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Africanos y afrodescendientes en Centroamérica: de objetos a sujetos del discurso

La poesía afrodescendiente en Guatemala

Dante Liano

Résumés

Cet article dresse un panorama de l’esclavage en Amérique latine, puis explore le phénomène au Guatemala, en particulier à l’époque coloniale. Au regard de la forte présence d’une population d’origine africaine, en particulier dans le sud-est du pays –et, de manière significative, à Antigua Guatemala–, il apparaît qu’une trace de la culture africaine dans la culture guatémaltèque doit avoir existé. Cette hypothèse de travail a conduit à l’organisation de deux récitals de poésie afro-descendante au Guatemala, dans le cadre de la Foire internationale du livre du Guatemala, en 2023 et 2024. Elle a également conduit à la publication d’une anthologie sur le sujet. L’article se termine par une analyse et un commentaire de la poésie de Wingston González, Nora Murillo et Julio Serrano.

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Texte intégral

La esclavitud en América Latina

  • 1 Aníbal Quijano, « Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina », in Edgardo Lander (co (...)

1Hace algunos años, al estudiar la escuela de estudios poscoloniales en América Latina, me encontré un texto de Aníbal Quijano sobre « la colonialidad del poder » que no dejó de sorprenderme. En pocas palabras, el estudioso peruano atribuía al descubrimiento, conquista y colonización de América Latina el nacimiento de la idea de raza, según es usada en el mundo contemporáneo1.

  • 2 Proyecto ConnecCaribbean, cuyo nombre, por extenso, es: « Connected Worlds: The Caribbean, Origin o (...)
  • 3 Dante Liano, « Definición, etimología e historia del vocablo “raza” », Centroamericana, n. 30.2, 20 (...)

2Al comenzar nuestros estudios dentro del Proyecto ConnecCaribbean2, todo parecía dar razón a Quijano, pero en términos menos categóricos y más matizados. Por ejemplo, Quijano usa el término « raza », sin mayor problematización, así como utiliza el término « negro », rechazado ya en los estudios sobre el tema. Una primera incursión lingüística acerca de la palabra « raza » según las definiciones que de ella dan los diccionarios, nos hace conocer algunas diferencias e incertezas en la definición del vocablo. He estudiado, en otra parte, la definición, la etimología y la historia del vocablo « raza », por la singular relación que tiene con la esclavitud, una relación de ida y vuelta, de mutua influencia3.

  • 4 Herbert S. Klein y Ben Vinton III, Historia mínima de la esclavitud en América Latina y el Caribe, (...)

3También habría que profundizar la aseveración de Aníbal Quijano. Quizá la indicación del sociólogo peruano podría crear el malentendido de que la esclavitud nació con la idea de América. En realidad, como bien señalan Klein y Vinton4, el fenómeno del esclavismo se remonta a los albores de la humanidad. Griegos y romanos hicieron abundante uso de ese instrumento, cada uno con características bien precisas. Como bien sabemos, los esclavos, en Grecia, provenían de los territorios adyacentes y, de allí, la etimología de « esclavo », proveniente de « eslavo ». Hacia los siglos VI y V a.C., en la Grecia clásica, se emplearon esclavos en los grandes talleres de producción de mercancías para un mercado internacional. Fueron los griegos los que utilizaron a los esclavos en una función mayor que la doméstica. La conquista romana abrió las puertas a una economía de mercado. Dieron al mercado y a la esclavitud dimensiones desconocidas hasta entonces. El ejército romano absorbió hasta el 10% de la mano de obra campesina masculina. Al mismo tiempo, con sus conquistas militares, adquirió grandes extensiones de tierra. Los enemigos esclavizados costaban menos que los campesinos, en términos de salario. También el mundo musulmán conoció ese fenómeno y lo encontramos con relativa frecuencia en la literatura española, pues los árabes esclavizaron a una buena cantidad de españoles, don Miguel de Cervantes, el más ilustre de todos.

4La esclavitud conoció un auge importante en el período llamado de la « esclavitud atlántica », esto es, el secuestro y sojuzgamiento de millones de africanos obligados a trabajos forzosos en el Caribe antillano. La esclavitud atlántica nace con la llegada de los portugueses a África. Al principio, los portugueses cambiaban a los africanos por oro, necesario para los negocios europeos con Asia. Luego los comenzaron a utilizar en la explotación del azúcar. Hasta el 1500 los portugueses solo traficaban de quinientos a mil esclavos anuales y buena parte los vendían en África. Iniciado el siglo XVI, al establecerse una factoría de esclavos en la isla de Santo Tomé, en el golfo de Guinea, la naturaleza de la trata europea cambió sustancialmente. Además, la desaparición de los arawaks y de los caribes de las primeras islas americanas ocupadas por europeos produjo la experimentación de mano de obra esclava proveniente de África.

5A partir del 1500, dos mil esclavos anuales fueron embarcados directamente desde Santo Tomé hacia América. Los primeros eran negros cristianizados y aculturados de la península ibérica. Luego, la inmensa mayoría, bozales (sin cristianizarse). En 1576, los portugueses instalaron un establecimiento permanente en Luanda, lo cual provocó la declinación de Santo Tomé. De la nueva región llegaron la mayoría de esclavos africanos hacia América. En 1600 la trata atlántica superaba en volumen total a las de África oriental y septentrional.

6La trata portuguesa siguió los esquemas preexistentes. Igual que los musulmanes, los portugueses vendían a los esclavos para uso doméstico. También los había para oficios diversos, incluso marineros. Tenían esclavos los aristócratas, las instituciones y los profesionales ricos. Pero nunca significaron un segmento importante en la fuerza de trabajo. Al ir desapareciendo los moros y demás grupos, los africanos se convirtieron en el grupo más numeroso de esclavos. Se integraron con facilidad al sistema existente. Adoptaron la cultura, la lengua y la religión de sus propietarios. Eran los llamados « ladinos ».

  • 5 Ibidem, p. 17.

