Navigation – Plan du site

AccueilNuméros27Le Panama, trait de (dés)union en...Modernidad, progreso y raza en Pa...

Le Panama, trait de (dés)union entre le Nord et le Sud

Modernidad, progreso y raza en Panamá 1903-1936

Modernity, Progress, and Race in Panama 1903-1936
Modernité, progrès et race à Panama 1903-1936
Patricia Pizzurno

Résumés

Ce travail analyse les idées sur la modernité, le progrès et la race partagées par les élites panaméennes au cours des premières décennies du XXe siècle, ainsi que les stratégies adoptées pour civiliser, blanchir et régénérer la race panaméenne jugée faible, dans le but de modifier l’image transmise d’une « république noire ». Le problème racial s’aggrava lorsque les États-Unis imposèrent un protectorat et firent venir des dizaines de milliers de travailleurs antillais – perçus comme inférieurs – pour la construction du canal. Les mythes initiaux des élites concernant la mission civilisatrice des États-Unis et la construction d’une nation cosmopolite commencèrent à se fissurer après l’expulsion des ouvriers licenciés de la Zone du Canal, à partir de 1915. Un processus de diabolisation des États-Unis s’enclencha alors, menant au mouvement hispaniste-nationaliste dans le contexte du panaméricanisme. Parallèlement, les jeunes Panaméens envoyés à l’étranger pour étudier la médecine commencèrent à revenir, porteurs de nouveaux savoirs eugénistes visant à améliorer la race. Tout cela, au milieu des ambigüités, tensions et contradictions qui marquèrent la construction de la modernité hybride au Panama.

Haut de page

Entrées d’index

Palabras claves:

modernidad, progreso, raza, élites, eugenesia
Haut de page

Texte intégral

  • 1 En 1846, el escritor Justo Arosemena en un artículo titulado “Il dolce farniente” destacaba la apat (...)

1Desde mediados del siglo XIX, en Hispanoamérica, un lugar imaginado inferior por los ojos civilizados, las élites eurocentristas anhelaban abrirle paso a la modernidad y el progreso. Al igual que la burguesía europea y estadounidense, creían que la ciencia, la técnica y el trabajo movían la rueda del progreso y ansiaban activar el capitalismo industrial, apropiarse de los medios de producción, los modelos de sociedad, la educación, la cultura y los descubrimientos en el campo de la medicina y la biología, que necesitaban importar e imponer para regenerar a la población y ponerla a producir, transformar a las muchedumbres indolentes en homo laborans, homo faber, condición sin la cual no habría progreso1. En el camino, construyeron ferrocarriles y monumentos, organizaron exposiciones y se establecieron en París y otras capitales europeas, para experimentar de primera mano la civilización, porque solo lo europeo, particularmente “la Francia de nuestros sueños” como suspiraba el argentino Domingo Faustino Sarmiento (Sarmiento D. F., 1981: 81) –“nuestra madre espiritual”, al decir del tres veces presidente de Panamá Belisario Porras (Memoria presentada a la Asamblea Nacional por el Secretario de Relaciones Exteriores, 1924: 125)–, era sinónimo de civilización. Allí se definía lo urbano, lo universal, lo ecuménico, lo moderno, el progreso, mientras que acá, del otro lado del charco, lo local, lo autóctono, lo rural, la tradición y la piel oscura representaban la barbarie.

2La fe en el progreso, la religión de la época, se fortaleció de la mano de las ideas positivistas, evolucionistas y del darwinismo social en las que las élites fundaban sus creencias. Conceptos como evolución, progreso y civilización se vincularon al liberalismo y la democracia para dar respuesta a los problemas derivados de la construcción nacional (Irurozqui M., 1999: 267). Entretanto, otros campos de experimentación y observación en las ciencias, la medicina y la educación propiciaron el surgimiento de una tímida ola de esperanza entre las élites que les permitió pensar que era posible mejorar el factor humano deficiente. En 1906, Ricardo Arias, secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores, escribió: “Nueva civilización y nuevos elementos entran al país; la ley de la supervivencia del más apto se hará sentir(Memoria presentada a la Asamblea Nacional por el Secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores, 1906: VI).

  • 2 Sobre el concepto de raza en Panamá, véase Pizzurno P., 2016, y para América Latina, Olaya Peláez e (...)

3En la representación de las jerarquías de las sociedades humanas que promovía el darwinismo social, la América hispana determinada por la geografía y la raza, ocupaba uno de los últimos lugares. A mediados del siglo XIX, Justo Arosemena escribió que la población istmeña era “apática por naturaleza, porque es el resultado de las tres razas más indolentes –indígena, española y negra” (Justo Arosemena, Il dolce farniente, 1846, en Tello Burgos A., 1985: 27-33). De manera que el anhelo de figurar en el concierto mundial de naciones civilizadas desembocó en la necesidad de corregir la anarquía racial resultado de las mezclas de las razas inferiores, degeneradas y enfermas, para lo cual se hacía necesario vigilar el progreso biológico a fin de superar la apatía, la pobreza, el color y el atraso2.

Los agentes del progreso: raza, canal, Estados Unidos

4El primer censo republicano realizado en Panamá en 1911 (Memoria que el Secretario de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones de 1920: 2) reveló un panorama étnico devastador para las élites: menos del 14% de la población era blanca, mientras que el restante 86% era indígena, negra y de razas mezcladas. Para entonces, la república contaba con 341.090 habitantes, lo que arrojaba una densidad de población de poco más de 4 habitantes por km2. Entre el 75 y el 80% de los habitantes eran analfabetos y vivían en el medio rural, en un territorio archipiélago con comunicaciones limitadas, donde la esperanza de vida rondaba los 30 años, mientras que setenta y dos latifundistas acaparaban seis de los ocho millones de hectáreas del territorio.

  • 3 Entre 1910 y 1919 existieron, por lo menos, tres proyectos oficiales para fomentar la inmigración d (...)

