Otra Buenos Aires
Resúmenes
Entre 1990 y 1992, Adrián Gorelik y Graciela Silvestri realizaron, junto a Beatriz Sarlo y Rafael Filippelli, tres video-ensayos sobre Buenos Aires. Concebido inicialmente como una contribución al debate político de la época, este tríptico desafió las formas del documental tradicional al poner en tensión ideas teóricas con imágenes experimentales. Entremezclando documento y ficción, los tres Buenos Aires alteraron el centro de gravedad de las representaciones urbanas tradicionales, rescatando por ejemplo al Riachuelo como un territorio de proyectos truncos y resonancias utópicas. Este artículo vuelve sobre este trabajo que funcionó como un espacio de experimentación estética donde convivieron visiones divergentes sobre tradición y vanguardia
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- 1 Además del agradecimiento a los editores Sergio Delgado, Edgardo Dobry y Enrique Fernández Domingo (...)
1La realización de tres videos sobre Buenos Aires entre 1990 y 1992 fue un emprendimiento cardinal en nuestras vidas, en términos intelectuales y afectivos, ya que marcó nuestro modo de ver la ciudad y el cine y selló una amistad de a cuatro con Beatriz Sarlo y Rafael Filippelli que nos deparó largos años de discusiones encarnizadas y fabulosa complicidad.1 Es bastante sencillo recordar cómo surgió el proyecto. Nosotros estábamos en ese trance de pura felicidad que aparece en el curso de una investigación (se trataba de nuestras tesis doctorales sobre temas de historia de Buenos Aires), cuando se conoce lo suficiente el objeto como para comenzar a diseñar las hipótesis más audaces, pero todavía no lo suficiente como para advertir los obstáculos que las mismas encierran. Y encontrábamos en Beatriz la interlocutora soñada, porque su fascinación por la ciudad (el tema en general y Buenos Aires en particular) y su simpatía por los enfoques que ensayábamos se traducían en un entusiasmo por nuestro trabajo que, al tiempo que parecía disolver toda diferencia con nosotros, lo enriquecía con la agudeza y la generosidad intelectual de las que sólo ella podía ser capaz.
2Lo cierto es que pasábamos horas hablando los tres de Buenos Aires ante Rafael, que nos escuchaba con cierta distancia irónica por el rango pasional que llegaba a asumir el tema. Hasta que en un momento, en medio de un intercambio acalorado de opiniones, nos interrumpió para decir: “Acá hay un guion para una película”. Parecía una humorada más de las muchas de Rafael, ya que se trataba de una discusión bastante abstrusa en torno a los orígenes de las representaciones de Buenos Aires como “ciudad europea”, pero rápidamente nos dimos cuenta de que iba en serio, de que él ya lo estaba viendo como una película. Y este origen marca bien la división de tareas que luego pudimos confirmar que funcionaba entre él y Beatriz como pareja creativa: ella se ocupaba de los textos, los diálogos y la estructura conceptual; él de incorporarlos a una escritura narrativa ya propiamente cinematográfica que sólo estaba en su cabeza.
- 2 Los tres videos se pueden encontrar en internet, pero en versiones pésimas, ya que fueron tomadas d (...)
- 3 Rafael Filippelli, El plano justo. Cine moderno: de Ozu a Godard (selección de textos e introducció (...)
3En el primer video, Buenos Aires I, invirtiendo una frase de Godard que sostiene que en el cine “hay que confrontar ideas vagas con imágenes claras”, Rafael puso en los créditos iniciales para el guion y la dirección respectivamente: “Ideas claras”, seguido de nuestros tres nombres, e “Imágenes vagas”, seguido del suyo.2 Esta tampoco fue una humorada (ningún chiste, de los muchos que aparecen en sus películas, era nada más que un chiste): realmente quería ofrecer una discursividad cinematográfica hospitalaria a la catarata de ideas y de palabras sobre Buenos Aires que surgían en la conversación, indicando al mismo tiempo la dificultad de que las imágenes alcanzaran su nitidez, la contundencia con que las enunciábamos. Esa es una parte de lo que lo entusiasmó como experimento: quería probar cómo sería un video de tesis en el que la lógica de las imágenes no se impusiera a la de las ideas, en el que pudieran emerger las diferencias y las contraposiciones entre ambas, sin quedar suturadas en una sintaxis final reconciliada. Y, por otra parte, eran sus primeras relaciones con el registro en video (cinta magnética), un soporte, en comparación con la película de 35 mm, flexible y frágil que, en tanto no parecía poner límites ni económicos ni formales, suponía un límite principal para su credo cinematográfico: la ausencia de restricciones sin las cuales es más difícil garantizar la voluntad de forma con la que se calibra “el plano justo” –por usar la fórmula que para él definía el cine.3 Como buen modernista, al tiempo que podía rebelarse contra cualquier limitación puesta por las instituciones o el mercado, sabía que las limitaciones propias del medio técnico (desde la materialidad y el costo de la película de 35 mm hasta el tamaño y el peso de la cámara) eran la condición sine qua non de una actitud reflexiva sobre la forma. La vaguedad de las imágenes era también un desafío que le planteaba el video, con el que se propuso lidiar a conciencia.