7En 1540, los portugueses ocuparon las Azores, Madeira, Cabo Verde y Santo Tomé mientras los españoles colonizaron las Canarias, y en todas ellas los mercaderes italianos introdujeron las técnicas más avanzadas para el cultivo del azúcar. Madeira fue el mayor productor europeo y para ello se utilizaron esclavos guanches y africanos. Para 1530 la isla fue superada por las Canarias, cuyos esclavos eran guanches, al inicio, y africanos después. La última isla atlántica con esclavos fue Santo Tomé. En 1550 había sesenta ingenios con dos mil esclavos de plantación, todos africanos. A esos había que agregar de cinco mil a seis mil esclavos encerrados en almacenes, listos para ser vendidos en Europa y América. La prosperidad azucarera no duró más de un siglo. Pero durante ese siglo se configuró el régimen esclavista que luego pasaría a América5.

  • 6 Ibidem.

8La migración masiva y forzosa de esclavos africanos es un acontecimiento capital en la historia moderna, tanto de África como de América. Entre diez y quince millones de africanos fueron forzados a cruzar el Atlántico; uno o dos millones murieron en la travesía: uno de los mayores crímenes contra la humanidad en la historia mundial. No hubo potencia de la Europa occidental que no participara, aunque hubo cuatro que preponderaron: portugueses, holandeses, ingleses y franceses. El transporte tenía pautas similares: iguales naves, igual número de tripulantes, igual número de esclavos. Estos se colocaban en plataformas entre cubiertas y eran alimentados con arroz, ñame y aceite de palma. Las condiciones inhumanas del viaje provocaban la muerte de numerosos esclavos, aunque, por una cuestión de cálculo económico, a los traficantes convenía mantenerlos con vida6.

La esclavitud en Guatemala

9Podemos afirmar, con una cierta moderación, que la práctica de la esclavitud, en Guatemala, ha pasado bastante en sordina. Podría decirse que se privilegia el estudio de la población maya y que hay una extendida bibliografía histórica y antropológica sobre los pueblos originarios mientras no sobre la esclavitud africana. Los manuales generales de historia del país sobrevuelan el tema y la impresión que se deja, en términos generales, es que no hay huellas de la presencia de afrodescendientes en el país.

  • 7 Fray Antonio de Remesal, Historia general de las Indias Occidentales y particular de la gobernación (...)
  • 8 Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, Recordación Florida, Guatemala, Sociedad de Geografía e Hist (...)

10En la historiografía clásica, encontramos menciones a la presencia afrodescendiente desde Bernal Díaz del Castillo a Remesal, a Fuentes y Guzmán, hasta llegar a José Milla. En la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal menciona a los africanos de manera ocasional. A menudo, los describe como esclavos de los españoles, pero también menciona que algunos eran soldados o trabajadores libres. En la Historia general de las Indias Occidentales, de Fray Antonio de Remesal7, se indica en algunos pasajes. En la Recordación Florida de Fuentes y Guzmán, el cronista describe la ciudad de Santiago, y señala, en el Barrio de Santo Domingo, la presencia de afrodescendientes: « pero en este, con alguna interpolación de otra gente ladina, mestizos, mulatos y negros, á que se agrega otra y dilatada poblazón8 ». En la época moderna, José Milla menciona la presencia de esclavos negros en Guatemala en su Historia de Centro América.

  • 9 Rina Cáceres, « Los silencios de nuestra historia », in Rina Cáceres (ed.), Del olvido a la memoria (...)
  • 10 Paul Lokken, « Génesis de una comunidad afroindígena en Guatemala », Mesoamérica, n. 50, Año 29, 20 (...)
  • 11 Richard Adams, Encuesta sobre la cultura de los ladinos en Guatemala, Guatemala, Seminario de integ (...)
  • 12 Daniel Contreras, Breve historia de Guatemala, Guatemala, Editorial del Ministerio de Educación Púb (...)

11A pesar de todo, se puede estar parcialmente de acuerdo con Rina Cáceres, quien, en « Los silencios de nuestra historia », al hacer un recuento de la presencia africana en Centro América, señala que « existe un silencio absoluto en la historia oficial sobre su existencia. Tanto en los textos clásicos como en las cartillas escolares de cada uno de los países9 ». Puede comprenderse el exceso de énfasis de la autora, por la pasión hacia el tema tratado. Habría que reelaborar su exclamación, señalando que, aunque los historiadores clásicos mencionan la presencia de africanos, los encontramos en un plano muy secundario, casi escondido. Quizá su rotunda afirmación valga para las cartillas o manuales escolares. Solo en los últimos tiempos la atención de la cultura centroamericana se vuelve hacia una realidad que siempre ha estado allí, pero que ha sido encubierta por otras prioridades. Para reforzar el apunte de Cáceres, Paul Lokken10 apunta que ni Richard Adams, en Encuesta sobre la cultura de los ladinos en Guatemala11, ni Daniel Contreras, en su Breve historia de Guatemala12, consideran importante la presencia africana en el país.

  • 13 Paul Lokken y Christopher Lutz, « Génesis y evolución de la población afrodescendiente en Guatemala (...)
  • 14 Ibidem, p. 16.
  • 15 Ibidem.
  • 16 Ibidem, p. 17.
  • 17 Ibidem.
  • 18 Ibidem, p. 23.
  • 19 Ibidem, p. 20.

