 cap. 86.
  • 29 ALFONSO X EL SABIO, Libro complido en los judizios de las estrellas. Edición para el CORDE: P. Sá (...)
  • 30 Ibid., p. 440 y 461.

10En Castilla el interés por los venenos en el siglo XIII hizo que se tradujeran obras donde estos tienen protagonismo, y que se escribieran otras donde son el tema principal. Hacia 1250 Alfonso X compiló un lapidario (obra sobre las propiedades de las piedras y la influencia de los astros sobre estas) mediante otros cuatro de autores árabes21. En él se incluyeron piedras que, consumidas en forma de polvo, resultan ser venenosas como la aliaza o la que se encuentra dentro de la cabeza de la liebre marina22. También las hay que, en contacto con las mordeduras de animales venenosos, son capaces de curarlas como la taroc23. Otras que, pulverizadas, sirven de antídoto para todos los venenos, como el bezahar de color pardo-amarillo24. Y hay piedras como la hetora que pierden su brillo cuando están cerca de un veneno, o hacen hervir la bebida envenenada si se añaden sus limaduras25. En 1276-1279, el Rey Sabio mandó componer un nuevo lapidario con más fuentes y una finalidad más hermética, el Libro de las formas et de las imágenes. De esta obra más centrada en la alquimia y la nigromancia a través de las piedras, sólo se conserva el prólogo y el índice26. Pero en este último aparecen piedras que, influenciadas por las constelaciones y mediante conocimientos de nigromancia, permiten protegerse de cualquier envenenamiento o hacer beber un tóxico27. Y también curar mordeduras de animales venenosos28. Por su parte otra traducción, El libro conplido en los judizios de las estrellas, utiliza la astrología para predecir si una persona morirá envenenada29. Pero también para saber si vivirá un intento de envenenamiento o si tendrá miedo a morir así30.

  • 31 Cándida, FERRERO HERNÁNDEZ, Liber contra venena et animalia venenosa. Estudio preliminar, edición c (...)
  • 32 Ibid., p. 64.
  • 33 Ibid., p. 440-447.

11Un coetáneo de Alfonso X, Juan Gil de Zamora (1241-1318), escribió entre 1289 y 1295 el Liber contra venena et animalia venenosa31. No es una enciclopedia sobre los venenos, sino que ofrece remedios contra animales y plantas que, más que venenosas, son “fastidiosas”32. Pero también hay capítulos contra productos peligrosos como el azogue. Y en uno de ellos se habla de los venenos en general, haciendo una clasificación de estos, de los signos del cuerpo por los que se puede saber qué veneno se ha suministrado, del cómo prevenir el envenenamiento o qué hacer tras ingerir un tóxico33.

  • 34 Ibid., p. 31-33 y 257.

12En el prólogo el autor dedica el escrito a su amigo y maestro general de su orden fray Raimundo de Godefroid, para que pueda protegerse de los “tósigos comunes y pociones mortales” por los cuales murieron muchos varones ejemplares34. Aquí se ve bien ese miedo a ser envenenado que irrumpió con fuerza en ese siglo, y que suscitaría un interés general que llevaría a la aparición de obras como esta.

  • 35 B. DEL BO, op. cit., p. 223-224.
  • 36 ALFONSO X EL SABIO, Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alfonso el IX [sic] / con las variantes de (...)
  • 37 Ibid., VII, 8, 6.
  • 38 Ibid., VII, 8, 8.

13Ese nuevo pánico a ser envenenado también tuvo su reflejo en los ordenamientos jurídicos del momento. En los italianos se endurecieron las penas a quienes utilizaban el veneno como arma homicida, y se empezó a penar a los que elaboraban estos tóxicos o comerciaban con ellos35. En Castilla, Las Partidas castigan con la misma pena que a los homicidas a quien compre, venda o elabore venenos, así como el que enseñe a otro el uso de hierbas o la fabricación de diferentes sustancias con la finalidad de asesinar a alguien, lo logre o no36. También pune a los médicos que envenenan con falsos fármacos a sus pacientes para matarlos37. Junto a estas normas son castigadas las mujeres que abortan mediante hierbas u otras maneras, así como a los hombres que las obligan a hacerlo38.

La Baja Edad Media: venenos, envenenadores y motivaciones

  • 39 B. DEL BO, op. cit., p. 224.
  • 40 Ibid., p. 205.
  • 41 Ibid., p. 189-190.

14La Baja Edad Media no solo trajo un mayor número de referencias sobre los venenos en la literatura científica o en las leyes. También en los archivos judiciales. No obstante, no hay que olvidar que estamos en una época donde era difícil determinar si una muerte había sido provocada por una enfermedad o por veneno. Hay afecciones que se confundían con envenenamientos y envenenamientos que se creían eran enfermedades39. Y se desconocía que determinadas actividades industriales provocaban envenenamientos40. Por eso nunca es seguro si un sospechoso de haber fallecido por envenenamiento en aquella época fue envenenado o estaba ya enfermo. Este fue el caso del boloñés Corvolino. Según la acusación, su esposa Imelda puso en su comida arsénico. Pero antes de que esto ocurriera, Corvolino arrastraba una dolencia desde hacía meses que le tenía postrado en la cama, un mal para el cual había pedido ayuda a un médico, pero no había recibido tratamiento porque no se había puesto de acuerdo con el galeno respecto al salario de este41. Pero pese a estas dudas que siempre sobrevuelan un caso de envenenamiento, no se anula el que en los archivos es donde se ve que el perfil de las víctimas era tan variado como los motivos que llevaban a desear sus muertes.

  • 42 Ibid., p. 249-249.
  • 43 Núria JORNET BENITO, «La femme agressée et agresseur. Une analyse des procès judiciaires catalans d (...)
  • 44 B. DEL BO, op. cit., p. 48-49.
  • 45 Ibid., p. 222.
  • 46 Ibid., p. 188-189.
  • 47 F. COLLARD, op. cit., p. 41.
  • 48 María Raquel GARCÍA ARANCÓN, «Muertes sospechosas y procesos políticos en torno a los reyes capetos (...)
  • 49 Ibid., p. 184, 195.
  • 50 Ibid., p. 212, 219.
  • 51 PEDRO IV EL CEREMONIOSO, Crónica del rey de Aragon D. Pedro IV el Ceremonioso, ó del Punyalet, escr (...)
  • 52 B. DEL BO, op. cit., p. 136, 151-162.
  • 53 Ibid., p. 130.
  • 54 Joan MAHIQUES CLIMENT, «Envenenamiento y apariciones de don Carlos de Viana: orígenes históricos y (...)
  • 55 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/1022-alfonso-xii-de-trastamara

