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Pautas de comportamiento en un escenario de inseguridad

La llegada de moros a Escalona en los albores del siglo XVI
Yolanda Moreno Moreno

Abstracts

Escalona was the nucleus of a duchy established by the Crown to reward the services of a nobleman of Portuguese descent from the Pacheco family. Juan Pacheco, 1st Duke of Escalona and private councillor to Henry IV of Castile, possessed a substantial estate, which was reduced during the reign of his son, Diego López Pacheco, due to the latter’s poor political decisions. However, not all his actions were misguided, as he succeeded in bringing about economic development in Escalona thanks, amongst many other things, to the arrival of a Mudejar population at a time that was almost contemporary with the expulsion of the Muslims from Portugal. This study will seek to demonstrate whether the conditions in which the Mudejars of Escalona lived around the year 1500 were sufficiently attractive for the town to be chosen as a destination by anyone who, whether by choice or necessity, needed to find a good place to start afresh.

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Author's notes

Este artículo ha sido realizado en el marco de un contrato postdoctoral del proyecto “Musulmanes en tierras de señorío: una visión integrada”, dirigido por Clara Almagro Vidal y financiado por el Programa de Atracción de talento de la Comunidad Autónoma de Madrid (2020 T1/HUM-20291). Agradezco al doctor Gonzalo Carrasco las referencias que nos ha proporcionado para la elaboración de este artículo.

Full text

1. Introducción

  • 1 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”.

1El estudio emprendido hace un par de años sobre la aljama de moros de Escalona en tiempos de Diego López Pacheco (1456–1529), II marqués de Villena y II duque de Escalona, parte de cuyos resultados han sido publicados recientemente1, nos llevó a indagar sobre los orígenes de un personaje que heredó un inmenso patrimonio, producto de las intrigas habilmente manejadas por su padre, Juan Pacheco (1419–1474), en la corte de Enrique IV de Castilla (r. 1454–1474). El episodio que convirtió a Juan Pacheco en el personaje más poderoso del reinado de Enrique IV estuvo relacionado con el creciente malestar de la nobleza ante la gestión del monarca en la guerra de Granada y por el ascenso de algunos de los favoritos del rey, como fue el caso de Beltrán de la Cueva. Todo ello derivó en una profunda desestabilización interna en Castilla, ahondada aún más tras el apoyo que los nobles otorgaron a los hermanos de Enrique IV – primero a Alfonso, luego a Isabel, futura reina de Castilla – como herederos al trono y en detrimento de los derechos sucesorios de la hija del monarca y de la reina Juana de Portugal. Juana, denominada “la Beltraneja” por la filiación que los detractores del rey hicieron de ella con Beltrán de la Cueva, corría el riesgo de perder su papel como heredera legal, lo que provocó que Enrique tuviera que buscar el apoyo de algunos de esos nobles para garantizar la continuidad y sucesión de su gobierno en manos de su hija. Este motivo determinó que Juan Pacheco, convertido en adalid de la causa de Juana, lograra encumbrarse en la cima de su poder, tanto en lo político como en lo económico. Su apoyo al rey le garantizó ostentar un interesante patrimonio compuesto por importantes señoríos. Junto a la ya tenencia del valioso Marquesado de Villena, obtenido antes de su meteórico ascenso (1445), cuando su influencia crecía de la mano del valido de Juan II de Castilla (r. 1406–1454), Álvaro de Luna, sumó otros señoríos a raíz de la vinculación con Enrique IV, como el poderoso maestrazgo de la Orden de Santiago (1467) y el ducado de Escalona (1472).

  • 2 O. López Gómez, “De la…”, p. 14.
  • 3 A. Franco Silva, “La villa…”, p. 61.

2Al igual que su padre, Diego López Pacheco se ha convertido en un personaje fascinante para la historiografía reciente, tanto por su labor intrigante como, en este caso, por haber protagonizado uno de los episodios más trascendentales del reinado de los Reyes Católicos. En línea con su progenitor, su apoyo a Juana, hija de Enrique IV, como heredera del trono castellano, y, por tanto, al bando portugués, hizo que viera mermada su herencia tras la victoria de Isabel y Fernando en la Guerra de Sucesión Castellana (1475–1479). La amputación del legado de los Pacheco, entre ellos el poderoso Marquesado de Villena, aunque no del título, fue un acto consciente, perseguido por ambos monarcas para poner fin al omnímodo poder que ostentaba el noble más peligroso de Castilla. Por todo ello, Diego López, enfrascado durante toda su existencia en la labor de ver restituida su herencia, se centró en gestionar de la manera más eficiente posible los señoríos que los Reyes Católicos decidieron respetarle. Entre ellos figuraba el ya mencionado ducado de Escalona, territorio situado en las estribaciones de las actuales provincias de Toledo, Ávila y Madrid, cuya importancia residía en albergar una encrucijada de caminos que conectaban ambas Mesetas. Por estos lugares transitaban los rebaños de la Mesta, poderosa institución potenciada y protegida por la Corona, que proporcionaba a las arcas reales importantes beneficios. Álvaro de Luna fue consciente de la situación privilegiada de Escalona y por ello, antes que Juan Pacheco, consiguió que Juan II le otorgara su posesión en una fecha que no se puede precisar2. La tenencia de este señorío llevó al privado del rey a realizar una jugada maestra al lograr que Juan II le permitiera convertir uno de los enclaves de su territorio, el puerto de la Venta del Cojo, en paso indispensable de los ganados. En 1472 Pacheco realizó otro de los movimientos esenciales para engordar su patrimonio al conseguir que el rey le cediera la jugosa renta del paso de los ganados por este lugar3. Esta prerrogativa fue trascendental para los futuros detentadores de la titularidad del señorío de Escalona, ya que les proporcionó una interesante percepción económica basada en la tributación que originaba el paso de las cabañas ganaderas por este punto.

  • 4 A. Franco Silva, Entre…, p. 71.
  • 5 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”.
  • 6 A. Franco Silva, Entre…, p. 134.
  • 7 Véase E. Guinot Rodríguez, “Los mudéjares…”; F. García Marco, “Fiscalidad…”.
  • 8 Entre los numerosos estudios dedicados a esta cuestión, cabe citar A. Echevarría Arsuaga, et al. Mu (...)

3Las consecuencias de la desafortunada política llevada a cabo por López Pacheco en la Guerra de Sucesión Castellana y la necesidad de mantener un status económico que le permitiera gestionar sus numerosos frentes, le llevó a explotar eficientemente sus posesiones, desatendidas durante su desacertado posicionamiento en dicho conflicto bélico4. Una de las medidas que empleó López Pacheco para aumentar la productividad de sus señoríos fue poner en marcha una política de avecindamiento para atraer a población mudéjar a Escalona durante los primeros meses del año 1500, tal como hemos analizado en otro estudio5. Este lugar, que formaba parte del ducado de Escalona, el señorío más importante que conservó el marqués tras la amputación de sus posesiones por los soberanos castellanos, como represalia por su deslealtad6, mantenía entre sus muros una pequeña comunidad musulmana constituida en aljama. El interés del señor por incrementar la aljama a través de esta llamada quedó también patente, según veremos en otro apartado, en la manifiesta protección que dispensó a todos los mudéjares que quisieran ir a poblar sus tierras. La práctica de atraer musulmanes a estas jurisdicciones, principalmente porque sus titulares se nutrían de ciertos impuestos que la comunidad abonaba por su condición de minoría religiosa tolerada y de otros estipulados por la Corona o el mismo señor, no fue ajena al resto de señoríos de los reinos hispánicos7. Sin embargo, lo novedoso de este caso fue que el llamamiento dirigido a musulmanes arrancó en una fase más bien tardía del mudejarismo, cuando López Pacheco llevaba siendo señor del ducado poco más de veinticinco años. Además de la búsqueda del beneficio fiscal, que se conseguía en virtud del privilegio que la Corona otorgaba a los señores para convertirlos en receptores de varias imposiciones, no menos importante fue el interés que mostró la oligarquía, incluso la municipal, por tener en sus dominios profesionales mudéjares bien cualificados para el ejercicio de determinadas actividades económicas8. Si bien esta premisa probablemente es extensible a las aljamas portuguesas, aún faltan por realizar estudios orientados al conocimiento de políticas de atracción en los señoríos que así lo ratifiquen.

  • 9 Véase en especial: M. F. Lopes de Barros, Tempos…. Entre otras interesantes aportaciones, cabe cita (...)
  • 10 M. F. Lopes de Barros, “A Ordem…”, p. 168.
  • 11 M. F. Lopes de Barros, Tempos..., …, pp. 748-–758.
  • 12 Véase C. Almagro Vidal, “Overlapping…”.
  • 13 La corona les prohibió acoger a otros correligionarios que llegaran de ultramar y a los de tierras (...)
  • 14 M. F. Lopes de Barros, Muçulmanos…, p. 35.

4Actualmente, el conocimiento del mudejarismo portugués ha sido posible gracias a la ingente producción de estudios realizados por Filomena Lopes de Barros9, quien centró su investigación, aunque no de forma exclusiva, en el análisis de comunidades integradas en las tierras del rey, probablemente debido a que la institucionalización de las comunas dependía en gran medida del soberano10. Sin embargo, los resultados obtenidos en el desarrollo de algunos de estos trabajos – que demuestran que hubo un creciente interés de varios personajes vinculados al rey por beneficiarse de las imposiciones fiscales que abonaban moros y judíos11 – deberían ser más que suficientes para incitar al investigador a indagar en el futuro sobre las relaciones mantenidas entre las minorías religiosas y ciertos señores en Portugal, especialmente con aquellos que ostentaron la titularidad de un señorío. De la misma manera, hasta no hace mucho tiempo una buena parte de las investigaciones publicadas sobre el mudejarismo en los reinos hispánicos, especialmente los dedicados a Castilla, se han centrado mayormente en aljamas de realengo, tal vez porque entre ellas se encontraban las más populosas, caso de Ávila, o porque los especialistas han hallado más documentación sobre estos ámbitos, sin desdeñar el interés personal que pueda suscitar el estudio de una comunidad concreta. No obstante, esta situación ha sido paliada en los últimos años a raíz de la publicación de diferentes investigaciones acerca del fenómeno mudéjar en tierras de señorío castellano, en parte gracias al proyecto que dirige actualmente la doctora Clara Almagro Vidal. Respecto a las Órdenes Militares, las investigaciones han dejado patente cómo lograron incorporar en sus territorios importantes contingentes de población mudéjar12, entre ellos, en el caso portugués, a los musulmanes procedentes de León y Castilla13. La fuerte gravación fiscal que los maestres sometieron a la comunidad mudéjar con impuestos propios, junto a los que debían abonar al tesoro real, más algunos tributos municipales, benefició a las aljamas bajo jurisdicción real directa, de manera que fueron las que mejor lograron mantenerse en pie hasta el fin del mudejarismo, al menos en el caso portugués14.

  • 15 Véase, entre otros, J. P. Molenát, “Las relaciones…”; A. Echevarría Arsuaga, “Los mudéjares…”.