12En el mismo volumen editado por Cáceres, encontramos uno de los recuentos más completos de la presencia africana en Guatemala, gracias a Paul Lokken y Christopher Lutz13. Afirman ambos autores: « Es posible que los primeros africanos esclavizados hayan llegado a Guatemala con el conquistador Pedro de Alvarado14 ». En todo caso, fechan para 1530 la aparición de varios afrodescendientes esclavizados en las actas del Cabildo de Santiago de Almolonga15 y el primer envío significativo en 1543, cuando ciento cincuenta « piezas de Indias » llegan de Santo Domingo. Según ambos autores, un factor determinante para la importación de esclavos africanos fue la mortalidad de los indígenas a causa de las enfermedades. Hacia 1550, había fallecido el 80% de la población originaria16. A esto se sumó la emisión de las Nuevas Leyes de Indias de 1542. Para finales del siglo XVI, la composición de la población de Santiago había cambiado radicalmente. Muchos ya eran mulatos (descendientes de africanos e indígenas o europeos e indígenas). Según Robinson Herrera, los africanos provenían de Senegambia17. Típica casa española: un poderoso encomendero o un terrateniente o un rico comerciante o un alto funcionario (o las viudas de éstos), familiares españoles, paniaguados, sirvientes indígenas, negros esclavizados, niños y sirvientes mulatos o mestizos. La relativa escasez de mujeres españolas provocó el mestizaje. Los niños mestizos se movieron hacia los barrios indígenas donde vivían independientemente. Ese modelo continuó hasta la destrucción de Santiago en 1773. Santiago era la capital de Centroamérica por lo que muchos de los esclavos pasaron por allí. Las mujeres vivían en la ciudad, mientras los hombres trabajaban en el campo. El número de mulatos se incrementó y superó el de negros esclavizados18. La mayor parte de estos se casó con mujeres libres (frecuentemente indígenas) pues los hijos de mujeres libres nacían libres. Por ello, los patrones preferían el casamiento entre esclavos, para multiplicar su número. Según los registros matrimoniales, entre finales del siglo XVI y 1770, vivieron en Santiago y su comarca unos ocho mil africanos esclavizados19. Sin embargo, las altas tasas de exogamia ayudan a explicar la disminución gradual de la población esclavizada en Santiago en el siglo XVIII.

13La población libre afromestiza de Santiago apareció en la primera mitad del XVI y comenzó a disminuir parejamente a la disminución de los negros esclavizados. Se concentraban en la zona de la élite española, porque trabajaban como domésticos. A mediados del siglo XVII, los mulatos libres eran el grupo socio racial más grande de Santiago. Influye el hecho de que, para identificarse a sí mismos, preferían declararse « mulatos » antes que « negros », por la discriminación. Los mestizos eran absorbidos por el grupo sociorracial del padre, excepto en la clase dominante. Naturalmente, en la clasificación racial de la época no había criterios científicos, era un poco a ojo.

14La mortalidad de la población indígena permitió que los españoles adquirieran grandes extensiones de tierra. Por eso se acudió a la mano de obra africana. También ejercitaron como comerciantes y artesanos: los patrones preferían instruirlos para venderlos como trabajadores calificados.

  • 20 Ibidem, p. 25.

15Después del terremoto de 1773, los mulatos libres y mestizos declinaron y sus descendientes de piel clara se autoidentificaron como ladinos. En 1796, en el barrio de La Habana, los mestizos eran el 60% de la población20.

  • 21 Ibidem, p. 26.

16En las áreas rurales, los africanos trabajaron como vaqueros o en las labores del trigo, en Jalapa, El Progreso, Santa Rosa y Jutiapa. También la costa pacífica fue lugar de muchos negros y mulatos, empleados en la producción del añil o jiquilite. A inicios del siglo XVII, la economía rural del sur de Guatemala dependía en forma significativa del trabajo de los africanos y sus descendientes. La actividad principal se desarrolló en los ingenios de azúcar. Entre 1595 y 1640 se dio un repunte en la migración africana a la América Española, gracias a contratos de la Corona con los comerciantes portugueses. A Guatemala llegaron esclavos provenientes de Luanda, Angola. Se situaron en la parte este de El Salvador, en San Antonio Suchitepéquez e inclusive en Quetzaltenango. Sin embargo, fueron más numerosos en las plantaciones de azúcar situadas no muy lejos de Santiago. En el siglo XVII, la mayor área de producción de azúcar se sitúa en Amatitlán, donde hay ingenios de dominicos, jesuitas, mercedarios y agustinos, todos con sus respectivos esclavos. El único ingenio no religioso es el de Nuestra señora de Guadalupe (1680) situado cerca de San Miguel Petapa, de la familia Arrivillaga. El ingenio de San Gerónimo, en Verapaz, tuvo cientos de esclavos y fue considerado el mayor de Centroamérica. En Amatitlán tenía un pequeño ingenio Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán21.

  • 22 Ibidem, p. 28.
  • 23 Ibidem.

17Las relaciones entre africanos e indígenas fueron difíciles, porque muchas veces los esclavos eran mandados por sus patrones para infringir la autonomía de las comunidades indígenas. Por otro lado, hubo relaciones que culminaron con el matrimonio: africanos buscaron compañeras indígenas, pues había muy pocas mujeres negras22. Aparte de la compañía, los hijos de mujeres libres eran libres. En la costa pacífica, los africanos reemplazaron lentamente a los pipiles y a otros pueblos indígenas. Un caso especial lo constituyó la Villa de San Diego de la Gomera, que fue un pueblo de negros y mulatos libres con su propio cabildo, alcaldes y regidores. A ellos se les concedió el control de las salinas en las barras de Coyolate y Sipacate. Su independencia se debió también al clima cálido, considerado mefítico y por lo cual los españoles evitaban ir allí. De ese modo, dieron muestra de su autonomía cuando, en 1700, tomaron las armas contra la Audiencia que amenazaba el control de las salinas. Otro sector en el que los africanos destacaron fue en el ejército, pues delante de los ataques de los corsarios holandeses y franceses, se crearon compañías de milicias « pardas » que tuvieron la exención del impuesto de laborío23.

  • 24 Ibidem, p. 30.
  • 25 Ibidem.

18A finales del siglo XVII, los mulatos libres formaban parte de una extensa población de ascendencia africana parcial, en el actual Salvador y en el sureste de Guatemala. Poco a poco fueron etiquetados como « ladinos », muchos de los cuales fueron mulatos libres. Ann Jefferson24 ha demostrado que en el siglo XVIII muchos terratenientes en el Oriente de Guatemala eran mulatos. Por ejemplo, los Godoy25.

Poesía afrodescendiente en Guatemala

19Si tenemos la certeza de que hubo población afrodescendiente en Guatemala desde la época de la colonia, de ello podemos deducir que alguna huella de su cultura debe haber en el territorio nacional, no solamente en la costa noroccidental del país, en donde la emigración ha sido mucho más reciente y tiene características peculiares. También, constatar que la cultura guatemalteca, en su variedad y riqueza, puede contar no solamente con las raíces hispánicas y con las raíces mayas, sino también con las raíces africanas. ¿Qué queda de la cultura de los esclavos que poblaron las orillas del lago de Amatitlán, los ingenios de la Costa Sur, especialmente en la región de Escuintla, en las fincas del Oriente, hasta San Salvador, en el pueblo de La Gomera?