4Podría decirse que en la relación creativa entre Beatriz y Rafael se ponía en escena una auténtica convicción sobre la autonomía de los lenguajes. Pero había algo más: para ella era claro que el resultado del trabajo conjunto iba a ser una película y que en el cine los textos y las ideas juegan un papel subordinado a la concepción general del director, lo que producía una asimetría importante en las responsabilidades de cada uno. Y aún algo más, porque esa asimetría debe compensarse con otras: ella acababa de publicar Una modernidad periférica (1988) y su prestigio estaba en pleno ascenso en el mundo intelectual y académico; él estaba en un difícil momento de transición en su accidentada carrera como cineasta (es fácil hablar de “transición” desde el futuro). Para ella, los “video-ensayos”, como los definió, eran un camino más de experimentación con un cruce de discursos comandado desde el arte, un modo de escapar de la indiferencia frente a la dimensión estética que la alarmaba en el estilo de normalización académica que se iba imponiendo y que se propuso eludir en toda su obra. Para él, no había muchos otros caminos más allá de la producción de un tipo de proyectos mínimos y de alto contenido experimental. Desde su regreso del exilio mexicano (con largas temporadas en Los Ángeles haciendo cine publicitario) había logrado filmar dos películas, Hay unos tipos abajo (1984) y El ausente (1989), pero las posibilidades de seguir haciendo cine en formato tradicional en Argentina se le aparecían ya completamente cerradas. Va a ser en los noventa cuando Rafael logre reinventarse como director y, tan importante como esto, se vaya descubriendo, poco a poco, en su rol de maestro de una nueva generación de cineastas (comenzó a enseñar en la FUC, la Universidad del Cine creada por Manuel Antín, en 1991). La serie de videos sobre Buenos Aires fue el modo que encontró para salir de ese impasse; la ciudad, Buenos Aires, no fue en esa tarea apenas un tema, sino el prisma a través del cual proyectar su nueva aproximación al cine.
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5En su contribución a este mismo dossier, David Oubiña explica la importancia programática que Rafael le asignaba a la ciudad en la definición del cine como lenguaje autónomo (subrayando esa aparente paradoja de que haya sido el registro documental de la ciudad, tal cual lo practicó primero el neorrealismo y en seguida la Nouvelle Vague, lo que permitió la consolidación de lo más propio de ese lenguaje). Y señala, en términos más específicos, dos de sus representaciones urbanas más personales: una, comprendida en una idea, la de filmar Montevideo como si fuese una Buenos Aires imaginaria; la otra, en una zona, el Bajo, o mejor dicho, el pequeño trapecio de manzanas que enlaza el Bajo propiamente dicho, donde la ciudad desciende hacia el río entre Catalinas y Plaza San Martín, que en los años sesenta mantenía restos del circuito lumpen y prostibulario del puerto, con el corazón de la Buenos Aires intelectual y artística de la época, que en torno de la encrucijada de Viamonte y Florida concentraba la Facultad de Filosofía y Letras, el Instituto di Tella, las galerías de arte, las librerías, las redacciones de las revistas culturales, los cafés de la bohemia y la política estudiantil. Se trata de representaciones que no solo remiten a vivencias personales, sino a universos literarios y cinematográficos muy afines a Rafael: la idea de Montevideo como una Buenos Aires levemente desplazada en el tiempo y el espacio es típicamente borgiana, y su realización en el cine podría encontrar un antecedente en la Aquilea de Invasión, de Hugo Santiago; como buena parte del cine de los sesenta, también Invasión tiene al Bajo como uno de sus focos, y Rafael le hizo recorrer varias de sus calles al protagonista de Hay unos tipos abajo –sin eludir Catalinas Norte, cuya consolidación como isla de rascacielos era una de las novedades que la ciudad les había deparado a quienes volvían del exilio hacia 1983.
6Beatriz también había sido parte –muy joven– de esa Buenos Aires intelectual de Viamonte y Florida en los sesenta y había vivido poco después su ampliación geográfica y política hacia la calle Corrientes, en cuyo eje seguía animándose el circuito cultural en los ochenta. Pero, además, en esa última década ella había convertido la ciudad en su tema de indagación: la Buenos Aires que ella disfrutaba intensamente se espejaba de algún modo en la experiencia de la ciudad moderna que habían tenido los escritores de las décadas del veinte y el treinta que ahora estudiaba –y esa relación doble entre sus propios recorridos por la cultura urbana y los de sus objetos de estudio se mantuvo en muchos de los temas que se iba a proponer en el futuro, oscilando entre la historia literaria y la crítica cultural y produciendo una identificación con la ciudad que muy pocos intelectuales han alcanzado entre nosotros.
- 4 A lo largo de la década de 1990 ese tramo del Riachuelo recibió la atención de unos pocos artistas (...)