15El veneno no era solo una cuestión de reyes ni de poder. En los archivos italianos encontramos a esclavas que compran veneno para acabar con sus amos. Se suelen desconocer sus motivaciones, pero seguramente estaban relacionadas con los abusos que sufrían. En 1410 la esclava del veneciano Nicoló Barbo le suministró arsénico tras que este la castigara por estar embarazada, tal vez de él, tal vez de otro hombre de la casa, tal vez tras ser violada42. Tampoco son raros los casos de mujeres del pueblo llano y de la burguesía que acaban con la vida de sus maridos. En 1374 la viuda de Arnau Marqués, comerciante barcelonés, fue acusada de asesinarle con arsénico43. En 1375 la milanesa Ambroginia utilizó arsénico y mercurio para matar a su marido. Al menos el primero fue adquirido en una botica44. Sus motivos se nos escapan, pero los de Cortesia no tanto. En algún momento de la primera mitad del XV en Padova, el que esta mujer tuviera un amante parece que la impulsó a envenenar a su marido. Necesito dos intentos, envenenando accidentalmente en el primero a alguno de sus sirvientes45. Si el deseo de casarse con su amante empujó a Cortesia, ese mismo motivo llevó a un noble de Bérgamo en 1383 a envenenar al marido de la campesina a la que deseaba. Para ello contrató a otra pareja de labradores, que dieron de comer a la víctima el plato típico de la región pero envenenado46. Tampoco falta el clero. Los registros de los capítulos generales del Cister revelan cuatro casos de envenenamiento47. Probablemente detrás de muchos de ellos estaban las luchas por el poder dentro de los monasterios. Y no se puede olvidar a las más altas jerarquías. Blanca de Artois (1248-1302), reina de Navarra, y su hija Juana I, reina de Navarra y Francia (1273-1305), murieron supuestamente envenenadas por el obispo Guichard de Troyes, un protegido de la primera caído en desgracia tras ser acusado por corrupción48. Según los testigos, usó conjuros y venenos para eliminar a Blanca y solo veneno con su hija49. En 1316 Navarra y Francia volvieron a vivir una situación parecida al morir Luis X y su hijo póstumo y prematuro, Juan I. La acusada fue Mahaut de Artois, a la que la muerte de ambos, supuestamente con veneno, convirtió en la madre de la nueva reina de Francia50. Ante este panorama de crímenes políticos con veneno, no es rara la preocupación que el rey Pedro IV de Aragón reflejó en su crónica. Relata que, durante los años previos a la muerte de su padre en 1336, tuvo miedo de que su madrastra Leonor de Castilla le envenenara a él o a su hermano para que los hijos de ella heredaran el trono. Por ello vivieron con diferentes protectores, lejos de la corte de su padre porque si regresaban a ella, según sus propias palabras: “al punto seríamos muertos, no por dicho rey nuestro padre, si por la reina nuestra madrastra, que nos envenenaría tan pronto como fuésemos en poder de aquel51. Es, probablemente, el ejemplo más palpable de ese miedo de la época a ser envenenado. Es posible que, para aumentar su protección, Pedro portase cuernos de unicornio y lenguas de serpiente, y que supiese que debía ingerir determinadas hierbas, triaca o vomitar si sospechaba que había ingerido veneno52. O tal vez empleaba catadores, que aparecieron en el Papado en el siglo XIII53. Un siglo después fue supuestamente envenenado por su madrastra el primer príncipe de Viana, heredero de Navarra y primogénito de Aragón, Carlos de Evreux (1421-1461)54. Y siete años después el que moría era el heredero de Castilla, Alfonso, hermanastro de Enrique IV. Probablemente su asesino no fue su hermana, la futura Isabel la Católica, sino Juan Pacheco, el hombre que dominaba al rey55.

  • 56 Lope GARCÍA DE SALAZAR, Bienandanzas e fortunas. Edición realizada por Ana María Marín Sánchez, dis (...)
  • 57 Carlos, BARROS GUIMERÁNS, «Violencia y muerte del señor en Galicia a finales de la Edad Media», Stu (...)
  • 58 Ibid., p. 128-130.

16En Castilla, los archivos y alguna crónica relatan casos de envenenamientos fuera de la realeza, ofreciendo datos sobre los envenenadores, sus motivaciones y los tóxicos utilizados. Los enfrentamientos entre nobles provocaron muertes con veneno. Uno de los más antiguos ocurrió en 1412 y se enmarca en las luchas banderizas que asolaron el actual País Vasco. Tras ser liberados de un encarcelamiento injusto, dos hermanos que además eran canónigos, fueron envenenados con unas hierbas y murieron tres días después56. En 1480 el Duque de Arjona mató a dos hijos del caballero Lopo Afonso de Marceo porque este no quiso entrar a su servicio. A uno de ellos le obligó a beber un veneno57. Las disputas internas de las familias nobles también llevaban al asesinato con tóxicos. Pedro de Sotomayor no aceptó que su madre, la condesa de Camina, se aliara con uno de los mayores enemigos de su familia, y por eso orquestó su muerte en 1518. Primero mando que le dieran una paliza mortal, pero sobrevivió. Así que pidió a otros criados suyos que fueran a Portugal en busca de “ponçoña e yerba e solimán”. La expedición fue estéril58.

  • 59 AGS, RGS 1480-05, 249 (fol. 1rv).

17Los conflictos en el vecindario también llevaban a usar veneno. Estando sano, el inglés Juan Pay murió repentinamente un día de 1475. Curiosamente estaba inmiscuido en un pleito con un vecino. Y tras su defunción desaparecieron de su casa unos documentos, así como algunos bienes. Todo esto hizo sospechar a su primo, de ahí que pidiese la reapertura del caso por envenenamiento59.

  • 60 Javier ENRÍQUEZ FERNÁNDEZ (et alli) (eds.), Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Regist (...)

18La codicia parece estar detrás del caso de Martin Sánchez de Arriaga en 1481. Algunos de sus familiares se unieron para envenenarle y así heredar sus bienes. La encargada de darle “yeruas ponçoñosas e mortiferas” e “poluos ponçoñosos” fue su parienta Catalina de Vedia, la cual lo intentó dos veces. La primera, llevó a su familiar una empanada de pescado envenenada. Tanto Martín como muchos de sus criados empezaron a vomitar con el primer bocado y se salvaron gracias a un antídoto. Como toda la casa sabía que Catalina era la responsable de lo que había pasado, cuando lo intento por segunda vez la dejaron actuar. Se acercó a una olla con comida, sacó del escote una papeleta con unos polvos y los arrojó dentro. En ese momento la detuvieron. El contenido de la olla fue dado a probar a un perro y empezó a tener signos de envenenamiento, así que le dieron un antídoto. La papeleta, que aún contenía restos, fue entregada al alcalde del lugar, e hizo que fuera examinada por físicos y boticarios, confirmando estos su toxicidad60.

  • 61 Ricardo CÓRDOBA DE LA LLAVE, «El homicidio en Andalucía a fines de la Edad Media, segunda parte: do (...)
  • 62 ARCHVA, RR.EE., 414, 42 (fol. 1rv).
  • 63 María Teresa LÓPEZ BELTRÁN, «En los márgenes del matrimonio: transgresiones y estrategias de su (...)
  • 64 ARCHVA, RR.EE. 345, 42 (fol. 1rv).
  • 65 ARCHVA, RE.EE. 385, 36 (fol. 1rv).

19También hay envenenamientos entre parejas sexuales, casadas o no. En 1480 falleció en Sevilla Diego González. Su amante Isabel González de Alanis le dio un brebaje de “anis con yerbas e ponçoñas”. Diego consiguió llegar a su casa y contar lo ocurrido antes de morir, lo que hizo que la agresora fuera condenada a muerte61. Gabriel González tuvo más suerte y sobrevivió al intento de su mujer de asesinarlo mediante un potaje con, al menos, solimán62. Desconocemos las motivaciones de estas dos últimas personas, al contrario que en los siguientes casos. Había mujeres que envenenaban a sus maridos para poder reiniciar su vida con otros hombres. Esto es lo que sugirió Diego Muñoz al relatar que su mujer, María de Acuña, le había sido infiel y que intentó envenenarlo con “yervas”, motivos que le llevaron a matarla63. Y la misma relación entre adulterio y envenenamiento hizo García Álvarez en 1520. Su mujer no solo tuvo sexo con diferentes hombres incluidos criados y mozos de la casa, sino que intentó envenenarle varias veces con unos “polvos” 64. Pompeo Gimón fue menos afortunado. Su mujer Isabel mantenía una relación con Artal de Minia y ambos contrataron a Beatriz Brava para que cocinara un buñuelo con “hierva de ballestero y soliman” que mató a Pompeo poco antes de 152665.

  • 66 Carlos CARRETE PARRONDO (ed.), El tribunal de la Inquisición en el Obispado de Soria (1496-1502), (...)

20Los malos tratos que sufrían las mujeres por parte de sus maridos aparecen como motivo para envenenarles. En 1492 Miguel González, clérigo en Atienza, confesó ante la Inquisición cómo años atrás se vio envuelto en un falso caso de envenenamiento. Un amigo suyo, también clérigo, había tenido una relación con una viuda, la cual finalizó sin grandes problemas, seguramente cuando ella se volvió a casar. El matrimonio fue tranquilo hasta que el marido descubrió la antigua relación. Los celos derivaron en sospechas de adulterio y en malos tratos hacia ella y su madre, así que decidieron asesinarlo. Para ello las mujeres pidieron ayuda al antiguo amante, pero no estaba dispuesto a dársela. Este, junto con su amigo, idearon un plan para librarse de su insistencia y aprovecharse de ellas, vendiéndolas unos polvos venenosos que realmente fabricaron ellos con sustancias inocuas. Por supuesto el marido no murió y ellas se quejaron, pero el clérigo afirmó que el veneno lo había comprado por bueno66.

  • 67 AGS, RGS, 1495-02, 555 (1r).
  • 68 Juan Miguel MENDOZA GARRIDO, Delincuencia y represión en la Castilla bajomedieval (los territorios (...)
  • 69 ARCHVA, RR.EE., 237, 15, 1509 (fol. 1rv).

