- 1 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 9.
- 2 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 12.
- 3 M. Fierro, “El Kitab al‑Anwar y la circulación…”, pp. 201–202.
1La historia del Corán se remonta según la tradición musulmana al año 610, fecha que iniciaría un largo de período de 22 años durante el cual el profeta Muḥammad habría sido partícipe de la revelación de la palabra de Dios con el arcángel Gabriel como intermediario1. Mientras se extendieron en el tiempo las revelaciones coránicas, itinerantemente entre las ciudades de La Meca y Medina, la expansión del Islam se apoyó plenamente en la tradición oral. El mensaje de Allāh fue trasladado por todo el contexto geográfico del Oriente Próximo por intermedio de los seguidores del Profeta, quienes fueron los encargados también de transcribir las revelaciones y procurar una primera materialización del mensaje coránico. La inviolabilidad de la Palabra Divina2, sin embargo, puso de manifiesto la necesidad de poner el mensaje revelado por escrito, teniendo esto como consecuencia la proyección física y material del Corán bajo unos cánones y modelos estructurales3.
- 4 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 15.
2Tras estas primeras versiones producidas antes de la segunda mitad del siglo VII d.C.4, recogidas por los seguidores del Profeta, y el crecimiento del número de manuscritos coránicos difundidos y extendidos, motivado por la expansión de la religión islámica, los primeros califas intentaron sistematizar y canonizar el texto en su conjunto, con el fin de preservar la integridad divina de la palabra del Creador.
- 5 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 12.
- 6 P. Orsatti, “Le manuscrit islamique: caractéristiques…”, p. 27.
- 7 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 12.
- 8 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 12.
3Fue el tercer califa, ‘Uṯmān Ibn ‘Affān, precedido por Abū Bakr y su sucesor ‘Umar Ibn al‑Jaṭṭāb5, quien formalizó el primer modelo oficial del texto del Corán6 alrededor del año 651 d.C.7. Este modelo, en el que se procuraba una estructura ordenada de las aleyas y las suras adecuada a la práctica de la recitación y la oración, se extendería por todas las regiones alcanzadas por el Islam8. En él convergen dos realidades que revelan y configuran el carácter estructural del libro del Corán. La dimensión de objeto físico, en forma de libro, y su vertiente metafísica, encarnando la palabra de Dios, se manifiestan en un modelo único en el que la palabra asume el papel protagonista y ocupa el lugar principal y central.
4Asimismo, el gusto por la belleza se materializa en el Corán mediante el ornamento de cubiertas y páginas. De igual forma, a través de la codificación de una serie de signos y símbolos el texto queda dividido en párrafos y versos, con el fin de estructurar y pautar la recitación. El embellecimiento del Libro Sagrado ennoblece la palabra divina. Los elementos decorativos construyen, a la vez de manera arquitectónica y simbólica, la estructura del texto, dando lugar en su interior a una construcción y una experiencia estética per se.
- 9 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, p. 75.
- 10 F. Déroche, Le livre manuscrit arabe…, p. 134.
- 11 N. Torres Santo Domingo, “Coranes de la época medieval. A propósito…”, p. 50.
- 12 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, p. 79.
- 13 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, p. 81.
5Esta versión canónica establecida por el Califa ‘Uṯmān Ibn ‘Affān fue extendida por todo el Oriente Próximo mediante la difusión de volúmenes de gran tamaño creados ex profeso para dar a conocer el modelo estructural. Este se articulaba en 114 capítulos o suras de longitudes plausibles para la recitación9 ordenadas de manera arbitraria en base a su extensión10, de mayor a menor11, que se componían de un total de 6236 aleyas o versículos redactados en prosa rimada12. Cada una de las azoras estaba encabezada por un título creado acorde al contenido de cada una de ellas, y en muchos casos introducida por el enunciado Basmala, que se puede traducir textualmente como: «En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso»13.
- 14 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 30.
