1Barcelona, capital de Cataluña y segunda ciudad de España, es una metrópolis mediterránea que ha experimentado importantes transformaciones sociales y urbanas en las últimas décadas. Entre estos cambios, cabe destacar la notable y rápida pluralización de su paisaje religioso, que ha sustituido la antigua hegemonía social (y política) del catolicismo y parece haber trastocado un proceso de secularización que hasta hace muy poco se presentaba como lineal e inevitable. Esta diversificación religiosa no puede entenderse sin las migraciones y movilidades internacionales contemporáneas y, en consecuencia, la instalación de personas provenientes de otros países de Europa, África, América Latina, Oriente Próximo o Asia.
2Como en otras ciudades europeas e internacionales (Saint-Blancat, 2019), el espacio público barcelonés experimenta un resurgimiento de manifestaciones religiosas en forma de procesiones, desfiles, comidas populares o rezos en la calle, organizadas por las distintas comunidades de migrantes. Es precisamente una de estas expresiones la que ha llamado nuestra atención desde hace algunos años y sobre la que se focaliza este artículo: la Ashura de los musulmanes chiíes, que conmemora el martirio del imán Hussein, nieto de Mahoma, en el año 680 en Karbala, en la actual Irak (Mervin, 2022). El chiismo, rama minoritaria del islam a escala mundial, está representado en Barcelona a través de una asociación que agrupa, principalmente, a personas de origen pakistaní. Se trata de la comunidad islámica Al-Qaim, establecida desde finales de los años noventa del siglo XX en un pequeño local en el barrio de Sant Pere, Santa Caterina i El Born, en el casco antiguo de la ciudad.
3Al-Qaim es el único lugar de culto chií de Barcelona entre la cuarentena de mezquitas registradas en la ciudad. Su existencia se inscribe en la historia de la migración pakistaní a Barcelona, que comienza a finales de los años setenta y va en aumento a lo largo de las décadas siguientes. En 2022, se contabilizaban más de 22.500 pakistaníes en la ciudad. Constituyen la segunda comunidad extranjera más numerosa de Barcelona, después de los italianos, y al mismo tiempo representan una proporción importante de los 92.000 pakistaníes que residen en España (Ajuntament de Barcelona, 2022). Menos feminizados que otros grupos (72,6% de hombres frente al 27,4% de mujeres), los pakistaníes de Barcelona provienen mayoritariamente de la región rural del Punjab. Más allá de las expresiones comunitarias, tienen una presencia visible en el tejido comercial y en ciertos sectores, como el de los taxis (Güell y Parella, 2023). Este mismo patrón se reproduce en Al-Qaim, donde el fundador de la asociación, llegado del Punjab a mediados de los años ochenta, era propietario de dos panaderías en el barrio de Santa Caterina. Si bien la gran mayoría de los miembros de Al-Qaim son de origen pakistaní, durante nuestra etnografía también pudimos encontrarnos con personas de otras nacionalidades y orígenes que participan en las actividades de la asociación. Cabe destacar, por ejemplo, la implicación de un hombre de origen iraní, muy activo en el mantenimiento del lugar de culto y en la organización de ciertos eventos, así como el caso de un catalán septuagenario, convertido al islam chií, que desempeñó un papel muy importante en las primeras negociaciones de la comunidad con las autoridades locales (Astor et al., 2023).
- 1 En el marco del proyecto Performative Ritual and Authority among Shia in Europe 2021-2024. Minister (...)
4Las investigaciones realizadas anteriormente por antropólogos (Moreras, 2017) y los archivos de prensa muestran que la comunidad Al-Qaim conmemora la Ashura en las calles del barrio desde, al menos, 2005. Nuestra investigación etnográfica, iniciada en 2015 y aún en curso1, estudia la forma y las transformaciones de esta conmemoración en los últimos años, prestando una atención especial a los elementos que la condicionan (la organización de la comunidad, las relaciones de poder dentro de la misma, las políticas y regulaciones públicas, etc.). Durante nuestras observaciones, la fotografía resultó ser una herramienta esencial, ya que nos permitió documentar las formas concretas de esta conmemoración. Las fotografías constituyeron así un complemento de nuestro diario de campo colectivo, una ayuda para memorizar que alimentó nuestras notas escritas e ilustró las secuencias de la procesión, constituyendo al mismo tiempo una de las bases del trabajo descriptivo y analítico. En este portafolio presentamos una serie de ocho fotografías tomadas entre 2021 y 2022. Elegimos estas imágenes porque representan distintos elementos clave de nuestros ejes de análisis. En primer lugar, ponen en evidencia la dimensión performativa de la procesión, ya sea a través de la corporalidad de los participantes o de los objetos materiales y simbólicos que la acompañan. En segundo lugar, las fotografías también revelan el trabajo organizativo llevado a cabo tanto por los miembros de la comunidad como por las autoridades locales. Finalmente, estas imágenes nos permiten captar la dimensión espacial de esta conmemoración, que se desarrolla en una zona del casco antiguo de Barcelona impregnada tanto del legado católico como de las consecuencias del turismo.
