Organización y gestión de la investigación en la universidad: El Instituto de Estudios Rurales
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Rafael Avila
1¿En qué condiciones se produce la investigación sobre ciencias sociales en Colombia?, ¿Cómo lidian con un entorno hostil -o en el mejor de los casos displicente- los científicos sociales en este país?, ¿Por qué es común que los profesores universitarios de las ciencias sociales investiguen muy poco y publiquen aún menos? Abordar estos y otros interrogantes de la sociología del conocimiento es indispensable para el fortalecimiento de la labor investigativa, en este caso la relacionada con las ciencias sociales. Pero poca atención han prestado los investigadores sociales colombianos a escudriñar su oficio con los métodos que les son propios, de modo que resultan escasos en extremo los estudios sobre el quehacer de la investigación social en este país. En consecuencia, se merman las posibilidades de aprendizaje institucional, grupal y personal sobre la experiencia investigativa acumulada por investigadores, grupos, universidades y centros de investigación; de manera que los síndromes del "borrón y cuenta nueva" o del "vuelve y juega" encuentran así un campo eternamente abonado en el campo de la investigación.
2En estas circunstancias, la reflexión sobre las condiciones de trabajo y el proceso de producción intelectual en ciencias sociales en Colombia, generalmente no traspasa los círculos de colegas que comparten amarguras y logros con un entendimiento implícito de estar sometidos a la incomprensión y la marginalidad. Por ello, es reconfortante encontrarse con este libro aleccionador sobre la organización y gestión de la investigación en la universidad, que sumerge al lector en las experiencias de carne y hueso de un grupo de investigación, agudamente descritas y creativamente interpretadas por su autor, el sociólogo Rafael Ávila Penagos.
3Afortunadamente este profesor de larga trayectoria en la Universidad Pedagógica Nacional, educado a nivel doctoral en la Universidad de Lovaina, tomó el riesgo de adentrarse en un estudio de caso en profundidad, el del Instituto de Estudios Rurales, IER, de la Universidad Javeriana al que describe como "una organización micro dentro de u na organización de tamaño mezzo", (pag. 178) y como "una idea innovadora en una institución sobrecargada de docencia" (pág. 180). Este instituto es obra de un proyecto de vida de un grupo de quijotes que completa ahora veinte años de vicisitudes. Avila no se deja arrinconar por el temor de ser tachado de empirista, así que no se queda en generalidades sobre la "investigación en la universidad colombiana". En cambio, prefiere penetrar en la realidad de una de ellas como objeto/sujeto de estudio.
4El caso tratado en este libro cautiva la atención del lector desde un comienzo. Está lleno de paradojas. El grupo de investigación estudiado no proviene de graduados de la universidad en que se asientan: son "javerianos" por adopción, venidos de otras universidades privadas, públicas y extranjeras. Algunos son economistas de formación amplia, no ortodoxos neoclásicos; otros son sociólogos y antropólogos independientes y con un estilo de vida poco convencional que disonaba en un medio formalista, capitalino y solemne. Desde un comienzo optan por una labor que exige dedicación de tiempo completo, figura que en su momento era una novedad en una institución donde predominaban los "catedráticos" de tiempo fugaz. Y se embarcan en el mundo rural colombiano, un campo que a juicio de un directivo entrevistado, economista a la par que decano
...no es un ámbito económico, pero dentro de lo rural, lo económico juega un papel importante [....] el componente económico que hay en el IER es muchísimo menor del que debería ser. Y e l poco que tiene, tampoco es el que debería tener [....] Y los economistas que tiene son economistas sociologizados (pág.149).
5Para terminar de completar sus complicaciones, en vez de sumergirse en la docencia tradicional desvinculada de la investigación, proponen dedicarse a la investigación participativa con campesinos alejados de la gran ciudad en la que aspiran a trabajar los futuros economistas así como los administradores, pero también los contadores, que estudian en la Facultad de Ciencias Económicas de la Javeriana. Ninguno de estos tres grupos futuros profesionales encuentra, en consecuencia, afinidad con estos investigadores, hippies y de mochila que marcan un contraste relumbrante con los catedráticos magistrales de la tradicional facultad.