5Dado que la anarquía racial era imaginada como uno de los principales obstáculos para el progreso, no resultó extraño que la ley 6 de 1904 prohibiera la inmigración de chinos, turcos y sirios –aún no se mencionaba a los negros antillanos– y que, muy pronto, le siguieran otras normas para fomentar la inmigración de europeos civilizados3.

6A decir verdad, a inicios del siglo XX, la idea de progreso en Panamá no la definía la raza, por muy importante que fuera para las élites, porque el epítome del progreso era la construcción del canal. El canal –o la sola idea de su construcción– articuló el sueño de progreso y felicidad entre los grupos de poder. Para el primer presidente de la república, el conservador Manuel Amador Guerrero, el canal produciría “una revolución industrial y económica de incalculable trascendencia” (Manifiesto de M. Amador Guerrero, 20 de febrero 1904, en Cardona Conte J. A., 2019: 31), mientras que para el político liberal Eusebio A. Morales “en el mundo no hay premio disputable más grande que el Canal de Panamá” (Morales E. A., 1999: 207), en tanto que en 1924, durante su último mandato, el presidente Belisario Porras fue más lejos aún al supeditar la existencia de la república al canal: “la república de Panamá existe por y para el Canal” (Acción Comunal, 1928: 51). Es cierto que el único valor real que las élites le reconocían a su territorio era su posición geográfica y su condición de istmo, por tratarse de un sitio privilegiado para alojar el canal que uniría ambos océanos. Meses antes de la independencia de 1903, Ricardo Arias, perteneciente a una de las grandes familias terratenientes de Panamá, escribió: “sin Canal el Istmo no vale más que la depauperada costa del Pacífico colombiano […], la disyuntiva es: Canal o emigración” (Clare Lewis H. 1966: 30).

7Para 1903, las élites imaginaban que la construcción del canal sería el disparador del progreso, la avenida por la cual ingresarían la civilización, la modernidad y todo lo bueno que Europa y Estados Unidos tenían para ofrecer, porque el canal era el dispositivo moderno por excelencia gracias al cual los panameños resolverían todos sus problemas y serían ricos y felices.

  • 4 Marisol de la Cadena (2007: 18) menciona que Gustave Le Bon era de opinión que el destino de Améric (...)

8Con un pensamiento de corte spenceriano, creían que había naciones superiores, cuya preponderancia estaba determinada por la geografía y la raza, que debían dominar a las inferiores para garantizarles la civilización, la modernidad, el progreso y legarles una historia. En consecuencia, pensaban que Estados Unidos debía cumplir su mandato civilizador sobre Panamá porque, de lo contrario, la nueva república estaba destinada a convertirse en “una colonia salvaje del África” (El Heraldo, Panamá, 22 de septiembre de 1922: 3)4.

  • 5 Eusebio A. Morales (1999: 130-131) y Belisario Porras (2021: 23), entre otros, pensaban que en la r (...)

9Creían en la construcción de una sociedad cosmopolita y civilizada, gracias al establecimiento de europeos y estadounidenses que llegarían una vez que se inaugurara el canal. Creían en la jerarquía de las razas, incluso entre los mismos blancos. No era lo mismo ser teutón o anglosajón, fuerte y hermoso, que ser latino, hispano y, ni qué hablar, de ser negro, indígena o el resultado de las mezclas raciales (Reseña Escolar, 1907: 67-68). El progreso tenía un carácter marcadamente biológico, lo que conllevaba la purificación y regeneración de la raza panameña para convertirla en un agente de progreso, sin que ello significara el ascenso social del pueblo. Imaginaban que en el interior del país prevalecía la población blanca de origen hispano, excepto en Bocas del Toro, el Darién y las ciudades terminales. Por eso, les resultaba difícil identificarse como un nigger country5.

10Creían en el progreso como resultado de la ciencia, la técnica, la industria aplicada a las comunicaciones, particularmente los ferrocarriles, por la influencia –común en América Latina– de las ideas positivistas y sansimonianas heredadas del siglo XIX. Para un liberal como Guillermo Andreve, el ferrocarril era sinónimo de progreso, “un chantecler de acero que lleva un himno al progreso […], en todo ferrocarril viajan […] dos grandes potentados repartiendo a manos llenas: la riqueza y el trabajo” (Andreve G., 1979: 143).

11Para los políticos liberales, progreso era también la educación laica, pública, obligatoria y gratuita, aunque preferían educar a sus hijos en forma tradicional, en escuelas religiosas, junto a los hijos de los conservadores, porque los convencionalismos sociales así lo imponían y porque, además, no consideraban conveniente educarlos codo con codo con los hijos de los pobres (Céspedes F., 1985: 46-84; Pizzurno P., 2016: 177-218).

12Creían ciegamente en el destino de la república de Panamá como conector del mundo. El Pro Mundi beneficio del lema del escudo nacional, que coincidía con el de la Zona del Canal: The land divided the world united, lo que, además, justificaba la independencia de Colombia y legitimaba el surgimiento de la república.

13Con la fundación de la república llegaron los procesos de normalización del Estado que dieron como resultado la organización de una república democrática representativa, en su corpus legal, aunque en la práctica se convirtió en el patrimonio de unas pocas familias de la oligarquía que se alternaban religiosamente en el poder. Una modernidad híbrida, que intentaba articular y armonizar la tradición conocida con lo moderno deseado, un proceso complejo y temido no solo por el pueblo, sino también por las mismas élites encargadas de gestionarla (Pizzurno P., 2016: 12).

14En los primeros años, las élites narraron la nación como la víctima de Colombia, la república surgida del atraso del siglo XIX y de las ruinas de la Guerra de los Mil Días, rescatada por el benefactor y poderoso “dios blanco”, Estados Unidos, que buscaba el progreso y la felicidad de los panameños. Este rápido proceso de endiosamiento y la idea de enriquecimiento llevaron a muchos panameños a barajar la posibilidad de la anexión, como observó Ricardo J. Alfaro desde las páginas de La Palabra (26 de febrero 1906: 3). Años después, cuando la culminación de las obras produjo desajustes y reajustes y se combinó con el desembarco de nuevas ideas sociopolíticas y con un poderoso sentimiento de decepción hacia los estadounidenses, llegó el momento de la demonización del “dios blanco”, que se convirtió en el nuevo victimario de la pequeña república.