- 15 S. González García, Estudio de las encuadernaciones originales…, p. 136.
- 16 N. Torres Santo Domingo, “Coranes de la época medieval. A propósito…”, p. 50.
- 17 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, p. 83.
- 18 S. González García, Estudio de las encuadernaciones originales…, pp. 135–136.
6A su vez, el texto se dividía en secciones adecuadas a la práctica litúrgica principal del Islam, la recitación. Se estableció una división en 30 ŷuzʼ (aŷzāʼ pl.), partes que corresponden a cada una de las noches del mes de ramadán y de cada uno de los meses del calendario musulmán14. Cada ŷuzʼ a su vez está dividida en dos ḥizb (aḥzāb pl.), dando lugar a 60 partes que se recitan de manera ordenada; día a día, parte a parte15. Al mismo tiempo cada parte se divide en cuatro cuartos, que reciben en árabe el nombre de rub’, (¼), (arbāʿ pl.)16. Existen otras posibilidades de fracción del texto en niṣf (½) y talātat arbāʿ (¾)17, y otras marcas textuales como las prosternaciones, o sāŷid (saŷda pl.)18. De igual manera, existen otro tipo de divisiones internas del texto comunes en los Coranes medievales que tienen como finalidad separar las aleyas en grupos de cinco o diez versículos.
- 19 N. Torres Santo Domingo, “Coranes de la época medieval. A propósito…”, p. 50.
7Este conjunto de divisiones abstractas cuya finalidad era pautar el ritmo y la regularidad de la recitación, o señalar partes importantes del texto, se marcaban físicamente en los márgenes del cuadro de texto mediante motivos circulares y medallones19, configurando una dimensión estética y artística que acompañaba y caracterizaba a los Coranes, y que permitía al lector una lectura preliminar basada en lo visual.
8La elección de unos u otros elementos empleados para señalar cada una de las divisiones e hitos remarcables del texto era responsabilidad del calígrafo o el iluminador y podían tener connotaciones religiosas o filosóficas en función de la iconografía que los acompañara. Al mismo tiempo, estos motivos decorativos reflejaban el lenguaje artístico y estilístico del momento de producción y nos dan la posibilidad de situarlos en un tiempo y espacio concretos. En consecuencia, nos permite distinguir de manera práctica y no tan compleja entre Coranes elaborados en el período medieval u otros más lejanos o cercanos a nuestro tiempo. Del mismo modo, las formas artísticas empleadas pueden darnos idea del lugar de producción o del origen del autor de cada volumen, si se estudia desde una perspectiva comparativa junto con el resto de las manifestaciones artísticas.
9Tomando la última idea esbozada en los párrafos anteriores podríamos determinar que, a pesar de que conceptualmente guardan una estructura común, los materiales, técnicas o motivos artísticos pueden situarlos en un punto u otro temporal, cultural y geográfico.
- 20 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 68.
10Los Coranes medievales pueden reconocerse por las soluciones técnicas adoptadas: por el uso de materiales como el pergamino, por el estilo caligráfico empleado o por la ornamentación que complementa al texto. Aunque puede percibirse cierta uniformidad en los ejemplares producidos entre los siglos VIII y XIV debido al intercambio y la facilidad de transportarlos en viajes cotidianos, las grandes distancias entre territorios permiten la formación de singularidades y características reconocibles fácilmente20.
- 21 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 67.
- 22 C. Moral Molina, El Reino Nazarí de Granada como frontera literária…, p. 10.
11Los producidos en la Península Ibérica, indistintamente de la cronología, van a ser claramente derivados de la tradición manuscrita norteafricana magrebí21, debido a la estrecha relación entre ambos territorios y el usual tráfico de artistas, comerciantes y hombres de política que cruzaban el Estrecho de Gibraltar de un lado al otro22, generalizándose un modelo concreto definido por sus características formales y las soluciones artísticas.
- 23 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, p. 90.