5El caso que aquí se presenta busca abrir una vía de investigación dedicada a la realización de estudios comparativos de aljamas de señorío a ambos lados de la frontera, ya que, al contrario de lo que sucede en otros trabajos más generales15, la escasez de publicaciones sistemáticas sobre mudéjares en señoríos portugueses laicos probablemente tampoco ha motivado a que los investigadores de comunidades islámicas de otros reinos peninsulares hayan emprendido anteriormente esta tarea. Asimismo, este trabajo analizará el comportamiento de un señor de linaje portugués asentado en Castilla respecto a sus vasallos musulmanes, quien pudo idear una política de avecindamiento ante la expectativa de que algunos patrones derivados de la política de expulsión de mudéjares en Portugal fueran extrapolables en el reino castellano si sucedía lo mismo. Igualmente, en las siguientes páginas vamos a realizar un análisis de las maneras en que el marqués trató de obtener los mayores recursos posibles gracias a los musulmanes escaloneros. Por un lado, nos adentraremos en el tema de las rentas; por otro, nos centraremos en los asuntos derivados de la explotación económica de la villa. Para esta segunda cuestión atenderemos a diversos aspectos que incidieron en el desarrollo de la aljama de moros en Escalona, así como a algunos de los oficios que ejercieron sus miembros. La movilidad asociada a estos oficios nos permitirá lanzar la hipótesis de la posible llegada de moros procedentes de Portugal a Escalona en un contexto de expulsión y llamadas de avecindamiento. Todo ello ocurrió en tiempos de Diego López Pacheco, un noble de origen portugués que pudo valerse de algunas prácticas que se estaban dando en el reino vecino para aplicarlas en sus propios dominios.

2. Diego López Pacheco: un noble de origen portugués, señor de una aljama de moros castellana

6La breve atención dedicada al padre de Diego López Pacheco en el apartado anterior no es casual. La titularidad que Juan Pacheco ejerció en distintos lugares, le permitió interaccionar con comunidades musulmanas que llevaban asentadas en esos territorios desde un tiempo impreciso que es difícil de estimar ante la falta de fuentes. Actualmente, el doctor Gonzalo Carrasco está realizando una investigación sobre uno de los señoríos con aljamas mudéjares de Juan Pacheco, Castillo de Garcimúñoz, retrotrayéndose también a momentos anteriores a su llegada, con el fin de hallar un panorama lo más completo posible sobre las relaciones de aquellos que ocuparon la titularidad de este señorío con sus vasallos moros. A la espera de resultados concluyentes, solo cabe centrarse en el que fuera sucesor del legado de Juan Pacheco, su hijo Diego López Pacheco y Portocarrero. Antes de detenernos en este personaje, consideramos importante echar un vistazo a otras cuestiones derivadas de las relaciones entre Portugal y Castilla que acabaron motivando la política migratoria de nobles hacia el otro reino. El cometido de este breve análisis radica en que el protagonista de este trabajo procedía del linaje portugués de los Pacheco, parte de cuya familia, una vez que cruzó la frontera sin vuelta atrás, mantuvo una especial influencia en la corte castellana. Lejos de cortar esos lazos, la familia de los Pacheco continuó vinculada al reino de sus ancestros, lo que, tal y como se analizará posteriormente, pudo influir, especialmente en Diego, en la puesta en práctica de ciertos comportamientos guiados por criterios políticos desarrollados en suelo portugués, tal y como hemos indicado en la introducción.

  • 16 Entre todas las publicaciones cabe citar: S. de Moxó y Ortíz “De la nobleza…”; J. Mattoso, A nobrez (...)
  • 17 Como ejemplo cabe citar a João Alfonso de Pimentel, uno de los principales beneficiados con la conc (...)
  • 18 P. Romero Portilla, “Relaciones…”, p. 62.
  • 19 J. A. de Sottomayor-Pizarro, “A Coroa…”, p. 156.
  • 20 J. A. de Sottomayor-Pizarro, “De e para…”, pp. 908–909.
  • 21 J. A. de Sottomayor-Pizarro, “De e para…”, pp. 889–924.

7Al igual que los Pacheco, otros linajes portugueses se afincaron en Castilla y siguieron inmiscuyéndose en los asuntos que concernían a los dos reinos ibéricos, mientras lograban ser titulares de algunos de los señoríos jurisdiccionales creados u otorgados por obra y gracia del rey, aunque su poder quedaría lejos del que brevemente heredó López Pacheco. Numerosas publicaciones han analizado la ascendencia portuguesa o castellana de ciertos apellidos correspondientes a individuos de status nobiliario que cruzaron bidireccionalmente la frontera, por causas políticas principalmente, en determinados momentos de la Edad Media. En ellas se destaca la disparidad de privilegios que obtuvieron estos personajes al inclinarse la balanza a favor de los portugueses16. Ciertamente, varios de los nobles que llegaron a Castilla desde Portugal se beneficiaron ampliamente de la gracia real al conseguir algunos señoríos. El premio otorgado a estos exiliados portugueses fue en reconocimiento al apoyo que habían proporcionado a los soberanos castellanos, mientras aún vivían en suelo portugués, ya fuera por cuestiones sucesorias, es decir, cuando el trono se encontraba vacante17, como por asuntos diplomáticos dirigidos a establecer sólidos vínculos con el reino vecino a través de alianzas matrimoniales. Algunos de los recién llegados portugueses acabaron participando activamente en la política castellana, especialmente durante los reinados de Juan II y Enrique IV, así como en la Guerra de Sucesión Castellana desencadenada tras el fallecimiento de este último rey. Nombres como el ya citado Juan Pacheco, de la familia portuguesa de los Pacheco; el arzobispo Carrillo, de la de los Cunha; o el conde de Benavente, del linaje de los Pimentéis (Pimentel una vez llegaron a Castilla), son solo algunos de los ejemplos más importantes que cabe citar, al haber logrado convertirse – especialmente en el caso del primero – en personajes que ostentaron un considerable poder en Castilla18. Que los castellanos no consiguieran los mismos favores, también hay que relacionarlo con la menor implantación de la institución del señorío en Portugal, si lo comparamos con su desarrollo en el resto de reinos peninsulares. Entre las pocas familias castellanas que gozaron del beneplácito del rey, se encontraban la de los Castro y Manuel (siglo XIV) y la de los Noronha (siglo XV), aunque bien es cierto que estos linajes procedían de ascendencia real o estaban muy vinculados a la corte real portuguesa desde hacía tiempo19. No obstante, se ha evidenciado que hubo momentos en los que el rey desplegó una política de mercedes más generosa con los nobles, especialmente en periodos de vulnerabilidad de la Corona, con la intención de comprar lealtades, tal y como hicieron sus homólogos castellanos en otros episodios. Sin embargo, siguiendo a Jose A. Sottomayor, si bien Afonso V de Portugal ha sido el soberano más criticado por su generosidad con la nobleza, su actuación quedaría muy lejos de la que desplegaron en Castilla Juan II o Enrique IV20. Estos estudios comparativos también han dejado en evidencia la conservación de los vínculos familiares con aquellos que habían permanecido en su suelo patrio. Asimismo, algunos de ellos mantuvieron relaciones con los monarcas de los reinos de donde procedía su linaje y no pocos participaron en las embajadas diplomáticas mantenidas entre Castilla y Portugal21.

  • 22 M. T. Chicote Pompanin, Art.…pp. 3–4.
  • 23 A. Franco Silva, Juan…, p. 37.
  • 24 F. Regina Fernandes, “Diogo…”, pp. 211–224.
  • 25 E. Mitre Fernández, “La emigración…”, pp. 521–522.
  • 26 E. Mitre Fernández, “La emigración…”, pp. 522.
  • 27 M. T. Chicote Pompanin, Art.…, pp. 4–5.

8Juan Pacheco fue el primogénito de María Pacheco y Alfonso Téllez Girón, dos inmigrantes portugueses cuyas familias habían abandonado Portugal a finales del siglo XIV. Su madre era la única hija de João Fernandes Pacheco y doña Inés Teles de Meneses y a la vez nieta de Diogo Lopes Pacheco y biznieta de Lopo Fernandes Pacheco, quien era considerado como privado del rey Afonso IV de Portugal22. Con el hijo de Lopo, Diogo Lopes Pacheco, los Pacheco consiguieron, en palabras de Alfonso Silva, “su más alto protagonismo político en el reino de Portugal”, si bien fue también el que ocasionó la ruina de su linaje23. Enzarzado en distintas intrigas políticas, que le llevaron en diferentes situaciones a exiliarse a Castilla y a participar en los asuntos del reino, Diogo regresaba a Portugal cada vez que se congraciaba con su majestad24. Fueron sus hijos los que tomarían el camino a Castilla sin retorno a partir del año 1398, nuevamente en el marco de las hostilidades entre ambos reinos ibéricos y como consecuencia del apoyo otorgado al rey castellano Enrique III25. En compensación a los servicios prestados, João Fernandes Pacheco recibiría Belmonte, un pequeño territorio del obispado de Cuenca que anteriormente había pertenecido al Marquesado de Villena, cuya importancia no era comparable a Benavente, condado que consiguió su compañero de aventuras, João Afonso de Pimentéis26. A lo largo del siglo XV, los Pacheco siguieron manteniendo relaciones con los rebeldes portugueses y con su familia27.

9Diego López heredó el buen hacer de su padre y trató de mantener su legado para que fuera transmitido a las generaciones futuras. El revés ocasionado por defender el bando equivocado en la citada guerra civil contra los Reyes Católicos, que le hizo perder gran parte de la herencia, no fue óbice para que pasara toda su existencia tratando de verla restituida. Mientras lograba este fin, sus miras se dirigieron a los territorios que más satisfacción económica podrían proporcionarle. Como se ha comentado al principio, Escalona fue su gran objetivo.

2.1. El incremento de rentas a través del avecindamiento de moros

  • 28 J. Rebollo Bote, “La presencia…”, p. 176.
  • 29 A. Franco Silva, Entre…, p. 136.
  • 30 A. Malalana Ureña, La villa…, p. 266.
  • 31 A. Franco Silva, Entre…, pp. 75–77.

10Es evidente que los señores trataron de gestionar sus territorios en aras a obtener todo el provecho económico posible. Que los lugares que conformaban sus señoríos se mantuvieran lo suficientemente poblados fue clave para obtener mayores rentas dado que, entre los privilegios que les otorgaban los monarcas, se encontraba el de percibir aquellos tributos que los reyes estipularan en las donaciones y que eran abonados por los pecheros. En el caso de Plasencia, la ciudad vivió una fase expansiva mientras perteneció al señorío; pero, a diferencia de Escalona, sus señores, los Zúñiga, no alentaron especialmente la llegada de musulmanes28. El incremento de la aljama a finales del siglo XV se produjo una vez que Plasencia volvió a formar parte del realengo, desde 1493, muy probablemente a consecuencia del aterrizaje de mudéjares portugueses, según se analizará en las siguientes páginas. Mientras los Zúñiga vivían sus últimos años siendo señores de esta importante ciudad extremeña, Diego López Pacheco consiguió que Isabel y Fernando compensaran la pérdida de buena parte de su legado al lograr mantener un buen número de rentas del ducado de Escalona, en virtud de las capitulaciones que firmó con sus majestades en 148029. Aunque no ha sido posible delimitar las diversas percepciones que los duques se embolsaron de sus vasallos, se sabe que entre ellas se encontraban las alcabalas y tercias30 y que fueron las mejores que Diego López pudo obtener de todas sus posesiones respetadas. Tampoco se puede determinar con exactitud qué rentas recibió Pacheco de los mudéjares, porque no hay documentos que así lo definan explícitamente, pero lo que si se sabe es que el marqués fue recompensado con algunos bienes de moros de Guadix y su tierra, entre otras cosas31.