15Pero antes de que eso ocurriera y pese a las frecuentes controversias, las élites imaginaban a Estados Unidos como “el gran modelo a imitar” (Hoja suelta de 1908, citada por Conniff, M., 1985: 40); “protector de nuestra nacionalidad” (Memorándum del Directorio del Partido Liberal 1908, reproducido en La Palabra, 27 de agosto de 1910); “mejor amigo de quien no podemos temer ni sospechar” (Porras B., 1912, en National Archives and Records Administration, M607, rollo 4); “guía de nuestra moralidad” (Porras B., en El Heraldo, 12 de diciembre 1927, n°457).

16Por su parte, el pueblo tenía una visión más realista, menos solemne de los estadounidenses. A este nivel, se desarrollaron relaciones tensas, contradictorias y violentas atravesadas por sentimientos ambivalentes de amor/odio, admiración/rechazo, porque, pese a la brutalidad desplegada por ambas partes, a la postre, muchos panameños querían vivir en la Zona, comprar en los comisariatos, tener una novia gringa, mejorar la raza y viajar a los States.

17Un tamborito de los años 1920 recogió algunos de los imaginarios populares respecto a los estadounidenses:

Panameños, panameños
Los gringos son los que mandan
Coge tu gringo Tomasa
Que el gringo te hace tu casa
Coge tu gringo Tomasa
Que el gringo mejora la raza.
(Tejeira G. B., 2003: 199).

Modernidades urbanas y amenazas sociales: la reconstrucción de la hispanidad

18Desde su nacimiento en 1903, Panamá no solo era una república oligárquica y patrimonialista, sino que también era un protectorado de Estados Unidos, con una violencia sostenida por las desigualdades. Detrás de la gloriosa narrativa canalera que frecuentemente asumían como propia, las élites no eran indiferentes a la prepotencia y las humillaciones proferidas por la diplomacia estadounidense y las autoridades de la Zona del Canal, así como tampoco a la acelerada proletarización y ennegrecimiento de la ciudad capital, situación que profundizó las viejas asimetrías sociales, de las cuales, con buen olfato comercial, no tardaron en sacar partido.

19Con el desembarco de los estadounidenses y el modelo que representaba la construcción de la Ciudad Jardín de Balboa (Zona del Canal), se hizo evidente que las élites istmeñas buscaban una representación civilizada de sí mismas y de su espacio urbano, tanto como ser protagonistas de la nueva historia que se estaba escribiendo con la excavación del canal. Con la capital saneada por William Gorgas a partir de 1905, se propusieron monumentalizarla con obras de arquitectura clásica. También construyeron plazas, parques y estatuas que celebraban las vidas de los próceres, mientras cumplían una función pedagógica necesaria para construir la nueva nación, al tiempo que se convertían en la mirilla de la modernidad. Teatro, palacios neoclásicos y neorrenacentistas, museos completaban el paisaje urbano, al tiempo que se levantaban los modernos barrios de La Exposición y Bella Vista (Samos A., 2017: 190-219). En pocos años, Panamá contó con edificios civilizados que incluían una casa de ópera, palacios de Gobierno y Municipal, el Instituto Nacional, el monumental hospital Santo Tomás y los Archivos Nacionales, el “bello palacio de estilo griego que no solo contribuyó a hermosear nuestra ciudad sino también a prestigiarla […], una joya arquitectónica de mérito” (Mensaje dirigido por el Presidente de la República de Panamá a la Asamblea Nacional, 1 de septiembre de 1924, en Pizzurno P. y Muñoz M. R., 1992: 151).

20Pero al tiempo que urbanizaban y civilizaban el sector blanco de la ciudad, esas mismas élites sedientas de ganancias fortalecieron el surgimiento de barrios marginales, slums, para alojar a los miles de trabajadores afroantillanos de la Zona del Canal en estrechos e insalubres cuartos de inquilinato. “Inmensas jaulas”, “casas pueblo”, consumidas por la tuberculosis y la sífilis, donde las normativas sanitarias no se aplicaban (Porras D., 1960: 69). Como resultado de esta política, la ciudad capital se convirtió en un amplio espacio de contradicciones, desigualdades y tensiones sociales, máxime si tenemos en cuenta su crecimiento demográfico vertiginoso: 22.000 habitantes en 1905; 46.000 en 1911; 56.600 en 1920; 94.405 en 1930 (Pizzurno P., 2016: 55).

21Simultáneamente, la capital y Colón se convertían en ciudades-pecado, grandes prostíbulos para satisfacer la demanda de los soldados estadounidenses, por contraposición a la puritana Zona del Canal donde no había cantinas ni cabarets, salas de juego o burdeles.

22Más allá de las ciudades terminales con sus modernidades híbridas, estaba el interior del país, anclado en la tradición. La célebre feminista Clara González de Behringer, fundadora del Partido Nacional Feminista, recordaba su infancia en los

[] villorrios anémicos que vegetaban en un subdesarrollo espantoso [donde] los latifundistas […] eran dueños […] de las peonadas campesinas que vivían en una esclavitud ominosa […] con una miseria degradante y las enfermedades endémicas, amén de un trato en el que el respeto […] no tenía cabida. (citada por Marco Serra Y., 2007: 42).

  • 6 Belisario Porras en su Mensaje a la Asamblea Nacional el 1 de septiembre de 1916 (en Pizzurno P. y (...)