12En relación con el formato, el cuadrado es el más ampliamente utilizado para el Corán desde el siglo VIII. No es específico del Occidente musulmán; sin embargo, tanto en el Magreb como en al‑Andalus desde el siglo XI sería el modelo triunfante, y sin duda, se trata de una de las singularidades que se repiten en los numerosos ejemplares conservados23.
- 24 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, p. 92.
- 25 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, pp. 118–119.
13En cuanto al tamaño, pese a las tentativas de ‘Uṯmān Ibn ‘Affān de difundir Coranes de gran tamaño alrededor de todo el horizonte islámico, fue más común que las dimensiones del Corán fueran reducidas, adecuadas a la fácil transportabilidad y su uso como amuleto24. A este respecto, el modelo de encuadernación más habitual en la mayor parte del mundo islámico es el de tipo cartera, que permitía una eficaz custodia de la Palabra de Dios25.
- 26 N. Torres Santo Domingo, “Coranes de la época medieval. A propósito…”, p. 59.
14De la misma forma, constituyen rasgos particulares las diferentes soluciones de distribución y diseño de la página y el repertorio de motivos decorativos que se insertan en el texto o que ocupan espacios principales en su estructura. Podemos deducir que la distribución en página del texto y los motivos decorativos viene dada por la elección de un formato horizontal, sumada a las variedades caligráficas de gran tamaño empleadas por los calígrafos andalusíes y magrebíes que obligaban a una menor densidad de líneas por página26.
- 27 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, p. 30.
- 28 S. González García, Estudio de las encuadernaciones originales…, p. 137.
15Por último, generalmente en un Corán andalusí encontraremos una doble página de inicio con un diseño ocupando todo el espacio a modo de página alfombra, además de un colofón cerrando el volumen27, en el que puede encontrarse información relacionada con el calígrafo, el iluminador y el año o lugar de producción28. En lo relativo a los motivos que acompañan al texto, en los manuscritos coránicos andalusíes medievales son frecuentes las marcas que señalan las aleyas individualmente o en grupos de cinco y diez, los ornamentos que indican las divisiones canónicas del texto, en 30 ŷuzʼ y 60 ḥizb comúnmente, o la decoración con la que se destacan los títulos de las azoras o las sāŷid (prosternaciones).
- 29 J.M. Puerta Vílchez, Historia del pensamiento estético árabe…, p. 58.
16Con todo, lo que sobresale en mayor medida, y constituye de manera más evidente una singularidad de los Coranes andalusíes es la caligrafía. Las variantes y estilos caligráficos que podemos encontrar en los múltiples ejemplares de manuscritos coránicos medievales son tan amplias como los diversos contextos culturales, ámbitos territoriales y períodos dinásticos que se suceden desde la Ŷahilīyah, época anterior a la revelación29, hasta los últimos siglos de la Edad Media.
17Todas las variables caligráficas que se desarrollarían durante estos siglos, y en especial tras la caída del Califato Almohade, con motivo de las nuevas dinámicas culturales parten de una base común: la «escritura magrebí». Este término engloba las variedades caligráficas empleadas desde el siglo X en el espacio geográfico y cultural del Occidente musulmán, que abarca las zonas de al‑Magrib al‑Aqṣa (Marruecos y la Península Ibérica), Ifrīqiya o al‑Magrib al‑Adna (Tripolitania, Túnez y parte del territorio argelino) y al‑Magrib al‑Awsaṭ (lo que se considera actualmente Argelia). En todas ellas, coexisten variedades regionales que se reconocen bajo ese mismo término, a pesar de mostrar características formales diversas.
- 30 C. Baker, Qur'an manuscripts: calligraphy…, pp. 29–30.
18En esencia, la «escritura magrebí» es un estilo de letra cursiva que se caracteriza por la redondez de las grafías, la sinuosidad y la pronunciación y alargamiento de algunas letras creando una escritura ligada y más horizontal que vertical. También se diferencia de otros estilos caligráficos anteriores por el uso de los colores rojo y azul para los signos gramaticales de vocalización y pronunciación30.