  • 26 Con ello se dejan abiertas las puertas para investigaciones en otros campos culturales, como la pin (...)
  • 27 Cf. Dante Liano (ed.), El ocre, el rojo y el verde. Poetas afrodescendientes guatemaltecos y domini (...)

20El aspecto más cercano a estas reflexiones es el de la literatura, nuestro campo de trabajo. El objetivo, entonces, se reduce, por necesidad, a interrogarnos sobre cuál es la herencia literaria de la cultura africana en Guatemala26. Para ello, en el verano de 2023, durante la Feria Internacional del Libro de Guatemala (FILGUA), se ha organizado un recital de poesía afrodescendiente en Guatemala. Al principio, se contó con la válida asesoría de Julio Serrano (Quetzaltenango, 1983) quien hace algunos años comenzó a publicar dentro del movimiento de jóvenes poetas guatemaltecos. Con el pasar de los años, Serrano comenzó a perfilar sus orígenes afro y a concentrarse en ellos. Julio contactó a otro conocido poeta, Wingston González (Livingston, 1986) quien desde hace años ha sido exponente de la poesía afrodescendiente en el país. Y ambos hablaron con Nora Murillo (Puerto Barrios, 1964) quien aceptó participar. De esa forma, la noche del 7 de julio de 2023, se realizó, a las siete de la noche, un evento extraordinario, sea por su contenido que por su realización. Serrano, González y Murillo leyeron sus composiciones poéticas, y construyeron una performance de alto nivel artístico. Por desgracia, no hubo grabación de ese evento, por lo que se perdió un momento que, de alguna manera, se podría calificar como extraordinario. Para rescatar tal experiencia, se ha pensado en publicar una antología de los autores que participaron en el recital, con la añadidura de dos poetas dominicanas, Michelle Ricardo y Lauristely Peña. Tal antología vio la luz en julio de 2024, cuando se hizo un recital en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guatemala27. En este trabajo, nos limitamos a presentar a los tres poetas guatemaltecos que participaron en los recitales y en la Antología.

Tres poetas afrodescendientes

Wingston González

21Hay una palabra italiana que Wingston González evoca cuando aparece con sus poesías bajo el brazo (metafóricamente, porque las lleva en la mente o en la voz). Esa palabra es « spiritello » y no es ajena a la comprensión de un hablante del español. Podría significar « un pequeño diablo » y la chispa que emana de sus movimientos de breve jaguar agazapado autoriza la comparación. Wingston aparece de repente y de repente se desvanece. Se para delante del público y va saboreando sus versos, alarga las vocales, alza y baja el tono de la voz, también el timbre, y de pronto hace una pausa que llena el escenario. ¿Sale de alguna danza ritual, de un conjuro, de una ceremonia jovial? Su idioma es rico e inventivo, de pronto arcaico y transmental y de pronto novedoso y anticipador. El lenguaje no es solamente oral, sino que, descendiente de la antigua estirpe de los poetas populares, también es corporal. Palabra y gesto crean una atmósfera de intensidad, de suspensión, de comunión.

22Wingston González nació en Livingston, un enclave afrodescendiente del Caribe guatemalteco. Aunque está en tierra firme, Livingston pareciera una isla. Se llega por agua, desde Puerto Barrios o desde Río Dulce. En un país de fuerte cultura hispánica y de ancestral cultura maya, existe ese territorio donde se habla inglés y se cultiva lo caribeño. Muchachos de trenzas rasta pasan con un estéreo en el hombro y del estéreo sale, a todo volumen, música con ritmos que saben a Cuba, a la Dominicana, a Jamaica. Quien no habla inglés habla garífuna, una lengua que incluye lo anglosajón con lo q’eqchí y con lo hindi. La mezcla de migraciones forzadas y voluntarias circula en un aire caliente aliviado por la brisa del mar cercano. Pescado frito, rice and beans con un buen trago de ron alivian el clima oceánico: ¡cuánto son guatemaltecos los habitantes de Livingston en su multiplicidad de referentes culturales! Únicos, variados y originariamente diversos.

23De Livingston, Wingston fue a parar a una parroquia de San Marcos, en donde el único entretenimiento válido era la poblada biblioteca. Como decía Monterroso, las bibliotecas del Tercer Mundo son las mejores, porque con su poco presupuesto tienen que comprar libros muy escogidos. Más allá de la escuela, las lecturas de esa época condujeron al adolescente hacia la literatura. El resto son aventuras y viajes. En Guatemala, como en toda América Latina, la capital concentra todo: teatros, cines, editoriales. Con sus poesías, Wingston viajó allí, y desde allí, experimentó la experiencia de la migración, hacia Nueva York. Mientras tanto, participaba en recitales, performances y en diferentes manifestaciones audiovisuales. Poco a poco, se fue afirmando como uno de los principales creadores jóvenes de país.

24Las poesías de Wingston González parecerían necesitar de su ejecución performativa, pero ya en la cuidada presentación tipográfica se advierte el gusto de la experimentación y de la comunicación inmediata con el público. En el siguiente fragmento, González mezcla el arte de la enunciación con el desplazamiento del texto en el espacio de la hoja en blanco, de modo que el ritmo poético no es solamente auditivo sino también visual:

  • 28 Ibidem, p. 62.

unos caminan en el cielo otros en la
                    sombra
                              nubes y nubes como flores esta fragancia de plumas
                       la visión del practicante hierático las autopistas a   la altura
                                                                                              h

         desatado el ruido los hilos de hierro
hay un wachimán en la puerta y un kaiju defensor
un meka de caoba  vasitos de peltre  gente de leche que gira
                                                                           en bucle como
                                         canciones y un sueño cardonal28.

