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Reseñas

Modulaciones de lo americano en la poesía (Sobre América en sus poetas. Una cartografía lírica del continente, de Edgardo Dobry)

Julieta Novelli
Referencia(s):

Dobry Edgardo, América en sus poetas. Una cartografía lírica del continente, Taurus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2026, 272 págs.

Texto completo

I

1“¿Lo que más admiro de un escritor? Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezcan que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia… Que le guste la granada que nunca ha probado y que le guste la guayaba que prueba todos los días. Que se acerque a las cosas por apetito y que se aleje por repugnancia”, profiere José Lezama Lima y sus palabras enmarcan el final del prefacio de América en sus poetas. Una cartografía lírica del continente, de Edgardo Dobry. El crítico acepta el desafío, aunque, como aclara con humor enseguida, nunca haya probado la guayaba y, cada otoño, prefiera las granadas.

2América en sus poetas reúne veintitrés ensayos que, como su título advierte, trazan las coordenadas de un mapa poético americano. Esta cartografía persigue más la fuerza y el movimiento del paisaje que la voluntad de fijeza: lejos de la proposición de un canon o de circunscribir perfiles cerrados de escritores, los ensayos se desprenden de textos puntuales para auscultar un eco compartido entre la América angloparlante y la latina. Podríamos decir entonces: América en sus poetas, en sus libros, en sus poemas. ¿Qué libros? ¿Qué poemas? Aquellos que “rodearon” y “rondaron” al autor en los últimos años. Un itinerario singular, semejante al gusto por algunas frutas, que traba una sugestiva conversación y en su recorte enseña diversas modulaciones de lo americano en la poesía.

3La decisión de pensar continuidades y tensiones entre estas “dos” Américas ubica al volumen en la estela de La expresión americana de Lezama Lima y de los trabajos de Pedro Henríquez Ureña, Octavio Paz y Eduardo Milán; una genealogía que hallaba un nuevo margen en el propio Dobry con Celebración. A través de la poesía americana (2022). Ahora bien, mientras que en Celebración primaba una fuerte impronta teórica —véase, por caso, el primer capítulo “Pensar en poesía: una introducción”— y se distinguía la “actitud celebratoria” de la poesía americana frente a la tesitura elegíaca de la europea, su nuevo conjunto de ensayos no busca corroborar dicha clasificación. Desde el principio indica que su apuesta confía en la escucha de los textos y en develar —a partir de allí y no antes— reenvíos, reflejos e impulsos comunes. Y aquí el riesgo que el ensayista asume desde las primeras páginas, cuyo reto implica: no temer a las ausencias (de nombres ineludibles) ni a las insuficiencias (su breve inclusión de Brasil); sostener la disparidad de los ensayos; sugerir, sacudir e insistir (con Lugones, Pizarnik, Whitman o el neobarroco), sin pretensiones de imponer la unión a través de una trama o ficción y, en todo caso, apelando al apetito sensible del lector que se acerca o se aleja de guayabas y granadas al igual que el escritor.

4Los capítulos se organizan siguiendo la fecha de nacimiento de cada poeta: de Edgar Allan Poe a Sergio Raimondi. Aunque el arco temporal no es lineal, puesto que la escritura encuentra sus recovecos y arrastra tiempos anteriores que invocan, por ejemplo, el murmullo de Sor Juana Inés de la Cruz al momento de leer a Rosario Castellanos o Pródromo de Aurelio Major. La sintaxis paratáctica y acumulativa que Dobry le atribuye al Whitman de Hojas de hierba opera en los ensayos en la medida en que nombres y títulos se instalan en un mismo plano. Entre las resonancias que el autor permite oír destacan los frecuentes cruces entre poesía y política, la simultaneidad de tiempos y de entonaciones (como lee en Cementerio general del poeta peruano Tulio Mora) y las relaciones singulares de ciertas obras con la modernidad y las vanguardias, en sus lecturas de Kora en el infierno de William Carlos Williams, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía de Oliverio Girondo, Reported Sightings de John Ashbery o la poesía de Ron Padgett, por mencionar algunas.

