- 1 Archivo Judicial de Santiago (AJS), Expediente (E) Nº 14933, Suicidio de Julio Antolín Alfaro, 21 d (...)
1El martes 21 de octubre de 1930 a las 23:15 horas, un individuo de 37 años sacó su revólver y lo disparó contra su cabeza. La escena se produjo en medio de un conflicto familiar entre él, su esposa y su padre. Según la declaración de los testigos (atónitos ante un acto que pudo parecer el intento de una revancha desesperada), las últimas palabras del suicida fueron: “Mire, papá”. Después de esto el hombre en cuestión puso fin a sus días. El sujeto se llama Julio Antolín Alfaro Matzke, de oficio mecánico –cesante. Sus familiares dicen que era neurasténico, que bebía en exceso y que tenía recurrentes conflictos conyugales1. Hasta aquí la escena.
- 2 American Psychiatric Association, DSM V [en línea], Washington, DC., American Psychiatric Publishin (...)
- 3 Álvarez, Al, El Dios Salvaje, ensayo sobre el suicidio, Santiago, Editorial Hueders, 2014, p. 100: (...)
2En la actualidad la psiquiatría y la psicología se arrogan la facultad de explicar el comportamiento humano, sobre todo cuando se trata de conductas referidas al dolor. Ejemplo de ello son las definiciones ofrecidas por los manuales de salud mental DSM-V y CIE-10, predominantes dentro de las clasificaciones contemporáneas, en las cuales la conducta suicida es tratada como sintomatología de variados y complejos trastornos mentales y de personalidad2. ¿Qué rol cumple la historiografía en esta trama?, ¿qué preguntas puede (o debe) contestar el pasado a través del historiador? Las categorías médicas tienden, en su superficie, a la clasificación y, por lo tanto, a una cierta simplificación de las explicaciones. Sobre el suicida se dice, según la época: tenía depresión, estaba aburrido de la vida, sufría de melancolía. Todos son conceptos que engloban la experiencia humana, haciéndola más o menos equivalente, más o menos independiente de la época y del lugar, dicho de otro modo, la explicación tiende a la universalización de la conducta, de modo que el suicidio es entendido, según esta perspectiva, como consecuencia y síntoma de la patología3.
- 4 Veyne, Paul, Cómo se escribe la historia. Foucault revoluciona la historia, Madrid, Alianza, 1984 p (...)
3La historiografía se ocupa de otra cosa. Más acá de la generación de leyes o de reglas, lo que se pregunta el historiador refiere a las maneras en que los individuos actuaron en momentos y contextos específicos, a las lógicas que utilizaron, a sus modos de operar, de razonar y a las materialidades empleadas. Posteriormente interpreta los desenlaces que fueron posibles y, sin embargo, permite entrever algo de la generalidad social de un periodo4.
4A través de un estudio de caso, se abordarán algunos de los sentidos explicativos atribuidos al suicidio, presentes en expedientes judiciales sobre suicidio del Santiago de la primera mitad del siglo XX. Para este objetivo, nos centraremos en la investigación judicial levantada luego del suicidio de Julio Antolín Alfaro, iniciada por el 4º Juzgado del Crimen de Santiago, con fecha de 22 de octubre de 1930, Legajo 241, nº 7, expediente nº 13508. En lo que sigue, se expondrá la investigación judicial, deteniéndonos en ciertos elementos que nos parecen claves en el tratamiento que la justicia le dio al suicidio en Chile, y en algunos elementos de contraste con otros casos revisados, que resultan de interés precisamente por la excepcionalidad documental que manifiestan.
- 5 Veyne, P., Cómo se escribe…, Op. Cit., p. 47.
- 6 Ginzburg, Carlo, Mitos, emblemas e indicios. Morfología e historia, Buenos Aires, Prometeo Libros, (...)
5En palabras de Paul Veyne: “El individuo sólo cuenta históricamente por su especificidad, ya tenga un papel principal o el de un figurante entre millones”5. Desde esta perspectiva de análisis, en el marco de una creciente teorización a propósito de los estudios subalternos, Carlo Ginzburg hizo explícita una manera de hacer historia que él denominó “paradigma indiciario”, y sobre el cual señala que: “la propuesta de un método interpretativo centrado en los descartes, en los datos marginales, considerados como reveladores [son los que dan] la clave para acceder a los productos más elevados del espíritu humano”6.
- 7 Grendi, Edoardo, “Micro-analisi e storia sociale”, Quaderni Storici, 35, p. 506-520.
- 8 Mann, Ronen, “La microhistoria como referente teórico metodológico. Un recorrido por sus vertientes (...)
6Poco antes, de manera complementaria y también a propósito de la microhistoria o el análisis centrado en lo micro, Edoardo Grendi desarrolló la noción historiográfica de “excepcional-normal”7. Ésta noción se vincula con el análisis de Ginzburg al instalar la idea de que cierto tipo de acontecimientos (y de fuentes), usualmente considerados como excepcionales, “reflejan una normalidad en negativo”. Se trata de una normalidad tan evidente que, con frecuencia, se vuelve casi invisible para los contemporáneos y, por lo tanto, para su registro documental8.
7Esta “normalidad” deja pocos registros que permitan comprenderla. Es precisamente la normalidad rota, y así lo demuestra el trabajo de archivo, la que juega un papel en la apertura de la reflexión y, en el marco institucional, en la iniciación de investigaciones que puedan desentrañar lo que ha ocurrido. Es lo que sucede con los expedientes a propósito del suicidio: rompieron con la normalidad de la vida diaria de quienes estuvieron, de un modo u otro, cerca. Lo que este artículo busca es presentar un caso judicial de suicidio, (seleccionado por sus particularidades, a partir de los casos de archivo hallados entre 1920 y 1940), en clave microhistórica.
