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Reseñas

La tradición discontinua (Sobre Celebración. A través de la poesía americana, de Edgardo Dobry)

Fernando García Moggia
Referencia(s):

Dobry Edgardo, Celebración. A través de la poesía americana, Trampa, Barcelona, 2022, 271 págs.

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1En las últimas décadas, la crítica de poesía latinoamericana ha tendido a tomar posiciones entre quienes lamentan la pérdida de una tradición fuerte y quienes se proponen pensar la poesía sin ese constante recurso al pasado. Eduardo Milán se preguntaba en su Resistir. Insistencias sobre el presente poético (2014): «¿Por qué [ha ocurrido] el descenso de la temperatura poética en América Latina que nos ha llevado a la parálisis actual, a este momento de “todo vale” en poesía? ¿Qué es lo que ha llevado a los nuevos poetas latinoamericanos al olvido de su tradición de rigor?» (p. 91), bajo el entendido de que esa tradición no es sino la vanguardia y sus continuadores: «a mi modo de ver la única válida», agrega Milán. Desde la otra vereda, Gustavo Guerrero, en su Paisajes en movimiento. Literatura y cambio cultural entre dos siglos (2018), planteaba que en nuestro tiempo «se expresa la necesidad de elaborar un relato otro, una narrativa distinta, capaz de darle una forma a la distorsión que vivimos» (p. 10). Un relato escrito en presente que otorgue legibilidad a un tiempo que se rige, ante todo, por su presentismo.

2Una de las novedades de Celebración. A través de la poesía americana (2022) es que no intenta pensar la actualidad poética ni por aquello que falta ni por aquello que hay, sino que propone una vía alternativa: reinventar una forma de tradición viable para el presente. Estamos, en ese sentido, ante un libro inusual; un libro escrito —como sugiere su título— bajo el auspicio de una pasión alegre: la de pensar la potencia que ha desplegado la poesía americana desde el siglo xix, así como sus posibilidades de desarrollo actuales.

3Ahora bien, ante una propuesta de este tipo la primera pregunta que cabe hacerse es: ¿poesía americana?, ¿existe un fenómeno tal que abarque todo el continente? Postular a Latinoamérica como unidad cultural es una tarea tan común como difícil de sostener en la práctica; pensar, además, en una poesía continental exige redoblar la apuesta. El libro más exhaustivo que tenemos acerca de la poesía latinoamericana del siglo xx, La máscara, la transparencia de Guillermo Sucre, opta por un subtítulo más prudente: Ensayos sobre poesía hispanoamericana. Incluir, como hace Dobry, el subtítulo A través de la poesía americana nos habla sin ambages de la gran ambición del libro.

4La tensión entre lo hispanoamericano y lo americano es, sin embargo, antigua y persistente. El propio Rubén Darío cantó las loas a las «ínclitas razas ubérrimas» de la «Hispania fecunda» en el Ateneo de Madrid, y un año después, durante la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro de 1906, alzó un saludo al águila anglosajona y a la unidad de los pueblos del continente americano. Más cerca en el tiempo, las antologías Laurel (1941) y Las ínsulas extrañas (2002) insistieron, con espíritu panhispánico, en la unidad de la poesía escrita a ambos lados del Atlántico bajo el suelo común de la lengua. No obstante, Octavio Paz —coeditor de Laurel— matizaba esa aspiración en un ensayo sobre Whitman: «La presencia y el presente de América son un futuro; nuestro continente es la tierra, por naturaleza propia, que no existe de por sí, sino como algo que se crea y se inventa. Su ser, su realidad o substancia, consiste en ser siempre futuro, historia que no se justifica en lo pasado, sino en lo venidero». Y agregaba a párrafo siguiente: «Quizá esto no sea del todo exacto si se piensa en el periodo colonial de la América española y portuguesa» (pp. 296-297).

5Visto en perspectiva, el proyecto de Celebración sigue el rastro, aunque actualizándola, de esta segunda posición americanista o panamericana, la cual carece aún de una antología representativa. El gesto no es casual y llama aún más la atención si consideramos que en su libro de crítica anterior, Orfeo en el quiosco de diarios (2007), Dobry analiza lo que llama «la crisis de hoy» a partir de las tensiones inaugurales entre el simbolismo francés y la estética protocubista de un poeta como Apollinaire, en un arco temático que integra a poetas argentinos, poetas españoles y otros debates contemporáneos. Es decir, el ámbito de análisis entre uno y otro libro no solo se ha ampliado, sino que también ha desplazado su eje: ahora la poesía americana puede pensarse sin remitirse necesariamente a la europea, o mejor, considerando que esa influencia debe entenderse desde América y desde sus propios problemas e intercambios. Una perspectiva, habría que agregar, que se ajusta mejor a la realidad actual de la literatura hispanoamericana, en donde el diálogo con la literatura brasileña y estadounidense se ha intensificado en las últimas décadas gracias a un complejo entramado de ferias y festivales internacionales, editoriales y revistas enfocadas en la traducción, residencias y programas universitarios en escritura creativa que reúnen a escritores y poetas de distintos rincones del continente. Ya era hora, pues, de que alguien se detuviera a observar esta realidad en lo que tiene de historia y también de proyecto.