  • 32 M. F. Lopes de Barros, Tempos…, pp. 315 y ss.
  • 33 P. Ortego Rico, “Convertirse…”, p. 246.
  • 34 Véase J. Torró Abad, “Vivir…”.

11Como consecuencia de este clima favorable, síntoma de la reconciliación de López Pacheco con los Reyes Católicos, especialmente tras su participación en las guerras de Granada, no es descabellado pensar que el marqués, cuyos vínculos con Portugal seguían siendo muy vivos, se fijara en ciertos aspectos políticos promovidos por el soberano que gobernaba el territorio de donde procedía su linaje para elucubrar sus propios planes. Ante lo que se percibía por entonces como el inminente fin de la presencia de musulmanes en Castilla – cuyo decreto vio la luz en febrero de 1502 – ¿por qué Pacheco, amén de otros señores, no pudo plantearse en ese momento si en Castilla podría suceder lo mismo que con sus homólogos portugueses, que habían obtenido de Manuel I (r. 1495–1521) la prerrogativa regia de ser recompensados ante la pérdida de los impuestos que percibían de las minorías religiosas debido a su expulsión32? Hay que tener en cuenta que los judíos habían sido expulsados de Castilla en 1492; que las mayores aljamas castellanas, a excepción de Hornachos, pertenecían al realengo, por lo que es viable barajar esta posibilidad al no suponer un desembolso económico importante para la Corona; y que las mayores comunidades musulmanas subsistían en Aragón, lugar donde aún no se había planteado esta medida. Pablo Ortego ha analizado el caso de las aljamas de Murcia comprobando que, ante la temprana conversión de las aljamas pertenecientes a Órdenes y abadengos (1501), hubo que hacer pesquisas por las quejas de los ya moriscos que defendían que sus señores les pedían abonar los tributos “que solían pagar en tienpo de moros”33. Esta breve cita demuestra que los señores no querían desprenderse del monto económico que percibían de uno de los grupos sociales, aunque fuera del más débil desde el punto de vista demográfico. La situación de Valencia era distinta por contar el reino con aljamas muy pobladas, aunque, en realidad, a los titulares de los señoríos también les movía el mismo afan por mantener las gravosas imposiciónes que tuvieron que pechar los nuevos cristianos cuando aún eran moros. No es de extrañar que, al igual que los murcianos, los moriscos valencianos elevaran sus quejas al emperador para equiparar su nuevo estatuto religioso de convertidos al del resto de cristianos y poner fin a los abusos fiscales de los señores34.

  • 35 Archivo Municipal de Escalona (AME), Libro de Acuerdos (2), fol. 172r y fols. 184v y 185r.
  • 36 Véase nota 1.
  • 37 F. Soyer, “The Expulsion…”, p. 216.
  • 38 Entre los investigadores que han tratado este tema, cabe citar a I. M. R. Mendes Drumond Braga “Con (...)
  • 39 M. Â. Rocha Beirante, Évora…, pp. 176–179 y 202.
  • 40 M. F. Lopes de Barros, Tempos…, pp. 155 y 165.
  • 41 J. Rebollo Bote, “En la frontera…”, p. 72.
  • 42 J. Rebollo Bote, “En la frontera…”, p. 72.

12La maniobra de avecindamiento de moros orquestada por el II marqués de Villena a través de dos cartas conservadas en los Libros de Acuerdos de Escalona35, analizadas en el trabajo citado al principio de este artículo36, dirigidas a las autoridades locales para que fueran cumplidas y pregonadas, tuvo lugar poco tiempo después de que Manuel I decretara, a finales del año 1496, la expulsión del reino de los mudéjares portugueses que no se convirtieran al cristianismo37. La consecuencia más inmediata de esta política fue el desencadenamiento de un movimiento migratorio de musulmanes, a la búsqueda de un destino donde se les permitiera mantener sus modos de vida. Entre un amplio abanico de posibilidades, Castilla se presentó como una de las candidatas más óptimas a elegir debido a su proximidad y a otros factores derivados de las frecuentes relaciones que las comunidades islámicas de ambos lados de la frontera habían ido manteniendo a lo largo del tiempo38. Como ejemplo, cabe citar el caso de Évora, población que se encontraba relativamente próxima al límite que separaba a los dos reinos. La movilidad de moros y judíos ha sido constatada a través del estudio de la onomástica. La aparición del apelativo “castelão” o “castelhano” en algunos nombres vinculados a las minorías religiosas en la segunda mitad del siglo XIV, siendo más frecuente durante la siguiente centuria, junto a otras denominaciones que podrían guardar relación con el origen geográfico del individuo o su familia – caso del apellido “Escalona” que portaban dos judíos – nos remiten a estos movimientos bidireccionales39. Sin embargo, los mudéjares portugueses no contaron con el beneplácito de la Corona para sancionar la movilidad sin licencia regia, so pena de incurrir en graves sanciones en el caso de hacer caso omiso a la disposición legal, y menos aún si su objetivo era establecerse en el reino vecino40. A pesar de esta medida, es en los territorios fronterizos donde se aprecia con mayor claridad la circulación de mudéjares a ambos lados de los límites territoriales, siendo la condición endogámica de la comunidad musulmana uno de los factores que movió a los individuos a lanzarse a la búsqueda del establecimiento de contratos matrimoniales al otro lado de la frontera41. Los lazos de parentesco y las actividades comerciales también motivaron cruzar la raya, aunque se tratarían de movimientos temporales que finalmente fueron permitidos por el rey, en el caso de que los protagonizaran personajes con elevados recursos económicos, mientras limitaba los restantes a ciertos plazos y fianzas42. Todo este panorama cambió con el edicto de expulsión de Manuel I. Por primera vez, no solo se permitía el libre tránsito hacia un reino extranjero sin licencia, más bien se obligaba a tomar esta opción si uno quería preservar sus creencias religiosas y su integridad física.

  • 43 F. Soyer, “The Expulsión…”, pp. 226–227.
  • 44 F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 224.

13No obstante, las cuestiones derivadas de la vecindad territorial, especialmente en los lugares de frontera, la familia o el comercio, no explican por si solo que los musulmanes portugueses decidieran optar por transitar o permanecer líbremente en los territorios que se encontraban al otro lado de la frontera, una vez fueron desterrados a la fuerza. La presencia de estos grupos en el reino hubiera sido imposible, al menos de manera legal, sin la aquiescencia de los reyes castellanos, por lo que fue necesario acudir a ellos para asegurar la disposición de una vía libre que facilitara el paso de los expulsados. La sanción de esta medida llegó un 22 de abril de 1497 cuando Isabel y Fernando respondieron de manera favorable a la petición de los mudéjares portugueses para que pudieran deambular por su reino. Asimismo, más allá de convertirse Castilla en un lugar de tránsito, los monarcas castellanos permitieron a los musulmanes portugueses establecerse en el reino, aunque, en el caso de que algunas familias mudéjares finalmente se decantaran por acudir a otros territorios musulmanes extrapeninsulares43, se les negaba la posibilidad de llevarse oro, plata u otros "objetos prohibidos"44.

  • 45 En estas ciudades, el investigador comprobó un aumento repentino en el número de hogares que pagaba (...)
  • 46 F. Soyer “The Expulsión…”, pp. 225–226. Otras breves referencias a un mudéjar y a un morisco tambié (...)
  • 47 P. Ortego Rico, “Los mudéjares…”, pp. 42–56.
  • 48 J. Rebollo Bote, “La presencia…”, p. 169.
  • 49 M. F. Lopes de Barros, Tempos, p. 506 y F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 219.
  • 50 F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 222.

14Una buena parte de estos destinos peninsulares son actualmente muy desconocidos entre los especialistas ante la escasez de fuentes que se refieran de forma explícita a estos hechos. Sin embargo, esta realidad no impide que se hayan barajado varias hipótesis sobre los lugares de asentamiento que eligieron los mudéjares expulsados de Portugal, a partir del analisis de otro tipo de documentación. En primer lugar, se encuentran las fuentes de contenido fiscal. El crecimiento impositivo que experimentaron algunas aljamas extremeñas próximas, caso de Trujillo, Plasencia, Magacela o Valencia de Alcántara, llevaron a algunos investigadores, entre ellos Soyer45, a ver plausible que las variaciones numéricas de estas aljamas hayan sido producto de la llegada de los musulmanes portugueses46, sin restar importancia a otros movimientos migratorios47. Por esta época, más del 80% de los musulmanes habitantes en la región de Extremadura se encontraban establecidos en aljamas de señorío de larga tradición, mayoritariamente pertenecientes a la jurisdicción de las Órdenes Militares de Santiago (Hornachos, Mérida y Llerena) y de Alcántara (Alcántara, Valencia de Alcántara, Magacela y Benquerencia de la Serena). Solo Medellín era de señorío laico, siendo precisamente posesión de la familia Pacheco, aunque no de Diego López. Plasencia y Trujillo pertenecían a realengo48. Por lo tanto, si los mudéjares portugueses recalaron en los lugares citados por Soyer, significaría que optaron por acudir al realengo y a territorios cuya titularidad la ostentaban las Órdenes Militares, precisamente a las jurisdicciones a las que pertenecían mayormente los musulmanes cuando residían en Portugal. Todo esto no quiere decir que la situación de proximidad a la frontera de muchas de ellas no siguiera siendo el mejor aliciente para que fueran elegidas como destino, simplemente, el dato aportado también es interesante porque pudo influir en las preferencias manejadas por los musulmanes. Volviendo a la expulsión de la comunidad islámica portuguesa, y siguiendo nuevamente el estudio de Soyer, la salida de estos grupos ha sido rastreada atendiendo a la venta de los bienes y propiedades que el rey autorizó a los expulsados en abril de 1497. Si bien es cierto que la escasa documentación conservada sobre esta cuestión no sirve para determinar cuáles fueron los destinos que eligieron los mudéjares para establecerse en ellos con el propósito de iniciar una nueva vida, al menos constata que el abandono de sus antiguas posesiones fue un hecho. Asimismo, otra información más precisa de 1506, referida a la lista de casas y tiendas propiedad de la Corona en la mouraria de Lisboa, también ratifica la marcha de sus antiguos inquilinos moros al estar en ese año dichas propiedades ocupadas íntegramente por cristianos49. Todas estas evidencias, junto a las fuentes que acreditan que los procesos incoados a ciertos personajes por prácticas islámicas fueron en su mayoría protagonizados por esclavos y libertos de origen norteafricano, han llevado a Soyer a afirmar que, aparentemente, la conversión de los mudéjares al cristianismo tuvo poco éxito, lo que significa que la mayoría de ellos abandonaron el reino50.

  • 51 M. T. Chicote Pompanín, “El que…”, p. 647.