- 9 Dirección General de Estadística, República de Chile, Censo de la población efectuado el 27 de novi (...)
8Desde una perspectiva estadística, el suicidio constituye un hecho marginal y, efectivamente, observando algunas de las cifras otorgadas por los anuarios estadísticos, durante la primera mitad del siglo XX el número de muertes por suicidio ronda entre las 150 y 250 anuales en todo el país. Si consideramos que la población era de 4.287.445 en 1930, la proporción de suicidios registrada sería de alrededor de un 0.005 %, aproximadamente9.
9Pese a lo anterior, durante los primeros años de la década de 1930 se observa un alza en los suicidios, que excede significativamente las cifras referidas. Luego de revisar los métodos que la institucionalidad consideró veraces para la determinación de un suicidio (ingestión de venenos, ahorcamiento, sumersión, armas de fuego, instrumentos cortantes y aplastamiento, los mismos métodos detectados para años anteriores), creemos que es posible pensar que la crisis económica de 1929 fue uno de los factores que determinó el alza en el número de suicidios ocurridos en el país.
- 10 Drake, Paul, “La misión Kemmerer a Chile: consejeros norteamericanos, estabilización y endeudamient (...)
- 11 Drake, Paul, “La misión Kemmerer a Chile”, Op. Cit., p. 35.
10La crisis mundial de 1929 afectó la economía chilena de los años 1930 y 1932. En términos económicos, la producción industrial se retrajo en un 25 % y la agricultura en un 86 %, entre esos años. Al momento de la Gran Depresión, Chile dependía, sobre todo, de las importaciones y exportaciones que realizaba hacia Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos. Éstas últimas eran las que revestían mayor importancia y, con la gran crisis, se desplomaron10. De hecho, hacia 1933 Chile dejó de percibir préstamos provenientes de Estados Unidos (en 1929, Estados Unidos había enviado a Chile 443 millones de dólares). Si bien el país había vivido largos periodos de inestabilidad económica y social desde mediados del siglo XIX, a partir de 1925 hubo una breve etapa de estabilidad y bonanza económica que habría sido generada por las medidas tomadas por la Misión Kemmerer para disminuir la inflación11. Es posible que la estabilidad previa y la debacle económica posterior hubieran generado un desajuste en las percepciones de bienestar de la población. Como era de esperar, la crisis tuvo consecuencias desastrosas en términos sociales, y las altas cifras de cesantía dieron paso al hambre y a la indigencia en algunos casos, además de a un clima de inseguridad.
- 12 Yáñez, Juan Carlos, Estado, Consenso y Crisis Social. El espacio público en Chile 1900-1920, Santia (...)
- 13 Yáñez, Juan Carlos, La intervención social en Chile 1907 – 1932, RIL editores, Santiago, 2008, p. 6 (...)
11La crisis económica se dio en un escenario de preocupación social por parte del Estado chileno. Ya en 1907, con la creación de la Oficina del Trabajo, las demandas sociales obligaron, en una suerte de consenso, a tomar parte más activa a las clases dirigentes, y el Estado Chileno tendió, tímidamente, a atender algunas de las demandas populares articuladas desde 189012. Dicho en otras palabras, el Estado comenzó a intervenir aspectos de la vida de las personas que anteriormente eran considerados propios de la esfera privada. Según Juan Carlos Yáñez, “el surgimiento de la ‘Cuestión Social’ supuso una ruptura con una tradición individualista, ya que a partir de entonces se construyó un nuevo objeto de conocimiento: la sociedad”13. Este proceso habría implicado, según el autor, introducir la noción de “prevención”, como una categoría de análisis y de intervención social útil: educación, salud y trabajo fueron nichos particularmente ricos en términos de legislaciones a lo largo del periodo. La crisis vino a desestabilizar este proceso que, aunque lleno de precariedad, marcaba un nuevo estilo de política interesado en proteger, normar y regular la vida de los ciudadanos o, en otras palabras, de construir un nuevo estilo de ciudadanía.
- 14 M. Trucco, (1975). “Mortalidad por suicidio en Chile”, 1930-1971, Revista Médica de Chile, N°103, p (...)
12En términos numéricos, durante los años más álgidos de la crisis, el suicidio aumentó de la siguiente manera14:
- 15 Tasas de suicidio extraídas de los Anuarios Estadísticos disponibles en el Instituto Nacional de Es (...)
Tabla 1 – número de suicidios en Chile, 1928, 1930, 1931, 1935, 1936, 1937, 1938, 1939 y 194015.
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Número de suicidios en Chile y en Santiago (1928-1940)
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Año
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1928
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1930
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1931
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1935
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1936
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1937
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1938
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1939
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1940
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Chile
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211
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254
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385
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245
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284
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279
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228
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200
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235
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Santiago
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55
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80
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129
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86
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93
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86
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86
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39
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62
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Fuente: Anuarios estadísticos. Elaboración propia.
- 16 Durkheim, Emile, El Suicidio, Madrid, Ediciones Akal, 2011, p. XXX.
- 17 Durkheim, Emile, El Suicidio, Op. Cit., p. 333.
- 18 Durkheim, El Suicidio, Op. Cit., pág. 261. En su estudio sobre el suicidio en el norte salitrero de (...)