7Para la serie de videos, de todos modos, ambos debieron encarar un tipo de representaciones urbanas muy alejadas de aquellos circuitos culturales, correr el foco a los márgenes deshilachados del sur de la ciudad: el Riachuelo. Y no el Riachuelo pintoresco y colorido de La Boca, ya convencional por una larga tradición de figuraciones pictóricas, literarias y cinematográficas, domesticado por el costumbrismo y el marketing turístico, sino un Riachuelo hierático y mudo, casi completamente carente de representaciones culturales, ausente no sólo de sus Buenos Aires preferidas –las de Beatriz y Rafael–, sino de cualquier imaginario activo de la ciudad: el Riachuelo del tramo medio, el que une o separa Barracas y Nueva Pompeya de Lanús y Lomas de Zamora; el de las fábricas obsoletas y los grandes descampados, los conjuntos de vivienda social descomunales y distópicos y las villas miseria que proliferan entre infraestructuras en desuso; ese tapón entre la Capital y el Gran Buenos Aires, esa orilla negada, como un agujero negro de precariedad y abandono. Así como la tecnología del video supuso un desafío para Rafael, quizás el principal –y la máxima apuesta estética e ideológica de la serie– fue alterar el centro de gravedad de las representaciones sobre Buenos Aires.4
8En este sentido fue el primero de los videos el que definió el territorio donde esa otra Buenos Aires iba a ser construida pieza a pieza en los tres. Que el auto-encargo tuviera un origen político no fue menor para esto. Junto con un grupo de compañeros del Club de Cultura Socialista, Beatriz venía impulsando la creación, en sociedad con el Institut Socialiste d’Etudes et de Recherches francés y el patrocinio de la Fundación Friedrich Ebert, de una “Iniciativa socialista” que, como primera actividad local, realizó en noviembre de 1990 un coloquio para pensar la crisis de la ciudad, denominado “Alternativas socialistas para Buenos Aires”. La ciudad se había instalado en el centro de nuestra imaginación política: era el modo de procesar el trauma del final del gobierno de Raúl Alfonsín reencauzando toda la expectativa que se había desplegado desde la apertura democrática, todas las posibilidades de transformación que se habían insinuado y ahora parecían frustradas. No hay que olvidar que 1989 fue un año clave para tres ciudades muy próximas: dos frentes de izquierda, el PT y el Frente Amplio, habían ganado las intendencias de San Pablo y Montevideo, y el socialismo santafesino (el viejo Partido Socialista Popular) había llegado al gobierno de Rosario. Un fenómeno novedoso en nuestra región que remitía a experiencias internacionales históricas: la de la ciudad funcionando como laboratorio y vidriera de experiencias reformistas innovadoras que testearan políticas posibles para el resto del país.
9Buenos Aires, así, parecía el ámbito más propicio para invertir el capital político-cultural que había dejado disponible la efervescencia de los años ochenta. Pero, para ello, la primera tarea era comprenderla: admitir que la fenomenal crisis que experimentaba la ciudad no era una mera deriva de la crisis económica general que enfrentaba el país, sino que tenía una dinámica específica en la que se acumulaban procesos históricos disímiles. La dictadura, con su obsesión autoritaria por la modernización, había velado la comprensión de que la ciudad había experimentado un fin de ciclo similar al de las principales ciudades occidentales: el fin de la expansión modernista que prometía siempre más progreso e integración.
10Para que se entienda mejor: el cambio de ciclo que diagnosticábamos iba de la mano de una incomprensión radical de las fuerzas políticas tradicionales pero, como contrapeso, confiábamos en la existencia de equipos intelectuales, fuerzas sociales y tradiciones culturales en la ciudad que podían rearticularse en un proyecto reformista capaz de encararlo. Y al mismo tiempo que organizábamos la plataforma institucional para estimular esa rearticulación, ofrecimos el video como contribución a la discusión de ese diagnóstico. Por eso, la primera frase del guion es “Buenos Aires ha estallado”: lo que había estallado era la ilusión modernista de la unidad y esa fractura permitía por primera vez entender que la historia de la ciudad había sido una eclosión de proyectos diferentes y enfrentados, cuyos restos podían ser vistos ahora como nueva fuente de inspiración. Contra la unidad modernista del proyecto, veíamos la ciudad como un patchwork de designios truncos. Y la zona de la ciudad que aparecía como más pródiga en propuestas radicales y en fracasos estruendosos era la del Riachuelo. Se trataba de encontrar, en el lugar más postergado, resonancias utópicas para alentar nuevas esperanzas de transformación; solo cabía resituar ese margen precario en el corazón de un nuevo ciclo de imaginación política y urbana.
11En efecto, en el Riachuelo se había desplegado el primer y único intento de constituir un eje industrial en la ciudad, proponiendo otra tonalidad para la modernidad de Buenos Aires y el protagonismo del río que la habría recentrado; asimismo, toda esa región había sido un territorio de experimentación para la tradición reformista estatal, que durante el largo ciclo expansivo había buscado equilibrar, con una carga notable de intervenciones públicas, la clara tendencia del mercado hacia el norte de la ciudad y, haciendo de la necesidad virtud, había dispuesto en el sur parques generosos y ambiciosos proyectos de vivienda social que, desde el conjunto municipal de Parque Patricios a comienzos del siglo XX hasta los grandes conjuntos de Lugano y Soldati en los años sesenta-setenta, pasando por las iniciativas más radicales del peronismo, como los conjuntos Simón Bolívar y Los Perales, habían quedado allí como mojones vigorosos de las posiciones más avanzadas del debate urbano de cada momento. Por supuesto, ese Riachuelo provenía de nuestras hipótesis de historiadores urbanos, pero con Beatriz y Rafael se convirtió en un territorio de invención cultural mucho más vasto y poderoso: las tres Buenos Aires están como magnetizadas por él.