25El primer signo de lectura está en el particular léxico usado por Wingston González. Hay una suerte de rebuscamiento en el hallazgo y uso de algunas palabras, jergales o generacionales, o expresiones decididamente oscuras, cuyo misterio acentúa el esoterismo de la poesía. Aunque muy difundido en América Latina, el término « wachimán » o « guachimán » significa « guardia de seguridad » y es un préstamo del inglés « watchman ». En cambio, de los mangas y de las películas japonesas viene la expresión « kaiju », que se aplica a ese tipo de monstruos, populares en la producción audiovisual de aquel país, como Godzilla o King Kong. La « meka de caoba » es un tipo de obsidiana, producida principalmente en México. El sueño « cardonal » es una suerte de metonimia, en donde se supone que alguien sueña estar en un cardonal (campo de cardos). La interrogación léxica se completa con la enumeración caótica: los objetos están distribuidos en el verso de manera deliberadamente desordenada y en ello, en ese abigarrado conjunto, estriba la sugerencia: cielos, sombra, nubes, plumas, practicante, autopista, etc. se suceden sin otra lógica que aquella implicada por el texto poético. Su lógica es la del sueño o la alucinación, pareciera decir.

26Hay un par de cuestiones que la poesía de González propone y que, en el mismo momento de formular el problema, también lo resuelven. Hay poetas, en la literatura hispanoamericana del siglo XX, que han optado por la llamada « poesía conversacional ». Pienso en Cardenal, en Nicanor Parra, en el Darío de la « Epístola a Madame Lugones ». Se trata de una poesía directa, de comprensión inmediata y cuya originalidad lírica reside en recursos que crean la imagen de la sencillez comunicativa, aunque detrás de ella se esconda un aparato retórico muy bien disimulado. Por otro lado, hay poetas que usan lo que podríamos llamar « hermetismo » en la comunicación. Hablo de Vallejo, de Paz, de Cardoza, del Neruda de la primera « Residencia ». Aplican la conocida distinción entre « lenguaje de la comunicación » y « lenguaje poético ». El primero es llano y asequible, o lo debiera ser. El segundo no tiene que ser necesariamente fácil. Se vale de un tipo de comunicación que está en el lenguaje y que no es, por fuerza, simple. Utiliza el enorme poder de sugerencia de la lengua. Cuando Wingston González escribe:

  • 29 Ibidem, p. 56.

y es que babykaijus & cía han dico
   todos los hijos de probabiliste
   nuestras symétriques emociones
se reunieron en un salón de
fiestas de la guatemala city
29.

27Entendemos palabra por palabra, pero no entendemos el significado global. Desde un punto de vista lírico, no importa. Importa, en cambio, que la sugerencia de esas palabras asuman un significado poético, provoquen una emoción poética, es decir, que sean portadores de una impresión estética. En síntesis, la poesía no es comunicación directa, sino comunicación de sentimientos líricos. Es la realización extrema del postulado « la forma es el contenido ».

28La segunda cuestión propuesta por la poesía de González reside en otra de las características de la poesía, que muchos olvidan. El núcleo artístico de la lírica no está en los temas tratados, temas que coinciden generalmente con los mejores sentimientos y superiores intenciones del poeta. Se constata que, la mayor parte de veces, los buenos sentimientos son secundarios para la literatura (tampoco se afirma que esta se nutre de bajas tendencias). Como se acaba de constatar, no importa el contenido, sino la forma. La forma, en poesía, está dada por el ritmo, por el sonido de las palabras que, en su conjunto, producen lo que, con una cierta dosis de kitsch, se podría denominar « la música del lenguaje ». Cuando se lee a Wingston González, se advierte su dominio del ritmo de las palabras, de la música que ellas emanan. En el caso de nuestro poeta, generalmente es un ritmo nervioso, percusivo, urgente. Un torrente de palabras que se escanden como un solo de batería, con la continuidad de las aguas de los ríos que discurren entre las piedras, con el golpear de las aguas del mar contra los acantilados. Cuando se dice que en la poesía de Wingston González hay música, lo que se afirma, en el fondo, es que ha hallado el secreto de lo poético.

Nora Murillo

29Puerto Barrios es una de las pocas ciudades caribeñas de Guatemala: se asoma al Golfo de México con una cierta timidez, dado el escaso territorio que le quedó al país después del expolio de Belice. Nadie menciona a ese lugar como un sitio turístico; a lo más, como pasaje para Livingston, luego de tormentosa lancha en la desembocadura del Río Dulce. Miguel Ángel Asturias, en una de sus escasas alusiones al Caribe guatemalteco, describe la ciudad y sus alrededores como malsanos, pútridos, descompuestos:

  • 30 Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz, Madrid-París, ALLCA, 2000, p. 263.

un poblado […] construido sobre fierros, tablones y pilastras de cemento y troncos de árboles surdidos en el agua del mar, todo salóbrego, pegajoso y aparatado de fiebre palúdica. Las casucas anegadizas, a las que se llegaba por graderíos de tablas sobrefalsas a corredores de pisos de madera carcomida, algunas con ventanas de vidrios que se cerraban como guillotinas, todas con tela metálica, y otras construidos en la pura tierra caliente, tierra hediendo a pescado, con techos de paja y puertas vacías como ojos tuertos30.

30En ese Puerto Barrios, de aire vibrante por la brisa salada que viene del mar, nació Nora Murillo Estrada. La región autoriza el adjetivo « variopinta ». Ya se sabe, los puertos son encrucijadas, crisoles, intersecciones. La población, como en toda esa área, recoge flujos de personas y las etnias se confunden y mezclan: mayas, ladinos, afrodescendientes, garífunas e incluso coolies. Trabajadores sudorosos que descargan, a torso desnudo, grandes bultos de las embarcaciones foráneas; o lánguidos pescadores pálidos que salen a capturar lo que haya. Una población que parece en permanente itinerancia.

  • 31 Nora Murillo, Abrir la puerta, Guatemala, Wanichugu, 2023.
  • 32 Ibidem, p. 18.