15Ante un panorama de elevada movilidad protagonizado por musulmanes portugueses dentro del territorio castellano, cabe preguntarse si Diego López Pacheco optó por la política repobladora de moros en Escalona aprovechando tanto esta coyuntura como otra derivada de la ya comentada medida que tomó Manuel I de compensar económicamente a los nobles tras la expulsión de los mudéjares. No es aventurado pensar que – en virtud de las relaciones que mantuvo López Pacheco con Portugal – el avecindamiento de moros perseguido por el marqués también fuera motivado por la expectativa de una satisfacción que recibirían los nobles castellanos que se beneficiaban de los impuestos que abonaban las comunidades musulmanas, si el mudejarismo castellano llegaba a su fin. La prematura muerte del heredero al trono de los Reyes Católicos, el infante Juan, unos cuantos meses después del decreto de expulsión de Manuel I, significó la entrada de este monarca en la cuestión sucesoria castellana como consorte. El rey portugués estaba casado con Isabel, quien siendo la primogénita de Isabel y Fernando era a la vez la persona que ocupaba el siguiente escalón en la línea sucesoria tras el fallecimiento de su hermano Juan. Este hecho puso en contacto a los futuros herederos con Diego López Pacheco un 26 de abril de 1498 en Toledo, siendo posible, según María Teresa Chicote, que Pacheco aprovechara la ocasión para acercarse a los monarcas portugueses, aunque las fuentes así no lo especifiquen. La correspondencia personal que mantuvieron después Manuel I y el II duque de Escalona reafirman la hipótesis de la investigadora51. El fallecimiento de la princesa Isabel un 23 de agosto de 1498 y, casi dos años después, la de su hijo y sucesor Miguel de la Paz, alejó a los portugueses del trono castellano al nombrarse como heredera a Juana, casada con el hijo del emperador Maximiliano I, Felipe de Habsburgo. Este breve periodo de vinculación de Castilla con Portugal coincide con la política de atracción de moros que López Pacheco llevó a cabo en su villa de Escalona.

  • 52 P. Ortego Rico, “Convertirse…”, p. 238.
  • 53 Esta hipótesis fue planteada, aunque no desarrollada en Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 344.
  • 54 A. Franco Silva, Entre…, p. 77.

16Según Pablo Ortego, parece ser que la supresión de este tipo de fiscalidad en los señoríos no fue compensada por los monarcas a sus titulares en Castilla52, dado que no hay fuentes que así lo avalen. Sin embargo, esta postura no contradice la hipótesis que en este trabajo venimos defendiendo, según la cual el II marqués de Villena y II duque de Escalona pudo creer – atendiendo a los sucesos de Portugal y aprovechando que en esos momentos el heredero al trono castellano era de origen portugués, un menor que podría ser tutelado por su padre, en caso de fallecimiento de la reina – que la indemnización podría plantearse si la política de expulsión, o conversión, se materializaba en Castilla53. Además, no hay que perder de vista que Diego consiguió que Fernando el Católico le concediera los diezmos y alcabalas de treinta mudéjares convertidos en Guadix a la fuerza en el año 150054, lo que significa que la búsqueda de rentas de los nuevos convertidos era un hecho.

  • 55 M. C. Quintanilla Raso, “Señores…”, pp. 307–315.

17En el caso de los judíos, su expulsión conllevó una considerable merma en los ingresos señoriales y no pocos señores fueron agraviados por no poder cobrar, por ejemplo, los juros situados sobre algunas de sus rentas. Sin llevar a cabo una política definida, los monarcas compensaron a los grandes señores con ciertas donaciones equivalentes al monto del juro que les fue concedido en su momento. No obstante, más importante que los juros era lo que iba a pasar con los bienes, rentas y deudas que dejaran los judíos una vez salieran del reino. La premura con la que se ejecutó la expulsión hizo que la liquidación de bienes y deudas fuera complicada, más si cabe por la prohibición de sacar oro y moneda del reino. Ante la dificultad que entrañaba gestionar todo el proceso, la Corona puso en marcha una serie de confiscaciones de bienes y deudas sin cobrar, a modo de castigo, por las irregularidades observadas en las pesquisas dirigidas a averiguar las liquidaciones. Si bien la beneficiada debía ser la hacienda regia, con frecuencia fueron los señores los que se convirtieron en los destinatarios de tales bienes55. La cuestión de la expulsión de los judíos también constituye un buen ejemplo para que los señores de vasallos moros pudieran tener la esperanza de ser recompensados en el caso de que perdieran sus ingresos proporcionados por la comunidad ante el fin del mudejarismo. Sin embargo, hay que matizar señalando que la compensación dada a los nobles por la pérdida de las rentas de los hebreos no obedeció a una política planificada como la ejecutada por Manuel I. Además, los musulmanes, si optaban por marcharse, no dejarían bienes y deudas tan relevantes.

  • 56 A. Echevarría Arsuaga, “De mudéjares…”, p. 19.
  • 57 J. P. Molénat, “Des...”, …”, p. 74.
  • 58 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 340.

18Por entonces, era evidente que, desde la expulsión de los judíos castellanos en 1492, a las comunidades musulmanas les preocupaba que su destino fuera el mismo que el de los hebreos. Ana Echevarría defiende que, aunque la caída de Granada, la expulsión de los judíos y el pensamiento político de los Reyes Católicos y sus contemporáneos se convirtieron en los tres factores principales que desencadenaron el fin del mudejarismo en Castilla, fueron las medidas de guerra tomadas durante la conquista del último bastión islámico en la península las que condujeron a las aljamas a adentrarse en un periodo que denomina de “anormalidad”, lo que supuso limitaciones para todo el grupo durante las dos décadas anteriores a su fin56. Con los sucesos de Granada, protagonizados por los musulmanes granadinos al rebelarse contra sus gobernantes cristianos, desatados a finales del año 1499, la situación de los mudéjares no hizo otra cosa que agravarse. Los monarcas castellanos tuvieron que emitir cartas reales para asegurar a sus súbditos moros que no fueran expulsados – especialmente a los que residían en Ávila, Arévalo, Madrid, Toledo, Hornachos, Alcántara, Segovia y Guadalajara57 – en una fecha próxima a la llamada que realizó López Pacheco. El movimiento perpetrado por el marqués durante esta coyuntura garantizó sus planes, ya que, al convertirse en protector de los musulmanes, arrogándose el papel que los monarcas penínsulares se habían ajenciado desde los inicios del mudejarismo, ofreció a la comunidad un buen aliciente para ir a poblar Escalona58.

2.2. La aljama de moros de Escalona: una comunidad que cumple la legislación real y es beneficiada por su señor

  • 59 M. Asenjo González, “Economía…”, p. 43.
  • 60 R. Morán Martín, “Horizontes…”, p. 90.
  • 61 A. Echevarría Arsuaga, “La “mayoría”…
  • 62 M. F. Lopes de Barros Tempos…, p. 44.
  • 63 M. F. Lopes de Barros Tempos…, p. 46.

19Los inicios del mudejarismo en Escalona no son bien conocidos debido a la parquedad de fuentes. La concesión del fuero otorgado por el rey Alfonso VII en el año 1130, que contiene algunas breves disposiciones específicas dirigidas a las minorías religiosas59, tampoco ayuda mucho a desentrañar estos orígenes, ya que muchas cláusulas recogidas en este documento están basadas en el fuero de Toledo60. En el caso de Portugal, cuya ordenación legal acabó siendo más sistemática que en Castilla61, las cartas fundacionales también son en esta primera fase las únicas fuentes que determinan la evolución jurídica del estatuto aplicado a estas comunidades, destacándose en ellas la cuestión tributaria62. Ciertamente, las referencias al fuero de Lisboa que se encuentran en las cláusulas de otras cartas como las de Algarve, Évora o Moura, sirven para constatar que la Corona portuguesa uniformizó para las comunas islámicas un modelo basado en el fuero de 1170. Otras cartas forales coetáneas dadas a los mouros forros, como es el caso de las Almada, Palmela y Alcácer do Sal, sin embargo, no tendrían el mismo fin que la lisboeta debido a los vaivenes que experimentaron las comunidades y estos territorios durante el proceso de conquista63.

  • 64 A. Malalana Ureña, La villa… p. 353.

20Si el fuero no describía la realidad de lo que sucedía en ese momento, al menos marcaba unas claras directrices destinadas a todo aquel que quisiera ir a poblar la tierra y que perteneciera a las confesiones religiosas toleradas en Castilla. Las fuentes consultadas en diversos archivos son tardías, correspondientes casi todas ellas a la etapa de Diego López Pacheco, por lo que son muy útiles para conocer ciertos aspectos relativos a las relaciones que el marqués mantuvo con sus vasallos moros y otros concernientes a la vivencia de la comunidad mudéjar de Escalona durante esta época. Antonio Malalana, en su estudio que abarca toda la Edad Media de Escalona, coincide a grandes rasgos con las conclusiones que mantienen los especialistas que abordan la cuestión de las minorías en los señoríos y la misma que hemos defendido a lo largo de estas páginas. Para el investigador, “la presencia de esta comunidad suponía contar con elementos eficaces a la hora del trabajo. Además, su marcha también significaba una limitación en las recaudaciones fiscales”64.

  • 65 En marzo del año 1500, y a través de un mayordomo de Pacheco, el concejo conoce la queja del “moro (...)

21La andadura de los mudéjares de Escalona durante el gobierno de López Pacheco puede ser encuadrada en dos grandes grupos en función de si nos referimos a cuestiones que implicaban a toda la comunidad o a individuos concretos. En primer lugar, se encontrarían las disposiciones que afectaron a todos y que pueden ser agrupadas en: las dirigidas a limitar el desempeño de sus vivencias en un entorno dominado por cristianos; las encargadas de recordar cuáles eran sus obligaciones fiscales; y, por último, las que podían beneficiar explícitamente a la comunidad islámica de Escalona. Entre estas últimas entraría el asunto de la llamada de Pacheco a poblar su villa, junto a las ventajosas condiciones que el señor proporcionaba a los futuros pobladores moros. En segundo lugar, se encuentran las cuestiones relativas a los musulmanes a título individual; por un lado, las referidas a las actividades económicas; por otro, las que tienen que ver con temas fiscales, ya fuera para atender al pago de determinados impuestos y multas, o para obtener beneficios en virtud del desempeño de determinados oficios o, simplemente, por ir a poblar Escalona. En algunas medidas se percibe la intervención del marqués, siempre a favor de su vasallo musulmán, lo que desencadenó algunas tensiones con el concejo65. Para este estudio solo vamos a tener en cuenta las disposiciones que afectaron a toda la comunidad y los temas referidos a las actividades profesionales de los mudéjares. La ausencia de determinadas profesiones pudo ser determinante para que Diego López Pacheco tratara de contar con ellas a través de su política de atracción de mudéjares, al mismo tiempo que también pudo canalizar la venida de los musulmanes portugueses que, poco antes, se habrían instalado en otras zonas de Castilla.

2.3. La aljama de Escalona después de las Cortes de 1480: la protección del señor de la villa

  • 66 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 349.
  • 67 Archivo Histórico Nacional (AHN), UNIVERSIDADES, leg. 746, doc. 2.
  • 68 Véase M. F. Lopes de Barros, Tempos…, pp. 188 y ss. y J. R. Macedo, “Os sinais…”.
  • 69 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 255v.