6La experiencia de estos investigadores, quijotes y desafiantes del statu quo universitario, tiene tintes de ejemplarizante -en el sentido kuhniano del término-. El libro reseñado logra rescatar algunos de esos tintes, acudiendo al rigor del análisis antes que a la apología o demonización de unos u otros actores (miembros del equipo del IER, campesino, directivo que apoyaron el proceso, colegas opositores, directivos enemigos, colegas impasibles, etc.). El texto está' estructurado en doce capítulos dispuestos en dos partes. La primera de ellas, de la que forman parte seis capítulos, concentra su atención en el particular enfoque metodológico de la investigación participativa, que desde un comienzo se propusieron los artífices del Instituto. La segunda parte del libro, compuesta por otros seis capítulos, trata sobre su particular modo de gestión de la práctica investigativa. El libro gira alrededor de una hipótesis: las contribuciones que ha hecho el instituto en cuestión tanto en el ámbito de la metodología como en el de la gestión de la investigación constituyen una innovación organizacional y de gestión. Como tal, el estudio, originado en una tesis de maestría (en dirección universitaria), en la Universidad de los Andes está inscrito dentro de un proyecto internacional comparativo sobre organizaciones exitosas e innovadoras en países subdesarrollados (el Internan Innovation Programe). Ojalá este libro abriera trocha para que otras experiencias investigativas en universidades públicas y privadas se estudiaran con el grado de detalle y con el rigor desplegado en este trabajo.
7Para realizarlo, el autor parte de dos "aclaraciones" pertinentes: por una parte, las prácticas sociales se visualizan como fuentes potenciales de conocimiento y de aprendizaje, y no como un "simple lugar de aplicación del conocimiento elaborado por las diferentes tradiciones disciplinarias" (pág. 23); por la otra, s e valoran las "diferencias culturales" (pág. 25). Acorde con estos supuestos, el libro se guía por una "comprensión semiótica de la cultura" (pág. 27) que desemboca en una metodología anclada tanto en la hermenéutica de textos escritos por el IER a lo largo de dos décadas, como en la inter locución directa con los autores de la innovación.
8En el libro se analizan treinta textos que Avila ordena alrededor de los siguientes temas críticos en la vida del instituto: "Contradicciones y tensiones entre campesinos y sociólogos" (capítulo II), "El potencial de la investigación concertada" (capítulo III), "La antinomia sujeto-objeto" (capítulo IV), "La unidad de criterios y posibilidad de variaciones" (capítulo V) y "Una modalidad diferente de investigación participativa" (capítulo VI). En cuanto a las entrevistas en profundidad se adelantaron dieciséis con innovadores y actores próximos a s u experiencia. Sobre los investigadores, Avila precisa que
"han sido actores pero también, y más que todo, autores de la alternativa. Han padecido las consecuencias de la cultura académica vigente, pero han construido paciente e inteligentemente una alternativa" (pág. 160).
9Entre los otros actores, Avila entrevistó antiguos decanos que apoyaron al grupo, así como aliados en las directivas y colegas de la facultad; los dos decanos que más enconadamente persiguieron al grupo, no se dejaron entrevistar. Su silencio es un elocuente testimonio que habla por sí solo.
10Treinta textos son bastantes, especialmente, porque el análisis que Avila hace de cada uno de ellos es juicioso, permitiéndole tejer una trama que revela la intensidad del debate intelectual dentro del grupo, su resistencia a la adversidad y la vitalidad reflejada en tensiones, éxitos, fracasos. Pero representan sólo una parte de un extenso inventario de textos que suma una revista bianual (Cuadernos de desarrollo rural que llegó también a su s veinte años de vida), 20 libros, 20 capítulos en libros, 57 ponencias en congresos y seminarios, 31 artículos en publicaciones distintas a las de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas a la que por largo tiempo perteneció el IER hasta que se convirtió en un instituto aparte, además de 60 informes de investigación. Llama la atención que sus colegas de la facultad en la que acamparon como extraños ocupantes durante los primeros dieciocho años de su agitada existencia, no quisieron percatarse de este caudal de producción intelectual que contrastaba con la penuria de la de aquellos. Optaron, en cambio, por algo más fácil y efectivo: descalificar a los estudiosos del mundo rural sin siquiera haberlos leído.
11Fue así como a pesar de esta extensa producción intelectual y del reconocimiento internacional recibido, el IE R tuvo que abrirse paso a codazo limpio, recibiendo a menudo golpes sucios, como lo muestra en forma vivida el libro, especialmente en su segunda parte. Allí ha y un capítulo (el séptimo), que indaga sobre el imaginario colectivo del grupo del Instituto acerca de la ciencia, la relación docencia-investigación, la gestión de la investigación y la lógica interdisciplinaria. Las situaciones conflictivas con el entorno y dentro del grupo mismo, son el tema de otro capítulo (octavo), mientras que los procesos de organización y gestión que se han ¡do urdiendo a lo largo de los años son el centro del capítulo noveno. El libro concluye con dos capítulos que se preguntan si la experiencia documentada constituye un caso de innovación organizacional y de gestión en el mundo universitario. Para este propósito el marco de referencia construido por el autor, que le permite en los primeros diez capítulos tener una comprensión inicial de las innovaciones de este grupo de investigación, se utiliza de manera muy apta y convincente en este apartado final como un instrumento heurístico para responder la pregunta en cuestión.