23Liberales como Belisario Porras, Carlos A. Mendoza y Eusebio A. Morales compartían esta visión6. Eso, sin tener en cuenta a los indígenas sometidos a un violento proceso de aculturación o invisibilizados. Entretanto, en la capital, políticos e intelectuales debatían la realidad del interior, sin atreverse a intervenir, porque, a fin de cuentas, los gamonales y los jefes de pueblo garantizaban los sufragios de la clientela. Muchos de estos campesinos sin educación ni oficio emigraban a la capital y a la ciudad de Colón, que imaginaban como emporios de riqueza y modernidad, aunque al llegar les aguardaba otra realidad muy diferente: pobreza, abusos, humillaciones y “cuartuchos oscuros e infectos”, verdaderas pocilgas (Morales E. A., 1999: 186).

24A partir de 1915, los problemas socioeconómicos y demográficos se agravaron como resultado del estallido de la Primera guerra mundial en julio del año anterior, seguido al mes siguiente de la inauguración del canal y de la expulsión de la Zona del Canal de decenas de miles de trabajadores hacia las ciudades terminales. Como si fuera poco, nuevos actores sociales e ideas comenzaron a llegar a Panamá. Ideas de la revolución mexicana, bolchevique, de las Internacionales de sindicatos y partidos socialistas, anarquistas, feministas, que entraron en pugna con los gobiernos oligárquicos, mientras los efectos de la guerra aumentaban la inflación, reducían el ya menguado poder adquisitivo de los obreros y trepaba el desempleo.

  • 7 David Marcilhacy (2023: 431) transcribe una carta que Ricardo J. Alfaro le dirigió al presidente Ro (...)

25Este escenario de conflicto aceleró el proceso de nacionalización, el acercamiento a las repúblicas hispanoamericanas y la reconstrucción del pasado hispano por parte de la élite intelectual y de la clase media, mientras avanzaba la demonización de Estados Unidos7, se renunciaba al modelo cosmopolita de nación y se consolidaba la corriente ruralista, todo ello, en el contexto del panamericanismo. Con la ciudad capital culturalmente caribizada, étnicamente ennegrecida, intervenida y degradada, el acercamiento a España y a las hermanas repúblicas hispanoamericanas parecía el único camino para destrabar la construcción nacional cosmopolita, no sólo porque significaba la recuperación de un pasado imaginado como más digno, sino también porque allanaba el camino para concertar una alianza cultural y espiritual con las repúblicas hermanas, al tiempo que recuperaba las raíces europeas de los panameños (Marcilhacy D., 2023: 321-327).

26Pese al surgimiento de sindicatos, agrupaciones, de sociedades nacionalistas como Acción Comunal y al acelerado proceso de demonización de Estados Unidos, esta nación continuó marcando el rumbo de Panamá a través de su diplomacia y también de las poderosas corporaciones como la United Fruit Company, Chase National Bank, The National City Bank, Tropical & Telegraph Company, Panama Electric Light Company y, a partir de 1929, Pan American Airlines. Otras formas más sutiles de ejercer su mandato civilizador llegaron de la mano de las misiones religiosas, del establecimiento del Instituto Smithsonian y la Fundación Rockefeller, de los viajes de estudio de Universidades como Harvard y Pennsylvania cuyos científicos excavaron el sitio arqueológico Conte (provincia de Coclé) y compraron a la familia Conte “tres toneladas de huacas panameñas” por 1.611,93 balboas, con el visto bueno del gobierno nacional (Brannan Jaén B., 2008).

27Para mediados de los años 20, no pocos panameños estaban convencidos que el canal era una poderosa fuerza antinacional y que su construcción había deformado la economía y la cultura, mientras rechazaban “la idiotez budista” de imitar a los norteamericanos y proponerlos “como modelos, patrón y dechado de cultura, arte y ciencia, según la cual deben desenvolverse las repúblicas […] para poder figurar en el concierto de los pueblos civilizados” (Acción Comunal, 1928: 57). Sentían también que el canal era “tan extraño a la república como si corriera por territorio de África o de Europa, cual si fuera el de Suez o el de Kiel […], una nueva historia en la que los panameños no tienen participación ha sustituido a la antigua” (Terán O., 1933: 457). Lejos de traer riqueza y progreso, no era más que “una gran ilusión”, un espejismo, en palabras de Ricardo J. Alfaro (Araúz C. A. y Pizzurno P., 2003, tomo II: 499). El desencanto fue tan profundo que, hasta la posición geográfica, el mito fundacional de la república, entró en crisis (Acción Comunal, 1928: 191).

28Por su parte, Estados Unidos que se autopercibía como el domesticador de los trópicos, pensaba que los panameños eran ingratos porque no reconocían la epopeya de la construcción del canal, ni valoraban el trabajo de saneamiento de las ciudades de Panamá y Colón, ni la transformación de la representación de la pequeña república de una selva pestífera a un paraíso tropical. Para los norteamericanos, Panamá no era más que una jungla atravesada por su canal, una insignificante república degenerada habitada por “unos seres de unas cuantas pulgadas con plumas y taparrabos”, perezosos e inútiles (Acción Comunal, 1928: 57-58). Estas estrategias coloniales descalificadoras terminaron por desarrollar en las poblaciones locales complejos de inferioridad frente a los extranjeros que, de muchas maneras, perviven aún hoy.

Ciencia, raza y moral

29Tras bambalinas, siempre latente, se mantenía la discusión acerca de la raza. Con una élite intelectual admiradora de las ideas de Gustave Le Bon y de Alexis Carrel y con el Jim Crow en la Zona del Canal, no fue extraño que los asaltara la angustia por la “raza de los pobres” (Sánchez M., 2014: 5) y el temor a no lograr frenar los azotes de la tuberculosis, la sífilis, el alcoholismo y la prostitución que consideraban inherentes a la raza.