13Tomando en cuenta la relevancia de lo social, lo político y lo económico, Emile Durkheim, en su estudio sobre el suicidio publicado a fines del siglo XIX, sostiene que los individuos están determinados por la realidad colectiva a la que asisten. En otras palabras, lo social excede al individuo en términos de sus posibilidades de acción16. De acuerdo a esta hipótesis, el autor supone que: “cada pueblo tiene colectivamente por el suicidio una tendencia que le es propia y de la que depende la importancia del tributo que paga a la muerte voluntaria”17. Dentro de este sistema de análisis, Durkheim se refiere al concepto de “anomia” para explicar los aumentos en las tasas de suicidio. Según éste, los individuos estarían sujetos a lógicas de relación social que los mantendrían articulados a las expectativas y normas establecidas desde lo social y reguladas por el Estado. La noción de suicidio anómico nos interesa, ya que incorpora el concepto de crisis al análisis social del suicidio. Para Durkheim, no es la pobreza la que incide en el aumento de suicidios de una población, sino la crisis, ya sea de miseria o de bonanza: “Si las crisis industriales o financieras aumentan los suicidios, no es por lo que empobrecen, puesto que las crisis de prosperidad tienen el mismo resultado; es porque son crisis, es decir, perturbaciones del orden colectivo”18.
- 19 Koselleck, Reinhart, Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, Paidós, Barcelona (...)
14La crisis, como elemento que es capaz de articular un estudio social y cultural del suicidio, nos parece una clave de análisis fundamental. Ante el hallazgo de un aumento tan significativo en las tasas de suicidio en el caso chileno cabe la pregunta por lo crítico, ¿qué fue lo crítico de la crisis? Si la crisis supone el acercamiento hacia un límite de las expectativas vigentes19 podemos suponer que, al modo de lo expuesto por la microhistoria, la crisis de 1929 pudo haber destapado cierto sentido común que se mantenía oculto al registro institucional. En palabras de Ginzburg:
- 20 Ginzburg, Carlo, El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI, Ediciones Penín (...)
“También un caso límite […] puede ser representativo. Tanto en sentido negativo – porque ayuda a precisar qué es lo que debe entenderse, en una determinada situación, por 'estadísticamente más frecuente' –, como en sentido positivo, al permitir circunscribir las posibilidades latentes de algo (la cultura popular) que se advierte sólo a través de documentos fragmentarios y deformantes, procedentes en su mayoría de los 'archivos de la represesión'”20
- 21 Farge, Arlette, Efusión y tormento. El relato de los cuerpos. Historia del pueblo en el siglo XVIII(...)
15Asimismo, una de las complejidades del suicidio como objeto historiográfico es que su estudio trata de una realidad que vulnera radicalmente el sentido común, a la vez que radicaliza el mismo sentido que trasgrede. Si, por una parte, el suicida rompe con determinados sentidos comunes vinculados a principios morales cristianos (“no matarás” o “no cometerás actos impuros”, por ejemplo) o a otros preceptos económicos (la solvencia económica burguesa, la figura del hombre de familia como proveedor principal, por ejemplo), por otra, precisamente al romperlos, los confirma. De ahí la relevancia de estudios historiográficos al respecto: lo que se estudia al investigar el suicidio no refiere sólo a las cuestiones relativas a la muerte autoimpuesta sino, sobre todo, a determinados sentidos comunes que fueron transgredidos en un época. Como señala la historiadora Arlette Farge: “las emociones son actos sociales. Exacerbadas, éstas pueden convertirse en pasiones mortíferas”21. Entender el suicidio en la compleja interrelación que conlleva lo social y lo personal implica, por tanto, atender a un espacio en crisis, a un territorio límite.
- 22 República de Chile, Código Penal, Imprenta de la República, Santiago, 1974, http://www.leychile.cl/ (...)
16La justicia chilena en la primera mitad del siglo XX se regía por el Código Penal de 1874. El suicidio no era sancionado como delito, sin embargo – con el objeto de detectar posibles responsabilidades homicidas – la legislación obligaba un procedimiento judicial. De hecho, en el Código de ese año, el suicidio sólo aparece en el artículo 393 del apartado titulado “Del homicidio”, señalando que: “el que con conocimiento de causa prestare ausilio a otro para que se suicide, sufrirá la pena de presidio menor en su grado medio a máximo, si se efectúa la muerte”22. Esto quiere decir que lo que se juzgaba en casos como estos era la intencionalidad y siempre y cuando la muerte fuera efectiva. La justicia no específicaba tipos de auxilio condenados: ¿auxilio material, auxilio moral o ambos?
17De acuerdo a esta disposición, la justicia indagaba tanto en los aspectos materiales como morales de la muerte autoimpuesta. Así – tal como veremos en la investigación por el suicidio de Julio Antolín Alfaro Matzke – ante la ausencia de información material que revelar a la justicia, las argumentaciones de los testigos muchas veces se enfocaron en las relaciones sociales que fueron conflictivas en la vida de los suicidas.
18El Código de Procedimiento Penal de 1906, en su artículo 157, se refiere a las necesidades de investigación judicial indicando lo siguiente: ”Si se presumiere que ha habido suicidio, debe procederse a averiguar si alguien prestó ayuda a la víctima i en qué consistió la cooperación”. Es posible que la sucinta descripción del delito tenga relación con la escasa frecuencia de este tipo de muerte.
19En sintonía con lo anterior, en 1923, la revista de policía Ilustración, indicaba lo siguiente:
- 23 Policías de Chile, Revista Ilustración Policial, 31 de septiembre, Santiago, Chile, 1923, p. 7.
