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Dossier

¿Capturar animales a través de la imagen? Las complejas y múltiples relaciones con la fauna en los safaris fotográficos de Tanzania

Marc Girard
Traducción de Alfonso Fernández-Tabales et Maria C. Puche-Ruiz. Universidad de Sevilla
Este artículo es una traducción de:
Capturer les animaux par l’image ? Les relations complexes et multiples à la faune dans les safaris-photos de Tanzanie [fr]
Otras traducciones del artículo
The complex relationship(s) between humans and wild animals in photographic safaris in Tanzania: capturing animals through image [en]

Resumen

Basándose en un trabajo etnográfico realizado en Tanzania entre 2013 y 2022, complementado con investigaciones históricas, este artículo propone describir e interpretar la actividad de los safaris fotográficos desde una perspectiva tanto diacrónica como sincrónica. Se centra especialmente en analizar las interacciones entre humanos y animales y en comprender el papel de la cámara fotográfica en esta práctica turística. Las relaciones con la fauna que se desarrollan en este contexto son sumamente complejas y plurales. En la medida en que los animales son buscados activamente, fotografiados sistemáticamente y transformados en imágenes, cabe preguntarse si esta actividad implica dimensiones depredadoras o, al menos, formas de apropiación de la fauna. En otras palabras, ¿sería el safari fotográfico una forma de caza sin muerte? ¿No podemos ver en él también, en menor medida, una actividad de tipo naturalista, que consiste en descubrir, observar e intentar comprender la diversidad de los animales? Si la cámara fotográfica desempeña un papel central en esta experiencia, ¿debemos considerarla un instrumento de captura o más bien una herramienta de representación? Entre el asombro por una fauna carismática, el deseo de comprensión de tipo naturalista y las nuevas formas de prácticas cinegéticas, el safari fotográfico dibuja relaciones complejas con los animales que este artículo se esfuerza por analizar.

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Notas de la redacción

Artículo revisado por pares

Texto completo

Introducción

1El safari fotográfico es una práctica en la que turistas internacionales visitan espacios naturales para observar y fotografiar animales salvajes y paisajes a bordo de vehículos todoterreno. Gracias a su rica biodiversidad, Tanzania es uno de los principales destinos de safari del mundo. Leones, leopardos o rinocerontes son los protagonistas de esta actividad turística. Los viajeros observan las diferentes «escenas» que ofrece la naturaleza como si se tratara de un espectáculo: elefantes refrescándose en un abrevadero, babuinos peleándose, garzas perfectamente estoicas, leones cazando, etc. El safari fotográfico adquiere así el carácter de un espectáculo naturalista: son los animales los que entretienen, intrigan y despiertan emociones. Pero los turistas no se contentan con observar a los animales, sino que los fotografían, y lo hacen prolijamente. Casi todos los animales con los que se encuentran son fotografiados. Los turistas parecen así coleccionar imágenes de animales. De hecho, al final de la excursión, los viajeros han acumulado cientos de fotos de cebras, elefantes, antílopes o leones. ¿Qué significa, en este contexto, el acto fotográfico? Sabiendo que el safari era originalmente una caza deportiva de animales de gran tamaño, ¿no se puede considerar la práctica fotográfica como una mutación del acto cinegético? Se trataría aquí de utilizar una cámara en lugar de un rifle para ajustarse a la ética contemporánea que prohíbe la caza de animales. En este sentido, ¿se trata de «capturar» la imagen de la fauna gracias a la cámara? ¿No sería el papel de la fotografía crear «trofeos visuales» que sustituyan a los animales disecados (Ryan, 2004)? ¿Cuál es la verdadera motivación del safari fotográfico y qué relaciones supone con los animales? ¿En qué medida tiene dimensiones depredadoras?

2A partir de investigaciones etnográficas realizadas en Tanzania entre 2013 y 2022 (figura 1) y basándose en un trabajo histórico, este artículo tiene como objetivo analizar las interacciones entre humanos y animales que tienen lugar en los safaris fotográficos y comprender el papel de la cámara fotográfica en ellas. Parte de las investigaciones se llevaron a cabo en la ciudad de Arusha, al norte de Tanzania, con profesionales del turismo, y otra parte se realizó durante las visitas.

Figura 1. Parques nacionales del norte de Tanzania, zona principal de la investigación

Figura 1. Parques nacionales del norte de Tanzania, zona principal de la investigación
  • 1 Traducción legenda: Ville = Ciudad; Espace naturel protégé = Espacio natural protegido; Zone d’enqu (...)

Mapa: Marc Girard1

I. Contexto económico y político del turismo de safaris en Tanzania

3La industria turística de Tanzania está en constante crecimiento. Entre 1982 y 2012, el número de turistas pasó de sesenta mil a más de un millón (Kilungu, Leemans y Amelung, 2014). En 2024, 1,8 millones de personas visitaron Tanzania2. Además, el turismo generó unos ingresos de 3200 millones de dólares ese mismo año, lo que representa nada menos que el 17,2 % del PIB3. El turismo se ha convertido así en la mayor fuente de divisas extranjeras del país (Eagles y Wade, 2006). Por lo tanto, este sector de actividad reviste una importancia capital, tanto para el desarrollo económico de la nación como para la preservación de la fauna. De hecho, en Tanzania, el turismo y la conservación de la naturaleza están intrínsecamente relacionados. Forman una pareja indisociable. El turismo es un potente motor para la creación de espacios naturales protegidos. Como escriben Eagles y Wade: «Los ingresos del turismo animan al Gobierno a invertir en la gestión del parque [del Serengeti, al norte de Tanzania]» (2006, p. 75). Desde la independencia en 1961, el poder central tanzano ha elegido el turismo, además de la agricultura, como principal motor de la economía nacional (Neumann, 1998; Simmons, 2015). Por otro lado, el turismo necesita políticas de conservación para tener animales que «mostrar» a los turistas.

4Si bien esta estrategia de desarrollo económico, centrada en el turismo de fauna, ha permitido enriquecer a la nación, también ha tenido numerosas consecuencias negativas para las poblaciones humanas que viven en los territorios que se convertirán en parques nacionales. De hecho, en la historia de Tanzania, desde la época colonial hasta la actualidad, cientos de miles de hombres y mujeres —principalmente campesinos que vivían al margen del Estado moderno— han sido expulsados de su territorio y desplazados por la fuerza, obligados a trasladarse a zonas menos fértiles. Estas poblaciones deben vivir hoy en día fuera de los espacios protegidos, sin poder beneficiarse de los recursos naturales que se encuentran en su interior, lo que provoca su empobrecimiento. Para subsistir, algunas personas se ven obligadas a convertirse en cazadores furtivos y a entrar ilegalmente en las reservas, lo que no está exento de peligro, ya que los guardas forestales a veces disparan con munición real, lo que provoca regularmente muertes o, como mínimo, penas de prisión o multas.

5Numerosos investigadores en antropología política, geografía política o historia se han ocupado de esta cuestión. Desde esta perspectiva, el turismo de safari ha podido analizarse como una forma de neocolonialismo, en la medida en que se basa en la apropiación de los recursos faunísticos por parte de una minoría dominante que se enriquece a costa de los más débiles (Neumann, 1998; Lekan, 2011). Algunos investigadores calificaron los parques naturales africanos de «imperialismo verde» (Giblin, 1997; Ariffin, 2010) o «colonialismo verde» (Blanc, 2020) para poner de relieve que fueron creados durante la colonización, que conservan vínculos con ese contexto original y que siguen gestionándose según las representaciones de la naturaleza que prevalecían a principios del siglo XX. A este respecto, Bilal Butt (2012) afirma que la actividad comercial de los safaris fotográficos, cuyo marketing se basa en la reactivación de imaginarios de la «naturaleza salvaje» y la wilderness, contribuye a alimentar los conflictos entre las poblaciones locales y los parques nacionales. Los turistas parecen ser más intolerantes con la presencia de campesinos y sus rebaños dentro de los espacios protegidos, precisamente debido a la difusión de una concepción de la naturaleza que establece una separación estricta entre los animales y los seres humanos. Otros investigadores han demostrado que los parques nacionales se imponen de manera autoritaria (Colchester, 2003), sin consultar ni involucrar a las poblaciones ribereñas (Paul et al., 2011), y que, al igual que en la época colonial, persiguen otros objetivos además de la conservación de la naturaleza, ya que son buenas herramientas de gobierno para el Estado (Brockington, 2004; Igoe, 2006), que gracias a ellos puede reforzar su influencia en todo el territorio y controlar más eficazmente a las poblaciones (Walsh, 2012) u obtener el monopolio de la explotación de un recurso natural como la madera o el marfil (Van Schuylenbergh, 2006), y garantizarse fuentes de ingresos estables gracias al turismo y las actividades de safari (Eagles y Wade 2006, Igoe, 2017). Desde esta perspectiva, se ha demostrado que la gestión de la naturaleza en la época colonial permitía controlar a los hombres dentro de un régimen «ecorracista» (Gissibl, 2016) que sigue perpetuándose. En Tanzania, el proceso de patrimonialización de la naturaleza implica sistemáticamente su explotación turística a través de las actividades de safari, lo que se ha descrito como una forma de «protección neoliberal de la naturaleza» (Büscher et al., 2012, Bluwstein, 2018) o una forma de «continuar con el capitalismo» (Igoe, 2017).

