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- 1 Entre los más destacados cabe citar a: B. Leroy, Los judíos de Navarra…, especialmente las pp. 56–6 (...)
- 2 Destacan sobre todo los numerosos estudios de Rica Amrán, de los cuales cabe señalar: R. Amrán, Jud (...)
1Es necesario comenzar esta investigación haciendo una serie de premisas de cara a contextualizar correctamente el trabajo desarrollado, siendo la primera de carácter metodológico, por lo que cabe aclarar que el tema de las relaciones entre las élites judías y musulmanas y el poder monárquico ha sido objeto de numerosos estudios de carácter peninsular y de carácter local, por lo que mucho de lo que se dirá bebe precisamente de esos estudios previos1. Ya menor es la atención que se ha prestado a la narración cronística oficial en relación con este tema2, la cual, a pesar de no ser una novedad, quizá ha adolecido de una cierta visión restrictiva en cuanto a las fuentes (solo ciertas crónicas) pero también en cuanto al ámbito, siendo casi nulos los estudios comparativos entre las crónicas oficiales de los cuatro principales reinos cristianos peninsulares: Castilla, Portugal, Aragón y Navarra.
2La segunda premisa es de carácter temático, ya que se optado por analizar no sólo la presencia de miembros en las cortes regias de religión judía y/o musulmana comparando crónicas oficiales y documentación, sino también detenerse en la representación general de esas comunidades en las crónicas de una manera panorámica a fin de recabar una visión de conjunto. Cabe advertir, no obstante, que no se va a entrar en el tema de los conversos, pues, a pesar de la evidente pertinencia, requeriría de un tiempo y un espacio que sobrepasarían el espacio y la ambición de este artículo, además de que la conversión ya implica, teológicamente hablando, un cambio importante de perspectiva puesto que sí pertenecerían a la comunidad cristiana.
3La tercera y última premisa atañe a la cuestión de la originalidad. Es evidente que las crónicas suelen copiar discursos de crónicas anteriores, como por ejemplo ocurre en el caso de la Crónica Geral de Hespanha copiando pasajes de la Estoria de Espanna, o el cronista Fernão Lopes copiando extractos de Pedro López de Ayala. Lo que se plantea como hipótesis de partida en este trabajo es que esas copias son deliberadas e intencionadas porque se desea transmitir la idea de fondo, ya que los cronistas suelen alterar sus textos u obviarlos si les conviene. Independientemente, por tanto, de si el hecho narrado haya ocurrido tal como se cuenta o no, ha interesado destacar que se comparte un mismo mensaje.
4Queda solo señalar que el marco cronológico abarca desde finales del siglo XIII hasta las diferentes fechas de relacionadas con ambas comunidades, como la conquista definitiva del Emirato Nazarí en 1492 o las sucesivas expulsiones de los judíos de los reinos hispánicos (1492 para Castilla y Aragón, 1496 para Portugal y 1498 para Navarra).
- 3 Aunque es el estudio de una sola crónica, puede servir como contextualización general de este aspec (...)
5Siguiendo con lo dicho anteriormente, la primera parte de este estudio se va a centrar en realizar una panorámica sobre qué imagen arrojan las crónicas respecto a los integrantes de las dos principales comunidades no cristianas medievales, judíos y musulmanes, en general, como grupos sociales. Cabe establecer en este sentido una lectura de conjunto, ya que, de manera llamativamente homogénea, todas las crónicas de todos los reinos utilizan ambos grupos para un fin propagandístico diferenciado para cada uno, pero nítido, aunque, obviamente, hay algunas salvedades que se comentarán en su momento. En efecto, el tamiz o sustrato cultural por el cual pasan absolutamente todos los comentarios sobre estas comunidades es el religioso, que sirve de argumento justificante de acciones o comentarios. La diferencia radica en el elemento conceptual que acompaña a ese sustrato, pudiendo básicamente resumirse en el trinomio dinero/economía/rechazo para el caso de los judíos, y enemigo/guerra/caballerosidad para el caso de los musulmanes3. En este sentido, los judíos se presentan siempre asociados a las labores de exactores de impuestos o labores fiscales en general, mientras que los musulmanes son siempre los enemigos de la fe a los que hay que combatir, es decir, soldados. Un tercer elemento conceptual es el celebrativo, apareciendo mudéjares y judíos como imagen de refuerzo de una celebración, en sintonía con la participación de los cristianos en unidad total del reino. Casi ninguna acepción difiere de estos parámetros principales. Por este motivo, en el breve recorrido que se efectuará a continuación, se analizarán los casos donde hay algunas menciones más allá de las anteriores en las que están implicadas las comunidades judía y musulmana.
- 4 M. Pedrosa, Reconstituição do ms. L.
- 5 Alfonso X el Sabio, Estoria de Espanna.
- 6 M. Pedrosa, Reconstituição…, vol. 1, pp. 178, 184–185, 211, 247 y 301.
6Analizando en primer lugar las crónicas castellanas, la Crónica Geral de Hespanha4 en su primera parte (que comprende la historia hasta la conquista de la Península por los musulmanes) y la Estoria de Espanna5, no se escatima en expresiones peyorativas para referirse a los judíos como “perfiosos” (pérfidos) o “fedorentos” (malolientes) y en narrar episodios negativos que los presentan como mentirosos, blasfemos, traidores o asociándolos a los malos reyes como Witiza6. De los musulmanes se indica que son “seyta” (secta), pero es curioso que la peor imagen se la llevan los judíos, pues por contra los comentarios principales sobre los musulmanes son relativos a la guerra, sin valoraciones, casi como si fuera legítima su presencia y, por consiguiente, luchar contra ellos.
- 7 M. Pedrosa, Reconstituição…, vol. 2, pp. 176–177, 197–198 y 273.