5El elemento central de la conmemoración de la Ashura en Barcelona es una procesión de varios cientos de personas que recorre el entorno del oratorio y finaliza en una plaza abierta, donde tienen lugar un sermón y una comida. Durante toda la procesión, los hombres, vestidos con ropa negra, realizan el matam: una práctica de autoflagelación que consiste en golpearse el pecho con la mano mientras se canta y se recita la memoria del martirio del imán Hussein y sus compañeros (Fotografía 1).
Fotografía 1: Un grupo de hombres practica el matam durante la procesión de la Ashura de 2022
Crédito: V. Albert-Blanco, 9 de agosto de 2022, Barcelona.
6La forma de realizar el matam varía de un lugar a otro, pero también dentro de un mismo país, según las corrientes de pensamiento inspiradas por los distintos líderes religiosos chiíes: mientras algunos aprueban la autoflagelación con cuchillos, otros (en particular las autoridades iraníes) la desaprueban, e incluso la prohíben, recomendando en su lugar formas de lamentación más suaves. En los contextos diaspóricos, la forma del matam también se ve condicionada por las restricciones impuestas por la administración. En Barcelona, el matam adopta en público una forma no sangrienta, aunque algunos miembros de la comunidad no renuncian a practicarlo con instrumentos cortantes en espacios privados o durante sus viajes a Pakistán.
7La lamentación activa de los hombres contrasta con el papel, más discreto, de las mujeres. Éstas recorren la procesión en un cortejo separado de los hombres por una pancarta negra con inscripciones religiosas (Fotografía 2).
Fotografía 2: El cortejo de mujeres sigue la procesión de la Ashura de 2022, pasando frente a una institución caritativa católica
Crédito: V. Albert-Blanco, 9 de agosto de 2022, Barcelona.
8Las mujeres también recitan, pero la performatividad de su lamentación y los golpes en el pecho son mucho más suaves, incluso inaudibles. La procesión incluye también varios elementos materiales y simbólicos, como un ataúd que recrea la muerte del imán Hussein, pancartas y banderas llevadas por miembros de la comunidad, o el color negro que caracteriza la vestimenta de los participantes en duelo (Fotografía 3).
Fotografía 3: Algunos hombres llevan la reproducción del ataúd del imán Hussein durante la conmemoración de la Ashura de 2021
Crédito: V. Albert-Blanco, 19 de agosto de 2021, Barcelona.
9No obstante, y a diferencia de lo que se ha observado en otras ciudades europeas o en el denominado «mundo musulmán» (Degli Esposti, 2018), durante la procesión barcelonesa nunca hemos constatado la presencia de carteles políticos en apoyo al pueblo palestino o a los movimientos políticos chiíes contemporáneos a nivel internacional.
10La procesión de Ashura, al igual que la que también organiza la comunidad durante el mes de Ramadán en memoria del imán Alí, está cuidadosamente planificada y supervisada por los miembros de la asociación. Estas procesiones no son únicamente expresiones de piedad; también poseen una dimensión cívica dirigida al público general y a las autoridades políticas locales, recreando una forma de performatividad donde la expresión de la devoción religiosa se combina con una aceptación ostentosa de las normas sociales y políticas mayoritarias (Astor et al., 2023). Este compromiso se hace especialmente visible a través de distintos objetos y símbolos, como los chalecos amarillos que identifican a los hombres integrados en el “servicio de orden” y que recuerdan las formas de organización vistas en eventos no religiosos, como las manifestaciones sindicales y políticas o las fiestas populares (Fotografía 4).
Fotografía 4: Dos miembros de la comunidad, vestidos con el chaleco amarillo que los identifica como parte del servicio de orden durante la procesión en memoria del imán Alí durante el Ramadán de 2022
Crédito: V. Albert-Blanco, 22 de abril de 2022, Barcelona.