6Por todo ello, una rica literatura académica se ha centrado en señalar las asimetrías de poder y las numerosas consecuencias negativas de los espacios naturales protegidos y los conflictos que generan con las poblaciones ribereñas, subrayando que estas últimas se benefician poco de los ingresos del turismo y, sin embargo, sufren la mayor parte de los costes (Bluwstein, 2018), (Brockington, 2002, 2004), (Brockington e Igoe, 2006), (Goldman, 2011), (Goldstein, 2004), (Igoe, 2006a, 2006b, 2010), (Nelson, 2012), (Neumann, 1992, 2000, 2004), (Paul et al., 2011), (Kideghesho, 2016), (Walsh, 2006, 2012).

7Por el contrario, la práctica turística del safari fotográfico como tal ha sido relativamente poco estudiada. Sin embargo, algunos trabajos se dedican a analizarla. Conviene mencionarlos aquí.

II. Una literatura académica sobre los safaris fotográficos

8Algunos artículos destacados analizan la práctica del safari, como el de Cassie Hays (2012), que desarrolla una reflexión sobre la construcción de los lugares en los safaris de Tanzania. Según ella, un lugar es un espacio marcado socialmente, lleno de significantes procedentes de un proceso constante de negociación entre diferentes actores: «Veo el lugar no solo como representado, sino también como interpretado por una variedad de actores que producen juntos, mediante la hibridación, lo que son los lugares [...] un lugar es una negociación constante y continua entre múltiples actores e instituciones» (2012, p. 253). La autora también cuestiona la forma en que las técnicas y la tecnología configuran el espacio para convertirlo en lugares socialmente significativos, es decir, en este contexto, lugares construidos para la experiencia turística y negociados con las poblaciones locales. Así, el artículo hace hincapié en el papel de las técnicas. De hecho, un safari está moldeado por «artefactos de movilidad» (vehículos todoterreno, mapas, carreteras) que hacen que la experiencia sea posible en la práctica. Para Hays, el safari fotográfico es una forma singular de turismo que se caracteriza por una movilidad permanente (ídem, ibídem, p. 251), ya que el desplazamiento es un elemento fundamental de esta práctica. En este contexto, los «artefactos de movilidad» son indispensables para hacer accesibles los lugares (los parques nacionales se pueden visitar gracias a un conjunto de carreteras, la zonificación y el uso de vehículos todoterreno). El trabajo de Hays permite así destacar que los objetos y las técnicas median las percepciones y las experiencias físicas de los turistas (id., ibíd.).

9El presente artículo se inscribe en esta perspectiva al cuestionar el papel de la fotografía en la experiencia del safari y, más concretamente, al analizar la forma en que la fotografía se inserta en las relaciones entre los seres humanos y los animales. Este instrumento óptico parece situarse sistemáticamente entre los seres humanos y la fauna para mediatizar sus relaciones.

10Los trabajos de Bernard Calas (2015) también permiten analizar los safaris. El autor estudia las transformaciones que se están produciendo en el turismo de naturaleza en Kenia. Desde hace unos veinte años, el turismo de fauna adopta formas más diversas e inmersivas, superando la simple observación de los animales desde un vehículo para convertirse en una experiencia corporal, sensorial e interactiva con el medio natural, pero también con las poblaciones «visitadas». Bernard Calas muestra que es posible realizar un safari en globo aerostático, a pie, a caballo o en bicicleta, y que estas nuevas prácticas responden a un deseo de inmersión en la naturaleza e implican una recomposición del paisaje, que se vuelve interactivo: el entorno ya no es solo un decorado que observar, sino un espacio que se vive y se experimenta a través del cuerpo y los sentidos; se trata de sentir, tocar, oír, caminar, aprender a reconocer las especies de árboles, leer las huellas de los animales, escuchar el zumbido de los insectos en el calor. Nos encontramos ante un turismo de «tipo híbrido que combina características del safari y del turismo deportivo» (2015, p. 205). Bernard Calas habla así de la «tactilización» de la experiencia (hacerla táctil) y de un empoderamiento turístico, proceso en el que los visitantes ya no son espectadores pasivos, sino actores inmersos en un espacio natural que recorren con su cuerpo y sus sentidos. «Esta tactilización enriquece la experiencia y reduce la distancia epistémica entre los espectadores de televisión y los turistas sobre el terreno» (ídem, ibídem, p. 215).

11Sostengo que el mismo proceso, de forma más sutil, está presente en los safaris fotográficos clásicos. Una de las funciones de la cámara es orientar al turista hacia la acción, sacarlo de su posición de espectador pasivo para convertirlo en protagonista de su propia experiencia. El fotógrafo selecciona fragmentos de la realidad y se esfuerza por producir imágenes hermosas. Pero el presente artículo se basa sobre todo en un enfoque antropológico de la naturaleza y cuestiona las relaciones con la fauna que subyacen a esta actividad. Sergio Dalla Bernardina expone que el safari fotográfico presenta «curiosas similitudes con la caza» (1992, p. 65). Este artículo se propone examinar las similitudes y divergencias entre estas dos actividades. Para dar una idea precisa de lo que es un safari fotográfico, conviene describir, al menos parcialmente, una visita a su cotidianidad. Las líneas que siguen están extraídas de mi cuaderno de campo y constituyen la descripción etnográfica de un safari realizado en 2022. En aquel momento viajaba con turistas franceses, un grupo de amigos que se conocían y que habían aceptado que me uniera a ellos. Las observaciones in situ se completaron con análisis a posteriori para formar el texto que figura a continuación.

III. Descripción de una visita de safari fotográfico

12Llevamos varias horas de camino hacia el Parque Nacional del Serengeti. El coche traquetea sobre las pistas llenas de baches. Algunos avestruces solitarios dibujan puntos negros en el paisaje. Están demasiado lejos para poder fotografiarlos. Bajamos una larga pendiente y llegamos a una zona más seca. El paisaje parece inhóspito, cubierto de rocas grises y frágiles acacias. En un momento dado, nos cruzamos con una jirafa que camina despreocupadamente a pocos metros de la pista. Es el primer animal que vemos «de verdad», es decir, de cerca. Por primera vez, nos tomamos el tiempo de parar para observar a un animal. La emoción está en su punto álgido en el grupo. «¡Joder!», «Es impresionante», son las dos expresiones que los miembros del grupo pronuncian espontáneamente y que anoto en mi cuaderno de campo. Cuando los turistas ven un gran animal en libertad por primera vez, siempre se produce el mismo efecto: euforia, asombro. Todos parecen profundamente impresionados. Dejamos atrás a la jirafa y reanudamos la marcha. Finalmente llegamos al Serengeti por la tarde y arribamos a nuestro campamento. Ya son más de las 18:00 y tenemos que preparar nuestro equipo de acampada para pasar la noche.

13Al día siguiente, comenzamos realmente el safari. La mañana era fría. El sol salía con dificultad mientras difundía su luz dorada sobre las llanuras. Vemos un grupo de cebras y nos detenemos para observarlas y fotografiarlas. Más lejos, nos encontramos con una manada de gacelas de Thomson. Dos machos jugaban enfrentándose y chocando sus cuernos. Paul, nuestro guía, nos indicó que eran jóvenes. Continuamos nuestro camino y nos topamos con un antílope bubal, que estaba solo y parecía mirar al vacío. Así transcurrió la mañana, observando y fotografiando todos los animales que nos encontrábamos al azar en nuestro recorrido.

14Los safaris siguen un patrón que se repite casi idéntico una y otra vez. Al comienzo de la visita, el coche se detiene delante de cada animal para que los turistas puedan observarlo y fotografiarlo. Esto es particularmente cierto en el caso de los turistas que realizan su primer safari. Al principio, todos los animales con los que se encuentran despiertan un gran entusiasmo que se traduce en una intensa actividad fotográfica, pero al cabo de uno o dos días, el asombro que provocan los animales disminuye (sobre todo en el caso de los herbívoros comunes y fáciles de ver, como las gacelas de Thomson, los ñus o las cebras). A partir del segundo día, los animales comunes ya no provocan la misma emoción. Las emociones se vuelven más discretas y las fotografías menos abundantes. El coche no se detiene necesariamente ante una cebra que ya no despierta entusiasmo y de la que los turistas ya tienen varias imágenes. En cambio, se fotografía cada nueva especie que se encuentra. Un animal perteneciente a una especie que aún no se ha observado será objeto de un nuevo interés. Este atractivo por lo nuevo puede entenderse como una «búsqueda de la entidad rara o faltante» (Manceron 2015, p. 120). Los turistas parecen movidos por un deseo de coleccionar. El safari se convierte en un juego en el que hay que conseguir al menos una fotografía de cada especie encontrada. Algunos turistas incluso se divierten elaborando una checklist de los animales que han visto. Mis compañeros de viaje añaden cada nuevo animal observado a la función «notas» de su teléfono. Cuando se han fotografiado todas las especies fácilmente observables, el safari da un giro.