7En cambio, en la segunda parte de la Crónica Geral de Hespanha, que abarca desde el siglo X en adelante, mejora notablemente el juicio sobre los judíos. Entre los ejemplos más llamativos, ayudan económicamente y perdonan al Cid por mentirles, aparecen específicamente ocupando cargos públicos como almojarife o embajador y se llega a afirmar que un ataque a la aljama de judíos de Toledo es un acto malo7.
- 8 Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, p. 105.
8Sigue la tónica favorable, aunque de manera muy escueta, con la mención de la Crónica del Rey D. Fernando IV a que, durante la minoría de este rey, el castillo de Hita estaba en manos de un portugués, Rui Martins de Sandim, que se dedicaba a prender a los judíos del rey por los caminos para “despecharlos”, lo cual está mal visto, no en sí por el daño provocado a esta comunidad, sino por el daño provocado a la Corona8.
- 9 Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, p. 163.
9Las menciones en la Crónica de Alfonso Onceno también son muy escasas, más allá de la consabida mención a los andalusíes como enemigos. Llama la atención la queja que le plantea un musulmán viejo al propio rey, tras la conquista de Gibraltar en 1344, contando su periplo de expulsiones de Sevilla, Jerez, Tarifa y, finalmente, Gibraltar9.
- 10 P. López de Ayala, Crónica del rey D. Pedro…, pp. 184–185.
- 11 En la exposición de las quejas de la reina Leonor de Navarra en 1390, el cronista reproduce, sin ha (...)
- 12 Tema que ha sido tratado por N. Corral Sánchez, “El pogromo de 1391…”.
- 13 P. López de Ayala, Crónica del rey Don Juan I…, pp. 361–362.
10Si se analizan ya los cronistas oficiales del siglo XIV, se observa para el caso castellano cómo Pedro López de Ayala mantiene una postura un tanto ambigua y, en algunos trazos, poco clara, llegando a silenciar algunos pasajes donde hay involucrados judíos importantes, como veremos en breve. En términos generales, parece no querer oponerse a la imagen de los reyes Trastámara como paladines de la fe cristiana, que incluye el antijudaísmo, pero tampoco termina de apoyarla decididamente. Por ejemplo, la famosa leyenda de Pedro I como hijo en realidad del judío Pedro Gil (de ahí el mote peyorativo a los partidarios suyos como emperegilados), no aparece en su crónica. Se comenta el apoyo de las comunidades judías, como la de Toledo, al rey Pedro I, cuando ayudaron a entrar en la sitiada ciudad a sus tropas desde la judería10. Digamos que Ayala no usa ni malas ni buenas palabras para judíos11 y musulmanes, limitándose, sobre estos últimos, simplemente a mencionar las batallas contra ellos. Sirva otro ejemplo claro, el episodio de los pogromos de 1391 en toda Castilla, con origen en Sevilla y las predicaciones del arcediano de Écija Ferrand Martínez12. Tras exponer brevemente lo que ocurrió, Ayala sentencia en una frase que “e todo esto fue cobdicia de robar, segund paresció, más que devoción”, añadiendo que habrían hecho lo mismo con los mudéjares, pero que les frenó el miedo a represalias con los cautivos de Granada y África13.
- 14 O. Perea-Rodríguez, “El Sumario del Despensero…”, p. 632.
11Un breve comentario sobre una breve obra del siglo XIV, el Sumario del Despensero de la reina Leonor, mujer de Juan I. Cabe señalar cómo dicha reina rehúsa aceptar la ayuda de las aljamas de sus territorios, aduciendo que todo ello sería después motivo de queja y maldición por parte de los judíos, incluso si lo hacían motu proprio. Se pretendía resaltar la “pureza y honestidad” de la reina, pero interesa reflejar una frase de la crónica que viene a aseverar que todos los nobles se surtían económicamente habitualmente del dinero recaudado a las aljamas, cuando se afirma que la reina actuaba de manera diferente “segund que lo demandaban los otros señores e señoras del regno a las alhamas de sus logares”14.
- 15 F. Lopes, Chronica de el-Rei D. Pedro I…, pp. 29–30. Concretamente, especifica que a las mujeres la (...)
- 16 F. Lopes, D. Pedro I…, pp. 31–33.
12Pasando a la cronística portuguesa, Fernão Lopes, el famoso cronista portugués evoluciona a lo largo de sus crónicas, comenzando con una discreta mención a los judíos en la Crónica de el-Rei D. Pedro, específicamente ligada a la justicia y catolicismo del rey, como las leyes para evitar la presencia de mujeres cristianas en aljamas de minorías, así como evitar que mudéjares o judíos estuvieran por la ciudad de noche15; o leyes contra unos criados que atracan y matan un judío, pero no por la muerte de él en sí, sino porque el crimen se pudiera repetir con cristianos en el futuro16.
- 17 F. Lopes, D. Fernando…, vol. 1, p. 62 y 185. Se refiere a los ataques que se produjeron en 1367 en (...)
- 18 F. Lopes, D. Fernando…, vol. 2, pp. 46 y 54.
- 19 F. Lopes, D. Fernando…, vol. 3, p. 185.
- 20 F. Lopes, D. Fernando…, vol. 2, p. 47.
- 21 F. Lopes, D. Fernando…, vol. 1, p. 7.
