- 1 La Regeneración (1880-1904), que tendría entre sus máximos exponentes a Rafael Núñez y a Miguel Ant (...)
- 2 Una de las características del Zancudo fue el uso de la caricatura como herramienta de crítica soci (...)
- 3 Para ver sobre la vida de Alfredo Greñas, célebre caricaturista colombiano del siglo XIX y XX, ver: (...)
1Una de las críticas más feroces al gobierno de la Regeneración1 vino del periódico satírico y liberal El Zancudo2. Entre 1890 y 1891 sus colaboradores buscaron atacar sin cuartel las políticas del gobierno conservador, al que acusaban de corrupto, de implantar la censura de la prensa, de perseguir a sus opositores políticos, de una mala gestión fiscal, de instaurar un modelo de sociedad basado en la moral católica y de promover un centralismo administrativo y político en detrimento de las regiones del país. Lo que nunca pudieron imaginar los editorialistas de dicho periódico fue que una de las caricaturas que apareció en sus páginas se convirtiera en una premonición. El 20 de julio de 1890, fecha que corresponde a la celebración de la fiesta nacional en Colombia, se publicó en sus páginas el célebre “Escudo de la Regeneración” diseñado por el caricaturista Alfredo Greñas3. Este escudo fue una radiografía de lo que los opositores pensaban y criticaban del régimen regeneracionista. Bajo la mirada de un ave de rapiña, que se sostiene sobre los eslóganes de “Ni libertad, ni orden”, se ve la muerte de los estados federales, el saqueo de las riquezas del país, la muerte de los ideales republicanos y un monstruo que devora el istmo de Panamá. El monstruo, para los redactores del periódico, era Rafael Núñez y su proyecto político. Así, a modo de profecía, los publicistas del periódico dejaron escrito el grave riesgo que corría Colombia:
El istmo aparece roto, no por obra de la ciencia y la mecánica, frutos de la civilización, sino por la respetable mandíbula de un individuo de los muchos que pueblan las aguas del Magdalena y suelen aproximarse hasta las inmediaciones de la ciudad heroica […] esta parte encierra á la vez una profecía de otro orden, que cualquiera comprenderá en el acto y que tarde ó temprano, si las cosas siguen como van, se verá realizada. (El Zancudo, 20 de julio de 1890: 46)
2En gran medida, según los periodistas del Zancudo, la voracidad de los regeneradores, que iba desde el terreno de lo ideológico hasta el económico, era la espada de Damocles que pendía sobre Colombia. Lo particular fue que todas estas críticas, en especial aquellas relacionadas con el canal interoceánico y el istmo se convertirían trece años después en una realidad. La profecía que escondía el escudo de la Regeneración se materializaría y Panamá se separaría de Colombia.
Figura 1. Portada del periódico El Zancudo del 20 de julio de 1890
Portada del periódico satírico El Zancudo, publicada el 20 de julio, fiesta nacional de Colombia. En ella se encuentra la caricatura El escudo de la Regeneración, de Alfredo Greñas. En ella se reflejan las críticas contra el gobierno de la Regeneración.
El Zancudo, director Alfredo Greñas. Imagen tomada de la Hemeroteca Digital Histórica de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Derechos de autor: dominio público.
- 4 Basta mencionar que el presidente de la República de Colombia, Gustavo Petro, declaró en un discurs (...)
3La cuestión panameña fue, y en parte sigue siendo, un acontecimiento que marca la memoria histórica de la sociedad colombiana4. Sin embargo, más que investigar sobre la memoria histórica en torno a la independencia de Panamá, este artículo indagará sobre la forma en que los regeneradores abordaron los desafíos relativos al istmo panameño como un asunto de política local, dejando de lado los desafíos internacionales. Problemas como el imperialismo norteamericano o el proyecto del Canal fueron vistos como secundarios, a los que se les podía hacer frente desde las nuevas dinámicas nacionales.
- 5 Como lo muestra Guardia Wald (2021), el proyecto regeneracionista tuvo apoyo dentro de algunas élit (...)
- 6 Proyecto que se consolida con la Constitución de 1886 y que luego entra en crisis en 1899 con la Gu (...)
4Así pues el análisis se divide en tres momentos. En primer lugar, para desarrollar dicha hipótesis, se mostrará cómo los gobiernos surgidos de la Constitución de 1886 intentaron incorporar al régimen centralista un territorio tradicionalmente proclive al federalismo y al liberalismo político (Martínez Garnica, 2002)5. Luego se analizará cómo el pensamiento político de Miguel Antonio Caro y de Rafael Núñez fue determinante para el desarrollo de conceptos como ciudadanía, democracia y, sobre todo, el concepto de soberanía, los cuales entrarían en disputa con el ideario de una parte de las élites políticas panameñas. Por lo tanto el período cronológico que se estudiará será desde la década de 1870, cuando el proyecto político de la Regeneración6 se empieza a gestar, hasta 1904 cuando Panamá declara su separación de Colombia y suscita las primeras reacciones entre las élites conservadoras en el poder en Bogotá.
5Para sustentar la hipótesis, se consultaron los periódicos panameños El Derecho (1881) y La Campaña (1897), que reflejan las posturas conservadoras y liberales dentro del istmo. Para dar cuenta del enfoque dominante en el resto de Colombia se consultaron dos periódicos: El Constitucional y El Colombiano, los cuales reflejan los debates que tuvieron las élites y a la sociedad colombiana en aquellos años de fuerte polarización política. Estas dos publicaciones son relevantes ya que fueron altavoces de las posiciones del gobierno conservador durante los primeros años del siglo XX y muestran cómo los regeneradores trataron de comprender el momento histórico precedente a la independencia de Panamá y cómo se trató de explicar dicho suceso. Al mismo tiempo se estudió el periódico satírico y liberal Mefistófeles, que puede considerarse como un heredero de El Zancudo, que fue uno de los medios más críticos de la política regeneracionista. Igualmente, se consultó el periódico Patria, un semanario conservador nacionalista, que fue impreso en las postrimerías del 4 de noviembre de 1903 y que llevaba por cabezote el siguiente enunciado: “Semanario fundado en defensa de la integridad nacional y de la soberanía patria”. Conjuntamente a este estudio de prensa, se analizó la correspondencia (1884-1894) entre Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, que ayuda a vislumbrar cómo los dos grandes exponentes de la Regeneración trataron de implementar sus postulados ideológicos mientras gobernaban, en especial cómo actuaron frente a los desafíos que venían del istmo.