21Los hombres casados también utilizaban el veneno contra sus parejas. En 1495 el marido de Juana de la Lama, junto con un criado, le administró unas “yervas ponçonosas”, no se sabe por qué67. No obstante, el veneno fue utilizado por diferentes hombres para eliminar a sus mujeres adúlteras. Así lo hizo el escribano público de Toledo Juan Ortiz, que en 1485 administró “çiertos polvos” a su mujer Francisca Núñez68. Lo mismo intentó el marido de María Rodríguez al creer que ella lo engañaba. En vez de comprobarlo o denunciarla decidió matarla, tal vez movido por la venganza y/o porque era el camino más rápido para rehacer su vida. Pero María no murió y le denunció en 150969.

22El adulterio masculino también era causa de muerte entre las mujeres casadas. En 1520 García Álvarez fue acusado de envenenar a su mujer porque tenía una amante con la que no tardó en casarse cuando enviudó70. Y poco antes de 1545 quien utilizó un “toxico de ponçoña” para acabar con su mujer fue Pedro Osorio. Tanto él como ella pertenecían a la nobleza, siendo Constanza hija de un miembro del Consejo de Órdenes Militares y de una integrante de la familia Carrillo71. Maltratada físicamente y amenazada de muerte muchas veces, decidió irse a un convento en Salamanca. Pero convencida por su marido de que había cambiado, reiniciaron la convivencia. No obstante, el objetivo real de Pedro era casarse con su amante, la cual le incitó a envenenar a Constanza72.

  • 73 José Manuel NIETO SORIA, Un crimen en la corte: caída y ascenso de Gutierre Álvarez de Toledo, Seño (...)
  • 74 Ibid., p. 89, 93-94.

23El caso castellano más rico de un asesinato con veneno es el más antiguo. Estudiado en 2006 por Nieto Soria, trata de los envenenamientos que entre octubre de 1401 y febrero de 1402 sufrió Juan Serrano, consejero real, obispo de Sigüenza y en aquellos momentos cabeza de la Iglesia castellana al haber muerto los arzobispos de Toledo y Sevilla73. Su agresor fue Gutierre Álvarez de Toledo, arcediano de Guadalajara, el cual quería convertirse en arzobispo de Toledo con 26 años. Con esa edad no podía serlo, y además Juan iba a impedírselo porque también era vicario general del arzobispado74.

  • 75 Ibid., p. 250-254, 256.
  • 76 Ibid., p. 111.
  • 77 Ibid., p. 112.
  • 78 Ibid., p. 234-235, 127-128 y 124.

24Puesto que víctima y agresor ni vivían juntos ni compartían espacios, Gutierre tuvo que implicar a otras personas. En el primer y tercer intento logró contar con el cocinero de su víctima, al que prometió dinero y una esposa75. Para el segundo contó con una conocido en común con el de Sigüenza, el doctor en leyes y clérigo Juan Alfonso de Madrid. Muy posiblemente este era parte de los electores que eligieron a Gutierre como arzobispo de Toledo, así que es probable que estuviera dispuesto a ayudarle con sus objetivos76. Los testimonios que señalan su colaboración no lograron ser suficientes para procesarle, como tampoco se pudo procesar a otros personajes que no parecen ajenos a lo ocurrido, exactamente el condestable Ruy López Dávalos y el almirante Alfonso Enríquez77. El de Sigüenza no fue el único obispo envenenado en esos años. Se rumoreaba que así había muerto el de Lugo y el arzobispo de Sevilla78.

  • 79 Ibid., p. 257-258.
  • 80 Ibid., p. 104.
  • 81 Ibid., p. 107.
  • 82 F. COLLARD, op. cit., p. 50-52, 239-240. B. DEL BO, op. cit., p. 35.
  • 83 J. M. NIETO, op. cit., p. 107-108, 249.

25El primer intento de envenenamiento fue en Segovia en 1401 mediante unos polvos de composición incierta. Estos, que se transportaban en sobres de papel, fueron utilizados tres veces en días y platos diferentes al no surtir efecto79. No obstante, el obispo sí se sintió enfermo80. Así que o el veneno no fue del todo inocuo y su efecto retardado hizo que el cocinero no lo relacionara con los alimentos envenenados, o el obispo enfermó de otra dolencia. El segundo intento fue en Madrid. Allí comió con Juan Alfonso, tras lo cual empezó a sentir un ardor en el hígado, posible síntoma de la ingesta de arsénico81. Cuando el obispo fue a Toledo, ciudad famosa por elaborar venenos, Juan Alfonso le envió un preparado a base de hierbas y miel, donde el azúcar permitía esconder el amargor del veneno82. Tal producto levantó sospechas. Al hombre que lo trajo se le pidió que lo probara, e hizo una cata falsa nada creíble. Tras esto una mujer lo probó y empezó a ahogarse o a vomitar sangre, y hubo que socorrerla con un antídoto83.

  • 84 Ibid., p. 259.
  • 85 Ibid., p. 119-122.
  • 86 Ibid., p. 248.
  • 87 Ibid., p. 132.
  • 88 Ibid., p. 10.
  • 89 Ibid., p. 173.

26El último intento fue en Sevilla. El cocinero mezcló unos polvos nuevos con unas espinacas84. A la mañana siguiente el obispo empezó a vomitar sangre y a sufrir una hemorragia intestinal baja85. Los médicos sospecharon que había sido envenenado86. El obispo murió y la investigación de los hechos señaló rápidamente a Gutierre de Toledo87. Este acabó preso durante cuatro años, hasta la muerte de Enrique III, amigo de Juan Serrano. Tras esto obtuvo un sobreseimiento del caso por el papado, así pudo retomar su carrera política y eclesiástica, que culminó en 1442 al conseguir ser arzobispo de Toledo88. Aun así, al poco de volver de la curia papal, el recuerdo de lo ocurrido con Juan Serrano le pasó factura. En octubre de 1408 el regente de Castilla, Fernando de Antequera, sufrió un intento de envenenamiento con una empanada de pescado. Quien se la ofreció, el tesorero del Reino Juan Sánchez Abarbanel, fue obligado a comerla, muriendo a los dos días. Gutierre fue encarcelado hasta que se descubrió su inocencia89.

¿Dónde adquirir un veneno?

  • 90 Hélène THIEULIN-PARDO (ed.), Confesionario. Compendio del Libro de las confesiones de Martín Pérez. (...)
  • 91 F. COLLARD, op. cit., p. 57-58.

27En su Confesionario Martín Pérez menciona que para obtener venenos no se recurre a hechiceros o hechiceras sino a boticarios, especieros y buhoneros, así como herbolarios y semilleras, personas que comercian con hierbas y otras sustancias peligrosas90. Por su parte, en la documentación contenida en los archivos italianos, estos administradores de venenos son sobre todo los boticarios, pese a que médicos, matronas, alquimistas, así como recolectores y vendedores de hierbas, también tenían los conocimientos para elaborarlos91.

  • 92 B. DEL BO, op. cit., p. 25-26.
  • 93 Luis GARCÍA BALLESTER, «La "çiençia y el ofiçio de la boticaría"«, in: Luis GARCÍA BALLESTER (dir.) (...)
  • 94 Ibid., p. 38-39. Teresa CRIADO VEGA, Tratados y recetarios de técnica industrial en al España medie (...)
  • 95 Antoni Ignasi ALOMAR I CANYELLES, «Dos inventaris d’apotecaria del segle XIV», Gimbernat: Revista d (...)
  • 96 Ibid., p. 87.
  • 97 F. COLLARD, op. cit., p. 52-54.
  • 98 Ibid., p. 54.
  • 99 Ibid., p. 57.
  • 100 B. DEL BO, op. cit., p. 48-49.
  • 101 L. GARCÍA BALLESTER, op. cit., p. 879.
  • 102 María del Carmen PEIRÓ MATEOS, El comercio y los comerciantes en la Murcia de finales de la Edad Me (...)
  • 103 L. GARCÍA BALLESTER, op. cit., p. 873.