15Al principio de la visita, el coche sigue una ruta poco definida y se detiene aquí y allá, pasando de un grupo de animales a otro, pero una vez superada esta etapa, se trata de buscar animales más difíciles de ver y más impresionantes, como leones, leopardos, guepardos o rinocerontes, lo que supone desplazarse a ecosistemas particulares, en los terrenos que estos animales prefieren, y examinar elementos específicamente relacionados con estas especies (a los leopardos les gusta trepar a los árboles, por lo que conviene mirar entre las ramas para localizarlos, los termiteros pueden atraer a los guepardos y los leones suelen descansar en lo alto de los kopjes (bloques de granito característicos del Serengeti)); entonces el coche se pone en marcha y no se detiene por «simples» cebras o «banales» antílopes, sino que se dirige a un lugar concreto y no se desvía de su objetivo. El safari se convierte en una búsqueda para encontrar el animal raro y ultra carismático (la mayoría de las veces, los grandes depredadores son los más buscados). También puede tratarse de buscar «escenas» particulares, como cuando un león persigue y mata a su presa.

16El sol continúa su recorrido por el cielo y calienta progresivamente la atmósfera. El ambiente dorado se desvanece para dar paso a una luz más intensa. Dos minutos después de observar al bubal, un turista ve otro animal y llama a Paul: «¡Eh! ¿Qué es eso? ¿El grande de allí? [señala con el dedo al animal en cuestión, es un alce del Cabo]. Ah, no lo he fotografiado, ¿podemos parar?». Paul, nuestro guía, apaga el motor y todo el mundo fotografía al alce. Es mucho más fácil hacer fotos cuando el motor está apagado. De hecho, cuando el motor está en marcha, las vibraciones impiden apoyarse en los montantes del coche y dificultan mucho el encuadre.

17Mientras los turistas están absortos con sus cámaras, Paul mira fijamente al horizonte, con la mirada perdida, ausente. Cuando los clientes están ocupados con los animales, los guías pueden relajar la atención y descansar unos instantes.

18De vez en cuando, Paul mira por el retrovisor para ver si el grupo ha terminado de hacer fotos. Los guías siempre esperan a que sus clientes terminen de hacer fotos antes de volver a arrancar el coche. Por lo tanto, deben calcular el tiempo de parada adecuado. A veces, los guías arrancan el coche mientras los clientes siguen fotografiando a los animales. Al principio del viaje, por discreción, los clientes no dirán nada, pero después de varios días, cuando conozcan lo suficiente al guía, la mayoría no dudará en pedir más tiempo para terminar la foto. Si oyen que el motor vuelve a arrancar, pueden decir: «No, no, un poco más, por favor» o «Espera, no he terminado, ¿podemos quedarnos un poco más?». Sin embargo, los guías saben estimar bien el tiempo necesario y suelen arrancar en el momento adecuado. Para ello utilizan el retrovisor. En la mayoría de las visitas que he realizado, cuando el guía consideraba que la parada no iba a ser larga porque los animales o la escena no eran muy interesantes, dejaba el motor en marcha para ahorrar combustible y tiempo. Pero cuando los clientes de un guía están de pie, con la cámara en la cara y un ojo en el visor, este esperará e incluso podrá apagar el motor. Por el contrario, cuando los turistas se sientan o prestan poca atención a los animales, tiene la indicación de que puede volver a arrancar el coche y continuar la búsqueda de animales. De este modo, los guías interpretan la actitud de los turistas a través del espejo retrovisor. Antes de arrancar, suelen pedir permiso o, más bien, confirmación: «Shall we go?», «It’s okay?», «You’re good?».

Figura 2. Interior de un coche de safari fotográfico

Figura 2. Interior de un coche de safari fotográfico

Fotografía: Marc Girard

19Si los guías tienen trucos para llevar a cabo sus misiones, los turistas también los ponen en práctica, especialmente para tomar buenas fotografías. Tomar fotos en un safari requiere ciertas habilidades que se adquieren rápidamente durante la visita. Cuando el techo del 4x4 está abierto, los turistas pueden ponerse de pie, aunque el vehículo esté en movimiento. En este caso, el primer truco, por obvio que sea, consiste en agarrarse bien y adaptarse a los movimientos del coche en las pistas llenas de baches. Cuando el 4x4 está parado, algunos turistas utilizan pequeñas bolsas de arena que colocan en el montante del techo para estabilizar su cámara. Otros optan por fotografiar sentados junto a la ventana.

Figura 3. Colocar sacos de arena en el montante del coche para estabilizar el encuadre fotográfico

Figura 3. Colocar sacos de arena en el montante del coche para estabilizar el encuadre fotográfico

Fotografía: Marc Girard

20Como se puede ver en esta breve descripción, los vehículos todoterreno ocupan un lugar central en los safaris fotográficos, orientan las acciones y las posturas corporales de los turistas y han sido diseñados para dos acciones principales: la observación y la fotografía (figura 2). De hecho, los coches se acondicionan en África Oriental específicamente para garantizar una visibilidad óptima de los animales. Se trata de vehículos de la marca Toyota, modelo Land Cruiser, que han sido alargados y adaptados, creando un techo corredizo (figura 3). Además de los vehículos, la cámara fotográfica es otra tecnología que configura la experiencia turística. Si estas tecnologías son fundamentales para la práctica contemporánea, ¿qué ocurría en el pasado? ¿Cómo se desarrollaban las primeras formas de safari fotográfico? ¿Desde cuándo se utilizan los coches y las cámaras fotográficas? ¿De dónde proviene la práctica turística del safari fotográfico y a qué momento se remonta? La descripción anterior muestra algunas formas de interacción entre los turistas y los animales: los grandes mamíferos son motivo de asombro y, además, objeto de numerosas fotografías, pero ¿qué ocurría en el pasado?

21En su origen, el término «safari» designaba las excursiones de caza mayor que se realizaban en las colonias británicas de África Oriental. ¿Significa esto que el safari fotográfico es el resultado de la transformación de estas cacerías coloniales? ¿Es el acto fotográfico una supervivencia edulcorada del gesto cinegético? ¿Es fotografiar a los animales un sucedáneo de su muerte? Resulta útil aquí realizar un desvío histórico para comprender los orígenes de esta práctica y las relaciones que establece con la fauna. En primer lugar, hay que analizar las prácticas de caza deportiva llevadas a cabo en la época colonial.

IV. Una historia del safari fotográfico

22La caza deportiva de animales de gran tamaño se desarrolló en África Oriental en el último tercio del siglo XIX bajo el nombre de safari (Michaud, 2011). Los aristócratas británicos acudían entonces a practicar la caza recreativa en sus colonias africanas. El safari de caza era una práctica codificada, concebida como un combate caballeresco contra un digno adversario animal (MacKenzie, 1997). Esta caza tiene un carácter fuertemente simbólico, ya que es una práctica que proporciona prestigio a las clases altas. Desde esta perspectiva, no se trata en absoluto de producir alimentos como en la caza de subsistencia, sino de cazar respetando un protocolo y una ética: hay que cazar a pie, a menudo sin perros, con rifle, y hay que matar al animal de un solo golpe, con una bala limpia directamente en el corazón (Michaud, 2011, Mackenzie, 1997). A finales del siglo XIX, se desarrolla el turismo de caza en África Oriental, especialmente en la actual Kenia. Se crean infraestructuras, los profesionales ofrecen sus servicios y, en definitiva, se desarrolla un negocio turístico.

23A este turismo de caza le siguió rápidamente otra práctica relacionada con los animales salvajes: la fotografía. Ya en 1896, el alemán Carl Georges Schillings emprendió expediciones fotográficas a Tanganica (actual Tanzania) con el objetivo expreso de traer fotografías de animales salvajes. Fue el primero en conseguir capturar la imagen de animales salvajes africanos. Se le puede considerar legítimamente uno de los precursores del safari fotográfico. Unos años después, el galés Arthur Radclyff Dugmore también partió hacia África con el objetivo de fotografiar la fauna. En su libro Camera adventure in the African wilds, publicado en 1910, califica su práctica fotográfica de «safari». En 1911, el fotógrafo animalista Cherry Kearton y su esposa también utilizaron este término para describir su viaje a Kenia.