6El siglo XIX colombiano fue igual de convulso que el de muchas naciones hispanoamericanas. Luego de las guerras de independencia y el posterior intento de Fernando VII por reconquistar las antiguas colonias, muchos de los gobiernos de las nacientes repúblicas tuvieron que hacer frente a un panorama sobrio en lo económico y tumultuoso en lo político (Bushnell D., 1994: cap. 4 y 5). En el caso colombiano, fue la figura de Simón Bolívar –y sus éxitos militares– la que logró articular un proyecto político nacional que unió a los territorios de Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador (Thibaud C., 2003). El problema fue que, sin el libertador como eje central y debido a las rivalidades del poder, el proyecto “grancolombiano” sucumbió y vio su fin en 1830. Sin embargo, dos países de dicho proyecto bolivariano continuaron juntos: Panamá y Colombia.
7Desde 1848, con la aparición del Partido Liberal y el comienzo de las reformas que impulsó en la entonces República de la Nueva Granada, el panorama político del país se transformó. La adopción de las constituciones de corte federal en 1858 y 1862, la política económica librecambista, la introducción del matrimonio y el divorcio civiles o la reducción del ejército permanente, fueron algunas de las políticas que impulsaron los liberales en aras de modernizar la sociedad. Todas ellas tendrían también algo en común: “llevarían la impronta de la acción de los políticos istmeños” (Martínez Garnica A., 2002: 38).
8Una muestra es la participación de intelectuales panameños como Justo Arosemena, Gil Colunje o José de Obaldía en los gobiernos colombianos de las décadas de 1840 a 1880. Estos personajes fueron determinantes para la consolidación de la región panameña como un bastión del liberalismo. Empero, más que un apoyo del régimen liberal, lo que se puede ver en personajes como Justo Arosemena es una defensa del autogobierno y el encaje del istmo dentro del nuevo marco legal de amplia descentralización y autonomía. Por ejemplo, Arosemena en su obra El Estado Federal de Panamá (1855), que en gran medida da las bases legales para el federalismo panameño, planteó que el debate en Panamá trascendía la división liberal-conservador y se centraba en la organización del Estado:
Pero el Istmo de Panamá, que en nada se parece a las otras comarcas granadinas, quiere porque lo necesita, que su territorio reciba una organización distinta, una organización netamente federal, que no le haga por más tiempo onerosa la dependencia al Gobierno Supremo de otro país: dependencia aceptable, útil i honrosa, si no ataca sus derechos i sus intereses; pero altamente injusta e intolerable, si compromete los beneficios que el Gobierno está destinado a producir, en donde quiera que un puñado de hombres se reunen para llenar sus grandiosos destinos sobre la tierra (Arosemena J., 1855: 100).
- 7 Su libro Estudios constitucionales sobre los gobiernos de la América latina, publicado en París en (...)
- 8 Para una explicación del contexto de este cambio ver (Guardia Wald R., 2021).
9Esa defensa de la particularidad del territorio panameño es lo que le permitirá a Arosemena establecer un diálogo tanto con los conservadores como con los liberales a lo largo del tiempo. Al mismo tiempo, los conservadores vieron en Arosemena un intelectual con el cual podían debatir, ya que el panameño fue uno de los juristas más reconocidos en su época gracias a su participación en la elaboración y debates de la Constitución de 1863 (De la Reza G., 2018: 538)7. Durante la promulgación de dicha constitución, que llevó el federalismo a su máxima expresión y que fue el crisol del proyecto político del radicalismo liberal, Arosemena no solo fue presidente de la Convención de Rionegro, sino que fue uno de los participantes más destacados de dichos debates. Empero, con el paso de los años de federalista a ultranza, Arosemena se convertiría para la década de 1880 en uno de sus críticos al denunciar los excesos y la violencia que aumentó durante la época8.
10Este malestar, frente al marco constitucional, fue lo que permitió que políticos conservadores como Miguel Antonio Caro empezaran a acercarse tanto intelectual como políticamente al panameño. Caro buscó apoyos a su proyecto político entre los liberales que estaban inconformes con la Constitución de 1863 y la imposibilidad de reformarla. Así lo manifestó en uno de sus escritos “Historia y filosofía”, publicado en el periódico El Conservador, de Bogotá, el 16 de marzo de 1882:
La primera necesidad política pedida por el patriotismo en beneficio de la paz, es la reforma de la Constitución: necesidad demostrada por hombres ilustrados como el señor J. Arosemena, liberal doctrinario y miembro que fue de la convención de Rionegro (Caro M.A., 1990).
11Otra de las figuras que muestran las dinámicas de poder entre las élites panameñas y las colombianas es la de José de Obaldía, padre de José Domingo de Obaldía, figura importante de la Regeneración en el departamento de Panamá y actor principal en los primeros años de la República de Panamá. El pensamiento de José de Obaldía, que militó en el Partido Liberal, responde a los vaivenes políticos de la época. Si bien Obaldía ocupó altos cargos del Estado, tanto que llegó a ser el encargado del poder ejecutivo, fue un duro crítico del modelo federalista al final de su carrera pública. Ello permite ver que el apoyo unívoco a un régimen que teóricamente favorecía sus intereses autonomistas no siempre fue una constante.
- 9 Núñez nació el 28 de septiembre de 1825 en Cartagena de Indias. Parte de su carrera política la hiz (...)
12Es en este escenario cuando aparece un político fundamental en la construcción del pensamiento conservador sobre Panamá y que haría de puente entre la nación caribeña y la nación andina9: Rafael Núñez. El cartagenero fue, a finales del siglo XIX, la imagen de un proyecto político que intentó acercar a los liberales moderados con los conservadores. Su paso por el Partido Liberal y luego su apuesta por la Regeneración lo hicieron el blanco predilecto de los ataques de todo el espectro político; aunque después sería el único personaje capaz de conciliar las diferencias interpartidistas, ya que en él se resumía esa delgada línea ideológica que los separaba (Aguirre I., 2023: 552).
13En lo referente a Panamá, Núñez conocía muy bien el panorama del istmo gracias a su paso como juez en el distrito de Chiriquí, donde vivió durante varios momentos de su vida y llegó a contraer matrimonio con la cuñada de José de Obaldía, político al cual acompañaría durante su gobierno como vice gobernador del Estado Federal de Panamá. Estas experiencias fueron las que le permitieron conocer de cerca la sociedad panameña y al mismo tiempo fueron determinantes en sus inicios en política (Gutiérrez Ardila D., 2024: 99). Igualmente, Núñez representó para los panameños, y en la misma medida para las regiones caribeñas, una forma de contrarrestar el poder de las élites andinas en la política nacional. Esta realidad muestra que en Núñez convergieron, más que afinidades ideológicas, afinidades de carácter cultural y regional.