“De acuerdo con las disposiciones legales señaladas en nuestro Código de Procedimiento Penal, cada vez que la muerte de una persona se presente en una forma más o menos misteriosa, no debe darse crédito, seguro de que se trate de un suicidio, sino que, por el contrario, hay que colocarse en el caso de que es un crimen y en prevención de cualquier sorpresa, la Policía debe agotar todos los medios de investigación de que pueda hacer uso, como por ejemplo: declaración de testigos abonados, cuyo testimonio merezca entera fe, impedir que cualquiera persona toque el cadáver o los objetos que se encontraren en la habitación o sitio donde ha tenido lugar el hecho; si se encontraren rastros o huellas, debe cuidarse de que no desaparezcan; las armas o instrumentos que hayan en la pieza serán, asimismo, objeto de una atención preferente, no permitiendo que nadie los toque o los cambie de lugar o posición.”23
20En la práctica, sin embargo, los procedimientos de investigación y sentencia judicial observados en Santiago entre 1920 y 1940 buscaban detectar responsabilidades materiales que pudieran implicar a terceros. Y, no obstante, las declaraciones de testigos y deudos refieren con mucho mayor énfasis a las experiencias de relación social con las víctimas. Así, el suicidio constituyó un lugar extraño para la sociedad en su conjunto. Tanto fue así que la medicina, la iglesia y la justicia debatieron sobre su constitución y sobre su significado.
21Según Marcos Fernández:
- 24 Fernández, Marcos, “Ansias de tumba y de la nada: prácticas sociales del suicidio en el Mundo Pampi (...)
“la posición del suicida – apartando todo juicio de carácter ético que confunda el análisis histórico – era fundamentalmente extraña por su capacidad de evocar. Extraña porque buscó revelar al mismo tiempo que situar en el más absoluto silencio cualquier intento de respuesta. Extraña porque en cada acto registrado, el suicida construyó su propia explicación; y cuando no lo hizo, nos hace pensar que la muerte – o la vida, para ser más exactos – no merecía ninguna explicación”24.
- 25 Foucault, Michel, Obrar mal, decir la verdad. La función de la confesión en la justicia. Curso de L (...)
22De acuerdo lo anterior, se desprende una cierta necesidad de independiencia por parte del suicida. De una manera radical, el suicida obró por su ostracismo. Según Michel Foucault, la instancia judicial tiene un papel investigativo y sancionador que intenta restituir un orden dañado. En este marco, la declaración judicial pretende saldar algo que se tragredió. Así, el autor nos recuerda que “la confesión es […] el recordatorio del pacto social, su reinstauración”25. De este modo, el sujeto validaría la sanción que podría sufrir al reconocer su delito; la trasgresión del orden cometida en frente de una instancia que existe, precisamente, para sancionar. En este sentido, el suicidio constituye un ámbito de suma complejidad para la justicia. Mientras que el autor del crimen se desplaza fuera de lo social por voluntad propia, la justicia pretende traerlo de vuelta para ofrecer alguna restitución de aquel pacto depuesto. Si la justicia investigó para sobreseer (como ocurrió en todos los casos investigados), podemos sugerir que, mientras el suicida huyó de lo social, la justicia investigó para restituir algún carácter social (vinculante) en el suicida.
23Desde esta perspectiva el caso de Julio Alfaro se puede convertir en un foco de análisis ¿De qué manera la justicia lo trajo de vuelta? ¿De qué manera la justicia trae de vuelta (de vuelta a lo social) a un suicida?
24Las causas por suicidio inscritas en los registros estatales cruzan motivos tan diversos como: amores contrariados, conflictos familiares, problemas económicos, ebriedad, enfermedad, locura, aburrimiento, conflictos morales, motivos personales, equivocación, o “se ignora”. En este momento en donde lo historiográfico se cruza con una dimensión judicial que nos parece preciso anotar: Lo cotidiano, lo regular, lo normal, se inscribe en registros excesivos como estos. La transgresión es la manera que utiliza en el relato judicial para dar algún tipo de sentido a la acción de poner la mano sobre sí mismo; a la vez la historiografía puede agarrase de ese sentido que se trasgrede para ofrecer luces sobre el sentido de la época. La trasgresión del suicidio de Julio Antolín es, en este caso, nuestro vehículo de comprensión del pasado precisamente por sus elementos trasgresores y, dentro de ellos, por ciertas características que le son peculiares.
25Usualmente, las explicaciones ofrecidas (de los deudos) apelan sólo a un condicionante, a lo sumo dos. Dentro de los casos revisados –124 para el caso de Santiago, entre 1920 y 1940–, el de Julio Antolín Alfaro reviste una particularidad que nos interesa anotar: la muerte es explicada judicialmente a través de múltiples factores. A modo de indicio, la singularidad argumentativa de este expediente y, sobre todo de sus testimonios, ejerce de imperativo para un análisis por separado.
26Creemos que el suicidio, y en paticular el caso de Julio Alfaro, funciona como un ‘excepcional normal’ a efectos historiográficos. En tanto el suicidio refleja una suerte de ‘normalidad en negativo’, parte de lo cotidiano es registrado, precisamente, en el límite que representa el suicidio de Alfaro. De alguna manera paradógica, el registro sobre el sentido común fue cubierto a través de la manifestación de lo absurdo: la muerte autoimpuesta.
27El martes 21 de octubre de 1930, aproximadamente a las 23:30 horas, la policía detuvo a Antolín Alfaro Cortez y a José Manuel Heredia Mayer, por la responsabilidad que pudiera afectarles en el suicidio de Julio Antolín Alfaro Matzke. Antolín Alfaro Cortés es el padre de la víctima y Heredia, su primo hermano, vivía en el norte y conoció a la esposa del suicida en la salitrera Jose Santos Ossa, una de las 10 que sobrevivió a la crisis por la que atravesó Chile en 192126.
28Tal como recordaba la revista Ilustración, la policía (Carabineros de Chile desde 1927) debía “agotar todos los medios de investigación de que pueda hacer uso” para averiguar la forma en que se había producido la muerte violenta. Este procedimiento podía implicar la detención de los testigos. Es lo que ocurre en el caso de Alfaro: El brigadier a cargo, Guillermo Villota, detiene a dos de los cuatro testigos del hecho, y da apertura a las declaraciones. Respecto a los antecedentes recabados, se puede entender que el policía actuaba como ministro de fe, es decir, como primer agente en la administración de la justicia. Según la transcripción del actuario, Villota señala, sobre Julio Alfaro, que:
- 27 AJS, E Nº 14933, f. 1.