31Y aunque el lugar de origen hiciera difícil el deseo de una carrera en las humanidades, Nora Murillo se graduó como maestra, sacó la licenciatura en Trabajo Social y el Máster en Antropología. Al mismo tiempo, se convirtió en una de las poetas más destacadas del país con premios en diferentes certámenes, como el Primer Certamen de Poesía « Alaíde Foppa », en el año 2000. Muchos comienzan escribiendo poesía social para desembocar en lo más íntimo y subjetivo. El camino de Murillo ha sido lo contrario. Sus inicios, en Abrir la puerta31, recorren dos temas principales. Lo que podríamos considerar el recorrido de una mujer, desde la toma de conciencia de su condición hasta su liberación femenina (y feminista) y el descubrimiento poético del amor materno. La conciencia de ser mujer parte de las raíces, de la madre, a la que llama « Maíta » y a la que describe con una enumeración metafórica breve y eficaz: la risa es una mueca; el cabello, una sombra; el cuerpo, una resistente palmera; y, en síntesis, su figura es luz y faro. Una suerte de declaración genealógica de su línea al femenino, que va a ser el eje del libro. La descripción de la vida de una mujer tradicional se recoge en « Triple jornada », en donde el ritmo de la vida doméstica se califica como « fúnebre » y se describe en tres momentos: la cocina, el lavado de ropa, el trabajo en la fábrica. La mujer no solamente trabaja como obrera, sino también desempeña las labores domésticas. No por nada el verso que comenta esa situación recita: « El reloj / marca el infierno» y sentencia, al final: « Los sueños se pierden en la cama32 », con un doble sentido meridiano.

  • 33 Ibidem, p. 22.
  • 34 Ibidem.
  • 35 Ibidem, p. 40.

32La constatación de la dura realidad de la mujer se amplía con la descripción de la relación con el hombre, resentido precisamente de esa toma de conciencia: « Te molesta / el retoñar de mis ramas / las flores que me brotan / lo verde de mis hojas33 ». La metáfora central identifica a la poeta con un árbol, y esa metáfora central se desarrolla después en las secundarias: ramas, flores, hojas. El hombre se asusta: « Estás con miedo », se enfada: « Me ves como sombra », y, a pesar de todo, la conciencia sigue su camino de iluminación: « aquí –en la cuesta– / una mujer / ¡camina!34 ». La toma de conciencia se resuelve en el poema central del libro, poema que da nombre a la colección: « Abrir la puerta », en clara imagen de la salida de una situación oprimente. La emancipación se imagina como una salida de la casa/prisión en la que vivía: hila metáforas de objetos y muebles domésticos para desembocar en un liberador verso final: « Abrí la puerta / y me tomé la calle35 ». En un lenguaje aparentemente directo, pero dominado por el recurso metafórico, la mujer constata su nueva situación. No obstante los intentos del hombre por hacerla volver a su situación precedente.

  • 36 Ibidem.

Como trompo
rompés ataduras
dejás de ser puente
derribás obstáculos
emprendés camino […]
Pero sos cada vez más libre
                           más hermosa
                           más valiente
                           más mujer36

  • 37 Ibidem, p. 56.

33La nueva situación se completa en la sección « Ojos de mi jardín », con el descubrimiento, siempre poético, de la maternidad y de la insondable relación con los hijos. La poesía que da título a la sección comienza con la descripción de un niño que juega entre flores y plantas. Las metáforas son naturales y, al mismo tiempo, potentes: « Lleno mi boca de pájaros / y me amarro las manos de amor / para no lastimar tus ramas37 ». De nuevo, Murillo acude a la enumeración metafórica para elaborar su afecto maternal, en « Te regalo », que se desgrana en un rosario de presentes simbólicos:

  • 38 Ibidem, p. 60.

...Un barco de papel en su bahía
Un juego de palabras amorosas
Una
pócima de nomeolvides
Una playa con pelícanos
Una luna creciente
¡Un cometa!
Una tarde de payasos y sus risotadas
Un sueño atestado de cocuyos
Un árbol lleno de jilgueros
Un beso tibio sabor miel
Una llanura de flores
¡Una estrella!
38

34La enumeración caótica tiene, en realidad, la coherencia que le confiere el afecto, que se difunde por cada uno de los miembros del elenco. Cada verso es una metáfora que encierra otra metáfora, como el primer elemento: el barco de papel tiene que navegar en una extensión mínima, cuya bahía puede ser un charco, así como el « sueño atestado de cocuyos » se refiere a un luminoso dormir.

  • 39 Nora Murillo, La esquina violeta y los cadáveres sin nombre, Guatemala, CALDH, FLACSO, 2023.

35De otro tenor el libro siguiente, La esquina violeta y los cadáveres sin nombre39,en donde Murillo da cuenta de una fuerte pasión social y de un compromiso nacido de una evidente biografía. Sin renunciar al abundante uso de la metáfora, la poeta desarrolla un sentido del ritmo que se advierte también en su primera obra. De este modo, ambas habilidades aparecen en « Huida »:

  • 40 Ibidem, p. 22.

Soy gaviota suspendida
en pleno vuelo.
Hormiga
escapando del ventarrón40.

36El período paratáctico está al servicio de las dos imágenes: « Gaviota » y « Hormiga », y las acciones simbolizan la situación suspendida de una persecución. Las alusiones al terror sufrido durante las dictaduras militares son abundantes: el miedo, las desapariciones, las muertes de los compañeros y amigos y, al final, el exilio, se repiten en este libro de apasionada denuncia. En cierto sentido, Murillo representa una época, un modo de contarla y un ejercicio febril de la poesía.

Julio Serrano

37Quetzaltenango está en las cumbres del altiplano de Guatemala; llegar allí equivale a una gradual ascensión por las carreteras, hasta la niebla helada de las alturas con ovejas y estepas abatidas por el sol. Desde el camino se ve el espléndido valle y sus volcanes, Santa María y Santiaguito, y la encrucijada colonial del trazo urbano de la ciudad. Quetzaltenango es neoclásica, con palacios que parecen templos, y ecos lejanos de monumentos europeos. Todos, o casi todos, la llaman por su nombre maya: Xelajú, que casi espontáneamente evoca una luna y una canción rival del himno nacional. Las noches de Quetzaltenango son muy frías, requieren imperiosamente ponchos del vecino Momostenango, y tragos calientes del cristalino aguardiente nacional. Durante el día, el sol de la montaña castiga e ilusiona con el fantasma del calor. Apenas desaparece, retorna el hielo, y el afán de la respiración en las alturas: el cielo es oscuro, las nubes encandilan y vagan remedando figuras en el horizonte. La mayor parte de la población quetzalteca proviene de los k’iche’s, los poderosos mayas que dominaban al país cuando llegaron los españoles. Bravía fue su defensa del territorio y pagaron con abundancia esa resistencia. Sin embargo, aún bajo la dominación colonial, la cultura de los pueblos originarios se mantuvo, con ejemplar resiliencia. Por esa abundancia de población maya se hace difícil pensar en afrodescendientes en la ciudad de los Altos.