11Al igual que en esos otros eventos, los miembros del servicio de orden de Al-Qaim tienen la función de encauzar a la multitud. Se encargan de modular el ritmo de la procesión, asegurándose, al mismo tiempo, de que ésta no se vea afectada ni interrumpida por los transeúntes o por personas ajenas a la comunidad. Su presencia, visible y distinguible gracias a los chalecos amarillos, está destinada a proyectar la imagen de un evento bien organizado y conforme a las normas de ocupación del espacio público de la ciudad.
12Desde esta perspectiva, la organización de la procesión no es únicamente responsabilidad de algunos fieles de la comunidad: también es el resultado de las regulaciones dictadas por la administración (Albert-Blanco y Martínez-Cuadros, 2021). El Ayuntamiento de Barcelona desempeña actualmente un papel muy activo en la producción de las condiciones y de la forma específica de esta manifestación religiosa. Desde 2004, la ciudad cuenta con una Oficina de Asuntos Religiosos (OAR, Oficina d’Afers Religiosos). Esta oficina, que forma parte de la jerarquía municipal y depende de una tenencia de alcaldía, lleva a cabo acciones de interlocución con las comunidades religiosas de la ciudad, especialmente con aquellas consideradas «minoritarias» (Griera, 2012). Los responsables de la OAR han desempeñado así un papel importante junto a la comunidad Al-Qaim, con el objetivo de garantizar el buen desarrollo de la conmemoración de la Ashura. Junto con otros representantes del Ayuntamiento, como los técnicos del distrito de Ciutat Vella (casco antiguo) o la policía local, se encargan de conceder las autorizaciones administrativas necesarias para la ocupación del espacio público, así como de facilitar ciertos elementos materiales, como un equipo de sonido o vallas con el símbolo del Ayuntamiento para delimitar el espacio destinado al sermón y a la comida que tienen lugar después de la procesión (Fotografía 5).
Fotografía 5: Equipo de sonorización y vallas del ayuntamiento instaladas en el Arco de Triunfo para la conmemoración de la Ashura de 2022
Crédito: V. Albert-Blanco, 9 de agosto de 2022, Barcelona.
13Estas acciones, que se inscriben en una estrategia política más amplia de acomodación de la diversidad religiosa en la ciudad, han sido complementadas durante los últimos años con la edición de un pequeño folleto informativo sobre la Ashura, el cual se distribuye a los transeúntes durante la procesión (Fotografía 6).
Fotografía 6: Miembros de la comunidad distribuyendo folletos editados por el Ayuntamiento de Barcelona para explicar a los transeúntes el significado de la Ashura durante su conmemoración en 2022
Crédito: V. Albert-Blanco, 9 de agosto de 2022, Barcelona.
14La implicación activa del ayuntamiento refleja así la voluntad política de reconocer la diversidad religiosa de la ciudad, lo que también comporta formas de control y de regulación de dicha pluralidad. En el caso de la Ashura, los responsables políticos y técnicos del consistorio contribuyen así a producir una manifestación religiosa pública «aceptable», que debe coexistir con los usos mayoritarios del espacio urbano. Más allá de la prohibición de instrumentos cortantes para la autoflagelación, durante mucho tiempo el ayuntamiento también impuso a los musulmanes chiíes realizar el matam con el torso cubierto. Este requisito se inspira en una norma general aprobada por la ciudad en 2005 que prohíbe pasearse en bañador o sin camiseta por la calle, pensada originalmente para combatir el «incivismo» de algunos jóvenes o turistas. De forma paradójica, una norma destinada a regular los «excesos» del turismo en el casco antiguo de Barcelona ha terminado afectando la forma de una conmemoración religiosa, inscribiéndola dentro del marco de la «civilidad urbana» aceptada (Griera y Burchardt, 2020). Sin embargo, en nuestras observaciones recientes de los años 2021 y 2022, pudimos constatar una relajación de esta norma, con varios participantes de la procesión realizando el matam con el torso descubierto como resultado de reuniones y negociaciones entre la comunidad religiosa y los responsables municipales. Además, la televisión pública de Cataluña informó en el reportaje dedicado a la conmemoración de la Ashura de 2022 que, «por primera vez», los fieles pudieron recorrer la procesión sin camiseta.