14De hecho, la candidatura de Núñez a la presidencia en 1876 fue vista como una “operación costeña” en la que los representantes de los estados de Panamá, Bolívar y Magdalena se unieron para fomentar una candidatura de corte regional. Esta maniobra política llegó a tener tanto impacto que en muchos diarios bogotanos la llegaron a calificar como un intento de independencia por parte de dichos departamentos, marcando el tono que ya tendrían las futuras reclamaciones panameñas y las respuestas de las diferentes élites del interior del país (Park J.W., 1985: 100).
15Una muestra del alcance de la política nuñista en Panamá se puede ver en el periódico El Derecho, publicado en la década de 1880 en Panamá. En él se promovió la candidatura del abogado liberal Pablo Arosemena a la presidencia del estado federal de Panamá en 1881, un apoyo que venía acompañado de la publicación de discursos de Núñez y artículos en los cuales se respaldaban las aspiraciones del cartagenero a la presidencia de la república. Esto mostraba cómo Núñez se convirtió en un una referente y en una autoridad política a lo largo del periodo estudiado. Dicha influencia es reveladora del eco que tuvieron las ideas regeneradoras en el debate político panameño que estuvieron marcadas por el pensamiento del cartagenero.
- 10 James William Park (1985: 84) cita en su libro sobre Núñez que dicha moral, en gran medida católica (...)
16En este punto vale la pena preguntarse cómo un político que hizo carrera defendiendo los intereses regionales de los departamentos costeños y una cierta doctrina liberal en lo económico se convirtió en el líder de un proyecto de corte centralista. Una parte de la respuesta viene de la “flexibilidad” del pensamiento de Núñez que, bajo la idea de un pragmatismo político, fue capaz de cambiar o adaptar su ideario a la corriente que más le favoreciera. No obstante, sí existió un elemento que perduró o que fue constante en el pensamiento nuñista: la necesidad de un orden moral-católico10. Sería esta postura ideológica la que lo acercaría a políticos como Miguel Antonio Caro y, por ende, a su visión sobre el papel del catolicismo en los asuntos del Estado, a los conceptos sobre la soberanía y la organización de la sociedad.
- 11 Nombre con el cual la historiografía colombiana ha nombrado al periodo que va de 1863 a 1886. En es (...)
- 12 Aunque dicha libertad de prensa hay que matizarla. Basta recordar que el periódico y la imprenta de (...)
- 13 El Título I, titulado “De la Nación y el territorio”, rezaba en su art. 1: “La Nación Colombiana se (...)
17Durante el periodo del Olimpo radical11, los regeneradores aprovecharon algunas de las banderas del gobierno, en especial la libertad de prensa12, para consolidar su proyecto político. No obstante, no es sino hasta 1885 –cuando el presidente Rafael Núñez gritó que la Constitución de 1863 había dejado de existir– que podemos considerar el comienzo del gobierno regeneracionista (Bushnell D., 1994: 192). Núñez y sus aliados pusieron toda la maquinaria del Estado a su servicio y con gran prontitud buscaron promulgar una nueva carta magna, que sería la que finalmente adoptada en 1886. La nueva Constitución era de carácter centralista, autoritaria y volvía a dar un lugar primordial en el Estado a la Iglesia católica. Sin embargo, como se verá, solo el primer título del texto codificador, referente a la instauración del centralismo13, sería problemático para las élites políticas panameñas.
18Una de las estrategias de los regeneradores para legitimar e instaurar el régimen centralista tuvo que ver con una campaña para movilizar los poderes locales. A través de las alcaldías o los consejos municipales, el nuevo gobierno buscó dar la sensación de participación política ciudadana en el territorio nacional (Gutiérrez Ardila D., 2024. 231). No obstante, esta modelo de participación tuvo rápidamente críticos, sobre todo en Panamá. Para muchos de los federalistas panameños, e incluso para algunos conservadores, uno de los aspectos más problemáticos de la Constitución de 1886 era la sensación de que la autonomía panameña quedaba completamente borrada y que el istmo sería gobernado desde Bogotá mediante “leyes especiales” (De la Guardia R., 2020).
19Pero estas críticas, en ciertos casos, pasaron a un segundo plano. Para muchos políticos panameños las propuestas de pacificación y orden que promovían los regeneradores eran más urgentes que el nuevo encaje panameño en el orden centralista. De hecho, este apoyo “a medias” se puede rastrear en los debates que dio Justo Arosemena sobre la necesidad de cambiar la Constitución de 1863. En ellos se evidencia cómo Arosemena planteó que la necesidad de apoyar al gobierno de Núñez era fundamental debido a los problemas de orden público, pues creía que solo una mayor fuerza del Estado central haría que se respetaran las instituciones. Además, el panameño insistió en la necesidad de elecciones libres, que en el papel era lo que ofrecían los regeneradores. (Gutierrez Ardila D., 2024: 117).
20Esa promesa de elecciones libres parecía cumplirse con el movimiento electoral para ratificar la constitución. Sin embargo, conviene señalar que todo el proceso emanó de una figura poco compatible con los mecanismos electorales. El primer paso legal que dio el gobierno de Núñez fue la convocatoria de un Consejo Nacional de Delegatarios, que tuvo poco de democrático en su elección. La mayoría de los delegatarios –que debían ser dos por cada uno de los nueve estados federales– fueron elegidos por el propio Núñez. Una muestra de la poca democracia y representatividad fue, por ejemplo, que el delegatario que discutió el cambio de constitución por el estado de Panamá fue Miguel Antonio Caro, cuyas relaciones con dicho territorio eran casi nulas. Una vez que el proyecto regenerador adoptó la Constitución de 1886, y se empezó a ver su talante autoritario, personajes como Justo Arosemena cambiaron rápidamente su apoyo inicial. Aun así, en el istmo surgió prensa afín al régimen. Por ejemplo, el periódico La Campaña fue abiertamente regeneracionista, tanto que en su reglamento establecía como objetivo “el adelanto moral, religioso y material del país” (La Campaña, 15 de septiembre 1897). Esto resume, en parte, las políticas positivistas y religiosas que buscó instaurar el régimen de Núñez, Caro y demás regeneradores.
