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Éclairages
À 50 ans de 1976. Résistances ouvrières et conflits sociaux avant le coup d’État en Argentine

Bajo el signo de la transformación: género, trabajo y radicalización obrera en la Argentina (1969-1976)

Andrea Andújar et Juliana Torres
Traduction(s) :
Sous le signe de la transformation : genre, travail et radicalisation ouvrière en Argentine (1969-1976) [fr]

Texte intégral

Huelguistas del Banco Nación (Buenos Aires, Capital federal) detenidas el 27 de marzo de 1974.

“Una semana más de lucha en los bancarios. El Banco Nación transformado en cárcel”, El Descamisado, n°46, Buenos Aires, 2 de abril de 1974, p. 7.

Tiempos de cambio: a modo de introducción

  • 1 “El Banco Nación transformado en cárcel”, El Descamisado, n° 46, Buenos Aires, 2 de abril de 1974, (...)
  • 2 Para un balance historiográfico con perspectiva de género, véase Andújar y D’Antonio (2020). Desde (...)

1Ubicadas en la parte trasera de una camioneta policial, cuatro jóvenes se convertían en protagonistas de una escena que, por su gestualidad, transmitía alegría y desafío, en marcada tensión con el epígrafe que, además de consignar su ocupación y filiación política, destacaba la condición de “presas” que pesaba sobre ellas en aquel instante. Junto con otras imágenes, la foto acompañaba una extensa nota publicada en El Descamisado, órgano de prensa de Montoneros, organización político-armada de la izquierda peronista, sobre el operativo represivo que intentó poner fin al conflicto suscitado en el mes de marzo de 1974 en el Banco Nación, tras el despido masivo de activistas gremiales1. La imagen buscaba ilustrar el contraste entre las trabajadoras peronistas y los “gorilas”, término acuñado en la década de 1950 para calificar a los opositores al peronismo y sus políticas sociales. En este caso, el destinatario englobaba a las fuerzas de seguridad, a los funcionarios bancarios y los líderes sindicales peronistas ortodoxos, vinculados al gobierno, que se habían opuesto a las medidas de fuerza. La nota, en cambio, no hacía alusión a las bancarias captadas por la cámara ni a su detención. De todos modos, su registro gráfico confirma lo que muchas investigaciones vienen señalando desde hace tiempo: la activa participación de las trabajadoras en el proceso de radicalización social y política de los años setenta en la Argentina. Con los indicios brindados por fotografías, documentos periodísticos y sindicales, cartas, escritos autobiográficos y testimonios, entre otras fuentes, estos trabajos sacaron de la opacidad a esas mujeres, logrando restituir su presencia activa en ese proceso al inquirir por sus modos de intervención y organización, sus experiencias políticas y sindicales, y también por las formas en las que fueron recordadas2.

2En este artículo nos proponemos analizar la participación de las trabajadoras en las confrontaciones sociales de Argentina durante los primeros años setenta, deteniéndonos en sus estrategias y sus prácticas de involucramiento sindical y político. Argumentamos que esa participación femenina incidió de manera significativa en el proceso de radicalización obrera, delineando sus sentidos y alcances a partir de una experiencia de clase intrínsecamente sexuada. Sostenemos, a su vez, que si bien dicho proceso no logró subvertir las desigualdades de género, erosionó algunos de sus pilares al habilitar nuevas formas de ocupación del espacio público y de militancia, minar la autoridad masculina en esos ámbitos y fomentar la exigencia de derechos específicos en cuanto mujeres y trabajadoras. Vistos en conjunto, estos cambios mejoraron los márgenes de negociación de las trabajadoras tanto con sus pares varones como con sus adversarios de clase.