28En las boticas medievales se podía encontrar una gran variedad de productos. Por ejemplo, en las italianas estos iban desde azúcar hasta jabón92. Y algunos boticarios castellanos combinaban la actividad sanitaria con la venta de cera o papel93. No era raro que vendiesen tóxicos como el rejalgar (sulfuro de arsénico), usados para actividades industriales como el encurtido de pieles o el tinte de telas94. En 1348 el boticario mallorquín Guillem Ross tenía en su establecimiento argento vivo (mercurio) y los tres tipos de rejalgar95. En el mismo año y lugar su compañero Mateu Vila vendía argento vivo y oropimente (trisulfuro de arsénico), el rejalgar rojo96. Conforme fue transcurriendo la Edad Media, la presencia de las boticas se hizo mayor, facilitando el acceso a determinados productos a toda la población97. Sobre todo a los venenos de origen mineral como el arsénico o el mercurio. No obstante, una visita al boticario podía ser sospechosa98. Y muchos se negaban a vender sustancias peligrosas99. Y los había que preguntaban antes la identidad de quién las iba a usar100. Pero otros despachaban tóxicos sin preguntar. Para intentar acabar con los boticarios deshonestos, pero también con los médicos que expedían recetas de venenos, en Aragón en el XIV y en Castilla desde al menos el XV, se obligó a los boticarios a registrar qué sustancias vendían y a quién101. El concejo de Murcia fue a más y en 1484 obligó a que cada vez que alguien quisiera comprar a un boticario rejalgar, solimán (cloruro mercúrico), arsénico o cualquier “yerva enponçoñada”, debía llamar a las justicias y a dos regidores para realizar la transacción102. Pero parte de estos productos eran vendidos en ferias y por buhoneros que viajaban de poblado en poblado, lo cual facilitaba el descontrol y su acceso anónimo103.

Intoxicaciones involuntarias con remedios médicos o pseudomédicos

  • 104 Sergio ARMENTA ESTRELA y Adela MAURI I AUCEJO, «Sobre la toxicidad de los elementos usados en las r (...)

29Como ya se ha visto, no era raro que en la Edad Media los venenos resultasen inocuos. También podía ocurrir lo contrario, que sin querer un remedio médico acabase siendo un veneno y dañase la salud de alguien. La seguridad farmacológica y alimentaria en el Medievo era nula104. Por eso había elaboraciones que no funcionaban y otras que funcionaban mal, a veces por lo ingredientes que contenían, otras por la incompetencia de quien las elaboraba o por su avaricia.

  • 105 Ibid., p. 253-255.
  • 106 B. DEL BO, op. cit., p. 149-151.

30En el Medievo se desconocía que el uso o consumo de determinadas sustancias, aún en pequeñas dosis, podía ser letal al acumularse en el cuerpo. Diferentes remedios de belleza en uso eran peligrosos al contener plomo o arsénico105. Y lo mismo ocurría con los fármacos. Cuando el emperador Enrique VII murió, se pensó en un envenenamiento. Pero el culpable fue el arsénico de un medicamento que llevaba tiempo tomando106.

  • 107 Ibid., p. 27-28.
  • 108 F. COLLARD, op. cit., p. 57.
  • 109 L. GARCÍA, op. cit., p. 883.
  • 110 Ibid., p. 895.
  • 111 Ibid., p. 873, 879.

31Un fármaco también podía ser mortal si se elaboraba mal, por ejemplo, si sus concentraciones eran incorrectas107. También si se usaban productos de mala calidad o se intercambiaban por otros más baratos. La mala praxis en la Edad Media existía, así como los intentos de eliminarla. En 1271 la Facultad de Medicina de París denunció la existencia de farmacéuticos incompetentes. De ahí nacieron ordenanzas contra la dispensación de medicamentos caducados, adulterados, con dosis incorrectas o nocivos108. La existencia de boticarios deshonestos y/o ineptos llevó al médico Alonso Chirino, entre el siglo XIV y el XV, a exigir estar presente en las elaboraciones de los boticarios que se suministraban a sus pacientes109. En 1489 Juan Ruiz de Santa Cruz, médico en Ciudad Real, denunció al boticario del lugar por haber provocado la muerte de varios de sus pacientes al venderles medicamentos adulterados. Y un año después fue Rabí Samuel el que acusaba a diferentes boticarios de Bilbao de haber matado a uno de sus pacientes con medicamentos en mal estado y mal elaborados110. Por tanto, no es raro que a finales del siglo XV en Castilla se intentase que sólo fabricaran y vendieran medicinas boticarios que hubieran pasado un examen. Incluso se propuso uno anual que incluyera a médicos y cirujanos, ya que estos también los elaboraban111.

  • 112 Ibid., p. 879 y 884.
  • 113 B. DEL BO, op. cit., p. 27.

32Otra forma de control era que el boticario escribiese en un registro qué preparados entregaba a los enfermos, su composición y quién se los había recetado, y que guardase la receta escrita y firmada por el médico. Así, si ocurría algún error, se podía averiguar quién había errado, si el médico, el boticario o el paciente. Esto ya era practicado en Castilla al menos desde mediados del XV, en Aragón un siglo antes y en Valencia desde 1329112. Lo mismo ocurría en Italia113.

  • 114 A. X EL SABIO, Las Siete Partidas…, VII, 22, 2.
  • 115 C. CARRETE, op. cit, p. 50.
  • 116 Cayetano ROSELL (ed.), Crónicas de los reyes de Castilla desde Don Alfonso el Sabio, hasta los Cat (...)

33Si quienes tenían cierta formación cometían errores, estos se podían multiplicar entre quienes no tenían ninguna. Los y las fabricantes de filtros de amor podían ofrecer a sus clientes productos que no eran inocuos y, como indican Las Partidas, acabar matando a quien los tomaba o creándole un problema de salud114. Entre estas personas creía estar Miguel González, el clérigo de Atienza ya mencionado. En su juventud una mujer le dio ciertos bebedizos, no se sabe para qué, pero lo que sí es cierto es que enfermo tras tomarlos y los médicos vieron ahí el origen de su mal. Tales bebedizos le dejaron como efecto secundario el llenársele de ampollas la piel de manera repentina, aunque esto podría ser una alergia sin nada que ver con el filtro115. Menos suerte se rumoreó que tuvo Fernando el Católico. En su crónica, Hernández del Pulgar desmiente que el rey muriera tras consumir un potaje con unas “yervas” para aumentar su potencia sexual. En teoría este fue preparado por María de Velasco, mujer del contador mayor, e Isabel de Cabra, camarera de Germana de Foix, seguramente inexpertas en la preparación de fármacos116.

  • 117 Ana E. ORTEGA BAÚN, “Conociéndose carnalmente": sexo y sexualidad en la Castilla medieval (de final (...)
  • 118 A. E. ORTEGA, op. cit., p. 726.

34Como cualquier fármaco medieval, los abortivos podían ser efectivos e inocuos, fallidos e inofensivos o venenosos y peligrosos. Se puede suponer que lo que las mujeres medievales pedían a una sustancia abortiva era que diese resultado sin poner en peligro su salud. Pero no era fácil acceder a ellas. Durante toda la Edad Media en Castilla el aborto estuvo penado por las leyes civiles y condenado como pecado por la Iglesia, castigándose tanto a las mujeres que abortaban como a quienes las ayudaban117. Estas prohibiciones provocaron que muchos médicos y boticarios no recetasen o vendiesen abortivos. Pero sí los conocían, pues no es raro que aparezcan en libros de botánica o de medicina118. Aunque lo que sí hacían era dispensar un producto de estas características cuando el feto ya no tenía vida, como se verá a continuación.

  • 119 María Teresa HERRERA y María Estela GONZÁLEZ DE FAUVE (eds), Textos y concordancias electrónico (...)
  • 120 ARCHVA, RR.EE., 324, 11, 1517 (fol. 1r).
  • 121 ARCHV, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 108v).

35En una traducción de un libro de medicina, un boticario castellano de finales del XIV o inicios del XV introdujo algunas de sus experiencias, criticando a aquellos hombres que venían a su botica en busca de abortivos para sus amantes119. La rigidez de sus valores contrasta con otros boticarios y médicos. Podemos suponer que algunos sentían piedad hacia una mujer en una situación difícil. Otros, seguramente, hacían lo mismo, pero por un módico precio. Los había que suministraban abortivos a sus amistades, como en el caso de Pedro López120. Y finalmente, había boticarios que eran engañados para obtener abortivos. Ya se dijo que, desde al menos el siglo XV en Castilla, los boticarios necesitaban una receta firmada por un médico para entregar cualquier medicamento, ente ellos un abortivo. Y que los médicos recetaban estos productos solo si se encontraban con un aborto retenido, es decir, un feto sin vida que no había sido expulsado del útero. Esa receta que se debía presentar ante el boticario podía ser falsa. Es muy posible que Juan de Landaverde usase este engaño para lograr un abortivo para su hijo nonato vivo121.