38En cambio, uno de los poetas guatemaltecos contemporáneos de origen afrodescendiente proviene de Quetzaltenango. No solo: Julio Serrano ostenta con orgullo sus ancestros y explora, a través de su arte poética, tales orígenes. Quizá sea arduo averiguar cómo llegaron a Xelajú los antepasados de Serrano, porque la mayor parte de la población afrodescendiente de Guatemala se situó, como hemos visto, en la Costa Sur y en el Oriente del país. Allí surgían los ingenios de azúcar que necesitaron de mano de obra africana. Tampoco es imposible que algunos, una vez liberados, hayan viajado hacia el Occidente. Hay varios tipos de testimonio acerca de la presencia de africanos entre los indígenas mayas, y quizá el más pintoresco sea el Baile de los Negritos, una derivación de otras danzas populares, como el Baile de la Conquista o el de Moros y Cristianos.

39Serrano no es solamente uno de los poetas contemporáneos: es uno de los más activos. Periodista aguerrido, resulta entre los fundadores de la Agencia Ocote, periódico en línea cuyo perfil es el del periodismo investigativo. También es artista multimedial y ha participado en representaciones y performances, como ahora se usa. De la misma forma, ha explorado el cine también como actor. Su poesía es una interrogación constante, sustancial, concentrada y es también una exploración lingüística que va del léxico al ritmo: sonidos que se enlazan con las figuras del lenguaje hasta construir nuevas realidades de palabras, que son realidades a secas. Serrano lleva de la mano a su lector por senderos habitados de animales, de piedras, de ríos subterráneos, de selvas y de costas, de montes y arboledas, de oscuridades vegetales, húmedas, pluviales, eflorescencias marchitas con perfumes densos de verde secular y longevo.

40Cito, como ejemplo, uno de sus textos:

  • 41 Julio Serrano, Tierra, Guatemala, Sophos, s.d., p. 120.

Hay algo en su quietud
Que nos habla del Tiempo,
                               de permanecer,
                               insistir.
Sus manos extrañas,
Sus rostros amorfos,
Su silencio de esfinge
Y su complicidad.

Deberíamos tratar de hablarles.

Mi madre habla amorosamente a las flores,
Toca, pues, hablarle tiernamente al mineral.
Cuánto de su movimiento perpetuo
Se estremecería si me aproximara
A ese que pareciera ser su rostro,
Fría la piel,
Fría la boca,
Lejos, muy lejos de besar un cadáver.

La vida, esta su nueva vida,
Nos habla discretamente del espacio,
De nuestros cuerpos, de la memoria de un tiempo
En el que sabíamos cómo amar entre las grietas.
La materia estática transmutada en susurro,
Las curvas texturizadas de un nuevo deseo,
El amplio respirar de la luz41.

  • 42 Julio Serrano, Central America, Guatemala, Magna Terra, 2013.
  • 43 Julio Serrano, Estados de la materia, Guatemala, Catafixia, 2017.
  • 44 Julio Serrano, Antes del mar, Quetzaltenango, Metáfora, 2018.

41Tierra es la unión de tres libros anteriores: Central America42, Estados de la materia43 y Antes del mar44. El título que recolecta los tres precedentes resulta una especie de declaración y descripción de la búsqueda efectuada por Serrano a través de fotografías tomadas por él mismo y de una investigación bibliográfica y documental. En efecto, Serrano introduce un importante elemento postmoderno: una suerte de pastiche muy original, que condensa el secreto de interpretación de su obra, no solo poética. Lo que prevalece en Serrano es una búsqueda de las múltiples raíces de su cultura. Como si « la tierra » fuera un robusto árbol de esas alturas en donde nació, el poeta hunde las manos en el humus sobre el cual se alza, y explora esa profundidad de inframundo. Explora y declara, sin pudores, sin ocultamientos, sin enmascaramientos. Si el objeto de la búsqueda es claro, lo es también el instrumento: un lenguaje que combina claridad y oscuridad, conversación y figuración, transparencia y opacidad.

42Se entiende que Serrano no oculta la devoción y reconocimiento por dos de sus maestros: Francisco Nájera, de quien hereda la predilección por el rompimiento de la norma y la decidida rebelión a los cánones de lo establecido; Francisco Morales Santos, a quien debe lo ancestral, lo sacro, la exploración de las raíces mayas. Con desenvoltura, Serrano no duda en introducir, dentro de su propia composición, un poema de Morales Santos. De suyo, el poeta conversa con elementos telúricos, omnipresentes en la realidad de Guatemala, pero también con objetos de la modernidad, reflejando una situación muy propia del país: la coexistencia de lo arcaico con lo hipermoderno; lo ciudadano y lo campestre; lo construido y lo natural.

43Así, las huellas del Popol Vuh o del Rabinal Achí son declaradas explícitamente, como son meridianas las alusiones a los testimonios contemporáneos de las persecuciones y masacres, de los resúmenes periodísticos o judiciales de los procesos a los genocidas del siglo pasado. Cualquier material que tenga que ver con esa identidad múltiple y variada que es la identidad guatemalteca aparece en la poesía de Serrano. De este modo, en Central America un viaje en bus de migrantes diseminados en las carreteras hacia una distopía que puede ser Ciudad de México o Estados Unidos, representa, en cierto sentido, un descenso a infiernos contemporáneos. Junto con ese relato intenso y fatigoso, el testimonio de una víctima, una carta pescada en cuál archivo, el relato de un periodista que asiste a una sentencia histórica, todos son elementos que construyen ese poderoso fresco, que sin exageración podríamos llamar épico, constituido por los libros de Serrano.