13Pasa después, en la Crónica de el-Rei D. Fernando a presentar una imagen más claramente favorable a los judíos, e incluso aprovechando la narración de Ayala sobre Enrique II, el enemigo castellano, para subrayar su maldad contra los judíos, atacando aljamas en Castilla para robar y ordenando que judíos y mudéjares llevasen distintivos visibles para diferenciarlos de los cristianos17. Menciona, además, que, cuando entró en Portugal para cercar Lisboa, judíos y cristianos se refugiaron de él juntos tras los muros de la ciudad18. Sin embargo, hay notas negativas cuando presenta las quejas de los hombres buenos de la ciudad lisboeta ante la regente Leonor Teles pidiendo que retire a los mudéjares y especialmente a los judíos los oficios de “rendeiros”, “colhedores” y “officiaes”, pues eran “em ódio e descrença de Jesus Christo”19. Que se trate de la presentación de unos datos o que el propio Lopes comparta también esa opinión, no termina de quedar claro. Por otro lado, lo mismo ocurre con los musulmanes, pues si bien aparecen con el consabido apelativo de “inimigos da fé” cuando se refiere a los andalusíes, después tenemos a los mudéjares también refugiándose junto al resto de los ciudadanos en el Corral de los Conejos cerca de los palacios del rey durante el cerco de Lisboa de 137320, además de aparecer como peones en las prácticas de caza de Fernando I, al ser los que iban a recoger a los halcones que caían en ciénagas y los que recogían garzas y pájaros como presa21.
- 22 F. Lopes, D. João I…, vol. 1, pp. 59–61 y vol. 3, p. 211.
- 23 F. Lopes, D. João I…, vol. 1, p. 147.
- 24 Todos estos datos, de manera correlativa, en: Lopes, D. João I…, vol. 1, p. 97 y vol. 4, p. 206; vo (...)
14Retoma la imagen positiva de los judíos en la Chrónica de El-Rei D. João I, haciéndole además adalid de los pobres hebreos. Siendo todavía Mestre de Avis, y ante los tumultos que se formaban en Lisboa en diciembre de 1383, se movió al final para evitar que la muchedumbre lisboeta entrara enfurecida en la aljama, episodio que será utilizado en las Cortes de Coímbra de 1385 donde lo proclamarían rey para ensalzar su figura y sus valores de justicia22. En otro momento de turbulencia, en el cerco de Lisboa de 1384, los judíos le darían 70 marcos de plata para la defensa23, aunque el cronista recalca que la Iglesia le dio más. No tiene problemas Lopes en hacer partícipe a la comunidad judía junto a la cristiana en diferentes eventos, como la celebración de la llegada de Leonor Teles a Santarém saliendo “com as tourás”, añadiendo después que esos mismos judíos, junto con los mudéjares y los cristianos ayudarían a que João I tomase esa ciudad, gritando voz por el rey en las calles. De hecho, también los “mouros” participan en la defensa de Lisboa, haciendo guardia conjunta con cristianos. Eso sí, en los casos de penuria extrema, como cuando faltó la comida, no dudaron los habitantes de la ciudad en echar a prostitutas y judíos y todo aquel que no estuviera empeñado en la defensa24.
- 25 Crónica del señor Rey Juan II…, p. 93.
- 26 Crónica del señor Rey Juan II…, p. 92.
- 27 Crónica del señor Rey Juan II…, p. 109.
- 28 Crónica del señor Rey Juan II…, p. 408.
- 29 Crónica del señor Rey Juan II…, p. 89.
15Ya en pleno siglo XV y volviendo al lado castellano, cambia la visión con el autor de la Crónica del señor rey Juan II. En su exaltación del infante D. Fernando, por entonces regente de Castilla junto a Catalina de Lancaster, los musulmanes, siempre “enemigos de la fe”, reciben su merecido militar con la pérdida de Antequera, en cuya toma resulta valiosa la información que le da un judío que salió para decirle al infante Fernando que los de la ciudad no tenían agua25. Sin embargo, se observa cómo el propio infante pide dinero no sólo a clérigos y hombres buenos de Sevilla y Córdoba, que es lo lógico, sino también a las aljamas de mudéjares y judíos, para financiar la guerra26. Obviamente, el dinero es concedido. Curiosamente, se comentan las predicaciones de Vicente Ferrer y su propuesta de segregación espacial y visual, pero sin meterse a hacer valoraciones27. Llega incluso a destacar en las fiestas por la boda entre el infante Enrique y Blanca de Navarra, la presencia de los judíos con la Torá y los mudéjares con el Corán en los cortejos celebrativos28. En otro momento, afirma el cronista que Juan de Velasco (quien sabemos por la documentación que ya tenía judíos trabajando para él como recaudadores) contó con un “trompeta” (función militar) mudéjar, junto con otros de oficio no especificado, hombres suyos y del conde Fadrique, que participaron en la campaña de Antequera, solo que este fue convencido para intentar detener al infante, obviamente, sin éxito29.
- 30 Hernando del Pulgar, Crónica de los Reyes Católicos; A. Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos. (...)
- 31 Ya tomó nota de esta mayor agresividad desde la propaganda oficial R. Amrán, Judíos y conversos en (...)
- 32 A. Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos…, vol. I, pp. 345–347.
16Ni qué decir tiene que los cronistas castellanos de los últimos tiempos medievales, es decir, los cronistas oficiales de los Reyes Católicos Hernando del Pulgar y, sobre todo, Andrés Bernáldez30 no escatimarán en insultos especialmente para la comunidad judía (“hediondos”), en sintonía con el claro antijudaísmo imperante en la segunda mitad del siglo XV que culminará con la expulsión31. Respecto a las comunidades musulmanas, la visión de las mismas desde la óptica militar impregna todas las crónicas, detallándose la más de las veces la bravura de los cristianos y la férrea defensa musulmana que acaba sucumbiendo ante el poderío castellano, siempre con la apostilla de que es la voluntad de Dios. Una única excepción de esta visión se encuentra curiosamente ligada con las andanzas de los primeros expulsados de Castilla en el Reino de Fez, pero se debe a la propaganda moralizante del clérigo Andrés Bernáldez que aprovecha las penurias sufridas a manos de los musulmanes por los judíos castellanos que, hundidos en la pobreza y oprobio, se dan cuenta de que lo que les ha pasado se debe a no haber reconocido la verdadera fe cristiana antes, volviendo así al seno de la Iglesia y recuperando la dignidad32.
- 33 Rui de Pina, D. Affonso V…, p. 119.
- 34 Rui de Pina, D. João II…, p. 136.
- 35 Rui de Pina, D. Affonso V…, p. 139.