15El ayuntamiento también parece influir en el recorrido de la procesión. De forma sorprendente, ésta nunca ha seguido el mismo trayecto. Durante los primeros años de la conmemoración de la Ashura en el espacio público, la procesión terminaba en la plaza Sant Pere, situada a pocos metros del oratorio de la comunidad Al-Qaim. Sin embargo, con los años, los fieles extendieron su recorrido hasta la avenida Lluís Companys. En este paseo ubicado en el límite noreste del barrio, se encuentran el Arco de Triunfo de Barcelona y la entrada principal del parque de la Ciutadella. Esta localización confiere a la avenida una cierta centralidad turística y social en la ciudad, lo que constituye una de las motivaciones de la comunidad para finalizar allí la procesión. No obstante, este deseo no siempre ha podido cumplirse, ya que, debido precisamente a su centralidad, este espacio es muy solicitado para otros eventos. En junio de 2018, la procesión en memoria del imán Alí, celebrada durante el mes de Ramadán, concluyó en el parque de la Estació del Nord, al otro lado de la avenida. En efecto, en la avenida Lluís Companys imperaba una normativa que prohibía las actividades públicas «sonorizadas» más allá de las ocho de la tarde en días laborables durante la temporada estival. Unos meses después, en septiembre, la comunidad volvió a verse imposibilitada de utilizar la avenida Lluís Companys, esta vez debido a la celebración de las fiestas de la Mercè, festividad de la ciudad en honor a una de sus patronas, Santa Mercè. La avenida estaba ocupada por los preparativos del escenario donde tendrían lugar algunos de los espectáculos y conciertos del programa festivo. Por otro lado, en 2020 y 2021 fueron las restricciones impuestas por la COVID-19 las que afectaron la localización de la conmemoración de la Ashura. En 2020 se suspendieron las procesiones en memoria del imán Alí y del imán Hussein, mientras que en 2021 el ayuntamiento autorizó una conmemoración estática, sin procesión. Para la celebración durante el mes de Ramadán, se asignó un espacio en el parque de la Ciutadella, mientras que para la de la Ashura se concedió una plaza cerrada en el vecino barrio del Raval. En 2022, las conmemoraciones recuperaron su «normalidad», y la procesión retomó su espacio habitual en el barrio, finalizando en la plaza Sant Pere con motivo del mes de Ramadán y, de nuevo, en la avenida Lluís Companys para la Ashura (Fotografía 7).
Fotografía 7: Sermón en la avenida Lluís Companys, bajo el Arco de Triunfo de Barcelona, al final de la procesión de la Ashura de 2022
Crédito: V. Albert-Blanco, 9 de agosto de 2022, Barcelona.
16La procesión de la Ashura, al igual que la organizada durante el mes de Ramadán, despierta la curiosidad de los vecinos del barrio, de los visitantes ocasionales y de los numerosos turistas que transitan por esta zona de la ciudad (Fotografía 8).
Fotografía 8: Los encargados de una pizzería orientada al turismo en la zona observan el paso del cortejo de mujeres en la procesión en memoria del imán Alí durante el Ramadán de 2022
Crédito: V. Albert-Blanco, 22 de abril de 2022, Barcelona.
17Esta curiosidad parece haber reemplazado las formas explícitas de rechazo hacia esta manifestación religiosa, documentadas a comienzos de los años 2000, cuando la comunidad empezó a conmemorar la Ashura en el espacio público. Además, esta curiosidad se traduce hoy en la fascinación de los transeúntes, que descubren con sorpresa una expresión religiosa minoritaria que ocupa temporalmente un espacio público con abundantes marcadores materiales y simbólicos ligados al catolicismo. El ritual chií no solo contrasta con las huellas de la religión históricamente hegemónica, sino que también lo hace con los signos urbanos que evidencian un barrio del casco antiguo plenamente integrado en los circuitos comerciales y de ocio de la Barcelona turística contemporánea.
18Estudiar la conmemoración de la Ashura en Barcelona no se limita a observar su evolución ni a restringir el análisis a las dinámicas del islam chií en la diáspora. Como muestran los elementos mencionados anteriormente y las fotografías presentadas, la etnografía de la Ashura barcelonesa supone, en un sentido más amplio, cuestionar la forma que adopta hoy lo religioso (y en particular sus expresiones minoritarias) en las ciudades europeas. Además, permite observar las apropiaciones desiguales del espacio en un contexto marcado por el turismo y las transformaciones urbanas, donde la sociedad y la administración se ven obligadas a gestionar una diversidad religiosa y cultural que, para ser plenamente aceptada, debe adaptarse a las normas y concepciones mayoritarias del espacio público.