24En la década de 1910, el término «safari» hacía referencia tanto a la práctica de la caza como a la fotografía. Si bien la fotografía de animales salvajes en África parece haber sido obra de unos pocos pioneros en el siglo XIX, esta práctica se desarrolló y popularizó rápidamente a principios del siglo XX. Entre 1890 y 1910, las primeras formas de safaris fotográficos se realizaban a pie. Sin embargo, el uso de vehículos se desarrolló rápidamente a partir de la década de 1920. Cuando Dugmore regresó a África una década después de su primer viaje, escribió: «Volví a África en 1922, esta vez para filmar la fauna. Todo lo que había tenido que hacer a pie en 1909 se hacía ahora en automóvil, las tiendas de campaña habían sido sustituidas por cabañas de piedra y la comida se podía comprar en tiendas regentadas por hindúes» (1930, citado por Arthur, 2006).

25Como se puede ver, la práctica del safari fotográfico se institucionalizó rápidamente a principios del siglo XX: se desarrolló una actividad económica en torno a los viajeros para proporcionarles alojamiento y comida. Según Kilungu y sus coautores, a partir de la década de 1930, «el safari fotográfico rivaliza e incluso supera a la caza deportiva en cuanto a ingresos para el gobierno» (2014, p. 245).

26A la luz de estos hechos históricos, ¿debe considerarse el safari fotográfico como una evolución de la caza deportiva para adaptarse a la ética contemporánea que prohíbe la muerte del animal? ¿Ha sustituido esta práctica turística el rifle por la cámara fotográfica? En definitiva, ¿es el safari fotográfico una caza sin muerte?

V. Fotografiar la fauna salvaje en África en la primera mitad del siglo XX

27A primera vista, el safari fotográfico parece una práctica relativamente reciente. Por lo tanto, tenderíamos a situarlo en la línea de la caza colonial. Esta actividad sería una mutación de la caza deportiva, una adaptación para ajustarse a la ética contemporánea:

«Sabemos que el safari fotográfico se ha convertido hoy en día en el viaje naturalista por antonomasia. Se trata de la forma más legítima de evasión, la del europeo sensato que considera con vergüenza la actitud «incivilizada» de sus predecesores» (Dalla Bernardina, 1992, p. 62).

28Pero la apariencia convencional del safari fotográfico ocultaría un gusto por la depredación y un cierto placer por las escenas violentas:

«Se podría pensar que el cazador-fotógrafo ha dejado atrás las motivaciones violentas que empujaban a sus antepasados a provocar escenas sangrientas. […] En el caso del safari fotográfico, la escena violenta también es bienvenida, siempre que sea provocada por otra persona: un animal depredador, por ejemplo» (ídem, pp. 62-65).

29De hecho, tuve la oportunidad de observar una escena de este tipo en la que la caza de una cebra por parte de un grupo de leones atrajo a numerosos coches de turistas (figura 4).

Figura 4. La muerte animal forma parte del espectáculo del safari fotográfico, Ngorongoro, Tanzania

Figura 4. La muerte animal forma parte del espectáculo del safari fotográfico, Ngorongoro, Tanzania

Fotografía: Marc Girard

30Por lo tanto, podríamos imaginar una práctica que evoluciona con el tiempo, una actividad que se adapta a las nuevas éticas y representaciones, pero que conserva sus fundamentos cinegéticos. Los viajeros occidentales deseosos de codearse con los animales de la sabana africana habrían abandonado el rifle en favor de una herramienta más adecuada, la cámara fotográfica, pero en el fondo la actividad seguiría siendo la misma, es decir, una confrontación con lo salvaje o una apropiación de la naturaleza. La fotografía se habría convertido en una nueva forma de trofeo que sustituye a las cabezas de animales disecadas. Así, es posible imaginar una transición: el safari que antes se practicaba con rifle y suponía convertir al animal en trofeo, hoy se contenta con transformar a los animales en imágenes. Esta evolución reflejaría una nueva relación con la naturaleza y la fauna. El abandono del rifle en favor de la cámara se explicaría por nuevas sensibilidades: matar a un animal es hoy moralmente condenable, la práctica habría, con el tiempo, eliminado la muerte para ajustarse a las nuevas éticas. Tomar una foto sería, por lo tanto, una supervivencia atenuada del gesto cinegético. Pero esta transición de una práctica a otra también reflejaría un cambio más global en la relación con la naturaleza.

31Durante la colonización, los europeos se dedicaron a conquistar y explotar África: la naturaleza salvaje se consideraba un elemento hostil y peligroso que había que dominar y aprovechar, y el objetivo de la colonización – al menos en la retórica – era llevar la civilización y el progreso al «continente oscuro». A los colonos les correspondía la tarea de cazar fieras y otros animales salvajes para establecer cultivos y sistemas de ganadería con el fin de rentabilizar las tierras (Gissibl, 2016). Desde este punto de vista, el cazador encarnaba a la perfección la figura heroica que luchaba contra los peligros de la selva para llevar la civilización, y su papel consistía en dominar lo salvaje para domesticarlo (MacKenzie, 1997). Pero varias décadas después de las conquistas coloniales, y en un contexto de rápida disminución del número de animales salvajes, las representaciones de la naturaleza evolucionan: la naturaleza africana ya no es esa selva oscura, inextricable y malvada. De ser un elemento hostil y amenazante que había que dominar, la naturaleza se convierte en vulnerable y amenazada (Sontag, 1977). Si antes había que proteger a los hombres de los peligros de la naturaleza, ahora hay que proteger a la naturaleza de los peligros de los hombres (Dalla Bernardina, 1991). En este contexto, ya no se trata de matar a los animales, sino de dar testimonio de su belleza y fragilidad a través de la fotografía. «Ahora, la naturaleza —domesticada, amenazada, vulnerable— debe ser protegida de los hombres. Cuando tenemos miedo, disparamos. Pero cuando sentimos nostalgia, tomamos fotos» (Sontag, 1977, p. 15).

32Aunque esta explicación es atractiva y ofrece numerosas interpretaciones pertinentes, en mi opinión no es del todo suficiente. Las sociedades no evolucionan de forma lineal siguiendo una serie de etapas y puntos de inflexión. En este sentido, seguramente sea difícil hablar de «transición» entre el safari de caza y el safari fotográfico. Como hemos visto, la práctica del safari fotográfico es relativamente antigua, ya que sus primeras formas se remontan a finales del siglo XIX. Por otra parte, el safari de caza sigue existiendo hoy en día, es una práctica habitual en algunos países africanos, especialmente en Tanzania. Por lo tanto, ambas prácticas parecen estar más en una situación de coevolución que de sucesión. Los cazadores occidentales en África no son realmente los «predecesores» ni los «antepasados» de los turistas de safari fotográfico, ya que son en gran medida contemporáneos. Desde finales del siglo XIX, los occidentales iban a África para fotografiar animales salvajes. Ambas prácticas han coevolucionado a lo largo del siglo XX y siguen coexistiendo en la actualidad. La caza y la fotografía pueden incluso convivir en una misma persona, como lo demuestra la fotografía de Dugmore (figura 5), que difumina las fronteras entre ambas prácticas.

Figura 5. Dugmore con su cámara fotográfica y su rifle en Kenia

Figura 5. Dugmore con su cámara fotográfica y su rifle en Kenia

Fuente: http://www.carnegiemnh.org

33A principios del siglo XX, un turista en África podía utilizar tanto un rifle como una cámara fotográfica. Ambas prácticas no parecen corresponder a dos épocas diferentes. Las fronteras que las separan se difuminan, hasta desaparecer. Sin embargo, se pueden establecer algunas distinciones. En esa época coexistían diferentes prácticas: la caza fotográfica, el safari fotográfico, la fotografía de animales y la caza deportiva. La «caza fotográfica» es una práctica que aparece en la primera mitad del siglo XX. Yo sostengo que se distingue de la fotografía de animales, tanto en la ética que moviliza como en los objetivos que persigue. Del mismo modo, el safari fotográfico se diferencia de la caza deportiva. A pesar de los vínculos y las continuidades entre estas prácticas, divergen en una serie de aspectos. La caza, al igual que las diferentes formas de fotografía de fauna, permite mantener una relación privilegiada con la naturaleza y los animales, pero la fotografía se distingue por no eliminar el objeto de deseo.

VI. La fotografía de animales

34La distinción más evidente entre la caza y la fotografía de fauna es, por supuesto, la muerte. Parece que aquellos que disfrutan de la compañía de los animales, pero no toleran su muerte, se inclinan por prácticas no letales. Fotografiar en lugar de disparar modificaría la interacción concreta con el animal presente.

35En 2018, asistí al festival de fotografía animal de Montier-en-Der y le pregunté a un fotógrafo animal, no sin cierta provocación, si en el fondo no era una especie de cazador que capturaba animales con una cámara. Esta fue su respuesta:

«En la caza, en cuanto se localiza al animal y se encuentra a una distancia adecuada, se le dispara. La relación termina ahí, en cuanto el animal está a la vista. En cambio, para nosotros [los fotógrafos de animales] es solo el comienzo de la relación. Cuando estuve en Asia Central, pasé quince días al acecho fotografiando un leopardo de las nieves. Él sabía que yo estaba allí, podía sentirme, pero me aceptó porque me mantenía a una distancia prudencial y aprendió a conocerme, ya que me quedaba en la montaña de enfrente. Nosotros trabajamos realmente con el animal, estamos obligados a conocer sus hábitos, lo que le gusta, lo que le da miedo, porque estamos con él durante días. Poco a poco, conocemos la psicología del individuo que tenemos delante y nos adaptamos a ella».