30Por ello, Guillermo Patterson jr. y Arnulfo Arias Madrid, el primero graduado en Física y Química por la Universidad de Notre Dame y, el segundo, en Medicina por Chicago y Harvard, eran partidarios del mestizaje constructivo, el cruzamiento entre blancos e indígenas para crear una raza nacional mestiza que produciría “un producto cultural” superior al indio. (Patterson jr. G., 1930: 38). En realidad, se trataba del blanqueamiento progresivo de la población en términos biológicos y culturales. Al igual que Joseph Arthur de Gobineau, ambos rechazaban la mezcla de indios o blancos con negros porque no eran razas afines y desconfiaban de las capacidades de sus productos: el zambo y el mulato, en una época en que se pensaba la raza como un factor determinante de progreso o atraso.

31La propuesta del mestizaje no era un asunto nuevo en Panamá y ya tenía un nicho en la imaginación de las élites de inicios de la república, tal como se puso de manifiesto en la novela de Ricardo Miró Las Noches de Babel, en la que describió a la protagonista Tina de Albarán –hija de un castellano y “una legítima chola de nuestras montañas”– como “francamente bella” en quien se “resumían perfeccionadas las características de las dos razas” (Miró R., 2002: 73). Años después, en 1929, en el folleto La República de Panamá en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929: 10), se consolidó la imagen de una república mestiza, mientras se fortalecía el rechazo a reconocerse como una nación india o negra de cara al exterior. En el mismo, se consagraba “un nuevo tipo de civilización mestiza”, al describir a la raza panameña como “una subraza de singular belleza entre las mujeres y de vigor y buenas proporciones entre los hombres”.

32Pero no todos compartían la solución del mestizaje. El siempre influyente pedagogo Octavio Méndez Pereira concluyó en 1920 que era inadecuado, porque disociaba los “caracteres psicológicos ancestrales y los físicos, debilitaba las fuerzas del medio social cuyo resultado era un pueblo similar a una masa plástica sensible a todos los influjos” (Diario de Panamá, 3 y 8 de noviembre de 1920) y fue más lejos aún cuando, cuatro años después, desde la Secretaría de Instrucción Pública, observó que el problema de “los retardados y anormales” obedecía, entre otros factores, a condiciones raciales (Memoria que el Secretario de Instrucción Pública le presenta a la Asamblea Nacional, 1924: 25).

33Detrás de esta construcción subyacía el verdadero problema: el acelerado crecimiento de la población afroantillana que, naturalmente, quedó por fuera del constructo de la nación, en momentos que las élites buscaban deshacerse de su reputación de república negra.

34El problema de la raza estuvo en el centro del debate político en 1910, en ocasión de la llamada affaire Mendoza, cuando la élite conservadora aliada con los diplomáticos estadounidenses rechazó la reelección del Designado mulato Carlos A. Mendoza por considerar que era “una vergüenza” que ocupara la presidencia de la república, pues “otros países juzgarían mal a Panamá” (Carta de Reynold Hitt al Departamento de Estado, 10 de agosto de 1910, en National Archives and records Administration, Serie M607, rollo 3).

35Al despuntar los años 20, cuando comenzaron a regresar los jóvenes becados a inicios de la república para estudiar medicina en universidades europeas y estadounidenses, se impusieron nuevas visiones acerca de la raza y la salud. La apropiación de los saberes modernos por parte de estos profesionales, enfrentó a la sociedad por primera vez con la antropología criminal, la frenología y, naturalmente, la eugenesia, como ideología de progreso biológico, mientras aportaban soluciones para la supuesta mala calidad de la población, se adoptaban medidas públicas para su regeneración y se fomentaba la revolución del agua y del jabón para mejorar la vida de los pobres.

  • 8 En noviembre de 1917, el Doctor Nicolás A. Solano denunció en las páginas de La Revista Nueva (tomo (...)

36Científicos y médicos panameños como Guillermo Patterson jr., José Guillermo Lewis, Federico Calvo, José E. Calvo, Nicolás Solano, Ciro L. Urriola, Arnulfo Arias, entre otros, abogaban por imponer una combinación de saberes eugenésicos y neolamarckianos a través de la educación, el matrimonio inteligente, el examen médico prenupcial, el control de la natalidad, el mejoramiento de las condiciones de vida de la madre y del niño y de los trabajadores, la puericultura, la cultura física, las campañas de salud pública e higiene, el control de la inmigración y hasta las esterilizaciones. Estos médicos tuvieron un papel activo en la construcción del ideal de un “nuevo espíritu nacional” (Memoria que el Secretario de Instrucción Pública le presenta a la Asamblea Nacional de Panamá, 1924: 126), alertando a través de la prensa escrita y de la radio cómo prevenir las enfermedades e incursionando en los terrenos de la política desde donde impulsaron la aprobación de leyes eugenésicas y promovieron campañas de salud pública, al tiempo que denunciaban las condiciones de vida inhumanas del proletariado y los bajos salarios que en nada contribuían a perfeccionar la raza y garantizar el progreso (Pizzurno P., 2016: 219-241)8.

37Uno de los ejemplos más acabados en este sentido lo constituye José Guillermo Lewis, graduado de médico por la Universidad de Georgetown, quien combinaba una visión neolamarckiana con propuestas en las que predominaban los factores hereditarios. Así, mientras escribía que “el desarrollo intelectual y moral era semejante a lo que rodeaba al individuo”, dio inicio a una cruzada para estimular la vitalidad racial, promoviendo un programa defensivo de la raza que se plasmó en la ley 54 de diciembre de 1928, que imponía el examen médico prenupcial para evitar la degeneración racial, eliminar las taras y alcanzar “el mejoramiento físico de nuestra nacionalidad” (Lewis J. G., 1932: 130).