21Al tiempo que dicho debate sobre la representación local y el sufragio, se dio un debate sobre las nuevas características que tendría el Estado que surgió de la constitución regeneracionista. Uno de los puntos más importantes, sobre todo para Panamá, fue la nueva organización administrativa y territorial, y en especial los debates que se dieron en torno a la soberanía y su nivel de titularidad. Porque más allá de las implicaciones legales que esto tendría, la idea de soberanía que tenían personajes como Miguel Antonio Caro, era antagónica a la idea de las soberanías federales y regionales que habían sido la norma hasta el momento y a las cuales la Constitución de 1886 les pondría fin.
22En el análisis de Caro sobre los problemas que tenía el régimen federal de 1863, dos puntos eran los causantes de la falta de gobernabilidad y la falta de paz en el país. En un primer instante señala que uno de los defectos de la Constitución de 1863 consistía en “ciertos rasgos de intolerancia y saña contra el catolicismo, que la privan de la hermosa aureola de equidad de que debe estar adornada una ley para todos”. Desconocer el carácter católico que, según Caro, definía a la nación colombiana solo podía conllevar a la existencia de un régimen que no era “natural” o que no era un reflejo del pueblo al que decía gobernar (Caro M.A., 1990: 34). El segundo problema identificado por Caro fue “la contradicción que resulta de tres soberanías –individual, provincial y nacional– que el legislador reconoció como absolutas sin cuidarse de conciliarlas (Caro M.A., 1990: 34).
23Fue a partir de este último factor como Caro intentó reformular la concepción de soberanía que debería tener el nuevo Estado. Uno de sus primeros objetivos fue atacar la concepción utilitaria del Estado, en particular los postulados de Jeremy Bentham, que se habían arraigado en las filas liberales. En uno de sus textos más importantes Ensayo sobre el utilitarismo (1869), Caro esbozó la idea según la cual el objetivo de un Estado no debía pasar solo por la búsqueda del desarrollo económico o el progreso, sino que debía tener como objetivo principal salvaguardar el orden moral de la sociedad, que en el caso del político bogotano era la instauración de una moral católica como eje rector de las políticas estatales. Esta postura hizo que uno de sus contrincantes dialécticos fuera precisamente Justo Arosemena, como se mencionó anteriormente.
24Para Arosemena, y para muchos liberales panameños, la soberanía estaba ligada a conceptos relacionados al utilitarismo y a la soberanía popular. Como se puede ver en el ensayo anteriormente citado, El Estado Federal de Panamá, para el panameño la soberanía era una concepción práctica y no tanto simbólica:
Resumiendo lo espuesto; al erijir el Estado federal, debe déclararse su soberanía a que tiene perfecto derecho, i en seguida establecerse las necesarias restricciones en obsequio de la nacionalidad. Esas restricciones consisten en reservar al Gobierno nacional ciertos negociados, que no deben ser sino los siguientes: 1.°las relaciones esteriores; 2.°la hacienda nacional (como se ha definido); 3.°el pabellon i el escudo de armas; 4.°lo relativo al ferrocarril de Panamá; 5.°la fuerza pública empleada en la guerra; i 6.°la metrolojia oficial (Arosemena J., 1855: 94).
25Esta definición, bastante clásica y extendida durante la época, fue criticada por Caro, que veía en ella los problemas que debía afrontar la nueva unidad nacional. En sus críticas lo más llamativo era que Caro no veía en los derechos positivistas o utilitarios la base de los acuerdos nacionales. Según el historiador Jaime Jaramillo Uribe:
[…] para Caro no hay separación entre religión y moral, pues al no tener esta un origen empírico debe tenerlo en una fuente extramundana que para él no puede ser otra que Dios. La religión, la moral y el derecho pueden diferir formalmente, pero no en su contenido de valor. No puede haber moral sin respaldo y base religiosa, ni derecho sin contenido moral. Luego la religión debe impregnarlo todo y ser la fuente de todos los valores (Jaramillo Uribe J., 1982: 299).
26Al criticar el utilitarismo de Jeremy Bentham, que situaba la base de la ley en su utilidad universal, Caro no se adhería a dichos postulados, sino que buscaba demostrar que un Estado guiado por principios morales constituía la verdadera base sobre la cual los ciudadanos podían construir un sentido nacional. Este sentido nacional, no obstante, debía encontrar una expresión concreta, o una materialización efectiva, en la vida política.
27La soberanía fue también un debate que determinó el alcance del sufragio o de la soberanía popular. De nuevo, en este aspecto Caro erigió su idea de la soberanía popular en contraposición a los postulados de Arosemena. Para el panameño la soberanía popular, y por extensión la base de la nacionalidad, estaba relacionada con el derecho de posesión, heredado de las antiguas fronteras coloniales. Si bien este principio de uti possidetis fue ampliamente respetado y utilizado en toda América Latina, para Caro este derecho no solo respondía a una realidad jurídica, sino que era también una realidad cultural. Arosemena veía en el uti possidetis una fuente de conflicto entre Colombia y Panamá, puesto que aquella fundamentaba su posesión del istmo en las armas y no tanto en la soberanía popular. Así afirma Arosemena que:
Colombia pretendía adjudicarse el Istmo de Panamá por el principio de uti possidetis, bueno para evitar querellas entre las varias nacionalidades que surjieron de la catástrofe. colonial, pero insignificante comparado con el principio de la soberanía popular, que en todo país recien libertado de la soberanía de la fuerza, impera de una manera absoluta (Arosemena J., 1855: 31).
28Si en Arosemena la idea de soberanía popular se expresaba en la expresión de la voluntad colectiva surgida del sufragio universal, para Caro la idea de mayoría o sufragio universal no representaba dicha soberanía, ya que para este la soberanía no venía del pueblo sino de la voluntad de divina (Jaramillo Uribe J., 1982: 306-307). Caro argumentaba que el voto universal solo seguía principios utilitarios y no tenía en cuenta el objetivo de un Estado: el bienestar moral. En otras palabras el líder de la regeneración argumentaba que la autoridad venía de Dios y de las costumbres que se desprendían del catolicismo. En su libro sobre el Utilitarismo se puede ver con claridad dicha postura:
- 14 Este texto de Caro fue tomado de (Jaramillo Uribe J., 1982).
Esta autoridad suprema es Dios: funciona en su nombre la razón, que aunque individual, se hace cargo del pensamiento divino, que es el pensamiento organizador y cooperador por excelencia, y coopera en su realización. Prescíndase de la razón humana como cooperadora de la razón divina, y en vano se buscará quién establezca el orden en las sociedades humanas. No acierta a establecerlo el despotismo, ni la libertad, ni el acaso. Es necesario apelar a la razón humana intérprete de la divina, es decir, a la religión (Jaramillo Uribe J., 1982: 307)14.