17Concluimos momentáneamente este recorrido con el portugués Rui de Pina, el cual menciona a los judíos en sus Crónicas de los reyes Afonso V y João II muy someramente: casi de pasada en la primera al mencionar los altercados de Lisboa de 1449, dando como origen las penas que se les intentaron inculcar a unos jóvenes cristianos que molestaron a un judío33; y como un incentivo económico en la segunda al entrar varias familias judías acaudaladas huyendo de la expulsión del Reino de Castilla en 149234. Donde sí hace un comentario mucho más claro es casi al final de la primera crónica, al decir expresamente que la expulsión del reino de la “velha lei de Moysés” y la “errada seita de Mafamede” en tiempos de Manuel I en 1497 fue una cosa muy positiva35, siendo esta última la única referencia a los musulmanes.
- 36 G.E. de Zurara, Chrónica da Tomada de Ceuta…, vol. I, p. 146.
- 37 G.E. de Zurara, Chrónica da Tomada…, vol. I, pp. 29 y 59.
- 38 G.E. de Zurara, Chrónica da Tomada…, vol. I, pp. 88–89, vol. II, p. 122, vol. III, p. 71.
18En otro orden de cosas, cuando se habla de los silencios de las crónicas y de cómo pueden ayudar también a comprender mejor la evolución de los hechos, la referencia es tanto a silencios totales, como parciales. Respecto a estos últimos, destacan algunas crónicas como la Crónica da Tomada de Ceuta, de Gomes Eanes de Zurara, en las que vemos un cambio notable respecto a la línea seguida por el cronista oficial anterior, Fernão Lopes. De hecho, Zurara silencia la mención a judíos como grupo, aunque sí aparecen mencionados algunos de manera individual, como es el caso de Judá Negro, además con afirmaciones positivas como que “era grande trovador”36. Respecto a los musulmanes, la utilización que hace Zurara de ellos está marcadamente vinculada con el contexto de la conquista de Ceuta, “o maior serviço que a Deus pode ser feito”, es decir, el ataque contra los “infieis”37, siendo numerosas las menciones mesiánicas a presagios, sueños premonitorios y otros recursos literarios que preanunciaban esa conquista38.
- 39 Crónica de Portugal de 1419.
- 40 García de Euguí, Crónica d’Espayña.
- 41 Carlos Príncipe de Viana, Crónica de los Reyes de Navarra, p. xv.
- 42 Pere IV de Aragón, Crónica del rey de Aragón D. Pedro IV.
- 43 Las tres en V.J. Escartí, “El Ms. 212 de la BUV…”.
- 44 Crónica incompleta.
- 45 R. Muntaner, Crónicas…, pp. 53 y 491.
- 46 Basta observar el extenso listado de judíos desempeñando labores diplomáticas y cargos administrati (...)
- 47 J. Valdeón Baruque, El chivo expiatorio…, pp. 17–80.
19Respecto a los silencios totales, sorprende que algunas crónicas, como la Crónica de Portugal de 141939, prácticamente no hablan de judíos o musulmanes, en el sentido de mencionarlos utilizando alguna descripción que no sea la de simple enemigo bélico o de la fe. Tampoco hablan las crónicas navarras de García de Eugui40 o el Príncipe de Viana, que se limitan a mencionar de pasada a los musulmanes andalusíes como “enemigos de la fe” y, en el último caso, a mencionar la contratación de unos juglares mudéjares de Xátiva para cantar en la boda de Carlos con Inés de Clevères en 1439 en Olite41. No obstante, el caso que realmente más sorprende es el de la Corona de Aragón, especialmente porque la documentación demuestra reiteradamente la implicación de los judíos en la administración, la hacienda y la política de ese reino, como se verá en el apartado siguiente. Y, sin embargo, los judíos y los musulmanes sencillamente no aparecen ni en la Crónica de Pedro el Ceremonioso42, ni en las de Joan I, Martí I y Fernando I43, ni en la incompleta de Fernando I44, no registrándose ni la más mínima mención a ellos como grupo social, salvo dos menciones en la Crónica de Ramon Muntaner en las que Jaume II dice “malvados moros”, pero en otro momento aparecen los musulmanes celebrando conjuntamente con los cristianos en Yerba el hecho de que unas tropas no los atacasen en las luchas entre Jaume II y Federico II de Sicilia45. Es más, ni siquiera se hace la más mínima mención a toda la cantidad de embajadores y administradores reales judíos que realizaron delicadas misiones diplomáticas para los reyes anteriores a Pere IV el Ceremonioso o desempeñaron importantes puestos administrativos hasta 128346. Enlazando con lo que se comentó al principio, no es de excluir que, concretamente, ese silencio de Ramon Muntaner, este no copiar los pasajes sobre esas relaciones diplomáticas que sí están presentes en otras crónicas de siglos anteriores, como en cambio sabemos que este autor hace para otros pasajes, es premeditado. Desgraciadamente, el motivo no queda claro, pero se puede intuir que no había interés en señalar esa dependencia pasada, en sintonía con la cronística y el sentir general peninsular de la Baja Edad Media tendencialmente antijudía, tal como señaló Julio Valdeón Baruque47.
20El estudio se centrará en esta segunda parte en los personajes que, de manera particular, aparecen en las crónicas, de cara a analizar qué papel jugó el hecho de que fueran no cristianos, o si ese aspecto no tuvo especial relevancia en el relato cronístico. Cabe aclarar que la práctica totalidad de los personajes que se van a estudiar son de religión judía, siendo casi anecdóticos los musulmanes que desempeñaron cargos relevantes en las cortes cristianas.
- 48 Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, pp. 55 y 58.
- 49 Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, pp. 18 y 28.