“Que la tortilla se vuelva”... vientos de transformación

3Hace algunos años, la historiadora argentina Ana Noguera (2021) se preguntaba si las mujeres tuvieron un Cordobazo, retomando el clásico interrogante de Joan Kelly (1977) sobre la supuesta universalidad de las periodizaciones históricas con sus hitos constitutivos y el impacto de sus transformaciones. El interrogante de Noguera no era un gesto menor. Protagonizado por los sectores más dinámicos de la clase trabajadora a fines de mayo de 1969, esa insurrección popular iniciada en la segunda ciudad en importancia de Argentina, se interpretó como un punto de inflexión en las luchas obreras al impulsar un proceso de radicalización que marcó el inicio del fin de la dictadura militar instaurada en 1966, desafió a las conducciones sindicales burocratizadas, interpeló al poder patronal y cuestionó la reproducción del orden capitalista. Sin embargo, en los relatos tradicionales, las trabajadoras casi no figuraban. Borroneadas de la lucha, tampoco se reconocía su presencia entre la fuerza laboral que la hizo posible.

4Esta ausencia narrativa contrasta con una realidad histórica: desde fines del siglo XIX, el trabajo asalariado femenino fue clave para la consolidación del capitalismo en Argentina. Pese al ideal de domesticidad que las relegó a ocupaciones de baja calificación –empleo doméstico, servicios, comercio y ramas industriales como la textil, alimenticia y frigorífica–, las mujeres mantuvieron una presencia laboral sostenida. En los años sesenta y comienzos de los setenta ampliaron su inserción en sectores tradicionalmente masculinos, como la metalmecánica y la gráfica, y reforzaron su participación en los servicios y la administración pública. Para muchas, el trabajo remunerado dejó de ser ocasional, lo cual supuso trayectorias laborales mucho más continuas. Paralelamente, creció su acceso a la educación y la titulación, lo cual alimentó un proceso más amplio de redefinición de roles de género y formas de sociabilidad. Particularmente entre los sectores medios urbanos, el trabajo asalariado adquirió nuevos sentidos asociados a la autonomía femenina y a las aspiraciones que trascendían el ámbito doméstico y cuestionaban el mandato maternal.

5Córdoba replicaba lo que ocurría en otros centros urbanos. Desde mediados de los años cincuenta, la ciudad creció aceleradamente al compás del desarrollo industrial vinculado a la rama automotriz, metalmecánica y química. Pero las mujeres mantuvieron patrones tradicionales de inserción laboral. Así, la fuerza laboral femenina siguió concentrada en los servicios y el comercio, mientras que su presencia en la industria continuó siendo limitada y mayormente circunscripta a la rama textil, de confección, vidrio y calzado.

6Fue desde esas ocupaciones que las mujeres participaron en el Cordobazo y en las luchas que se precipitaron a partir de él. Su presencia fue menor que la masculina, pero no por ello marginal. Diversos grupos de trabajadoras se movilizaron con demandas propias y disputaron activamente su ocupación del espacio público armando barricadas, enfrentando a la policía y al ejército o resguardando en sus casas a las y los manifestantes de ese mayo de 1969. Entre ellas destacaron las empleadas domésticas, organizadas desde 1967 en el Sindicato de Empleadas de Casas de Familia en torno a reclamos por la inestabilidad laboral, los contratos y los bajos salarios; y las maestras agrupadas en la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, cuya participación –en muchos casos por fuera del sindicato– reforzaba la afirmación de su condición de trabajadoras. Algo similar ocurrió en el ámbito de la salud, donde numerosas empleadas de centros sanitarios se politizaron a partir de reclamos por mejores condiciones laborales y por demandas específicas largamente postergadas, como la de igual salario por igual trabajo o la creación de guarderías en los lugares de trabajo.