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12Buenos Aires I es el ensayo de ideas más manifiesto. A partir del diagnóstico del estallido de la unidad modernista, el video estructura dos hilos narrativos. Uno se desarrolla en un viaje en un subte vacío (uno de los viejos vagones de madera del subte A, el que recorre de este a oeste el eje central del crecimiento de Buenos Aires) y presenta los grandes núcleos de intelección del fin del ciclo expansivo: una de las tecnologías urbanas que distinguieron la modernidad de Buenos Aires funciona como vehículo para contar su crisis terminal. El otro hilo presenta postales de esa modernidad, fragmentos de ciudad que interrumpen aquel viaje con microhistorias de sus conflictos: el cementerio de la Recoleta como una maqueta del poder; el jardín zoológico como paroxismo de la copia; la llegada en tren a la estación Retiro con sus diversas oleadas de inmigrantes (una postal que hace eco a la secuencia muda filmada en el barrio coreano, poblada de letreros incomprensibles que reponían, a fines del siglo XX, el impacto de los extranjeros llegados un siglo atrás); la autopista rota, interrumpida sobre el puerto, como resto arqueológico de la última generación de proyectos modernizadores.
- 5 Los textos del guion y la ficha técnica con los detalles de la producción pueden verse como apéndic (...)
13El video comienza poniendo en escena a los cuatro realizadores en el pequeño departamento en que vivían entonces Beatriz y Rafael en la calle Padilla, en el barrio de Villa Crespo, presentándose así, de entrada, como un proyecto de amigos, como el resultado mismo de esa amistad, lo que se amplía a todo el grupo de colaboradores: las voces en off son de Juan Carlos Portantiero, Oscar Terán y Daniel Samoilovich, compañeros del Club de Cultura Socialista, como eran también los “productores” que aportaron dinero y apoyo para la realización (33 amigos-camaradas a 50 dólares por cabeza).5
- 6 El dinero para realizar los videos II y III provino también de una colecta entre amigos, pero esta (...)
14Este carácter de proyecto colectivo, cementado por la amistad, fue decisivo en los tres videos, aunque para los Buenos Aires II y III pudo asumir un sesgo al mismo tiempo más profesional gracias al involucramiento del “Taller del Sur”, el grupo de la Escuela de Cine de Santa Fe que había apenas reabierto en 1985: Raúl Beceyro, Marilyn Contardi, Cecilia Beceyro y Carlos Essmann (pequeño equipo al que se sumó Sergio Wolf como productor general en Buenos Aires II y Pedro Deré, también del grupo de Santa Fe, como editor en Buenos Aires III).6 Respecto de los lugares de filmación, aparte de la ciudad misma, siguieron siendo completamente caseros: Buenos Aires II se filmó en el estudio de arquitectura que unos conocidos tenían en el edificio Barolo, en Avenida de Mayo, y Buenos Aires III en la que sigue siendo nuestra casa, en Balvanera, y en una oficina que Hugo Vezzetti tenía en la avenida Córdoba, en Villa Crespo.
- 7 El libro presentado fue La ansiedad perfecta. “Poesía espectacular” titularon García Helder y Priet (...)
15Como buen ejemplo de ese clima colectivo y del entramado urbano y cultural que lo alimentó, vale la pena detenerse brevemente en el modo en que descubrimos, en una tarde calurosa de comienzos de 1991, la disposición actoral del inolvidable Federico Monjeau, que en Buenos Aires II iba a hacer de Balder, el protagonista de El amor brujo, la novela de Roberto Arlt que tomamos como base para el guión. Su porte perfecto de personaje de Arlt se nos reveló cuando lo vimos por televisión, tomado por azar en el circuito cerrado que tenía el ICI de la calle Florida al 900: el Instituto de Cooperación Iberoamericana hacía muy poco remodelado por Clorindo Testa, uno de los nodos fundamentales de la cultura porteña entre los ochenta y los noventa, donde estábamos esperando la presentación de un libro de Samoilovich que se hizo mediante dos performances, una de Josefina Darriba, que iba a ser la protagonista de Buenos Aires III, y otra de Daniel García Helder y Martín Prieto (su “poesía espectacular”), todos ellos amigos e integrantes del Diario de Poesía que entonces compartía su lugar de reunión con Punto de Vista dentro del Club de Cultura Socialista.7
- 8 Buenos Aires II se exhibió en la jornada “Utopía y ciudad”, realizada en el Club de Cultura Sociali (...)