“a causa de haber tenido un altercado de palabras con su esposa Guillermina Soto Herrera, a quien trató de agredir, y que debido a la oportuna intervención del padre de Alfaro, no consiguió su intento, en un momento dado hizo uso de su revolver Smith y Wesson de 9mm. Nº194656, disparándose un tiro en la sien derecha que le ocasionó la muerte casi instantánea”27.
29Hasta aquí tenemos una primera argumentación que da cuenta de un conflicto familiar con violencia. La justicia no se conforma con eso: cita a los testigos al tribunal, según el registro dos de ellos habrían seguido estando detenidos, aunque pareciera que fueron dejado libres a horas del suceso, no queda claro. A partir de este momento se teje una argumentación que involucra a los declarantes: todos fueron individuos que tuvieron algún tipo de vínculo con la víctima. De acuerdo al objetivo de la investigación, las exposiciones se centraron en los móviles que habría tenido el suicida para atentar contra su vida.
30Durante la primera mitad del siglo XX, uno de los problemas habituales con los que debió enfrentarse la justicia en investigaciones sobre suicidio, fue algo que, al día de hoy, podríamos catalogar como pudor o verguenza. Esta afectación podía ser justificada de varias maneras, aunque siempre referida a la equivocación: en suicidios en donde los venenos habían sido un vehículo, se adujo que el sujeto tomó un medicamento equivocado… se habría creído que era otro; en otros casos, cuando las armas de fuego fueron el método, se dijo que seguramente al suicida se le había disparado un tiro, sin voluntad, no obstante la presencia de otros indicios, cartas o conversaciones previas que habrían hecho pensar que el suicidio era una voluntad.
- 28 Archivo Histórico Nacional (ANHCh), Archivo Judicial de Santiago (AJS), Expediente (E) nº 13011, Te (...)
- 29 Ginzburg, Carlo, Mitos, emblemas e indicios. Morfología e historia, Buenos Aires, Prometeo, 2013, p (...)
- 30 ANHCh, AJS, E Nº 15390, Suicidio de Roberto Saavedra, 3 de abril de 1923, f s/n.
31Mara Luisa Rojas, por ejemplo, en 1920 las delcraciones se sobreponen y se contradicen aduciendo equivocaciaño siguiente y, a la veía Luisa Rojas, por ejemplo, en 1921 intentó matarse tomando vidrio molido. En una primera declaración ella y su madre reconocen que el hecho se debió a conflictos que había habido entre ambas. Días después, sin embargo, la protagonista declara: “El vidrio molido con agua lo bebí por equivocación i no por disgustos que haya tenido con mi madre”28. Este no es un caso aislado y resulta notable que la justicia haya aceptado, sin conflicto aparente, este tipo de cambios testimoniales29. De alguna manera no normada, cierto tipo de pudor ante la propia desgracia fue cautelado por los agentes de justicia. Según como lo hemos interpretado, las estrategias referidas buscan ocultar el suicidio. En algunos casos, los mismos suicidas pidieron a los cercanos que adujeran enfermedad frente a la justicia y frente a los demás: “No se olvide / morí de pulmo / nia fulminante / y le ruego que / le diga al doctor / Benavides que lo / certifique así”30 decía una carta de Roberto Saavedra, un joven de 20 años que se había enamorado de su sobrina de 10… y que no lo soportó.
32En el caso de Julio Antolín Alfaro, sin embargo, se revelan detalles y móviles que exceden en mucho lo dicho en otros expedientes ¿Es posible que ante, el aumento de los suicidios, lo que nosotros interpretamos como pudor o verguenza, se hubiera visto reblandecido ante la justicia? Si bien, no se cuenta con una muestra significativa de expedientes por suicidio para los críticos años de 1930 y 1932, suponemos que sí por el aumento de suicidios ya señalado. El caso judicial por el suicidio de Julio Antolín Alfaro, transcurrido a fines de 1930 parece presagiar su tiempo y, a la vez, creemos que es representativo de la “crisis” (en todas sus dimensiones: de vicios, enfermedad, problemas conyugales, tensiones familiares y de crisis económica).
- 31 Álvarez, Al, El Dios Salvaje, ensayo sobre el suicidio, Op. Cit., p. 95.
33El recato ante situaciones como ésta puede ser explicado a través de la carga moral que el suicidio tenía para una iglesia católica que aún durante el siglo XX permeaba a la sociedad chilena con su impronta. Álvarez señala que el suicidio se desplegaba como un acto pecaminoso para el mundo católico. “No Matarás” decía uno de los diez mandamientos… éste se veía agravado en la posición irremediable del suicida: no podía arrepentirse31. La religiosidad empapaba la moral de la época y el suicidio fue tema de discusión. En el ámbito del derecho, De Beze, un abogado chileno, hacia 1899 decía lo siguiente:
- 32 De Beze, Francisco, “El suicidio en Chile”, La Revista de Chile, Santiago, vol. III, nº2, 1989, p. (...)
“el suicida no deja de ser un criminal, puesto que es el homicidio de sí mismo. Por otra parte, el hombre ocupa un puesto en la familia humana; i desertarlo es una cobardía. Aquellos que dicen no poder soportar los disgustos, las penas i los pesares, hai que tenerles lástima: a los demás, hai que tenerles por criminales, puesto que desertan la causa común”32.
- 33 AJS, E Nº 14933, f. s/n.