29En virtud de lo anterior se puede concluir que para Miguel Antonio Caro, y por extensión Rafael Núñez, la soberanía del Estado –y la nación– no dependía solamente de nociones legales como el uti possidetis o de nociones utilitarias. La soberanía se expresaba en la condición de nación católica, ese era el nuevo espíritu nacional. La unidad de la República, desde la Constitución del 86, se amplió a un aspecto cultural. La moralidad católica que Caro defendía como fundamento del poder soberano se concebía, a su vez, como una soberanía dependiente de una unidad cultural de carácter hispánico. De ahí que el hispanismo de Caro fuera un contrapeso a las identidades regionales que se defendieron en el régimen federal. Para los regeneradores, los intereses nacionales que habían de defenderse y promoverse estaban relacionados con elementos como la lengua española, una historia en común de filiación latina y la religiosidad: valores que nada tenían que ver con el federalismo del Olimpo radical.
- 15 La Constitución de 1858 fue una constitución de corte federal que instauró la Confederación Granadi (...)
30En su texto intitulado “Tradición unitaria” publicado el 26 de octubre de 1888 en el diario bogotano La Nación, Caro expuso cómo el federalismo había fracasado porque, según él, no era natural al pueblo colombiano. Su defensa del centralismo político respondía a un viraje nacionalista en el cual el publicista bogotano encontraba una forma de defender al país de las injerencias extranjeras y de ideas “exógenas” al espíritu nacional. Por ejemplo, al criticar la Constitución de 185815, Caro señalaba que intentar copiar los modelos como el de los Estados Unidos de América (EEUU) era desconocer a la sociedad colombiana:
Florentino González llevó su ciega adoración a los pueblos y a las gentes del norte, hasta el punto de despreciar la raza hispanoamericana, y de pretender que rompiésemos con nuestras tradiciones religiosas y jurídicas, con la Iglesia romana, con el derecho romano y español, con todo lo que fuese meridional o latino (Caro M.A., 1990: 359).
31Estas ideas fueron la base que sirvió para moldear la forma en que gobernaría la Regeneración. Una forma que se caracterizó por un fuerte control de las instituciones locales, ya que su objetivo era erradicar las soberanías y las “especificidades” de los antiguos Estados federales. Al mismo tiempo se promulgó la idea según la cual los problemas de las regiones no debían ser vistos como problemas provinciales, sino como problemas nacionales que el gobierno central debería resolver, retomando los valores paternalistas que Caro alababa de la antigua monarquía hispánica.
32De ello se colige el enfoque privilegiado por los regeneradores para abordar las cuestiones planteadas por el encaje del istmo en el territorio nacional y la posible concesión del proyecto canalero a compañías o potencias extranjeras. En efecto, este nuevo “marco teórico” fue el que los conservadores usaron en el caso de Panamá, lo que implicó que toda injerencia extranjera fuera vista con desconfianza y que todos los desafíos del istmo fueran vistos desde el espectro de la unidad nacional. Esta idea la resume Caro cuando describe los efectos de la carta magna del 86:
Nuestra Constitución unitaria de 1886, sin imitar para nada la de los Estados Unidos, con ella coincide en el principio fundamental anti-parlamentario; confirmándose así la observación de que la verdadera unidad y las legítimas concordancias de las instituciones, nacen de las leyes que rigen la sociedad humana, no de la desorientada imitación […] (Caro M.A., 1990: 361).
- 16 Corresponde al sector más radical del liberalismo panameño, procedente del arrabal de Santa Ana de (...)
- 17 Esta opinión no era solo de Núñez, Carlos Martínez Silva –quien fue lo que hoy podríamos llamar un (...)
- 18 Todas las cartas entre Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro que se citan de aquí en adelante se consu (...)
33Una de las propuestas de este artículo es ver cómo el problema panameño se abordó por parte de los conservadores como un problema esencialmente local y no como un problema de orden internacional. Esto no quiere decir que los conservadores nacionalistas fueran ajenos a los desafíos que planteaba una obra como la construcción del Canal de Panamá. En los análisis de Núñez sobre la situación panameña, se ve que era consciente que una parte de lo que allí pasaba tenía relación con la geopolítica internacional. Sin embargo, este contexto cambiante en el ámbito nacional ocurrió al mismo tiempo que la consolidación de un nuevo contexto internacional, donde los Estados Unidos hacían evidente su transformación en potencia mundial dispuesta a intervenir donde fuese necesario. Instruido por estas tensiones nacionales e internacionales, Rafael Núñez empezó a perfilar su política de gobierno frente al istmo y al exterior. Para Núñez había dos “focos de exaltación siniestra”: Panamá y Bogotá. Y en el caso de Panamá, aparte de la violencia y el caos político relacionados con la agitación del llamado Partido Liberal Negro16, se sumaba que, al ser un “nodo del comercio mundial”, cualquier acción que allí se tomara tendría efectos internacionales (Gutiérrez Ardila D., 2024: 99). Aunque, más que preocuparse por la política internacional, era la implementación de la Regeneración lo que era prioritario para Núñez: solo una buena política local permitiría controlar los intereses colombianos en el extranjero. De esta forma Núñez ligaba lo que él creía eran los problemas del nuevo engranaje territorial del país17. Esta actitud se ve, por ejemplo, en la correspondencia confidencial que Núñez le envió a Caro el 29 de junio de 1890, un año después de declararse en quiebra la Compañía Universal del Canal Interoceánico18.
Ayer volví a recibir al Sr. Wyse, y aunque con él no he pasado de generalidades, comprendo que podrá obtenerse, por lo menos, alguna suma gruesa en acciones. Otra cosa será difícil por el estado de la compañía. Si se consiguen acciones, como es muy posible, deben darse algunas a Panamá para calmar el disgusto creciente que allí reina. La situación política me parece falsa. Los apetitos imperan, y cada día aumentan los descontentos. Hay incógnitas amenazadoras, según pienso; y si no se les opone oportuna energía, iremos a una dictadura militar, es decir, a la catástrofe. Ha tiempo me he persuadido que las dificultades políticas no se resuelven sino con heroica firmeza. […] Holguín debe entrar en ese camino, o separarse pues podría terminar tristemente (Núñez R., y Caro M.A., 1977: 45).