16La elección de una novela como vehículo de las ideas produjo un segundo video muy diferente, una suerte de ficción-ensayo. Balder es un ingeniero que sueña con una Buenos Aires de acero y cristal, lo que nos llevó a intervenir la historia de amor y desencuentro de la novela con una serie de discursos programáticos tomados de célebres vanguardistas, Le Corbusier, Hannes Meyer, Ludwig Hilberseimer y el más local Wladimiro Acosta: el protagonista se transformó en un profeta del utopismo arquitectónico de las primeras décadas del siglo XX y eso permitía contar, además, la historia de la difícil relación de las vanguardias con Buenos Aires. A la vez, largos pasajes de la ciudad vista desde el tren a Tigre (escenario principal de la historia de amor) presentan, en contrapunto con las imaginaciones de Balder, las extraordinarias descripciones urbanas de Arlt moduladas por la voz de Marilyn Contardi.8
17En Buenos Aires III, finalmente, se apeló por entero a la ficción. Un viejo historiador amateur (interpretado por Aníbal Ford), coleccionista de fuentes de la historia de su barrio, Parque Patricios, discute en una serie de encuentros con una joven historiadora urbana (interpretada por Josefina Darriba) que lo visita interesada en sus archivos. Las convicciones reformistas del viejo aficionado acerca de la relación armónica entre el progreso social y la modernización urbana son cuestionadas por la joven desde una perspectiva foucaultiana, con lo que se señalaba casi paródicamente una de las vías maestras de actualización crítica de la historia urbana en los años ochenta. Pero más allá de la dimensión metodológica de la discusión –cómo interrogar el pasado de la ciudad, cuáles son sus fuentes más fidedignas, cómo incluir la dimensión de los valores–, lo que se pone en escena es la necesidad de un cambio de frente para pensar Buenos Aires. Abordar la ciudad desde Parque Patricios suponía prestar atención a un sector muy poco presente en las representaciones de la ciudad, pero con roles fundamentales, porque funcionó como rótula de la modernización, como contrapunto entre el sur y el norte pero, sobre todo, entre diferentes visiones del sur: entre el futuro industrial que prometía el Riachuelo y el avance residencial que habilitaba la instalación del parque; entre un sur obrero irredimible y un sur “humilde pero decente” al que se aplicó la política pública y la filantropía privada.
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- 9 Volvemos a agradecer a Eugenio Monjeau las precisiones sobre toda la música: Gustav Mahler, Das Lie (...)
18Como se ve, Buenos Aires III es el único de los videos que se ocupa francamente del Riachuelo. Sin embargo, en la economía visual y narrativa de los tres su presencia es dominante, como la de un bajo continuo que les impone un ritmo y una coloración a las ideas sobre la ciudad. En los tres videos el torrente de ideas es interrumpido, puntuado por paréntesis de imágenes y música –la otra dimensión fundamental en la concepción cinematográfica de Rafael, que en el caso de los Buenos Aires se alimentó del diálogo permanente con Federico Monjeau. Así, en Buenos Aires I, al contrapunto entre el viaje en subte y los fragmentos narrativos de las postales, Rafael le sobrepuso otro contrapunto, el que se produce entre dos de los “proyectos truncos”: un plano fijo de Catalinas Norte tomado desde el río (el frente de rascacielos que Le Corbusier legó como programa obsesivo a la cultura arquitectónica local y recién logró comenzar a concretarse cincuenta años después) y las fábricas del Riachuelo. En especial, esa ciudad en miniatura que es la fábrica Tamet, una ciudad fantasma, en rigor, ya que, como todas las fábricas de la zona de Parque Patricios, a comienzos de los noventa funcionaba como depósito de containers al servicio de las nuevas tecnologías de carga portuarias; el video se detiene una y otra vez en los movimientos automatizados de las grúas pórtico que acomodan los containers como si se tratara de un ballet mecánico activado por un lied de Mahler.9
- 10 Edgar Varèse, Ionization, interpretado por la New York Philharmonic, dirigida por Pierre Boulez.
19En Buenos Aires II, porque su temática es la más ajena al Riachuelo, la fuerza del discurso visual y sonoro sobre él sorprende todavía más. El video comienza con el tango “Nieblas del Riachuelo” sonando desde una radio en el estudio de Balder, como prólogo de su primera alucinación vanguardista. Y luego parece encontrar su utopía construida –para ilustrar con otro “proyecto trunco” de Buenos Aires el espíritu del radicalismo arquitectónico– en el conjunto habitacional Lugano 1 y 2, retratado con fascinación desde diversos puntos de vista, siempre mediante un tema de Varèse que le da una gran ambigüedad a ese deslumbramiento: es tomado a veces de lejos, como una ciudad espectral desde el verde agreste del Riachuelo, y otras veces en primeros planos interiores, que tanto podrían anunciar un sueño urbano liberador como la geometría opresiva de una pesadilla modernista.10
- 11 Béla Bartók, 44 dúos para dos violines, nº 1: “Párosító”, interpretada por Mihály Szűcs y Wanda Wił (...)