38Para otros, como Guillermo Patterson jr –quien en sus inicios fue un fiel seguidor de la teoría eugenésica de Francis Galton–, la herencia lo regía todo, tanto las enfermedades físicas como las del alma, la tendencia al crimen, a prostituirse o a alcoholizarse. Imaginaba a los nórdicos como “la raza superior”, mientras estigmatizaba a los afroantillanos: “degenerados y de estética deformada. Propuso una serie de medidas encaminadas a regenerar a la “debilucha” raza panameña, entre las cuales estaban: imponer el servicio militar obligatorio para los nacionales en la Zona del Canal, la importación de cien mil campesinas italianas “fuertes, rollizas, saludables” para mejorar la raza, promover “el matrimonio inteligente” propuesto por el eugenista francés Alexis Carrel, la enseñanza de la educación física y de la educación sexual en los colegios, repatriar a los antillanos, impedir los matrimonios mixtos entre panameños y antillanos, penalizar al “padre de cantina” que no se responsabilizaba de sus hijos, así como la esterilización de los enfermos y anti sociales (Patterson jr G., 1930). En su discurso, la estética ocupaba un lugar privilegiado, por eso en una conferencia pronunciada en abril de 1924 ante la Confederación de Padres de Familia, titulada Mejoremos a nuestros hijos, subrayó que era deber de los panameños aspirar a que sus hijos se alejaran de los modelos del “hotentote” y del “pigmeo” (Patterson jr G., 1953: 16).

39Mientras las élites políticas, científicas e intelectuales alentaban la necesidad del blanqueamiento progresivo, también reafirmaban la idea de construir una sociedad jerarquizada basada en la exclusión, gracias a la cual solo la cúpula blanca y rica estaba en capacidad de disputarse el poder político. Una de las formas más explícitas de excluir al proletariado de los tejemanejes de la alta política fue categorizar la educación. Con este fin se construyó la Escuela de Artes y Oficios en 1907 para enseñar trabajo manual al proletariado, mientras el Instituto Nacional inaugurado dos años después se concibió para educar a los hijos de la clase dirigente y de los grupos medios (Memoria que el Secretario de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional en 1924: 100 y 127). Es más, en la Memoria que el Secretario de Instrucción Pública le presentó a la Asamblea Nacional en 1912 (40) redactada por los liberales, se dejó constancia que las clases pobres “no aprovechan” aún los estudios secundarios, en tanto que al año siguiente, la Asamblea Pedagógica concluyó que:

[] la cultura que se da al niño ha de ser adecuada a la futura posición social que ocupe o pueda ocupar, por esta razón la enseñanza debe ser distinta siempre que sean diferentes las clases sociales en que más tarde ha de vivir el alumno. (Cantón A., 1955: 52)

40La búsqueda de la salud y la higiene para la raza de los pobres fue la cara más visible de la eugenesia positiva. En 1914, llegó la Fundación Rockefeller, en 1917 se fundó la Cruz Roja, en 1920 se organizó la Junta de Higiene. El higienismo formaba parte de un plan de moralización de las conductas populares y junto con la educación y los programas de salud pública constituyeron pilares del programa eugenésico. Estas prácticas se enfocaron en los grupos populares que, en el imaginario de los científicos, eran los portadores de la semilla de la degeneración biológica y de la enfermedad.

41La alianza entre educación e higiene fue estratégica para mostrarle a la población nuevas formas de vida consideradas civilizadas. Por eso, la Oración del Buen Niño de 1918 era un manual civilizador que se recitaba al comienzo de cada jornada escolar (Memoria que el Secretario de Instrucción Pública le presenta a la Asamblea Nacional en 1918: 292) y que, en 1924, se combinó con el Código de Salud de las Escuelas, en el que se transcribía la oración Mi cuerpo es el templo de mi alma (Memoria que el Secretario de Instrucción Pública le presenta a la Asamblea Nacional en 1924: 196).

42Pero, a la postre, las buenas intenciones no lograron soslayar la improvisación, el desorden, las contradicciones y las periódicas contracciones económicas, así como el miedo que despertaban las muchedumbres, ni tampoco amortiguar el rechazo por parte del pueblo a los cambios a su cultura plebeya impuestos desde arriba. La organización de campañas sanitarias en casas de inquilinato y en escuelas que carecían de agua; la promoción de ligas antialcohólicas, simultáneamente al otorgamiento de permisos para la apertura de nuevas cantinas –la capital contaba con 500 y Colón con 350 en la década del 20–, el rechazo a las leyes regulatorias de la prostitución, así como la inauguración de clínicas de profilaxis venéreas que eran cascarones sin personal ni insumos, constituyen apenas algunos ejemplos.

Consideraciones finales

43Las élites panameñas de inicios del XX identificaban la modernidad y el progreso con la presencia estadounidense y la construcción del canal, cuyo mandato civilizador debía cumplirse sobre la nueva república para garantizar no solo el progreso material sino también el biológico. De manera que el mejoramiento de la raza estuvo en el centro de las discusiones durante los primeros cuarenta años del siglo XX, lo que condujo a imponer políticas migratorias que prohibían el ingreso de las llamadas razas inferiores mientras buscaban atraer a extranjeros civilizados para promover el mestizaje constructivo que terminaría por blanquear a la población.

44Hacia la década del 20, mientras las élites intelectuales y políticas daban pasos firmes para reconstruir la hispanidad renunciando al sueño de la nación cosmopolita, comenzó un proceso de demonización de los Estados Unidos, con el trasfondo del panamericanismo, en medio de dificultades financieras y de la llegada de nuevas ideas que supuso la organización de grupos sindicales y de sociedades nacionalistas. Entretanto, los médicos y científicos panameños, graduados en universidades europeas y estadounidenses, impusieron nuevos saberes como la eugenesia, a través de la cual buscaban mejorar la sociedad, fortalecer la raza, mientras denunciaban las condiciones de vida miserables de los trabajadores. Simultáneamente, los afroantillanos eran declarados raza de inmigración prohibida.

45Dicha evolución anunciaría la irrupción, a fines de los 30, de la doctrina panameñista, que rechazaba el intervencionismo extranjero y exaltaba los valores nacionales, y la adopción de una nueva Carta Magna en 1941, que constitucionalizaba la discriminación racial y las restricciones a la inmigración basadas en consideraciones raciales (Constitución de 1941, Gobierno de Panamá [https://constitucion.te.gob.pa/​constitucion-de-1941/​]).