22Para este apartado es necesario comenzar con unas breves referencias a la situación en la que se encontraba la aljama de Escalona, en vistas a ofrecer un panorama que se aproxime al que se encontraron los musulmanes que llegaron a la villa atendiendo a la llamada de López Pacheco. Del mismo modo, es importante hacer un breve apunte de la situación tributaria a la que se enfrentarían los recién llegados, puesto que fue uno de los alicientes que estimuló el avecindamiento en aras a sufrir una menor presión fiscal. Es cierto que no se puede determinar el número de individuos que recalaron en Escalona por el año 1500, incluso antes66, porque no se ha encontrado testimonio de ello, pero se sabe que llegaron y que tuvieron que hacer frente a los problemas de asentamiento por falta de espacio, al tener que ajustarse a los preceptos que dictaba la ley sobre el apartamiento de moros y judíos67. En general, la década de 1480 no fue buena para las minorías religiosas de Castilla, de la misma manera que para los mudéjares portugueses no lo fueron otras épocas en la medida en que se fue promulgando la legislación dirigida a evitar el contacto con los cristianos para evitar un proselitismo indeseado68. Con estas premisas, es evidente que los futuros pobladores que quisieran recalar en la villa inevitablemente se iban a encontrar con un panorama muy parecido al que tenían en sus lugares de origen. En Castilla, a las medidas impulsadas durante la celebración de las Cortes de Toledo – que trataban de retomar la aplicación de las normas discriminatorias acordadas en otras reuniones y que provocaron el encerramiento de judíos y moros en espacios propios – les acompañaron otras como la de portar señales identificativas o no poder llevar armas. La activación de la guerra de Granada empeoró aún más la existencia de las comunidades de confesión religiosa diferente a la cristiana, pues se vieron obligadas a financiar económicamente el conflicto a través del ventajoso pago de los castellanos de oro, sin contar que se hallaron inmersas en un clima de enrarecimiento y recelo que derivó en episodios turbulentos que condicionaron por momentos la convivencia social. Ante este clima de crisis – generado por los efectos negativos lógicos de un conflicto bélico y por la desconfianza que generaba el “otro” – las autoridades tuvieron que tomar cartas en el asunto y presentarse como garantes de la paz social, tal y como sucedió en Escalona cuando el concejo tuvo que prohibir que ninguno “non tire piedras nin palo nin otra cosa alguna a los judíos de esta dicha villa estando en su judería so pena de dosientos por cada ves que lo fisiere”69. Además de la cuestión social, la cita nos deja otra interesante información. En 1483 ya se había constituido la judería y, probablemente, ya existía una morería en virtud de la segregación de las minorías estipulada en las cortes toledanas de 1480.

  • 70 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 107v.
  • 71 M. F. Lopes de Barros Tempos…, p. 211.
  • 72 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 122v.
  • 73 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 378v.
  • 74 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 486v.

23Todas estas medidas destinadas a regular la vivencia de judíos y moros aparecen en los Libros de Acuerdos poco después de las Cortes de Toledo, no antes. Esto no significa que no hubiera otros momentos previos en los que se tratara de ajustar la cohabitación de las minorías siguiendo las directrices emanadas de la legislación promulgada tiempo atrás. Simplemente la información no es verificable a través de otros documentos que así lo avalen. Independientemente de esta apreciación, lo cierto es que a partir de 1480 se dispararon las prohibiciones y obligaciones que los musulmanes y judíos debían seguir ante determinadas situaciones. A la ya recurrente disposición de que ambas comunidades no podían matar sus piezas en la carnicería de los cristianos, ni que el carnicero les diera sus carnes70, les siguieron otras resoluciones dirigidas al comportamiento de los “infieles” ante eventos de evidente significación religiosa para los cristianos. Ante la celebración de estos oficios litúrgicos, algo similar se había dispuesto en Portugal71, el concejo pidió a los tenderos y especieros que vivían en la plaza que no vendieran en esos días hasta que se saliera de misa, al mismo tiempo que se ordenaba que judíos y moros no podían labrar, es decir, no trabajar con la puerta abierta a la misma hora y en las mismas fechas72. Para que no quedara duda de quiénes eran los responsables de emitir la legislación discriminatoria contra las minorías, quizás buscando un acatamiento aún mayor, en otra cita dada pocos años después la oligarquía concejil manifestó que eran sus altezas los que mandaban que moros y judíos no podían estar al mismo tiempo que la cruz “o el cuerpo de nuestro señor y antes que él asome que sean obligados a se meter a donde no le puedan ver sy non pudieren desviarse nin meterse que se finquen de rodillas al cuerpo de nuestro señor o a la cruz”73. Antes de finalizar la década de 1480 se volvió a pregonar cómo judíos y moros debían comportarse en las procesiones ante la presencia de la cruz, o el corpus, y la cuestión de portar sus señales identificativas. La novedoso en esta ocasión fue que este mandamiento se difundió en la judería y morería – posiblemente en las otras ocasiones así se hizo, aunque no haya quedado reflejado en las fuentes municipales – ante los representantes de las aljamas. En el caso de la musulmana, el testigo fue Mahomad Rubio, personaje citado, según se verá, en otras ocasiones. Tal vez fuera el alfaquí o alcalde de la aljama del año 1489. En representación de la judía, los testigos fueron dos, don Hayn de Castro y Rabí Jacó74.

  • 75 M. F. Lopes de Barros, Tempos…, p. 223.
  • 76 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 281r.
  • 77 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 281r.

24También se persiguió el control de las minorías durante la noche – momento en que la oscuridad podía generar problemas a la hora de identificar al viandante – a través de la obligación de tener que permanecer en sus barrios de segregación durante ese espacio de tiempo. A diferencia de lo que ocurrió en muchas morerías castellanas, incluso en las comunas portuguesas cuando el rey João I decretó el cierre de las puertas de los barrios moros al son de las campanas de la Santísima Trinidad75, en Escalona no se ha hallado ninguna referencia a la presencia de este elemento de cierre. Sin embargo, sí se ha encontrado información que avala la salida de individuos por las noches de la morería y judería, en caso de necesidad, “con candela ençendida e syn armas”76. Respecto a las armas, una de las medidas que aparece en los Libros de Acuerdos, dictada probablemente por algún asunto que requería apaciguar tensiones sociales, fue dirigida a prohibirlas en la villa, tal vez para velar por la seguridad de todos77.

  • 78 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 255r.

25Cuando las cortes toledanas hicieron aún más restrictiva la libertad de movimiento de los mudéjares en su lugar de residencia, se presentó una serie de problemáticas en función de si la segregación se llevó a cabo en los lugares donde residía el grueso de la comunidad mudéjar o si hubo que crear morerías ex novo. La falta de espacio de los nuevos emplazamientos dificultó que se erigieran algunos de los edificios característicos de la cultura islámica, por lo que fue necesario que las autoridades principales sancionaran el uso de estos antiguos espacios que se encontraban ubicados fuera de la morería. Efectivamente, fue el marqués quien otorgó a la aljama de moros el poder seguir usando su mezquita, almagir, que estaba situada en la judería78. La importancia de estos datos radica en varias cuestiones. En primer lugar, nos encontramos en Escalona con el cumplimiento de la ley de apartamiento emanada de las Cortes de Toledo que ordenaba a las minorías religiosas residir en sus barrios propios. En segundo lugar, dado que la configuración de las morerías implicó la inclusión de otros espacios inherentes a la cultura islámica con funciones específicas, en este caso religiosas, la aljama tuvo que solicitar permiso a su señor para poder seguir usándolos – a pesar de que hacerlo conllevara incumplir la norma impuesta por la Corona – posiblemente debido a problemas logísticos. En tercer lugar, Mahomad barbero hizo las funciones de emisario en una petición tan trascendental para toda su comunidad. Es evidente que Mahomad barbero ostentó uno de los cargos más importantes de la aljama.

  • 79 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, pp. 336–338.
  • 80 M. A. Ladero Quesada, La Hacienda…, p. 75.
  • 81 AME, Libro de Acuerdos (2), fol. 203r.
  • 82 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 172r.
  • 83 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 339.

26Respecto a la cuestión fiscal, y dejando a un lado los impuestos que abonaban las minorías, analizados en el artículo dedicado al avecindamiento de mudéjares en Escalona79, nos centraremos en otra imposición regia: la alcabala. La alcabala era un impuesto que gravaba en un 10% las compraventas y trueques que se realizaban en la Corona de Castilla por cualquier persona, independientemente de su posición social, aunque no fue infrecuente que hubiera exentos designados por voluntad real que lograron librarse del pago. El cobro de la alcabala, al igual que el de las tercias, fue objeto de pugna entre la Corona y los distintos señoríos80, yendo a parar su disfrute, en ocasiones, a los señores, como fue el caso que aquí nos ocupa. La obtención de la prerrogativa regia de beneficiarse de este impuesto permitió a los señores tener una buena carta con la que jugar si querían atraer población a sus dominios, al poder proporcionar a los posibles vasallos una rebaja fiscal. En Escalona, los Libros de Acuerdos registran el privilegio de cobrar a los futuros pobladores que fueran a avecindarse a la villa solo un quinto de alcabala. Fue el concejo, responsable de garantizar la gestión de la recaudación de la alcabala, quien mandó en una ocasión a los repartidores que vieran lo que se había repartido a dos moros, porque no se ajustaba “al asyento que esta villa con su señoría que los que se vienen a biuir a ella paguen quinta parte del alcauala”81. Este mandamiento fue pronunciado pocos meses después de la puesta en marcha de la política de avecindamiento de Pacheco y se ajusta a los “priuillejos e esençiones de que gozan e suelen gozar los otros moros que antes de agora biuen e moran e han biuido e morado en esta dicha mi villa”82 que prometió el marqués a los que quisieran aceptar su propuesta. Otra de las cuestiones que aparece en las dos cartas de avecindamiento de los marqueses dirigidas a las autoridades locales de Escalona, que redundó en el beneficio de los musulmanes, era el trato que debía recibir todo aquel que aceptara la bienvenida de Pacheco y se trasladara a su señorío de Escalona. Como se ha indicado en apartados anteriores, la tensión derivada de las revueltas de los musulmanes granadinos y las medidas severas impuestas por Cisneros a la comunidad por estos motivos acentuó la incertidumbre de los mudéjares sobre su futuro más inmediato. No es descabellado pensar que el señor aprovechó esta coyuntura para atraer a familias que no tenían claro cuál iba a ser su porvenir, así como a otras relacionadas con la expulsión portuguesa, al exigir a la oligarquía municipal el respeto por la integridad de los que llegaran y la prohibición de aplicar medidas coercitivas buscando una conversión forzada83.

  • 84 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 184v.
  • 85 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 342.

27Por otro lado, la segunda carta de avecindamiento escrita por la marquesa proporciona una información muy relevante al señalar – a través de “Ozmel moro, alfaquí e Alvotodo e maestre Yuça de Caçalegas e maestre Ali calderero, moros vesinos de esta dicha villa” – que los moros que debían ser acogidos, atendiendo a las demandas del marqués en la primera misiva, procedían de Talavera (de la Reina) y de otros lugares que no especifica. Además, y a tenor de lo que, según ella, estaba exigiendo el arzobispo de Toledo, es decir, el cardenal Cisneros, de “salir de su tierra a todos los moros e dizen que non les dieron más de vn día para salir”, quiere que “demás de los que estaban en concierto de se venir a biuir, se vernan más”84. Sin poder desentrañar si la medida de Cisneros fue real, equívoca o se trató de una patraña ideada por López Pacheco para alimentar el flujo de mudéjares a su tierra, como analizamos en otro lado85, nos vamos a detener en la cuestión de la procedencia de los que llegaron a Escalona. Nuestro cometido es buscar una posible vinculación de Talavera, lugar que a la vez mantenía contacto con otras localidades extremeñas, con la circulación de mudéjares portugueses por Castilla tras su expulsión.