20Finalmente, después de las duplas Tamet-Mahler y Lugano-Varèse, en Buenos Aires III es un dúo para violines de Bartók el encargado de revelar un paisaje transfigurado: el tramo central del Riachuelo, los puentes, la villa, las fábricas abandonadas, el viejo club de Regatas, la herrumbre y el barro que, lejos de ilustrar la discusión sobre el pasado del barrio entre los dos protagonistas, sobreponen una nueva dimensión, diferente: como los restos de una civilización perdida iluminados por una luz recóndita, que no busca redención ni nostalgia, simplemente registrar otra realidad posible con una belleza que le es propia.11 Y de nuevo Tamet, una y otra vez, recorrido ahora en silencio por la joven historiadora como si pretendiera que de su pura materialidad pudiera emanar alguna explicación, un sentido para su historia de trabajo, de huelgas y represiones, el rumor de los obreros muertos cuyas miradas nos interrogan, indescifrables, desde fotografías de archivo. En estos fragmentos visual-musicales que puntúan los tres videos, el paisaje del Riachuelo, sin enmascarar ninguna de sus ambigüedades, alcanza un carácter sublime.
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- 12 Punto de Vista dedicó dos números a la publicación de un debate sobre cine documental en el que pue (...)
21Rafael siempre desconfió de la división entre documental y ficción en el cine. Tanto porque no existe ninguna posibilidad de hacer un “documental” –por más ceñido que esté a personas, hechos o lugares reales– sin que medie una compleja organización narrativa que, como mínimo, supone un recorte interesado de esa “realidad”, que la convierte en otra cosa; como porque tampoco el cine “de ficción” puede dejar de documentar a pesar suyo: los lugares donde se filma (que, como vimos, desde el Neorrealismo suelen estar en la ciudad “real”) pero también la experiencia de un grupo de actores representando sus papeles es un documento en sí mismo. No hace falta agregar, desde ya, que buena parte del cine moderno convierte esa inevitable contaminación en su propia materia narrativa.12
22Ese rasgo documental “a pesar suyo”, que Barthes llamó, para el caso de la fotografía, “la obstinación del referente”, y que Rafael consideraba un dato de partida obligado del cine –al igual que el realismo– por la naturaleza analógica de las imágenes, hace que estos video-ensayos, a treinta años de realizados, no puedan dejar de ser vistos como documentos: de otra época de la ciudad (antes de que la modernización menemista de los años noventa nos demostrara que había otras formas, no progresistas, de salir del fin de ciclo expansivo), de la trama de amigos que los hicieron y posibilitaron, de las ideas sobre la ciudad y el cine de una fracción del campo intelectual porteño de aquel tiempo. Por eso nos resulta tan difícil distinguir en esos “documentos” lo que tiene interés sólo para nosotros y aquello que puede iluminar de un modo más general la obra y la personalidad de Beatriz y Rafael. Cerremos con dos cuestiones en las que sin duda se advierten bien algunos de sus rasgos.
23La primera es el tango, que ponía una barrera infranqueable entre ambos. Para Beatriz el tango era uno de los principales responsables por la generalización de un imaginario banal de Buenos Aires, que los videos debían combatir; pero, sobre todo, nunca pudo dejar de ser aquello con lo que ella había roto generacionalmente (y hay que reconocer que la moda internacional del tango, que le estaba dando una nueva vida local desde la década del ochenta, no era el mejor contexto para que ella revisara esa ruptura). Para Rafael, en cambio, el tango no era sólo un género musical que en los autores e intérpretes que más valoraba –esa época de oro cuyo paroxismo encontraba en la orquesta de Aníbal Troilo y la voz de Raúl Berón– llegaba a un nivel sólo parangonable al del mejor jazz, sino que tenía con él un vínculo pasional, también biográfico, algo que quizás se advertía todavía más cuando lo bailaba (del modo sencillista de los años cuarenta).
- 13 En el video se escuchan: “Con alma de tango”, de D’Arienzo y Waiss por la orquesta de De Angelis y (...)
24Esa diferencia insalvable se resolvió en los Buenos Aires en una especie de negociación tácita: el tango tiene una presencia constante y programática, como el Riachuelo, pero, a diferencia de éste, subrepticia, sin vínculo directo ni con la ciudad ni con las ideas que se exponen sobre ella. Aparece a todo lo largo de Buenos Aires I como un berretín privado del director, que lo escucha en el equipo de música de su casa y con él abre y cierra el video, de modo que, sin que nos demos cuenta, el tango ha organizado el marco para toda la narración.13 O aparece como fondo diegético, escuchado por los personajes, como ocurre en Buenos Aires II, o silbado en off por Rafael o, en Buenos Aires III, silbado en cámara por el protagonista, como una música íntima, que pertenece a las personas más que a la ciudad. Podría pensarse que fue esta distancia forzosa planteada en los tres videos, surgida de la negociación con el rechazo visceral de Beatriz, lo que llevó a Rafael a establecer esta relación muy sofisticada entre tango, cine y biografía que iba a poder desarrollar luego en Notas de tango (2001), una de sus películas que consideramos más bellas y personales.