  • 122 AHN, OO.MM, AHT, exp. 9679 (fol. 2r-3r, 4v-5r).
  • 123 ARCHVA, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 133r).
  • 124 ARCHVA, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 8r, 9r).
  • 125 ARCHVA, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 4r, 7r, 1339r).

36Catalina Díaz y su pareja mantenían una relación prohibida. Por eso, cuando ella quedo embarazada, pidieron ayuda a dos médicos, un boticario y un cirujano que directa o indirectamente se negaron a ayudarlos. Así que buscaron en su entorno a alguien que, por casualidad, les pudiera ayudar122. El hecho de que médicos y boticarios no recetasen abortivos hacía que estos se obtuviesen en la clandestinidad, un mundo oculto donde productos eficaces y seguros, pero también falsos y peligrosos, eran puestos en circulación por especialistas en hierbas, en hechizos y otros personajes. Por ejemplo, Landaverde compró abortivos tanto a un boticario como a una “vieja”123. La desesperación de estas mujeres por encontrar un remedio efectivo las empujaba a consumir productos cada vez más sospechosos que podían ser venenosos. Pero el caso de María Pérez de Mendibil es especial, pues roza el envenenamiento. María era una mujer casada del pueblo llano. Estando su marido fuera de su tierra, tuvo una relación muy tormentosa, que hasta podríamos tildar de abusiva, con su pariente Juan de Landaverde. María se quedó embarazada y empezó a buscar un abortivo, pero los que tomó no resultaron eficaces124. Un día Juan apareció con otro abortivo, el quinto según los testigos, el tercero fabricado por una anónima mujer. María se negó a beber, así que Juan hizo que lo tragara a la fuerza. Aquel producto fue un estrepitoso fracaso. La enfermó gravemente durante un tiempo, muy probablemente porque alguno de sus ingredientes era tóxico. Pero no abortó, aunque es posible que su hijo no sobreviviera más allá de unas horas por las secuelas que en su cuerpo en desarrollo provocó aquel bebedizo125.

  • 126 AHN, OO.MM., AHT, exp. 8041 (fol. 267v).

37El caso de María no es único. La anónima sobrina de Francisco Gómez, a la que este había dejado embarazada, estuvo también un día al filo de la muerte tras ser obligada a beber un abortivo126. Otras, con menos suerte, seguramente murieron. Estos hombres no son los típicos envenenadores. Pero por el efecto que tuvieron los abortivos en sus parejas, se podría llegar a pensar que sí sabían que esos brebajes podían ser muy peligrosos, y aun así preferían correr el riesgo o incluso que ellas muriesen con tal de no ser padres. De esta manera sí entrarían en el grupo de envenenadores conscientes.

Sumisión química

38La sumisión química es el administrar a una persona sin su consentimiento determinadas sustancias que alteran la consciencia, el comportamiento y/o la voluntad con el fin de aprovecharse de ellas. Es una forma de envenenamiento temporal que no busca acabar con una vida, sino el doblegarla por un tiempo. Uno de los casos más antiguos de la historia peninsular lo vivió el rey Wamba (672-680). Este sufrió un complot para destronarle, pero en vez de asesinarle se le hizo creer que iba a morir al suministrarle una sustancia que le enfermó. Ante esta situación, el rey pidió recibir la penitencia canónica y la tonsura eclesiástica, lo que le inhabilitaba para reinar127. También designó como sucesor a Ervigio, supuestamente el cabecilla de la conjura. Pero Wamba se recuperó y, despojado de la posibilidad de seguir gobernando, marchó a un monasterio128. Según la Crónica de Alfonso VI la yerba venenosa utilizada fue esparto, que contiene esparteína, una sustancia capaz de alterar el ritmo cardiaco129.

  • 130 K. ZEUMER, op. cit., III, 4, 13.
  • 131 Fuero Juzgo en latín…, III, 4, 13.

39El uso de un tóxico que alterase el estado de conciencia tampoco era algo desconocido en tiempos de Wamba. El Liber Iudiciorum, que es unas décadas anterior a este monarca, menciona que existen sustancias y hechizos que sirven para trastocar el comportamiento de las personas, en concreto de los maridos cornudos130. Esas “yervas” en la versión castellana del XIII, pociones en la latina, parecen formar parte de hechizos y filtros que quienes los toman, son incapaces de actuar con sensatez. Estos remedios debieron ser utilizados tanto por mujeres que querían ser correspondidas en lo sentimental por sus maridos, como por las que decidieron saciar sus necesidades sexuales con un amante, siendo estas a las que el Liber hace referencia explícita. Los hombres que eran drogados, aunque descubriesen que sus mujeres les estaban engañando, ni las denunciaban ni dejaban de sentir afecto por ellas debido al veneno ingerido131.

  • 132 Plácido FERNÁNDEZ-VIAGAS ESCUDERO, «“Fazen sus maridos seer sandios por algunas hieruas que les dan(...)

40El alcohol también sirve para alterar la consciencia y con este fin era usado en el Medievo. En la recopilación de relatos del siglo XII que es la Disciplina Clericalis, se cuenta que una mujer emborrachaba a su marido para poder salir de casa y reunirse con su amante132.

41El rastro de estos tóxicos continúa en el siglo XIV. En el Libro de Buen Amor el autor afirma que gracias a la intervención de su alcahueta logró tener sexo con una muchacha virgen, de gran linaje y muy vigilada. El arcipreste se pregunta si Trotaconventos hechizó, dio un afrodisíaco o envenenó de alguna manera a la joven para que accediera con tanta facilidad a sus deseos133. En el XV el Arcipreste de Talavera afirmaba que los celos que podía sentir una mujer por su amante eran otro motivo por el cual un hombre podía ser envenenado o hechizado134. Y en la Crónica de Enrique IV se comenta que el rey se encontraba tan dominado por Juan Pacheco, que se sospechaba que este le controlaba mediante hechizos o bebedizos que lo enajenaban135. Ya en el siglo XVI, en los archivos, las pócimas visigodas seguían presentes y su razón de ser también. En 1548 Mari González recurrió a Mari López en busca de algún producto para adulterar sin que se enterase su marido o que, enterándose, evitara su enfado y respuesta violenta136.

42Como se puede comprobar, no se han encontrado casos de violaciones recurriendo a la sumisión química. Pero seguramente las hubo; el Libro de buen amor es una muestra indirecta de ello. Lo que ha aparecido es un mundo donde la sumisión química es otra herramienta para lograr y ejercer el poder. Pero también para poder cumplir determinados deseos amorosos o sexuales sin asumir las consecuencias.

Conclusiones

43Hierbas, veneno, tóxicos. Ponzoña. En las anteriores páginas se ha hecho un repaso breve en la Castilla medieval a varias cuestiones sobre los venenos, en el sentido amplio de la palabra. Pese a que las fuentes tienden a ser parcas al mencionar qué sustancias se utilizaban para envenenar voluntariamente a una persona, en otros asuntos son bastante generosas. Expresan el miedo creciente a ser envenenado que se disparó en el siglo XIII. Informan de que cualquiera podía envenenar o ser víctima del veneno. Y expone el por qué se envenenaba. El veneno habla de sentimientos humanos, porque es la herramienta que muchos emplearon para eliminar a una persona que les impedía cumplir sus deseos, alcanzar sus ambiciones o vivir sin miedo. Incluso cuando hablamos de intoxicaciones involuntarias por fármacos, nos encontramos ante boticarios amantes del dinero, pero también con personas que deseaban acabar con una situación problemática, como se ha demostrado al hablar de abortivos tóxicos. Y lo mismo se puede decir de las sumisiones químicas, personas que drogan a otras para conseguir algo de ellas. La historia del veneno es, ante todo, una historia de los deseos humanos.

Haut de page

Bibliographie

ALFONSO X EL SABIO, Lapidario (según el manuscrito escurialense H.I.15). Introducción, edición y vocabulario de Sagrario Rodriguez M. Montalvo, Madrid, Gredos, 1981.

ALFONSO X EL SABIO, Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alfonso el IX [sic] / con las variantes de más interés y con la glosa de Gregorio López; vertida al castellano y estensamente adicionada, con nuevas notas y comentarios y unas tablas sinópticas comparativas, sobre la legislación española, antigua y moderna... por Ignacio Sanponts y Barba, Ramón Martí de Eixala y José Ferrer y Subirana, Barcelona: Imprenta de Antonio Bergnes, 1843-1844.