Haut de page

Bibliographie

Acción Comunal, Panamá, sus Problemas y sus Hombres, Panamá, Casa Editorial Acción Comunal, 1928.

Andreve, Guillermo, “Escritos de Andreve”, en Revista Lotería, 282-284, agosto-octubre 1979.

Araúz, Celestino Andrés y Patricia Pizzurno, Un siglo de relaciones entre Panamá y Estados Unidos 1903-2003, Panamá. Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, 2003.

Arias, Tomás, La mezcla racial de la población panameña, Panamá, Academia Panameña de Medicina y Cirugía, vol. 7, n° 1, 2002.

Brannan Jaén, Betty, “El tesoro de Sitio Conte”, en La Prensa, Panamá, 2 de febrero 2008.

Cantón, Alfredo, Desenvolvimiento de las ideas pedagógicas en Panamá 1903-1926, Panamá, Premio Miró, 1955.

Céspedes, Francisco (1985), La educación en Panamá. Panorama histórico y antología, Panamá, Universidad de Panamá.

Clare Lewis, Horacio, Relaciones diplomáticas y consulares entre Panamá y los Estados Unidos de América. Misión del Ministro William Insco Buchanan, en Revista Lotería, Suplemento especial, vol. 2, febrero 1966.

Conniff, Michael L., Black Labor on a White Canal. Panama 1904-1981, Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, 1985.

Constitución de 1941, Gobierno de Panamá [https://constitucion.te.gob.pa/constitucion-de-1941/] (consultado el 19 de enero de 2026).

De la Cadena, Marisol, Indigenous Experience Today, London, Berg Publishers, 2007.

El Heraldo, Panamá, 22 de septiembre de 1922.

Irurozqui, Marta, Desvío al paraíso socialdarwinismo y ciudadanía en Bolivia 1880-1920, en Glick, Thomas F., Rosaura Ruiz Gutiérrez, Miguel Ángel Puig Samper (eds.), El darwinismo en España e Iberoamérica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, Ediciones Doce Calles, 1999, p. 265-286.

La Palabra, Panamá, 26 de febrero 1906, 27 de agosto 1910.

La República de Panamá en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, Panamá, Comisión organizadora de la participación de Panamá en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla, 1929.

Lewis, José Guillermo, Panamá y su legislación social, Madrid, Morata editores, 1932.

Lewis, José Guillermo, Por las generaciones futuras, Panamá, Imprenta Nacional, 1929.

Manifiesto de Manuel Amador Guerrero, 20 de febrero de 1904, en Cardona Conte, Juan A., Voces de la historia. Los discursos inaugurales de los presidentes de Panamá de 1903-2019, Panamá, Ediciones Novo Art S.A., 2019.

Marcilhacy, David, El istmo de Panamá, un puente entre Europa y las Américas (1879-1936), Neuilly. Atlande, 2023.

Marco Serra, Yolanda, Clara González de Behringer. Biografía, Panamá, Hans Roeder editor, 2007.

Memoria que el Secretario en el despacho de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones de 1924, Panamá, Imprenta Nacional 1925.

Memoria presentada a la Asamblea Nacional por el Secretario de Hacienda y Tesoro, Panamá, Imprenta Nacional, 1922.

Memoria que el Secretario en el despacho de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional, Panamá, Imprenta Nacional, 1918.

Memoria que el Secretario de Instrucción Pública presenta a la Asamblea Nacional en sus sesiones de 1920, Panamá, Imprenta Nacional, 1921.

Memoria que el Secretario en el despacho de Fomento presenta a la Asamblea Nacional de 1914, Panamá, Imprenta Nacional, 1915.

Memoria que el Secretario en el despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores presenta a la Asamblea Nacional de 1906, Panamá, Imprenta Nacional, 1906.

Memoria que el Secretario en el despacho de Relaciones Exteriores presenta a la Asamblea Nacional de 1924, Panamá, Imprenta Nacional, 1925.

Méndez Pereira, Octavio, Debilidad de nuestro organismo nacional, en Diario de Panamá, 3 y 8 de noviembre de 1920.

Mendoza, Carlos A., El pensamiento de Carlos A. Mendoza, Panamá, Biblioteca de la Nacionalidad Panameña, 1999.

Mensaje dirigido por el Presidente de la República Belisario Porras a la Asamblea Nacional al inaugurar sus sesiones ordinarias el 1 de septiembre de 1916, en Pizzurno, Patricia y María Rosa de Muñoz, La modernización del Estado panameño bajo las administraciones de Belisario Porras y Arnulfo Arias. Estudio Introductorio y Antología, Panamá, Archivo Nacional de Panamá, Instituto Nacional de Cultura, 1992.

Mensaje dirigido por el Presidente de la República Belisario Porras a la Asamblea Nacional al inaugurar sus sesiones ordinarias el 1 de septiembre de 1924, en Pizzurno, Patricia y María Rosa de Muñoz, La modernización del Estado panameño bajo las administraciones de Belisario Porras y Arnulfo Arias. Estudio Introductorio y Antología, Panamá, Archivo Nacional de Panamá, Instituto Nacional de Cultura, 1992.

Miró, Ricardo, Demetrio Korsi, Las noches de Babel y Escenas de la vida tropical, Panamá, Asamblea Legislativa, Edición conmemorativa del Centenario 1903-2003, 2002.

Morales, Eusebio, Ensayos, Documentos y Discursos, Panamá, Biblioteca de la Nacionalidad Panameña, 1999.

National Archives and Records Administration, Records of the Department of State relating to internal affairs of Panama (1910-1929), Serie M607, rollo 4. Copia en Instituto del Canal de Panamá. Universidad de Panamá.

Olaya Peláez, Iván Darío, Pilar González Bernaldo de Quirós et Jorge Márquez Valderrama (dir.), Raza, eugenesia y políticas públicas en América Latina (1900-1950), Bogotá, Editorial de la Universidad de Rosario, 2023.