34Todo lo relacionado con el Canal tenía una lectura que se extrapolaba al contexto político local. Un mes después, el 29 de julio de 1890, otro telegrama enviado por Núñez a Caro confirma esta situación. En él se habla de Lucien Napoleón Bonaparte Wyse y su papel en la construcción del Canal. Si bien, para 1890, Wyse ya había superado el escándalo de la disolución de la compañía francesa encargada de la construcción, el telegrama muestra como obtuvo una nueva concesión con el gobierno colombiano, a pesar de la desconfianza del presidente de la república. La misiva entre los dos dirigentes también permite ver cómo evaluaban, en el plano personal, a los otros diplomáticos colombianos encargados de las negociaciones y al propio vicepresidente, Carlos Holguín.
- 19 Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua el significado de mentecato significa: Tonto, (...)
Distinguido y buen amigo:
Le incluyo esos papeles. Lea y entregue a Holguín. Mi opinión neta es la de Vélez. Posada es un mentecato, y temo que su falta de mundo nos comprometa en vías de donde se vuelve sin dejar «la lana» o la «virtud» (honra).
A Holguín le digo mi ultimátum sobre Canal. Wyse es otro mentecato19; pero tenga en cuenta que la compañía no puede, sin incapacitarse, conceder mucho. […] R. Núñez (Núñez R., y Caro M.A., 1977: 51)
35Las relaciones con la Compañía del Canal francés, dirigida por De Lesseps, se hacían cada vez más tensas, pero esto –aparte del coste internacional– era visto como un factor desestabilizador local, el cual había que tratar de solucionar lo más pronto posible. Así el costo fuera el abandono del Canal, como le señala Núñez en otra de sus cartas a Caro fechada el 4 de octubre de 1890:
Distinguido y buen amigo:
No le escribí por correo anterior por haberme anticipado a expresar mi opinión acerca de Canal y Bancos particulares. Mi deseo íntimo es que no haya Canal, pero ha habido que aflojar la cuerda porque por aquí hay grande interés en que se reanuden los trabajos. […] Rafael Núñez (Núñez R., y Caro M.A., 1977: 58)
36Para los regeneradores, las amenazas tanto para el Canal como para la política local en Panamá seguían proviniendo de factores internos, o así lo deja saber Caro luego de reprimir una ola de violencia que se produjo en el istmo el 23 de enero de 1893 y que dice haber controlado:
Dr. Núñez
Cartagena
Por Panamá comuníquele: “Motín no político sofocado; reina tranquilidad completa”. Alboroto promoviose el quince –15– hallándome yo aquí, y con motivo artículo Colombia Cristiana sobre clase obrera. General Cuervo prudentemente no quiso sacar fuerza pública al principio. Quiso contener con buenas palabras, y aún soltó presos tomados por policía. La turba ingrata volviose contra él, atacó su casa y despedazó cuanto encontró en ella. […]
Alboroto fue puramente local; tranquilidad completa fuera de la capital, y en ella desde el diez y siete –17–. Lo ocurrido no tiene significación política; fue uno de aquellos desórdenes que ocurren en centros populosos, y demuestra la necesidad de pie de fuerza suficiente para mantener a raya elementos anárquicos latentes.
Affmo.
Caro (Núñez R., y Caro M.A., 1977: 127)
37Esa violencia iría creciendo hasta que en 1899 estalló la Guerra de los Mil Días y dejó en evidencia el aislamiento internacional en el que se encontraban los regeneradores (Fischer T., 1998: 85). La Guerra de los Mil Días, que terminó en 1902 con la intervención de los EEUU, mostró cómo los liberales, casi aislados por completo del poder y de los recursos del Estado, hallaron en el contexto centro y suramericano un espacio para encontrar ayuda económica para mantener la guerra.
- 20 Algo que ya habían anunciado con la crisis del cólera en 1892 que dio paso al bloqueo de los puerto (...)
38El aislamiento de los conservadores en el ámbito latinoamericano lo contrarrestaron con una búsqueda de aliados en Europa y EEUU, aunque estos últimos optaron por una actitud de indiferencia frente al conflicto y sus causas, pero no ante el destino de lo que ocurriría en el istmo (Lasso M., 2024). Al mismo tiempo, los problemas de la compañía francesa y su lobby en EEUU hicieron que dicho país empezara a actuar de una forma más frontal, es decir, comenzó a plantearse el uso de la fuerza como garante de sus intereses20.
39El fin de la Guerra de los Mil Días dejó a Colombia muy debilitada tanto institucional como económicamente. Este factor llevó a los norteamericanos a equivocarse en su lectura del futuro político del país, ya que pensaron que los regeneradores “estarían dispuestos a hacer mayores concesiones” (Fischer T., 1998: 97). Salvo que en la opinión pública nacional luego de la guerra eran dos las preocupaciones: mantener la soberanía del Estado colombiano en todo el territorio y velar porque el Canal siguiera siendo un buen negocio para el país. No obstante, hay que tener claridad que, para 1902, los conservadores en el poder no eran los mismos que engendraron la Regeneración, como Caro, sino que eran parte de una disidencia que criticó abiertamente los excesos regeneradores.
- 21 El Colombiano fue el altavoz de las posiciones del gobierno de José Manuel Marroquín durante el año (...)
- 22 El Colombiano, “Unión de la América latina”, El Colombiano, Bogotá, 5 de agosto de 1903.
- 23 Como lo explica Paola Ruiz (2019: 789), el hanseatismo panameño fue un movimiento que surgió en el (...)
40Uno de los primeros ejemplos de este viraje se encuentra en el periódico El Colombiano21. El 5 de agosto de 1903, en su editorial, la redacción hablaba de la necesidad de la unión de América Latina como única forma de prevenir los ataques de los nuevos imperios, en alusión a los EEUU. Valores como “la tradición republicana, la comunidad de religión y raza, la unidad etnográfica, el idioma, el recuerdo de los comunes padecimientos, glorias y esperanzas” fueron esgrimidos como argumentos para dicha unión22. En ruptura con la tradición hanseática del pensamiento liberal istmeño23, los conservadores históricos entendieron que no era ni Francia, ni Inglaterra y muchos menos los EEUU los que debían apoyar la causa en defensa de la soberanía.
- 24 El Colombiano, “Dos jornadas”, El Colombiano, Bogotá, 15 de agosto de 1903.
- 25 Op. Cit.
41En los debates políticos toda referencia hacia los EEUU se convirtió en una forma de insulto a los contrincantes políticos del gobierno de José Manuel Marroquín. Por ejemplo, a Miguel Antonio Caro, opositor del gobierno, lo llaman en el número del 15 de agosto de 1903 leader de forma despectiva24. Los redactores del periódico empiezan a crear un discurso político maniqueo entre los que apoyan al gobierno y los que apoyan a los “yankees”, aunque en el fondo no era más que tachar de pro estadounidense a todo aquel que no siguiera las consignas del gobierno. Asimismo, las críticas hacia Caro se situaban dentro de un debate político y de ataques personales, rayando con el odio personal. Sus críticos decían que este era capaz de poner en jaque la soberanía nacional con tal de “saciar su desordenado apetito” revanchista25.