21En este sentido, las crónicas castellanas anteriores a Pedro López de Ayala presentan a algunos ilustres personajes de la corte, de religión hebraica, como Zag de la Maleha, recaudador real de Alfonso X, cuya labor fiscal servía para financiar la guerra contra Granada. Pagó los platos rotos del conflicto, primero soterrado y abierto después, de ese rey con su hijo, el infante Sancho. Precisamente por haberse dejado convencer para mandar la recaudación de la guerra a pagar los gastos de la estancia de la reina Violante en Aragón, fue ajusticiado por orden del anciano rey castellano48. De menos relevancia, la crónica menciona a Aben Nazar, servidor y emisario de D. Nuño, del cual receló el rey precisamente porque era judío, así como a Abraham, alfaquí de Toledo y judío (probablemente mezclando la crónica ese cargo de los musulmanes con el rabino de los judíos), quien realizó un empeño monetario al noble Fernando Ruiz de Castro49.
- 50 Tal vez coincide este personaje con el anterior Abraham del reinado de Alfonso X, aunque es sólo un (...)
- 51 Crónica de Sancho IV…, c. 82.
22Posteriormente, durante el reinado del sucesor Sancho IV, aparecen mencionados en la crónica de ese rey los potentes judíos Samuel de Belforado y Abraham, siendo el primero un hombre del conde Lope y el segundo hombre del mismísimo rey50, existiendo un pleito entre ambos que dirimió el obispo de Astorga a favor del segundo51. No se percibe ningún juicio de valor en la crónica sobre este asunto, por lo que es presentado como un pleito entre dos poderosos, como ocurre con otros pleitos entre nobles.
- 52 Memorias de D. Fernando IV…, pp. 99–100.
23Más adelante en el tiempo está el caso del almojarife o tesorero, mencionado como “muy su privado” del rey Fernando IV de Castilla en su crónica, Samuel, que es presentado, eso sí, como causa de malversación y despilfarro en connivencia con los enemigos de la reina María de Molina, el infante D. Juan y Juan Núñez, en 1301. Se dice de él que “era muy desamado de todos los de su tierra” por las malas cosas que hacía hacer al joven rey y, por ese motivo, acabó muriendo en 130652.
- 53 Todos estos datos en: Crónica de los Reyes de Castilla…, pp. 199, 215–216, 224, 230 y 232.
24Alfonso XI, tal como narra su crónica, “porque dende luengos tiempos era acostumbrado en Castiella que avía en las casas de los reyes almojarifes judíos” tomó a su servicio a Yusaf de Écija. Este es protagonista del incidente de Valladolid por el que el pueblo, engañado por Doña Sancha, mujer de Sancho Sánchez de Velasco, pensaba que había ido a llevar a la infanta Leonor a casarse con el enemigo del rey, el conde Alvar Núñez, y casi se produce el linchamiento público de este judío. Será, precisamente, por las quejas de muchos contra este Yusaf que Alfonso XI decidió quitarle el cargo, sacarlo del consejo regio y mandar que las rentas las recogieran tesoreros cristianos en 1328. Poco después, en 1330, el médico real judío Samuel Abenhuacar obtuvo de él la acuñación de las monedas a cambio de una renta que paliase los problemas económicos de la Corona. Se enriqueció tanto que Yusaf convenció al rey para que prohibiese a los moros sacar bienes del reino, que era la fuente principal de ingresos del negocio de Samuel. Según la crónica oficial, este hecho provocaría el malestar del emir de Granada, quien acudiría a pedir ayuda a los meriníes53.
- 54 M. Miranda, Reconstituição…, vol. II, p. 221.
- 55 M. Miranda, Reconstituição…, vol. II, pp. 197–198.
25Escrita ya en la primera mitad del siglo XIV, la crónica de Pedro de Barcelos sobre los primeros momentos de la historia de la Península Ibérica resulta llamativa por no contener prácticamente menciones específicas a determinados musulmanes o judíos de relieve, siendo la única excepción un musulmán que aparece ocupando el cargo de alguacil, en este caso del Cid Campeador, Abdallah Auzis54. Ciertamente, hay judíos ocupando cargos de importancia, como el de almojarife de Valencia o un mensajero del rey Alfonso VI, pero no se mencionan sus nombres55. Tal vez el hecho de ser una crónica compuesta ya en pleno siglo XIV haya hecho que la ola antijudía de la época provocase ya entonces una damnatio memoriae parcial de estos personajes de religión hebraica.
- 56 P. López de Ayala, Crónica del Rey D. Pedro…, pp. 195–197 y 323.
26Avanzando en el tiempo, López de Ayala mencionará en sus crónicas de la segunda mitad del siglo XIV a algunos miembros de la corte que son de religión judía. El primero en orden cronológico es el tesorero mayor de Pedro I, Samuel ha-Leví, quien aparece haciendo lo posible por aumentar las arcas del rey, incluyendo la custodia de dos castillos donde guardar el tesoro. Eso sí, será objeto de la codicia insaciable del pérfido Pedro, dentro del sesgo trastamarista de la crónica, y acabará muriendo torturado por él para que desvelase más tesoros en 136056.
- 57 P. López de Ayala, Crónica del Rey D. Juan I…, pp. 126–127. Este asunto ha sido tratado en F. Ruiz (...)
27Otro judío será el contador mayor de Enrique II, Yusaf Pichón de Sevilla, quien continuó en la corte durante el reinado de Juan I, pero murió a manos de las intrigas de sus propios correligionarios, los “mayores de las alfamas”, que consiguieron mediante artimañas tener la potestad para ajusticiarlo. Precisamente por este motivo, cuenta Ayala que Juan I prohibió desde entonces a los judíos que juzgasen sobre cuestiones de sangre, además de mandar matar a los que ajusticiaron a Pichón57.
- 58 F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. João I…, vol. II, p. 6.
- 59 Probablemente se trata de Judá ben Maneyr, que fue rabino mayor y almojarife de ese rey, según G.J. (...)
- 60 F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. João I…, vol. II, pp. 34–37.