Patterson jr., Guillermo, ¿No es acaso tu hijo también?, Panamá, Tipografía Henry, 1930.

Patterson jr., Guillermo, Por los niños de mi patria, Panamá, Imprenta Nacional de Panamá, 1953.

Pizzurno, Patricia, El discurso eugenésico en Panamá: herencia, pobreza y raza, 1920-1960, Panamá, Cultural Portobelo, 2018.

Pizzurno, Patricia, El miedo a la modernidad en Panamá 1904-1930, Panamá, Cultural Portobelo, 2016.

Pizzurno, Patricia, y María Rosa Muñoz, La modernización del Estado panameño bajo las administraciones de Belisario Porras y Arnulfo Arias, Panamá, Instituto Nacional de Cultura, INAC, Archivo Nacional, 1992.

Porras, Belisario, El Orejano, Panamá, Universidad de Panamá, 2021.

Porras, Demetrio, Problemas vitales panameños, Panamá, Ministerio de Educación. Departamento de Bellas Artes, 1960.

Reseña Escolar, año 3, n°3, Panamá, marzo de 1907.

Samos, Adrienne (ed.) (2017), Panamá cosmopolita: la Exposición Nacional de 1916 y su legado, Panamá, Biblioteca 500.

Sánchez, Marcelo, “La teoría de la degeneración en Chile 1892-1915”, Historia, n° 47, julio-diciembre 2014.

Sarmiento, Domingo Faustino, Viajes, Buenos Aires, Ediciones de Belgrano, 1981.

Solano, Nicolás, “Contribución al estudio de la etiología y profilaxis de la tuberculosis desde el punto de vista sociológico”, Panamá, La Revista Nueva, Tomo III, n° 5, noviembre 1917.

Tejeira, Gil Blas, Pueblos perdidos, Panamá, Ediciones Juris Textos S.A., 2003.

Tello Burgos, Argelia (ed.), Escritos de Justo Arosemena: estudio introductorio y antología, Panamá, Biblioteca de la Cultura Panameña, Universidad de Panamá, 1985.

Terán, Oscar, Escritos y discursos, Panamá, Imprenta Motivos Colombianos, 1933.

Haut de page

Notes

1 En 1846, el escritor Justo Arosemena en un artículo titulado “Il dolce farniente” destacaba la apatía de la población panameña (en Tello Burgos A., 1985: 27). En 1922, el ministro Eusebio A. Morales se refería a la baja productividad de Panamá, consecuencia “del factor humano deficiente […] no se mueve por falta de impulso […] no crea por causas fisiológicas o psicológicas inherentes a su propio ser” (Memoria presentada a la Asamblea Nacional por el Secretario de Hacienda y Tesoro, 1922: XLVI).

2 Sobre el concepto de raza en Panamá, véase Pizzurno P., 2016, y para América Latina, Olaya Peláez et al., 2023.

3 Entre 1910 y 1919 existieron, por lo menos, tres proyectos oficiales para fomentar la inmigración de campesinos europeos (Pizzurno P., 2018: 137-139).

4 Marisol de la Cadena (2007: 18) menciona que Gustave Le Bon era de opinión que el destino de América Latina era “regresar a la barbarie, a menos que los Estados Unidos le presten el inmenso servicio de conquistarla”.

5 Eusebio A. Morales (1999: 130-131) y Belisario Porras (2021: 23), entre otros, pensaban que en la república predominaba la población blanca, pese a que los censos demostraban otra realidad. Estudios más recientes del Dr. Tomás Arias (2002), realizados en las décadas del 80 y 90 del siglo pasado, demostraron que en provincias como Herrera y Los Santos que se consideraban blancas, más del 60% de su población tenía genes negros.

6 Belisario Porras en su Mensaje a la Asamblea Nacional el 1 de septiembre de 1916 (en Pizzurno P. y Muñoz M. R., 1992: 85) se refería a los habitantes del campo como “siervos empobrecidos y desgraciados”, mientras Carlos A. Mendoza (1999: 33) señalaba que los campesinos “vivían como fieras” y Eusebio A. Morales (1999: 188) escribía acerca del “predominio de la animalidad” entre ellos.

7 David Marcilhacy (2023: 431) transcribe una carta que Ricardo J. Alfaro le dirigió al presidente Rodolfo Chiari en 1927 en la que señalaba que “en la conciencia del pueblo (…) hay prevenciones y desconfianzas invencibles contra los americanos, resentimientos profundos (…). Aquellas ilusiones y esperanzas de nuestro pueblo de 1904 (…) han desaparecido”.

8 En noviembre de 1917, el Doctor Nicolás A. Solano denunció en las páginas de La Revista Nueva (tomo III, N°5, 358) la aglomeración en la que vivían los obreros, en medio de la mugre, “respirando el humo de la cocinilla mezclado al ambiente de excreciones humanas y de animales que habitan con él, perro, gato, gallinas […], miseria y alcoholismo”.

Haut de page

Pour citer cet article

Référence électronique

Patricia Pizzurno, « Modernidad, progreso y raza en Panamá 1903-1936 »IdeAs [En ligne], 27 | 2026, mis en ligne le 01 mars 2026, consulté le 13 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/ideas/24017 ; DOI : https://doi.org/10.4000/15uhe

Haut de page

Auteur

Patricia Pizzurno

Historiadora uruguayo-panameña. Doctora en Historia de América por la Universidad de Sevilla, España. Profesora de la Universidad de Panamá. Sus intereses de investigación se orientan hacia la historia social, cultural y los imaginarios nacionales. Autora de varios libros artículos y ensayos.
patpizzurno[at]hotmail.com

Haut de page

Droits d’auteur

CC-BY-NC-ND-4.0

Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.

Haut de page
Rechercher dans OpenEdition Search

Vous allez être redirigé vers OpenEdition Search