36Para esta persona, el hecho de no matar permite permanecer más tiempo con un animal y mantener una relación duradera con él. Del mismo modo, algunos «pioneros de la fotografía animalista» (Arthur, 2006) de principios del siglo XX, como los hermanos Kearton, se mostraban especialmente sensibles con los animales y su muerte. Para ellos, la fotografía era precisamente una técnica que permitía evitar la muerte. Los hermanos Kearton, por ejemplo, querían poner fin a las colecciones de huevos de aves (una práctica que impide la eclosión) gracias a la fotografía. Richard Kearton escribió: «¡Fotografíen los nidos y los huevos, los polluelos podrán volar de todos modos!» (citado por Arthur, 2006, p. 96). Los dos hermanos se convirtieron en activistas por la causa animal. Su objetivo, a través de sus exitosos libros, era infundir una relación no violenta con los animales. Un lector de su libro de fotografías les escribió una carta: «Creo que los pájaros deben estarles agradecidos por haber inventado la fotografía de nidos... Hace varias temporadas que dejé de coleccionar huevos y conozco a muchas otras personas que han hecho lo mismo» (citado por Arthur, pp. 96 - 97).

37Cherry Kearton , que fue de safari fotográfico a Kenia en 1911, se opone firmemente a la caza comercial y deportiva. La ética del safari de caza, que valora el no consumo de la carne del animal cazado, le parece moralmente condenable. Lo que escandaliza a Cherry no es solo matar animales por placer, sino también desperdiciar su carne:

«Cuando pienso en algo tan detestable [la desaparición de una especie como la cebra Couagga], me parece inútil clasificar el grado de culpa. La mayoría de las veces solo se recogían las colas de estos animales pacíficos como trofeos, y los cadáveres se dejaban para los buitres. Este tipo de comportamiento suele enfurecer a los naturalistas, o al menos a mí me enfurece. Mi punto de vista puede desagradar al cazador medio […] Para él, debo de ser una especie de chiflado equipado con una cámara. Sin embargo, sigo estando íntimamente convencido de que disfruto más viendo mis imágenes de animales vivos de lo que él disfrutará jamás contemplando los trofeos de los que ha matado» (ídem).

38Si Cherry Kearton critica virulentamente a los cazadores, establece implícitamente una comparación entre los trofeos de animales disecados y las «imágenes de animales vivos». La fotografía se habría convertido en un «trofeo limpio», que no ha derramado sangre. En ambos casos, el cazador y el fotógrafo parecen apropiarse del animal, Cherry Kearton utiliza así el adjetivo posesivo «mis» para referirse a las fotografías de fauna que ha producido. Reconoce tácitamente que estas imágenes cumplen la misma función que un trofeo: apropiarse de un ser vivo. Sin embargo, obtiene más placer precisamente porque ha evitado su muerte. Se abstiene de utilizar el término «trofeo» para referirse a sus fotografías y nos devuelve a la realidad material y pragmática de las cosas: una fotografía no es lo mismo que un trofeo, ya que no se ha producido la muerte del animal, lo que parece importante para algunas personas, como Cherry Kearton. Evitar la muerte del animal se convierte así en un tema recurrente entre los primeros fotógrafos de animales. Job escribe, por ejemplo: «¿No sería bueno que nuestros hijos se interesaran por la naturaleza a través de las cámaras fotográficas y abandonaran la caza de seres vivos? Una bella imagen tiene mucho más valor que unos bocados de carne obtenidos con un rifle» (ídem).

39Los hermanos Kearton, al adoptar una postura decididamente contraria a la caza, se perfilan más como «fotógrafos de animales» que como «cazadores fotográficos», aunque recurran a técnicas idénticas, como el acecho, el camuflaje o el mimetismo. Parece que su objetivo no es tanto perseguir a los animales, enfrentarse a ellos o volverse salvajes. La caza no es lo que prima en ellos. Sus relatos se centran más bien en la belleza de la naturaleza y los animales de los que quieren dar testimonio. La fotografía no les sirve tanto para capturar simbólicamente a los animales, sino más bien para ampliar la mirada. Gracias al zoom, a la detención de imágenes, exponen escenas de vida desconocidas, estetizan la naturaleza y participan en la adquisición de conocimientos naturalistas.

40Ante la rápida desaparición de los animales salvajes en África a finales del siglo XIX, la fotografía se utilizó para llegar a un público amplio y sensibilizar sobre la conservación de la fauna. A principios del siglo XX, el fotógrafo alemán Carl Georges Schillings dio conferencias en las que expuso sus fotografías de animales y sensibilizó sobre la desaparición de la fauna. Llegó a un público amplio y habló en congresos científicos, asociaciones de cazadores, sociedades coloniales, banquetes benéficos e incluso ante el káiser y su séquito (Gissibl, 2016, p. 272).

VII. ¿Caza fotográfica o safari fotográfico?

41Algunos fotógrafos de animales de principios del siglo XX se distancian así de las dimensiones depredadoras y cinegéticas. Pero, en la misma época, otros fotógrafos que se trasladan a África adoptan un enfoque muy diferente, más cercano a la caza fotográfica. El estadounidense Arthur Radclyffe Dugmore, al que ya hemos mencionado, y el francés Emile Gromier son ejemplos ilustrativos de este punto. Para ellos, la fotografía es una herramienta de caza, una nueva forma de practicar la caza deportiva en África. Ninguno de los dos dejó nunca de manejar simultáneamente el rifle y la cámara. Por otra parte, si utilizaban la fotografía no era porque su sensibilidad hacia los animales hubiera cambiado: seguían cazando y matando animales. Matar un animal de la sabana no les planteaba ningún problema ético, a diferencia de los hermanos Kearton. El interés de la fotografía es muy diferente. Para ellos, la cámara les proporciona más adrenalina que el rifle. Gromier escribe: «En cuanto el cazador ha abatido al animal codiciado y su víctima yace a sus pies, lamentable despojo, el prodigioso impulso nervioso que lo exaltaba y sostenía cae de golpe. Cuánto más duradera es la satisfacción del naturalista fotógrafo» (1938, p. 41). Al igual que Dugmore, considera que tomar fotos de animales salvajes es mucho más emocionante. De hecho, los fotógrafos deben acercarse a pie a los grandes animales salvajes y esperar unos instantes a que la imagen se fije en la placa de cristal. Dugmore afirma que la caza convencional con rifle «ya no ofrece suficientes emociones [y] que es un deporte demasiado fácil para ser interesante» (1910, p. 42). Según él, la caza fotográfica es el «nuevo deporte rey» (ídem). Gromier, por su parte, afirmará que «la fotografía o incluso la cinematografía de la fauna salvaje se han convertido en un auténtico deporte. Pero es un deporte extremadamente difícil, que requiere un esfuerzo considerable, aptitudes especiales, un conocimiento de los animales y sus costumbres que solo se adquiere con el tiempo; una destreza y una habilidad muy superiores a las de la caza con armas de fuego» (1938, p. 41). Añadirá que «disparar un rifle no es tan emocionante, lo encuentro demasiado fácil» (ídem). Estos autores parecen llevar más allá la ética de la caza deportiva: su práctica es más peligrosa, ya que, equipados con una cámara, deben acercarse lo más posible al animal. Se encuentran a pocos metros de una fiera o un rinoceronte en plena carga (recordemos que los teleobjetivos estaban en sus inicios y que era necesario acercarse lo máximo posible al animal para hacer una foto correcta, lo que sin duda provocaba adrenalina). En la retórica empleada por estos cazadores de imágenes, la cámara restablece un equilibrio entre el hombre y su adversario animal. Utilizar la fotografía en lugar del rifle es, por lo tanto, un gesto más caballeroso que otorga más prestigio. La ética de la inmaterialidad propia de la caza deportiva también es más avanzada: no solo ya no se utiliza la carne, sino que ni siquiera se toca al animal. La imagen obtenida gracias a la cámara es la prueba del encuentro, por lo que no es necesario disecar al animal para mostrar la victoria. A diferencia de los hermanos Kearton, Gromier y Dugmore utilizan la cámara desde una perspectiva cinegética. Por lo tanto, nos encontramos ante dos prácticas distintas: la fotografía de animales (que se distancia de las dimensiones depredadoras) y la caza fotográfica, que se basa totalmente en una visión cinegética, aunque, en la práctica, las fronteras entre ambas prácticas suelen ser difusas. Pero, ¿qué hay entonces de los safaris fotográficos?