“Finalmente fue interrogada Sara Alvarado Díaz, calle Concepción 786, que anteriormente le subarrendaba una pieza a Alfaro, la que interrogada manifestó que éste constantemente disparaba balazos en su pieza pues era mui neurasténico y medio alocado en sus procedimientos.”33
- 34 AJS, E Nº 14933, f. 2.
34El primer móvil expuesto en la investigación por el suicidio de Alfaro dice relación con la enfermedad (y con el alcohol como enfermedad). Gillermina Soto, esposa de Julio Alfaro, señala que: “Mi marido era neurasténico y cuando bebía se enajenaba un poco”34. Dentro de los casos de suicidio es muy frecuente encontrar explicaciones que atienden al alcohol como vehículo de la sinrazón. La gente habría cargado con historias donde parecía surgir el sinsentido, y éstas habrían de nutrir los testimonios presentados en este tipo de investigaciones. A la vez, la enfermedad era una de las explicaciones de múltiples estados. El más frecuente entre los casos registrados era el aburrimiento, síntoma clave para lo que antiguamente se llamaba neurastenia.
- 35 Berrios, Germán E, Historia de los síntomas de los trastornos mentales. La psicopatología descripti (...)
- 36 Correa, María José, “Meicina, vigor y virilidad. Las tecnologías terapeúticas frente a la debilidad (...)
35En su estudio Historia de los síntomas de los trastornos mentales, Germán E. Berrios clasifica la neurastenia dentro de las sensaciones de fatiga, y señala que se puede encontrar asociada a la melancolía, al aburrimiento, a la debilidad y, también, a los sobresaltos fáciles. Después de la primera Guerra Mundial, el lenguaje experto dejó de usar este concepto y dio paso a nociones como ansiedad y trastornos afectivos. Sin embargo, en el Chile de la primera mitad del siglo XX, la palabra se continuó usando para referirse a personas que cambiaban de humor con facilidad35. María José Correa, en su artículo titulado “Medicina, vigor y virilidad”, sugiere que la neurastenia fue un término que se popularizó a principios del siglo y que fue vehículo para múltiples licencias médicas36. En esta línea, la neurastenia pudo haber sido el nombre para lo que hoy podríamos catalogar como depresión.
- 37 ANHCh, AJS, E Nº 13740, Intento de envenenamiento de Rosa González, 23 de septiembre de 1921, Foja (...)
36Uno de los móviles más usados, tanto por los suicidas en sus notas de despedida como por los deudos en las declaraciones que hicieron ante la justicia, fue el aburrimiento. “Estar aburrido de la vida”, se decía. Aunque no fue usual que en los expedientes se utilizasen categorías médicas como la neurastenia, los testiminios refieren a categorías que se parecen a algunas de las descripciones del lenguaje experto tales como el aburrimiento. Ejemplo de ello es el caso de Rosa González, de 22 años y empleada en el prostíbulo de Margarita Gálvez, que expone: “Tomé dos pastillas de sublimado voluntariamente y con el objeto de quitarme la vida pues me encontraba aburrida, pero estoi arrepentida de ello y no volveré a hacerlo otra vez”37. El aburrimiento aparece con frecuencia asociado a lo incontrolable, como si fuera algo que viniera de afuera. Su asociación, finalmente, parece acercarnos a algo que es parecido a la enfermedad.
- 38 AJS, E Nº 14933, f. 2.
37El alcohol fue otro elemento de usual aparición en las investigaciones por suicidio. En el caso de Julio Alfaro también aparece, y la esposa relata que, el día del suicidio, su esposo “se encontró con un primo que vivía en el norte, Josy Manuel Heredía […]. Me lo presentó y estuvieron bebiendo juntos en compañía también de mi suegro Antolín”38.
- 39 Fernández, Marcos, “Los usos de la taberna: Renta Fiscal, combate al alcoholismo y cacicazgo políti (...)
- 40 AJS, E Nº 14933, s/f.
38El problema del consumo excesivo de alcohol en la población de la primera mitad del siglo XX fue una preocupación constante del periodo, es más: fue motivo de análisis a propósito de la Cuestión Social. Si bien, durante el periodo el movimiento antialcohólico tuvo alta presencia en el debate público, las medidas tomadas estuvieron más enfocadas en la regulación monetaria sobre las bebidas alcóholicas antes que en atacar el consumo39. En términos prácticos, nos interesa destacar que, entre 1920 y 1940, la mayoría de los suicidios masculinos se produjeron en individuos que, según lo referido en los informes de autopsia, estaban bajo efectos del alcohol, (no así en el caso de las mujeres). La autopsia realizada a Alfaro ratifica su consumo: “El estómago contiene una gran cantidad de vino. / Dios guarde a US.”, señalaba el médico tratante40.
- 41 Le Breton, David, “Por una antropología de las emociones”, Revista Latinoamericana de Estudios sobr (...)
39Tanto el aburrimiento como el alcohol, son categorías muy recurrentes entre las justificaciones que dieron los deudos a la justicia. En este estudio, interpretamos que esas explicaciones sirvieron de desvíos lingüísticos que le permitieron al suicida y/o a su entorno, mantener cierta reserva sobre vida privada41. En muchos de los casos revisados la ebriedad es el único argumento para explicar la muerte voluntaria. El caso de Julio Antolín es relativamente excepcional en este sentido ya que, aunque se argumenta con su ebriedad y con sus bruscos cambios de carácter, revela informaciones adicionales que complejizan su historia. De todas maneras, tanto el alcohol como la declaración del estado anímico tienen una función: demostrar que el suicida actuó fuera del sentido común (o dicho de otro modo, fuera de sus sentidos).
- 42 AJS, E Nº 14933, f. 2 vuelta.