  • 86 Archivo General de Simancas (AGS), RGS, Leg, 149007, doc. 521.
  • 87 P. Ortego Rico, “Los mudéjares…”, p. 56.

28El mencionar Talavera en la carta de la marquesa es importante porque esta villa formaba parte del señorío de los arzobispos de Toledo, lo que significa que se estaba promoviendo un movimiento migratorio que afectaba a las jurisdicciones de dos señoríos, laico y eclesiástico, que encima eran colindantes. Nos hemos referido con anterioridad a la frecuente movilidad bidireccional de mudéjares portugueses y extremeños por motivos familiares y económicos, dada su vecindad. No obstante, hay que incidir en que, si bien el traslado habitual de las comunidades mudéjares contemplaba el desplazamiento a lugares cercanos, también las migraciones fueron dirigidas hacia otros espacios más lejanos por los mismos pretextos, sin contar que hubo otros movimientos que tuvieron un trasfondo religioso. El caso de un alfaquí escalonero reponde a esta última premisa. Alí, al ser apresado en 1490 tras acudir “allende” y retornar a Castilla, junto a otros moros, declaró que abandonó su tierra con licencia del concejo de Escalona para ir a Granada y “allende” para instruirse mejor en su ley86. Como señala Pablo Ortego, este testimonio, además de ser un ejemplo de movilidad a larga distancia y de que se necesitaba sanción de la autoridad para acudir a tierra de moros, es una muestra de las escasas posibilidades de formación que, al parecer, ofrecía Castilla a las élites religiosas87.

  • 88 G. Carrasco García, “Segregation…”.

29La importancia de esta política de atracción destinada a lugares como Talavera radica en que la llamada fue dirigida a otras aljamas de señorío, no a las de realengo. Con esto no queremos decir que el caso de Escalona sea único, pero sí menos conocido en Castilla. El caso de Hellín, estudiado por Gonzalo Carrasco, podía haber seguido estas mismas directrices si el lugar de origen no hubiera cambiado de jurisdicción unos años antes. En esta ocasión, la atracción de mudéjares a señorío se produjo cuando una de las poblaciones pertenecientes a la Orden de Santiago, Abarán, fue repoblada en 1482 con mudéjares procedentes de aquella localidad que pertenecía, otrora, al Marquesado de Villena que perdió López Pacheco. El investigador defiende que el trasvase de población pudo estar relacionado con la creciente adversidad que sufría esta aljama bajo la jurisdicción real88, lo que demuestra que los Pacheco “cuidaron” bien a sus vasallos moros mientras estos se encontraron bajo su dominio.

  • 89 Y. Moreno Moreno, “El el negocio…”, p. 150.
  • 90 Ambas poblaciones pusieron en marcha en 1248 una hermandad para que los concejos de Plasencia y Tal (...)

30Del señorío detentado por los prelados toledanos es necesario hacer una breve mención a sus orígenes. Tras la cesión de Alcalá de Henares por Alfonso VII a la mitra toledana en 1129, le siguieron, en los siglos venideros, territorios estratégicos como Talavera, Illescas o el Adelantamiento de Cazorla, entre otros. La incorporación de estos enclaves a los dominios del arzobispado de Toledo proporcionó a la institución un importante patrimonio. De entre todos ellos fue la villa de Talavera la que contó, atendiendo a las fuentes fiscales, con la aljama de moros más populosa del señorío89 y la que mantuvo entre sus muros, como veremos, a un importante grupo de maestros dedicados a labores constructivas. Escalona adolecía de un buen elenco de expertos constructores, si atendemos a la documentación consultada. ¿Por qué no buscarlos en uno de los lugares próximos como Talavera, o entre aquellos que cruzaron la frontera porque necesitaban proveerse de medios económicos a través del trabajo para garantizar su subsistencia? Plasencia mantuvo lazos históricos con Talavera por varios motivos90. Uno de ellos tuvo que ver con la llegada a la villa talaverana de una cuadrilla de constructores musulmanes procedentes, muy probablemente, de esta localidad extremeña, como indicaremos en el siguiente apartado. Plasencia también pudo ser uno de los destinos elegidos por los mudéjares portugueses. Tal vez, poco tiempo después de su expulsión, algunas familias pudieron acudir a otras aljamas castellanas hasta recalar definitivamente en un espacio que se acoplara a sus necesidades.

2.3.1. La movilidad de los mudéjares a través de los oficios

  • 91 A. Malalana Ureña, La villa, p. 258.

31Es bien sabido que en la Edad Media fueron las actividades agropecuarias las que se constituyeron en la base de la economía. En Escalona fue especialmente la ganadería el sector económico que más sobresalió91, algo lógico si atendemos a la ya referida posición privilegiada que ocupaba el puerto de la Venta del Cojo como lugar de tránsito de la cabaña ganadera. Esta ocupación también requería la intervención de otros profesionales para garantizar su desarrollo, especialmente cuando la cría de ganado se dirigía hacia animales susceptibles de ser empleados en la agricultura o en el trasporte de personas y mercancías.

Gráfica 1. Profesiones de mudéjares en Escalona

Gráfica 1. Profesiones de mudéjares en Escalona

Elaboración propia.

  • 92 M. Diago Hernando, “El desarrollo…”, p. 1057.
  • 93 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 216v.
  • 94 El herbaje era un derecho que cobraban los pueblos por permitir que los ganados forasteros pastaran (...)
  • 95 Según Antonio Malalana, en octubre se negociaba el contrato que recogía la petición de herbaje. Est (...)
  • 96 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 56v.
  • 97 En Moura los mudéjares tenían que abonar al monarca la cuarentena por todo el ganado que poseían, d (...)
  • 98 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 326v.
  • 99 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 328v.

32Los breves datos aportados por la gráfica también reflejan que una buena parte de los oficios ejercidos por los mudéjares de Escalona, según las fuentes municipales, guardaron relación con la ganadería. Sin embargo, apenas hay mención de mudéjares escaloneros dedicados al ganado con fines alimenticios o textiles, es decir, de ovejas, base de las cabañas trashumantes que circulaban por las vías destinadas a este fin, lo que originó, además de beneficios fiscales, una gran movilidad que se ha constatado incluso para el territorio portugués92. Solo en un caso, el de Mahomad Rubio, se puede incluir esta práctica al venir mencionado en unas pesquisas que trataban de averiguar si unas ovejas suyas se mezclaron con las de un vecino de Navalperal93. Más datos encontramos sobre otros mudéjares de fuera, gracias al registro del impuesto del herbaje94, el cual, una vez abonado, facilitaba el uso de los pastos de un término en cuestión para que pacieran los rebaños del pagador95. En el año 1498 se volvió a anotar en el Libro de Acuerdos otro cargo de herbaje, en este caso a un moro de la cercana localidad de Novés, por un valor de 1.600 maravedís96. Toda esta información es relevante porque refleja la movilidad de ciertos individuos por el desempeño de esta actividad ganadera, práctica que, al mismo tiempo, ponía en contacto a gentes de poblaciones distintas. Tal vez las comunas portuguesas con dedicación ganadera, caso de la de Moura97, acabaron entrando en relación con las cabañas castellanas que se encontraban próximas a la frontera. Las últimas citas referidas a moros o cristianos nuevos, que incluyen algunos datos en fechas posteriores a la conversión, año 1503, pero referidos a individuos cuando eran moros, también contienen información relativa al herbaje. A Mafomad Corto, vecino de Escalona, por ser él el fiador del herbaje de unas ovejas, posiblemente de otro correligionario que arrendó algunas dehesas para pasto, se le cargaron 2.460 maravedís98. Esta cita es aún más interesante porque ofrece información sobre un fiador, que debía responder económicamente por otra persona para conseguir un servicio determinado, y porque denota que entre ambos individuos, fiador y benefactor, hubo algún tipo de vinculación. La otra carga recogida en las cuentas de ese año obedece al pago que debía satisfacer un vecino de la cercana villa de Cebreros, también moro, por haber pactado una iguala por peso del ganado con el concejo para que dicho ganado pudiera pacer en la mojonera de san Martín99.

33El siguiente mapa muestra la situación de los lugares de procedencia de los individuos que pastaron con sus rebaños en Escalona o que han salido en la documentación por cuestiones afines. Aprovecharemos el mapa para incluir a Talavera y Plasencia, espacios señalados en páginas anteriores que volverán a ser objeto de estudio más adelante y que nos permiten visualizar su posición geográfica en Castilla y su distancia visual con la frontera portuguesa. Como se puede observar, todas las poblaciones se encuentran en el Oeste de España y próximas a la vía de comunicación que conecta Madrid con Lisboa pasando por Talavera y Navalmoral de la Mata.

  • 100 S. Sobrequés Vidal, “Censo…”, p. 205.
  • 101 AME. Libro de Acuerdos (1), fols. 12r, 48v, 74r, 80r, 190r, 252r, 277r y 377v.
  • 102 “…Ferrar vn cavallo veynte y quatro mrs; ferrar vn asno dose mrs…”. AME. Libro de Acuerdos (1), fol (...)
  • 103 “Otrosy con condición que non echen pyeças a ninguno de los ofyçiales del ayuntamiento de la dicha (...)
  • 104 Es el caso de maestre Chicón. AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 97v.

34Volviendo a la cuestión de la ganadería, sin duda, fueron las actividades ganaderas dedicadas al transporte, u otras relacionadas con los aparejos que debían llevar las monturas, las que más éxito tuvieron entre los mudéjares de Escalona. Entre estas últimas se encontraban los silleros. Los silleros, fabricantes de sillas de caballerías y otros arreos similares de metal100, eran indispensables para garantizar la montura de los animales utilizados para el tránsito de personas o mercancías. Alí sillero fue el personaje que, bajo nómina del concejo, cobró un salario de 200 maravedís en cada uno de los ocho años que desempeñó su oficio101. Más importancia en Escalona tuvo la profesión del herrero, porque, entre otras cosas, se encargaba de la fabricación de herraduras para los animales utilizados como montura o en labores agrícolas. Así aparece en los asientos o contratos que el concejo establecía por un año con los individuos que aceptaban ser “herreros del concejo” a cambio de ajustarse a los precios estipulados por la oligarquía local para vender sus productos102. Otro herrero ejerció su profesión bajo nómina del concejo, sin tener que desempeñar su labor atendiendo a unos acuerdos plasmados en un papel que suponía el arriendo del oficio por una cantidad fija y por un tiempo limitado. La importancia de este oficio era muy estimada, por lo que los oficiales concejiles no dudaron en extender ciertas prerrogativas, como la de no tener que abonar un impuesto de cariz municipal, dedicado a la recaudación para adquirir toros para emplearlos en las fiestas103, o la de ser franco de alcabala104. Según las fuentes, un buen número de mudéjares escaloneros ostentaron el grado de maestría, algo también muy usual en miembros de otras aljamas, que suponía contar con una alta especialización en el conocimiento y uso de ciertas técnicas artesanales.