Arriba las pobres del mundo: mujeres que se organizan

7Estas experiencias de lucha alentaron una mayor presencia de mujeres en las listas de las agrupaciones gremiales, en instancias organizativas de base –como las comisiones internas de fábrica– y en cargos de mayor jerarquía. Un ejemplo de ello fue el de la Federación Gráfica Bonaerense, en Buenos Aires, donde el grado de afiliación femenina, el acceso a puestos de liderazgo sindical y la participación en acciones contenciosas crecieron sostenidamente entre 1968 y 1974, hasta la intervención del gremio. Ellas también se activaron sindicalmente en ámbitos donde su presencia había sido especialmente limitada, como la industria automotriz, animando la emergencia del clasismo, una corriente sindical de izquierdas que promovía un sindicalismo comprometido con la lucha de clases, antiimperialista y anticapitalista. Un caso paradigmático en ese sentido volvió a alojarse en Córdoba, en la Industria Latinoamericana de Accesorios S.A., proveedora de IKA-Renault, donde la mayoría de las 400 personas empleadas eran mujeres. Allí, participaron activamente en las tomas de fábrica impulsadas por las organizaciones de base clasistas de las automotrices cordobesas, que culminaron en la conquista de la dirección de la seccional de Córdoba del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor en 1972. Además de la represión de la que fueron objeto, las trabajadoras en general debieron enfrentar diversos obstáculos para realizar estas acciones y acceder a espacios de representación sindical, ya fuera por la sobrecarga del trabajo reproductivo y de cuidado, por las resistencias de dirigentes varones e incluso por la oposición de sus compañeros y maridos.

8El año 1972 fue sumamente conflictivo en diversas regiones del país, como en la provincia de Mendoza. Luego de protestas dispersas y a pesar de la atomización gremial, las docentes sostuvieron una huelga por tiempo indeterminado que las llevó a participar activamente en el Mendozazo, una jornada masiva de paro y movilización ocurrida a comienzos de abril que derivó en fuertes choques con la policía y en la renuncia del interventor del gobierno provincial. Si bien estas experiencias no transformaron de manera profunda sus representaciones de género, sí redefinieron la identidad de clase con la que las educadoras se reconocían, dejando atrás la idea de la docencia como apostolado. En ese proceso de afirmación como trabajadoras surgió el Sindicato Único de los Trabajadores de la Educación, que desempeñó un papel central en la creación en septiembre de 1973 del sindicato nacional docente, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina.

9Esta oleada de movilizaciones provocó la caída de la dictadura militar iniciada en 1966 y el regreso, en 1973, del peronismo al gobierno luego de 18 años de proscripción política, reavivando las expectativas entre los y las trabajadoras en materia de transformaciones y mejoras de sus condiciones de existencia. Como parte de ese clima, el gremio bancario desplegó una intensa actividad de lucha y organización, con una creciente participación de las trabajadoras, principalmente en la ciudad de Buenos Aires, donde la fuerza de trabajo femenina había crecido de manera sostenida. En la Capital Federal, las trabajadoras bancarias participaron activamente en los conflictos laborales que tuvieron lugar en numerosas entidades –los bancos Provincia, Sindical y Nación, entre otros– así como también en los procesos organizativos y las disputas sindicales desarrolladas en aquellos años. En paralelo, el avance de las izquierdas en el gremio contribuyó a fortalecer discursos y prácticas que ponían de relieve la situación de las trabajadoras en el espacio laboral, mediante la explicitación de demandas como el pago de la guardería infantil o la igualdad de oportunidades en la carrera bancaria.

10La presencia decisiva de las trabajadoras también fue visible en las luchas libradas en las ciudades del cordón industrial del río Paraná. Un caso emblemático fue el de la comunidad metalúrgica de Villa Constitución, donde los trabajadores buscaron desplazar a la conducción peronista ortodoxa local de la Unión Obrera Metalúrgica, el gremio más poderoso de ese momento. Como empleadas administrativas y también como esposas, hijas y vecinas de los obreros, militantes políticas vinculadas a las diversas vertientes de izquierda marxista y peronista, las mujeres participaron activamente del Villazo de marzo de 1974, una lucha que combinó la ocupación de la empresa siderúrgica ACINDAR con una intensa movilización para exigir elecciones sindicales. Asimismo, fueron centrales en la resistencia frente a la represión del operativo “Serpiente Roja del Paraná” lanzado por el gobierno nacional en marzo de 1975, que culminó con el encarcelamiento de casi toda la Comisión Directiva, el asesinato y desaparición de militantes políticos y sindicales, el exilio y la persecución de numerosas familias obreras. Pocos meses más tarde, a nivel nacional y a pesar del clima represivo reinante, los trabajadores y sus familias protagonizaron, a principios de julio, una huelga con movilizaciones para exigir la renuncia de los ministros de Economía Celestino Rodrigo y de Bienestar Social José López Rega (líder de la organización parapolicial Alianza Anticomunista Argentina).