42En mi opinión, el safari fotográfico, tal y como surgió a principios del siglo XX, es un subgénero de la fotografía de animales, aplicado a África e influenciado por el contexto colonial y la caza deportiva. Aunque el safari fotográfico se aleja en gran medida de las dimensiones depredadoras propias de la caza deportiva, en particular al evitar la muerte de los animales, la práctica se ha visto influida por estos safaris cinegéticos. Los fotógrafos de animales en Estados Unidos o Inglaterra podían recorrer el campo solos o en pequeños grupos, mientras que los fotógrafos en África viajaban con personal a su servicio. Aprovechaban las infraestructuras creadas para los cazadores, se alojaban en los mismos hoteles, utilizaban las mismas carreteras y recurrían a los mismos porteadores (Simmons, 2015). Las primeras expediciones de safaris fotográficos se realizaban a pie. Era necesario transportar el voluminoso equipo necesario para realizar y revelar las fotografías, lo que requería numerosos porteadores, a veces hasta 200, que formaban largas columnas que se adentraban en la sabana. Los safaris de caza utilizaban exactamente la misma estructura. Sin duda, es la herencia colonial y cinegética lo que distingue al safari fotográfico de otras formas de fotografía de animales. En los safaris fotográficos se encuentra el lujo propio de las excursiones cinegéticas. La caza practicada por los aristócratas y los ricos colonos británicos en África Oriental era una práctica distinguida que suponía elegancia, refinamiento y cierto fasto. El safari fotográfico parece haber heredado esta norma desde sus inicios. Resulta difícil organizar un safari fotográfico sin suscribir el refinamiento y las comodidades asociadas al contexto colonial, como el uso de porteadores. Dugmore ofrece un testimonio muy interesante al respecto:

«Una larga caravana de criados, ascaris y coolies, todo ese material complicado, puede parecer desproporcionado para quienes están acostumbrados al camping duro en Norteamérica. Allí, el deportista lleva a cuestas parte de lo que necesita, duerme en una cabaña [...] y se alimenta de comida cruda [...]. Acampar en África tiene otras exigencias, requiere el mayor confort e incluso los detalles más insignificantes que pueden parecer superfluos son allí verdaderas necesidades [...] Así, los manteles y las servilletas, aunque no sean indispensables, proporcionan un verdadero placer en la selva» (citado por Athur, 2006).

43Hoy en día, los safaris fotográficos siguen estando relacionados con el lujo y el refinamiento. Algunos lodges en plena naturaleza cuentan con cocineros con estrellas Michelin: es posible beber champán y comer en platos de porcelana en pleno corazón de la sabana. Los lodges de alta gama cuentan con un personal servicial hasta el punto de la obsequiosidad. Si el safari fotográfico es una forma de fotografía animalista influenciada por el contexto colonial y las prácticas de caza deportiva, ¿qué queda hoy en día de estas aportaciones? ¿Cómo entender el papel de la cámara fotográfica?

VIII. El papel de la fotografía en los safaris fotográficos

44El safari fotográfico supone, por su propio nombre, una articulación entre la fauna y la fotografía: implica una relación con los animales mediada por la fotografía (figura 6). Por lo tanto, la fotografía tiene un papel central en esta actividad (figura 7). De hecho, la gran mayoría de los turistas vienen equipados con una cámara. No solo todos los turistas tienen un medio para hacer fotos, sino que además lo utilizan de forma intensiva, acumulando cientos, incluso miles de instantáneas. Una turista española me dice al respecto: «Me va a costar mucho trabajo seleccionarlas, tengo, eh, 884 fotos solo de los tres primeros días» (entrevista realizada en el Serengeti el 18 de enero de 2016).

Figura 6. La cámara desempeña un papel fundamental en la práctica turística del safari, Ngorongoro, Tanzania

Figura 6. La cámara desempeña un papel fundamental en la práctica turística del safari, Ngorongoro, Tanzania

Fotografía: Marc Girard

Figura 7. Observar y fotografiar a los animales como si se tratara de un espectáculo, Ngorongoro, Tanzania

Figura 7. Observar y fotografiar a los animales como si se tratara de un espectáculo, Ngorongoro, Tanzania

Fotografía: Marc Girard

45Como se ha mencionado anteriormente, los turistas que realizan safaris fotográficos parecen animados por el deseo de coleccionar imágenes de animales. La experiencia turística toma la forma de un juego en el que, de manera consciente o inconsciente, se trata de obtener al menos una fotografía de cada especie observada. Por otra parte, he podido observar que no todos los animales suscitan el mismo número de fotografías. Mientras que algunos son muy apreciados (los grandes mamíferos, los felinos, los «cinco grandes», los «bebés»), otros son poco considerados, como las aves, las serpientes o los insectos. (Hay que añadir, sin embargo, que los gustos varían mucho de una persona a otra. Conocí a una persona a la que le gustaban especialmente las cebras y que siempre se alegraba de verlas y fotografiarlas, incluso después de cinco días de safari. También hice un viaje con una turista que quería observar mariposas, lo que desconcertó al guía, poco acostumbrado a este tipo de peticiones). Pero, en general, hay animales «estrellas» y otros que son menos observados. En cualquier caso, las fotografías se acumulan a lo largo de la visita y los viajeros acaban teniendo un importante archivo de imágenes zoológicas. Como en todas las colecciones, los turistas pueden obtener «piezas comunes» (fotografías de animales comunes como cebras, gacelas de Thomson o ñus), pero también piezas más raras (como leopardos en primer plano, rinocerontes, cachorros de león, puercoespines, licaones o antílopes negros). La emoción aumenta cuando se trata de adquirir la imagen de un animal raro o muy carismático. Los guías intentan encontrar los cinco grandes para sus clientes (leones, elefantes, rinocerontes, búfalos y leopardos). En esta búsqueda, que tiene su origen en los safaris coloniales, los cazadores demostraban su valía y ganaban prestigio al traer trofeos de los cinco animales más peligrosos. Hemingway popularizó esta expresión, que hoy en día se utiliza habitualmente en los safaris fotográficos. Nunca he participado en un safari en el que el guía o la agencia no mencionaran la búsqueda de los cinco grandes. Por lo tanto, el safari fotográfico parece retomar ciertas prácticas del mundo de la caza.

46Como hemos señalado, una visita puede dividirse en dos fases: una primera en la que los turistas se encuentran con los animales al azar durante sus paseos, y una segunda en la que se busca especies específicas. En el segundo caso, los turistas, si lo desean, pueden ayudar al guía a localizar a los animales. A menudo ocurre que alguien ve un animal antes que él. Los turistas que se prestan a este juego están atentos a las señales del entorno para detectar la presencia de los animales. Hay que estar alerta, mirar entre las ramas para ver la cola de un leopardo, escudriñar la hierba alta para ver a los leones durmiendo, estar atento a las ondulaciones del agua para detectar un cocodrilo. Una turista me dijo: «¡Tengo que ponerme en modo ojos de cazador, como el abuelo!» (extracto de una entrevista del 11 de noviembre de 2022). El safari toma así la forma de una persecución, o al menos, de una búsqueda activa de animales. Y es que la «caza» despierta la curiosidad y mantiene la mente alerta; quien busca animales está atento a las señales que indican su presencia. Buscar un animal supone prestar mucha atención al entorno y a todos los seres vivos, es una investigación llena de suspense en la que el encuentro no está garantizado y el resultado nunca se conoce de antemano. Es este placer de la búsqueda, del suspense, de la mente activa, centrada en las pistas de la naturaleza, lo que reproduce el safari fotográfico. Sin embargo, esta forma de turismo se distingue de la caza por su carácter «no violento». El safari fotográfico toma así la forma de una caza no letal.

47Si los animales son buscados activamente y fotografiados sistemáticamente, sería posible considerar la cámara como un agente de captura. En efecto, a través de la fotografía, el animal libre y en movimiento se convierte en imagen, en objeto que se conserva y se apropia. «Fotografiar es una forma de apropiarse de lo fotografiado» (Sontag, 1977, p. 4). Para Susan Sontag: «una foto nos permite poseer por sustitución a un ser o una cosa amada» (1993, p. 184). La cámara permite, en efecto, apropiarse, si no de animales reales, al menos de su representación. El safari fotográfico podría asimilarse, por tanto, a un dispositivo de recolección, es decir, a un proceso que «designa la transformación de objetos —artefactos o productos de la naturaleza— en objetos de colección» (Bondaz, 2014, p. 24). Al transformar los animales en imágenes que se guardan, acumulan, comparan, juzgan y contemplan por la noche al regresar al campamento y de nuevo en casa después de la excursión, el safari parece basarse en parte en el deseo de producir y coleccionar imágenes zoológicas.