- 31 U. Bongianino, “Quelques remarques sur l'origine…”, p. 160.
- 32 P. Orsatti, “Le manuscrit islamique: caractéristiques…”, p. 293.
- 33 N. Torres Santo Domingo, “Coranes de la época medieval. A propósito…”, p. 52.
19Durante el siglo XII se expandirá y difundirá por todo el Magreb dando lugar a distintas variables. Principalmente, según Umberto Bongianino31 se distinguen dos estilos. En primer lugar, el magrebí mabsūṭ, que se caracteriza por ser de mayor tamaño (14 mm) y distribuirse en un número menor de líneas por página, entre 5 y 732, y por el uso de grafías más curvas y sinuosas. Y en segundo lugar, el andalusí, que adopta un tamaño menor (5 mm) y un formato compacto y apretado, llegando a haber entre 20 y 27 líneas por página. Formalmente esta última variedad se caracteriza por grafías que conjugan la forma redondeada del estilo magrebí y los cortes rectos del cúfico en algunos caracteres33.
20No obstante, de manera específica, nuestra atención se va a centrar concretamente en los Coranes medievales andalusíes que se produjeron en el Sultanato Nazarí de Granada. Su excepcionalidad no recaerá tanto en las características estructurales y formales o en el proceso de confección y elaboración del Corán, sino más bien en los motivos decorativos y artísticos propios del arte nazarí que adornarán el Texto Sagrado, que analizaremos a partir de los motivos decorativos que indican los grupos de cinco y diez aleyas del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra.
21El Corán Nazarí conservado y expuesto en el Museo de la Alhambra, está catalogado como manuscrito nazarí o meriní; sin embargo, se encontró y procede de Marruecos. Cronológicamente podríamos situarlo entre los siglos XIV y XV, durante la vigencia del Sultanato Nazarí. No se conoce una fecha concreta o aproximada de producción del manuscrito, indicada a partir de una inscripción o dilucidada a partir del conocimiento de la historia del objeto; se trata de una datación relacionada con el contexto cultural y la interpretación de la caracterización artística y estilística de los motivos decorativos.
22Formalmente se trata de un Corán de volumen único incompleto confeccionado a partir de cuadernillos unidos por una encuadernación de cuero cosida y repujada. Las guardas presentan decoración de medallones con ataurique de contorno dorado que fueron restituidos en el siglo XVIII. El volumen se compone de 248 páginas, es decir, 124 páginas de pergamino recortado en formato cuadrado. Cada página se organiza a partir de una caja de texto colocada aproximadamente en el centro de la página, ligeramente desplazada del eje central hacia arriba. La escritura magrebí redondeada de estilo andalusí en que se expresa el texto coránico se distribuye en 12, 13 o 14 líneas por página. El texto, escrito en tinta negra, tiene marcada la vocalización en rojo y los signos gramaticales auxiliares en azul.
23Por lo que se refiere a la decoración artística del Corán, podemos clasificar los motivos en dos variedades o tipologías. Por un lado, aquellos que están relacionados directamente con el texto, que están insertos en él o lo acompañan en los márgenes; y por el otro, los elementos decorativos exentos de este que ocupan una posición independiente del texto.
Fig. 1. Imagen de la página 78 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
24Dentro de la primera tipología podemos englobar aquellos motivos decorativos que sirven para dividir el texto en partes que se corresponden con el ritmo de lectura y recitación que se estableció en la primera versión oficial del Corán difundida por ‘Uṯmān Ibn ‘Affān. En el Corán Nazarí que nos ocupa, por ejemplo, las aleyas se encuentran separadas individualmente por tondos circulares muy sencillos y los intervalos de diez versículos por una especie de caracolas u hojas de palmeta. Ambos motivos constituyen el único tipo de decoración intertextual.