6Con todo, Dobry no da por sentada la existencia de la poesía americana, sino que la aborda como una posibilidad que demanda un trayecto reflexivo. De ahí su gran atrevimiento ensayístico: salir en búsqueda de ese esquivo objeto sin lengua ni unidad político-cultural que lo aúne. Es en el sentido de esta búsqueda que el adverbio «a través» del subtítulo cobra todo su peso; y es también con ella que su escritura asume una tesitura exploratoria. Las herramientas con que se emprende esta exploración son igualmente sorprendentes, no tanto por su novedad sino por el alcance de sus ondas. Me refiero a las tesis que sostiene el libro y que, a lo largo de este, en un movimiento en espiral y a ratos discontinuo, van tomando cada vez más espesor. La primera de estas tesis, expuesta en el capítulo «Cantar lo presente: una tradición americana», es tal vez la más compleja e importante. Veamos.

7En Una profecía del pasado (2010), Dobry ya había señalado una carencia fundacional en las literaturas americanas: su imposibilidad de erigirse sobre el relato mítico de una epopeya, tal como sucedió en la mayor parte de Europa. Para el siglo xix, dice, la epopeya es un género muerto o al menos ya codificado dentro de la literatura, lo que impide su generación espontánea. Obras como La Araucana de Ercilla, todavía apegadas al modelo renacentista del Orlando furioso, mal que bien podían aspirar a esa función en su momento, pero para autores posteriores, como Leopoldo Lugones, la empresa resultaba del todo inviable. Así, en su intento de convertir el Martín Fierro en una epopeya nacional, Lugones tuvo que ignorar no solo la autoría personal del poema, sino también el carácter marginal y antiheroico de su protagonista. Dobry retoma este diagnóstico en Celebración, pero lo amplía a través de una idea clave de Haroldo de Campos, según la cual las literaturas americanas, al surgir de lenguas ya maduras, carecen de infancia: son literaturas que nacen adultas, sin posibilidad de atravesar el estado de «no habla» que caracteriza al infans. Y agrega, en unas líneas que condensan gran parte de su proyecto:

En las literaturas americanas existe una tradición que es el resultado visible de esa imposibilidad de una épica, de la emergencia ya adulta de nuestras literaturas, y de las sucesivas manifestaciones y transformaciones de lo que podríamos denominar la pulsión épica. Entendida esta como una pulsión resuelta por una vía sucedánea y, a la vez, constitutiva. Se trata del auge continental de la oda, un poema lírico generalmente extenso, de intención celebratoria en que el objeto cantado suele afectar a la comunidad —a lo político— más que al individuo, y de exaltación de lo presente, aquello que el poeta mira: el paisaje, el acontecimiento, la poesía, el idioma mismo. (p. 41)

8La postulación de esta truncada pulsión épica revela en Dobry un enfoque cercano a la «interpretación sintomática», en el sentido propuesto por Fredric Jameson (1989). Se trata de una lectura atenta a las interrelaciones entre lo político y lo imaginario, en la que los síntomas formales del texto remiten a una estructura histórica subyacente. Sin embargo, Dobry no se interesa tanto por las manifestaciones de esta pulsión en los cruces entre alta y baja cultura, como por sus efectos en el desarrollo específico de la poesía en cuanto género literario. A través de ella —y desde ella— busca desentrañar los vínculos complejos que esta sostiene con la historia, la geografía y la lengua. En este marco, sostiene que la oda americana —entendida como canto a lo presente— cristaliza en su forma moderna con Whitman, cuyo influjo se mantiene vivo tanto en la poesía estadounidense actual como, a través de las sombras de Huidobro, Neruda o Borges, en la latinoamericana.

9A partir de su reflexión sobre la forma-oda, cuya estructura paratáctica tiende a suspender la linealidad narrativa de la epopeya, Dobry se embarcará en una indagación acerca de las formas que tendrá paraderos de lo más inesperados. El primero de ellos es Juan L. Ortiz, un poeta «redescubierto» en los años 80 y que aquí, en contrapunto con Wallace Stevens y William Carlos Williams, asume un lugar protagónico a la hora de pensar las relaciones entre territorio y poesía. Un declarado discípulo suyo, Juan José Saer, aparece en otro capítulo como figura bisagra para pensar las mutuas contaminaciones entre el verso y la prosa. Y, en un capítulo en torno a las irradiaciones que ha tenido el poema «Una carroña» de Baudelaire, se desliza silenciosamente una lectura acerca de la degradación de las formas poéticas que, desde Canto VII de Altazor hasta los experimentos tipográficos de Leónidas Lamborghini, se proyecta sobre algunas de las poéticas más interesantes de las últimas décadas.