48Así, sería posible considerar las fotografías como nuevas formas de trofeos, ya no para encarnar el valor del cazador que se enfrenta a peligrosos animales, sino para ilustrar el éxito de una experiencia turística. Al igual que en otras formas de turismo, las fotografías demostrarían que la persona vive experiencias extraordinarias. «Las fotografías aportarán la prueba irrefutable de la realidad del viaje, de la realización del programa y del placer que se ha obtenido» (Sontag, 1993, p. 18). También es posible que se trate simplemente de una especie de juego guiado por un dispositivo turístico, en el que los visitantes se ajustan a las expectativas que se tienen de ellos, es decir, fotografiar. El safari sería una forma de juego cuyo objetivo sería obtener el máximo número de fotografías bonitas.

49Otra función de la cámara sería personalizar la experiencia. Al participar en una actividad, los turistas se convierten en protagonistas de sus vacaciones y se apropian de su viaje. Por un lado, la fotografía permite seleccionar fragmentos de la realidad, es decir, elegir lo que se quiere retener, y por otro lado, el deseo de producir bellas imágenes mantiene activos a los turistas. El acto fotográfico —apuntar con la cámara aquí en lugar de allá, realizar ajustes, componer la imagen— parece en sí mismo tan importante como la imagen obtenida. Fotografiar es aquí una forma de vivir la experiencia, de estar presente en las cosas. Sin ello, el safari podría vivirse como un largo y aburrido espectáculo. Al realizar una fotografía, el individuo singulariza su relación con el espacio y/o con los seres. Personaliza el momento vivido.

50Por otra parte, he conocido a muchas personas para las que la fotografía tenía una dimensión estética. Para ellas, el objetivo era conseguir producir imágenes bonitas. De hecho, los aficionados entendidos perciben a los animales desde un punto de vista estético, imaginando la futura fotografía. La jirafa, por ejemplo, es muy apreciada porque su presencia en el fondo enriquece el paisaje, ofreciendo un punto de referencia a la vista del espectador. El flamenco rosa, por su parte, es apreciado por sus vivos colores, que aportan un brillo estético a la fotografía. Así, para el fotógrafo, ya sea novato o profesional, el animal es importante, pero también hay que tener en cuenta la luz, el paisaje, las condiciones meteorológicas, el ángulo de visión y los ajustes técnicos de la cámara. El safari fotográfico no es solo una búsqueda de animales, es una práctica que se materializa en la producción de objetos con una vocación estética y conmemorativa.

51Por otra parte, desde un punto de vista técnico, cabe señalar que el proceso fotográfico no es un mero registro de la realidad. Según André Gunthert (2015), la fotografía debe entenderse como una construcción o una representación. No es un indicio en el sentido de Pierce, no es una huella o un rastro de la realidad, sino una representación realista de algo que ha existido. Sin duda, es el gran parecido de la representación lo que da poder a la fotografía. Se trata, por tanto, de una representación ultrarrealista, pero en ningún caso de una copia fiel. Cabe recordar que la imagen bidimensional producida por la cámara no es de la misma naturaleza que la realidad tridimensional, y que la lectura de una imagen bidimensional, o la perspectiva, requiere un aprendizaje que no es universal. Por otra parte, un fotógrafo enfoca un punto u otro, hace zoom, utiliza filtros, tantas manipulaciones que se alejan del registro exacto. «No se puede describir una cámara fotográfica como un mediador transparente de la realidad: debe entenderse más bien como una máquina para seleccionar interpretaciones, según un conjunto de parámetros con interacciones complejas, que requieren elecciones precisas. Más un desvío que un espejo» (Gunthert, 2015, p. 23). El fotógrafo no es, en efecto, «ni observador ni registrador de una situación, sino arquitecto» (Picarel, 2016, p. 20). Estas consideraciones permiten matizar la visión depredadora de la cámara fotográfica. La fotografía no captura la imagen de las cosas. Por lo tanto, resulta más difícil afirmar que «los turistas capturan la imagen de los animales». No obstante, podemos afirmar que el safari supone la apropiación por parte del fotógrafo de la representación del animal. El proceso fotográfico no permite apropiarse del animal, que sigue siendo libre, ni capturar su imagen, pero sí permite convertirse en propietario de su representación ultrarrealista. Sin embargo, el acto de representación se distingue claramente del de captura. En este sentido, el safari podría entenderse como una prolongación de la pintura animalista, más que como una tradición cinegética.

Figura 8. Un coche de safari en el Parque Nacional de Manyara, Tanzania

Figura 8. Un coche de safari en el Parque Nacional de Manyara, Tanzania

Fotografía: Marc Girard

IX. El safari fotográfico, un encuentro con animales carismáticos y paisajes sublimes

52Los turistas no solo vienen al safari fotográfico para hacer fotos, sino también, y sobre todo, para descubrir ecosistemas, paisajes y animales carismáticos. El safari es un viaje que permite vivir nuevas experiencias y descubrir una naturaleza preservada y desconocida. La mayoría de los turistas solo habían visto antes estos paisajes en reportajes televisivos. La esencia del safari reside en el atractivo de los animales, cuya visión y convivencia provocan entusiasmo o encanto. Por lo tanto, el carisma de los animales parece ser fundamental. Según Lorimer (2015), el carisma es una construcción social y cultural, pero también individual. Algunas especies parecen más carismáticas que otras. Una de las posibles razones del gran carisma de un animal es su proximidad fisiológica, morfológica y conductual con los seres humanos. En los safaris fotográficos, son sobre todo los grandes mamíferos los que atraen la atención. Los leones, guepardos, elefantes, cebras y antílopes parecen especialmente carismáticos. Algunas especies no mamíferas también lo son, como el flamenco rosa, el marabú o el colimbo grande, pero en menor medida. El tamaño, el color, la forma de moverse o el comportamiento parecen influir en el carisma de un animal.

53Un safari es una de las únicas oportunidades que tienen los turistas de ver a un león en su entorno natural. El safari se diferencia del zoológico por el carácter supuestamente «auténtico» de este encuentro. Muchos turistas me decían que hacer un safari consiste en ir a ver al animal «de verdad». El animal se observa en su entorno natural, a diferencia del zoológico, donde vive en un recinto cuyos decorados y acondicionamientos pueden recrear un ambiente de sabana que recuerda a África. Para Garry Marvin (2008), el animal del zoológico tiene un estatus liminal entre lo doméstico y lo salvaje, es cuidado por sus cuidadores y depende completamente de los humanos para todas las operaciones de su vida (alimentarse, cuidarse, reproducirse, etc.). Por el contrario, los animales que se encuentran en un safari serían independientes y, por lo tanto, realmente salvajes. En la representación que tienen los turistas, es este carácter «salvaje» o «libre» lo que da todo su valor añadido a los safaris. Pero, en definitiva, el principal atractivo del safari es quizás el mismo que el del zoológico: la curiosidad que despiertan los animales y su singular alteridad. Los animales siguen siendo misterios intrigantes, «parientes alienígenas» (Morizot, 2020), que ofrecen un reflejo deformado de nuestras formas e interioridades. Al igual que en un zoológico, el safari proporciona el placer de estar cerca de los animales. Sin embargo, los paisajes también son importantes (figura 8). Los turistas son sensibles a la belleza de la naturaleza. La contemplación de los ecosistemas es un elemento crucial de esta experiencia turística. Se perfila una apreciación estética: los paisajes pueden leerse como cuadros, como me decía una turista: «El Tarangire [parque nacional al norte de Tanzania] fue increíble, ver a los elefantes caminar tranquilamente entre todos esos gigantescos baobabs […] y luego la vista del río, con las palmeras y las cebras bebiendo, ¡guau, fue realmente muy, muy bonito!» (cuaderno de campo, 2015, Serengeti).

54Por lo tanto, la observación ocupa un lugar importante en los safaris. Como ya se ha mencionado, el uso de la cámara es intenso al principio de la visita, pero tiende a reducirse con el tiempo. La persona que me dijo que había hecho 884 fotos en solo tres días añadió que ahora quería hacer menos y disfrutar plenamente de la naturaleza sin tener constantemente «la cabeza en su máquina». En un safari, hay largos momentos dedicados a la observación de la fauna y los paisajes. Los turistas suelen dejar a un lado la cámara y observar las vastas extensiones de naturaleza, contemplan a los animales que se mueven a su alrededor. También pueden ayudarse de prismáticos (figura 9). Observan lo que sucede, las diferentes «escenas» que ofrece la naturaleza: elefantes comiendo o refrescándose en un abrevadero, babuinos peleándose, guepardos localizando a sus presas, etc. De este modo, los turistas descubren la vida de los animales. Preguntan al guía sobre los hábitos o las características de cada uno. Nunca he visto turistas que no mostraran curiosidad por los animales que tenían delante. La mayoría de las veces, los viajeros quedan completamente cautivados por los animales que observan. Los animales son los protagonistas del espectáculo del safari. Los turistas intentan comprender su comportamiento, quieren identificar a la matriarca de una manada de elefantes o las relaciones entre las leonas que pertenecen a una misma manada. Se observa así un verdadero deseo de comprensión, similar al de un etólogo, por parte de los viajeros. El esfuerzo realizado para adivinar lo que están haciendo los animales es una fuente de placer: ¿por qué esta hiena se tumba en la carretera? ¿Por qué este ñu está solo cuando los individuos de esta especie suelen vivir en grandes grupos?