“[José Manuel] Heredia era primo de él y preguntó cómo y cuándo me había conocido y detalles de nuestro pololeo. Cuando supo que nos habíamos conocido en el norte en la oficina Ossa, Heredia dijo que no me reconocía pero que se acordaba de una señora maestra de escuela que tenía dos chiquillas muy dijes cuando él había estado allá y tal vez una de ellas era yo. Bastó esto para que mi marido se irritara y se pusiera celoso, agrediéndome de hecho. Su padre don Antolín me defendió y le dijo que nada tenía que decir de mí que no era sino su esposa modelo”42.
40Se trata de las declaraciones de Guillermina.
- 43 Fernández, Paz, Amor a palos. La violencia en la pareja en Santiago (1900-1920), Santiago, LOM Edic (...)
41Según el estudio de Paz Fernández sobre la violencia de pareja en Santiago, entre 1900 y 1920, el factor principal que propició este tipo de relaciones fue el alcohol. Señala, además, que las publicaciones de la época sostienen que el problema no se originaba en la falta de educación o en la condición económica sino en el beber inmoderado por parte de los hombres43. Según el testimonio de Guillermina, el padre de Julio Alfaro la defendió del maltrato. Posiblemente, siguiendo el testimonio de la esposa, la acción del padre tuvo un sentido doble: por una parte, pudo aparecre como un gesto de protección para con su nuera, por otra, en el caso de su hijo, una muestra de desconfirmación de un rol masculino que se tratara de disciplinar.
- 44 Fernández, Paz, Amor a palos, Op. Cit, p. 79.
- 45 AJS, E Nº 14933, f. 3 vuelta.
42Según Paz Fernández, había posturas distintas referentes a la violencia conyugal hacia las mujeres en el Santiago de principios de siglo. Si, por una parte, las clases altas buscaban reformar a las clases bajas a través de publicaciones periódicas como El Chileno, significando al macho maltratador como un irracional o como un animal, por otra, las incipientes clases medias y las altas apelaron al silencio: los malos tratos debían ser tolerados, ya que según las publicaciones que cita, la deshonra social en esos casos podía ser más grave que la violencia doméstica44. Así se entiende el testimonio del padre, cuando señala, a modo de reprensión y de consejo: “acudí i los arreglé reconviniendo a mi hijo que no era prudente que peleara con su mujer habiendo visitas en su casa. Él me contestó que su mujer era una [sic] i que todo se acababa”45.
- 46 Salazar, Gabriel & Pinto, Julio, Historia Contemporánea de Chile, vol. IV. Hombría y Feminidad, San (...)
- 47 Salazar, Gabriel & Pinto, Julio, Historia Contemporánea…, Op. Cit, pág. 118.
43En una línea similar, Salazar y Pinto plantean que una de las estrategias de educación social (como forma de controlar la vida privada) por parte de la clase dirigente fue la “condena moral” hacia las actitudes masculinas y femeninas consideradas viciosas, sobre todo cuando éstas afectaron el espacio familiar 46. Asimismo, la conducta femenina era particularmente susceptible a la condena, en tanto “en torno a ellas, lo que debía ser privado era público y lo que debía ser público se enredaba con lo privado”47, señalan los autores.
44Para Julio Alfaro, el conflicto con su esposa, la censura iracunda hacia sus historias de juventud, parece gatillar otro con sure, al cual, como veremos, dirige sus últimas palabras.
- 48 AJS, E Nº 14933, f. 2 vuelta.
“En ese momento sacó mi marido su revólver y diciéndole a su padre “mire papá” se pegó el tiro en la sien derecha. Mi suegro no alcanzó a evitarlo pues se encontraba como a cuatro metros de distancia de su hijo”48.
45Conflictos conyugales y conflictos parentales; alcohol y cambios de humor tejieron, una trama inaudita que la justicia se encargó de organizar a través de los testimonios que recopiló. De alguna manera, el sinsentido inicial fue dando lugar a un relato que, al menos para la justicia, permitió el sobreseimiento definitivo, o, en otras palabras, otorgó algún tipo de sentido social al disparo de revólver que Alfaro se dio contra de sí mismo.
- 49 AJS, E Nº 14933, f. 2.
“Su situación económica era mala pues se encontraba sin ocupación y sólo le quedaba un pequeño almacencito cuyas pequeñas existencias también las debía. Pocos dias antes había tenido un disgusto con el dueño de la propiedad Norberto Molina porque éste fue a gritarle y a amenazarlo hasta con revólver porque se había atrasado en el pago de $104 del arriendo del último mes. Desde ese día mi marido también llegaba con revólver cargado en su bolsillo”49.
- 50 Lara, Ronny, Análisis dogmático del delito de posesión o tenencia ilegal de armas de fuego, Tesis d (...)
46No sabemos desde cuándo Julio Antolín Alfaro se encontraba sin trabajo, sólo sabemos que era mecánico y que tenía deudas pendientes con el dueño de la propiedad en la que vivía50. Hacia el final de la exposición de Guillermina Soto, la relación entre Alfaro y su arrendatario va adquiriendo un fuerte protagonismo que relega a segundo plano el conflicto familiar, los celos, el alcohol y la neurastenia. Si bien la problemática económica es una constante a lo largo de toda la investigación, con el último testimonio aparece como una cuestión determinante. En el resumen del caso, el actuario transcribe que Guillermina habría manifestado que:
“(…) el culpable de toda esta situación era el propietario de la casa, Norberto Rojas, quien a pesar de que su marido le manifestara que estaba algo atrasado, y por eso no podía darle estricto cumplimiento en el canon de arriendo, el propietario se lo exigía duramente no aceptándole ninguna clase de explicaciones al extremo de habérsele introducido un día al dormitorio con el revólver en la mano, amenazándolo que si no pagaba el arrendamiento, le llegaría a calumniar a fin de meterlo a la cárcel. Yo y mi marido le manifestamos que si gustaba le dejaríamos unas herramientas en garantía del arriendo cosa que el propietario jamás aceptó. Por esta y muchas razones, estimo que esta determinación de mi marido se debe únicamente a la culpa de Rojas”51.