- 34 J.P. Arias y T. Espejo, El Corán de Cútar, Málaga. Estudio introductorio…, pp. 83.
- 35 S. González García, Estudio de las encuadernaciones originales…, p. 135.
- 36 P. Orsatti, “Le manuscrit islamique: caractéristiques…”, p. 305.
25Este segundo motivo, que encontramos inserto en el texto de este volumen, presenta una forma que ha sido interpretada de diversas maneras. Teresa Espejo Arias34 (2008) y Sonsoles González García35 (2014) lo describen como una caracola, mientras que otras investigadoras, como Paola Orsatti36 (1993), lo interpretan como una concha. Sin embargo, podría también equipararse a una palmeta digitada muy primitiva que se representa de perfil.
26Este motivo, que también acompaña y decora las inscripciones caligráficas de otras marcas textuales, como las que constituyen el tema principal del artículo, se puede encontrar en otras manifestaciones artísticas del momento. Indudablemente, las palmetas son un recurso ornamental utilizado frecuentemente en el arte islámico, y en el arte nazarí adquieren un papel protagonista alcanzando un grado de desarrollo extraordinario y dando lugar a un gran abanico de soluciones y variantes. En los muros de la Alhambra se representa un amplísimo repertorio de palmetas adoptando múltiples formas y posibilidades estéticas; como, por ejemplo, esta palmeta de uno de los frisos del pórtico norte del Patio de Arrayanes, situado junto a la entrada del Salón de Comares.
Fig. 2. Imagen detalle de las palmetas del friso en yeso situado en el pórtico norte del Patio de Arrayanes
Fotografía: Irene Nieto Vidal.
27A los márgenes de la caja de texto podemos encontrar árboles de la vida, usados para señalar los títulos de las azoras, para los cuales, además, suele usarse una caligrafía cúfica andalusí de tipo monumental. Asimismo, en los márgenes, se alternan dos tipos de motivos ornamentales que marcan los grupos de cinco (Jams) y diez aleyas (‘Ašr), cuya diferencia tiene que ver con la forma y la inscripción que albergan en su interior, referida al número de aleyas que guardan.
28Todos estos tipos de motivos decorativos que acompañan al texto coránico adoptan formas diferentes en función de la cronología, lugar de producción o procedencia del autor, dando como resultado una analogía clara a la expresión artística y cultural del momento. Los elementos ornamentales escogidos para uno u otro cometido o para señalar una u otra parte del texto, así como las soluciones estéticas empleadas son únicas de cada Corán. Ello no quita que los volúmenes de cronologías, estilos y procedencias similares expresen un conjunto de motivos iconográficos y artísticos común pese a la posibilidad de que varíe el uso o función de cada uno.
29El Corán Nazarí del Museo de la Alhambra presenta un grado de desarrollo decorativo superior a otros ejemplares, como el Corán de Cútar o el del Instituto Valencia de Don Juan. En su interior el iluminador construye alrededor del texto una arquitectura visual de lo ornamental a través de la reproducción de todo un corpus de elementos decorativos cuya finalidad es pautar y dotar de ritmo a la lectura del mensaje coránico revelado. Si la profusión decorativa ya es reseñable en lo que se refiere a los motivos intertextuales, en los márgenes se origina todo un entramado iconográfico variado y particular desplegado en mil formas que podemos encontrar en otras manifestaciones artísticas del mundo nazarí, como puedan ser las yeserías y techos del Salón de Comares, en la Sala de Abencerrajes o en los patios de cualquiera de los palacios nazaríes. Un ejemplo de ello, son los múltiples árboles de la vida que decoran diversas estancias de la Alhambra, entre ellos el que recorre el paramento del pórtico sur del Patio de Arrayanes (Fig. 3), que sin lugar a dudas es comparable a los que encontramos en este Corán (Fig. 4).
Fig. 3. Imagen detalle del árbol de la vida de un friso de yeso del pórtico sur del Patio de Arrayanes
Fotografía: Irene Nieto Vidal.