- 26 El Colombiano, “Banquete en Panamá”, El Colombiano, Bogotá, 28 de octubre de 1903.
- 27 El tratado Hay-Herrán fue un acuerdo firmado entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos en 19 (...)
42En las mismas páginas de El Colombiano se puede observar cómo el gobierno, que estaba en franco enfrentamiento con sus excopartidarios conservadores, buscaba acercarse al liberalismo más moderado que salió de la Guerra de los Mil Días. Un ejemplo de esto es que, en el número del 28 de octubre de 1903, a pocos días del movimiento separatista panameño, el periódico gobiernista publica un artículo escrito por el líder liberal Rafael Uribe Uribe sobre el Canal26. Esto hizo parte de a una estrategia del gobierno en la que se utilizaron las amenazas que se hacían a Colombia –debido a la discusión sobre si se debía o no aprobar el tratado Hay-Herrán de enero de 190327– para mostrar que los miembros del gobierno eran los únicos garantes de la unidad nacional.
- 28 Oscar Terán (1870-1936) fue un político panameño que estudió en Cartagena y Bogotá. En su carrera c (...)
43Uno de los mayores defensores de la unidad de Panamá con Colombia y miembro del partido conservador, el panameño Juan Bautista Pérez y Soto, fundó un periódico, El Constitucional, para informar sobre los debates alrededor al tratado Hay-Herrán. Pérez y Soto fue uno de los senadores de la comisión del senado que debatió la ratificación del tratado. En las páginas de este medio se consignaron los debates que tuvieron varios conservadores con políticos panameños. En especial vale la pena seguir la discusión que tuvo el político istmeño Óscar Terán con Pablo Arosemena28. Terán esbozó en sus artículos la hipótesis de que el argumento de Arosemena, en el cual la obra del Canal era importante ya que favorecería a todo el género humano, carecía de cualquier validez puesto que rompía la soberanía nacional –alineándose con la idea de respuestas locales a los desafíos internacionales–, y afirmaba:
Sólo un canal nuéstro, esto es, bajo nuestra guarda y custodia, puede redimirnos, porque sólo así se cumple lo esencial de toda redención: que el sujeto de ella queda en posesión de sí mismo. Un canal ajeno significa: para el territorio, muerte geográfica; para los nacionales allí, muerte política; es eliminación, no redención (El Constitucional, 1 de agosto de 1903).
44El Constitucional también ofrece una gran variedad de voces que venían de todas las regiones del país y que expresaban sus preocupaciones por el futuro del Canal. Por ejemplo, se encuentran artículos donde se analizan las relaciones entre el Canal y el futuro del Cauca o de cómo los antioqueños también defendieron la integridad nacional cuando esta estuvo amenazada. De la misma forma, se denunció en sus textos la injerencia de los Estados Unidos en la política nacional y se alertó sobre las posibles consecuencias de dicha influencia. Por eso era común encontrar en sus páginas acusaciones de cómo dicha injerencia “yanqui” llegaba a puntos como el pago por escribir artículos favorables a los intereses de los estadounidenses.
- 29 No por nada en el número del 29 de julio de 1903 de El Colombiano, la noticia importante relacionad (...)
45Si bien las críticas hacia los Estados Unidos estaban presentes tanto en El Colombiano como en El Constitucional, nunca llegaron al nivel de denuncia que se puede encontrar en los periódicos liberales de corte mucho más radical o alejados de los órganos oficiales. Por eso los lectores del Mefistófeles pudieron encontrar en el número del 23 de agosto, poco después del rechazo del tratado Hay-Herrán por el Senado colombiano, no solo una caricatura del avance de los EEUU hacia Panamá, sino también un artículo feroz en contra de la Doctrina Monroe donde se afirmaba: “No son, no serán jamás las naciones del Sur pajarillos devorados por la enorme jetaza del León del Norte! Prevenir es despertar” (Mefistófeles, 23 de agosto de 1903). Y la crítica seguía hasta el punto de proponer que el Canal debía ser construido por los propios latinoamericanos. Es en esos matices donde se ve que la internacionalización del conflicto variaba dependiendo del partido, y los conservadores siguieron siendo más proclives a entender el desafío panameño como un problema local29. Esto explica por qué la declaración de independencia de Panamá tomó un poco por sorpresa a la opinión pública colombiana.
46Si bien había corrido mucha tinta en torno al debate del Tratado Hay-Herrán y había artículos sobre la propaganda que buscaba fomentar la independencia panameña, este tema nunca fue un debate central. En los artículos sobre el Canal el argumento secesionista ocupaba generalmente un lugar marginal. Era una amenaza percibida como proveniente de la prensa norteamericana, no como un movimiento de origen local panameño ni como un fenómeno con influencia significativa en la sociedad istmeña, según la interpretación de los redactores de El Colombiano.
47Una de las primeras reacciones de dicho periódico ante las noticias que empezaron a llegar luego de las jornadas del 3 y 4 de noviembre resumió el problema como “el oro extranjero ha contribuido a la más menguada de las revoluciones, induciendo a la defección a no pocos de los que estaban obligados a defender la paz y el orden público” (El Colombiano, 7 de noviembre de 1903). Este espíritu de buscar culpables en el extranjero vino acompañado por una seguidilla de llamados a tomar las armas que salieron tanto de periódicos como El Colombiano, como en publicaciones más efímeras como La Patria. Este semanario se publicó para defender la integridad nacional y llamó a la juventud “para que sin distinción de color político, rodee la bandera nacional, que es el símbolo de un Estado libre” (La Patria, 18 de noviembre de 1903) y si fuera necesario tomar las armas. Pero pronto se instauró un sentimiento de derrota nacional. Para el 24 de noviembre, El Colombiano publicaba en sus hojas: “Parece definitivamente perdido para Colombia el Istmo de Panamá”.