28Por su parte, el cronista luso Fernão Lopes sí es más pródigo en hablar de personajes de religión hebraica ocupando cargos importantes. El primero que aparece es David da Cunha, quien era un mercader propietario de naves de gran tonelaje58. No obstante, uno de los personajes que refuerza ese contraste que se ha mencionado entre Ayala y Lopes sobre los judíos y su papel político es David Negro, cuyo rol es crucial a la hora de destapar la conspiración de Leonor Teles con otros nobles para matar a Juan I de Castilla en Coímbra, ya que, tras tener noticia por boca de un amigo que era fraile franciscano, que hacía de intermediario entre la reina y el conde Gonçalo, delata a la reina. A este “judeu muito honrado e rico” le había asignado anteriormente este rey castellano el cargo de Rabino Mayor de las aljamas de Castilla, en detrimento del favorito de Leonor Teles, D. Judá59, que fue tesorero del rey portugués Fernando I y que la reina quería beneficiar porque era “muito seu privado d’ella”, y que, por despecho, también participó en la conspiración. Este fue el episodio que motivó la reclusión de Leonor Teles en Castilla y su desaparición de la escena política durante la crisis dinástica. Además, Lopes termina la escena diciendo que David Negro intercedió para que Juan I no ajusticiara a Judá60. Pues bien, sorprendentemente Ayala de estos personajes y de este episodio no refiere ni una palabra, así como no hará mención a casi ninguno del resto de personajes judíos señalados por Lopes.
- 61 F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. Fernando…, vol. I, p. 142.
29Tampoco hace mención Ayala al único musulmán de alto rango que menciona Lopes. Se trata de Ibn al-Jatib, denominado Abenahatim, quien no está presente en la corte castellana de Pedro I, pero sí se menciona que este rey tenía siempre deseo por saber lo que le deparaba el futuro y recurría constantemente a astrólogos, mandando preguntarle al visir de Granada, “grande sabedor e philosopho”, sobre esas cuestiones61.
- 62 F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. João I…, vol. II, pp. 163–164.
30De hecho, otro de esos es David Alguadez, cuñado del mencionado Judá. Habría sido rogado por el alcaide que mantenía todavía la plaza de Torres Novas por Beatriz de Portugal durante la guerra entre Juan I y João I para que fuera a ofrecerle dinero a Nuno Álvares Pereira, el Santo Condestable, pues parecía estar pasando por un momento de penuria. Pero la integridad del futuro santo quedó intacta rechazando amablemente el ofrecimiento62.
- 63 E. Feliu i Mabres, “Algunes puntualitzacions…”, p. 184.
- 64 G.A. Reus Planells, “Apunts per a la història…”, p. 59. Este mismo autor también señala el interesa (...)
- 65 M.Á. Motis Dolader, “Estructura interna y ordenamiento jurídico…”, p. 117.
- 66 I. Santos Salazar, “La presencia judía…”, p. 267. En este artículo se detalla cómo determinadas cas (...)
- 67 G.J.A.C. Días, “Presença de judeus…”, p. 430.
- 68 D. Romano, “Los funcionarios judíos…”, p. 11. Menciona el autor que Jucef Ravaya tiene el honor de (...)
- 69 F. Miranda García, “El precio de la fe…”, p. 52.
31Se puede finalizar este apartado incidiendo sobre lo ya indicado al terminar el apartado anterior: los silencios. Si se examina la documentación regia, sobre todo del ámbito catalanoaragonés, se constatará la presencia en la corte de insignes médicos como Nissim ben Rovèu el Gerundense curando al infante D. Joan hijo de Pere IV63, Jafudá Bonsenyor64 o el maestre Juceff, físico de Pere IV65. Igualmente, se puede comprobar la relevancia de administradores de la hacienda cristiana, como, por ejemplo: Jacob Gaón, recaudador del rey castellano en Vitoria66; Ioseph ben Yahia, almojarife mayor del rey Sancho I de Portugal67, Jucef o Mossé Ravaya, respectivamente tesorero de la Corona de Aragón y baile general de Cataluña con Pere III68; o Jucé Abenpesat, que representó al rey Sancho VI de Navarra en una disputa sobre límites69. Lo sorprendente es que ninguno de estos destacados personajes ni de otros similares de los cuales hay sobrada noticia en la documentación, aparece en las crónicas oficiales escritas entre los siglos XIII y XV en ninguno de los cuatro reinos cristianos.
32En el tiempo para una serie de reflexiones finales sobre la visión que, de los judíos y musulmanes tanto de forma grupal como de forma individual, transmiten las crónicas oficiales de los reinos cristianos peninsulares de la Baja Edad Media, es necesario empezar hablando de cuatro aspectos: concordancias, discordancias, usos y abusos.
33Respecto a las concordancias entre las crónicas, independientemente del reino donde se escriban, resalta en primer lugar la religión como telón de fondo. Es decir, todas las crónicas subrayan en mayor o menor medida la diferencia de religión tanto de las comunidades como de personajes concretos respecto al cristianismo imperante. En este sentido, las crónicas que mencionan a los musulmanes andalusíes suelen hacerlo como “enemigos de la fe”, aunque de alguna manera son presentados como enemigos legítimos, en cuanto ocupan un territorio que la cristiandad quiere someter. Sin embargo, los judíos son normalmente representados como ejemplos de lo malo, tal como se detallará en breve. En paralelo, cuando las menciones son a personajes concretos de la corte, los musulmanes casi desaparecen de la escena prácticamente y los judíos son básicamente piezas narrativas normalmente tangenciales que, cuando son importantes, lo son por su vínculo directo con el rey de turno. Eso sí, nunca son defendidos por el cronista ni en lo que dicen ni en lo que hacen.