  • 105 AME. Libro de Acuerdos (1), fol.121r.
  • 106 A. Malalana Ureña, La villa, p. 288.
  • 107 AME. Libro de Acuerdos (1), fol.490v.
  • 108 AME. Libro de Acuerdos (1), fol.111v.
  • 109 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 299r.

35La necesidad de criar asnos y caballos para fines logísticos ha quedado reflejada en las fuentes locales, al igual que la intervención de los mudéjares en esta tarea. Alí Çamarron y Abdallá tuvieron que pagar una multa por haber metido seis yeguas y un potro en la dehesa de la villa105, posiblemente porque carecían de la autorización que el concejo dispensaba para estas situaciones106. Alí Çamarron es otro de los mudéjares que más ha aparecido en la documentación local por diversas cuestiones. La cría del ganado caballar a la que aparece asociado puede tener su fundamento si atendemos a otra de las dedicaciones de Alí. Este personaje arrendó la vega de Medianedo por una cuantía de 1.200 maravedís durante tres años107. Este topónimo no ha sido posible de identificar, pero sí puede ser relacionado con un espacio dedicado a la plantación de cultivos, tal vez con miras comerciales. Alí Çamarron, junto a su hermano Abdallá y otro moro, del que no se detalla su nombre, metieron uva de fuera, por lo que incurrieron en multas que se destinaron a “faser y çercar vn corral de conçejo en que el porquero pueda encerrar los puercos y se ençierren otros ganados que traxeren prendados”108. Esta breve cita ratifica los negocios de los hermanos Çamarron: el comercio. El uso de tierras fértiles y la cría de ganado caballar va en consonancia con la actividad comercial. Para completar aún más este panorama podemos mencionar otra labor que también guardaría relación con el comercio: la fabricación de recipientes utilizados en el transporte de ciertas mercancías, entre ellas, y atendiendo a la cuestión de la uva, probablemente vino. Abdallá Çamarron obtuvo en 1483 una licencia para hacer un horno de cocer tinajas en sus casas sin “perjuysio a ningund vesino suyo, tanto que se faga desuiado de la cerca y muro de esta dicha villa e que de vn callejon entre la dicha cerca e el dicho horno para que el fuego e calor non queme las piedras de la dicha cerca nin faga en ella ningund daño”109.

  • 110 A. Malalana Ureña, La villa, pp. 270–271.
  • 111 F. Branco Correia, “Elvas…”, pp. 438 y 442.
  • 112 AGS, CCA, Ced. 5, fol. 117, doc. 7.
  • 113 M. C. Redondo Jarillo, “La comunidad…”, p. 308.
  • 114 Y. Moreno Moreno, Los mudéjares, pp. 179–185.

36El comercio fue la principal actividad económica que permitió un flujo de individuos por el largo y ancho de la península, en búsqueda de mercancías con las que abastecer a sus vecinos y con las que comerciar con otros mercaderes de fuera que acudían al mercado semanal que reorganizó López Pacheco, al incorporar la franqueza de alcabalas que ya había sido otorgada por Enrique IV en 1470110. En Elvas, por poner un caso portugués, también fue la actividad artesanal y comercial una de las más importantes fuentes de rendimiento y sustento de los musulmanes, destacando el colectivo de los zapateros. Posiblemente, ese comercio se llevó a cabo con otros lugares próximos de Castilla, porque sabemos que el rey tuvo que claudicar a la petición de los procuradores de Cortes que abogaban por permitir salir a los mudéjares del reino111, en pro de garantizar los intercambios comerciales con el reino vecino. Como hemos comentado en otro apartado, el comercio puso en contacto a gentes del otro lado con las que mantuvieron más que lazos económicos. Esas redes de contacto tejidas a lo largo del tiempo, por los diversos motivos expuestos, serían aprovechadas por los mudéjares portugueses cuando tuvieron que emigrar, lo que les permitía también entrar en trato con otras comunidades más lejanas, valiéndose de los vínculos que su nueva comunidad de destino tenía con otras aljamas. De esta manera, los musulmanes expulsados pudieron ir recalando, con el paso del tiempo, en otras villas, en búsqueda de buenas oportunidades para asentarse definitivamente. Por ahora, no hay documentación que avale estos trasvases de grupos familiares desde poblaciones cercanas a la raya con Portugal a otras más lejanas, aunque esperamos que en un futuro esta hipótesis pueda ser contrastada por nuevas investigaciones que así lo avalen. Lo que sí es verificable es el movimiento de los mudéjares a través de Castilla y más allá por diversas causas. Numerosos trabajos así lo han constatado a través de la identificación de la procedencia de los individuos o por la nisba geográfica que portaban en sus apellidos. Entre todos ellos, se puede citar uno que ha corroborado, tal y como hemos indicado en otra ocasión, la llegada de una cuadrilla de moros de Plasencia en 1501 para trabajar en la edificación de un convento franciscano en Talavera112. El hecho de que sepamos que este grupo de trabajo procedía de Plasencia radica en el apellido Bejarano que portaba el representante de la cuadrilla, identificado en otros personajes placentinos que además se dedicaban a la carpintería, y porque no eran moradores o vecinos de la villa113. Talavera, en otros tiempos, contó con un nutrido número de oficiales dedicados a la construcción114. ¿Es posible que la villa tuviera en esos momentos carencia de especialistas dedicados a estos menesteres o había numerosos frentes abiertos que no podían atender? De momento, no se puede dar respuesta a esta incógnita, aunque es posible que algunos moros talaveranos dedicados a esta actividad pudieran recalar en Escalona en virtud de la llamada del marqués, que, como hemos visto, iba dirigida a la aljama de estas tierras, entre otras.

  • 115 A. Malalana Ureña, La villa…, p. 337.
  • 116 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 46v.
  • 117 S. Tapia Sánchez, “Personalidad…”, p. 151.
  • 118 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 10r.
  • 119 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 10r.

37La necesidad de especialistas dedicados a la construcción en Escalona era un hecho, y más teniendo en cuenta que durante el último tercio del siglo XV se produjo un importante crecimiento de población, por lo que fue necesario realizar numerosas intervenciones públicas para adaptar las infraestructuras urbanas al nuevo número de pobladores115. Ante la falta de especialistas, no es de extrañar que se intentara acudir a mano de obra de personal foráneo. No era la primera vez que se recurría a gente de fuera para cubrir puestos vacantes. En 1497, a un cristiano y un mudéjar, Haçan Perexil, se les ordena derribar una pesquera116. Serafín de Tapia ha identificado a un miembro de la familia Perexil desempeñando el oficio de carpintero en Ávila, poco después del fin del mudejarismo en Castilla117. En 1477, en las quitas del padrón de Escalona, aparece “vn moro carpentero de Auila”118. No hay que descartar que ese personaje sea el mismo Haçan de Perexil documentado veinte años después, o que se trate de otro carpintero abulense interviniendo en la no muy lejana Escalona (ver mapa 1) por esas fechas. También en 1477 se cita a “carpinteros moros”, sin identificar, en un cargo monetario que impide especular si todos eran vecinos de la villa o de otros lugares119.

  • 120 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, pp. 345–348.

38Independientemente de estas últimas apreciaciones, lo que queda claro es que Escalona carecía de mano de obra cualificada y que demandaba, através de este llamamiento general, aunque así no se especifique, especialistas musulmanes que ayudaran a paliar la falta de trabajadores dedicados a levantar las infraestructuras que un crecimiento rápido de la población previo necesitaba. Población mudéjar había llegado poco antes del intento de avecindamiento promovido por el II marqués de Villena120, pero era obvio que aún faltaban más efectivos humanos cualificados para tener un mercado laboral lo más completo posible.

3. Conclusiones

39Este trabajo ha tratado de ofrecer un panorama de la Escalona que podían encontrar los musulmanes que quisieran ir a avecindarse entre sus muros. Lejos quedaban los tiempos convulsos en los que la villa se había visto involuntariamente inmersa, a raíz de los flirteos de su señor con el enemigo político número uno de los Reyes Católicos, al conseguir entrar de lleno en una etapa de desarrollo, visible en el aumento de población que experimentó a finales del Medievo. Explotar eficientemente un territorio conllevaba contar con un buen número de efectivos encargados de realizar todo tipo de trabajos y eso lo tuvo muy claro el II duque de Escalona. Al mismo tiempo, un señorío bien poblado garantizaba llenar las arcas del señor a través de los impuestos, por lo que ambas cosas, potenciar la economía local y aumentar los recursos fiscales, fueron de la mano para promover estrategias que ayudaran a remontar la crisis provocada por un contexto de guerra civil. Diego López Pacheco echó mano de población mudéjar para conseguir estos dos objetivos a través de su política de atracción de nuevos pobladores. La coyuntura política era perfecta: inseguridad en los musulmanes castellanos por los sucesos de Granada y llegada de portugueses que ansiaban retomar la normalidad de sus vidas en un nuevo reino. La posición estratégica de Escalona era buena, su economía estaba despegando y su señor, de origen portugués, que aún mantenía vínculos con la tierra de sus ancestros, ofrecía buenos incentivos para garantizar un hogar adaptado a las exigencias de los posibles moradores. De esta manera, los mudéjares expulsados podían encontrar en estos estímulos buenas excusas para acudir a la villa, una vez cruzaron la frontera y se establecieron, en una primera etapa, tal vez definitiva, en localidades próximas a la raya. ¿Se encontrarían más arropados con un señor cuya familia procedía del mismo reino?

40Asimismo, la red de contactos tejida a lo largo de décadas entre las comunidades islámicas castellanas podía poner en comunicación a los recién llegados con otras aljamas más lejanas. Hoy en día, la documentación que ha visto la luz impide encontrar los caminos que tomaron los portugueses más allá de lo que otros investigadores han especulado a raíz de las fuentes fiscales. Algunos de los señoríos, como el que aquí se ha descrito, ofrecían condiciones ventajosas a los nuevos pobladores. ¿Y en Portugal? Muchos nobles se enriquecieron cobrando sus rentas, aunque sabemos que la Corona no dejaba actuar tan libremente a los señores en sus aljamas como en Castilla. Sería interesante retomar los estudios del mudejarismo portugués, atendiendo especialmente a los pocos lugares de señorío que se desarrollaron en el reino, para hacer trabajos comparativos que ayuden a visualizar si hubo pautas de comportamiento similares en los señores a ambos lados de la frontera y si esa política benefició el trasvase de musulmanes de una comunidad a otra, jurídicamente similar, especialmente en tiempos convulsos.

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Notes

1 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”.

2 O. López Gómez, “De la…”, p. 14.

3 A. Franco Silva, “La villa…”, p. 61.

4 A. Franco Silva, Entre…, p. 71.

5 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”.

6 A. Franco Silva, Entre…, p. 134.

7 Véase E. Guinot Rodríguez, “Los mudéjares…”; F. García Marco, “Fiscalidad…”.

8 Entre los numerosos estudios dedicados a esta cuestión, cabe citar A. Echevarría Arsuaga, et al. Musulmanes…

9 Véase en especial: M. F. Lopes de Barros, Tempos…. Entre otras interesantes aportaciones, cabe citar las de H. B. Moreno, Os mudéjares…; J. R. Macedo, “Os sinais…”; R. V. Gomes, “Convivência…”, pp. 61–74.