11Sin embargo, la victoria de esa protesta masiva no logró torcer, como lo había hecho el Cordobazo, la lucha de clases a su favor. El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 tuvo entre sus objetivos centrales desarticular el proceso de lucha y organización obrera que venía disputando tanto la explotación de clase como la opresión de género, dimensiones inseparables para comprender el decurso de la sociedad capitalista. Alentada por amplios sectores empresariales, la dictadura militar inaugurada ese día operó como una revancha de clase y de género destinada a clausurar esos avances.

A modo de cierre

12Incorporar la perspectiva de género permite comprender con mayor profundidad las luchas obreras en el pasado reciente pues pluraliza a los sujetos involucrados y visibiliza formas diversas de organización, protesta y demanda que las narrativas masculinizadas suelen relegar. Asimismo, ofrece herramientas para analizar qué hicieron las trabajadoras, cómo y por qué lo hicieron, atendiendo a sus motivaciones, obstáculos y márgenes de acción. Presentes en el conflicto de clases desde la consolidación del capitalismo en Argentina, como integrantes de familias obreras y como asalariadas, sus intervenciones colectivas adquirieron nuevos sentidos en las décadas de 1960 y 1970, en un contexto de creciente radicalización social y política. Esa radicalización habilitó intervenciones más firmes y rupturistas de su parte, pero también se nutrió de ellas. Al colocar su foco en las trabajadoras, este trabajo pudo advertir cómo buscaron mejorar sus condiciones de existencia, disputar el espacio público y desbordar los límites del ámbito doméstico, con resultados desiguales pero nunca irrelevantes para sus vidas, las de sus comunidades y nuestra propia comprensión del pasado reciente.

13Toda escritura sobre el pasado es una intervención situada en el presente. Hoy investigamos y escribimos en un contexto en el que el gobierno de Javier Milei arremete contra los feminismos, el movimiento de mujeres, los derechos de la clase trabajadora y la producción de conocimiento. Ese embate, sin embargo, también confirma la potencia de un largo y sostenido compromiso en producción de saberes, en la politización de las mujeres trabajadoras y en los trasvasamientos múltiples entre los feminismos y la clase obrera. Son esas circulaciones, esos vínculos que comenzaron a trazarse con fuerza en los años setenta, los que siguen siendo cruciales para resistir, pensar colectivamente y transformar la realidad actual.

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Bibliographie

Andújar, Andrea et Victoria Basualdo, “Género, trabajo, familia y militancia en la comunidad metalúrgica de Villa Constitución durante los tempranos ‘70”, Historia Regional 49, 2023, p. 1-22.

Andújar, Andrea y Antonia Débora, “Chicas como tú’... Género, clase y trabajo en la Argentina reciente: un balance desde la historia social”, Archivos De Historia Del Movimiento Obrero Y La Izquierda 16, 2020, p. 93-110.

Ghigliani, Pablo, “Las mujeres trabajadoras en la industria gráfica de los años sesenta y setenta: participación sindical, agencia contenciosa y discursos de género”, Trabajo y sociedad 31, 2018, p. 149-166.

Kelly, Joan, “Did Women Have a Renaissance?”, in Renate Bridenthal y Claudia Koonz (dir.), Becoming Visible: Women in European History, Boston, Houghton Mifflin, 1977.