5Cito apenas un par de títulos que conforman el índice: “Lugones más allá de la luna”; “Ruidos en la vanguardia: William Carlos Williams frente a T.S. Eliot”; “Ron Padgett: por amor a una caja de fósforos”; “Tulio Mora: mapa vacío, cementerio lleno”; “Néstor Perlongher, de París al Amazonas”. Dos cuestiones que saltan a la vista rápidamente: la diversidad (de poéticas, de lenguas, de tiempos) y el humor sutil de su intervención. No hay solemnidad: se trata de la celebración y de habitar el en que atraviesa el título. Allí se aloja el autor: en algunos libros, en ciertos poemas, en sus poetas y, sobre todo, en su lectura, signando un presente complejo que supone digresiones, reformulaciones y desvíos.

II

Esta es la hierba que crece donde hay tierra y agua,
Este es el aire común que baña el planeta

Walt Whitman

6El itinerario comienza puntuando el carácter fundacional de los ensayos “La filosofía de la composición” y “El principio poético” de Poe. Sin ellos, explica Dobry, “el simbolismo francés habría carecido de uno de los principales sustentos teóricos: el del poema elaborado a conciencia” (23). Antes que tratarse de una influencia como la de Whitman en Pound o en Wallace Stevens, la impronta de Poe resulta, para Dobry, la sustancia central de la poesía moderna hasta el punto de devenir “casi indistinguible” (27). Las ideas ligadas al método y al saber, la emancipación del mandato moral del poema junto con su musicalidad, captan la atención de Baudelaire y, con él, de la poesía francesa, gesto que se postula como clave: se trata de la primera vez que las letras europeas reconocen su “ascendiente en un autor americano” (35). Y es de este encuentro, sentencia el crítico argentino, que brotará el “tronco principal” de la poesía que llega hasta nuestros días.

7Otro libro fundamental de Estados Unidos que colorea esta cartografía será Hojas de hierba de Whitman, donde se articulan política y poéticamente el territorio y la dicción americanos. Dobry halla en el versículo de Whitman nada más y nada menos que la fundación del modo de “cantarse a sí mismo” del continente mediante un tono potente e íntimo. Dice:

La construcción paratáctica del período lleva al orden gramatical la misma idea igualitaria que rige el entramado ideológico del libro: en esas largas tiradas no hay un elemento subordinado a otro, todo está en el mismo nivel de relevancia, cada unidad adquiere igual valor que la siguiente y la anterior. Inventariar el mundo o la parte del mundo que el poeta considera propia: será una de las pulsiones que atraviesen la lira americana. (50)

8Retomando una de las hipótesis centrales de Celebración, Dobry da a escuchar la actitud hímnica y celebratoria de América: Whitman se dirige al presente y al futuro con la “felicidad de estar en un mundo que huele a hojas de hierba” (45). Este impulso celebratorio reaparece en sus lecturas de “Poema de amor” de Padgett (en el canto a una caja de fósforos) y de Otras tradiciones de Ashbery (quien celebra a los poetas menores).

9En el Darío de Cantos de vida y esperanza, se observa nuevamente la irrupción de lo político en lo lírico, cuando asume la “voz del continente” y se dirige al presidente de Estados Unidos: “Eres el futuro invasor/ De la América ingenua que tiene sangre indígena”. Sus versos, manifiesta el crítico recuperando a Henríquez Ureña, marcan un antes y un después en la poesía. En línea con la lectura de Poe, Dobry distingue en Darío la emancipación del poema de los imperativos didácticos y señala otra primera vez: la primera vez que las tendencias cambian de dirección y van desde el Río de la Plata a la Península. Ocurre que su renovación del castellano y de la prosodia significó “la raíz de una manera nueva de pensar y escribir en y desde América Latina” (62). Por esto, el fantasma de Darío no deja de tocar en una amplia nómina de poetas latinoamericanos (Huidobro, Neruda, Vallejo, Martín Adán, Mistral, apunta Dobry; Fernanda Laguna, podría agregar Martín Prieto), lo que manifiesta su inagotable actualidad.

10Siguiendo la pista de la emergencia de lo político en lo lírico, dos capítulos vuelven sobre su lectura de Lugones, donde delinea el derrotero del poeta, quien tras cantarle a la luna da un “salto fundador” con El payador, adjudicándose un lugar central en el campo intelectual argentino. Si el gran poeta de América era Darío, insiste Dobry, Lugones buscó “erigirse como el gran poeta nacional” (76) que atiende al canto del pueblo, dejando atrás las ingeniosas y decadentes metáforas del Lunario. Los cruces entre política y lírica adquieren nuevas modulaciones en la inestabilidad irreductible de la gramática en Trilce de Vallejo y, más tarde, en las encarnaciones geográficas de los versos de Zurita, ya sea en el desierto, ya sea en el cielo americanos.