25Finalmente, la segunda cuestión es el vanguardismo, que en ambos se manifestaba con la misma intensidad, pero de muy diversas maneras. Desde el primer video, realizado, recordemos, como contribución a una construcción política en la que nosotros mismos estábamos comprometidos, estuvo claro el rechazo a cualquier concepción didáctica, a cualquier empleo pedagógico o propagandista: el discurso cinematográfico debía tener el mismo nivel de exigencia que las más sofisticadas ideas que fuéramos capaces de alcanzar sobre los problemas de la ciudad y su historia. Éramos muy conscientes de que había un desfasaje insalvable entre las expectativas del público ante un “documental” sobre la ciudad (incluso, o sobre todo, de un público compuesto por políticos y académicos) y lo que les proponía nuestro “video-ensayo” como propuesta no sólo conceptual, sino estética. Beatriz insistía, en consonancia con la vieja tradición de las vanguardias artísticas, que debíamos ir a la presentación con piedras en los bolsillos para defendernos de las reacciones que iba a causar (como alguna vez sostuvo Enzensberger, la gran diferencia entre la acepción militar y la artística del término “vanguardia” es que el artista vanguardista tiene al enemigo a sus espaldas, en la tropa “propia”); en los primeros planos del video se escucha la voz en off de Rafael diciendo “Para mí que no se va a entender nada”. Y así fue.
26Sin embargo, los modos de ser vanguardista de ambos eran muy diferentes. Rafael era un vanguardista clásico, incluso conservador, que veía a las vanguardias como un fenómeno histórico, fechado, cuya acción era inevitable seguir emulando a pesar de su carácter anacrónico, el de una empresa condenada de antemano. Su panteón de directores –Godard, Antonioni, Ozu– podía ampliarse con cuentagotas en el presente –Kiarostami, Pedro Costa–, pero siempre se trataba de artistas que, en su interpretación, compartían de modo batallador esa conciencia crepuscular. Beatriz, que también sentía fascinación por las vanguardias históricas, creía en cambio en la posibilidad de reactivar continuamente su vigencia. Podría decirse que Rafael era un vanguardista adorniano, que confiaba en la lenta acción crítica del arte a través de sus propios procedimientos (y por eso él y buena parte de sus artistas preferidos terminaron haciendo una apuesta clasicista por la forma perfecta), y Beatriz, una vanguardista benjaminiana, que mantenía el horizonte de una activación política del arte (que ya no era, por cierto, la de la política de la revolución, pero aquí no estamos relevando las contradicciones de la ideología sino tratando de capturar una idiosincrasia); digamos que aspiraba a un vanguardismo dinámico y siempre actual, capaz de mudar en cada época a los medios que hicieran posible mantener vigentes no sus formas, sino sus principios: la experimentación riesgosa, la voluntad de reunión del arte y la vida, la provocación del público.
27Estas diferencias alentaban el juego de chanzas mutuas: Rafael veía, con Godard, la muerte del cine como una realidad ineluctable; Beatriz se empeñaba en celebrar su resurrección en cada artista conceptual que tomaba una cámara. Ambos llevaron su condición vanguardista como una fatalidad –porque mal que le pese a las convenciones de cada presente, no había para ellos otra forma de ser artistas o intelectuales– y como una épica –porque esas convenciones de cada presente debían ser combatidas con vehemencia–. Apenas una escala en un camino muy largo y productivo –una escala en la que tuvimos el privilegio de participar–, los tres videos sobre Buenos Aires dan muy buena cuenta de ello.
Notas
1 Además del agradecimiento a los editores Sergio Delgado, Edgardo Dobry y Enrique Fernández Domingo por habernos convocado a escribir sobre este tema y por la interlocución atenta, tenemos también que agradecer a una cantidad de amigos que leyeron versiones preliminares del texto y nos ayudaron a lidiar con generosidad y afecto con los espejismos de la memoria; ellos fueron Anahi Ballent, Nora Catelli, Josefina Darriba, David Oubiña, Martín Prieto, Sylvia Saítta, Ada Solari y Hugo Vezzetti. Asimismo, debemos un reconocimiento muy especial a Eugenio Monjeau, que identificó para nosotros todos los temas de las bandas sonoras de los videos (que seguramente por razones de derechos, no figuraron en los créditos); como se verá más adelante, la música juega un rol clave en estas Buenos Aires.
2 Los tres videos se pueden encontrar en internet, pero en versiones pésimas, ya que fueron tomadas de copias de muy mala calidad. Para este número de Cuadernos LIRICO, afortunadamente hemos podido realizar una digitalización más fiel, que ponemos a disposición. Ver nota respectiva. Las imágenes que acompañan este trabajo son capturas de pantalla de Buenos Aires I.
3 Rafael Filippelli, El plano justo. Cine moderno: de Ozu a Godard (selección de textos e introducción de David Oubiña), Buenos Aires, Santiago Arcos Editor / BAFICI, 2008. Buenos Aires I fue realizada en VHS, mientras que Buenos Aires II y Buenos Aires III fueron realizadas en Hi8, una versión de cinta magnética de mejor calidad (agradecemos la precisión a Carlos Essmann). Cabe aclarar que apenas dos meses antes de la realización de Buenos Aires I, en agosto de 1990, Rafael hizo su primera experiencia en video: el registro del montaje de la instalación de Juan Pablo Renzi, “Superficies iluminadas”, en el Centro Cultural Recoleta; el video se llamó Imágenes más sonidos y, para subrayar el cambio que significaba para él frente a la filmación tradicional, hizo figurar en los créditos, presentando a los tres realizadores (él como director más el iluminador y el editor): “Cineastas (en soporte magnético)”.