34Dentro de las discordancias, cabe decir respecto a los judíos que se puede entrever una visión más favorable (o por lo menos no tan negativa) de los judíos en las crónicas portuguesas, mientras que en las castellanas la visión es siempre desfavorable. De igual forma, en cuanto a los musulmanes, se observa una cierta divergencia cuando estos forman ya parte de los reinos como mudéjares. Así, las crónicas portuguesas tienden a presentar a mudéjares y judíos generalmente formando una unidad con el resto del “pueblo”, participando mancomunadamente con los cristianos en actos celebrativos o momentos en los que el reino está en peligro. En las crónicas castellanas, esta participación de los mudéjares y judíos al unísono con el resto de cristianos es mucho más esporádica y limitada. Por otro lado, las crónicas navarras tienden a obviar la presencia de judíos y musulmanes en sus crónicas, a la par que las crónicas aragonesas optan, tal como se ha indicado en la comparativa con las fuentes documentales, a omitir deliberadamente la mención al “otro” monoteísta relevante, excepto en la única ocasión en que Ramon Muntaner hace participar a los musulmanes de la alegría cristiana.
- 70 Opinión compartida por R. Amrán, Judíos y conversos en las crónicas, p. 274, quien concluye que en (...)
35Sobre los usos de la mención a las comunidades no cristianas en los textos cronísticos, cabe recalcar el uso que se hace de los musulmanes como dignos opositores de los castellanos y, en menor medida, de los portugueses, siempre destacando la labor de defensa, que como era de esperar nunca funciona, ante los ataques cristianos. A su vez, los judíos sirven siempre para narrar episodios que amplifican un mal hecho realizado por los malos reyes (impuestos abusivos principalmente) o por el pueblo equivocado, precisamente para subrayar que ese mal hecho debe ser corregido por el buen rey que con su buen obrar hace la justicia que Dios quiere70.
36Por último, en cuanto a los abusos, sólo se refieren a los judíos. Es decir, es indiscutible que la monarquía, la nobleza y el clero cristianos son conscientes del potencial económico de las comunidades judías, como prueban los privilegios especiales para que se instalasen las comunidades judías en los diferentes reinos entre los siglos XII y XIII, así como las defensas de las aljamas por parte de la monarquía ante ataques del pueblo o de otros poderes, presentadas siempre por las crónicas como ejemplos de la justicia y el buen hacer de reyes y reinas. Además, la documentación nos informa puntalmente de la asignación de la gestión financiera a determinadas familias de judíos por parte no sólo de los monarcas, sino también de nobles y arzobispos. Todo ello contrasta brutalmente con el menosprecio o, cuanto menos, indiferencia, que transmiten la mayoría de las crónicas, bien explícitamente, bien mediante el silencio. Queda patente que reconocer la dependencia económica de las monarquías y, por tanto, de los reinos, no está en la voluntad ni de los cronistas ni de aquellos que financian las crónicas. Así, los sucesos de 1283, 1391, 1492 o 1496 son episodios que muestran claramente la puja entre una dependencia de las monarquías ibéricas cristianas respecto a la red económico-clientelar judía, y una remodelación progresiva de los juegos de poder económicos con la entrada en el tablero de otras minorías (extranjeros europeos) y la creación de una red económico-clientelar nueva conformada por burgueses, mercaderes, cristianos nuevos y nuevos nobles.
37Estas reflexiones no tienen más veleidad que la de aportar algunas ideas de conjunto sobre el papel desempeñado por judíos y musulmanes en el relato cronístico de los reinos peninsulares cristianos de la Baja Edad Media, por lo que se invita al lector interesado en sacar la información que mejor le sirva, esperando que haya algo de este estudio que le pueda ser de provecho.
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Notes
Entre los más destacados cabe citar a: B. Leroy, Los judíos de Navarra…, especialmente las pp. 56–66; J. Valdeón Baruque, El chivo expiatorio…, especialmente las pp. 59–66; C. Soussen, Judei Nostri. especialmente las pp. 97–107; M.J.P.F. Tavares, Los judíos en Portugal…, especialmente las pp. 42–54.
Destacan sobre todo los numerosos estudios de Rica Amrán, de los cuales cabe señalar: R. Amrán, Judíos y conversos en el Reino de Castilla; R. Amrán, Judíos y conversos en las crónicas. Por otro lado, ha habido varios artículos más parciales, de los que vale la pena señalar los siguientes: A.B. Paniagua Lourtau, “Consideraciones sobre la imagen…”; O. Perea-Rodríguez, “El Sumario del Despensero…”.
Aunque es el estudio de una sola crónica, puede servir como contextualización general de este aspecto: A.B. Paniagua Lourtau, “Consideraciones sobre la imagen…”, pp. 421–423.
M. Pedrosa, Reconstituição do ms. L.
Alfonso X el Sabio, Estoria de Espanna.
M. Pedrosa, Reconstituição…, vol. 1, pp. 178, 184–185, 211, 247 y 301.
M. Pedrosa, Reconstituição…, vol. 2, pp. 176–177, 197–198 y 273.
Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, p. 105.
Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, p. 163.
P. López de Ayala, Crónica del rey D. Pedro…, pp. 184–185.
En la exposición de las quejas de la reina Leonor de Navarra en 1390, el cronista reproduce, sin hacer comentarios, la acusación de ella sobre un judío, médico suyo, que le habría dado hierbas para envenenarla por mandato de los navarros. P. López de Ayala, Crónica del rey Don Juan I…, p. 320.
Tema que ha sido tratado por N. Corral Sánchez, “El pogromo de 1391…”.
P. López de Ayala, Crónica del rey Don Juan I…, pp. 361–362.
O. Perea-Rodríguez, “El Sumario del Despensero…”, p. 632.
F. Lopes, Chronica de el-Rei D. Pedro I…, pp. 29–30. Concretamente, especifica que a las mujeres las mandaría ahorcar y a los que se saltasen el toque de queda se les azotaría públicamente.