ALFONSO X EL SABIO, Libro complido en los judizios de las estrellas. Edición para el CORDE: P. Sánchez-Prieto Borja y otros, disponible en <http://hdl.handle.net/10017/7292>.

ALFONSO X EL SABIO, Libro de las formas y de las ymágines. Edición para el CORDE: P. Sánchez-Prieto Borja y otros, disponible en <http://hdl .handle .net/10017/72926 >.

ALOMAR I CANYELLES, Antoni Ignasi, « Dos inventaris d’apotecaria del segle XIV », Gimbernat: Revista d’Història de la Medicina i de les Ciències de la Salut, 37, 2002, p. 83-111.

ARMENTA ESTRELA, Sergio y MAURI I AUCEJO, Adela, « Sobre la toxicidad de los elementos usados en las recetas antiguas de salud y belleza », in: Júlia BENAVENT (coord.), El cuidado del cuerpo de las mujeres desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, Valencia: Tirant lo Blanch, 2021, p. 249-261.

BARROS GUIMERÁNS, Carlos, « Violencia y muerte del señor en Galicia a finales de la Edad Media », Studia historica. Historia medieval, 9, 1991, p. 111-158.

BAZÁN DÍAZ, Iñaki, Delincuencia y criminalidad en el País Vasco en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, Vitoria: Departamento de Interior del Gobierno Vasco, 1995.

CARRETE PARRONDO, Carlos (ed.), El tribunal de la Inquisición en el Obispado de Soria (1496-1502), Salamanca: Universidad Pontificia de Salamanca, 1997.

COLLARD, Franck, Le crime de poison au Moyen Age, Paris: PUF, 2003.

CÓRDOBA DE LA LLAVE, Ricardo, « El homicidio en Andalucía a fines de la Edad Media, segunda parte: documentos », Clío & Crímen: Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, 2, 2005, p. 505-707.

CRIADO VEGA, Teresa, Tratados y recetarios de técnica industrial en la España medieval. La Corona de Castilla, siglos XV-XVI (Tesis Doctoral), Córdoba: Universidad de Córdoba, 2012.

DEL BO, Beatrice, Arsenico e altri veleni. Una storia letale nel Medioevo, Bologna: Società editrice il Mulino, 2024.

ECO, Umberto, El nombre de la rosa, Barcelona: Lumen, 1982.

PEDRO IV EL CEREMONIOSO, Crónica del rey de Aragon D. Pedro IV el Ceremonioso, ó del Punyalet, escrita en lemosin por el mismo monarca, traducida al castellano y anotada por Antonio de Bofarull, Barcelona: Imprenta de Alberto Frexas, 1850.

ENRÍQUEZ FERNÁNDEZ, Javier (et alli) (eds.), Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Registro de ejecutorias emitidas. Vizcaya (1486-1502). Registros 1 a 20, San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos, 2010.

FERNÁNDEZ-VIAGAS ESCUDERO, Plácido, « “Fazen sus maridos seer sandios por algunas hieruas que les dan”: Notas sobre la impureza de las adúlteras y las reacciones ante su delito en el siglo XIII », in: Sandra OLIVERO GUIDOBONO (coord.), Pasado y presente: el individuo frente a los desafíos de la sociedad, Madrid: Egregius ediciones, 2024, p. 107-125.

FERRERO HERNÁNDEZ, Cándida, Liber contra venena et animalia venenosa. Estudio preliminar, edición crítica y traducción (Tesis Doctoral), Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona, 2003.

Fuero Juzgo en Latín y Castellano, cotejado con los más antiguos y preciosos códices por la Real Academia Española, Madrid: Ibarra, impresor de cámara de S.M., 1815.

GARCÍA ARANCÓN, María Raquel, « Muertes sospechosas y procesos políticos en torno a los reyes capetos de Navarra (1302-1317) », Iura vasconiae: revista de derecho histórico y autonómico de Vasconia, 14, 2017, p. 173-250.

GARCÍA BALLESTER, Luis, « La "çiençia y el ofiçio de la boticaría" », in: Luis GARCÍA BALLESTER (dir.), Historia de la ciencia y de la técnica en la corona de Castilla, Vol. 1, 2002 p. 865-911.

GARCÍA DE SALAZAR, Lope, Bienandanzas e fortunas. Edición realizada por Ana María Marín Sánchez, disponible en https://parnaseo.uv.es/lemir/textos/bienandanzas/menu.htm.

GÓMEZ REDONDO, Fernando, Historia de la prosa medieval castellana I. La creación del discurso prosístico: el entramado cortesano, Madrid: Cátedra, 1998.

GUERRA DOCE, Elisa, « ¿Se emplearon armas tóxicas en la Prehistoria Europea? », Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 23, 2013 p. 183-197.

HERRERA, María Teresa y GONZÁLEZ DE FAUVE, María Estela (eds), Textos y concordancias electrónicos del Corpus médico español, Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1997.

JIMÉNEZ DE RADA, Rodrigo, Historia de los hechos de España. Introducción, traducción, notas e índices de Juan Fernández Valverde, Madrid: Alianza, 1989.

JORNET BENITO, Núria, « La femme agressée et agresseur. Une analyse des procès judiciaires catalans de la deuxième moitié du XIV siècle », in Luc BUCHET (dir.), La femme pendant le Moyen Age et l'Époque Moderne. Actes des sixièmes journnées anthropologiques de Valbonne, Paris: CNRS Éditions, 1994, p. 221-231.

LÓPEZ BELTRÁN, María Teresa, « En los márgenes del matrimonio: transgresiones y estrategias de supervivencia en la sociedad bajomedieval castellana », in: José Ignacio de la IGLESIA DUARTE (coord.), La familia en la Edad Media. XI Semana de Estudios Medievales, Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 2001, p. 349-386.

MAHIQUES CLIMENT, Joan, « Envenenamiento y apariciones de don Carlos de Viana: orígenes históricos y formación de una leyenda », Bulletin hispanique, 116, 1, 2014, p. 13-38.

MARTÍNEZ DE TOLEDO, Alfonso, Arcipreste de Talavera o Corbacho. Edición, introducción y notas de J. González Muela, Madrid, Castalia, 1985.

MENDOZA GARRIDO, Juan Miguel, Delincuencia y represión en la Castilla bajomedieval (los territorios castellanos-manchegos), Granada: Grupo Editorial Universitario, 1999.

NIETO SORIA, José Manuel, Un crimen en la corte: caída y ascenso de Gutierre Álvarez de Toledo, Señor de Alba (1376-1446), Madrid: Sílex, 2006.

ORTEGA BAÚN, Ana E., “Conociéndose carnalmente": sexo y sexualidad en la Castilla medieval (de finales del siglo X a mediados del siglo XVI) (Tesis Doctoral), Valladolid: Universidad de Valladolid, 2022.

PEDRO IV EL CEREMONIOSO, Crónica del rey de Aragon D. Pedro IV el Ceremonioso, ó del Punyalet, escrita en lemosin por el mismo monarca, traducida al castellano y anotada por Antonio de Bofarull, Barcelona: Imprenta de Alberto Frexas, 1850.

PEIRÓ MATEOS, María del Carmen, El comercio y los comerciantes en la Murcia de finales de la Edad Media a través de la documentación (tesis doctoral), Murcia: Universidad de Murcia, 2007.

RODRÍGUEZ ORTIZ, Victoria, El aborto hasta fines de la Edad Media castellana, Pamplona: Aranzadi, 2014.

ROSELL, Cayetano (ed.), Crónicas de los reyes de Castilla desde Don Alfonso el Sabio, hasta los Católicos Don Fernando y Doña Isabel, vol. III, Madrid, Atlas, 1953.

RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA, Juan, Libro de buen amor. Edicion de Alberto Blecua, Madrid: Cátedra, 1992.

SARRIÓN GUALDA, José, « Encantamiento, herbolarias y hechiceras en el Fuero de Cuenca y en los de su familia », in: Javier ALVARADO PLANAS (coord.), Espacios y fueros en Castilla-La Mancha (siglos XI-XV): una perspectiva metodológica, Madrid: Polifemo, 1995, p. 387-404.

TEJADA Y RAMIRO, Juan (ed.), Colección de cánones y de todos los Concilios de la Iglesia de España y de América: (en latín y castellano) II, Madrid: Imprenta de Pedro Montero, 1861.

THIEULIN-PARDO, Hélène (ed.), Confesionario. Compendio del Libro de las confesiones de Martín Pérez. Edición y presentación, París: e-Spania Books, 2012.