Laufer, Rodolfo, “Clase y género en la Córdoba combativa. Las obreras de ILASA y la ocupación de la fábrica en 1970”, Anuario de la Escuela de Historia Virtual n°16, 2019, p. 93-114.

Nassif, Silvia G., “Mujeres trabajadoras del azúcar: clase, género e identidad en el sur tucumano”, Historia Regional, n°44, 2021, p. 1-19.

Noguera, Ana L., “¿Tuvieron las mujeres un Cordobazo? Algunas reflexiones desde testimonios de mujeres trabajadoras”, Revista Estudios Marítimos y Sociales n°18, 2021, p. 297-324.

Rodríguez Agüero, Laura, “Maestras y madres. Género y lucha docente en el post Mendozazo (1972-1973)”, Millcayac - Revista Digital de Ciencias Sociales, vol. 1-1, 2014, p. 75-98.

Torres, Juliana, Conflictividad, organización y resistencia en las entidades bancarias de la Ciudad de Buenos Aires (1973-1979), trabajo de máster inédito, Universidad de Buenos Aires, 2023.

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Notes

1 “El Banco Nación transformado en cárcel”, El Descamisado, n° 46, Buenos Aires, 2 de abril de 1974, p. 6-7.

2 Para un balance historiográfico con perspectiva de género, véase Andújar y D’Antonio (2020). Desde entonces, el interés por este enfoque se ha ampliado como puede verse, a modo de ejemplo, en: Brandolini (2021), Esponda (2021), Nassif (2021), Noguera (2021), Peláez (2021), Andújar y Basualdo (2023), Torres (2023).

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Table des illustrations

Légende Huelguistas del Banco Nación (Buenos Aires, Capital federal) detenidas el 27 de marzo de 1974.
Crédits “Una semana más de lucha en los bancarios. El Banco Nación transformado en cárcel”, El Descamisado, n°46, Buenos Aires, 2 de abril de 1974, p. 7.
URL http://journals.openedition.org/ideas/docannexe/image/24580/img-1.jpg
Fichier image/jpeg, 433k
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Pour citer cet article

Référence électronique

Andrea Andújar et Juliana Torres, « Bajo el signo de la transformación: género, trabajo y radicalización obrera en la Argentina (1969-1976) »IdeAs [En ligne], 27 | 2026, mis en ligne le 01 mars 2026, consulté le 12 juillet 2026. URL : http://journals.openedition.org/ideas/24580 ; DOI : https://doi.org/10.4000/15uhk

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Auteurs

Andrea Andújar

Andrea Andújar est docteure en histoire par l’Université de Buenos Aires. Chercheuse à l’Institut de Recherches en Études de Genre (FFyL-UBA) et au Conseil national de la recherche scientifique et technique (CONICET) d’Argentine. Membre du collectif Historia Obrera, de l’Association latino-américaine et ibérique d’histoire sociale (ALIHS) et de l’Association d’histoire orale de la République argentine (AHORA). Autrice notamment de “Rutas argentinas hasta el fin”. Mujeres, política y piquetes, 1996-2001 (Ediciones Luxemburg, 2014), co-autrice de Vivir con lo justo. Estudios de historia social del trabajo en perspectiva de género. Argentina, siglos XIX y XX (Prohistoria, 2016) et co-coordinatrice de Género, trabajo y cuestión social en la Argentina del siglo XX (Imago Mundi, 2025).
andreaandujar[at]gmail.com

Juliana Torres

Juliana Torres est professeure et magister en histoire de l’Université de Buenos Aires. Membre du Groupe d’Histoire Sociale et Genre de l’Institut de Recherches en Études de Genre (FFyL-UBA). Ses recherches portent sur l’organisation syndicale et les luttes des travailleuses et travailleurs du secteur bancaire à Buenos Aires dans les années 1970.
juliana636[at]yahoo.com.ar

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Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont susceptibles d’être soumis à des autorisations d’usage spécifiques.

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