Breve conclusión

44Es cosa sabida que Guatemala es un país multiétnico y multicultural. Sin embargo, en la vulgata común, se suele olvidar que lo afrodescendiente es parte de la multiplicidad cultural guatemalteca. En general, se recuerdan los cuatro pueblos: maya, ladino, xinca y garífuna. Es cierto que este último proviene de una migración caribe a las costas centroamericanas y que está compuesto por poblaciones de origen africano. Sin embargo, lo que se suele olvidar es otro tipo de comunidad: aquella, bastante numerosa, proveniente directamente de África y que pobló la Antigua Guatemala (en particular, el barrio de Chipilapa, hoy simplemente una calle que conduce a la capital), la costa sur (Escuintla, la costa de Mazatenango, Sipacate y especialmente el poblado de La Gomera) y el oriente del país (desde Santa Rosa a El Salvador). Miles de hombres trabajaron en los ingenios de azúcar de Amatitlán, de la costa y en las fincas de ganado. La finalidad de la investigación era recopilar información sobre la presencia africana en Guatemala y verificar la huella cultural dejada por los antepasados afrodescendientes. La bibliografía especializada confirmó que hubo, en Guatemala como en el Caribe, una importante población de origen africano. El trabajo de campo, además, consistió en averiguar si había una producción literaria cualitativamente importante. Ello condujo a establecer una relación directa con poetas contemporáneos guatemaltecos que reivindican su pasado africano, en particular, Julio Serrano, Nora Murillo y Wingston González. Además de los recitales dentro de la Feria Internacional del Libro y de la publicación de la antología mencionada en el artículo, se espera continuar en el futuro con más hallazgos respecto del tema del trabajo.

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Notes

1 Aníbal Quijano, « Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina », in Edgardo Lander (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, CLACSO, 2000, p. 246.

2 Proyecto ConnecCaribbean, cuyo nombre, por extenso, es: « Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World ». Debemos la idea de su surgimiento a la colega Consuelo Naranjo Orovio, Directora del Instituto de Historia del CSIC en el año en que el proyecto fue presentado y debemos a su incansable energía la realización de dicho proyecto. Como una derivación de tal investigación, que abarca las áreas de la historia, la economía y la sociología, un buen sector de los investigadores se ha dedicado a compulsar la literatura derivada del fenómeno, muy evidente en América Latina, con obras maestras como El reino de este mundo, de Alejo Carpentier (Obras completas de Alejo Carpentier: El reino de este mundo, 1985) y menos evidente en España, pero con indudables huellas del proceso esclavista.

3 Dante Liano, « Definición, etimología e historia del vocablo “raza” », Centroamericana, n. 30.2, 2020, p. 81-99.

4 Herbert S. Klein y Ben Vinton III, Historia mínima de la esclavitud en América Latina y el Caribe, México, el Colegio de México, 2013, p. 15-30. Este texto será la fuente principal de las líneas que siguen.

5 Ibidem, p. 17.

6 Ibidem.

7 Fray Antonio de Remesal, Historia general de las Indias Occidentales y particular de la gobernación de Chiapa y Guatemala [Edición y estudio preliminar del p. Carmeno Sáenz de Santa María], Madrid, B.A.E. 1964.

8 Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, Recordación Florida, Guatemala, Sociedad de Geografía e Historia, T. I, Libro V, 1932, p. 137.

9 Rina Cáceres, « Los silencios de nuestra historia », in Rina Cáceres (ed.), Del olvido a la memoria: africanos y afromestizos en la historia colonial de Centroamérica, San José, Oficina regional de la UNESCO para Centroamérica y Panamá, 2008, p. 9-15, cf. p. 14.

10 Paul Lokken, « Génesis de una comunidad afroindígena en Guatemala », Mesoamérica, n. 50, Año 29, 2008, p. 37-53.

11 Richard Adams, Encuesta sobre la cultura de los ladinos en Guatemala, Guatemala, Seminario de integración social guatemalteca, 1956.

12 Daniel Contreras, Breve historia de Guatemala, Guatemala, Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1951.

13 Paul Lokken y Christopher Lutz, « Génesis y evolución de la población afrodescendiente en Guatemala y El Salvador (1524-1824) », in Rina Cáceres (ed.), op. cit., p. 16-36.

14 Ibidem, p. 16.

15 Ibidem.

16 Ibidem, p. 17.

17 Ibidem.

18 Ibidem, p. 23.

19 Ibidem, p. 20.

20 Ibidem, p. 25.

21 Ibidem, p. 26.

22 Ibidem, p. 28.

23 Ibidem.

24 Ibidem, p. 30.

25 Ibidem.

26 Con ello se dejan abiertas las puertas para investigaciones en otros campos culturales, como la pintura o la música (es cosa sabida que el instrumento nacional, la marimba, proviene de la experiencia africana).

27 Cf. Dante Liano (ed.), El ocre, el rojo y el verde. Poetas afrodescendientes guatemaltecos y dominicanos [Selección de textos e Introducción por Dante Liano], Guatemala, Sophos, 2024.

28 Ibidem, p. 62.

29 Ibidem, p. 56.

30 Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz, Madrid-París, ALLCA, 2000, p. 263.

31 Nora Murillo, Abrir la puerta, Guatemala, Wanichugu, 2023.

32 Ibidem, p. 18.

33 Ibidem, p. 22.

34 Ibidem.

35 Ibidem, p. 40.

36 Ibidem.

37 Ibidem, p. 56.

38 Ibidem, p. 60.

39 Nora Murillo, La esquina violeta y los cadáveres sin nombre, Guatemala, CALDH, FLACSO, 2023.

40 Ibidem, p. 22.

41 Julio Serrano, Tierra, Guatemala, Sophos, s.d., p. 120.

42 Julio Serrano, Central America, Guatemala, Magna Terra, 2013.

43 Julio Serrano, Estados de la materia, Guatemala, Catafixia, 2017.

44 Julio Serrano, Antes del mar, Quetzaltenango, Metáfora, 2018.

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Pour citer cet article

Référence électronique

Dante Liano, « La poesía afrodescendiente en Guatemala », Cahiers d’études romanes [En ligne], 52 | 2026, mis en ligne le 28 janvier 2026, consulté le 13 octobre 2026. URL : http://journals.openedition.org/etudesromanes/25443 ; DOI : https://doi.org/10.4000/16ks6

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Auteur

Dante Liano

Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán, Italia

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