UREÑA Y SMENJAUD, Rafael de (ed.), Fuero de Cuenca. Formas primitiva y sistemática, texto latino, texto castellano y adaptación del fuero de Iznatoraf. Edición crítica con introducción, notas y apéndice, Madrid: Academia de la Historia, 1935.

ZEUMER, Karl (ed.), Leges visigothorum. Edidit Societas Aperiendeis Fontibus Rerum Germanicarum Medii Aevi, Hannoverae: Impensis Bibliopolii Hahniani, 1902.

Haut de page

Notes

1 Umberto ECO, El nombre de la rosa, Barcelona: Lumen, 1982, p. 321.

2 https://dle.rae.es/veneno

3 https://historia.nationalgeographic.com.es/a/descubren-flechas-envenenadas-hace-60000-anos-sudafrica-arma-toxica-mas-antigua_25259

4 Elisa GUERRA DOCE, «¿Se emplearon armas tóxicas en la Prehistoria Europea?», Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 23, 2013 p. 183-197, p. 185-190. Iñaki BAZÁN DÍAZ, Delincuencia y criminalidad en el País Vasco en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, Vitoria: Departamento de Interior del Gobierno Vasco, 1995, p. 193.

5 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/41870-sisebuto

6 Karl ZEUMER, Leges visigothorum. Edidit Societas Aperiendeis Fontibus Rerum Germanicarum Medii Aevi, Hannoverae: Impensis Bibliopolii Hahniani, 1902, VI, 2, 3. En otras ediciones es la ley VI, 2, 2.

7 Ibid., VII, 1, 5.

8 Ibid., II, 5, 19.

9 Franck COLLARD, Le crime de poison au Moyen Age, París: PUF, 2003, p. 26.

10 F. COLLARD, op. cit., p. 26, p. 29-31.

11 Ibid., p. 27.

12 Fuero Juzgo en Latín y Castellano, cotejado con los más antiguos y preciosos códices por la Real Academia Española, Madrid: Ibarra, impresor de cámara de S.M., 1815, VII, 1, 5.

13 Ibid., VI, 1, 4.

14 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/41186-sancho-i. F. COLLARD, op. cit., p. 48.

15 Beatrice DEL BO, Arsenico e altri veleni. Una storia letale nel Medioevo, Bologna: Società editrice il Mulino, 2024, p. 53-54

16 Rafael DE UREÑA Y SMENJAUD (ed.), Fuero de Cuenca. Formas primitiva y sistemática, texto latino, texto castellano y adaptación del fuero de Iznatoraf. Edición crítica con introducción, notas y apéndice, Madrid: Academia de la Historia, 1935, Forma sistemática, 11, 42.

17 José SARRIÓN GUALDA, «Encantamiento, herbolarias y hechiceras en el Fuero de Cuenca y en los de su familia», in: Javier ALVARADO PLANAS (coord.), Espacios y fueros en Castilla-La Mancha (siglos XI-XV): una perspectiva metodológica, Madrid: Polifemo, 1995, p. 387-404, p. 396-397.

18 F. COLLARD, op. cit., p. 46-48.

19 Ibid., p. 44.

20 Ibid., p. 48. B. DEL BO, op. cit., p. 162.

21 Fernando GÓMEZ REDONDO, Historia de la prosa medieval castellana I. La creación del discurso prosístico: el entramado cortesano, Madrid: Cátedra, 1998, p. 365-367.

22 Alfonso X EL SABIO, Lapidario. Texto íntegro en versión de María Brey Mariño, Madrid: Castalia, 1970, p. 56, 59.

23 Ibid., p. 75.

24 Ibid., p. 71-73.

25 Ibid., p. 78.

26 F. GÓMEZ, op. cit., p. 624.

27 ALFONSO X EL SABIO, Libro de las formas y de las ymágines. Edición para el CORDE: P. Sánchez-Prieto Borja y otros, disponible en http://hdl.handle.net/10017/72926, p. 42 cap. 14, p. 20 escorpio 19.

28 Ibid., p. 2, aries 20, p. 10, sagitario 9, p. 40 cap. 86.

29 ALFONSO X EL SABIO, Libro complido en los judizios de las estrellas. Edición para el CORDE: P. Sánchez-Prieto Borja y otros, disponible en <http://hdl.handle.net/10017/7292>, p. 399-400, 457, 461.

30 Ibid., p. 440 y 461.

31 Cándida, FERRERO HERNÁNDEZ, Liber contra venena et animalia venenosa. Estudio preliminar, edición crítica y traducción (Tesis Doctoral), Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona, 2003, p. 31.

32 Ibid., p. 64.

33 Ibid., p. 440-447.

34 Ibid., p. 31-33 y 257.

35 B. DEL BO, op. cit., p. 223-224.

36 ALFONSO X EL SABIO, Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alfonso el IX [sic] / con las variantes de más interés y con la glosa de Gregorio López; vertida al castellano y estensamente adicionada, con nuevas notas y comentarios y unas tablas sinópticas comparativas, sobre la legislación española, antigua y moderna... por Ignacio Sanponts y Barba, Ramón Martí de Eixala y José Ferrer y Subirana, Barcelona: Imprenta de Antonio Bergnes, 1843-1844, VII, 8, 7 y V, 5, 17.

37 Ibid., VII, 8, 6.

38 Ibid., VII, 8, 8.

39 B. DEL BO, op. cit., p. 224.

40 Ibid., p. 205.

41 Ibid., p. 189-190.

42 Ibid., p. 249-249.

43 Núria JORNET BENITO, «La femme agressée et agresseur. Une analyse des procès judiciaires catalans de la deuxième moitié du XIV siècle», in: Luc BUCHET (dir.), La femme pendant le Moyen Age et l'Époque Moderne. Actes des sixièmes journées anthropologiques de Valbonne, París: CNRS Éditions, 1994, p. 221-231, p. 222, nota 3.

44 B. DEL BO, op. cit., p. 48-49.

45 Ibid., p. 222.

46 Ibid., p. 188-189.

47 F. COLLARD, op. cit., p. 41.

48 María Raquel GARCÍA ARANCÓN, «Muertes sospechosas y procesos políticos en torno a los reyes capetos de Navarra (1302-1317)», Iura vasconiae: revista de derecho histórico y autonómico de Vasconia, 14, 2017, p. 173-250, p. 184.

49 Ibid., p. 184, 195.

50 Ibid., p. 212, 219.

51 PEDRO IV EL CEREMONIOSO, Crónica del rey de Aragon D. Pedro IV el Ceremonioso, ó del Punyalet, escrita en lemosin por el mismo monarca, traducida al castellano y anotada por Antonio de Bofarull, Barcelona: Imprenta de Alberto Frexas, 1850, cap. 1, 45, p. 69.

52 B. DEL BO, op. cit., p. 136, 151-162.

53 Ibid., p. 130.

54 Joan MAHIQUES CLIMENT, «Envenenamiento y apariciones de don Carlos de Viana: orígenes históricos y formación de una leyenda», Bulletin hispanique, 116, 1, 2014, p. 13-38, p. 15-16.

55 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/1022-alfonso-xii-de-trastamara

56 Lope GARCÍA DE SALAZAR, Bienandanzas e fortunas. Edición realizada por Ana María Marín Sánchez, disponible en https://parnaseo.uv.es/lemir/textos/bienandanzas/menu.htm , Libro XXIII, título 19.

57 Carlos, BARROS GUIMERÁNS, «Violencia y muerte del señor en Galicia a finales de la Edad Media», Studia historica. Historia medieval, 9, 1991, p. 111-158, p. 127.

58 Ibid., p. 128-130.

59 AGS, RGS 1480-05, 249 (fol. 1rv).

60 Javier ENRÍQUEZ FERNÁNDEZ (et alli) (eds.), Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Registro de ejecutorias emitidas. Vizcaya (1486-1502). Registros 1 a 20, San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos, 2010, p. 94-95, 195-197.

61 Ricardo CÓRDOBA DE LA LLAVE, «El homicidio en Andalucía a fines de la Edad Media, segunda parte: documentos», Clío & Crímen: Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, 2, 2005, p. 505-707, p. 582.

62 ARCHVA, RR.EE., 414, 42 (fol. 1rv).

63 María Teresa LÓPEZ BELTRÁN, «En los márgenes del matrimonio: transgresiones y estrategias de supervivencia en la sociedad bajomedieval castellana», in: José Ignacio DE LA IGLESIA DUARTE (coord.), La familia en la Edad Media. XI Semana de Estudios Medievales, Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 2001, p. 349-386, p. 373-374.