47Este giro en el tono de las declaraciones destaca dentro de los expedientes por suicidio revisados. Guillermina achaca al dueño de la casa en la que vive la responsabilidad moral sobre la muerte de su marido. Según la transcripción judicial, para ella habría un responsable de toda esta situación, y ese sería el arrendador.
- 52 AJS, E Nº 14933, s/f.
- 53 AJS, E Nº 14933, s/f.
48Posteriormente al resumen de la investigación, el juez llamó a declarar a dos sujetos más: Norberto Rojas Molina, dueño de la casa en la que vivía el suicida, y Sara Alvarado, antigua arrendataria de Alfaro. Ambos cierran con las indagaciones acerca del suicidio de Julio Antolín Alfaro Matzke. Norberto Rojas, por su parte, se defiende y desmiente haber “llegado hasta la pieza amenazando a Julio Antolín Alfaro con su revólver”52. Sara Alvarado, en cambio, ratifica el carácter inestable de Alfaro: “éste constantemente disparaba balazos en su pieza pues era mui neurasténico y medio alocado en sus procedimientos”53.
49Dependiendo del contenido de las declaraciones y del criterio del juez, el sobreseimiento del caso podía ser definitivo o temporal. Teóricamente, el sobreseimiento temporal daba cuenta de que faltaban elementos para determinar con certeza lo ocurrido, y cabía la posibilidad de su reapertura. Dentro de los 124 casos revisados en Santiago entre 1920 y 1940, ningún caso cerrado temporalmente fue re-abierto. No obstante, la posibilidad judicial era cierta. En el caso del suicidio de Julio Antolín Alfaro Matzke, la investigación se declaró sobreseída definitivamente. La cantidad de declaraciones involucradas y, sobre todo, la cantidad de motivaciones referidas fue significativamente mayor que en otros casos, y: “apareciendo de los antecedentes que en el suicidio de Julio Antolín Alfaro no ha existido participación delictuosa de parte de terceras personas […] sobreséase definitivamente este sumario”54.
50Los expedientes por suicidio tienden a ser breves, y dan cuenta sólo de las últimas acciones realizadas por los suicidas. En el caso analizado, no sabemos, por ejemplo, si Julio Alfaro tenía hijos, si su esposa trabajaba, si su padre vivía en la misma casa que él o si su cesantía se debía efectivamente a la crisis económica por la que estaba pasando el país.
51El expediente, como fuente historiográfica, muestra claras singularidades con respecto a otras de su tipo. Entre ellas anotamos particularmente la multiplicidad de factores atribuidos al suicidio. A partir de lo anterior, interpretamos que este caso contiene los elementos necesarios para ser considerado un “excepcional normal” en el sentido de que nos ofrece una visión transversal de las relaciones sociales del periodo, a la vez que muestra las formas de intercambio y negociación judicial más usuales.
52Según la información contenida en el expediente, el conflicto familiar habría sido originado por los celos que Julio manifestó respecto de la relación de su señora con Heredia. Pese a lo anterior, el primer motivo que otorgan los cercanos a la acción suicida es la neurastenia y la bebida, sugiriendo así que el accionar del hombre tuvo mucho de inexplicable. Posteriormente, aparece el pesar económico y los consecuentes conflictos con el arrendador como causantes determinantes del suicidio. La esposa llega incluso a asegurar que desde entonces su marido andaba trayendo un revólver cargado y que el culpable de toda esta situación era Norberto Rojas.
- 55 Las fuentes no hablan de locura ni de loco. Sin embargo el suicidio aparece en las fuentes como un (...)
53Una de las constantes dentro de los casos de suicidio es el tratamiento que se hace en el espacio judicial al suicida. Como se explicaba más arriba, las argumentaciones transcritas comúnmente refieren a la sinrazón o al sinsentido. Y, a la vez que excluye al suicida de un espacio social (de sentido común), se le reincorpora a lo social, como incapaz o como loco55. Esta es una de las paradojas judiciales del suicidio, y en este sentido puede sostenerse que la investigación no sólo tiene un rol en la dilucidación de un supuesto crimen sino que, además, en vista de lo narrado, tiene un rol vinculado a la cohesión social. Para los contemporáneos de Julio Alfaro, él habría escapado a un sentido común en el cual las personas no se disparan contra sí mismo si están en su sano juicio. El ejercicio judicial, si bien en muchos casos sugiere la sinrazón, termina por justificar en las acciones cierto proceder: por ser una instancia explicativa que involucra a los otros en el actuar de uno solo (el suicida).
54Apostando por una historiografía del sentido común (si bien, cabe profundizar más sobre este asunto), sugerimos que, en el gesto de Alfaro de dirigirse a su padre al momento de disparar contra sí, existe una especie de restitución de algo que fue transgredido al momento de ser interpelado por su padre, se trató quizás de una autoridad que fue puesta en duda, y el suicidio aparece como una última instancia de autonomía por parte de Alfaro.
55A su vez, de una manera paradojal, lo que pareciera restituir la justicia, a través de la investigación judicial, es un determinado tipo de sentido común en el sujeto que obró de modo suicida. Lo que busca es explicar lo que parece inexplicable, lo mudo y, en esa medida, devolver al suicida al lugar del sentido común. Si lo logra o no, es harina de otro costal, lo que nos interesa destacar aquí, es el intento de reivindicar, para lo social, a quien murió por mano propia. Nos parece que este ejercicio, se hace por medio de la investigación judicial y que el caso de Julio Antolín Alfaro es representativo en estos sentidos.