10La segunda tesis fuerte del libro, vinculada a la anterior, tiene relación con la temporalidad americana. Al carecer del substrato de una tradición estable que asegure una continuidad entre pasado y presente, según Dobry las literaturas americanas establecen vínculos temporales a partir de otro mecanismo: el de la discontinuidad. Contra lo que pudiera parecer, esta discontinuidad no supone una negación de la tradición, sino que más bien abre la posibilidad de pensarla desde una perspectiva distinta, propiamente americana: una tradición que se elabora a través de asociaciones y sincronías, en la que el pasado está siempre por hacerse. El capítulo «Historia, tradición y simultaneidad americana» es en donde mejor queda expuesta esta doctrina, cuya disímil constelación de autores (Eliot, Croce, Curtius, Lezama Lima, Borges, Lugones, Alfonso Reyes, Pound, De Campos) ya es bastante elocuente respecto a sus posibilidades constructivas.

11La metáfora temporal del río aparece como figura clave y, en otro capítulo, Dobry refiere un ejemplo esclarecedor. Cuenta que en la primera sección de La vida nueva (2019), titulada «Dices que como el río el amor vendrá», Raúl Zurita presenta a modo de epígrafe una larga tirada de citas sobre ríos. A fragmentos del Génesis, el Ramayana y el Mahabaratta les siguen, en posición fundacional, citas de Hesíodo, Leonel Lienlaf, Homero, Píndaro, Horacio, entre otros nombres que amplían la secuencia hasta el presente. Dobry se detiene entonces en la posición del poeta mapuche Lienlaf, nacido en 1969. Y agrega: «[es] una fundación extemporánea o a destiempo, en la cronología trastocada por la discontinuidad americana» (p. 96). El río ya no como flujo, sino como interrupción.

12Pero Dobry también quiere hablar de los ríos, ni más ni menos que eso: corrientes de agua que surcan la masa continental, llámense Paraná o Amazonas. «Los poetas no saben (casi) nada del río» se titula el capítulo en donde intenta drenar las toneladas de líquido retórico que han impedido ver sus aguas desde Heráclito. Es así como, a partir del análisis comparado de El Gualeguay de Juan L. Ortiz y Paterson de William Carlos Williams, Dobry intuye un elemento común: a diferencia de los ríos en la ciudad europea, los ríos de ambos poemas no dividen a la ciudad en dos, sino que la bordean, la envuelven e incluso, como las cataratas de Paterson, la enciman. Aquí desliza entonces una idea notable, su tercera gran tesis: «En el espacio americano la ciudad no ha sometido al gran río, no puede canalizarlo. Esa diferencia sustancial exige al poeta otra expresión» (p. 79). En la posibilidad de pensar esa «otra expresión», esa «expresión americana», resuena toda una poética del paisaje que aún exige desarrollos ulteriores, pero que pone las bases para pensar las relaciones formales entre poesía y territorio, entre el lenguaje del poema y el del espacio habitado. En este sentido, Celebración no solo dialoga con las preguntas recientes de la geocrítica, sino que abre un lugar concreto para la poesía dentro del campo más amplio de los estudios territoriales contemporáneos.

13No me consta que Dobry haya escrito Celebración a partir de un modelo hidrológico, aunque no sería extraño que así fuera. Los capítulos del libro pueden leerse, en ese sentido, como afluentes que se alimentan de una misma tesis celebratoria, pero que también bifurcan sus cauces, exploran otras llanuras, a ratos sumergiéndose para resurgir páginas más adelante. La discontinuidad que promulga halla así su forma, su constelación. Leer a través de estos ríos es también pensar desde la diversidad misma del suelo americano.

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Bibliografía

Dobry Edgardo, Orfeo en el quiosco de diarios. Ensayos sobre poesía, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2007, 330 págs.

Una profecía del pasado. Lugones y la invención del «linaje de Hércules», Buenos Aires, FCE, 2010, 196 págs.

Guerrero Gustavo, Paisajes en movimiento. Literatura y cambio cultural entre dos siglos, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2018, 192 págs.

Jameson Fredric, Documentos de cultura, documentos de barbarie, Madrid, Visor, 1989, 241 págs.

Milán Eduardo, Resistir. Insistencias sobre el presente poético, en En suelo incierto. Ensayos (1990-2006), Ciudad de México, FCE, 2014, págs. 13-138.

Paz Octavio, «Whitman, poeta de América», en El arco y la lira, Ciudad de México, FCE, 1972, págs. 297-300.

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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Fernando García Moggia, «La tradición discontinua (Sobre Celebración. A través de la poesía americana, de Edgardo Dobry)»Cuadernos LIRICO [En línea], 31 | 2025, Publicado el 20 octubre 2025, consultado el 06 agosto 2026. URL: http://journals.openedition.org/lirico/20998; DOI: https://doi.org/10.4000/14zq1

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Autor

Fernando García Moggia

Universidad de Barcelona


fernandogarciamoggia@gmail.com

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