Fig. 4. Imagen de la página 74 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
30De entre todos los elementos ornamentales que podemos distinguir, denotan especial singularidad las marcas que señalan los grupos de cinco (Jams) y diez aleyas (‘Ašr), cuyas características formales son particulares del volumen coránico del Museo de la Alhambra. Ambos tipos tienen en común la base estructural geométrica, el apoyo en la caligrafía para señalar su significación y función, el uso de gama de colores similar y la aplicación de los mismos motivos iconográficos.
31La marca Jams, que señala los grupos de cinco aleyas, se compone de una base circular y un remate triangular, dando como resultado un motivo que puede interpretarse como una lágrima o gota. Ambas figuras geométricas están rodeadas por un trazo dorado delineado con tinta negra que las separa y diferencia creando dos planos distintos, distinguidos no sólo por lo que se reproduce en su interior sino también por el color liso del fondo, alternando dos colores: el rojo y el verde (Fig. 5).
32Mientras que, en la parte inferior la caligrafía de caracteres cúficos, que se lee como Jams (cinco, traducido del árabe), se sitúa en el centro de la circunferencia ocupando significativamente el espacio y sobresaliendo por el contraste del trazo dorado u ocre con el fondo de color liso, ya sea rojo o verde (Fig. 5 y 6). En la parte superior encontramos varios motivos vegetales, entre ellos una flor de loto, igualmente realizados en una tonalidad dorada u ocre y sobre un fondo liso del color contrario al usado en la parte inferior. En el exterior la figura está bordeada por una composición lineal que genera una cadencia de lóbulos que concluyen en el vértice de la parte superior dando lugar a un brote vegetal, simplemente una culminación vertical (Fig. 5 y 6). Otra variante de este motivo incorpora en su núcleo dos abanicos de hojas que abarcan la mayor parte de la circunferencia.
Fig. 5. Imagen de la página 77 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
Fig. 6. Imagen de la página 118 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
33Estos motivos en forma de lágrima no son singulares de los Coranes nazaríes. Sin embargo, las características formales que adquieren, en relación también con la expresión artística del momento, sí es particular de ese período; así como, la función que desempeña en el texto. Existen otros Coranes de cronologías anteriores, como el Corán Almohade del Museo de la Alhambra fechado entre los años 1157 y 1232, que también incorpora estos elementos decorativos; al igual que podemos encontrarlos en otros volúmenes coránicos posteriores.
34Por otro lado, la marca de los grupos de diez aleyas presenta formalmente un núcleo de fondo rojo y borde dorado u ocre sobre el cual se inscribe la palabra ‘Ašr (diez) en caligrafía cúfica, que se encuentra rodeada de motivos vegetales del mismo color que el bordeado. A su alrededor se dispone otra circunferencia que crea una ancha banda con doble línea en el exterior. Orbitando entorno al núcleo de fondo rojo encontramos un mismo patrón que alterna puntos de color rojo y azul. Esta estructura puede verse repetida en otros Coranes del mismo período, aunque cumpliendo otra finalidad. Esto sucede igual dentro de este mismo volumen, en el que dentro del texto encontramos pequeños tondos de similar estructura que se usan para separar las aleyas de manera individual. Igual que en el caso anterior, podemos distinguir dos variables de este mismo motivo dedicado a señalar los grupos de diez aleyas, dejándonos distinguir dos tipos distintos en función del color de fondo de la circunferencia interior, que podemos encontrar policromado en color rojo o verde (Fig. 7 y 8).
Fig. 7. Imagen de la página 77 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
Fig. 8. Imagen de la página 97 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
35Estos motivos circulares no deben confundirse con otros que se sitúan igualmente en los márgenes del texto marcando otras subdivisiones estructurales como los aḥzāb (60) y aŷzāʼ (30) o las sāŷid. También se presentan en un formato de circunferencias concéntricas que alternan en color y que presentan divisiones radiales y puntos de color. Todos ellos presentan en su interior una inscripción en caracteres cúficos que parece corresponderse con la palabra ḥizb (Fig. 9).