Figura 9. Observación de la fauna en los safaris fotográficos

Figura 9. Observación de la fauna en los safaris fotográficos

Fotografía: Marc Girard

55Los turistas más curiosos prestan atención «a las variaciones de comportamiento dentro de una misma especie, a sus misteriosas razones para actuar en determinadas situaciones y en sus interacciones, a la parte que corresponde a la innovación y a la rutina, a las relaciones de poder y a la solidaridad» (Manceron 2022, p. 27). En este sentido, el safari fotográfico se asemeja a las prácticas de los naturalistas aficionados descritas por Vanessa Manceron. En ambos casos, «el vértigo surge sobre todo en el acto mismo de observar a los seres «por sí mismos» [y] de sorprenderse por las particularidades de cada uno, pero también de intensificar su presencia dejándolos aparecer sin precipitarse» (ídem, p. 26). Sin embargo, el safari fotográfico no supone la misma atención obstinada que la de los naturalistas. La función principal de un safari sigue siendo el entretenimiento, mucho más que el aprendizaje y, más aún, la producción de conocimientos. Podríamos decir que el safari es una forma de turismo en la que se trata de experimentar la presencia de los animales para desconectar, de salir de uno mismo y de su vida cotidiana gracias al contacto con animales y paisajes extraordinarios. El objetivo de un safari es descubrir ecosistemas, animales, culturas, personas, probar nuevos platos... En definitiva, se trata de un viaje con sus exigencias de cambio de aires.

56Por lo tanto, el exotismo juega un papel importante. Una jirafa es tanto más carismática cuanto menos acostumbrados estamos a verla. El safari es una experiencia de otro mundo. El animal de la sabana transmite una doble alteridad, por su naturaleza animal y por su exotismo. La misma curiosidad se siente por las poblaciones humanas que se encuentran durante un safari, que a veces va acompañada de la visita a un boma masái o a un pueblo hadza. He conocido a muchos turistas que mostraban curiosidad por los masáis, su modo de vida, su identidad, sus ocupaciones... Algunos querían saber si era cierto que bebían leche mezclada con sangre, si seguían practicando la escarificación o cazando leones, etc. Ir de vacaciones a Tanzania es una forma de escapar de la rutina diaria: conocer animales o pueblos considerados exóticos favorece esta evasión, este «olvidarse de uno mismo en la búsqueda del otro» (Morizot, 2018, p. 98), o esta «búsqueda de uno mismo a través de la práctica de los demás» (Cahiers d'études africaines 2009).

Conclusión

57El safari fotográfico establece relaciones ambiguas y complejas con los animales salvajes. Por un lado, esta práctica se explica por el deseo de encontrar animales carismáticos, es decir, observarlos y estar cerca de ellos, e incluso intentar comprender su comportamiento; por otro lado, los animales son buscados y coleccionados activamente, y las influencias de las prácticas cinegéticas son reales, como lo demuestra la búsqueda de los cinco grandes, que asemeja las fotografías a trofeos. Pero hay que tener en cuenta que los perfiles de los turistas son muy diversos. No todos practican el safari de la misma manera: a algunos les gusta buscar activamente a los animales como si se tratara de una cacería, otros son más sensibles a la belleza de los paisajes o simplemente disfrutan observando y conviviendo con los animales sin molestarlos. Algunos consideran que la búsqueda de los cinco grandes es una tarea importante, mientras que otros no le ven mucho interés, algunos disfrutan de las escenas sangrientas, como cuando un depredador persigue y mata a su presa, mientras que otros apartan la mirada en esos momentos. El safari fotográfico puede tener ciertas similitudes con las prácticas cinegéticas, e incluso suponer relaciones con la fauna que se asemejan a patrones de depredación, pero estos no son compartidos por todos ni en todo momento. Un mismo turista puede adoptar diferentes patrones de relación con la fauna durante una misma visita. Por lo tanto, la práctica contemporánea del safari fotográfico parece inscribirse en una tradición cinegética, al tiempo que se distingue de ella. Este artículo ha aportado elementos descriptivos y analíticos que permiten comprender mejor el safari fotográfico. Ha demostrado que esta práctica no es tan reciente: sus primeras formas se remontan a finales del siglo XIX, mientras que el turismo de safari fotográfico se institucionalizó en Kenia a partir de la década de 1920. Este artículo se ha centrado especialmente en caracterizar las relaciones entre los turistas y los animales y el papel de la cámara fotográfica. Ha mostrado que los animales se transformaban en imágenes mediante la fotografía y se coleccionaban en una búsqueda de exhaustividad. La cámara fotográfica cumple así diferentes funciones: permite apropiarse de la imagen de los animales y aporta un carácter lúdico a la práctica, que toma la forma de un juego cuyo objetivo es obtener el máximo número de bellas imágenes zoológicas; también permite a los turistas mantenerse activos y apropiarse y personalizar su experiencia. La cámara también puede considerarse una herramienta que produce representaciones, más que un registrador objetivo de la realidad. En este sentido, los turistas representarían la fauna mucho más que la capturarían. Este artículo también ha permitido establecer una distinción entre la caza fotográfica, el safari fotográfico, la fotografía de animales y el safari de caza, a través de un estudio histórico y el análisis del ethos de algunas figuras relacionadas con estas prácticas. Por último, la curiosidad por la alteridad animal, el placer de estar en contacto con animales carismáticos y la alegría de descubrir nuevos paisajes parecen ser fundamentales en esta práctica turística, en la que la relación con la fauna no siempre supone una apropiación o una transformación, sino a veces una simple observación, lo que aleja al safari fotográfico de una dimensión estrictamente cinegética.

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Notas

1 Traducción legenda: Ville = Ciudad; Espace naturel protégé = Espacio natural protegido; Zone d’enquête principale = Zona principal de investigación

2 Datos de la Oficina Nacional de Estadística de Tanzania: https://www.nbs.go.tz/

3 Datos elaborados por el Centro de Inversiones de Tanzania: https://www.tiseza.go.tz/

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Índice de ilustraciones

Título Figura 1. Parques nacionales del norte de Tanzania, zona principal de la investigación
Créditos Mapa: Marc Girard1
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-1.jpg
Ficheros image/jpeg, 138k
Título Figura 2. Interior de un coche de safari fotográfico
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-2.png
Ficheros image/png, 1,3M
Título Figura 3. Colocar sacos de arena en el montante del coche para estabilizar el encuadre fotográfico
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-3.png
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Título Figura 4. La muerte animal forma parte del espectáculo del safari fotográfico, Ngorongoro, Tanzania
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-4.jpg
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Título Figura 5. Dugmore con su cámara fotográfica y su rifle en Kenia
Créditos Fuente: http://www.carnegiemnh.org
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-5.png
Ficheros image/png, 731k
Título Figura 6. La cámara desempeña un papel fundamental en la práctica turística del safari, Ngorongoro, Tanzania
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-6.jpg
Ficheros image/jpeg, 252k
Título Figura 7. Observar y fotografiar a los animales como si se tratara de un espectáculo, Ngorongoro, Tanzania
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-7.jpg
Ficheros image/jpeg, 256k
Título Figura 8. Un coche de safari en el Parque Nacional de Manyara, Tanzania
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-8.jpg
Ficheros image/jpeg, 230k
Título Figura 9. Observación de la fauna en los safaris fotográficos
Créditos Fotografía: Marc Girard
URL http://journals.openedition.org/viatourism/docannexe/image/14975/img-9.jpg
Ficheros image/jpeg, 281k
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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Marc Girard, « ¿Capturar animales a través de la imagen? Las complejas y múltiples relaciones con la fauna en los safaris fotográficos de Tanzania », Via [En línea], 28 | 2025, Publicado el 30 diciembre 2025, consultado el 15 julio 2026. URL : http://journals.openedition.org/viatourism/14975 ; DOI : https://doi.org/10.4000/15f83

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Autor

Marc Girard

Universidad Lumière Lyon 2. Marc Girard es Doctor en Antropología y actualmente es Investigador Postdoctoral en el INRAE en el LESSEM y miembro asociado del LADEC de la Universidad Lyon 2. Ha realizado una tesis sobre el complejo turístico-conservacionista de Tanzania, centrándose en las relaciones entre los seres humanos y los animales en los parques nacionales y sus alrededores, así como en la práctica turística de los safaris fotográficos. Su trabajo posdoctoral se focaliza sobre la adaptación de los bosques franceses al cambio climático y su renovación.

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Derechos de autor

CC-BY-NC-ND-4.0

The text only may be used under licence CC BY-NC-ND 4.0. All other elements (illustrations, imported files) may be subject to specific use terms.

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