10 M. F. Lopes de Barros, “A Ordem…”, p. 168.

11 M. F. Lopes de Barros, Tempos..., …, pp. 748-–758.

12 Véase C. Almagro Vidal, “Overlapping…”.

13 La corona les prohibió acoger a otros correligionarios que llegaran de ultramar y a los de tierras de realengo M. F. Lopes de Barros, “A Ordem…”, pp. 168–69. Esta situación no se dio en las encomiendas del resto de reinos peninsulares. En el caso de Valencia, según Enric Guinot, las limitaciones que se impusieron estarían causadas por situaciones de guerra (miedo del poder cristiano a la rebelión) y a la reacción señorial ante la pérdida de vasallos. El no poder desavecindarse de estos señoríos estaría más relacionado con nuevos establecimientos de pequeñas alquerías más que con las aljamas ya existentes. E. Guinot Rodríguez, “Los mudéjares…”, p. 34.

14 M. F. Lopes de Barros, Muçulmanos…, p. 35.

15 Véase, entre otros, J. P. Molenát, “Las relaciones…”; A. Echevarría Arsuaga, “Los mudéjares…”.

16 Entre todas las publicaciones cabe citar: S. de Moxó y Ortíz “De la nobleza…”; J. Mattoso, A nobreza…; y J. A. de Sottomayor-Pizarro, “De e para…”.

17 Como ejemplo cabe citar a João Alfonso de Pimentel, uno de los principales beneficiados con la concesión de donaciones y mercedes de d. Fernando a la nobleza. Sin embargo, su posicionamiento en contra del soberano elegido en las Cortes de Coímbra le llevó a emigrar a Castilla, obteniendo el condado de Benavente en 1398. B. Vasconcelos Sousa, Os pimentéis… pp. 146 y 287.

18 P. Romero Portilla, “Relaciones…”, p. 62.

19 J. A. de Sottomayor-Pizarro, “A Coroa…”, p. 156.

20 J. A. de Sottomayor-Pizarro, “De e para…”, pp. 908–909.

21 J. A. de Sottomayor-Pizarro, “De e para…”, pp. 889–924.

22 M. T. Chicote Pompanin, Art.…pp. 3–4.

23 A. Franco Silva, Juan…, p. 37.

24 F. Regina Fernandes, “Diogo…”, pp. 211–224.

25 E. Mitre Fernández, “La emigración…”, pp. 521–522.

26 E. Mitre Fernández, “La emigración…”, pp. 522.

27 M. T. Chicote Pompanin, Art.…, pp. 4–5.

28 J. Rebollo Bote, “La presencia…”, p. 176.

29 A. Franco Silva, Entre…, p. 136.

30 A. Malalana Ureña, La villa…, p. 266.

31 A. Franco Silva, Entre…, pp. 75–77.

32 M. F. Lopes de Barros, Tempos…, pp. 315 y ss.

33 P. Ortego Rico, “Convertirse…”, p. 246.

34 Véase J. Torró Abad, “Vivir…”.

35 Archivo Municipal de Escalona (AME), Libro de Acuerdos (2), fol. 172r y fols. 184v y 185r.

36 Véase nota 1.

37 F. Soyer, “The Expulsion…”, p. 216.

38 Entre los investigadores que han tratado este tema, cabe citar a I. M. R. Mendes Drumond Braga “Contribuição…”. Soyer hace alusión a las relaciones familiares que se dieron al otro lado de la frontera. F. Soyer, “The Expulsion…”, p. 224.

39 M. Â. Rocha Beirante, Évora…, pp. 176–179 y 202.

40 M. F. Lopes de Barros, Tempos…, pp. 155 y 165.

41 J. Rebollo Bote, “En la frontera…”, p. 72.

42 J. Rebollo Bote, “En la frontera…”, p. 72.

43 F. Soyer, “The Expulsión…”, pp. 226–227.

44 F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 224.

45 En estas ciudades, el investigador comprobó un aumento repentino en el número de hogares que pagaban las pechas entre 1496 y 1498: 30% en Plasencia, 40% en Trujillo, 60% en Alcántara, 34% en Magacela y 100% en Valencia de Alcántara. Compara este aumento con la leve disminución que observó para el caso de Hornachos, la cual contaba con una población casi exclusiva de musulmanes. También comprobó un aumento tributario en aljamas más alejadas de la frontera como Valladolid, Arévalo, Uclés, Abanilla o el valle del Ricote, estas dos últimas en Murcia. F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 224.

46 F. Soyer “The Expulsión…”, pp. 225–226. Otras breves referencias a un mudéjar y a un morisco también evidencian el asentamiento de los mudéjares portugueses en Castilla.

47 P. Ortego Rico, “Los mudéjares…”, pp. 42–56.

48 J. Rebollo Bote, “La presencia…”, p. 169.

49 M. F. Lopes de Barros, Tempos, p. 506 y F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 219.

50 F. Soyer, “The Expulsión…”, p. 222.

51 M. T. Chicote Pompanín, “El que…”, p. 647.

52 P. Ortego Rico, “Convertirse…”, p. 238.

53 Esta hipótesis fue planteada, aunque no desarrollada en Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 344.

54 A. Franco Silva, Entre…, p. 77.

55 M. C. Quintanilla Raso, “Señores…”, pp. 307–315.

56 A. Echevarría Arsuaga, “De mudéjares…”, p. 19.

57 J. P. Molénat, “Des...”, …”, p. 74.

58 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 340.

59 M. Asenjo González, “Economía…”, p. 43.

60 R. Morán Martín, “Horizontes…”, p. 90.

61 A. Echevarría Arsuaga, “La “mayoría”…

”, p. 23.

62 M. F. Lopes de Barros Tempos…, p. 44.

63 M. F. Lopes de Barros Tempos…, p. 46.

64 A. Malalana Ureña, La villa… p. 353.

65 En marzo del año 1500, y a través de un mayordomo de Pacheco, el concejo conoce la queja del “moro de la aceña”, el cual se considera agraviado con el acuerdo que asentó con la villa. El mayordomo pide a los regidores que le paguen al moro 4 mrs. mientras unos molinos no moliesen. Los miembros del concejo debaten la propuesta del representante del marqués, mostrando un cierto malestar por cuestionar las cláusulas del contrato. AME, Libro de Acuerdos (2), fol. 186v.

66 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 349.

67 Archivo Histórico Nacional (AHN), UNIVERSIDADES, leg. 746, doc. 2.

68 Véase M. F. Lopes de Barros, Tempos…, pp. 188 y ss. y J. R. Macedo, “Os sinais…”.

69 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 255v.

70 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 107v.

71 M. F. Lopes de Barros Tempos…, p. 211.

72 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 122v.

73 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 378v.

74 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 486v.

75 M. F. Lopes de Barros, Tempos…, p. 223.

76 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 281r.

77 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 281r.

78 AME, Libro de Acuerdos (1), fol. 255r.

79 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, pp. 336–338.

80 M. A. Ladero Quesada, La Hacienda…, p. 75.

81 AME, Libro de Acuerdos (2), fol. 203r.

82 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 172r.

83 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 339.

84 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 184v.

85 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, p. 342.

86 Archivo General de Simancas (AGS), RGS, Leg, 149007, doc. 521.

87 P. Ortego Rico, “Los mudéjares…”, p. 56.

88 G. Carrasco García, “Segregation…”.

89 Y. Moreno Moreno, “El el negocio…”, p. 150.

90 Ambas poblaciones pusieron en marcha en 1248 una hermandad para que los concejos de Plasencia y Talavera consiguieran anular los intentos expansivos de Ávila hacia el sur de la Sierra de Gredos. C. Pacheco Jiménez, “Carta…”, pp. 116–117.

91 A. Malalana Ureña, La villa, p. 258.

92 M. Diago Hernando, “El desarrollo…”, p. 1057.

93 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 216v.

94 El herbaje era un derecho que cobraban los pueblos por permitir que los ganados forasteros pastaran en sus términos y por el arrendamiento de los pastos y dehesas. Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8.1 en línea]. https://dle.rae.es [29 de abril de 2026].

95 Según Antonio Malalana, en octubre se negociaba el contrato que recogía la petición de herbaje. Esta se trasladaba al mayordomo del marqués, quien anotaba el número de cabezas, el tipo de ganado y la cuantía correspondiente en maravedís. El gobierno oligárquico, con intereses ganaderos, chocó en más de una ocasión con el señor por esta cuestión. A. Malalana Ureña, La villa, p. 308.

96 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 56v.

97 En Moura los mudéjares tenían que abonar al monarca la cuarentena por todo el ganado que poseían, de 40 cabezas de ganado. Entre ese ganado también se contabilizaban las ovejas. M. F. Lopes de Barros, Tempos, p. 49.

98 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 326v.

99 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 328v.

100 S. Sobrequés Vidal, “Censo…”, p. 205.

101 AME. Libro de Acuerdos (1), fols. 12r, 48v, 74r, 80r, 190r, 252r, 277r y 377v.

102 “…Ferrar vn cavallo veynte y quatro mrs; ferrar vn asno dose mrs…”. AME. Libro de Acuerdos (1), fols. 302r.

103 “Otrosy con condición que non echen pyeças a ninguno de los ofyçiales del ayuntamiento de la dicha villa nin a Juan Sanches de la Guadamilla el çiego nin a maestre Aly sillero moro de esta villa nin a maestre Abdalla herrero moro de esta villa nin a Juan de Guadarrama nin a Alonso Ferrandes de la Torre escrivano vesino de esta dicha villa a los quales los dichos señores alcalldes e regidores fysyeron lybres y esentos de agora e para siempre jamás que non les echen pieças nin las paguen”. AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 225v.

104 Es el caso de maestre Chicón. AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 97v.

105 AME. Libro de Acuerdos (1), fol.121r.

106 A. Malalana Ureña, La villa, p. 288.

107 AME. Libro de Acuerdos (1), fol.490v.

108 AME. Libro de Acuerdos (1), fol.111v.

109 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 299r.

110 A. Malalana Ureña, La villa, pp. 270–271.

111 F. Branco Correia, “Elvas…”, pp. 438 y 442.

112 AGS, CCA, Ced. 5, fol. 117, doc. 7.

113 M. C. Redondo Jarillo, “La comunidad…”, p. 308.

114 Y. Moreno Moreno, Los mudéjares, pp. 179–185.

115 A. Malalana Ureña, La villa…, p. 337.

116 AME. Libro de Acuerdos (2), fol. 46v.

117 S. Tapia Sánchez, “Personalidad…”, p. 151.

118 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 10r.

119 AME. Libro de Acuerdos (1), fol. 10r.

120 Y. Moreno Moreno, “Muslims…”, pp. 345–348.

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Yolanda Moreno Moreno, “Pautas de comportamiento en un escenario de inseguridad”, Hamsa [Online], 12 | 2026, Online since 14 September 2026, connection on 05 October 2026. URL: http://journals.openedition.org/hamsa/5528; DOI: https://doi.org/10.4000/16rkm

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