F. Lopes, D. Pedro I…, pp. 31–33.
F. Lopes, D. Fernando…, vol. 1, p. 62 y 185. Se refiere a los ataques que se produjeron en 1367 en las juderías de Burgos, Nájera y Miranda de Ebro, y a las ordenanzas de las Cortes de Toro de 1371.
F. Lopes, D. Fernando…, vol. 2, pp. 46 y 54.
F. Lopes, D. Fernando…, vol. 3, p. 185.
F. Lopes, D. Fernando…, vol. 2, p. 47.
F. Lopes, D. Fernando…, vol. 1, p. 7.
F. Lopes, D. João I…, vol. 1, pp. 59–61 y vol. 3, p. 211.
F. Lopes, D. João I…, vol. 1, p. 147.
Todos estos datos, de manera correlativa, en: Lopes, D. João I…, vol. 1, p. 97 y vol. 4, p. 206; vol. 2, p. 115; vol. 3, p. 52.
Crónica del señor Rey Juan II…, p. 93.
Crónica del señor Rey Juan II…, p. 92.
Crónica del señor Rey Juan II…, p. 109.
Crónica del señor Rey Juan II…, p. 408.
Crónica del señor Rey Juan II…, p. 89.
Hernando del Pulgar, Crónica de los Reyes Católicos; A. Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos. La actitud hostil es incluso más evidente hacia la comunidad de cristianos nuevos, aunque por las limitaciones que se explicaron al principio, no se tratará aquí el tema de los conversos. En este sentido, R. Amrán, Judíos y conversos en las crónicas…, pp. 268–271, considera que la crónica más radicalmente contraria a los judíos es la de los Reyes Católicos de Hernando del Pulgar.
Ya tomó nota de esta mayor agresividad desde la propaganda oficial R. Amrán, Judíos y conversos en el Reino…, p. 87.
A. Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos…, vol. I, pp. 345–347.
Rui de Pina, D. Affonso V…, p. 119.
Rui de Pina, D. João II…, p. 136.
Rui de Pina, D. Affonso V…, p. 139.
G.E. de Zurara, Chrónica da Tomada de Ceuta…, vol. I, p. 146.
G.E. de Zurara, Chrónica da Tomada…, vol. I, pp. 29 y 59.
G.E. de Zurara, Chrónica da Tomada…, vol. I, pp. 88–89, vol. II, p. 122, vol. III, p. 71.
Crónica de Portugal de 1419.
García de Euguí, Crónica d’Espayña.
Carlos Príncipe de Viana, Crónica de los Reyes de Navarra, p. xv.
Pere IV de Aragón, Crónica del rey de Aragón D. Pedro IV.
Las tres en V.J. Escartí, “El Ms. 212 de la BUV…”.
Crónica incompleta.
R. Muntaner, Crónicas…, pp. 53 y 491.
Basta observar el extenso listado de judíos desempeñando labores diplomáticas y cargos administrativos estudiados en: Y.-T. Assis, “Diplomàtics jueus…”; E. Feliu i Mabres, “Algunes puntualitzacions…”. Sentencia este último autor la relevancia de la comunidad judía con una frase que merece reproducirse: (p. 179) “els jueus eren, explícitament, proprietat dels monarques i una font d’ingressos respectable”.
J. Valdeón Baruque, El chivo expiatorio…, pp. 17–80.
Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, pp. 55 y 58.
Crónicas de los Reyes de Castilla…, vol. I, pp. 18 y 28.
Tal vez coincide este personaje con el anterior Abraham del reinado de Alfonso X, aunque es sólo una conjetura.
Crónica de Sancho IV…, c. 82.
Memorias de D. Fernando IV…, pp. 99–100.
Todos estos datos en: Crónica de los Reyes de Castilla…, pp. 199, 215–216, 224, 230 y 232.
M. Miranda, Reconstituição…, vol. II, p. 221.
M. Miranda, Reconstituição…, vol. II, pp. 197–198.
P. López de Ayala, Crónica del Rey D. Pedro…, pp. 195–197 y 323.
P. López de Ayala, Crónica del Rey D. Juan I…, pp. 126–127. Este asunto ha sido tratado en F. Ruiz Gómez, “Aljamas y concejos…”, pp. 61–62.
F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. João I…, vol. II, p. 6.
Probablemente se trata de Judá ben Maneyr, que fue rabino mayor y almojarife de ese rey, según G.J.A.C. Dias, “Presença de judeus no Porto…”, p. 429.
F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. João I…, vol. II, pp. 34–37.
F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. Fernando…, vol. I, p. 142.
F. Lopes, Chrónica de el-Rei D. João I…, vol. II, pp. 163–164.
E. Feliu i Mabres, “Algunes puntualitzacions…”, p. 184.
G.A. Reus Planells, “Apunts per a la història…”, p. 59. Este mismo autor también señala el interesante dato (en pp. 54–55) de que no se hace mención alguna en las crónicas a la donación de tierras de Jaume I a los judíos de Mallorca de tierras para hacer sinagogas y escuela en 1231.
M.Á. Motis Dolader, “Estructura interna y ordenamiento jurídico…”, p. 117.
I. Santos Salazar, “La presencia judía…”, p. 267. En este artículo se detalla cómo determinadas casas nobles como los Ayala, los Velasco o los Guevara contaban con judíos como recaudadores mayores de sus rentas.
G.J.A.C. Días, “Presença de judeus…”, p. 430.
D. Romano, “Los funcionarios judíos…”, p. 11. Menciona el autor que Jucef Ravaya tiene el honor de aparecer en la crónica Libre de les nobleses dels reis, sin embargo, luego dice que esa misma crónica está equivocada en la mención del judío.
F. Miranda García, “El precio de la fe…”, p. 52.
Opinión compartida por R. Amrán, Judíos y conversos en las crónicas, p. 274, quien concluye que en las crónicas no hay hechos positivos realizados por judíos, sólo hechos trágicos, como la intervención en la política del reino, embajadores o su actuación. Y las citas de conversos es solo por motivos doctrinales.
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