48Una de las paradojas de la separación de Panamá de la República de Colombia es que, si bien el proyecto regenerador buscó unificar el país desde una mirada centralista, lo que produjo fue una desmembración. No obstante, dentro de esta paradoja se debe señalar que algunos políticos panameños como Pablo Arosemena encontraron en las ideas de la Regeneración las bases para elaborar su propio ideario político. Conceptos como la moralidad católica de la nación o la necesidad de un Estado capaz de garantizar el orden público son un claro eco al postulado de Rafael Núñez: “Regeneración o catástrofe”. Es en esa incapacidad de contener la catástrofe como Pablo Arosemena justifica la inevitable separación de Panamá: “The fact that a strong critic of Núñez adapted his language and elaborated a similar horizon of expectations suggests that such a discourse also appealed some other Liberal politicians and intellectuals in Panama before and after the time of Independence in 1903” (citado por De la Guardia Wald, 2020: 54). La Regeneración fue fundamental en la formación de las futuras élites panameñas, ya que las dotó de un proyecto político que adaptaron luego a su nuevo contexto.
49Del lado colombiano también encontramos un cambio en los conservadores, tanto históricos (críticos de los regeneradores y que tomarían el poder luego de la Guerra de los Mil Días) como nacionalistas (en cuyo núcleo dirigente se encontraba Miguel Antonio Caro). Una fuente que permite ver esto es el discurso pronunciado por Miguel Antonio Caro el 9 de agosto de 1904 sobre la pérdida de Panamá (Caro M.A., 1990: 605). Caro no limitó su análisis al hecho puntual de Panamá; lo ubicó en un proceso de transformación geopolítica que, a su juicio, amenazaba a toda la América hispana, como en su tiempo ya lo había denunciado Justo Arosemena. Su advertencia –“Lo que le pasa ahora a Colombia le pasará al continente Americano”– condensó la dimensión continental de su preocupación y ofreció una lectura del papel creciente de los Estados Unidos en la región. Un discurso que enlazaba con las advertencias emitidas por famosos intelectuales y escritores integrantes del modernismo literario que van desde el cubano José Martí hasta el nicaragüense Rubén Darío.
50Desde ese lugar, la denuncia sobre la conducta de los Estados Unidos frente al Canal funciona como anuncio temprano de una noción de “nuevo imperialismo” que Caro quiso instituir. Por eso afirmaba que: “Es el primer paso que se da en una nueva era de imperialismo, el primer paso en esta segunda era… El presidente de los Estados Unidos se ha declarado tutor y, sin perjuicio de ser verdugo, se ha apoderado del istmo… Es un canal suyo, no es del mundo, y ha declarado que el Pacífico es un lago americano” (Caro M.A., 1990: 670).
51Esa formulación no sólo describe un nuevo escenario geopolítico. Propone al mismo tiempo una interpretación civilizatoria: el istmo y el Pacífico pasan a concebirse, desde la mirada del poder estadounidense, como una esfera de influencia exclusiva. Frente a ello, Caro pensó la defensa nacional en términos colectivos, en la línea del pensamiento unionista defendido en su tiempo por Bolívar: la consolidación de una conciencia hispanoamericana que actuara como contramuro frente al expansionismo estadounidense y que, simultáneamente, reforzara la idea de nación colombiana, promovida por los regeneradores, como garante de la Patria.
52En esta nueva visión, la defensa no podía quedar reducida a la esfera religiosa o local; requería una política de alianzas culturales y políticas entre las repúblicas hispanoamericanas. Un cambio radical frente a sus propios análisis y políticas emprendidas al comienzo de la Regeneración. El paso de un aislamiento continental a una iniciativa de acercamiento hispanoamericano muestra hasta qué punto los conservadores fueron conscientes de que su mirada localista a los problemas del istmo contribuyó a su separación. La independencia panameña fue un catalizador y un amplificador de las limitaciones del proyecto regenerador.
53A partir del estudio de la prensa y de la correspondencia analizadas, fue posible observar que el pensamiento conservador colombiano abordó la cuestión panameña predominantemente como un problema de política interna: un desafío de orden público, de encaje institucional y de control de las élites locales, más que como un asunto de alcance internacional. Esta lectura localista ayuda a explicar por qué, incluso frente a la relevancia estratégica del proyecto del Canal, las élites conservadoras privilegiaron soluciones orientadas al control interno y a concesiones puntuales, en detrimento de una estrategia diplomática o geopolítica coherente.
54Los resultados expuestos subrayan tanto la coherencia interna del proyecto regeneracionista como sus contradicciones. Se trató de un esfuerzo persistente por homogeneizar y unificar a la nación que, de manera paradójica, contribuyó a la desintegración de una de sus piezas más valiosas y, al mismo tiempo, más problemáticas. La correspondencia entre Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez resulta fundamental para comprender el funcionamiento del gobierno regenerador, pues dichas comunicaciones permiten observar con claridad los procesos de toma de decisiones y las estrategias de manejo del orden público en el istmo. Asimismo, este intercambio epistolar permite entender cómo operó en la práctica el concepto de soberanía moral-católica desarrollado por Caro.
55En lo que respecta a la prensa, puede afirmarse que el valor histórico de periódicos como El Colombiano y El Constitucional radica no solo en que consignaron los acontecimientos y controversias que rodearon la discusión del tratado Hay–Herrán, sino también en que constituyen fuentes clave para analizar tanto la postura del gobierno colombiano, especialmente de cara a la opinión pública, como la de los congresistas que participaron en los debates sobre el problema panameño. Los artículos citados, incluidos los de la prensa liberal, permiten sostener que la separación de Panamá fue, tanto para liberales como para conservadores, un acontecimiento fundamental en la configuración de un sentimiento nacional. A partir de este momento, es posible trazar cómo la defensa de la nación pasó a constituirse en un principio compartido por ambos partidos frente a las amenazas extranjeras, en particular la representada por los Estados Unidos.
56Publicaciones posteriores, como el periódico Sur América, fundado por Adolfo León Gómez y que contó con colaboradores como Juan B. Pérez y Soto, reflejan la continuidad de los debates aquí analizados y confirman que, para los dirigentes de los dos partidos tradicionales, la responsabilidad por lo ocurrido en Panamá no recaía en Colombia, sino en el país que promovió la Doctrina Monroe.
57Para profundizar y matizar esta interpretación, resulta imprescindible ampliar la base documental. Sería especialmente útil incorporar archivos diplomáticos, tanto colombianos como extranjeros, así como correspondencia privada de actores regionales y fuentes empresariales vinculadas al Canal. En particular, el estudio del archivo personal de figuras como Juan B. Pérez y Soto sería esclarecedor para examinar la existencia de voces panameñas que defendieron la unión con Colombia. Una investigación de este tipo permitiría ampliar la hipótesis de hasta qué punto la lectura localista fue dominante entre los conservadores y cómo esta varió según regiones y actores, enriqueciendo así la comprensión del vínculo entre política interna, prensa y geopolítica en la crisis que condujo a los acontecimientos de 1903.