Fig. 9. Imagen de la página 88 del Corán Nazarí del Museo de la Alhambra
© Museo de la Alhambra (fotografía: José Domingo Lentisco Navarro).
36De las cuestiones expuestas podemos extraer varias reflexiones relativas a los usos, significaciones o implicaciones y posibilidades que pueden derivarse del estudio y análisis de los motivos decorativos que acompañan y ornamentan el texto coránico.
37En primer lugar, cabe reconocer en los motivos decorativos uno de los principales elementos de caracterización de los Coranes. Las formas artísticas y estéticas empleadas en cada uno de los ejemplares pueden hablarnos del contexto temporal y cultural en el que fueron creados, así como del lugar de producción o de procedencia. De la misma manera, un análisis comparativo de estos motivos con las manifestaciones artísticas del contexto geográfico y temporal en el que se sitúan preliminarmente puede ayudar a determinar de manera más detallada su cronología o asociación a un ambiente cultural u otro.
38En segundo lugar, a la vista de lo ya expuesto, no cabe duda de que los motivos decorativos tienen un papel relevante en relación con el lugar que ocupan en el Corán, o por lo menos, que su estudio puede resultar de interés para el conocimiento general del Libro Sagrado. Los símbolos que acompañan y marcan cada una de las partes y divisiones prototípicas del texto no sólo cumplen una función estética y de embellecimiento del texto, sino que inducen al lector a comprender visualmente el texto. La codificación de las diversas fracciones del texto y la señalización de las prosternaciones y los títulos de las azoras también ayuda durante la recitación a seguir un ritmo y una cadencia en la entonación al unísono de los versículos.
39Asimismo, mediante la observación y el estudio de la ornamentación de los manuscritos coránicos conocidos de una época concreta puede descifrarse un corpus de motivos iconográficos distinguidos en función de su fin u objeto. Esto quiere decir que podríamos hablar de un lenguaje ornamental intrínseco al arte del Qur’ān cuya interpretación exige la necesidad de encontrar la relación entre los elementos decorativos y su cometido dentro del texto.
- 37 J.M. Puerta Vílchez, Historia del pensamiento estético árabe…, p. 90.
- 38 L. Rodríguez Zahar, Arte Islámico, evocación del paraíso doctrina…, p. 103.
40Con todo ello, pese a que puede resultar interesante el estudio comparado de los motivos decorativos que se reproducen en unas u otras manifestaciones artísticas, es indudable que dentro del Corán prolifera un rico argot de elementos ornamentales que de alguna manera trasladan figurativamente la Palabra divina al papel. De este modo, el iluminador embellece y ennoblece el mensaje de Dios mediante la construcción arquitectónica simbólica del Paraíso que el Profeta describe, en el que no pueden faltar parajes fantásticos ajardinados llenos de vida vegetal, agua y el Cielo37, además de placer y visiones de una realidad cósmica infinita que se convertirán en los temas iconográficos usados recurrentemente en el arte musulmán38.
41En otro orden de ideas, es también necesario dedicar parte de las conclusiones a las características y particularidades propias del Corán Nazarí. Su singularidad se configura y construye principalmente a partir de los motivos ornamentales, en ausencia de los cuales perderían su identidad. En ellos el ornamento supera al contenido, convirtiendo el texto coránico y la caligrafía en un elemento supeditado a una arquitectura ornamental desplegada en mil formas. El manuscrito analizado es el más elevado ejemplo de la riqueza ornamental que caracteriza los Coranes contextualizados en el Sultanato Nazarí, lo cual se expresa claramente en la variedad tipológica de los motivos decorativos que marcan y señalan las divisiones del texto, entre los que se encuentran las marcas de los grupos de cinco (Jams) y diez aleyas (‘Ašr), en los que se centran estas páginas.