4 A lo largo de la década de 1990 ese tramo del Riachuelo recibió la atención de unos pocos artistas y arquitectos: en 1997 dedicamos un número de Punto de Vista a los grabados de Félix Rodríguez y a un largo poema de Daniel García Helder sobre el tema (N° 57, abril de 1997); en 1996 Mario Levin estrenó su film “Sotto voce”, sobre Tennessee, una narración de Luis Gusmán que transcurre en la zona. A su vez, en 1997 se desarrolló en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires el proyecto “Des-límites”, dirigido por el arquitecto alemán Matthias Sauerbruch, que presentó una alternativa radical para la candidatura de Buenos Aires a sede de las Olimpíadas 2004: desplegar la “ciudad olímpica” en el sur, a lo largo del eje del Riachuelo, frente al proyecto oficial que se disponía en el norte, reforzando la consolidación histórica de esa área de la ciudad como zona de parques y áreas recreativas.
5 Los textos del guion y la ficha técnica con los detalles de la producción pueden verse como apéndice de un artículo que escribimos por entonces con Beatriz describiendo nuestra experiencia como guionistas: “Buenos Aires I: el video como ensayo de historia”, Entrepasados, año II, número 2, comienzos de 1992.
6 El dinero para realizar los videos II y III provino también de una colecta entre amigos, pero esta vez internacional: aprovechando que Beatriz en esa época pasaba una temporada por año dando clases en universidades norteamericanas, presentaron con Rafael Buenos Aires I y consiguiendo apoyo para la continuidad del proyecto de los departamentos de español de las universidades de Maryland y Iowa, así como de algunos amigos que visitaban en esos viajes (Jean Franco y Tulio Halperin Donghi, entre otros).
7 El libro presentado fue La ansiedad perfecta. “Poesía espectacular” titularon García Helder y Prieto las performances en las que, a veces junto a Oscar Taborda, desarrollaron formas muy originales, más que de recitar, de poner en escena poesía. Una de esas performances puede encontrarse en internet en un video realizado por Carlos Essmann en 1995: Poesía espectacular film.
8 Buenos Aires II se exhibió en la jornada “Utopía y ciudad”, realizada en el Club de Cultura Socialista en diciembre de 1991. Anahi Ballent estuvo a cargo de la presentación del video, publicada como “Ciudad y utopía. La trama del hechizo” en Punto de Vista N° 42, abril de 1992. Este número de la revista está casi enteramente dedicado a la jornada, con las ponencias de Eduardo Grüner, Osvaldo Guariglia y Héctor Schmucler, un artículo de Beatriz sobre el Arlt utopista y uno nuestro sobre la “utopía reactiva” de las vanguardias porteñas. El artículo de Beatriz, “Arlt, ciudad real, ciudad imaginaria y ciudad reformada”, que escribió mientras hacíamos el video, fue uno de los textos iniciales de su libro La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina, publicado también en 1992 por Nueva Visión.
9 Volvemos a agradecer a Eugenio Monjeau las precisiones sobre toda la música: Gustav Mahler, Das Lied von der Erde, nº 6: “Der Abschied” (texto chino adaptado al alemán por Hans Bethge), interpretado por Grace Hoffman, SWR Sinfonieorchester Baden-Baden, dirigida por Hans Rosbaud.
10 Edgar Varèse, Ionization, interpretado por la New York Philharmonic, dirigida por Pierre Boulez.
11 Béla Bartók, 44 dúos para dos violines, nº 1: “Párosító”, interpretada por Mihály Szűcs y Wanda Wiłkomirska.
12 Punto de Vista dedicó dos números a la publicación de un debate sobre cine documental en el que pueden seguirse estas posiciones: “Cine documental: la objetividad en cuestión” (N° 81, abril de 2005) y “Cine documental: la primera persona” (N° 82, agosto de 2005), con la participación de Raúl Beceyro, Emilio Bernini, Rafael Filippelli, Hernán Hevia, Raúl Illescas, Martín Kohan, Alejo Moguillansky, Jorge Myers, David Oubiña, Santiago Palavecino, Beatriz Sarlo, Silvia Schwarzböck y Graciela Silvestri.
13 En el video se escuchan: “Con alma de tango”, de D’Arienzo y Waiss por la orquesta de De Angelis y la voz de Carlos Dante; “Pregonera”, de De Angelis y Rótulo, por la orquesta de De Angelis y la voz de Julio Martel y Carlos Dante; “Un tango y nada más”, de Lacava, Pomati y Waiss, por la orquesta de De Angelis y la voz de Julio Martel.
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Para citar este artículo
Referencia electrónica
Adrián Gorelik y Graciela Silvestri, «Otra Buenos Aires», Cuadernos LIRICO [En línea], 32 | 2026, Publicado el 10 julio 2026, consultado el 07 agosto 2026. URL: http://journals.openedition.org/lirico/21222; DOI: https://doi.org/10.4000/16k25
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