III

11Una puntualización biográfica para dar con el tono del libro. Dobry nació en Rosario en 1962 y, desde 1986, vive en Barcelona, donde da clases de literatura latinoamericana y de teoría de la literatura en la Universidad de Barcelona. Además de investigador y poeta, es editor y traductor (de Ashbery, de William Carlos Williams, entre otros) y ha sido parte de Diario de Poesía, una de las revistas especializadas más influyentes para pensar la poesía de los últimos años. El tono de su escritura deja ver la sinergia entre estos espacios y prácticas: dicha conjunción modeliza su voz y su interés en la renovación de una tradición de estudios que exploran, para decirlo con César Vallejo, la “sensibilidad americana”. En otras palabras, el lugar desde donde Dobry lee/escucha/mira y las prácticas a partir de las cuales rodea la literatura, y especialmente la poesía, configuran un modo de escritura que interpela voces de aquí y de allá, ajeno al hermetismo académico y a la proliferación de citas.

12Al comienzo subrayé la sintaxis paratáctica como estrategia a través de la cual dar forma a la cartografía y determinar un modo de acercarse a esa América. Quisiera detenerme en un pasaje del libro, cuando Dobry revisa los perfiles de Pizarnik y anota: “Hay una Pizarnik con multitud de lectores que es indisociable de la imagen de mujer frágil, incomprendida, solitaria, provocadora, homo o bisexual, adicta a los barbitúricos, borracha, inadecuada, más judía que argentina o más argentina que judía (incompleta y angustiada por la incompletud en ambos casos), insegura de su talento y su saber y, en fin, suicida: maldita, en resumen” (178-179). La enumeración proliferante, la superposición de Pizarniks, el léxico y cierto cariz lúdico —quizás, mejor: juguetón— admiten una lectura filosa cuya sensibilidad y rigurosidad académica se pliegan en la fluidez. Y es dicha fluidez, sostenida a lo largo de las más de doscientas páginas del libro, la que revela, a mi entender, un rasgo central de su intervención crítica. Como quien habla persiguiendo una forma y muestra el rodeo, Dobry busca el término aunque no prefiera ninguno, elige dejar los trazos de ese pensar, consintiendo que los lectores lo sigamos en su errancia. De aquí que se encuentre un tono cercano a la conversación como aquel que dispone un profesor en sus clases. Dirá: “para que el zumbido de la mosca filológica no moleste el fluir de la lectura he eliminado prácticamente todas las referencias bibliográficas y apenas he puesto notas al pie” (22). No hay moscas en el texto de Dobry o, si las hay, se ubican a lo lejos donde se confunden con los animales que acaban de romper un jarrón. Así, su escritura da pistas de entrada a distintos lectores: lanza nombres y títulos, deriva en asociaciones, avanza con digresiones, al tiempo que se demora y cita pasajes de los textos o narra anécdotas que ubican el pensamiento del poema en una escena atractiva. Por momentos, incluso, el registro vira hacia lo autobiográfico, como ocurre en el capítulo titulado “Tamara Kamenszain escala el Monte de los Olivos”.

13Si un poema es como afirma el autor en el prefacio una pregunta que no consigue dejar de reformularse y empuja al crítico a escribir con el fin de articular la “gran conversación de la poesía” (21), los textos que animan este diálogo emergen de tiempos, lugares y tonos disímiles: van desde los ensayos con ideas antirrománticas del autor de “El cuervo” al diccionario imposible de Raimondi; del poema que se pone en juego en Girondo a la experiencia del poema de José Kozer; de la Dido de Castellanos a los Eneas porteños de Daniel Samoilovich y los ecos de las lenguas de Kamenszain. Entre estas fuerzas se desliza Dobry, como entre guayabas y granadas, sin temor a perderse ni a titubear, atento a las moscas y con una prosa que persiste en la incesante reelaboración de preguntas.

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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Julieta Novelli, «Modulaciones de lo americano en la poesía (Sobre América en sus poetas. Una cartografía lírica del continente, de Edgardo Dobry)»Cuadernos LIRICO [En línea], 32 | 2026, Publicado el 24 junio 2026, consultado el 14 agosto 2026. URL: http://journals.openedition.org/lirico/22347; DOI: https://doi.org/10.4000/16k2j

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Autor

Julieta Novelli

Universidad Nacional de La Plata-CONICET
julinovelli@hotmail.com

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