12Este libro es de indudable interés para quienes tienen que ver con la investigación en ciencias sociales. Por una parte, por su temática, pertinente y provocadora, inspirada en la tradición que escudriña, con buena dosis de imaginación sociológica, procesos y relaciones organizacionales desde la mirada de actores diferentes. En este caso se trata de investigadores y directivos universitarios interactuando en espacios donde están presentes procesos tales como las tensiones entre el poder académico y las autoridades universitarias formales, la legitimación de prácticas innovadoras, la dinámica del conflicto y la negociación que éstas generan, las vicisitudes en la gestión de la financiación y las formas alternativas de inserción de la labor investigativa dentro de la estructura formal universitaria.
13Por otro lado, la forma como está tejido, hace que este texto – por lo demás impecablemente escrito-, atraiga al lector al lograr una simbiosis entre el relato ágil y pleno de citas textuales de entrevistas y un claro propósito analítico. Aquí el marco teórico de referencia no es un formalismo de manual, sino un asidero que le da sentido y significado a los episodios que marcan la génesis y desarrollo a lo largo de dos décadas del grupo de investigación estudiado. Por estas razones, el libro de Avila puede resultar de interés para directivos y decanos universitarios que encuentran allí evidencias de cómo la fragilidad de nuestras instituciones universitarias, deja espacio para que desde un mismo cargo directivo sus ocupantes pasajeros, tengan a s u arbitrio la posibilidad tanto de reprimir como de apoyar la investigación. Sirve también a otra audiencia, que puede verse reflejada en e l libro: Quijotes como éstos existen en varias universidades colombianas; el libro puede animarlos a seguir nadando contra la corriente. Vale la pena intentarlo, aunque a menudo el costo personal y profesional sea tan alto que no tiene cabida dentro de los cálculos del costo de oportunidad que preocupa a los analistas de la eficiencia del gasto académico.
14El libro reseñado puede también servirle a los funcionarios que en universidades y entidades gubernamentales aún creen, equivocadamente, que la investigación se fortalece a punta de reglamentaciones, incisos, parágrafos y retórica vacua sobre lo que ésta debiera ser. En efecto, si algo ilustran las vicisitudes del IER es el valor de las políticas de verdad enraizadas en las prácticas concretas, investigativas y de gestión, nacidas en la cotidianidad del oficio investigativo. Ojalá lo leyeran también los estudiantes de tantos postgrados colombianos convertidos en un ejercicio de simulación colectiva: mecanismos de movilidad social disfrazados de supuestos intereses científicos. El autor del libro es atípico: s u tesis de maestría, que luego se cristalizó en el libro objeto de esta reseña, la realizó en un programa para directivos universitarios que siempre ha creado desasosiego en la Universidad de los Andes. Resulta que la suya es una de las pocas tesis que en aquel programa se han concluido y que pueden exhibirse sin rubor. Un dato biográfico más que una disquisición epistemológica ayuda a entender la situación: Avila se embarcó en esta maestría cuando ya tenía bajo el brazo un doctorado en sociología otorgado por Lovaina así como tres libros publicados entre 1988 y 19 94. Definitivamente, era m uy diferente del promedio de participantes e n estos programas.
15Bienvenido este libro que se suma a otro reciente, con casos notoriamente menos detallados (Hernando Gómez y Hernán Jaramillo (compiladores), 37 modos de hacer investigación en América Latina, Bogotá, Colciencias-TM Editores, 1997). Cuatro de ellos se refieren a instituciones que hacen investigación en ciencias sociales, de las cuales tres son colombianas y nunca tan polémicas ni deviant como el IER, a saber: el Cede de la Universidad de los Andes (creado en 1958), Fedesarrollo (que data de 1972), y el lepri de la Universidad Nacional de Colombia (el más joven de los tres, fundado en 1986). Una conclusión del volumen de Gómez y Jaramillo está en plena concordancia con la interpretación del libro que aquí se ha reseñado:
"...la ciencia -la buena ciencia- es una construcción improbable y tensa. Improbable, porque siempre y cada vez tiene que ir derrotando la entropía: siempre y cada vez es más fácil no hacer ciencia o hacerla menos buena" (pág. 372).
Para citar este artículo
Referencia en papel
Carlos Dávila, «Organización y gestión de la investigación en la universidad: El Instituto de Estudios Rurales», Revista de Estudios Sociales, 3 | 1999, 147-150.
Referencia electrónica
Carlos Dávila, «Organización y gestión de la investigación en la universidad: El Instituto de Estudios Rurales», Revista de Estudios Sociales [En línea], 3 | 1999, Publicado el 07 marzo 2019, consultado el 20 julio 2026. URL: http://journals.openedition.org/revestudsoc/30787
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