64 ARCHVA, RR.EE. 345, 42 (fol. 1rv).

65 ARCHVA, RE.EE. 385, 36 (fol. 1rv).

66 Carlos CARRETE PARRONDO (ed.), El tribunal de la Inquisición en el Obispado de Soria (1496-1502), Salamanca: Universidad Pontificia de Salamanca, 1997, p. 50.

67 AGS, RGS, 1495-02, 555 (1r).

68 Juan Miguel MENDOZA GARRIDO, Delincuencia y represión en la Castilla bajomedieval (los territorios castellanos-manchegos), Granada: Grupo Editorial Universitario, 1999, p. 179.

69 ARCHVA, RR.EE., 237, 15, 1509 (fol. 1rv).

70 ARCHVA, RR.EE., 345, 42, 1520 (fol. 1rv).

71 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/6232-hernando-de-barrientos

72 ARCHVA, RR.EE., 614, 33, 1545 (fol. 1v).

73 José Manuel NIETO SORIA, Un crimen en la corte: caída y ascenso de Gutierre Álvarez de Toledo, Señor de Alba (1376-1446), Madrid: Sílex, 2006, p. 91.

74 Ibid., p. 89, 93-94.

75 Ibid., p. 250-254, 256.

76 Ibid., p. 111.

77 Ibid., p. 112.

78 Ibid., p. 234-235, 127-128 y 124.

79 Ibid., p. 257-258.

80 Ibid., p. 104.

81 Ibid., p. 107.

82 F. COLLARD, op. cit., p. 50-52, 239-240. B. DEL BO, op. cit., p. 35.

83 J. M. NIETO, op. cit., p. 107-108, 249.

84 Ibid., p. 259.

85 Ibid., p. 119-122.

86 Ibid., p. 248.

87 Ibid., p. 132.

88 Ibid., p. 10.

89 Ibid., p. 173.

90 Hélène THIEULIN-PARDO (ed.), Confesionario. Compendio del Libro de las confesiones de Martín Pérez. Edición y presentación, París: e-Spania Books, 2012, párrafos 84, 105.

91 F. COLLARD, op. cit., p. 57-58.

92 B. DEL BO, op. cit., p. 25-26.

93 Luis GARCÍA BALLESTER, «La "çiençia y el ofiçio de la boticaría"«, in: Luis GARCÍA BALLESTER (dir.), Historia de la ciencia y de la técnica en la corona de Castilla, Vol. 1, 2002 p. 865-911, p. 874.

94 Ibid., p. 38-39. Teresa CRIADO VEGA, Tratados y recetarios de técnica industrial en al España medieval. La Corona de Castilla, siglos XV-XVI (Tesis Doctoral inédita), Córdoba: Universidad de Córdoba, 2012, p. 446. Sobre el equivalente del vocabulario medieval a nuestra nomenclatura actual consultar https://www.um.es/lexico-comercio-medieval/index.php/vocabulario

95 Antoni Ignasi ALOMAR I CANYELLES, «Dos inventaris d’apotecaria del segle XIV», Gimbernat: Revista d’Història de la Medicina i de les Ciències de la Salut, 37, 2002, p. 83-111, p. 102, 104, 91.

96 Ibid., p. 87.

97 F. COLLARD, op. cit., p. 52-54.

98 Ibid., p. 54.

99 Ibid., p. 57.

100 B. DEL BO, op. cit., p. 48-49.

101 L. GARCÍA BALLESTER, op. cit., p. 879.

102 María del Carmen PEIRÓ MATEOS, El comercio y los comerciantes en la Murcia de finales de la Edad Media a través de la documentación (Tesis Doctoral), vol. II, Murcia: Universidad de Murcia, 2007, p. 450-451.

103 L. GARCÍA BALLESTER, op. cit., p. 873.

104 Sergio ARMENTA ESTRELA y Adela MAURI I AUCEJO, «Sobre la toxicidad de los elementos usados en las recetas antiguas de salud y belleza», in: Júlia BENAVENT (coord.), El cuidado del cuerpo de las mujeres desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, Valencia: Tirant lo Blanch, 2021, p. 249-261, p. 261.

105 Ibid., p. 253-255.

106 B. DEL BO, op. cit., p. 149-151.

107 Ibid., p. 27-28.

108 F. COLLARD, op. cit., p. 57.

109 L. GARCÍA, op. cit., p. 883.

110 Ibid., p. 895.

111 Ibid., p. 873, 879.

112 Ibid., p. 879 y 884.

113 B. DEL BO, op. cit., p. 27.

114 A. X EL SABIO, Las Siete Partidas…, VII, 22, 2.

115 C. CARRETE, op. cit, p. 50.

116 Cayetano ROSELL (ed.), Crónicas de los reyes de Castilla desde Don Alfonso el Sabio, hasta los Católicos Don Fernando y Doña Isabel, vol. III, Madrid: Atlas, 1953, p. 565.

117 Ana E. ORTEGA BAÚN, “Conociéndose carnalmente": sexo y sexualidad en la Castilla medieval (de finales del siglo X a mediados del siglo XVI) (tesis doctoral inédita), Valladolid: Universidad de Valladolid, 2022, p. 196-200. Victoria RODRÍGUEZ ORTIZ, El aborto hasta fines de la Edad Media castellana, Pamplona: Aranzadi, 2014, p. 138-142.

118 A. E. ORTEGA, op. cit., p. 726.

119 María Teresa HERRERA y María Estela GONZÁLEZ DE FAUVE (eds), Textos y concordancias electrónicos del Corpus médico español, Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1997, Ibn Al-Jatib, «Tratado de la patología general», fol. 111r.

120 ARCHVA, RR.EE., 324, 11, 1517 (fol. 1r).

121 ARCHV, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 108v).

122 AHN, OO.MM, AHT, exp. 9679 (fol. 2r-3r, 4v-5r).

123 ARCHVA, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 133r).

124 ARCHVA, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 8r, 9r).

125 ARCHVA, Sala de Vizcaya, 154, 6 (fol. 4r, 7r, 1339r).

126 AHN, OO.MM., AHT, exp. 8041 (fol. 267v).

127 Juan TEJADA Y RAMIRO (ed.), Colección de cánones y de todos los Concilios de la Iglesia de España y de América: (en latín y castellano) II, Madrid: Imprenta de Pedro Montero, 1861, VI Concilio de Toledo, c. XVII.

128 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/46038-wamba

129 Rodrigo JIMÉNEZ DE RADA, Historia de los hechos de España. Introducción, traducción, notas e índices de Juan Fernández Valverde, Madrid: Alianza, 1989, p. 136, n. 19.

130 K. ZEUMER, op. cit., III, 4, 13.

131 Fuero Juzgo en latín…, III, 4, 13.

132 Plácido FERNÁNDEZ-VIAGAS ESCUDERO, «“Fazen sus maridos seer sandios por algunas hieruas que les dan”: Notas sobre la impureza de las adúlteras y las reacciones ante su delito en el siglo XIII», in: Sandra OLIVERO GUIDOBONO (coord.), Pasado y presente: el individuo frente a los desafíos de la sociedad, Madrid: Egregius ediciones, 2024, p. 107-125, p. 113.

133 Juan RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA, Libro de buen amor. Edición, de Alberto Blecua, Madrid: Cátedra, 1992, estrofa 941.

134 Alfonso MARTÍNEZ DE TOLEDO, Arcipreste de Talavera o Corbacho. Edición, introducción y notas de J. González Muela, Madrid: Castalia, 1985, p. 91.

135 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/1022-alfonso-xii-de-trastamara

136 AHN, Inquisición 90, exp. 17 (fol. 41v).

Haut de page

Pour citer cet article

Référence électronique

Ana E. Ortega Baún, « Ponzoña: envenenamientos, intoxicaciones con fármacos y sumisión química en la Castilla medieval »e-Spania [En ligne], 54 | Juin 2026, mis en ligne le 01 juin 2026, consulté le 14 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/e-spania/60628 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16emu

Haut de page

Auteur

Ana E. Ortega Baún

Universidad de Burgos, Departamento de Historia, Geografía y Comunicación

Haut de page

Droits d’auteur

CC-BY-NC-ND-4.0

Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.

Haut de page
Search OpenEdition Search

You will be redirected to OpenEdition Search